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Actualizado: hace 2 horas 5 mins

¿Qué es Daegon? IV: Daegon Oriental

Lun, 06/24/2019 - 20:43
La separación que se da al este del Pramayán en lo tocante saber y el mito es tanto o más diversa de la que se puede encontrar uno en occidente. Por un lado, si en occidente, a pesar de su diversidad, existe una clara predominancia del culto a las diferentes escisiones de la iglesia Tayshari, oriente se encuentra aún más fragmentado en cuanto a sus creencias. Por otro, el mapa del saber se encuentra igualmente disgregado.

La iglesia Tayshari también se encuentra presente en oriente, aunque esta presencia, aparte de ser tangencial, ha evolucionado de maneras muy distintas a como lo ha hecho en occidente, se encuentra totalmente desligada de las intrigas y ni siquiera reconoce a ninguna de sus autoridades como figuras de referencia.

De haber alguna organización que ocupe una cuota de presencia similar a esta en oriente, este sería la que comprende la multitud de interpretaciones existentes del concepto de Ytahc. Un concepto que debe su popularidad al recientemente desaparecido Dairus, aunque ni la forma ni el fondo de esta teología guardan ningún tipo de similitud con la mitología dedicada a los Tayshari.

Oriente podría ser considerado como la cuna del conocimiento científico. Los organismos dedicados al estudio de lo anómalo se encuentran dentro de su circunscripción, y esto es algo que atiende a razones puramente prácticas. Durante los cuatro siglos inmediatamente posteriores al Gran Imperio Menetiano, aquellos que corresponderían a los albores de la llamada “Edad Moderna”, oriente fue el foco de un considerable número de eventos anómalos. Sucesos que causaron la pérdida de miles de vida y que condicionaron de manera indeleble el imaginario de los territorios en los que tuvieron lugar.

Con el paso del tiempo y la llegada de largas épocas de normalidad, la función de estas organizaciones ha ido variando, habiéndose visto forzadas varias de ellas a reinventarse o desaparecer, pero con las noticias llegadas desde occidente las voces de los agoreros han hecho que surjan nuevas voces reclamando una nueva priorización de esta clase de estudios. Quizás lo que ha sacudido occidente haya sido magnánimo con sus territorios, pero algunas de las consecuencias de estos hechos van plasmándose de manera inexorable ante sus ojos.

No existe en oriente ninguna organización de unas características similares a las de La Orden, pero esto no quiere decir que, dentro de sus campos de investigación, un gran número de ellas superen con creces en conocimiento a aquellos especialistas que poseen los estudiosos de Cahirn Ansay.

- El culto a Arcthuran

De entre todas las mitologías existentes en Daegon, se podría decir que el culto a Arcthuran es el más antiguo de todos ellos. Tanto es así que su origen es previo incluso a la aparición de la misma humanidad sobre el planeta.

Si nos remontamos hasta la misma raíz conceptual de esta teogonía, esta no haría referencia a nada remotamente humano. Su mito fundacional se encuentra basado en gran medida en la entidad que da cohesión a esta realidad, el concepto conocido como Ytahc; El Cambio.

Así pues, el culto a Arcthuran no tendría su origen en la humanidad, sino en los Mayane Undalath. Este fue durante aquellos días un concepto carente de nombre pero poseedor de todos los atributos imaginables. No existían palabras para describirlo pues todas las palabras formaban parte de su ser. Aquel a quien los progenitores de la humanidad bautizaron como Adai, y sus descendientes han ido segmentando en un cuasi infinito número de aspectos ha sido asociado erróneamente con otros conceptos. Ha sido confundido con la vida y la muerte, con todo lo que es perceptible y con otras de las entidades a las que también se han referido como “Daegon”.
De acuerdo a todos estos mitos fundacionales, sería una entidad cuyo corazón y el del mundo que habitan son uno, pero cuyo cuerpo se extendería por toda la bastedad del cosmos. Como tal, sería el sustento de la misma vida, la dadora de alimento y protección, el origen de todo lo que crece, camina, nada y vuela.

Retomando su núcleo fundamental, aquel que lo vincula con cualquier aspecto del cambio, este concepto formaría parte de los aspectos primarios cuya suma conforma el conjunto de todas las realidades, pero su presencia se encuentra especialmente ligada al nivel de existencia en el que se encuentra ubicado Daegon. El cambio es algo consustancial a esta realidad.

Si bien en la actualidad este es una abstracción que apenas tiene reconocimiento de acuerdo a como la hemos descrito hasta este punto, en en pasado remoto contó con un papel fundamental en la evolución de todo lo que se encuentra ubicado en su interior. Su culto desde aquellos tiempos ha adoptado una gran cantidad de formas, nombres y mitologías, porque Adai, Ytahc o Arcthuran no son los únicos nombres por los que ha sido conocido esta fuerza.

El nombre que le fue otorgado por parte de los primeros hombres y mujeres fue también el que utilizaron referirse a su hogar, un concepto y un entorno que no se encontraban constreñido por las limitaciones de un único planeta.

Ytahc es, dentro de las abstracciones primarias, algo que escapa a toda definición. Es en sí mismo también es un concepto atípico. Una abstracción que no se limita a reaccionar ante la presencia de lo que no es ella, sino que se encuentra en un constante estado de expansión y compresión. Una serie de espasmos involuntarios de los que no sólo surgió la humanidad, sino toda la diversidad que existe en el universo. Una diversidad que fue precedida por el único concepto, los Mayane Undalath, surgido de su seno con algo similar a un propósito. Seres surgidos de un espasmo de dolor. Conceptos incapaces de comprender su potencial o la motivación detrás de sus instintos pero que, a pesar de eso, de una forma casi inconsciente rendían culto al concepto que les otorgó la vida y al que vivían para proteger.

Cuando la humanidad fue consciente de su existencia los bautizaron como Dragún Adai; los hijos de Adai, y la relación que se estableció entre estos seres y los progenitores fue casi simbiótica. Juntos aprendieron sobre ellos mismos y el mundo en el que habitaban. Poco a poco, lo que los Mayane Undalath aceptaban por instinto fue siendo verbalizado, comprendido y transmitido.
Porque quizás los Dragún Adai no descubriesen la curiosidad o comprendiesen de qué eran capaces hasta que no se formalizó su contacto con la humanidad, pero no por ello dejaron de ser sus maestros en una gran cantidad de materias.

Juntos dieron nombre y delimitaron las cualidades de una gran parte de los conceptos que existían en ella. Aprendieron e impartieron importantes lecciones. En ningún momento la devoción formó parte de sus vidas o culturas, pero aprendieron a comprender, temer y aceptar lo que les rodeaba. A respetar aquello que escapaba a su control y conocimiento. A conocer la indefensión y el temor ante un futuro incierto, ante el final.

Como tal, su presencia forma parte del acerbo cultural de la humanidad. Gracias a esto, y como consecuencia de ello, los progenitores fueron capaces de moldear esta realidad mientras, a su vez, se veían moldeados por ella. Según la realidad se fue haciendo más vieja y compleja, esta característica también pasó a formar parte de la humanidad. Y, de esta manera, según sus culturas fueron ganando en sofisticación, el interés por un concepto tan abstracto fue apartándose.

A día de hoy la interpretación que se hace de este concepto continúa siendo muy diversa. Al igual que sucedió durante aquellos días, lo basto y abstracto de su naturaleza ha que ninguna escuela de pensamiento haya logrado desarrollar una teoría filosófica, teológica o metafísica en la que tengan cabida todos sus aspectos. Esto ha hecho que los distintas teismos que se han construido a su alrededor y han sobrevivido hasta la actualidad, pese a basarse en una misma idea, sean muy complicados de identificar como tales.

De todos ellos, quizás el que cuenta con un mayor número de adeptos es el que se puede encontrar en a lo largo de la ladera oriental del Pramayán, El culto de Arcthuran. Pero, irónicamente, por más que se utilice el nombre de la deidad para referirse a los practicantes de esta devoción, su estructura no se ha desarrollado alrededor del aspecto concreto de esta abstracción que representa la deidad. Por el contrario, desde siempre esta se ha encontrado mucho más ligada a la persona concreta que dio a conocer sus preceptos y a las acciones que llevó a cabo durante los días en los que la dio a conocer.

En el caso concreto del culto a Arcthuran, por más que la extensión total de territorios en los que se encuentra presente es con mucho superior al de la iglesia Tayshari en occidente, su poder real está muy lejos de ser comparable a este. Asimismo, la pérdida de quien ha sido su gran valedor durante los últimos dos milenios ha hecho que se avecinen tiempos de cambio para este teismo.

Porque el culto de Arcthuran desde siempre se ha centrado en la figura del recientemente desaparecido Dairus y en la hazaña que llevó a cabo hace dos milenos y que le valió el sobrenombre de “El Golpeador”. La rama teológica construida alrededor del “Señor de las profundidades” debe su propagación casi en exclusiva a la victoria de Dairus y los señores de las montañas sobre el Gran Imperio Menetiano. Su popularidad no fue algo buscado y ni su estructura ni sus preceptos o la manera en la que se le rinde culto han ayudado a que se convierta en un elemento clave a la hora de ser utilizado como una herramienta para la lucha o la conservación del poder.

Distintas aproximaciones a otros aspectos similares de Ytahc ya se encontraban presentes en las alturas del Pramayán con anterioridad a aquel suceso, pero su llegada arrasaron como una ola homogenizadora e imparable sobre todas ellas, pero su influencia directa se fue mitigando con el paso del tiempo.

Por más que en la actualidad existan un gran número de iglesias construidas en honor a Arcthuran repartidas por toda la orografía del oriente continental, cada una de ellas rinde culto a algún aspecto único de este concepto. Ninguna de ellas reconoce guardar relación alguna con la otra salvo por un único detalle; pese a no haber tenido contacto alguno con él, históricamente todas ellas han reconocido a Dairus como su sumo pontífice.

Con el transcurrir de los siglos tanto su credo como el mensaje sobre el que se sustenta han pasado a ser temas sobre lo que apenas se debate, pero también han perdido toda su fuerza. Algunos de sus preceptos se han convertido en una serie de ideas que se han ido incorporando al lenguaje coloquial de manera natural, pero lo han hecho sin dar peso alguno a las ideas que subyacen detrás de ellas. Frases hechas cuyo significado y sentido originales se obvian. En las naciones en las que se encuentra presente este culto acostumbra a convivir con otros, pero ninguna de sus sedes cuenta con un número de seguidores equiparable al de aquella que Dairus fue capaz de propagar más allá de Beretear durante el comienzo de su mandato.

Porque el culto moderno al Señor de las profundidades poco tiene que ver ya con el que fuese originario de las ciudades estado situadas en las alturas del Pramayán. Tanto su presencia como su impacto se han visto diluidos dentro de cada una de las sociedades que lo adoptaron. Existen ciertas maneras de rendir culto a esta encarnación concreta del mito, como es aquella que encarnan los monjes mendicantes, que son transnacionales, pero la manera en la que se encuentra presente dentro de aquellos pueblos que lo han integrado dentro de su sistema no tiene tanto que ver con el mundo de las ideas, como la protección que les garantizaba la presencia continuada de Dairus.

El suyo es un culto que no se encuentra basado en una jerarquía eclesiástica o una serie de dogmas de obligado cumplimiento, sino que su núcleo se encontraba fundamentado sobre la optimización de los escasos bienes de los que disponían. Los habitantes de las T’Nar, Beretear, Ton’Kaheru y Troll’Kahn originales, quienes fueron conocidos como los “señores de las alturas” no eran pueblos ricos ni gozaban de grandes recursos naturales. Todos ellos vivía en lo alto de alguno de los picos del Pramayán. Una situación que, al mismo tiempo que les otorgaba una clara protección ante cualquier intento de conquista, también limitaba enormemente su acceso a un gran número de elementos básicos para la subsistencia.

Para cada uno de ellos, el concepto del “Señor de las profundidades” era algo diferente. Pese a encontrarse sustentado sobre una serie de preceptos muy similares, tanto los nombres que se le daban como su mito de creación tenían detalles únicos.

De acuerdo al mito clásico, esta entidad abstracta cuyo corazón se encontraba ubicado en el centro del mundo era quien les concedía todo lo necesario para sobrevivir. En un tiempo lejano todo ser vivo se encontraba ligado a ella de alguna manera, y tanto el agua como la luz, los alimentos o la misma vida era sus dones. Regalos que eran entregados de forma desinteresada.
No pedía nada a cambio, ya que todo formaba parte de ella. No había nada que se le pudiese entregar que no hubiese sido suyo con anterioridad. A su vez, su cuerpo no se encontraba limitado por el mundo que pisaba la humanidad, sino que su esencia se filtraba más allá de lo que era capaz de percibir o comprender esta.

Pero con la llegada de un nuevo concepto, el del tiempo, el mito primario se fue haciendo más complejo. Junto con el tiempo llegó la muerte. La vida dejó de ser un regalo y se convirtió en un préstamo. En algo a defender, algo por lo que había que luchar, algo que podía ser arrebatado. Una vez que esta llegaba a su fin, regresaba al seno de donde había partido para volver cambiada. Para que diese comienzo un nuevo ciclo.

Lo que carecía de tales atributos se vio forzado a asumir intencionalidad y fisicidad, a limitarse a sí mismo y a sus dones. Los tiempos de carestía provocaron conflictos y migraciones desde la cima de los picos en los que habitaban los primeros habitantes del mundo. Sólo los más cercanos a Arcthuran / Zorak / Pramaya / Ytahc permanecieron en los hogares ancestrales. Sólo los señores de las alturas tuvieron el coraje para no abandonar a quien lo había dado todo y, de acuerdo al mito tardío, sólo en su mano se encontró el poder para detener al Enemigo.

Este mito no deja de ser una traslación de aquel que transmitieron los Mayane Undalath cuando lograron ser capaces de comunicarse con la humanidad. Ellos fueron quienes tuvieron un contacto más directo con el planeta que les dio a luz, los guardianes del mundo y quienes nacieron de su roca, su fuego y su misma esencia axiomática. Quienes surgieron como un acto reflejo de Daegon tras la llegada del tiempo. Quienes nacieron para proteger a esta realidad del Enemigo, del Destructor, cuando esta realidad fue consciente por primera vez de su lejana presencia.

La interpretación tardía de los pueblos del Pramayán desvió el foco de la historia para ponerse a ellos en el centro del mito, y para sustituir al Destructor por el Gran Imperio Menetiano. Una profecía confeccionada para cuadrar con los hechos que anunciaba ya habían tenido lugar. Una profecía que vio la luz una vez que ya había sido cumplida.

- Otros aspectos de Ytahc

Pero, más allá de esta interpretación concreta del concepto que dieron a conocer los Mayane Undalath, existe otro gran número de mitologías derivadas del mismo. Todas ellas acostumbran a ser atípicas cuando las comparamos con aquellos predominantes en occidente o las grandes religiones organizadas, pero su presencia a escala global no es para nada despreciable.

La evolución de este concepto ha adoptado multitud de formas y enfoques. Ha hecho que, aunque todas ellas beban de una fuente, el encontrar los puntos que comparten todas sea una tarea harto compleja. La consolidación de estos credos no ha tenido lugar únicamente en oriente, sino que se pueden encontrar trazas del mismo a lo largo y ancho de toda la extensión del continente y las grandes islas.

A pesar de que es indudable su impacto en ese constructo de fronteras difusas que es Trollellom y algún otro pueblo con estructuras sociales complejas que escapa de su ámbito, su presencia acostumbra a encontrarse más presente en pueblos con unas estructuras sociales más básicas. Así, de entre todos los aspectos de este concepto que han sobrevivido hasta la actualidad bajo distintas formas, estos acostumbran a predominar en territorios considerados como no civilizados.

Dentro de cualquiera de estos dos grupos, y centrándonos en lo puramente teológico, podríamos decir que su culto también está presente en occidente bajo otra gran variedad de nombres, descripciones y formas.

Dentro del mundo civilizado podríamos encontrarlo bajo el nombre de Devas Knode, la divinidad a la que se atribuye la inmortalidad a Sipskriel, aunque el aspecto de este concepto que se al que responde esta deidad difiere levemente al que se puede encontrar en oriente.

Él es el cambio inmisericorde, una fuerza indiferente ante las necesidades o miedos de la humanidad, una entidad que, dependiendo de quien la describa, es caprichosa o completamente libre. Ni odia ni siente afecto alguno por la humanidad, por lo que no tiene sentido el temerla o adorarla, ya que no atiende a súplicas u ofrendas. De la misma manera que sus movimientos pueden traer como resultado una cosecha copiosa, pueden acarrear la furia del mar o los cielos.

Otros pueblos, como puedan ser algunas de las tribus de Shemmellom o Shattegar, al igual que sucede en otras culturas animistas, tienen una visión más amable de este concepto. Una serie de visiones que, a pesar de que haber ido heredando versiones adulteradas del mito original generación tras generación, apenas se han alterado su núcleo.

Una gran parte de las tradiciones que viven de lo que les aporta la tierra, al igual que otros credos más abstractos y, en cierta medida, primarios basados en aceptar el entorno en lugar de tratar de controlarlo, beben de esta fuente.

Sin importar que hayan transcurrido millones de años desde los días en los que sus lejanos ancestros se relacionaron con los Mayane Undalath, algunas de las lecciones aprendidas entonces aún perduran. La llegada del Enemigo es un hecho que se da por superado o que se espera con temor. Un hecho que augura el final de todo o que ha supuesto algún cambio drástico en su modo de comprender el mundo. Un temor que regresa cíclicamente y que les sobrevivirá bajo la forma de una nueva miríada de distintos cultos.

De haber algo en lo que coinciden todos estos pueblos es en la falta de una estructura en sus creencias, algo que ha hecho que todas ellas mantengan siempre un delicado equilibrio en el terreno de lo etéreo y el de lo literal. Sus tradiciones acostumbran a ser mayormente orales, y las lecciones aprendidas de su pasado no siempre han sido transmitidas de una manera fidedigna.

No existen muchas diferencias entre quienes adoran a la naturaleza, los vientos o las estrellas y quienes rinden culto a Arcthuran. Todos ellos rinden honores al mundo en su conjunto, a su arbitrariedad y, en gran medida, a la insignificancia de la humanidad dentro del gran esquema. Algunos expresan estas creencias en forma de respeto, agradecimiento y miedo reverencial de diferentes maneras. Las formas, nombres y alcance de los conceptos a los que rinden culto varían enormemente en cada cultura, pero quienes practican este tipo de ritos siguen esta tradición con una cierta distancia. Rara vez acostumbran a tener jerarquías férreas, tienden al integrismo o confían en que los hados jugarán a su favor si hacen gala de algún tipo de devoción. Abogan por la diversidad en las formas de expresar sus muestras de respeto hacia los conceptos a los que rinden culto y no suelen tener problemas en adoptar dentro de sus cosmogonías a otras entidades que puedan encajar con su visión del mundo.

Por más que no entiendan al mundo o los distintos aspectos de la realidad como una serie de entidades preocupadas por la protección de la humanidad, sí que interpretan este conceptos como algo eminentemente justo. Quizás sean arbitrarios en sus acciones, pero esto se debe a que son seres cambiantes como lo es el hombre y, también como este, se adapta ante las amenazas. No pide nada, pero de él/ella/ellos se puede extraer todo lo necesario para que la vida continúe. Quienes comprenden su funcionamiento y respetan sus designios pueden llegar a ser capaces de vivir en una cierta armonía con ellos sin penurias adoren o no a estos conceptos. Algo que, en menor medida, también se encuentra a la disposición de quienes optan por ignorar algunos de estos principios.

A partir de esta base se han construido un gran número de relatos y mitologías. Parábolas y versos que han ido añadiendo en algunas culturas capas de sofisticación a la idea original. Que han dotado a los conceptos que pueblan estas historias de propósito, personalidad y una narrativa, desglosando cada uno de los posibles aspectos de mundo natural y la realidad exterior bajo la forma de entidades independientes cuya interacción forman el todo.

Cada una de las culturas que ha heredado y ha ayudado a perpetuar alguno de los mitos que componen este mosaico les ha atribuido nuevos nombres, características y motivaciones acordes a su conveniencia y entendimiento, pero es raro encontrar en ellos panteones que aglutinen a un gran número de ellos. Pese a haber bautizado a estos conceptos, haber elaborado complejas relaciones entre algunos de ellos, “humanizar” las razones detrás de ciertos desastres naturales o sucesos anómalos, achacando a alguna de estas entidades las acciones que tuvieron como consecuencias estos hechos, no se atribuye a sus hipotéticos causantes una forma o un objetivo.

Dentro de estas culturas que han ido fragmentando el mito no existe un panteón o un credo único que los unifique, sino que su número se ha visto ampliado tras la llegada de acontecimientos extraños. Los sucesos acontecidos a lo largo de las eras en cada lugar han dado lugar al nacimiento de nuevas cosmogonías y relatos fundacionales que, por más que algunos de ellos pueden ser muy similares a los ya existentes, no son capaces de reconocer su parentesco. Nuevas ideas y entidades que han sido adoptadas por sus descendientes y cuyo desarrollo continúan estos, desligándolos cada vez más del concepto inicial.

Si cada uno de los cismas de la iglesia Tayshari afirma ser el único interprete fidedigno de un mismo concepto, la miríada de religiones en las que se fragmentó los mitos de Ytahc o Arcthuran tras su propagación no reconoce vinculación alguna con quien lo originó. Por más que los señores de los páramos a los que se rinde culto en las Llanuras Zulera naciesen de este credo, la forma y el fondo en la que se les plasma este credo nada tiene que ver con cómo ha evolucionado la mitología y la teología del “Señor de las profundidades”.

Aun así, quienes adoran a unos y otro no tienen problema a la hora de reconocer y aceptar la existencia de otros mitos sin importar su origen o que guarden algún parentesco con el suyo. Esto es algo que, por otro lado, quienes siguen los predicados de organizaciones con estructuras más rígidas acostumbran a rechazar. Esta negativa no está basado únicamente en el orgullo, sino que también se construye sobre la ignorancia y en el impacto que tuvo en la cultura de sus ancestros la invasión del Gran Imperio Menetiano.

- El Gohai Kaeru

Si el culto a Arcthuran podría entenderse como el homologo a la Iglesia Tayshari en oriente en cuando a su extensión, al este del Pramayán no existen ninguna organización científica que haya gozado de una estabilidad o crecimiento equiparables a los de La Orden. Aun así, esto no quiere decir que el conocimiento no sea un bien apreciado en estas longitudes geográficas.

Por el contrario, se podría decir que el antecesor de La Orden tuvo su origen en oriente bajo la forma de la primera iteración del Gohai Kaheru.

La historia de esta organización no deja de ser una muestra palpable de la manera en la que han evolucionado las sociedades de Daegon tras sufrir las consecuencias de algún fenómeno anómalo. El miedo y el desconcierto iniciales siempre ha dado paso al surgimiento de quienes han tratado de comprenderlo pero, de la misma manera que su impulso inicial parece imparable, aquello que nace casi en exclusiva del temor no tarda en desvanecerse cuando la amenaza ya se ve como algo lejano.

Así, por más que sus actuales integrantes proclamen que esta organización sea el estamento científico más antiguo de cuantos se pueden encontrar en Daegon, esta no deja de ser una verdad cierta sólo a medias.

Dentro de esta afirmación parcialmente cierta hay datos que no pueden ser discutidos como pueda ser el de la fecha de nacimiento de su primera encarnación, pero en los registros históricos también se encuentra plasmado el momento en el que fue desmantelada.

Para trazar su origen tendríamos que retrotraernos hasta los albores de la conocida como la “Edad moderna”, más concretamente hasta los días posteriores a la finalización del evento anómalo conocido como el Nyarl Noidems.

A pesar de que este suceso, conocido también como el “Gran dolor” o el “Gran terror”, no llegó a alcanzar a los territorios interiores en los que se encuentra situada Dayashu, el impacto que supuso para la costa nororiental del continente fue tal que provocó que incluso quienes no lo habían padecido de manera directa quedasen marcados por las historias y las secuelas que devinieron de él. Una serie de consecuencias que tardarían en ser olvidadas.

De esta manera, si bien este hecho resultó clave para la fundación de quienes entonces fueron conocidos como los “Forjadores del mañana”, y que estos fueron los primeros en reconocer la magnitud de los mismos, la longevidad de aquella primera encarnación se vio íntimamente ligada al recuerdo de su advenimiento. Asimismo, el suyo no fue el último de los estamentos científicos surgidos como consecuencia de algún suceso anómalo acontecido durante aquellos tiempos.

Una vez transcurridas varias generaciones tras el advenimiento del temor inicial, y ya superado el recuerdo de aquellos días, tanto su andadura como la de aquellas organizaciones surgidas bajo su sombra no fue sencilla.

Este nombre ha sido recuperado con posterioridad en numerosas ocasiones a lo largo del tiempo, siendo la última de sus encarnaciones relativamente joven para los estándares en los que nos hemos estado moviendo hasta el momento. Porque, de la misma manera que los eventos anómalos suponen una grave situación de crisis allí donde han tenido lugar, una vez pasado el momento de temor y recuperada la normalidad, la urgencia por tratar de comprender el origen del mismo no tarda en quedar relegada hasta un segundo plano. En ser tapada por los quehaceres diarios y la superación de las secuelas que ha dejado ese hecho.

Por más que su nombre haya perdurado desde aquellos días, sus funciones se han visto adaptadas para un gran número de fines con cada una de sus nuevas iteraciones. La utilización este nombre ha atendido más a un ejercicio de memoria que a la recuperación de sus investigaciones previas y, a día de hoy, la misma expresión es un arcaismo, una suerte de fórmula exótica cuyo significado ha sido moldeado de acuerdo a las necesidades de quien la ha recuperado. Una frase hecha cuya traducción a lo largo de los siglos ha adquirido un gran número de significados. Algunos de ellos han tratado de preservar el legado de quienes les precedieron, conservando la acepción original de aquel nombre, pero su significado ha pasando por un gran numero de alteraciones, algunas de las cuales han sido conocidas como el “Concilio de los Navegantes del futuro” o los “Vigías de la realidad”.
Unos apelativos que no han hecho sino reconocer la incapacidad de la humanidad para “construir” su propio futuro, sino este se encuentra sometido a las salvajes oleadas del tiempo y la incertidumbre.

Detrás de estos epítetos tan rimbombantes siempre se ha ocultado el temor a lo desconocido. El deseo por desterrar esa incertidumbre que provoca lo que se desconoce. El objetivo de lograr la supervivencia ante la inevitable llegada de lo anómalo.

Su campo de acción ha abarcado un gran número de ámbitos desde su resurgimiento, al igual que lo ha hecho su presencia tanto dentro de la sociedad su nación de origen como la de aquellas que la rodean, pero no ha sido hasta lo últimos años que ha vuelto a hacer suyos campos de estudio que habían sido condenados al ostracismo. La necesidad de recuperar la investigación acerca de la ciencia arcana ha sido uno de los puntos centrales de su último equipo de dirección, y los informes que han recuperado de los archivos de este organismo no han hecho sino darle la razón en tales afirmaciones.

En la actualidad, y tras cerca de dos siglos en los que se ha visto relegado a languidecer en la irrelevancia pública dentro de su hogar, la presencia de la actual encarnación del Gohai Kaeru en Dayashu ha recuperado un cierto prestigio y relevancia gracias a las noticias llegadas desde occidente.

Estas noticias, sumadas a la desaparición de Dairus o a la aparición de nuevos territorios errantes en el firmamento ha hecho que el temor resurja en la ciudadanía y los gobernantes. Un temor que, en gran medida, ha sido alimentado y utilizado por los dirigentes del Gohai Kaeru para volver al primer plano de la vista pública.

Aun así, sus recomendaciones no han sido recibidas de la misma manera por parte de todos los integrantes del gobierno de Dayashu o por los propios investigadores que forman parte de la organización. El conocimiento pragmático y los encargos del exterior es lo que les ha permitido sobrevivir desde su formación, y el derivar recursos hacia un terreno que no es del interés de sus contratistas puede suponer una merma de sus ingresos y, con ello, de su capacidad para mantenerse como una entidad independiente.

- El Chernat Ianaster

La otra gran organización surgida como consecuencia de los eventos anómalos acontecidos durante los albores de la edad moderna en oriente se encuentra en una situación algo menos convulsa, pero no por ello goza de una mayor representatividad. Esta organización, que ha dedicado de forma ininterrumpida su atención en este tipo de sucesos se encuentra ubicada en la frontera entre Dayashu, Shinzay y Dagorel pero sus dimensiones son tan escuetas que ni siquiera aparece reflejada en los mapas políticos globales.

El Chernat Ianaster debe su nacimiento a un solapamiento planar que tuvo lugar sobre los territorios en los que se encontraba ubicada una de sus ciudades, Dyamin, hace más de un milenio. A pesar de todo el tiempo transcurrido desde aquellos sucesos, el constante recordatorio que supone la existencia de los restos de aquellos días, y la incapacidad de convertirlo en una zona habitable de nuevo han supuesto un refuerzo constante para su existencia.

A pesar de esto, desde entonces la propia sociedad de Kylburn se encuentra divida entre quienes tratan de dejar en el pasado lo que sucedió y quienes tratan de prevenir que esto suceda de nuevo.

Si bien es cierto que el Chernat Ianaster centra su radio de acción en la pequeña nación de Kylburn, sus miembros han viajado hasta todo lugar en el que se ha producido algún sucedo anómalo. Una labor que ha hecho a los integrantes de esta organización, conocida también como “Los topógrafos de lo etéreo” o “Los custodios del velo”, hayan representado un importante papel a la hora de ayudar al establecimiento de otros organismos de una índole similar.

El suyo, como parte de uno de los concilios de estudiosos más antiguos que se conocen, siendo superando únicamente en edad por el Gohai Kahero original en oriente, y por la Universidad de Amlash en occidente, ha sido uno de los grupos más activos a la hora de tratar de mantener con vida el concepto del Nalushat Avasanyali, pero lo ajustado de sus recursos siempre ha hecho que su capacidad para jugar un papel importante a este nivel se haya visto muy limitada.

La suya ha sido una historia llena de altibajos. Una trayectoria vital que ha hecho que sus logros se hayan visto ensombrecidos por los de organizaciones más grandes, y sus fracasos en ocasiones se hayan magnificado. A pesar de contar en su haber con numerosos momentos de gloria ganados con esfuerzo, constancia y coherencia, la historia no ha sido amable con esta organización.

En el pasado se ha achacado a sus estudios el ser la causa de la llegada de nuevos sucesos anómalos. Tanto los distintos gobiernos de Kylburn como los de otras naciones los han dotado de un gran número de recursos o les han expropiado sus posesiones forzando a sus integrantes al exilio. Han sido aliados del poder y quienes más alto han hablado contra él.

Porque su historial está muy lejos de ser perfecto. Dentro de sus filas también se han llegado a posicionar personajes cuyos intereses poco tenían que ver con el conocimiento y que lo han visto como una herramienta para acumular dinero y poder. Gentes que se han aprovechado de los descubrimientos de sus miembros para tratar de desarrollar armas, herramientas inestable y peligrosas o que han utilizado la información de la que disponen para ejercer presión en círculos que, a priori, nada tienen que ver con el propósito de la organización

Dentro de esta organización siempre ha existido una dualidad que ha marcado su propia trayectoria. Una cualidad que, en ocasiones, le ha hecho destacar por encima de otros más grandes o que le han hecho caer cuando parecía tener una mano ganadora. Una estructura interna ductil que ha sabido adaptarse a cada uno de los tiempos que le ha tocado vivir y que, por más que su tamaño siempre haya sido muy pequeño, le ha permitido poseer recursos que parecían por encima de sus posibilidades.

De lo que no cabe ninguna duda es de que ha sido la muestra viva de que no siempre los recursos garantizan el éxito ni la escasez es una condena al fracaso. Su irregularidad les ha convertido en una pieza impredecible ahí donde han estado. Afirmar que han sido la sorpresa cuando nadie esperaba nada de ellos y la decepción cuando tenían a su disposición sería una simplificación excesiva, pero esto no ha evitado que se convierta casi en un mantra en sus momentos más complicados, a la par que una losa ante la expectación que esto podía llegar a despertar.

Sea como fuere, ya sea con recursos muy limitados a su disposición o con el apoyo de distintos equipos de gobierno o inversores exteriores, su aportación al conjunto de las ciencias puras ha sido significativa. A su vez, la falta de ética o preparación de algunos de sus dirigentes les ha supuesto la pérdida de multitud de sus mentes más brillantes, audaces y comprometidas.

Han logrado diseñar métodos para contener la expansión de ciertos solapamientos más allá de su puno de entrada y descubrir cualidades únicas de ciertos elementos que han quedado atrás cuando estos han llegado a su fin, pero quienes han logrado tales hazañas casi siempre han pagado un alto precio ya que, en un gran número de ocasiones, su cercanía con las zonas afectadas por lo extraño han tenido como consecuencia la muerte de los equipos que han llevado a cabo estos estudios, o la propagación de ciertos elementos anómalos más allá de donde se encontraban estables.

Dado este juego de luces y sombras que ha sido su existencia, nadie es capaz de predecir o afirmar qué papel desempeñarán sus miembros en los años por venir.

- La jerarquía celestial

De entre todos los grandes cultos existentes en Daegon, quizás aquel que goza de una mitología más diversa y compleja es aquel que se encuentra presente mayoritariamente en la porción nororiental del continente.

Las diferentes interpretaciones de esta mitología se pueden encontrar principalmente en Dilirm, Dayashu, Shinzay, Sheparn y Dagorel, aunque algunos aspectos de las mismas también se pueden adivinar en otras naciones.

Este culto basa todas su teología en la devoción hacia los ancestros, realizando una lectura tremendamente creativa de la historia. A pesar de que afirma que el mundo y la vida sobre él tienen una edad aproximada de doce mil años, los hechos que se describen en aquellos poemas y leyendas que describen aquellos primeros tiempos realmente obtienen su inspiración en hechos acontecidos millones de años antes de aquello. Esta mitología compartida no contiene un auténtico núcleo común, sino que cada territorio que la ha adoptado a su propia evolución. El que ha sido su hogar ancestral es utilizado como el centro del mito y sus predecesores directos fueron quienes dieron forma y sentido a la realidad. Es pasado más remoto es un lugar colorido, un momento lleno de aventura, una utopía a alcanzar de nuevo. Y, a pesar de esto, también hay batallas y tragedia, traiciones y hechos despreciables. Lecciones morales a aprender.
El mito es una contradicción que aceptan sin problemas porque sólo es leyenda. Una romantización, algo que jamás existió realmente, pero desearían que fuese cierto.

Por más que dentro de sus mitologías puedan reconocer la existencia de territorios y personajes externos a sus respectivas culturas, sus ancestros acostumbran a ser el origen de todo. Cada uno de ellos es el heredero de una gran tradición.

Cada pueblo tiene a sus propios gobernantes ancestrales, los reyes o emperadores divinos, aquellos de quienes desciende cada hombre y mujer. Seres que trascendieron más allá de esta vida mortal y que ahora viven en algún lugar indeterminado desde el que contemplan su legado. Dependiendo del acercamiento filosófico de quienes han construido estos credos, este lugar es algo material o etéreo, metafórico o literal. Puede ser alcanzado en vida o únicamente tras lograr un estado diferente de existencia del que no existe vuelta atrás.

Si bien es cierto que en su intento por crear un relato coherente cada uno de estos interpretaciones de mito acostumbra a tomarse un gran número de licencias, no es menos cierto que una pequeña parte de este se encuentra basado sobre una verdad objetiva que no se encuentra presente en otros relatos teológicos. Porque su narrativa está sustentada en gran medida sobre la existencia y las historias de los progenitores de la humanidad.

Estas referencias no son algo accidental, sino que es uno de los elementos esenciales sobre los que fue construida la misma escuela de pensamiento de la que surgieron las demás.
De la misma manera que el mito en el que se basa el culto a los Señores de Ilwarath bebe de las experiencias de Ýlar de Jomsul, y que la iglesia Tayshari lo hace de las de Nostat de Yburq, la Jerarquía celestial debe su núcleo teórico a los escritos de Yavintra de Hebdalah.

Al contrario de lo que sucedió con los profetas de los otros cultos, la consciencia de Yavintra no fue trasladada hasta otros momentos en el tiempo u otros niveles de existencia, sino que su obra se basó en un testimonio directo; las narraciones de una de las últimas progenitoras de la humanidad que lograron prologar su existencia más allá de la primera llegada del Destructor.

Estas historias no fueron un intento por traer hasta el presente e inmortalizar hechos acontecidos en los tiempos de los que la humanidad ya ni siquiera conserva su memoria, sino la transcripción de una serie de historias reales. Hechos que, a pesar de que fueron interpretados como una obra de ficción por quien los inmortalizó, calaron mucho más profundamente que cualquier otra obra ficticia.

El impacto que causaron las pinturas y poemas de Yavintra en sus contemporáneos la convirtieron en el material del que surgen las leyendas. De manera inconsciente, la historia ficcionalizada se tornó en mito, y el mito en algo que trascendió y se impuso por encima de las historias que le había dado origen.

En gran medida, los personajes que se describen en las distintas versiones del mito de la Jerarquía celestial jamás existieron, pero algunas de las acciones que se narran en ellos, a pesar de haber sido adornadas y dramatizadas, sí que tuvieron lugar.

Los sucesores, discípulos y coetáneos de Yavintra adaptaron su obra de acuerdo a los preceptos culturales de aquellos lugres y momentos en los que era narrada. Diluyeron las partes verídicas en grandes dosis de subjetividad y épica impostada, de valores morales y lecciones ejemplarizantes. De todo lo necesario para llegar a alcanzar el actual marasmo de influencias cruzadas y reescrituras interesadas. No existe una teología de la Jerarquía celestial, sino tantas como regiones tienen las naciones que la han ido adoptando.

De todas estas, quizás quien más profundamente ha interiorizado este mito ha sido la nación de Shinzay. Un país que ha llegado a unos niveles tales que le han llevado a tratar de establecer una línea genealógica completa entre aquellos primeros pobladores del mundo y las distinta dinastías de sus gobernantes; El Dengeyi zhidú Tianshang.

Mientras que el resto de naciones no poseen una estructura eclesiástica que gestione u homologue la manera en la que se rinde culto a los ancestros, el Dengeyi zhidú Tianshang hunde las raíces del gobierno de la nación en el mito. La diversidad lingüística de Shinzay hace que este concepto pueda ser traducido o interpretado con una gran variedad de significados que embellecen o puntualizan alguno de los aspectos de esta jerarquía inmortal. De acuerdo a estas interpretaciones, también son conocidos como “La Hegemonía divina” o los “Héroes inmortales”. Algunas de ellas presentan a su emperador como a un descendiente directo de alguno de los jerarcas de los tiempos pretéritos, mientras que otras más revolucionarias lo presentan como a un usurpador.

De esta menera, si bien conceptos como el Dengeyi zhidú Tianshang han sido la manera en la que se ha legitimado el poder establecido, esta herramienta a través de la que se dota de una autoridad superior a quien se encuentra en el poder también ha logrado ser subvertida para que se produzcan otra serie de cambios sociales.

Gracias a esto, tanto Dilirm como Dayashu, Sheparn y Dagorel hace ya siglos que abandonaron un modelo de estado basado en una monarquía hereditaria. Por más que el mito de la Jerarquía continúa muy vivo en su acerbo cultural, este ya no dota de autoridad sobre este mundo a quienes no se encentran sobre él.
El mito ha pasado a ser la respuesta sencilla que ha adoptado el pueblo ante las preguntas complejas, a lo que sucede tras la muerte, a las causas de los desastres naturales o los eventos anómalos. No se adora a los jerarcas celestiales como a deidades todopoderosas, sino que cada aldea reverencia a quienes les precedieron, a padres, abuelos o hijos no natos, y les ruegan para que intercedan por ellos ante los emperadores del más allá o los héroes legendarios en los momentos de necesidad. Es una herramienta para ayudar a sobrellevar una pérdida traumática. El mito se alimenta de todas estas personas, y crea para ellos historias costumbristas o épicas en el otro mundo.

Surgida como consecuencia del exilio de todos los integrantes de la etnia shizune de la isla de Mashulanu, Shinzay, a su vez, también ha pasado por un gran número de estadios a lo largo de su historia. Cambios que han afectado tanto a su percepción del mito como a aquello a lo que ha hecho referencia. Los cambios sociales no sólo han tratado de reescribir el pasado la nación sino que también han alterado su relación con el pasado mitológico.

Dentro de su mitología Mashulanu ha jugado un gran número de papeles. El hecho de que el hogar del que sus ancestros fueron expulsados fuese un lugar cuyo acceso se encontraba vetado para ellos durante siglos, ha sido utilizado en multitud de ocasiones como una excusa de carácter casi religioso para mantener vivas las hostilidades. De la misma manera, los cambios que se han ido produciendo desde entonces en el gobierno de la nación isleña también han sido interpretados de acuerdo a las necesidades o intereses del momento.

Tanto esta isla como el prolongado aislamiento a la que la sometió su gobernante más longevo, ya antes del exilio de la etnia shizune, también había jugado diferentes papeles dentro de la mitología del resto de las naciones costeras en los que se encuentra presente el credo de la Jerarquía. Ha sido un premio o un castigo, la fuente de todo misterio o la respuesta a todas las preguntas, el origen de la vida o el final de la misma. La puerta a través de la que acceder a otros niveles de existencia o el camino que ha seguido la adversidad para llegar hasta ellos.

Así pues, la asimilación por parte de Shinzay de los preceptos de los Jerarcas fue mucho más tardía que la del resto de naciones que la rodean y comparten esta escuela de pensamiento, aunque esto no significa que fuese la última nación o el de los shizune el último de los pueblos, en hacerla propia. Debido a la propia naturaleza de este credo resulta muy sencillo el integrar en su seno a otras entidades, algo que ha hecho que algunos pueblos que tradicionalmente han rendido culto a otras teogonías hayan terminado por crear nuevas versiones del mito fundacional o fusionarlo con otros preexistentes.

De la misma manera, lo convulso y humano de su propia mitología ha hecho que no exista una sensación de hermanamiento real entre quienes profesan la misma creencia, sino que ha llevado al florecimiento de todo lo contrario. Dependiendo del momento, y al igual que ha sucedido en la relación entre las naciones del continente y Mashulanu, el crecimiento del mito se ha alimentado del revisionismo o la interpretación interesada de alguno de sus pasajes. Distintos equipos de gobierno han tratado de alejarse todo lo posible del legado que dejaban atrás, o de aferrarse a él como excusa para justificar sus propias ambiciones. Sucesos que se han repetido de manera cíclica e intermitente entre pueblos que tienen un largo historial de enfrentamientos.

Por otro lado, sus mitologías, al igual que todos los aspectos de sus culturas, se ha visto eminentemente afectadas por cada uno de estos ajustes culturales e, irónicamente, esta aparente amplitud de miras en ciertos aspectos no ha servido para ayudar a que su integración con en resto de culturas del continente, sino que en ocasiones también han sido utilizadas para ir marcando aún más sus diferencias.

Cada una de las tradiciones que lo han adoptado han hecho que su versión de la Jerarquía evolucione junto a sus culturas, siendo la versión que poseen del “otro mundo” una traslación casi directa de sus propias sociedades.

De esta manera, de la misma forma en la que, de acuerdo a la tradición de Shinzay, los emperadores y emperatrices que gobiernan y han gobernado Shinzay son considerados como descendientes directos de la dinastía de los emperadores celestiales, de acuerdo a la que existe en el resto de pueblos el “mundo más allá del mundo“ se encuentra gobernado por complejas estructuras de alianzas sociopolíticas en un constante estado de tensión.

De haber un rasgo que comparten todas ellas, este es el que determina cómo se ha llegado a estas situaciones. Cada una de sus teogonías y textos sagrados describe la razón detrás de los cambios. La historia divina se ve reconstruida para que coincida con la de Daegon, y los personajes históricos que han resultado relevantes en este mundo siempre acaban siendo determinantes en estos cambios.
La importancia que se da al linaje es también muy importante dentro del folclore, pero este no es el único criterio que se ha utilizado para ejemplificar la valía de quienes intervienen en el relato celestial.

En aquellos momentos en los que se han producido unos cambios sociales más drásticos, los linajes ancestrales han dejado paso a personajes carentes de todo bagaje familiar. Dentro de su historia se ha descartado el concepto del destino manifiesto y se ha valorado por encima de cualquier otro elemento su valor, determinación y esfuerzo. A su vez, cuando se ha tratado de recuperar el estatus quo, la situación ha tendido a decantarse en la dirección opuesta.

A lo largo de la historia de Shinzay, esta ha sido gobernada por un gran número de dinastías. Individuos que, tras lograr derrotar a quienes les precedieron en su posición, han ampliado el Dengeyi zhidú Tianshang para que los cambios en el mundo terrenal sean coherentes con los acontecidos en el reino divino.
Dentro de esta misma historia, esta nación también ha cambiado en dos ocasiones su modelo de estado sólo para que regresase nuevamente la figura del emperador tras prolongados periodos de tiempo de ausencia. Cada uno de estos cambios también se encuentran plasmados dentro de su mitología, al igual que lo ha sido toda gran revuelta que ha tenido lugar en sus territorios o el cuasi perpetuo enfrentamiento con Mashulanu, pero el estatus de cada uno de los personajes implicados ha sido alterado con cada uno de estos cambios.

Mientras que los héroes revolucionarios del resto de naciones que han interiorizado a la Jerarquía en su cultura acostumbran a ser figuras veneradas por encima de la de los antiguos emperadores, en Shinzay en una época han sido libertadores para, a continuación, verse convertidos en traidores sanguinarios cuando se ha restaurado el sistema anterior. De la misma manera que los emperadores de antaño del resto de naciones, de manera independiente a cómo ejerciesen el poder, acostumbran a ser descritos como seres de costumbres casi grotescas.

Existe un constante proceso de mitificación del pasado en casi todas las culturas en las que se encuentran presente el credo de la Jerarquía, pero esto no atiende únicamente a motivos religiosos ni implica que el pueblo crea a ciencia cierta todo lo que se encuentra plasmado en sus textos. Dentro de sus respectivos acerbos culturales gustan del relato épico y los héroes y heroínas más grandes que la vida misma. Para alcanzar este estatus no es necesario haber logrado una gran hazaña, sino que este es un logro que se obtiene gracias a la tradición oral. La ausencia de un gran registro en el que se plasmen todas las grandes historias han convertido al cuento, el relato, la poesía y la tradición transmitida de generación en generación en los principales transmisores de historias. Es la popularidad de la historia la que marca la diferencia y logra que esta pase a formar parte del mito. Los héroes legendarios más importantes no han surgido de la pluma de grandes escritores sino de la narración alrededor del fuego de las acciones de un ancestro. Para cuando estas llegan hasta los oídos de poetas, escribas o dramaturgos que las inmortalizas, las historia ya se ha hecho popular, y ha tenido tantos protagonistas como lugares por os que ha pasado.
Aún así, que un relato sea registrado dentro de los anales no implica la desaparición de todos aquellos que le sirvieron como fuente. De la misma manera, que un relato haya sido escrito no le otorga una validez o credibilidad superiores a las de aquellos en los que se inspiró ni lo convierte en algo inmutable. No existe un proceso de “validación” del mito al igual que nadie lo entiende como algo literal. Su legado es algo tan fluido como la narración oral, el de historia inmortal es un estatus que sólo se alcanza gracias a permanecer largo tiempo dentro de la tradición. No hay mayor validación que la del cuento que se narra al recién nacido. No hay prueba, por más documentada, detallada o compleja que esta sea, capaz de “demostrar” su autenticidad.

Todos aquellos que han pasado a la historia reverenciados como grandes héroes también han sido ligados de alguna manera al mundo divino. El Shiongäo chaojí, el gran manuscrito que narra las andanzas de la corte celestial de acuerdo al mito de Shinzay está repleto de batallas e intrigas entre los dioses, de conflictos en los que también median e intervienen los emperadores y héroes humanos. Todo hecho acontecido con cinco generaciones de distancia es susceptible de ser mitificado, y las historias que han tenido lugar en Daegon, ya sea dentro o fuera de Shinzay, son plasmadas como parte de estas narraciones.
Los panteones pertenecientes a otros pueblos se encuentran integrados dentro del Dengeyi zhidú Tianshang, aunque sus teogonías se encuentran completamente descontextualizadas.

De la misma manera, por otro lado tendríamos obras como el Hirenprata yilase nabraki, el mayor poema épico que se conserva en Dayashu, el Prévam gesatu, su homólogo en Dilirm, el Yugni dosh amat de Sheparn o el Rig budah de Dagorel tampoco ha dejado jamás de crecer de formas similares.

A pesar de que este credo se encuentra presente en la vida diaria de los ciudadanos de todos estos pueblos, las manera que tienen sus habitantes de verlo tiene muy poco que ver entre sí. A pesar dee formar parte de sus respectivos lenguajes y coloquialismos, la devoción no tiene nada que ver con este hecho. Por más que esta sea expandida de forma constante, existe una clara diferenciación entre mitología y realidad. Entre la ficción y el hecho. Ni los distintos cantares de gesta ni el Shiongäo chaojí pretenden hacerse pasar por textos históricos.

Al contrario que otras culturas en las que la mitología se encuentra tan integrada con el costumbrismo, ni el pueblo llano ni la nobleza hacen uso de esto fuera del territorio de la ficción. El poder del emperador o la emperatriz no se pone en duda, pero tampoco se considera su largo linaje como un hecho objetivo. Sólo es algo que forma parte del folclore y de las expresiones comunes, de la misma manera que nadie considera las historias narradas en las biografías de los héroes legendarios como hechos objetivos.

Por más que en Shinzay la corte imperial sea un híbrido entre un lugar de culto y la sede de toda la burocracia de la nación, la labor que realizan sus funcionarios poco tiene que ver con la de un sacerdote. El respecto y la devoción con la que tratan al emperador forma parte del protocolo de quienes habitan en la corte.

Dentro del proceso de mitificación que tiene lugar en todos los estratos de estas sociedades, tanto los integrantes de su vida política como su nobleza o sus generales de renombre acostumbran a falsificar y adornar sus árboles familiares. Los alteran para que encajen en alguno de los versículos de los grandes cantares, haciendo ver que sus ancestros participaron en alguno de los grandes sucesos, o interactuaron con sus protagonistas.

Nuevamente, estos hechos no dejan de ser algo que, de la misma manera en la que nadie los interpreta como ciertos, tampoco se critican o se contrastan salvo en el caso de que alguno de ellos caiga en desgracia. Su mera existencia no significa que vayan a pasar a formar parte de alguna de las distintas versiones que se pueden encontrar recopiladas de estos cantares, pero sí que ha sido utilizado por algunos de ellos para crear nuevas versiones que se han terminado popularizando en regiones concretas.

- El Diguó ilong xuenyuá

Si bien es cierto que el proceso de mitificación al que se ve sometido el pasado de aquellos pueblos en los que se encuentran presentes los distintos aspectos de la Jerarquía celestial no ha impedido el surgimiento o supervivencia de distintos estamentos científicos, no todos ellos disfrutan del mismo grado de libertad. Por más que el Chernat Ianaster o el Gohai Kaeru gocen de una autonomía considerable, otros cuerpos científicos, como el caso del Dengeyi zhidú Tianshang de Shinzay, se encuentran supeditados por completo a los designios de la corte imperial. Aun así, esto no ha evitado que de su mano se hayan surgido importantes aportaciones para la comunidad global.

Porque, por más tradicionalista que pueda ser la sociedad de Shinzay, el saber es un bien muy valorado dentro de su cultura y tradición. Un bien que ha tratado de ser controlado desde las instancias del poder.
Dentro de las páginas del Dengeyi zhidú Tianshang no sólo se narran las hazañas de los héroes caídos en batalla sino que también hay hueco para quienes aportaron el conocimiento necesario para levantar la nación. Quizás estos individuos tengan una posición inferior dentro de la escala jerárquica, pero su camino siempre ha ido ligado al de los emperadores. El conocimiento es otra forma de poder, y toda muestra de este se encuentra contenida dentro de la corte imperial.

El Diguó ilong xuenyuá o “Colegio imperial de ingenieros” de Shinsay es uno de los organismos más respetados de la nación. Tanto sus miembros como las obras que han realizado a lo largo de su historia han llegado a ser equiparados con las grandes gestas heroicas pero, al contrario de lo que sucede cuando se les equipara a otros estamentos, esta es una comparación que no acostumbra a agradar a todos sus integrantes. En su seno ha habido diversos intentos por desligar al colegio de ingenieros de todo vínculo con la mitología así como de desterrar la idea de que el conocimiento o cualquier otra capacidad es algo ligado a líneas sanguíneas.

Si bien es cierto que quienes componen esta organización tienen un rango equiparable al de cualquiera de los funcionarios de la corte, tanto sus responsables como sus miembros de rango más bajo cuentan con un estatus similar al de quienes pertenecen a los estamentos militares. Por más que los recursos dedicados a ambos estamentos se encuentren gestionados por los administradores de la corte, la autonomía de la que disfrutan dentro de sus respectivos campos de acción ses encuentran totalmente diferenciado al de aquellos que se dedican a desarrollar funciones administrativas.

Esto ha provocado que, en un gran número de ocasiones, la relación entre los funcionarios dedicados a labores de gestión y quienes se dedican a la investigación no acostumbren a ser sencilla. Dentro del colegio de ingenieros existen perfiles específicos dedicados a la interlocución con el resto de integrantes de la corte, pero la búsqueda de resultados inmediatos y ajustados al presupuesto ha sido uno de los obstáculos que han lastrado esta relación. Ni dentro de las grandes obras arquitectónicas, ni en los estudios más teóricos, la capacidad que han demostrado para predecir su éxito de sus labores de acuerdo a unos parámetros y condicionantes que en gran medida les vienen dictados desde el exterior han servido para mejorar esta relación.

El foco de sus investigaciones viene marcado de manera exclusiva por criterios externos a ellos y, en más de una ocasión, han sido algunos de los funcionarios que más alto han hablado en contra de las decisiones de los distintos emperadores.
Durante los tiempos en los que en Shinzay se prohibió el estudio de la ciencia arcana y se cortaron relaciones con Kylburn y Dayashu este fue el estamento más combativo de cuantos formaban parte de la corte, algo que llevó al despido, el exilio e incluso a la ejecución de quienes se determinó que eran los cabecillas de los disidentes.

Después de aquello, y a pesar de que no se han vuelto a producir incidentes de la misma magnitud, este tipo de estudio nunca ha vuelto a ser visto con buenos ojos por parte de quienes se encuentran en el poder. Aun así, por más que se haya llegado a argumentar que la profundización en esta clase de materias fomenta el cuestionamiento del estatus quo y el deterioro de la imagen de los emperadores, hace ya mucho que dejó de ser una materia vetada. Si bien es cierto que no se dotan partidas presupuestarias a este efecto, los investigadores pueden dedicarle sus propios recursos y tiempo libre si así lo desean.

Lo que sí que es cierto es que los integrantes del Dinguó Ilong xuenyuá acostumbran a ser algunos de los funcionarios que más contacto tienen con las naciones del exterior. Existen becas imperiales que les han permitido conocer lo que se extiende más allá de las fronteras de su nación. Otras culturas y maneras de entender el mundo que, en cierta medida, han ayudado a fomentar su actitud crítica con lo que encuentran a su regreso.

Las grandes urbes de Shinzay poseen algunos de las construcciones modernas más sofisticadas que se pueden encontrar en todo Daegon y, a su vez, también han logrado preservar o recuperar algunas de las grandes obras arquitectónicas del pasado lejano. Tanto la investigación como la recuperación de algunas de algunas de estas infraestructuras de quienes les precedieron han supuesto notorios avances en las técnicas de construcción.

Desde el momento de su establecimiento, hace más de medio milenio, sus componentes han recorrido toda la costa oriental del continente aprendiendo de los distintos legados arquitectónicos tanto de su propio hogar como del que se extiende más allá de sus fronteras.
El Diguó ilong xuenyuá ha demostrado ser uno de los embajadores de Shinzay más apreciados de cuantos se han encontrado presentes en otras naciones a la par que es uno de los estamentos más admirados por sus propios conciudadanos.

Sus creaciones han ayudado a llevar unas condiciones de vida más aceptables a aquellos lugares en los que han sido implantadas y esto ha hecho que los aspirantes a entrar a formar parte de sus filas nunca falten.

- El Ichigo Aralashi

De la misma manera que el suceso de Dyamin supuso el nacimiento del Chernat Ianaster y ha sido uno de los elementos determinantes para su supervivencia, la relación de Hanrath con lo extraño es en gran medida la razón detrás de la existencia del Ichigo Aralashi.

Lo anómalo es algo consustancial a su cultura, y un elemento con el que conviven a diario quienes habitan en la frontera con las Llanuras Zulera. Los integrantes de esta organización son mucho más que los meros descendientes de quienes decidieron abandonar las Llanuras hace siglos sino que, en cierta medida, se han convertido en sus custodios y defensores. Son quienes tratan de entender lo que se encuentra más allá de la tenue línea que separa lo convencional de lo excepcional y una fuente de información invaluable para quienes aspiran a alcanzar este tipo de conocimiento.

Si bien es cierto que esta organización no nació junto a la nación que lo acoge, desde el momento de su fundación el Ichigo Aralashi forma parte indisoluble del gobierno de Hanrath. Su estudio de la manera en la que se expanden y contraen las fronteras del territorio anómalo con el que conviven es algo único, una herramienta que no puede ser encontrada en otro lugar y que ha sido utilizada por otras organizaciones para tratar de adelantarse a la llegada de algún otro tipo de evento anómalo.
Por más que la casi totalidad de las grandes naciones civilizada de oriente compartan frontera con las Llanuras, sólo Hanrath ha aceptado este reto como algo propio. Quizás sus ancestros decidiesen abandonar aquel territorio, pero este continúa formando parte de su vida.

Los territorios que les fueron entregados para su establecimiento fueron aquellos que habían sido descartados como habitables. Aquellos en los que la tenue línea que separa los territorios estables y los anómalos eran más complejos de delimitar. Una pequeña franja que el azar y la buena fortuna les ha permitido ir ampliando pero que, de la misma manera, podría volver a verse reducida sin que puedan hacer nada por evitarlo.

Se podría decir que Hanrath en sí mismo es una zona de excepción. Un territorio que se encuentra cerca de lo interregno y en el que, a pesar de su apariencia de normalidad, su concepción de lo convencional difiere levemente de la que poseen las culturas que los rodean. Una gran parte de su población se encuentra agolpada en la costa y en sus fronteras con Ashgurn y Muliria.

El Ichigo Aralashi se creó como una herramienta para tratar de mitigar esta situación y expandir los territorios habitables de Hanrath de forma segura, pero la obtención de tales objetivos a través del conocimiento puro no fue su primera opción.
En origen se utilizó a criminales como avanzadilla en los territorios inestables, vidas cuya pérdida se consideraba aceptable en pos del avance, pero aquellos métodos se mostraron inefectivos en el lago recorrido. Con el tiempo, la traducción original de este concepto como “Escuadrón de castigo” fue cambiando su significado. Esta primera acepción se mantuvo mientras su erario se encontraba ligado a organismos dependientes del ejército y prisiones pero, con cada traspaso de sus funciones, esta se vio sometido a un gran número de giros radicales.

Sus funciones fueron transferidas en un gran número de ocasiones ya que, desde siempre, la suya fue una misión considerada como condenada a fracasar. Un concepto que no dejaba de ser como un brindis al sol, una muestra de populismo recuperada por los rivales de quien se encontraba en el poder para hacer promesas que no se podían cumplir. Una de tantas promesas olvidadas una vez que se alcanza el poder.

Los políticos ambiciosos lo han visto desde su inicio como una manera perfecta para arruinar sus carreras. Como un regalo envenenado o un castigo nada encubierto ante sus fracasos. El testigo fue pasando de manos hasta que, cinco siglos atrás, pasó a depender de aquellos dedicados a la investigación y la innovación donde ha residido desde entonces.

Con el paso del tiempo si misión se ha visto menos centrada en la “conquista” de territorios a lo anómalo y más en la comprensión de todo lo que esto implica. A día de hoy, aquellas mismas palabras sirvieron para bautizar a los expedicionarios y chivos expiatorios, se usan para referirse a los “Desentrañadores de lo imposible”, pero su labor no se ha vuelto ni más agradable ni menos peligrosa.

Los territorios que conforman la zona inestable de su frontera con las Llanuras siguen ocultando un gran número de amenazas que no han podido ser medidas o pautadas. Entre esta nación y aquella de la que provienen sus ancestros sigue existiendo una barrera que aún no se ha podido acotar y cuyo tamaño se encuentra en un constante estado de expansión y compresión. Una serie de territorios cuya extensión no ha sido posible acotar con precisión y en los que la incertidumbre es la norma.

Pero, si bien es cierto que Ichigo Aralashi centra la mayor parte de sus escasos recursos a esta labor, este no es el único campo de estudio que abarca su currículo. A través de este estudio se han ido desarrollando otras áreas cuya utilidad ha servido para solventar problemas cotidianos. Se han desentrañado misterios cuya auténtica naturaleza no era perceptible en otros lugares. Lo imposible ha podido ser utilizado para responder preguntas que nadie más se había planteado.

A partir de sus datos e investigaciones, por más que todo lo específico de las Llanuras haga que la extrapolación de la información obtenida a partir de su estudio hasta algún otro contexto rara vez llegue a buen puerto, este ha sido un campo en el que sí que se han logrado algunos éxitos.

Al contrario de lo que sucede con organismos como el Chernat Ianaster o el Gohai Kaeru, la utilizad o necesidad del Ichigo Aralashi, por más escuetos que hayan sido los recursos dedicados para ello, rara vez ha sido puesta en duda por los estamentos del poder. Se pueden haber cuestionado sus conclusiones o su acercamiento hacia el problema. En momentos de necesidad los recursos dedicados a sus investigaciones pueden haber sido los mínimos necesarios para mantenerlo en funcionamiento, pero el riesgo que suponen las Llanuras para las zonas habitadas con las que colindan con ellas es una amenaza que jamás se ha tomando a la ligera.

Pero, de manera independiente a esto, la pertenencia a esta organización no es algo que despierte un especial interés para los habitantes de Hanrath sino todo lo contrario. Si bien es cierto que quienes forman parte de sus puestos administrativos se encuentran más alejados de las zonas de riesgo, los peligros implícitos a relacionarse con lo anómalo se ven amplificados por su mera pertenencia.
Porque no sólo se ven expuestos a peligros los exploradores que se adentran en las Llanuras o quienes investigan los materiales que se extraen de ellas, sino que quienes habitan en la cercanía de los lugares en los que estos son almacenados y estudiados también se ven expuestos a sus posibles efectos.
Aquellas sedes en la que se realizan este tipo de investigaciones se encuentran alejadas de las zonas habitadas, con lo que quienes trabajan allí se ven forzados a vivir en un casi constante estado de aislamiento.

Ni el prestigio internacional que pueden llegar a aportar los resultados de los experimentos que tienen lugar allí hacen atractivo el formar parte de esta organización. El hecho de que un gran número de ellos se capaz de soportar estas condiciones durante mucho tiempo, convirtiendo a sus miembros más longevos en gente devota hacia su labor.

- El Horshutu

No todas las grandes organizaciones cuyo fin es la obtención del conocimiento dedican sus esfuerzos a lo intangible o las ciencias puras. Algunas, como es el caso del Horshutu; el Colegio de cartógrafos de Shirune, tienen su área de interés mucho más acotadas, pero no por ello su labor es menor relevante o su estatus a escala global es menor.

El Horshutu ha sido una pieza fundamental a la hora de restablecer las comunicaciones entre oriente y occidente pero, más allá de esto, también ha sido capaz de trazar rutas hasta lugares olvidados y recónditos en el interior del continente o los mares que lo rodean.

Esta es una organización eminentemente pragmática. Una idea fundada originalmente por los gremios de comerciantes de esta nación que, con el paso del tiempo ha sobrepasado con creces su propósito inicial y que, como sucediese con La Orden en occidente, terminó por obtener la cantidad de recursos necesaria como para desligarse de quienes la controlaban.

Ha sido esta cualidad eminentemente práctica de su labor la que le ha llevado a alcanzar el poder que posee en la actualidad y le ha permitido continuar creciendo en poder e influencia, pero también ha sido la causa de sus principales problemas. La ambición de sus equipos de dirección les ha llevado a tomar decisiones imprudentes. Decisiones que han ocasionado la muerte o la pérdida de algunos de sus activos más valiosos en momentos concretos de su historia y que les han llevado a perder importantes apoyos en el exterior. Aun así, la acumulación rápida de poder y relevancia continúa siendo una de las características más comunes en quienes pugnan por convertirse en sus líderes.

A pesar de esto, todo lo que han obtenido las naciones de Daegon gracias a su aportación interesada no es para nada despreciable. Existen otras organizaciones poseedoras de una ambición y características similares, pero ninguna ha logrado eclipsarles y, cuando esta amenaza ha estado cerca de convertirse en un hecho, generalmente han sido absorbidas por el Horshutu. Gracias a esto, a pesar de lo que podría dar a entender su nombre, esta organización dispone de sedes en distintas naciones a ambos extremos del Pramayán. Una estructura muy compleja de gestionar que le ha llevado también a desarrollar encarnizadas luchas internas por quienes aspiran a gobernarla.

Si bien es cierto que su camino no siempre ha sido ascendente, con el establecimiento de la ruta marítima entre los nortes de oriente y occidente su popularidad no ha dejado de crecer. Aún queda mucho de Daegon por cartografiar, y los exploradores de todo el mundo acuden a ellos con propuestas de todo tipo de manera constante. Algunos lo hacen requiriendo de los servicios de sus cartógrafos, geógrafos, geólogos y botánicos, mientras que otros lo hacen con propuestas que buscan la financiación del Horshutu.

Su campo de acción no se limita únicamente a del mero plasmado de los mapas, sino que también cuentan entre sus filas con gente dedicada a las ciencias puras, un rango ecléctico de materias que abarca también el estudio de la ciencia arcana. La cartografía de los territorios anómalos continúa siendo el gran reto a superar, y entender la naturaleza en su interior es algo que requiere de una gran cantidad de recursos.

A su vez, también hacen la función de mecenas para otras organizaciones e individuos que se encuentran realizando estudios que pueden serles de utilidad. Estudios sobre cuyo uso sus dirigentes acostumbran a tratar de obtener sus beneficios directos de forma exclusiva durante la mayor cantidad de tiempo posible.

El Horshutu ha sido desde siempre el hogar y el objetivo de gente ambiciosa. Los escrúpulos y la ética es algo que no abunda en sus rangos más altos y, la obtención de un resultado cortoplacista, en un gran número de ocasiones ha llegado a repercutir negativamente sobre ellos.
La pérdida de expediciones escasamente preparadas ya sea en su mala planificación o en cuanto a la experiencia de los equipos enviados han producido auténticas tragedias para todos sus integrantes. Su negativa a la hora de reconocer su parte de culpa o responsabilidad a la hora de indemnizar a los familiares de los expedicionarios les han hecho llegar a ser una organización impopular a lo largo de prolongados periodos de su historia en los lugares afectados, pero estos son errores de los que han aprendido.

Una parte nada despreciable de sus presupuestos se dedican a mantener una imagen pública sin tacha, pero los escándalos de distinta índole les persiguen de manera constante tanto cuando el peso de la culpa recae sobre ellos como cuando los desastres son consecuencia del azar y el infortunio.

En aquellas naciones en las que sus sistemas legales más estrictos aún se pueden encontrar las sentencias que les encontraron culpables de ciertas tragedias, y que han condicionado su capacidad para llevar a cabo su labor dentro de los territorios sobre los que tienen jurisprudencia.

- La Iglesia de Vashirevna

La percepción que se tiene de la fe en oriente difiere en gran medida de aquella que podemos encontrar de forma mayoritaria en el Daegon occidental. Por lo general su presencia se encuentra enraizada dentro de la historia de cada pueblo pero sus representantes carecen de un papel determinante en las acciones del día a día de los ciudadanos. Incluso en casos como los de Dairus o de la actual emperatriz de Shinzay sus papeles dentro de la vida pública tienen menos que ver con su posición como cabeza de sus respectivos cultos que con sus cargos políticos.

De haber una región en la que la religión cumpla un papel similar al que se pueden encontrar en Menetia o Goord, este sería el de la Iglesia de Vashirevna. Un culto que cuya relación con occidente tiene mucho más que ver que el del mero formalismo.

Quedan pocos restos del paso del Gran Imperio Menetiano por oriente. Aun así, a pesar de que el tiempo que transcurrió entre que fue capaz de atravesar el Pramayán y el momento de su debacle no fue demasiado prolongado, una pequeña parte de su legado sí que logró impregnar a quien se encontró en su camino. Por más que quienes detentan en la actualidad este legado sean en gran medida desconocedores de su origen, esto no hace que la fuente a partir de la que surgió cambie.

Apenas una década fue tiempo más que suficiente para que la marca que dejó el Gran Imperio quedase grabada de manera especialmente significativa en la ciudad ocupada de Uzlar tin syé. Este territorio situado entre Ashgurn y Muliria había pasado de manos entre ambas naciones en tantas ocasiones que sus habitantes no se sentían parte de ninguno de estos dos pueblos, y fue la llegada de aquella tercera fuerza el elemento necesario para que comenzase a fraguarse en su interior el germen de lo que sería una identidad propia.

Si bien este no fue el único territorio ocupado por los menetianos, sí que fue aquel que quedó marcado de una forma más profunda por su llegada. La ruptura con todo lo que les había sido impuesto hasta entonces permitió a sus ciudadanos comprender que existía algo más allá de lo que siempre se les había mostrado como única alternativa. Aquella semilla tardaría aún mucho en germinar, pero fue la base sobre la que sus fundadores construyeron la primera Vashirevna.

El concepto de que podía existir un poder ultraterreno interactuando con ellos, guiando el destino de los pueblos, fue utilizado por los artífices del culto a Shirevna para construir un mensaje revolucionario en el centro del cual colocaron a aquel concepto. El pueblo de Uzlar tin syé era algo distinto a lo que le rodeaba; eran los receptores de un mensaje llegado desde más allá del mundo conocido, un mensaje entregado a ellos por los portadores de una verdad innegable; la humanidad se encuentra atada por los designios de los dioses. Nadie que no sea portavoz de estos designios está capacitado para guiar el camino de los pueblos.

Aquel mensaje fue suficiente para causar una pequeña revolución. Las carencias en el terreno metafísico de los pueblos de aquellos territorios, sumado al constante estado de conflicto tanto entre quienes aspiraban al trono como con las naciones vecinas, les llevó aceptar aquellos preceptos con facilidad; aquella no podía ser la única forma de vida posible. Tenía que haber otro camino.

Pero si esta revolución llegó a conseguir algo no fue gracias a sus instigadores, sino que su mayor aliado fue la fatalidad bajo la forma de una pandemia. La plaga conocida como la “Muerte silenciosa” que asoló la costa sudoriental del continente hace más de ocho siglos fue breve, pero sus efectos encumbraron hasta el primer plano de la vida pública a quienes afirmaban poseer la cura.

Por más que aquella no fuese una solución que no se encontraba en sus manos, y que fue de la mano de los científicos de donde provinieron los métodos para lograr controlar y aislar la causa de la misma, la falsa ilusión de esperanza que propagó el patriarca de la iglesia de Vashirevna lo elevó hasta unas cotas de popularidad que nadie más había alcanzado. Unas cotas que le dieron el control absoluto sobre Uzlar tin syé y le permitieron establecer acuerdos muy beneficiosos con Ashgurn y Muliria.

Ha pasado ya mucho tiempo desde aquello, pero los acuerdos continúan en vigor. Uzlar tin syé cambió su nombre menos de una década después de aquello y ha logrado mantenerse como una entidad independiente desde entonces, pero el poder de los jerarcas de la iglesia ha sufrido diversos cambios desde aquellos días.

La iglesia tiene sedes en distintas provincias de Ashgurn y Muliria, aunque en estas naciones no goza de la misma cercanía con el poder del que disfruta en su sede central. Aun así, cuenta con devotos en ambas naciones y su visión del la realidad que se tiene en estos territorios se encuentra muy influenciada por sus enseñanzas. Una visión que, por más que no sea interpretada de forma literal por la gran mayoría de quienes se encuentran bajo su zona de influencia, les ha permitido mantenerse fuera de la zona de acción de sus gobernantes.
Vashirevna es territorio “sagrado” y se encuentra más allá del poder político de estas naciones. Ambicionar su posesión supondría una grave afrenta hacia la tradición. Una traición contra los acuerdos que se establecieron antaño y una muestra desafío a lo divino por parte de quien lo intenta.

A pesar de todo lo que debe al Gran Imperio y a la iglesia Tayshari, el de la Iglesia de Vashirevna es un credo que ha evolucionado para ser al mismo tiempo la antítesis del credo en el que se inspiró y un reflejo distorsionado de lo que este fue en aquellos días.

De la misma manera en la que lo hicieron sus culturas, la evolución teológica tanto de Ashgurn como de Muliria se vio tremendamente influenciada por su breve contacto con occidente, siendo considerados por muchos como las naciones más occidentaluzadas de oriente. Un hecho este que no sólo es afirmación tremendamente simplista, sino que también es utilizado como un insulto entre ambas.

Al igual que sucede con con los cultos mayoritarios de las naciones civilizadas de occidente, el suyo es un credo excluyente. Uno que no acepta la existencia de otros mitos de creación o de otras deidades.
Quizás debido a lo limitado de su zona de propagación sus patriarcas nunca se han atrevido a declarar una cruzada para convertir a los equivocados, pero ninguno de ellos ha tenido palabras de reconocimiento para la Jerarquía celestial, el culto a Aracthur o a alguno de los demás aspectos de Ytahc.

También en gran medida debido a esto, tanto Vashirevna como Ashgurn y Muliria fueron las primeras naciones en abandonar formalmente el Pacto de Aractthur, aunque esto no les ha impedido con posterioridad invocarlo cuando su enemistad ha escalado o alguno de los aspirantes a sus gobierno ha tratado de buscar apoyos en el exterior a su ambición.

Porque el compartir este credo no ha evitado que la relación entre estas dos naciones haya abandonado un estado casi constante de tensión, sino que esta ha sido una herramienta más en el arsenal de sus dirigentes para mantener vivo sus conflictos.

- El Ixanyali

Dentro de todos los organismos científicos que se pueden encontrar en Daegon hay uno que, a pesar de encontrarse dentro de los más jóvenes, su naturaleza lo ha convertido en algo a todas luces distinto a la de los demás.

La situación del ministerio de conocimiento de Beretear y Stergión es ciertamente atípica dentro de cualquiera de los escenarios que hemos tratado hasta el momento. Sus miembros tienen acceso a una serie de elementos, lugares y condiciones que son casi imposibles de encontrar en cualquier otro lugar.

Este es un organismo que, no sólo ha estado dirigido desde su nacimiento por dos inmortales y se encuentra profundamente ligado a dos naciones que gobiernan, sino que también ha llegado a extender su influencia más allá de las barreras del mundo material. Una organización que se encuentra a medio camino entre la herramienta institucional más pragmática y el estudio de las abstracciones más difusas.

El Ixanyali es un punto de unión en el que confluyen varios niveles de cuantos componen el gran esquema. Bajo la superficie de lo que se muestra como una asociación de algunas de las mentes más brillantes de Daegon podemos encontrar a individuos tratando de encontrar soluciones a problemas cotidianos, de dar sentido a elementos que afectan a distintos niveles de existencia y aspirando a prolongar la misma existencia de todas las realidades.

En el primero de estos aspectos, aquel que se encuentra ubicado dentro del mundo convencional, se le conoce como el Ministerio del conocimiento de Stergión y Beretear. Como tales, son los encargados de gestionar los distintos equipos de trabajo que se encuentran bajo su control así como de dotar de fondos y recursos a personas y organizaciones externas con quienes han firmado acuerdos de colaboración.

Las líneas que separan sus otros dos aspectos son más difusas y tienden a encontrarse en contacto de una manera u otra. Porque su ámbito de acción excede con mucho los territorios que abarcan estas dos naciones o al mismo Daegon y, una vez que estas fronteras se ven sobrepasadas, es muy complejo el determinar cuál es el fin último para el que sirven sus investigaciones.

Esta es una organización cuya estructura se encuentra dividido en infinidad de capas y subcapas aisladas entre sí. Departamentos y secciones que, por más que pueden llegar a trabajas de manera conjunta, acostumbran a verse muy distanciadas en cuanto al enfoque de lo que buscan.

Sus recursos no son utilizados en exclusiva por las naciones que lo sustentan, sino que han sido utilizados tanto por otras naciones como por agrupaciones tan dispares como el Kilgar Doreth, de quien se podría decir que es una extensión, como por los tripulantes de Sigma 3.0 o los Siete reyes dragón. Sus agentes no sólo se encuentran en este nivel de realidad, sino que algunos de ellos son conceptos no humanos que habitan otras capas de la existencia.

Dentro de su estructura jerárquica, quienes guían su camino son los componentes del Órdalus, el consejo de la ciudad de Stergión, pero una gran parte de estos individuos sólo son meros administradores de algunos de sus recursos. Gente que, en su gran mayoría, son mandos intermedios ajenos a las complejidades y el alcance de cuanto es estudiado por quienes responden ante ellos.

Mientras que ellos gestionan la parte más mundana, permanecen ignorantes de un gran número de asuntos cuya escala puede ser compleja de asumir incluso para los conceptos atemporales. Se les oculta la parte más compleja de la labor que se realiza entre bambalinas y de cuyos resultados puede depender la misma humanidad en su conjunto.

Quienes realmente han dirigido desde siempre la parte más cercana a lo extraño de la organización han sido tres de los antiguos jerarcas del Kilgar Doreth, tres de los líderes del concilio de los inmortales. Tres individuos de los cuales en la actualidad sólo uno permanece realizando esta labor.

Porque el Ixanyali fue el fruto del trabajo de Lag’Tsat, Dairus y Ulmar. De un renegado entre los Mayane Undalath, un inmortal y el último de los padres de la humanidad que quedaba con vida. Ahora, tras la desaparición de Dairus y la muerte de Ulmar, esta parte de su labor ha sufrido un duro golpe.

Su nacimiento apenas se remonta a hace dos siglos, pero la labor que llevaban a cabo estos tres individuos se remonta mucho más atrás en el tiempo. Por más que la percepción que se tiene de él dentro de los círculos científicos sólo llegue hasta sus estratos más mundanos, desde el mismo momento en el que se oficializó su creación en el mundo científico no dejado de ser un rumor a gritos el hecho de que existe algo más detrás de su fundación. Un rumor que ha sido utilizado en diversas ocasiones para atacar a la organización y a sus promotores.

Existen un gran número de leyendas negras alrededor del Ixanyali. Mitos, habladurías, teorías conspiratorias y verdades parciales o ocultas. Especulaciones que van desde lo más mundano y terrenal hasta las asunciones más catastrofistas. Conjuras que se han creado alrededor de su excesivo secretismo en ciertos temas o por el resultado de algunos de sus estudios. Algunas de ellas se encuentran basadas en hechos reales, pero aquellas que se encuentran basadas en la realidad rara vez son a las que acaparan la mayor atención.

Aun así, es raro que los rumores hayan llegado a acercarse al motivo real detrás de esta creación. Los intenciones que se han atribuido a quienes han dedicado sus existencias inmortales a tratar de retrasar la llegada del fin de los tiempos son tan complejas de adivinar como lo es de aceptar la posibilidad de tal hecho pueda llegar a producirse. Siempre se les ha atribuido motivos más mundanos. Razones egoístas que tienen más que ver con la ambición que con la generosidad.
Los poderosos siempre han temido a los inmortales no tanto por lo extraño de su naturaleza como por la amenaza que pueden representar ante sus ambiciones.

A pesar de la suspicacia y el secretismo, el Ixanyali ha demostrado ser una fuente inagotable de nuevas preguntas antes jamás cuestionadas, a la par que otros estamentos del mundo científico han encontrado en ella una herramienta invaluable desde entonces.
Es conocido que han logrado establecer métodos para llegar de forma segura hasta otros niveles de realidad, y que de estas expediciones se han logrado extraer elementos que no existen en este mundo para su estudio, pero tanto este es un conocimiento como los métodos a través de los que han logrado alcanzar estas proezas no han compartido con otras organizaciones.
Sí que han permitido que investigadores del exterior participen en este tipo de expediciones, pero el secretismo con el que guardan este saber ha generado una cierta leyenda negra a su alrededor. En no pocas ocasiones se les ha acusado de ser los causantes de algún suceso anómalo con sus estudios.
Este secretismo no tiene tanto que ver con el deseo de mantener el control absoluto de este proceso como con los requerimientos necesarios para su práctica.

Porque Stergión no es una isla errante anómala, sino que su comportamiento está sustentado sobre la ciencia del pasado. Un conocimiento que ha servido para aumentar la comprensión de la realidad de quienes la han investigado. En su interior se pueden encontrar restos de tecnología en distintos estadios. Algunos de ellos pueden funcionar dentro de los axiomas que gobiernan la realidad actual, pero una gran parte de ellos están inertes. Las condiciones necesarias para su funcionamiento simplemente no existen en Daegon. A su vez, una pequeña parte de esta ciencia, como pueda ser la que controla la apertura de puertas a otros niveles de existencia, puede funcionar cuando la ciudad se encuentra ubicada en ciertos contextos anómalos.

Es indudable que el Ixanyali y sus líderes tienen secretos, pero el número de estos no tan elevado como los que le atribuyen las habladurías.

Las porciones de información acerca de lo anómalo que llegan hasta sus investigadores acostumbran a encontrarse fragmentados. A dividirse en pequeñas píldoras totalmente extraídas de un contexto mucho mayor diseñado para evitar, generalmente sin éxito, el surgimiento de rumores infundados o teorías conspiranóicas. Mientras no se conocen los riesgos que implica su manufactura se oculta su origen para evitar la tentación de explotarlos de forma descontrolada.

El estudio de este tipo de campos, pese a encontrarse muy controlada, no deja de ser peligrosa, y esta es una verdad que no se oculta a quienes las investigan. Cada uno de los fragmentos que investigan los diferentes equipos son piezas de un puzzle mayor cuyas preguntas, por norma general, rara vez logran ser resultas a lo largo de la vida de quienes han acometido su investigación.

Hasta ellos han llegado textos procedentes de épocas pasadas y futuras, fragmentos de materiales que ni existen ni pueden coexistir con esta realidad, restos de conceptos cuya naturaleza aún no ha podido ser explicada. Sus investigadores han trabajado de forma consciente o inconsciente con seres procedentes de cada uno de estos niveles de existencia.

Pero su labor no se centra únicamente en lo anómalo o en el “gran esquema”. El objetivos de cada uno de estos investigadores es aquel que comparte todo científico, la resolución de las preguntas que aún no tienen respuesta, y no todas ellas tienen que ver con materias tan abstractas.
De la misma manera, también trabajan abiertamente con otros estamentos científicos y comparten su conocimiento con ellos. Tanto de sus investigaciones como de estas colaboración se han llegado a dar accidentes afortunados. Experimentos que, a pesar de no haber dado frutos válidos para el gran objetivo de sus mandos dentro del Ixanyali, sí que han servido para solventar problemas más mundanos y urgentes.

A pesar de su relativamente corta edad, del poder de sus dirigentes o lo altruista de su misión, el Ixanyali no se ha librado de escándalos que poco tienen que ver con la especulación, los rumores o las habladurías.
Dentro de sus filas se ha llegado a aceptar a gente ávida de poder. Personas que han entrado en ella con el objetivo de cimentar sus propias ambiciones. Que han utilizado los medios, la influencia y los bienes que se encuentran en sus cámaras de contención con el único fin de garantizarse una vida cómoda y ampulosa una vez que la han abandonado.
Algunos de estos personajes han terminado saliendo a la luz pública como consecuencia directa de sus acciones, pero otros han logrado sus objetivos sin ser descubiertos. Algunos de los artefactos que se almacenan en las instalaciones del Ixanyali han sido la causa de accidentes que se han cobrado la vida de quienes los estudiaban o quienes trataban de aprovecharse de ellos.

Como consecuencia de esto su proceso de selección que pasan quienes van a formar parte de esta organización es especialmente escrupuloso. Se ha ido endureciendo con cada nuevo escándalo o desgracia, pero aún está lejos de ser infalible.

Si bien esto es algo harto excepcional, algunos de integrantes del Ixanyali han llegado a convertirse a su vez en agentes del Kilgar Doreth expandiendo con ello su radio de acción. A pesar del profundo vínculo existente que une a ambas organizaciones sus estructuras acostumbran a ser totalmente estancas. Incluso ante estos agentes la extensión completa de lo que significa formar parte de esta organización se encuentra muy matizado. Cada uno de estos agentes es seleccionado por motivos únicos y la información de la que disponen se encuentra delimitada por estos factores. Por más que hayan sido informados de la naturaleza real de la organización de la que forman parte, pocos son capaces de comprender la escala de los eventos que son tenidos en consideración.

A pesar del secretismo con el que se tratan este tipo de asuntos, todas las medidas que han puesto para tratar de matizar la verdad a sus subalternos no siempre han resultado eficientes. Los secretos siempre son difíciles de guardar, más aún cuando se trata con mentes tan activas como las de quienes dedican todo su tiempo a tratar de desentrañar las verdades ocultas detrás del funcionamiento de la realidad.

Es normal que quienes logran ascender dentro de los rangos de la organización sean capaces de ver cómo las piezas del gran puzzle van encajando. Aquellos que tienen a su disposición un mayor número de elementos del conjunto son capaces de elaborar una visión más completa del gran dibujo. Piezas que no son capaces terminar de ubicar pero que les abren un enorme abanico de posibles escenarios. Verdades parciales que en más de una ocasión se ha vuelto en contra de la organización.

Es la única agrupación de Daegon que ha ha llegado a tener contacto con los miembros del Agon Lur Seshén en distintos momentos de su historia, la única que ha tenido acceso a mima esencia de las destrucción, una de las pocas que ha logrado tener constancia de la existencia de los supervivientes de las colonias humanas en otros mundos.

- El esquema de poder en oriente

La distribución del poder que se reparten el mundo científico y religioso en oriente es muy diferente a la existente en occidente.

Salvo en el caso de la Iglesia de Vashirevna, no existen cúpulas de poder ligadas al mundo religioso. Aun así, por más que no exista una casta clerical ligada a una estructura organizada, dentro de algunas de sus escuelas filosóficas existe recelo hacia el mundo científico por su capacidad para interactuar con lo anómalo. Un recelo cuyo foco se ha centrado históricamente en el Chernat Ianaster y el Ichigo Aralashi y que, tras su fundación, ha criticado con especial dureza al Ixanyali.

Para poder llegar a entender la evolución política y social del occidente continental a lo largo de la considerada como “edad moderna de Daegon” es necesario profundizar en uno de los elementos claves que desencadenó la ruptura con aquella que le precedió; la figura de Dairus “El Golpeador”. A su vez, para comprender a la figura que a lo largo de los dos últimos milenios ha sido una pieza clave en la estructura de poder del continente, es imprescindible ser capaces de entender uno de los factores que resultaron determinantes para que llegase hasta su posición.

Asimismo, de haber existido una figura clave para la relativa estabilidad de oriente esta sería la del concepto de Trollellom y la manera en la que ha sido entendido a los tiempos. Este conocimiento no sólo es necesario para comprender la evolución de las estructuras de poder en oriente, sino que tanto la manera en la que han sido percibidos tanto el ideólogo y la su obra han sido puntos determinantes en la evolución social de las naciones a ambos extremos del Pramayán. Su llegada supuso mucho más que el final del último de los grandes imperios; supuso el punto de partida de la edad moderna.

Con la victoria de Dairus sobre los menetianos, el líder de los ejércitos pasó a convertirse en algo que nunca pidió ser, en un ser sobre cuyas espaldas recaía la posibilidad de que hubiese paz. La suya pasó a ser la voz del mundo, la ley que regía el destino de la existencia. Pero ni su poder ni su mera presencia fueron suficientes para garantizar esta estabilidad.

Con una cuota de poder que nadie ha vuelto a poseer, el simple hecho de su inmortalidad supuso más de un siglo de esa paz, pero no pasó mucho tiempo hasta que su figura se fuese convirtiendo más en la de una leyenda que en la de una persona real. En un mito de cuya existencia muchos llegaron a dudar.
Una vez pasado ese tiempo no sólo su nombre se fue convirtiendo en algo difuso para quienes vivían alejados de la zona de influencia de Beretear, sino que sus decisiones y acciones condicionaron cómo era percibido ante quienes se encontraban bajo su mandato directo. Como no podía ser de otra manera, se convirtió en alguien falible. En alguien cuyos errores eran ocultados o justificados en contra de su voluntad por sus mandos intermedios o magnificados por parte de quienes aspiraban a deponerlo.

Así, mientras que tras su llegada el nombre de Arcthuran se propagó de forma desmedida en oriente, los valores que representada allí donde era adoptado se fusionaron con los de las deidades y escuelas de pensamiento locales. Su propagación se produjo con mayor con especial presteza y fuerza en el resto de las ciudades de las alturas, pero con el transcurso del tiempo también lo hizo a lo largo de las “tierras bajas”. Llegó hasta todos aquellos que firmaban el “Pacto de Aracthur”, hasta todos aquellos que pasaron a formar parte de la “Gran Nación”; de Trollellom.

Dairus pasó con ello a convertirse en el sumo pontífice de un credo sobre la que apenas se sabía nada. De una obra cuya estructura era fluida. Un culto que, al igual que ha sucedido con todo lo expuesto al paso del tiempo, también ha sufrido multitud de alteraciones en cada momento y lugar en el que se ha instalado.
Los jerarcas de los credos locales no recibieron aquella noticia con buenos ojos, pero no tardaron en concluir que su poder no se vería mermado por él.

El núcleo sobre el que se había construido hasta aquel momento el culto a Arcthuran carecía de dogmas estrictos o complejas reflexiones. Sus preceptos básicos no podían ser más sencillos a la par que ambiguos e interpretables. La enseñanza sólo dictaba una norma, un único ideal la que aspirar; la única limitación que existe a la libertad de cualquier ser es aquella que entra en conflicto con la libertad del resto.

Aquella deidad no prestaba atención a las acciones que tenían lugar sobre su superficie. Ante ella no existían conceptos como el pecado o la culpa, no había exigencias o castigos, pero tampoco recompensas. Dairus podía ser su portavoz, pero ellos eran quienes dotaban de sentido a las palabra de aquel lejano pontífice. Quienes le daban contexto ante quienes se encontraban bajo su influencia. Dairus estaba muy lejos y ni su voz ni sus brazos o sus tropas estaban ahí para negar o cuestionar la validez de sus palabras.

Aun así, el tiempo demostró que las conclusiones de los representantes del resto de credos fueron erróneas. Quizás Dairus no llegase hasta sus dominios, pero su inmortalidad se interpretó como un regalo a su devoción y su victoria como una señal de cambio. Él no era sólo el modelo a seguir si se quería alcanzar aquello que había obtenido, sino que también poseía el poder para señalar y detener a quienes ignoraban el mandato de la deidad, al “enemigo”, a quien amenazaba la libertad del resto.
Los descontentos y los desfavorecidos comenzaron a migrar hacia las laderas del Pramayán, hacia la sombra protectora del libertador, pero estos colectivos no fueron los únicos que comenzaron a orbitar alrededor del nuevo poder establecido.

Fue sustentado sobre esta premisa que se firmó el pacto de Aracthur. A través de él se establecía una alianza común. Quien atacaba a un miembro del pacto los atacaba y se exponía a las represalias de todos ellos.

Como consecuencia de esto las ciudades estado crecieron hasta convertirse en grandes naciones, pero el Pacto no dejaba de ser algo simbólico. Una relación de conveniencia bajo cuyo paraguas se creó un nuevo y complejo ecosistema de poder. Un castillo de naipes en el que, por más que el que era aclamado como el profeta del culto a Arcthuran se encontraba en su centro, la fe, la filosofía y la metafísica no entraban dentro de la ecuación.

Se estableció el abuso del poder, ya fuese este físico, económico o político como el mayor de los crímenes, pero no existían métodos para llevar un control sobre quien lo incumplía. Esta era y sigue siendo una máxima demasiado tenue y subjetiva como para poder ser dictaminada en casi ningún caso, pero resultó ser un recurso especialmente atractivo para los pequeños estados. La violencia directa se fue difuminando y haciendo más sutil mientras la diplomacia, las verdades parciales, la ambigüedad y el sofismo se convirtieron en las nuevas herramientas predilectas del arsenal de los arribistas.

Primero Beretear, y después el resto de las “Ciudades de las alturas” se convirtieron en el foco de enormes flujos migratorios, pero todos ellos eran lugares que carecían de los recursos necesarios para sustentar a tantas personas.
Se comenzaron a construir pequeños asentamientos bajo ellas que crecieron hasta convertirse en ciudades a lo largo de gran parte de las laderas del Pramayán que daban a estas ubicaciones. La fe era el menor de los motivos para estos movimientos ya que lo único que se buscaba era la protección del Portavoz del mundo. La fuerza de quien había derrotado al Enemigo.

Todo este cúmulo de situaciones llevaron a este credo y su portavoz a convertirse en un arma arrojadiza. Su mención podía ser una amenaza o la defensa definitiva, algo que llegó a moldear las relaciones políticas de la casi totalidad del oriente continental.

A pesar de la lejanía entre Beretear y la costa oriental del continente, fue gracias a la intervención de Dairus que los exiliados de Mashulanu o las tribus zulera obtuvieron unos territorios en los que asentarse, pero también de su torpeza a la hora de gestionar ciertos conflictos estos escalaron hasta alcanzar unas cotas de virulencia mayores.

Si ha habido una razón para que Trollellom como concepto haya sobrevivido esta ha sido la presencia de su creador pero, al mismo tiempo, ha sido su inacción en un gran número de ocasiones lo que ha llevado a que sea una idea totalmente desvirtuada. Una abstracción que hace siglos que sólo es usada como herramienta interesada que se ha usado en su contra.

La estructura de poder en oriente es mucho más amplia de lo que puede dar a entender la alianza alcanzada en el pacto de Aracthur. La proximidad filosófica o teológica no ha hecho que los pueblos que comparten credos sean aliadas y, si bien se pueden establecer tres grandes bloques teológicos, ninguno de ellos es homogéneo en lo cultural.

Por su parte, el mundo científico también se encuentra igualmente fragmentado. En algún momento u otro de sus historia todos los grandes estamentos han formado parte activamente del Nalushat Avasanyali, pero ciertas rivalidades pueriles les han llevado a limitar sus aportaciones.
Así como en occidente el mundo científico ha rechazado generalmente a los estamentos religiosos y sus teologías, este enfrentamiento no se encuentra tan presente en oriente. La ausencia de unas estructuras organizadas tan poderosos como las existentes en occidente ha hecho que el objetivo sea mucho más difícil de identificar. A excepción de casos como el de la Iglesia de Vashirevna no se pueden encontrar las cabezas visibles de quienes propagan el pensamiento mítico. Existen un gran número de filósofos, pensadores, profetas y monjes que hacen proselitismo de las ideas ligadas a los diferentes teismos, pero no acostumbran a tener una sede fija en la que prediquen o un gran número de seguidores.

Por otro lado, a pesar de continuar siendo la cabeza visible del culto de Arcthuran, hace siglos que Dairus dejó de hacer proselitismo de este concepto. Su alianza con Lag’Tsat y su apoyo a la hora de la fundación del Ixanyali hicieron de él una figura atípica. Una figura que ha llegado a ser cuestionada por parte de quienes han continuado con el legado que él inició con su ascenso al poder.
Si bien es cierto que jamás ha renegado públicamente de las ideas que ayudó a propagar, hace ya mucho que descartó la posibilidad de un propósito detrás de su inmortalidad. Si ha continuado en el poder ha sido por un exacerbado sentimiento de responsabilidad, pero su participación en la toma de decisiones siempre se ha visto condicionado por su propia inseguridad.
Siempre trató de rodearse de gente cuya ética e inteligencia respetase, pero su capacidad para juzgar el carácter de los demás, si bien ha sido una cualidad cuyo ejercicio a lo largo de los siglos ha sido afinada, no siempre ha sido certera. La llegada de Tsat hasta Beretear supuso la liberación de una enorme parte de la carga que sentía sobre sus hombros, pero no ha evitado que se hayan llegado a producir enfrentamientos entre ellos a lo largo de su dilatada relación.

Las relaciones de poder en oriente y las ambiciones expansionistas de los líderes de los distintos pueblos no se han basado tanto en la dicotomía entre el mito y el saber como los que se han conocido en occidente. en la mera cercanía geográfica.
Si bien los argumentos de este estilo puede haber sido usados por parte de los integrantes de la Iglesia de Vashirenvna en los conflictos entre Ashgurn y Muliria, incluso en estos lugares su presencia ha sido anecdótica dentro de su historia.

En la costa nororiental del continente el mito se ha visto alimentado por la conclusión de los conflictos, pero rara vez ha sido el origen de los mismos. La rivalidad entre Dilirm, Dayashu, Shinzay, Dagorel y Sheparn se han alimentado de sus diferencias sociales, siendo el miedo de los emperadores y emperatrices de Shinzay a que se propaguen las ideas y modelos de estado de de las naciones que les rodean el principal de los motivos para darles inicio.

El resto de naciones están muy lejos de ser utopías. La ausencia de gobiernos totalitarios o de credos íntimamente ligados al poder no hecho que sus gobernantes se conformen con las atribuciones que les otorgaba su posición. El ansia por preservar su cuota de poder ha llevado a los líderes de estados teóricamente más avanzados a restringir las libertades utilizando argumentaciones aparentemente racionalistas.

Quizás el nivel retórico de sus discursos haya apelado a aspectos más sofisticados, nobles o elevados que el de la mera ambición, pero por debajo siempre ha subyacido el mismo ansia por el control de los demagogos que se han apoyado en el destino manifiesto o el servicio a un poder mayor.

La influencia del Pacto de Aracthur y el temor a Dairus hace siglos que se desvanecieron. Pueden formar parte de algunos de los arcaismos que pueblan el lenguaje diario de algunos de los pueblos de oriente, pero estos son conceptos que apenas poseen un significado no formulaico.

Tras más de medio milenio sin ser invocado, la referencia al Pacto fue utilizada por Dairus hace dos décadas para tratar de detener el conflicto que se encontraba en curso entre Dayashu y Shinzay, pero su mención sólo sirvió para demostrar que ya nadie lo considera como algo válido.
Tanto el acuerdo como quienes los firmaron son vestigios de un pasado olvidado y su mención sólo sirvió para que algunos de sus supuestos integrantes hiciesen explícito algo que había sido una realidad de facto.

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¿Qué es Daegon? IV: Daegon Occidental

Lun, 06/24/2019 - 20:35
Si centramos nuestra mirada en las naciones que se encuentran al oeste del Pramayan, los principales representantes de esta lucha entre la razón y el misticismo serían claramente dos. La Orden de Cahirn Ansay y la Iglesia Tayshari.

- La Orden

La Orden quizás no sea la más antigua de las organizaciones dedicadas al estudio de la realidad que existen en occidente, pero sí que es la única a escala global que no depende de ningún estamento superior. El Yishin Amat, su órgano rector, es también quien gobierna la ciudad estado de Cahirn Ansay y una gran parte de los territorios que la rodean.
Muchos han querido ver en ella una utopía de la razón, pero esta no deja de ser una visión altamente idealizada de la realidad. Una visión en gran medida propagada por los dirigentes de la propia Orden.

El pequeño estado que dirige tiene todos los males que asolan a aquellos más extensos. Tanto dentro de las quince órdenes mayores que la componen como más allá de ellas, sus luchas internas no se limitan a aquellas construidas alrededor del conocimiento, sino que el poder y el dinero tienen un papel muy importante en ellas.
El complejo entramado de alianzas que tienen con distintas naciones es al mismo tiempo una fuente de ingresos y una espada de Damocles. Por más independientes que puedan ser en lo económico, ni posee un ejército regular ni los tratados que tiene firmados con quienes le rodean le permiten la posibilidad de formar uno.

Su campo de acción cubre todos los aspectos del conocimiento pero, precisamente como consecuencia de esto, distintos organismos pertenecientes a otras naciones cuentan con un conocimiento más profundo sobre un gran número de ellos. Los especialistas en cada campo de estudio se ven forzados a luchar por los recursos necesarios para llevar a cabo sus investigaciones, una situación que en entornos más enfocados en un único campo concreto no acostumbra a darse.

A lo largo de los siglos de su seno han surgido multitud de nuevas organizaciones allí donde ha estado implantada. Organizaciones como la Escuela de Sunrath en Menetia que, tras ser absorbida por el gobierno de esta ciudad, a su vez, daría a luz a otro nuevas sedes tanto dentro como fuera de las fronteras de esta nación.
La relación que ha mantenido con cada una de sus escisiones o expropiaciones no ha sido algo estático, sino que ha dependido mucho tanto de la situación geopolítica del momento como de los dirigentes que se han ido haciendo cargo de cada estamento.

La percepción que se tiene de La Orden fuera de las fronteras de Cahirn Ansay no es algo uniforme, sino que depende mucho del estrato social en el que uno se encuentre. Así, mientras que los estamentos políticos y científicos acostumbran a ser muy conscientes del ámbito completo de su actividad, el vulgo tiende a referirse a ella como “La Orden de los Cronistas de Baern” o, simplemente, “Los Cronistas” restringiendo su papel al de meros archivistas de la historia antigua del mundo.
Esto no ha impedido que estudiosos de toda nacionalidad y condición hayan hecho del viaje hasta sus bibliotecas y universidades casi un objetivo vital. Un viaje que sólo les ha llevado a encontrar algo muy diferente a la imagen idealizada que se ha dado de ella.

Distintos dirigentes de La Orden han sido los principales impulsores de varias de las últimas encarnaciones del Nalushat Avasanyali, aunque estos esfuerzos rara vez han sobrevivido a sus valedores. Por más que todos los estamentos científicos proclamen su adhesión a esta idea, la distancia, los recursos necesarios para mantenerlo y el entramado de relaciones, egos y dependencias del poder han hecho imposible el convertir esta idea en una realidad duradera.

Pero no sólo la ciencia y el conocimiento abstracto forman parte del currículo y las prioridades de La Orden. A pesar de compromiso y pretendida apariencia de neutralidad, tanto el gobierno de Cahirn Ansay como los responsables de sus distintas órdenes tienen una parte muy activa dentro del escenario global de poder y su conocimiento acerca de las ciencias políticas y sociales, la teología o la elaboración y documentación de los sistemas legales y jurídicos de las naciones que les rodean les han convertido en un de los agentes más importantes dentro de este escenario.

Por otro lado, una parte nada despreciable de la nobleza o de quienes gobiernan ciudades, provincias o naciones se han formado de manera directa o indirecta a partir de sus textos, en sus sedes y embajadas o han sido tutorizados por alguno de sus integrantes.

Al igual que sucede con toda gran organización, tanto las desavenencias internas dentro de La Orden como las ingerencias externas han supuesto la creación de nuevas organizaciones. Entes como el la anteriormente mencionada Escuela de Sunrath de Menetia, el Lugens Gaumoru o “Escuela de Gaumot” situada entre las fronteras de las Llanuras Heladas de Skartaria, Tembi y Werela, el Unlyshe Telamoq dedicado en exclusiva a estudiar el archipiélago de Kúbor Yolasté, el Daborush Yalani que ocupó su lugar en Baern tras la declaración de su independencia de esta nación.

- La Iglesia Tayshari

Por su parte, de existir una religión que ha crecido de forma más uniforme y se ha ido adaptando mejor a las distintas fases de modernidad de aquellos lugares en los que se he implantado, esta ha sido la de la Iglesia Tayshari. Un culto que, a través de sus cientos de cismas, se encuentra presente en gran parte de las naciones del Daegon occidental.

Este es uno de los legados más duraderos que se conserva de los tiempos del Gran Imperio Menetiano y, de unirse todas las naciones en las que se encuentra presente alguna de las escisiones de esta religión, esta sería la más extensa de cuantas pueblan Daegon.
Su presencia no se encuentra implantada de la misma manera, o con el mismo nivel de integración en todas las naciones que la acogen, pero esto no se debe únicamente a que los gobernantes de quienes profesan alguna de las formas de esta fe no compartan ideario moral, político o social, sino a que la misma jerarquía dentro del culto se encuentra tremendamente fragmentada.

Dependiendo de dónde centremos nuestra mirada encontraremos a más de media docena de individuos que son denominados como sumo pontífice de la verdadera Iglesia Tayshari. No todos ellos tienen el mismo poder o cuentan con el mismo número de feligreses, pero los líderes de los cismas más sólidamente implantados en distintas naciones como Menetia, Bra’Em’Kyg, Shattegar o Shemmellom cuentan con una capacidad de influencia considerable.
Este tipo de peleas no tienen lugar en el terreno internacional, ya que algunos de estos cismas se encuentran fuertemente implantados en distintas provincias de una misma nación. Los dogmas que promulgan pueden ser similares en mayor o menor medida, pero su interés real poco tiene que ver con lo que puede deparar una vida posterior. Son gente sumida en una lucha por el poder sobre las masas. En un conflicto que se encuentra muy por encima dentro de sus prioridades de cualquier inquietud por la enseñanza de valores éticos o morales. Asimismo, su influencia sobre sus propios feligreses o sobre el pueblo llano se encuentran igualmente dispersas.

Porque no todos los habitantes de las naciones en las que se encuentran presentes son creyentes y, entre quienes sí que dicen profesar esta fe, una gran parte de ellos lo hace como mero elemento tradicional dentro de su vida social. De la misma manera, la presencia que tienen los jerarcas de los diferentes cismas dentro de la vida pública o política de las naciones en las que ejercen su labor es igualmente dispar.
Dependiendo del contexto, el momento o el carisma de cada uno de ellos, en unas ocasiones su poder viene otorgado por la manera en la que se encuentran engarzados dentro de los mecanismos del poder de la nación, por su alianza o afinidad con las élites económicas o por la capacidad de presión que les granjea su habilidad a la hora de movilizar a sus fieles.

Con el paso del tiempo su mitología se ha ido adaptando a la evolución de las civilizaciones que la han adoptado siendo esto, en gran medida, la causa del surgimiento de una gran cantidad de los cismas en los que se encuentra fragmentada en la actualidad. De la misma manera, este trasfondo se ha ido convirtiendo en algo más ajustado a una narrativa convencional. Se ha tratado de dar un encaje coherente a aquellas partes en las que lo abstracto o lo ambiguo predominaban, mientras se trataba de establecer una línea temporal a los sucesos que han sido recopilados en los distintos textos que componen su corpus.
Su mensaje fatalista inicial permanece ahí, pero lo hace de forma vaga diluido entre la épica y la reflexión. Convertido en parábolas metafóricas diseñadas para tratar de conducir a los fieles por el “buen camino” marcado por las altas instancias del clero. La figura del Destructor hace ya mucho tiempo que fue convertida en una amenaza etérea cuya presencia apenas es referenciada en los versículos más oscuros.
A pesar de que existen diferentes versiones a este respecto entre los distintos cismas, “El enemigo” rara vez es tratado como una fuente externa, sino que se encuentra dentro de la propia humanidad. En su potencial para ser la causa de su propio fin. Sólo las facciones más tradicionalistas y reaccionarias achacan esta característica a la influencia proveniente de algún tipo de entidad abyecta. Tanto el nombre como el origen, objetivo, fortalezas y defectos de esta entidad varían en cada una de estas interpretaciones, estando condicionados estos por la fuente que tomasen como base sus respectivos ideólogos.

Si bien es cierto que dentro de la metafísica general de la doctrina Tayshari no se podían encontrar originalmente conceptos similares a los del cielo, el infierno o los ciclos de reencarnación de las mitologías tradicionales, este es un hecho que fue cambiando con las eras. Mientras que sí que existía un premio para los justos y un castigo para los pecadores, estos no se encontraban presentados como bienes cuantificables. No se ofrecía una vida en el más allá en compañía de los dioses. sino la comprensión del sentido de la existencia o la nada. La trascendencia o el olvido eterno.

La relación entre los distintos cismas de la iglesia Tayshari y el mundo científico tampoco es homogénea, siendo asuntos relacionados con este ámbito la causa de algunas de estas escisiones.
La evolución de su acercamiento filosófico y metafísico hacia la comprensión del funcionamiento de la realidad se encontró antaño mucho más cercano al de una verdad objetivable que al de los dogmas de fe, pero esto es algo que ha cambiado mucho desde aquellos días.
Esto no ha evitado que , desde siempre, se hayan producido enfrentamientos filosóficos entre ellos y los estudiosos con los que han convivido. De acuerdo a su acercamiento inicial, lo que sucedía tras el final de la vida no era el paso hacia ningún tipo de “mundo divino” sino que su visión era mucho más abstracta y etérea. Quienes lograban la trascendencia se convertían en la inspiración de las generaciones venideras de una forma tanto metafórica como literal. De su esencia y el saber liberados tras su muerte nacerían los descubrimientos del mañana. Las deidades a las que adoraban personificaban los dones considerados como vitales para la humanidad, el valor, la justicia, el tesón, la compasión, el amor y la capacidad para crear y soñar. Cualidades que han sido tergiversadas a lo largo de siglos para adaptarlas a las visiones pragmáticas y sesgadas de quienes han guiado el camino de sus distintas iteraciones.

Con el transcurrir del tiempo el mensaje se simplificó. Primero se antropomorfizó a las abstracciones para una mejor aceptación de los creyentes, para seguir con una recompensa más mundanal y un castigo más tangible. Una infantilización que ha terminado por privar de todo valor intelectual a sus enseñanzas, dejando sólo unas lecciones morales carentes de una base sólida que las sustenten.

Si bien estos dos estamentos podrían estar considerados como aquellos que gozan de una mayor estabilidad dentro de sus respectivos contextos, esto no deja de ser una mera consecuencia de la manera en la que han gestionado sus relaciones pública y su natural ambición expansiva.

Porque existen también otros cultos y organizaciones dedicadas al estudio en occidente. No todos ellos se han convertido en elementos que hayan logrado obtener la suficiente entidad como para llegar a ser quienes doten a las culturas en las que se encuentran enclavadas de sus rasgos de personalidad más notorios, pero esto no quiere decir que su impacto en estas culturas pueda ser ignorado.

- La Iglesia de Gâldaim

Sí que es cierto que, a este respecto, el misticismo siempre ha gozado de una mayor facilidad para calar en el imaginario de quienes lo han acogido, pero su falta de soluciones a los problemas reales ha terminado por reconducir a estos al escepticismo. Sólo aquellos cultos que han gozado de un contacto íntimo con el poder político han logrado que su influencia no desaparezca. Cultos como el de la Iglesia de Gâldaim o la de los Adeptos del Tanrakul. Por otro lado, otros cultos como pueda ser el que profesan los adoradores de los Señores de Ilwarath, dado lo descentralizado de su naturaleza y lo fatalista de su mensaje nunca han gozado de una aceptación mayoritaria.

En el caso de la primera, su origen nada tienen que ver con nobles ideales o experiencias ultraterrenas sino que vino motivado por una estrategia implacable. Sus dogmas, como el de otras muchas, sustentan todo su ideario sobre la búsqueda del poder, el temor, la visceralidad, la superstición y la veneración a un poder mayor totalmente ficticio, pero el germen de esta contó con una cualidad añadida que la diferencia de algunas de cuantas la rodean; fue diseñada desde su origen como una arma con la que arrebatar el poder a quienes se encontraban en el gobierno, y como herramienta de control con la que mantenerlo. Valores estos que, si bien quedaron fuertemente grabados en quienes serían sus sucesores, también han ido cambiando desde el momento de su fundación de acuerdo al transcurrir del tiempo.

Porque ni siquiera en el caso de credos como este, cultos diseñados por sociólogos o estrategas con el fin de hacerse con el poder de una nación, han logrado escapar a la evolución. Por más que una parte de las mentiras conscientes sobre las que fue construida se hayan mantenido, los herederos de quienes sentaron estas bases han terminado por hacerlas suyas. Crean o no en las “verdades” que se promulgaban en los textos fundacionales que ellos continúan propagando, por más que no sean conocedores de la gran mentira, a pesar de este hecho, o quizás precisamente gracias a él, esta ha sido adaptada a cada uno de los momentos en los que así ha sido requerido.

Los sucesores del primer Gran Teócrata no han tenido reparo alguno a la hora de alterar parcial o totalmente el mensaje de acuerdo al contexto que les ha tocado vivir. Aún así, a pesar de que con el transcurso de las generaciones la ficción creada alrededor del relato inicial haya cambiado enormemente desde su surgimiento, hay un hecho indiscutible detrás de cualquiera de sus interpretaciones. Si se puede extraer una importante lección de la formación de esta iglesia, es aquella que sirve para constatar un irónica verdad ya de por sí difícilmente rebatible; el hecho de que una mentira, de perpetuarse durante el suficiente tiempo, es indistinguibles ante los ojos desprevenidos de cualquier hecho demostrable.

Aquellos cultos surgidos de una mentira interesada que han logrado prosperar son a todas luces idénticos a los nacidos con propósitos más elevados o abstractos, de la misma manera que estos son indistinguibles de aquellos surgidos de la ignorancia o de la equivocación legítima.
Si bien es cierto que estos cultos rara vez prosperan, esto no se debe tanto a lo falaz de sus intenciones sino a la falta de recursos, a no saber calibrar su fuerza a la hora de determinar quienes son sus rivales o a la dificultad para mantener el secreto entre quienes conocen la verdad. Así pues, la pervivencia de tales organizaciones ha acostumbrado a ser tan duraderas como el tiempo que ha transcurrido entre su fundación y el surgimiento de las primaras desavenencias entre sus creadores.

Existen y han existido a lo largo de la historia de Daegon más cultos creados con un propósito similar al de la Iglesia de Gâldaim. Algunos de ellos han logrado prosperar y otros nunca han llegado a poseer la masa crítica necesaria para consolidarse, pero el surgimiento de nuevos credos de esta índole jamás ha cesado. Así, si bien el de Gâldaim ha sido el que ha logrado una mayor notoriedad y expansión, tanto en sus orígenes como en la actualidad la competencia continúa siendo feroz.

Al contrario de lo que sucede con la Iglesia Tayshari, su área de influencia se encuentra constreñida a la ubicación en la que se produjo el nacimiento; la nación de Goord, y a algunas de las provincias de las naciones vecinas que limitan con ella. Tras la llegada de este culto el fulgurante ascenso hasta el poder de su fundador, Goord se convirtió en un estado totalitario. Pero su veloz triunfo en su nación de origen y las dinámicas que se forjaron a su alrededor no sólo no le permitieron expandirse más allá de aquellas fronteras sino que, en gran medida, fueron las razones principales que impidieron que su influencia se propagase más allá de ellas.

Con el paso del tiempo el autoritarismo ha permanecido como una de sus señas de identidad, pero los distintos acercamientos que han ido surgiendo alrededor de los que son los principios básicos de su credo los han ido matizando. De acuerdo a algunas de estas distintas lecturas, en momentos puntuales Goord se ha llegado a convertir en una fuerza más dentro del panorama internacional, algo que su actual Teócrata está tratando de recuperar.

En este culto podemos encontrar una gran cantidad de los tropos y lugares comunes de las religiones monoteístas, realizando un especial hincapié en aquellas partes en las que se detallan los conceptos del pecado y la culpa.
De acuerdo a su credo, la creación tiene su origen en el uno; en Gâldaim, el “Artífice de todo“. Esta entidad de la que surgió todo lo demás, es también el escriba y custodio de su propia creación. Cada lugar, criatura y elemento que surgió de su ser se encuentra registrado en el primer de sus grandes códice; El libro de la creación.
Una vez completado este texto, los sucesos posteriores comenzaron a ser anotados en otros dos colosales volúmenes; El libro de la vida y El Libro de los pecados. Dos obras creadas con propósitos y características muy concretas.

Mientras que el primero de ellos es infinito, aquel en el que se registran los errores de la humanidad tiene una extensión limitada. La elaboración de estos dos volúmenes y los criterios por los que se determinan los datos que se plasmarán en cada uno de ellos se rigen por las leyes del creador, aquellas que dictaminan cuál será el destino de la humanidad.

La labor de sus Teócratas es la de guiar a su pueblo para que no lleven a cabo actos contrarios a los designios de su dios, impidiendo con ello que las páginas del Libro de los pecados sean rellenadas y que esa obra jamás llegue a finalizarse. Porque Gâldaim rara vez ha sido presentado como una deidad piadosa, todo lo contrario. Es un juez severo, implacable e imparcial. Alguien que no sólo juzga las acciones de la humanidad en sí misma, sino que lo que juzga es a sí mismo a través de su obra. Es alguien que observa a su creación desde su hogar y dictamina si esta ha sido un fracaso personal o algo que merece perdurar. Si lo que contemplan sus ojos le complace, la obra continuará con su curso, pero si le resulta ofensivo será destruida para dar inicio a una nueva.

Pero dentro de este gran esquema la humanidad no es algo irrelevante ante los ojos de este dios. Quizás sea sólo un resultado más de entre todos los surgidos de su pincel y su pluma, pero es quien le ayuda a perfeccionar su cometido.

De acuerdo a estos preceptos, la vida es libertad y desafío, pero también temor y consecuencias. Una herramienta que utiliza el creador para descubrir nuevos matices de su obra que se le pueden haber pasado desapercibidos. La muerte, por su parte, también se rige por designios similares.
Quienes mueren lo pueden hacer por dos motivos. Por un lado los imperfectos, quienes desagradan a Gâldaim, son desterrados de su obra. Su fracaso en la vida se convierte en una advertencia, en una vida congelada, consciente de su estado, pero incapaz de avanzar. Una mera nota que queda registrada en el Libro de los Pecados y es eliminada del de la vida. En el otro extremo se encuentran quienes siguen sus preceptos y logran trascender a la propia obra. Quienes abandonan su envoltura mortal para que el Creador los lleve hasta sus dominios donde le ayudan en su vasta tarea.

- La universidad de Amlash

En el espectro opuesto a todo lo que representa Goord y la Iglesia de Gâldaim, pero compartiendo frontera con esta, encontramos la nación de Saliria y su Universidad de Amlash.

Fundada por Mavra Daniseva durante su mandato entre los siglos decimoprimero y sexto previos al establecimiento del Calendario Mecbarino, la Universidad se construyó sobre la antaño Gran Catedral de la iglesia Tayshari que se encontraba en Amlash, la capital de Saliria. Con esta decisión se daba inicio a la Saliria moderna. Un estado en el que, desde hace casi dos milenios, su propia legislación proclama a la religión como un concepto extremadamente peligroso.

La beligerancia de Daniseva para con los teísmos tampoco fue algo que le saliese barato ni personal ni políticamente. A lo largo de su extenso mandato se tuvo que enfrentar a cinco cruzadas dirigidas explícitamente contra ella y todo lo que defendía. Cinco guerras santas instigadas desde Goord que dañaron poderosamente su mensaje e imagen ante el pueblo.

A pesar de que el escepticismo es un elemento común en Daegon, Saliria no deja de ser una rara ávis dentro del conjunto de culturas que lo pueblan. Junto con Naltor es la única en el que cualquier culto se encuentra prohibido dentro de sus territorios, pero las posiciones filosóficas detrás de las decisiones de cada uno de sus líderes no podrían ser más distintas. Así, mientras que el de Naltor es un estado eminentemente militarista, Saliria siempre ha fomentado mucho más la obtención del conocimiento.

De cualquier manera, sus ciudadanos no son menos susceptibles que el resto a los cantos de sirena de los predicadores o a la incertidumbre inherente a la condición humana, pero la evolución intelectual de sus líderes ha mantenido un mayor nivel de coherencia con la impronta dejada por Daniseva. Aun así, esto no ha evitado que a lo largo de su historia haya existido disparidad de criterios a este respecto dentro de la nación y los componentes de su cúpula.
De la misma manera que los diferentes equipos de dirección de la Universidad no siempre han interpretado su labor de la misma manera, dependiendo del estrato social o la ubicación geográfica a la que pertenece cada uno de sus ciudadanos, el valor que le dan al saber difiere enormemente.

Esta es apreciación no depende en exclusiva del poder y origen de cada uno, sino que siempre se ha encontrado cuestionada. Saliria está muy lejos de ser una utopía. De la misma manera en la que el distanciamiento que existe entre el mundo rural y el urbano es enorme, también lo es la que se puede encontrar dentro de las calles de sus grandes urbes o incluso dentro de la misma Universidad.

En cada uno de los distintos momentos temporales transcurridos desde su fundación, tanto la Universidad como la misma Saliria se han visto sometidas a grandes restructuraciones pero, de una manera u otra, la huella dejada por su fundadora ha sido tan profunda que su legado es algo que ha quedado marcado de manera indeleble en el acerbo cultural de los principales ideólogos que la sucedieron.

La universidad de Amlash cumple una doble función dentro de estructura de Saliria. Por un lado es el órgano que hace las veces de ministerio del conocimiento, mientras que por otro es un órgano independiente. Su cúpula directiva no se encuentra determinada por el gobierno de la nación sino por quienes pueblan las oficinas de jefatura de sus distintos departamentos.
Al mismo tiempo tiene una presencia muy importante dentro del gabinete del Danishef, el efe del estado, y siempre ha sido uno de los departamentos mejor financiados. Su campo de actuación no se encuentra limitado a las fronteras de Saliria, sino que también cuenta con distintas sedes y embajadas en algunas naciones vecinas, y fue precisamente gracias a su apoyo que Cahirn Ansay logró mantener su independencia durante algunos de sus momentos más oscuros de su historia, a la par que también ha sido históricamente otro de los principales valedores de que el Nalushat Avasanyali no caiga en el olvido o el ostracismo.

Si bien cuenta con siempre ha gozado de una gran estabilidad, a pesar de su blindaje institucional no siempre ha logrado mantener la misma reputación. La ausencia de resultados en algunas de sus grandes investigaciones ha llegado a suponer una merma considerable dentro de sus ingresos y autonomía durante aquellos momentos en los que su cúpula directiva o el gobierno de la nación ha estado controlado por gente más pragmática o cortoplacista. De la misma manera, si bien es cierto que dentro de los ambientes intelectuales siempre ha gozado de una gran reputación, esta no se encuentra propagada de la misma manera en otros círculos.

En ciertos momentos, y dependiendo en gran medida de quien se encontrase al mando, su reputación se ha llegado a ver fuertemente comprometida incluso dentro de la misma Saliria. Se la ha acusado de elitismo y de falta de preocupación por los problemas más mundanos y acuciantes. Unas acusaciones que no siempre han sido infundadas.
La vida académica se encuentra formada en gran medida por integrantes de las clases medias y altas. Gente cuya comprensión del modo de vida del pueblo llano es muy limitada. Una realidad que mayormente está basada en lo que han leído en libros escritos por otros como ellos.
Existe una profunda incomprensión por parte de quienes se encuentran en la universidad por todo lo que se encuentra más allá de ella o de los muros de las grandes ciudades, una incomprensión que también se encuentra presente en quienes jamás la han pisado y es mucho más probable que entre en sus salas alguien procedente de alguna nación vecina que algún habitante de Saliria con unos recursos económicos limitados.

- Los Adeptos del Tanrakul

Dentro de un espectro intermedio entre el lo que representa la Iglesia de Gâldaim y los preceptos seguidos por los adoradores de los distintos aspectos de los Señores de Ilwarath, podemos encontrar también en occidente cultos basados en la inevitabilidad del final. No todos ellos realizan una lectura tan dramática y absoluta como los segundos acerca de la verdad que estos promulgan, ni cuentan con una presencia tan estable como los primeros dentro de las estructuras de poder de sus respectivas naciones pero, de la misma manera, la fluctuación en cualquiera de estos dos ámbitos acostumbran a verse relacionadas.

El patrón en el que se ven envueltas estas organizaciones acostumbra a ser algo cíclico. Cada caso es algo único, la consecuencia de un número incontable de sucesos previos que han logrado escapar al control de quien creía tenerlo. Cada momento se mueve dentro de una serie nueva de parámetros. Una serie de criterios que moldean el rango que adoptan quienes malinterpretan, tergiversan y pervierten la verdad. Un arco tan amplio y diverso. que ha llevado a algunas de estas religiones a recorrerlo de un extremo al otro en más de una ocasión.

Como un ejemplo de este tipo de casuística podríamos tomar el caso de la ideas que sirvieron como origen a cultos como el de los Adeptos del Tanrakul. Una organización que no sólo ha logrado enraizar en una nación sino que, en momentos puntuales como lo es el presente, han llegado a convertirse en una de las grandes fuerzas dentro del panorama global.

Esta religión ha pasado por muchas fases, y tanto el acercamiento que han tomado ante el concepto del “momento final” como la idea que subyace detrás de este han cambiado enormemente en cada una de sus encarnaciones. Dependiendo del momento, lo que un día fue dogma en el siguiente ciclo pudo ver convertido en herejía. Por más que a lo largo del tiempo su influencia ha acostumbrado a verse muy acotada geográficamente, en la actualidad se encuentra en el centro de una guerra que afecta a toda la columna occidental del continente.

Pero esto no es la primera vez que los adeptos se encuentran en una situación similar. La lectura interesada de los que fueron sus textos iniciáticos permiten una gran cantidad de interpretaciones, algo que ha sido aprovechado por una gran cantidad de sus líderes.

Dentro de este reducto se pueden encontrar a quienes, como en el día de hoy, realiza una lectura libre del espíritu de lo escrito. Quien interpreta de acuerdo a su interés y de manera literal versos que fueron creados como algo metafórico. Quienes crean versiones aparentemente más acordes a los tiempos que corren, o que se encuentran influenciadas una idea perversa e idealizada de lo que significa “guiar”.

Tarnaq, la nación en la que se encuentra implantado con más fuerza el credo de Los Adeptos, es conocido por muchos nombres. Tantos como estadios por los que ha pasado su sociedad. Los pueblos que la han rodeado los han visto como aliados benevolentes y como aspirantes a tiranos. Como víctimas propiciatorias y como una fuerza imparable. Bajo la forma de tantas cosas diferentes como interpretaciones del Tanrakul se han llevado a cabo. Sobre todo en tiempos de paz, este culto ha logrado extenderse hasta las naciones vecinas, aunque rara vez ha conseguido entroncarse dentro de las estructuras del poder. Sólo ha sido uno más de las credos que pasaban a formar parte de su visión del mundo. Otro prisma a través de mirar la historia y vaticinar lo que está por llegar.

La orden de los Adeptos se encuentra liderada por el Maesc Zahard la “voz y sumo pontífice de las teogonías de Haesh y Taranaqu” mientras que la nación de Tarnaq se encuentra gobernada por el Tukradum. Estas son posiciones que tradicionalmente acostumbran a recaer sobre distintas personas, aunque en varias ocasiones a lo largo del tiempo, como lo es la presente, han sido ocupadas por un mismo individuo. Aun así, la posesión de ambos títulos no otorga a su portador de un poder absoluto en ninguno de los dos estamentos. Esto no ha sido siempre así pero ciertas experiencias de su pasado provocaron una separación más clara de los poderes en cada uno de ellos.

Porque, como ya hemos comentado, Tarnaq tiene muchos nombres tanto para sus habitantes como para los de las naciones que les rodean, pero uno de ellos tiene un peso específico que lo hace especialmente significativo: El Dominio.

Las acciones llevadas a cabo en el pasado por una de las poseedoras de ambos títulos, Elistea de Gaunador, llevó a sus contemporáneos a la creación de un nuevo título, el de Dalor Avarashu; Dominador. Un calificativo que han heredado algunos de sus sucesores.
Elistea gobernó el Dominio durante tres siglos manteniendo vivo el legado de su predecesora; Lísister de Undalaya, quien había proclamado el próximo advenimiento del final de todas las cosas, la llegada del Tanrakûl. Un suceso catastrófico tras el cual sólo el pueblo digno tendrá lugar en este mundo. Un suceso cuya próxima llegada fue lo que aupó hasta el poder al actual Dalor Avarashu.

Obviamente, tanto las palabras de Lísister como las de Elistea se demostraron falsas. El mundo tal y como lo conocían no finalizó mientras ellas vivieron, hace un milenio, sino que cambió para siempre a su país. La intervención de los pueblos que habían sido invadidos por ellos fragmentó el poder y obligó a establecer mecanismos legislativos para que aquello no volviese a repetirse, pero el ciclo ha llegado una vez más hasta ese punto. La memoria es algo muy frágil y en los momentos de necesidad es más fácil escuchar a quien dice aquello que deseas creer.

Tarnaq y los Adeptos se encuentran gobernados desde hace treinta años por Shar Kushén, alguien que sólo cree en el poder. Su lectura interesada de los textos fundacionales de los Adeptos y su carisma le llevaron lentamente hasta una posición que no está dispuesto a soltar sin importar cuántas vidas se pierdan en el camino. Aun así, a pesar de todo su poder, su control sobre la situación dista mucho de ser absoluto.

Por un lado, dentro de los Adeptos existen multitud de cismas, por otro, para llegar hasta el poder se vio forzado a llegar a un gran número de acuerdos. A pedir infinidad de favores que le impiden ser todo lo que aspira a ser. No ha podido derogar todas las leyes que le habrían dado un control real sobre los estamentos que teóricamente lidera. Se proclama a sí mismo como Dominador, pero sólo es una pieza más dentro del engranaje. Una pieza central, pero no una insustituible.

Existen dos vertientes especialmente enfrentadas dentro de Los Adeptos, aquellos que entienden el Tanrakûl como una metáfora de un mundo ideal al que aspirar y quienes proclaman el “nuevo mundo” como algo literal. Dentro de cada uno de estos grupos también existen infinidad de facciones filosóficamente enfrentadas. Así, este evento puede ser un regalo o un castigo, una imposición o un hoja de ruta.
De acuerdo a cada uno de estos acercamientos, mientras que los postulados de unos defienden que el final de todo es un concepto absoluto, otros entienden como un cambio en el paradigma hacia algo desconocido. La facción que actualmente cuenta con un mayor número de devotos no tiene preocupaciones de este estilo, sino que camuflan bajo palabras estridentes y ominosas su total carencia de un pensamiento filosófico. Es raro encontrar a alguien que crea a ciencia cierta que el final se trate de algún tipo de castigo divino, pero también se pueden encontrar grupos que, como el que lidera quienes gobierna en la actualidad El Dominio, pese a no encontrarse en ninguno de estos cismas, realizan un uso sesgada de algunos de sus escritos fundacionales para cimentar su poder.

Su llegada hasta el poder se produjo en un momento ideal para alguien de su perfil; durante la Larga Noche. Tanto él como sus agentes supieron ver la oportunidad y aprovecharse de las penurias provocadas por este suceso para imponerse sobre un equipo de gobierno que, al igual que todos los afectados por aquel evento, se encontraban totalmente indefensos. Su lectura de aquella situación indicaba que se encontraban en una encrucijada. Una prueba a superar antes de alcanzar un nuevo estadio del mundo. Un logro al que sólo lograrán acceder los señalados por la divinidad. Sólo los dignos no pasarían hambre, sólo los señalados volverían a ver la luz de Sholoj, sólo quienes propagasen la palabra llegarían a conocer el nuevo mundo.
No había nada que sustentase sus afirmaciones, pero estas lograron calar en una sociedad cercana al colapso. Nadie creyó aquellas palabras, pero tampoco fueron analizadas. No fue el fervor religioso el que llevó a la acción al pueblo, sino la presencia de alguien que les ofrecía una salida aunque esta fuese irrealizable.

Pero el tiempo ha pasado y la desesperación ya ha quedado atrás. La prolongada guerra ha mermado a todas las fuerzas implicadas, y esto es algo a lo que Kushén tampoco ha logrado escapar. Ya ha pasado el supuesto evento apocalíptico y el mundo continúa con su curso normal. Muchos de los soldados quieren regresar a sus hogares y los apoyos del Dominador, si bien siguen siendo suficientes como para mantenerlo en el poder, cada vez son más costosos de mantener. La guerra santa nunca fue realmente un asunto de fe.

- El Chayashin Shatteru

Si bien esta organización es una de las más modernas de las que trataremos aquí, sus casi siete siglos de edad la dotan de una estabilidad de la que otras carecen. Quizás su tamaño tampoco sea tan grande como el de La Orden o la Universidad de Amlash, pero ha resultado ser un elemento clave a la hora de la resolución de diversos eventos únicos.

Realizando una traducción libre de lo que se puede entender de su nombre, este podría ser interpretado como “Concilio de los arquitectos del mañana”.

Por más que su fundación viniese de la mano de Sipskriel, el gobernante inmortal de Harst, su cúpula directiva no tiene relación alguna con las estructuras de poder de la nación que le da cobijo. Aun así, no es un organismo científico totalmente independiente ya que todo su presupuesto llega a fondo perdido desde las arcas del gobierno central.
Su sede central se encuentra ubicada muy lejos de la capital, en las que fueran las ruinas de la antigua ciudad Mishkoldar, cuyo origen se remonta hasta el tiempo del Imperio Ailanu.

Nació bajo un lema que se ha mantenido hasta el día de hoy. Unas palabras pronunciadas, no sin ser consciente de su alta carga irónica, por alguien que ya llevaba gobernando aquella nación desde varios siglos atrás cuando realizó aquella afirmación:
“La tradición es el mayor enemigo del avance. El conocimiento es maleable y cambiante como lo es la misma realidad. Si tratamos de limitar el primero, jamás lograremos comprender el segundo”.
Su relación con el poder desde entonces ha distado mucho de ser idílica, pero Sipskriel, muchas veces en contra de la recomendación de sus asesores, siempre ha respetado la autonomía de la que le dotó.

Su ámbito de acción son las ciencias puras, centrándose en gran medida en el estudio de las distintas estructuras que componen la realidad. Fueron sus estudiosos quienes lograron determinar el origen de la enfermedad que afectaba a los trabajadores del Kúbor Yolasté y también quienes trataron de atemperar los ánimos ante la llegada de la Larga Noche. En sus laboratorios se pueden encontrar muestras de elementos de toda índole. Desde aquellos que fueron tocados por cada uno de estos sucesos hasta otros procedentes de anomalías como la causante de la “Nieve del olvido”. Desde fragmentos extraídos de los domos jonudi hasta porciones ingrávidas obtenidas de algunas de las islas errantes.

En la actualidad su situación es complicada. Los territorios en los que se encuentra Mishkoldar se encuentran entre aquellos que han sido separados de Harst tras la expansión del Mar de Johrg, para pasar a formar parte de los territorios ocupados en los que se ha constituido la nueva Tembi. Dada la situación en la que se encuentra el conflicto, sus nuevos señores no tienen un especial interés en las investigaciones que tenían en curso, pero entre su personal no se encuentran únicamente estudiosos.

El Kareg Shatter, su consejo de administración, ha llegado a acuerdos con el gobierno temporal de esta nación para dedicar sus esfuerzos en determinar el posible paradero de los territorios desaparecidos, pero esta es una tarea cuyo éxito depende de una gran cantidad de factores que escapan a su control.

Por el momento conservan una cierta autonomía en cuanto a su poder de decisión, pero en lo que respecta a cuestiones económicas su presupuesto ha quedado reducido al mínimo. Se encuentran en una situación como no han conocido nunca. Una para la que su bagaje previo no les ha preparado y cuya solución no se encuentra en ninguno de los tomos que almacenan.

- El Daborush Yalani

El abandono de Cahirn Ansay de su relación con Baern no hizo que esta nación abandonase su búsqueda del conocimiento, sino que en su seno han ido surgiendo a lo largo de los siglos distintas iniciativas para suplir la carencia que dejo su partida.

En su interior se pueden encontrar un gran número de pequeños organismos que aspiran a ocupar su hueco, pero ninguno de ellos tiene la entidad del Daborush Yalani, el ministerio del conocimiento de Baern.

Aun así, la historia de esta organización se ha visto sacudida por multitud de vaivenes. Tanto su papel como su peso dentro de la vida política y social de Baern se ha visto sometido a los criterios y prioridades de cada imp de los equipos de gobierno que han guiado los pasos de esta nación. A pesar de que este órgano se encuentra fuertemente controlado por el gobierno, no todos los dirigentes han tenido muy claro qué hacer con él.
En ocasiones ha sido utilizado únicamente como un reclamo o como una muestra de estatus. Una herramienta que diga al mundo que Baern siempre fue más importante que Cahirn Ansay, y que los avances que estos lograron jamás habrían sido posibles en otro lugar, ero sin dotarles de los medios necesarios para convertir las promesas que hacen ante el mundo en una realidad.
En otras ocasiones la preocupación ha sido sincera y los recursos se han encontrado muy por encima de la pompa.

Sea como fuere, con mejores y peores gestores, con unos recursos más holgados o en situación de precariedad, esta organización ha permanecido activa de manera ininterrumpida a lo largo de los últimos siglos, pero las condiciones bajo las que ha trabajado le han supuesto pagar un alto precio.

En aquellos tiempos en los que han sido administrados por burócratas puros sus mentes más brillantes han terminado por abandonar la organización en pos de un ambiente más óptimo para la investigación. Su destino más inmediato siempre ha sido Cahirn Ansay, algo que no ha ayudado a la relación entre esta y Baern, pero dependiendo de la especialidad de cada uno de ellos tampoco ha sido raro que hayan dirigido sus pasos hasta aquellas naciones en las que se encuentra más desarrollado su campo de estudio.

Una de las acusaciones que se ha hecho al Daborush Yalani con mayor frecuencia es la de su falta de ambición. Una recriminación que ha acostumbrado a provenir principalmente desde su interior. El control que se ejerce sobre él desde el gobierno ha hecho que sus objetivos pequen de cortoplacistas y que su ámbito de acción sea muy generalista, una actitud que resultado determinante a la hora de tratar de atraer perfiles especializados en ningún campo.
Esto no quiere decir que entre sus filas no se encuentre gente con talento o pasión por lo que hacen, pero sí que ha provocado que muchos de ellos abandonen sus salas las injerencias en sus investigaciones han sido especialmente frecuentes o se les han exigido resultados inviables.

Por más que existe una clara competencia entre ellos y La Orden, también realizan estudios conjuntas. Esta competición, sana en lo referente a los investigadores, no lo es tanto cuando los implicados son sus responsables. Existe una desconfianza fundada por parte de los gobernantes de Baern cuando se trata de sus relaciones con Cahirn Ansay. Esta reticencia no es algo procedente de los tiempos en los que los territorios en los que se asienta La Orden se encontraban bajo su dominio, sino a los riesgos que supone dejar la entrada libre hasta sus edificios oficiales a agentes de una nación extranjera.

- El Iluma

De entre todas las organizaciones dedicadas a la búsqueda del conocimiento quizás la que cuenta con un origen más anómalo sea la del Iluma, la organización que es comúnmente confundida con el ministerio del conocimiento de Bra’Em’Kyg.

Este órgano no es el primero de una índole similar que tiene su sede en esta nación, ya que siglos antes de su establecimiento Bra’Em’Kyg ya había tenido otro Ministerio del conocimiento, el Dohet da lisei, pero la luz de aquel pretendido imperio de la razón no tardó en apagarse.

Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que alguien tratase de recuperar aquella idea pero, tanto la función como la posición que ha ido ocupando dentro de Bra’Em’Kyg esta organización han variado enormemente desde el momento de su fundación hace cuatro siglos.

Porque el Iluma no siempre ha estado ligado al gobierno de Bra’Em’Kyg, sino que en origen fue una organización independiente. Aquella primera encarnación fue fundada por los tripulantes de la estación orbital Sigma 3.0 en su búsqueda de las herramientas necesarias para lograr que su base de operaciones volviese a ser completamente funcional.

La Sigma regresó hasta Daegon en siglo primero antes del Calendario Mecbarino y, durante los primeros siglos posteriores a su regreso, lo inmortales que componían su tripulación asumieron distintos papeles mientras trataban de comprender en qué se había convertido su antiguo hogar. Personajes ficticios bajo cuyo nombre y apariencia recorrieron los el mundo, hablando y colaborando con quienes tenían un conocimiento más preciso acerca del funcionamiento de una realidad que era nueva para ellos tras varios milenios surcando distintos aspectos del todo.

Una vez que que constataron que con el conocimiento y los medios que poseían los estudiosos contemporáneos era insuficiente para lograr su objetivo, fundaron el Iluma como un medio a través de continuar ellos con sus investigaciones. A pesar de que los locales no podían aportarles el conocimiento necesario, sí que podían ser un apoyo para labores que requerían de otro tipo de roles.

Sin dar a conocer nunca su verdadero origen y propósito salvo a un reducido grupo de personas, el Iluma se convirtió en poco tiempo en referente en el panorama internacional. Quizás no todas sus teorías resultasen acertadas, pero el acercamiento hacia los problemas que adoptaban sus miembros más técnicos siempre resultaban como mínimo diferentes a cualquier cosa que se estuviese llevando a cabo en otros lugares.

Hace más de dos siglos que los tripulantes de Signa dejaron de liderar los pasos del Iluma, aunque esto no quiere decir que no mantengan ningún contacto con miembros de esta organización. Desde entonces, si bien el nivel de innovación ha sido menor, su reputación internacional no ha disminuido.

Por su propia naturaleza esta es una organización que especialmente centrada en el terreno de lo práctico. En la obtención de resultados transformables en algo tangible de alguna manera. A lo largo de su historia se ha reinventado en multitud de ocasiones tanto para tratar de adaptarse al sino de los tiempos como para evitar pasar a la irrelevancia.

En la actualidad el terreno en el que resultan más punteros es en el de aquellos objetivos relacionados con la generación de grandes cantidades de energía, así como el desarrollo de dispositivos que puedan utilizarse para que esta se use en el abastecimiento de los servicios básicos de las grandes urbes.
Para esta clase de proyectos no cuenta únicamente con el apoyo del gobierno de Bra’Em’Kyg, sino que también recibe fondos, material y mano de obra de otras naciones.

Esta, si bien es aquella por la que el presente gobierno de Bra’Em’Kyg ha mostrado más interés, no es su único área de acción sino una más de muchas. Así, al mismo tiempo que el poder ha acostumbrado a valorar sus esfuerzos en este campo, el pueblo siempre ha apreciado mucho más sus avances en otro que consume un considerable número de sus grandes equipos de investigadores, el del avance de la medicina.

Más allá de estas interacciones, su presencia en la vida política es escasa aunque no nula. Su labor no es altruista y, de la misma manera que no se atan a ningún grupo político, dentro de sus departamentos también cuenta con secciones dedicadas a analizar los cambios en la legislación y presionar para que estos sean favorables a sus intereses.

De existir un antagonista principal cercano a la esfera del poder, este sería el de la iglesia de Mystaler, el cisma de la Iglesia Tayshari que cuenta con una presencia mayoritaria en Bra’Em’Kyg. Por más que su enemistad se presente como algo que atiende a criterios metafísicos, esto no deja de ocultar una lucha por los recursos que el gobierno aporta a ambos. Las acusaciones que reciben por parte de estos de contravenir a las leyes naturales no son sino una estrategia. Una manera de presionar al gobierno para que su financiación desaparezca y que esto suponga una mayor partida económica destinada a las actividades eclesiásticas.

Tras el gran desastre el Iluma ha quedado muy mermado. Junto a los territorios desaparecidos de Bra’Em’Kyg han se han desvanecido también varias de sus sedes; aquellas ubicadas en las zonas costeras, junto a los resultados de las investigaciones que tenían lugar en ellas. Pérdidas estas que tardarán mucho en poder ser reemplazadas.
Esto también ha hecho que gran parte de sus esfuerzos presentes se enfoquen en la investigación de estos sucesos y sus secuelas,

- El Agon Lur Seshén

En lugares como las Llanuras Heladas todo resulta aún más extraño. Tanto el saber como el mito atienden a criterios que nada tienen que ver con lo que se conoce en Daegon. Su aislamiento casi total de lo que les rodea en el plano físico de este mundo ha hecho que su concepción de la naturaleza humana o la divina sean únicas.
Como sucede también en Werela y otros lugares afectados por una axiomática anómala, las comunicaciones internas también son complejas y cada grupo humano ha evolucionado ajeno en gran medida de gran parte de lo que sucede a los pueblos de su alrededor pero, al contrario de lo que sucede en las junglas habitadas por los angorm, estas culturas son más sofisticadas y tienen una visión global de la historia más próxima a la realidad que la de cualquier otro pueblo presente.

Su camino les ha llevado a convivir con abstracciones o a recorrer las sendas del tiempo. Son conscientes como pocos de la indiferencia de la realidad para con la humanidad y lo insignificante de sus existencias individuales o colectivas. Al igual que todos, ellos también tienen dudas acerca de lo que sucede tras la muerte, pero su rara vez han tratado de buscar una mentira cómoda que le de respuesta sino que su búsqueda siempre ha tendido a dirigirse hacia el terreno de lo objetivo.

Aunque no sean conocidos en Daegon, dentro de los territorios con los que confluyen las Llanuras hay lugares que gozan de una cierta estabilidad. Puntos hasta cierto punto libres de la inestabilidad axiomática que afectan al resto y que, como resultado de esto, son considerados como seguros. Pero esta normalidad no viene libre de su propio precio.

Porque, a pesar de que estas ubicaciones se encuentren exentas de las condiciones que se dan en su interior estos territorios, el acceso hasta ellas no es sencillo. Ni el abandonarlas no el llegar hasta ellas son procesos libre de riesgos y, a pesar de esto, se han convertido en puntos a los que regresar. En entornos en los que se han establecido comunidades humanas.

Vimul ne Oshikar es uno de estos lugares, el hogar de del Agon Lur Seshén, los Contempladores de la eternidad. Desde este lugar ubicado en una realidad interregna, se tiene acceso hasta una parte de Kay Tíndawe; las grutas situadas en el corazón de Lutnatar desde la que se pueden observar los sucesos que tienen lugar en distintos niveles de existencia, en otros tiempos y lugares. A través de ellos se puede llegar a crear un mapa del tiempo pasado y futuro, la labor a la que aspira esta organización.

Pero, por más que la naturaleza de quienes habitan este lugar haya variado con respecto a la de sus ancestros, continúan compartiendo un gran número de sus necesidades básicas. Necesidades que no pueden ser cubiertas con los recursos existentes en las “Estancias de los espejos”.

Porque este lugares carecen por completo de elementos tan básicos para la vida como fauna, flora o agua. Ninguna de las intentonas que por tratar de cultivar alimentos procedentes de otros lugares han fracasado, así pues, a pesar del tiempo que llevan siendo habitadas, por más que se ha trabajado en la edificación de estructuras para moldearlos de acuerdo a algunas de las necesidades humanas, no han podido ser transformados en zonas completamente habitables.

El papel, el cuero y los materiales de los que se encuentran compuestos los libros que pueblan sus incontables y pétreas estanterías han sido traídos de otros lugares. Quienes lo habitan dependen por entero del sustento que les provee desde el exterior. La carencia de estos elementos ha supuesto su abandono en multitud de ocasiones, o la muerte de quienes lo habitaban. Porque los caminos que permiten abandonar estos territorios o llegar hasta ellos no siempre se encuentran disponibles para ser atravesados por conceptos materiales.

Aun cuando el flujo de provisiones es estable, la vida en este lugar no es sencilla. No importa la devoción que se tenga en la tarea que se desarrolla en sus salas de quien se incorpora, pocos son los que dedican por entero su vida a esta labor. Por más dura e incierta que pueda ser la vida en las estepas interplanares, quienes las habitan las encuentran más acogedoras que el ascetismo forzoso y la casi total ausencia de cambio que les aguarda en los salones de las llamadas “Bahías del saber”.

Y, sin embargo, estos salones han sido repoblados una y otra vez. El camino hasta ellos ha sido recuperado y reconstruido tras cada nuevo percance, se han terminado por convertir en un hogar para muchos. Todos los intentos por tratar de superar los escollos que se les han presentado no han hecho sino ayudar a que se convierta en un lugar que han permitido el avance de un conocimiento racional.

- Otros lugares y organizaciones

La diversidad de acercamientos hacia los mundos del conocimiento y el misticismo en occidente no se encuentra limitada únicamente a aquellos que hemos presentado hasta el momento. A lo largo y ancho de sus territorios podemos encontrar un gran número de organizaciones de mayor o menor tamaño que no encajarían dentro de los parámetros que podríamos considerar como “civilizados”, grupos de personas cuyos enfoques nada tienen que ver con respecto a lo presentado en cuanto a las creencias, el saber y la manera en la que estos son plasmadas.

No es necesario que dirijamos nuestra mirada hacia los pueblos menos avanzados para dar con estos perfiles ya que, dentro de los denominados como “evolucionados” también podemos encontrar otras naciones en las que, como sucede en Saliria, cualquier tipo de culto se encuentra prohibido, pero sus similitudes termina en la en ese punto, y ni la forma ni el fondo de cómo han evolucionado bebe de las mismas fuentes.

Ya haya venido dado este cambio por cuestiones de ego, oposición a un poder preexistente, racionalismo o duda sistemática, esto tampoco ha garantizado que el legado de quienes trataron de ejercer estos cambios haya sido permanente. Por más monolítico que pueda ser en un momento dado el control que es capaz de ostentar un gobernante, las dudas o sus propias actitudes muchas veces han impedido que las ideas que subyacen bajo mensaje hayan logrado permear por completo en sus pueblos.

Por más que en las dos naciones en las que este hecho se ha logrado consolidar este cambio no ha venido a través de una revuelta violenta, esta misma actitud no ha resultado exitosa en otras. Así, mientras que Saliria este cambio se produjo a través de una revolución intelectual, el otro caso, el de Naltor, vino dado como una herramienta política para diferenciarse y, hasta cierto punto mofarse, de una nación con la que mantenía rivalidad desde mucho tiempo atrás.

Mientras que la primera es una nación donde la ciencia tiene un gran peso específico y no niega la existencia de fuerzas que se encuentran más allá del entendimiento humano, la segunda ha basado su cultura en su competencia con el rival y en tratar de distanciarse de este. De la misma manera que una niega una intencionalidad detrás de los movimientos cósmicos y la creación del mundo o la humanidad, la otra proclama que adorar a conceptos capaces de concebir un mundo tan imperfecto como aquel en el que viven tan sólo demuestra una enorme falta de carácter e inteligencia.
Irónicamente, mientras que una de ellas se ha dedicado a fomentar el pensamiento racional, la segunda rara vez ha fomentado a lo largo de su historia el tratar de una comprensión mayor de todo aquello que queda más allá del terreno material.

En ocasiones ha sido la misma existencia de estas naciones lo que ha servido para fortalecer o provocar nuevos surgimientos de aquellas ideas que critican. Tener un enemigo claro a quien enfrentase siempre ha sido el combustible ideal para alimentar las llamas del fanatismo. Un medio a través del que los poderosos han logrado ocultar a simple vista las acciones e intenciones más obvias y prosaicas.

De cualquier manera, ninguno de estos lugares se encuentran exentos de superstición o preguntas sin responder. Las inquietudes de quienes han liderado estos movimientos acostumbran a carecer de empatía por quienes se encuentran fuera de sus círculos, y esta ha sido la causa de la caída de muchos de ellos en cualquiera de los espectros de los que estamos hablando aquí. Salvo en casos muy especiales, la comunicación con los legos ha sido una de las características de la que más han adolecido sus ideólogos, y las respuestas que han tratado de dar a las grandes preguntas, o la falta de estas, sólo han servidor para que surjan otras voces que ofrecen palabras más fácilmente comprensibles, más sencillas o más cómodas de aceptar.
Al igual que sucede con los grandes cultos, hasta el momento en el que no se producen carencias el pueblo llano no ha acostumbra a cuestionar las ideas o los métodos de quien se encuentra en el poder, por más que no esté en sus manos la capacidad para cambiar tales situaciones.

De manera independiente al contexto que tratemos, el hecho de que quienes se encuentren en el poder promulguen un ideario no garantiza que todos aquellos que se encuentran bajo su mandato lo acepten sin cuestionarlo, carezcan de ideas o inquietudes propias, o evita que la presión ejercida por la tradición no les lleve de nuevo hasta los derroteros que les son más conocidos.

Saliendo ya del territorio de las naciones con unas estructuras sociales más complejas, en el oeste continental también podemos encontrar territorios en los que aún persisten creencias menos sofisticadas de aquellas de las que hemos hablado hasta el momento. Naciones en las que los cultos no poseen una estructura jerárquica organizada y uniforme a lo largo de toda su extensión y que, en gran medida, pese a provenir de fuentes e influencias similares, sus tradiciones no otorgan un papel tan pragmático a la religión dentro de la jerarquía social.

La función de quienes ocuparían el papel tradicional del sacerdocio tampoco es uniforme en estas culturas y, mientras que en algunas de ellas cumplen funciones equiparables a las de estos, en otras su papel es más similar al de sanadores, eruditos o guías a la hora de de enfrentarse a eventos anómalos. Al igual que los sacerdotes civilizados, estos hombres y mujeres carecen de poderes especiales de ningún tipo, pero sí que poseen un conocimiento más profundo de los funcionamientos de la realidad que el resto de integrantes de sus pueblos. Un conocimiento que se encuentra oculto detrás de múltiples capas de tradición, ritual superfluo y observación. Por más que algunas de estas culturas hayan logrado desentrañar misterios que sus contrapartidas más sofisticadas aún no han sido capaces de aterrizar, la manera en la que los afrontan no se basa en el método científico, y ciertas lecciones que se podrían extraer de este saber implícito quedan ofuscadas bajo la mera repetición acrítica de patrones aprendidos.

Dependiendo de sus culturas, algunos de ellos sí que afirman que este conocimiento proviene de algún poder superior que se lo legó a sus ancestros, pero el aprendizaje e interiorización de este saber es un proceso igual de laborioso que el de cualquier otro campo de estudio.

Este tipo de culturas son más proclives a creen en el misticismo y la superstición, pero esto no evita que sus “hombres santos”, ya desempeñen estos tareas equiparables a las de sacerdotes, chamanes o animistas, hayan desarrollado dinámicas sociales que les permitan explotar el estatus que les otorga su conocimiento.

Sus mitos no acostumbran a estar tan elaborados como los de los pueblos más civilizados, y la ausencia de una cultura escrita hace que, dentro de una misma cultura, y dependiendo de la extensión de los territorios que habitan, estos difieran enormemente en cada emplazamiento. Estos credos tampoco están libres de cismas, errores honestos, interpretaciones parciales o lecturas interesadas de la tradición.

De esta manera, en lugares como Werela se pueden encontrar tribus que adoran a los Jonudi como deidades mientras que otros los consideran criaturas peligrosas o un concepto con el que se pueden relacionar en igualdad de condiciones. A su vez estos pueblos conviven con otros que, bajo el nombre de “Los Angoru“, adoran realmente a una suerte de conceptos híbridos entre diversos integrantes de los progenitores de la humanidad y otras criaturas ya desaparecidas que existieron en aquellos tiempos remotos. De acuerdo a sus mitos, todos ellos poseen una suerte de antecesores comunes. Una línea sanguínea que une a todos las tribus que pueblan este territorio anómalo.

Más allá de estos dos grupos dispersos de tribus también podemos encontrar a aquellas que adoran al concepto de Lyg Andrós, “El gran cazador”. Pero la uniformidad en cuanto a sus mitos tampoco es algo que sea frecuente dentro de este último grupo. En él también podemos encontrar cientos de diferentes sub-divisiones. Los mitos son tan dispersos como las propias tribus, y se pueden encontrar tantas atribuciones asociadas hacia un mismo nombre como grupos humanos que pueblan su extensión. Tribus que afirman descender de animales mitológicos de los cuales también el mismo mundo desciende, y otras que consideran que estas bestias míticas proceden a su vez del propio Lyg Andrós. Quienes atribuyen a un mismo concepto nombres como Gashu, Totnemoq, Oglashen y quienes utilizan estos mismos vocablos para referirse a otros conceptos hostiles, amistosos o indiferentes.
Por más que pueda existir una tenue coherencia interna dentro de cada mito individual, la suma de todos ellos da origen a una cacofonía indescifrable. No existe relación alguna dentro cómo se refieren al mundo, las entidades que afirman que le dieron origen, o los mitos que han ido desarrollando para tratar de darles sentido. Ni Lyg Andrós ni el resto de las llamadas bestias primigenias comparte características o relaciones y, mientras que ciertas tribus narran cómo se establecieron sus alianzas en los tiempos mitológicos, en otras son presentados como enemigos, vástagos o siervos de manera indistinta.

Por su parte, también se pueden encontrar culturas cuyo evolución y condiciones les han llevado a adoptar el nihilismo como fuerza motora. Pueblos que en un momento u otro se han visto sometidos, humillados o traicionados. Etnias sometidas por fuerzas externas que les ha llevado a desarrollar un odio irracional a todo aquello que provenga de fuera de su círculo más cercano. Culturas como puede ser la de algunas de las tribus dengar que habitan en Rearem.

El camino recorrido por estas tribus dista mucho de ser racional o siquiera inteligente, sino que las ha convertido en una amenaza incluso para otros integrantes de su misma etnia que pueblan territorios con los que no han tenido contacto durante generaciones. Porque el contacto con lo ultraterreno no se limita a conceptos que pueden resultar amistosos o neutrales hacia la vida, sino que el material del que están compuestos el miedo, el dolor o las pesadillas también ha tenido su impacto en Daegon.
De esta manera, aquellos que adoran conceptos como Koroktomoj “Señor de la sangre”, Matektokoal “Quien acompaña al fuego”, Jarletuktal “El Devorador de todo lo vivo”, Dustukan “El vacío infinito”, Shaduktukumal “El Padre de los gusanos” o Kushund “Fuente de bestias”, rara vez lo hacen por ambición o con un plan. Estos, al igual que todos aquellos credos surgidos de la influencia proveniente de los distintos aspectos de la destrucción no acostumbran a concebir el mañana como algo lleno de esperanza.

Existe ciertos vínculos establecidos entre la humanidad y entidades que existen más allá de su comprensión. Relaciones inconscientes por parte de cada uno de sus integrantes que no atienden a leyes físicas, no ligadas al momento o el lugar. El hecho de que las entidades que existen más allá del velo no pidan, sean conscientes, recompensen o agradezca ante esta devoción no convierte a quienes las adoran en amenazas menos peligrosos tanto para ellos mismos como para quienes comparten territorio con ellos.

Por fortuna, las encarnaciones más cerriles de estos cultos, en gran medida condenados por su propia naturaleza, desaparecieron hace siglos, pero aún se conservan pequeños vestigios de ellos en la actualidad. Versiones atemperadas de los principios sobre los que se construyeron estos cultos pero igualmente dañinas. Quizás sean minoritarios dentro de las etnias en las que se encuentran presentes, pero el rencor y el odio que les mueven son fuerzas motoras con las que no se puede negociar.

No todos los pueblos que proclaman ser los pobladores originales del territorio de Rearem rinden culto a estas entidades, sino que un gran número de ellas sólo buscan que se respeten sus tierras ancestrales, pero las culturas “civilizadas” con las que conviven no acostumbran a hacer distinciones entre los que no se adaptan a sus costumbres. Estos pueblos se ven amenazados por partida doble; tanto por una parte de los que podrían considerarse como “los suyos” y por “los pueblos invasores”, y sus propias mitologías han ido evolucionando para terminar contemplando este escenario. Una evolución que en ocasiones ha llegado a recuperar tradiciones que llevaban largo tiempo desterradas.

Así pues, no importa que las etnias más peligrosos hayan sido exterminados tanto por los pueblos civilizados como por las tribus que se han visto atacadas por ellos, la posibilidad del resurgimiento de estos cultos es una amenaza constante. La última larga noche no sólo fue el campo de cultivo ideal para su resurgimiento, sino que las grietas que se abrieron permitió un acceso aún mayor a la influencia de los señores del dolor. No sólo afloró de nuevo el culto a estos seres en varias tribus dispersas de manera simultanea, sino que estas se unieron para esparcir su legado allí por donde pasaban.

Esta es una amenaza que hoy parece haber quedado sofocada, pero aún permanecen los últimos vestigios aquellos días. Su culto ha logrado ser desterrado una vez más como amenaza a gran escala, pero su presencia aún permanece en lugares puntuales. Son culturas cuya vida se centra en el conflicto, gentes que, salvo durante situaciones excepcionales como esta última, ni siquiera se alían con quienes adoran a sus mismas deidades. Culturas incapaces de evolucionar o construir en las que sus propios integrantes se encuentran atrapados.

Quizás el que ha tenido lugar en Rearem haya sido el brote más repentino, virulento y dramático de estas tendencias nihilistas de los últimos tiempos, pero ni ha sido el único no esta influencia se ha visto totalmente erradicada del resto de territorios.

- El esquema de poder en occidente

Más allá de las organizaciones que hemos ido mencionando, en la zona occidental del continente existen un número enorme de estamentos de diferentes tamaños, objetivos y zonas de influencia. Organizaciones científicas como el Anstogor Vecsali de Rearem o los anteriormente mencionados Lugens Gaumoru de Tembi o la escuela de Sunrath en Menetia conviven con los diferentes cismas de las grandes iglesias o los pequeños cultos locales que se encuentran esparcidos por todas su orografía.

El tapiz que dibuja el complejo entramado de relaciones existentes entre todas ellas no sólo no es menor a aquel que conforman los gobiernos de los distintos pueblos de Daegon, sino que se encuentra poderosamente engarzado en estos.

Pese a lo que pueda parecer en un primer vistazo, la fe ciega y las promesas de una recompensa final no son las únicas armas que se esgrimen en el terreno de combate. La ambición no atiende únicamente a lo irracional sino que, cuando logra avanzar, su punto de partida siempre proviene de alguien metódico, alguien que no se deja llevar por las emociones, alguien con un plan.

En ciertos lugares existe desconfianza ante los hallazgos de los organizaciones dedicadas a amasar conocimiento. La Orden de Cahirn Ansay es temida por muchos gobiernos y no sin cierta razón, pero si mantiene su independencia es porque ninguno de ellos quiere que su saber se encuentre en posesión del “otro”.

Los distintos Omniarcas que ha tenido La Orden son perfectamente conscientes de esto, y es una baza que Cahirn Ansay ha utilizado siempre con suma cautela.

La pertenencia al Yishin Amat no implica una adhesión incondicional hacia las decisiones del “Guardián del conocimiento”, y las luchas internas son tanto o más intensas que las que pueden dar en cualquier organización. Tras los sucesos recientes La Orden vive días convulsos. Su actual líder es alguien ciertamente atípico y su perfil no encaja completamente con el de un estadista. Su preocupación principal es desentrañar el gran misterio detrás de estos sucesos, y esto le ha llevado a priorizar y dar más recursos a los grupos de estudio relacionados que a las intrigas que se encuentran actualmente en curso.

Porque La Orden, más allá de la neutralidad a la que se ha visto forzada, no está libre de sus propias apuestas arriesgadas. Jugadas que, de ser demostradas, podrían ocasionar un mayor nivel de intervención por parte de los gobiernos de las naciones que les rodean.
Algunas de ellas se encuentran auspiciadas por parte de su consejo rector, pero otras atienden a maniobras individuales. Existe un gran número de extensas redes clientelares que se propagan a lo largo de casi toda la columna central del continente y tienen su centro en Cahirn Ansay. La Orden no cuenta sólo con gente ansiosa por el saber, sino que en su seno también cuenta con gente que sólo la ve como un medio para alimentar sus propias ambiciones.

La relación que mantiene La Orden con todas aquellas naciones en las que tiene embajadas, bibliotecas o universidades varía enormemente, y el nivel de libertad del que gozan sus miembros en cada una de ellas se ve afectado por cómo es percibida su casa madre allí.
Por más que La Orden se defina y haya tratado de posicionarse como una organización agnóstica a todos los niveles, esto es algo a todas luces imposible y, mientras sus diplomáticos sí que se encuentran preparados para mantener esta fachada, quienes se dedican a la investigación y la formación, por más que también hayan sido aleccionados para ello, acostumbran a tener sus propias visiones y prioridades.
No han sido pocos los conflictos diplomáticos iniciados por una elección desafortunada de palabras durante alguna charla, o a la hora de impartir lecciones a alguien perteneciente a una clase social alta o a familias practicantes de algún credo.

Su relación con Goord siempre se encuentra sometida a un escrutinio especial y, al mismo tiempo que su conocimiento de las ciencias es muy valorado en su versión más pragmática, la visión que dan acerca del culto de Gâldaim o la visibilidad que dan sobre otros modos de vida acostumbran a verse muy acotados. Esta relación también se ha visto siempre muy mediatizada por la colaboración que han mantenido con el gobierno de Saliria.

De la misma manera, su relación con Menetia también ha pasado por momentos de tensión no sólo por el recordatorio de lo que les fue arrebatado con la Escuela de Sunrath, sino por tiranteces con la iglesia Tayshari.
Mientras que la relación con aquel órgano que les fue expropiado hace mucho tiempo que se normalizo, y acostumbran a mantener con ellos una sana competencia, los sectores más reaccionarios dentro del clero no ven con buenos ojos que las generaciones de potenciales futuros líderes sean formados por un organismo externo y completamente laico.

A su vez, los distintos cismas de la Iglesia Tayshari han sido históricamente jugadores muy importantes dentro del escenario político occidental. Allí donde ha arraigado con fuerza este credo su relación con el poder no ha tardado en florecer y, con ello, también se ha incrementado su capacidad de presión. Pero la ambición de sus respectivos líderes locales ha supuesto a su vez un problema para el conjunto de la organización.

La fragmentación existente dentro de sus líneas ideológicas es algo que siempre ha desagradado profundamente a un gran número de sus distintos dirigentes, pero el deseo de cada uno de ellos por ser única cabeza visible de una gran organización sólo ha servido para que sus posiciones cada vez se encuentren más alejadas.

En la actualidad existen cuatro grandes cismas de esta iglesia, cada uno de ellos con sus propios sumos pontífices que proclaman ser la única voz autorizada para hablar en nombre de los dioses; el Gran Teogonista de Menetia y el Yartas Malasteri de Mystaler. Cada uno de ellos, a su vez, niega la legitimidad del resto.

Las más beligerantes de estas cuatro son las de Menetia y Mystaler, siendo su enemistad tal que en el pasado sus dirigentes han llegado a declarar la guerra santa contra la otra acusándolas de ser heréticas. Por su parte, los cismas existentes en Shemmellom y Shattegar han acostumbrado a mantener un perfil más bajo, algo a lo que en gran medida ha condicionado su menor relación con los poderes establecidos de sus respectivas naciones.

Indudablemente, la Iglesia Tayshari de Menetia es el culto más importante de todos ellos y, a pesar de que sus relaciones con el Vim Ubar, el órgano de gobierno de esta nación, han fluctuado mucho a lo largo del tiempo, su integración dentro de la vida civil les hace ser una fuerza a tener en consideración.

Las relaciones entre Naltor y Menetia han sido históricamente muy complicadas. Si bien es cierto que la causa de estas dificultades bebe de un gran número de factores, la iglesia tiene un papel predominante en ellos.

Por un lado, la utilización que realizó Naltor de su prohibición de todo religión organizada dentro de sus territorios como elemento diferenciador entre ellos y el antiguo impero del que formó parte atendía menos a criterios filosóficos que políticos, pero la potenciación con posterioridad de este rasgo por parte de un gran número de sus gobernantes ha hecho que la suya sea una relación sumida en un constante estado de tensión.

Los distintos Teogonistas de la iglesia siempre han exigido un cambio en la actitud del Vim Ubar ante estos que consideran una ofensa, pero nunca han logrado provocar un enfrentamiento directos entre ambas naciones. Aun así, las tensiones que existen en la franja fronteriza entre ellas debidas en gran medida a esto ha llegado a escalar para terminar convirtiéndose en enfrentamientos mayores.

Los recientes hechos catastróficos acontecidos han hecho aflorar en occidente movimientos largo tiempo adormecidos y, si bien los posteriores años de vuelta a la normalidad los han atemperado, su presencia aún se encuentra muy lejos de ser totalmente erradicada.

Por más que los territorios que más afectados se han visto a este respecto hayan sido los de la costa oeste, las regiones del sudoeste continental también se han visto drásticamente afectadas, siendo Naltor y Bra’Em’Kyg quienes han padecido con mayor dureza sus secuelas.

Todos estos estamentos se han visto cuestionados de una forma u otra, ya sea por su incapacidad para predecir o contener el suceso, o por su fracaso a la hora de interceder ante “los poderes que se encuentran más allá del mundo” para que sus efectos sólo afectasen a los impíos, pero esto no ha impedido a los oportunistas el tratar de utilizarlos para su propio beneficio.

La actividad de aquellos grupos que continúan promulgando las teorías más catastrofistas se encuentra acotada principalmente en los territorios más afectados, pero lo infeccioso de su mensaje ha logrado llegar de manera soterrada hasta aquellos lugares que han quedado indemnes. A este respecto, la comunicación existente entre los pueblos se ha convertido en un arma de doble filo. Una que ha llevado un mensaje de normalidad hasta los territorios más dañados y de alerta a los han quedado libres de su efecto. Al mismo tiempo, las noticias llegadas desde el este del Pramayán también han servido para alimentar toda clase de teorías. La desaparición de Dairus ha sido celebrada por unos y entendida por otros como la señal de algo aún por llegar. Como una oportunidad para alimentar las ansias expansionistas de los más ambiciosos o como una advertencia para el resto de los gobernantes inmortales.

Durante los últimos años han aflorado en Menetia distintos grupos que acostumbraban a moverse en la clandestinidad; aquellos que promulgan que esta nación tiene que volver a ser un gran imperio y reclaman la disolución del Vim Ubar. Algunos de los altos dirigentes de la iglesia no sólo se han hecho eco de estos movimientos, sino que también han sido parcialmente sus instigadores.

Mientras tanto, en la costa oeste del continente el conflicto iniciado por Sar Kushén continúa su curso. Lo único en lo que coinciden todas las escuelas de pensamientos ligadas a los Adeptos es una; se ha iniciado una nueva era, pero tanto el significado de esto, como los debates acerca del concreto de lo qué ha dado comienzo continúa siendo fuente de conflicto. Ya sea desde un punto de vista metafórico o literal, todos ellos coinciden en que la existencia actual sólo es un paso previo hacia algo distinto, pero no logran ponerse de acuerdo en qué les espera después, o en la manera de llegar hasta ese estadio.

Tanto sus corrientes teológicas como las filosóficas han sufrido drásticos cambios que sólo han servido para generar nuevas fragmentaciones en sus dogmas. Divergencias que son cada vez más frecuentes en aquellos territorios en los que la guerra continúa su curso.

Porque, por más determinista que pueda ser la visión global de las diferentes escuelas de pensamiento sobre el devenir del mundo, sus acercamientos a la hora de afrontar este momento también son igualmente antagónicos. En su seno se puede encontrar desde aquellos que, como promulga Kushén, se consideran a sí mismos como los únicos merecedores de alcanzar el nuevo mundo como, hasta aquellos que, al igual que sus detractores, ven su labor como la de heraldos y guías hacia lo que vendrá. Desde quienes centran su labor en la advertencia y la concienciación hasta aquellos que la usan como herramienta para imponer su agenda. En resumidas cuentas, entre quienes apoyan la cruzada del Dominador, y quienes lo critican tanto a él como a la misma legitimidad de su título.

De acuerdo a los designios proclamados por quien tiene un mayor peso en este culto en la actualidad, el final no es tal cosa, sino el momento en el que da comienzo una nueva era; esta nueva era recién comenzada.

El momento definitorio que separará a los pueblos dignos de aquellos que siguen la vía equivocada. Un ideario que lleva décadas sido utilizado para mantener viva una cruzada en la que se pueden haber ganado territorios, pero que no ha proporcionado una mayor prosperidad a su pueblo sino todo lo contrario.

El nivel de permisividad o integrismo de cada uno de los cismas en los que se han ido desgranado los Adeptos ha convertido en un momento u otro a quienes los practican en miembros reconocidos y aceptados por el alto estado de su iglesia o en proscritos.
A pesar de que la encarnación predominante de este culto en la actualidad se encuentra liderada por el gobernante del Dominio, esto no implica que quienes le siguen se encuentren cegados por la fe, todo lo contrario. A día de hoy su control se ejerce a través de la amenaza, la fuerza y el miedo, armas de doble filo que deben ser usadas con mesura.

La división entre iglesia y estado aún es clara, y el hecho de que el poder poder de una dentro de la otra sea el mayor que se ha conocido en lo últimos siglos, esto no ha evitado que sus decisiones en cualquiera de estos dos terrenos le sean discutidas. Su control sobre la nación y sus ejércitos sigue siendo absoluto, pero el pago por los favores requeridos para llegar hasta el poder puede terminar haciendo mella en este.

De cualquier manera, el tiempo y la guerra han provocado que tanto en su mensaje como en el de los propios Adeptos sean cada vez más cuestionados. Las voces en contra de la persona van perdiendo su timidez y cada vez se escuchan con mayor claridad y frecuencia, sólo para ser silenciadas de forma drástica. Tanto la visión que afirma defender como las acciones llevadas a cabo en su nombre han hecho que sus detractores se apoyen en las corrientes de pensamiento opuestas a las mayoritarias, algunas de ellas prohibidas hasta tiempos recientes, para cuestionarlo. La disidencia no se ha limitado a estas voces en contra de su líder, sino que han llegado a plasmarse en hechos concretos. Se han producido varios atentados fallidos contra su persona, pero aún cuenta con los apoyos suficientes como para ejercer su control con puño de hierro.

La que fue su arma principal lentamente se está volviendo en su contra, y todos aquellos mensajes de advertencia y conquista de los que se ha hecho proselitismo, han pasado a convertirse en una herramienta que se está utilizando para minar su imagen y su mensaje. Lo prolongado del conflicto ha hecho que su sueño de implantar un totalitarismo ideológico y político se tambalee, pero aún le quedan bazar por jugar.
El mundo continúa, y el esta nueva era se parece demasiado a aquella que supuestamente finalizó.

Por fortuna la presencia de credos tan agresivos acostumbra a encontrarse muy ligada a sus lugares e ideólogos de origen. El ciclo entre sus extremos tiende a oscilar, siendo necesario el transcurso de una gran cantidad de tiempo dentro de los márgenes de la lectura más moderada antes de que la llegada de otro aspirante a conquistador. Al igual que sucede con todo lo subjetivo, la flexibilidad de su preceptos permite que sean interpretados de acuerdo a una gran variedad de intereses. Así pues, hasta el credo más pacífico ha sido utilizadas en diferentes momentos como excusa e ignitor para las ansias expansionistas de los líderes de aquellos territorios en los que han estado presentes.

Uno de los pueblos que históricamente ha sido más beligerante a este respecto, el de Goord, está jugando un papel más conciliador de lo que ha costumbre en él. Tanto en el caso de las naciones en las que imperan el culto a Gâldaim como en las que se encuentra presente el de los Adeptos del Tanrakul, en los últimos tiempos se han producido eventos que se podrían entender como opuestos.

La llegada al poder de la Teócrata Liveska Tercera hace casi tres décadas supuso un cambio dentro de la actitud general de Goord. Tras la ascensión hasta el poder de su última jerarca, se han comenzado a dar pasos hacia una nueva modernización de esta religión. Así, mientras que en el caso del Dominio su posición no ha hecho sino retomar las lecturas más extremas que se han hecho de su ideadio y radicalizarlas aún más, en la teocracia de Goord se ha tratado de impulsar una la lectura más acorde a los tiempos de sus textos fundacionales.

Dentro de la teocracia uno de los elementos que más han marcado a las clases altas ha sido la ostentación de su fe en público, algo que para nada coincide con las prácticas que llevan a cabo en sus vidas privadas. Para quien buscaba encontrarse cerca del poder o aspiraba a hacerse con él, las muestras de devoción han sido históricamente herramientas sobre las que han construido sus estrategias, ya que este culto impregna todas y cada una de las instancias que componían la vida política en estas sociedades, pero esta situación ha ido dando un tímido vuelco con la llegada de Liveska.

La religión continúa encontrándose íntima e indisolublemente ligada a los estamentos del poder, y las muestras públicas de culto hacia la deidad, si bien no es algo que dictaminen sus leyes, a su vez siempre fue entendida también como una muestra de patriotismo. El hecho de que los ciudadanos de a pie no profesen una devoción real hacia estos credos de poco sirve cuando, de no dar muestras de fe, corren el riesgo de ser señalados.

Porque no solo quienes tiene el poder han esgrimido la tradición como arma, sino que esta también la han utilizado para sus pequeñas rencillas. El espacio público que ha ocupado este culto dentro del escenario político y social de su nación ha sido absoluto, pero esto no ha impedido en distintos momentos de su historia el surgimiento de voces discrepantes para con la interpretación imperante.

Si bien es cierto que en el caso de Goord el gobierno teoctático ha gobernado de manera ininterrumpida durante cerca de un milenio, esto no ha impedido que surgiesen cismas o nuevas interpretaciones de sus escrituras. Por más ligado que haya estado al poder durante tanto tiempo, la presente no es la única evolución que ha tenido lugar en su seno, sino que en el pasado también ha existido una alternancia constante entre miembros pertenecientes a las distintas fracciones de esta iglesia, al igual que han aparecido muestras de descontento y revueltas fuera del núcleo del poder.

Estas muestras de repulsa no siempre han tenido su origen como consecuencia de desavenencias ideológicas o de las luchas internas por el poder, sino que también se han construido sobre la desesperación de aquellos que ya nada tienen que perder. Durante las épocas de mayor escasez y necesidad la necesidad se han impuesto sobre el miedo y el poder de la masa se ha demostrado superior al de quien gobierna.
Al contrario de lo sucedido en otras naciones, en el caso de Goord cada vez que se ha producido un cambio violento, no ha existido un poder absoluto que controlase sus idearios o una lógica férrea guiando sus pasos. La certeza de sus partícipes en que ningún poder superior fuese a proveerles de los cambios necesarios se imponía sobre todo lo demás. La única alternativa a morir de hambre era la de morir a manos de quien tenía en su mano una posible solución. No luchaban por librarse de un poder despótico, sólo por la remota posibilidad de poder aspirar a una vida menos miserable.

Por más que la voz del pueblo se encuentre acallada en este tipo de culturas, esto no sólo no evita el surgimiento de voces discordantes entre los más desfavorecidos, sino que en ocasiones ha resultado ser el desencadenante de las revueltas más violentas.

Aun así, siempre que se han producido este tipo de levantamiento quienes han salido perdiendo han sido los mismos. En las escasas ocasiones en las que triunfaron estos movimientos, esto ha venido dado por el apoyo recibido por alguno de los aspirantes al poder. Por oportunistas o rivales que se han aprovechado de la situación de necesidad o descontento para construir sobre ellos su camino hasta aquello que ambicionan. Con esto, al no estar sustentadas sus reclamaciones sobre el estrato teológico de su opresión, estos triunfos del pueblo no han servido para que quienes profesan estas devociones por mera costumbre se hayan planteado su eliminación.

En Goord siempre se ha encontrado prohibida toda muestra de la práctica del culto de cualquier otra religión ya sea esta pública o privada, y esto es algo que ha cambiado con la llegada al poder de Liveska. Aun así, esta no deja de ser una medida diplomática destinada a mejorar sus relaciones con otras naciones. Por más que las muestras públicas de esto continúen prohibidas, los diplomáticos de otras naciones que se encuentran en los territorios de la teocracia puedan practicar sus ritos dentro de sus residencias y embajadas.

A su vez, las penas por el incumplimiento de este mandato también han sufrido leves alteraciones para el resto de ciudadanos, algo que no ha estado libre de controversia.
Por más que una gran parte de quienes forman parte de sus jefaturas, de la misma manera que sucede con toda gran organización, son individuos ávidos de poder, entre sus filas también se puede encontrar a gente con inquietudes altruistas o que defienden los valores positivos que se pueden extraer de sus enseñanzas. Liveska ha tratado de mantener un equilibrio entre estos perfiles en lo que respecta a sus consejeros y apoyos, pero los mares que navega son peligrosos y no ha podido evitar el granjearse la enemistad de personajes que han resultado ser escollos importantes en su camino.

Si bien es cierto que sus días de mayor grandeza ya han quedado atrás, la reputación del Iluma dentro de las estructuras de poder de Bra’Em’Kyg ha logrado mantener una cuota nada despreciable, razón esta por la que, en gran medida, su relación con la de los distintos jerarcas de la Iglesia Tayshari de Mystaler siempre ha sido complicada. Una situación esta que se ha acentuado tras la desaparición de la mitad de los territorios de esta nación durante los eventos acaecidos durante la última “Larga noche”.

El ser un organismo independiente le ha pasado factura en más de una ocasión, y los vaivenes ideológicos que se han producido a lo largo del tiempo dentro del Cinrath Yotunen, el órgano de gobierno de Bra’Em’Kyg, han provocado que en más de una ocasión su presencia se haya visto reducida a la mínima expresión.
Al contrario de lo que sucede con La Orden, dentro del perfil de los integrantes del Iluma nunca se ha prodigado el de los gestores o los animales políticos, algo que les ha causado más de un quebradero de cabeza, pero el apoyo que han recibido de otros grupos públicos y privados como puedan ser La Orden, La universidad de Amlash, el Chayashin Shatteru o las distintas sociedades pantallas que ha tenido de Sigma dentro de Daegon les han permitido sobrevivir a todos estos percances.

Esto no quiere decir que ninguno de sus líderes haya estado jamás interesado en el crecimiento de la organización, o que nunca haya entrado en su seno alguien con la única intención de usarlo como trampolín para llegar más alto, pero lo particular de la situación en Bra’Em’Kyg siempre ha hecho que cualquiera de estos pasos haya sido siempre excepcionalmente complejos.

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¿Qué es Daegon? IV: Sociedad, conocimiento y misticismo

Lun, 06/24/2019 - 20:21
A primera vista, y al igual que sucede con el resto de aspectos que hemos tratado hasta el momento, la manera en la que se han relacionado el mundo racional y el esotérico dentro de Daegon no diferiría en gran medida de la forma en la que los hemos conocido nosotros o de cómo acostumbran a ser presentados dentro de otros universos ficticios.

La religión, al igual que todo aspecto cultural de los pueblos de Daegon es algo vivo. De la misma manera, el mundo del conocimiento también es uno sometido a constantes revisiones. En cualquiera de estos dos ámbitos, aquello que se sabe, se considera o se supone cierto no tiene porqué serlo, y este es un hecho que no sólo atiende a razones de precisión, sino a la misma naturaleza de la realidad.

Al contrario de lo que sucede en nuestro mundo, el papel que han ocupado históricamente tanto la religión como el mundo científico como el religioso dentro de Daegon han sido en gran parte inversos a los nuestros. La humanidad ha ido perdiendo su capacidad de comprender su entorno con el transcurrir de los eones, pero esto no es algo que se encuentre directamente ligado al ascenso del misticismo. Los primeros pobladores del mundo fueron seres inmortales e increíblemente poderosos. Ellos mismos son lo más similar que se podría encontrar en este mundo al concepto tradicional de “dios”.

Todo lo que se encuentra englobado dentro del espectro de ambos campos son conceptos igualmente polarizantes. Ya estén construidos alrededor de una serie de suposiciones, de errores bienintencionados o de mentiras interesadas, a su alrededor se han construido o evolucionado diversas sociedades. Existen una gran cantidad de culturas para las que, ya sea como eje central o como elemento antagónico, su manera de entender la realidad se ha visto influenciadas por afirmaciones erróneas o sesgadas, interpretaciones más o menos afortunadas, o directamente por ideas contradictorias de las palabras o los estudios de uno u otro sector.

- El territorio mitológico

La línea divisoria que separa lo que se sabe de aquello que simplemente se especula con un mayor o menor grado de certeza no puede ser trazada con seguridad dentro de Daegon. Asimismo, tampoco se puede dividir de manera inequívoca aquellos mitos que son una simple invención de aquellos que se basan en la interpretación correcta de ciertos eventos.

En un mundo tan viejo como este, ya no quedan teorías puras. Todo conocimiento o creencia se encuentra impregnado por lo que la ha precedido, la ciencia bebe del mito de la misma manera en la que las distintas religiones lo hacen de los hechos demostrados. Es una vez se ha interiorizado esta verdad cuando se puede empezar a comprender las propias particularidades que pueblan Daegon a la hora de aterrizar estos conceptos.

A grandes rasgos, podríamos dividir el concepto de la religión dentro de este mundo en dos grandes ámbitos: el social y el metafísico. O lo que es lo mismo; la forma en la que puede afectar la religión a los jugadores o cómo se puede interpretar la realidad a través de los preceptos que promulgan las diferentes iglesias.

Tal y como se han planteado estos ámbitos en Daegon, el campo de acción principal de la religión se encontraría más cercano a un entorno realista que a uno fantástico. Su peso se encuentra claramente dirigido hacia el aspecto social, aunque los aspectos metafísicos sobre los que se han construido algunos de estos preceptos son tan válidos como aquellos explicados a través del método científico. Quizás la explicación que den los distintos teísmos acerca de algunos de estos conceptos y abstracciones sean erróneas, pero su efecto sobre el mundo real pueden ser demostrados mediante la simple observación.

En Daegon no existen los dioses tal y como suelen ser presentados tradicionalmente en otras ambientaciones fantásticas. No existen seres que otorguen dones a quienes les procesan devoción. No existe lo que podríamos llamar “milagros de la fe”. Pero esto no es óbice para que su concepción de la misma fe sea muy similar a la nuestra. Una fe que, al igual que en nuestro mundo, es aceptada o cuestionada en distintos grados y que también ha sido la fuente de la que han bebido distintos extremismos. Existen organizaciones fuertemente jerarquizadas y credos con apenas un puñado de creyentes muy acotados geográficamente. Cultos construidos sobre una creencia sincera y generalmente errónea, y mecanismos diseñados desde el más puro pragmatismo como herramientas de control social.

En la historia de Daegon, a pesar de que estas líneas divisorias siempre han sido muy claras, la presencia de eventos anómalos ha ayudado al surgimiento y consolidación de un cierto pensamiento mágico. Sin importar la causa de estos eventos, no sólo su mera existencia ha servido de acicate a distintos personajes para cimentar un culto a su persona, sino que lo indiscutible y extraño de su presencia ha hecho muy complicado a los estudiosos dar una explicación basada en datos objetivos y contrastables.
Todas las religiones que han sobrevivido hasta el día de hoy forman ya parte de la tradición de sus pueblos pero, en gran medida, el germen de casi todos estos cultos que han perdurado hasta la actualidad ha atendido a intereses en los que la preocupación por la metafísica tenía un peso nimio. Dentro de estas longevas organizaciones predominan los aspectos más pragmáticos y prosaicos sobre lo abstracto y lo espiritual. La campaña de imagen propia y descrédito contra quienes las cuestionan que la convicción acerca de lo que se defiende.

Por más que los distintos cultos existentes en Daegon tratan de imponer su visión del mundo, quienes promulgan estas verdades lo hacen en gran medida motivados por la costumbre o la conveniencia, no porque asuman sus dictámenes como verdades absolutas u objetivas. Las palabras contenidas en los textos sagrados son historia antigua, tradición, algo que embellecer para que sea válido en los tiempos modernos. Aquellos pueblos en los que predomina la lengua escrita han adaptado parábolas, sermones y dogmas con el paso del tiempo para tratar de adaptarlas a las necesidades, preguntas e intereses del momento en el que les ha tocado vivir. A día de hoy se pueden encontrar pocas copias de los textos fundacionales de cualquiera de las grandes iglesias sin alterar, pero su autenticidad es algo que desmienten los altos jerarcas de las mismas. En el caso de las culturas cuya tradición es oral no sólo estos preceptos tampoco han permanecido inalterados, sino que es altamente improbable encontrar ninguna de estas versiones primigenias escritas. Algo que se vuelve aún más complejo si se aspira a que haya sido trascrito por alguno de ellos.

Sin importar la cultura que diese origen a cualquiera de los diferentes cultos, las explicaciones que sostienen todos ellos acerca de la vida y el sentido de esta se encuentran basados de forma general en la pura especulación. Aun así, esto no quiere decir que todo en ellas sea una invención.

Porque, por más cierto que sea que en el universo de Daegon no existe ninguna entidad omnisciente custodiando o juzgando los pasos de la humanidad, o seres capaces de como los planteados en otras mitologías, no es menos cierto que quienes han tenido contacto con lo etéreo han sido capaces de atisbar de una manera más cercana e íntima conceptos que no pueden ser comprendidos por la mente humana. Experiencias que han tratado de interpretar y plasmar de una forma que pueda ser explicadas y transmitidas. Estas personas, en aquellas raras ocasiones en las que no han enloquecido o no han sido tratados de dementes, han sido la fuente de la que han bebido algunos de los patriarcas de las religiones.

Aun así, es raro que alguna de las religiones, ya sea esta “civilizadas” o “primaria”, que ha sobrevivido hasta la actualidad haya sido construida sobre una auténtica inquietud filosófica, intelectual o espiritual. Por más que la fe sincera pueda existir dentro de sus rangos más bajos, es el ansia por el poder la cualidad imperante entre quienes forman parte de sus clases dirigentes.

Mientras que las grandes religiones se encuentran fuertemente jerarquizadas, y cuentan con multitud de cismas, quienes representan este papel dentro de culturas menos sofisticadas basan su poder tanto en versiones muy primarias de la psicología, la sociología y otros tipos de conocimientos. En un saber que es en gran medida custodiados por ellos en exclusiva, y al que no pocos de sus seguidores consideran dones divinos.

Los sacerdotes de cualquiera de las distintas religiones carecen de dones otorgados por entidades ultraterrenas. Más allá del poder social que les granjea su puesto, sólo disponen de sus capacidades naturales y el saber obtenido gracias a su propio estudio. Por más eventos anómalos que hayan tenido lugar, jamás se ha producido en Daegon nada similar a una intervención consciente de alguna de las abstracciones con el objetivo de ayudar a quienes adoran alguno de sus aspectos. De esto no debe interpretarse que los conceptos que existen más allá del plano terrenal nunca hayan entrado en contacto con lo existe en niveles de realidad diferentes a aquellos que habitan sino que, cuando así ha sucedido, esto ha tenido que ver con la mera casualidad y por rezos, súplicas o sacrificios.

Porque, entrando en el terreno de lo metafísico, los conceptos que tienen su hogar más allá de la esfera de existencia de la humanidad apenas comparten similitudes con esta. Ni su manera de relacionarse entre ellos ni la percepción que poseen de su propia existencia son equiparables a la nuestra, pero este hecho no evita que sus movimientos afecten a los habitantes de Daegon, ni que, en menor medida, alguna acción global o individual de integrantes de la humanidad pueda llegar a afectarles de alguna manera. Existe una influenciado en ambos sentidos. Cada acción tiene sus repercusiones a distintos niveles, y algunas de ellas generan ondas que pueden llegar a extenderse más allá del lugar en el que ha tenido lugar.
De forma generalmente accidental, lo abstracto se ha vuelto concreto cuando se ha despertado en alguna porción de su interior algo tan humano como la curiosidad. La comprensión que posee la humanidad acerca de su propia existencia es una característica contagiosa. Un elemento que, de forma fortuita, se ha propagado más allá de sus filas. Un regalo casi siempre envenenado que ha tenido como consecuencia la creación de nuevos seres a partir de lo inmaterial. De conceptos híbridos. De nuevas entidades que han sido arrancadas del terreno de lo abstracto para ser arrastradas irremediablemente hasta lo tangible y lo concreto. Para ligarlas al “ahora”.

Estos nuevos seres siempre han sido excepcionales, pero lo han sido en la acepción más literal de la palabra. El mero hecho de haber sido “despertados” a las inquietudes humanas no les ha otorgado una comprensión del entorno en el que han pasado a existir, no les ha preparado para lo que significa sentir, razonar o experimentar el tránsito vital de una manera equiparable a la nuestra. No les ha preparado para ser finitos.
Quizás los haya separado del concepto al que pertenecían desde el principio de los tiempos, quizás se haya visto forzados a la adopción de una forma, a ser materiales, quizás algunos puedan llegar a parecer humanos pero, de la misma manera que estos cambios tienen porqué haberles hecho poseedores de capacidades anómalas, tampoco ha convertido a ninguno de ellos en aquello que pueda dar a entender la apariencia que han tomado.

Algunos de estos conceptos, dadas sus características, pueden haber sido etiquetados como seres que se encuentran por encima de la humanidad, cuando sólo se trata de algo diferente. Cuanto esto ha sucedido, han llegado a ser adorados o temidos, agasajados o perseguidos. Han amado o despreciado su nuevo estado y a quienes le han rodeado, cohabitado con ellos o buscado el final de este nuevo estadio de su existencia. Estos mismos comportamientos serían extensible también hasta los conceptos no humanos ya sean o no nativos de Daegon. Quizás algunos de estos sean poseedores de una comprensión de su ser y su entorno similar a la nuestra, pero siempre existen matices que que nos diferencian de alguna manera. Dentro de esta categoría también se podría incluir a aquellos cuya aparición en este mundo fue previa al surgimiento de la humanidad tal y como es en la actualidad.

Porque, por más terrenales y prosaicas que puedan ser las religiones, esto no convierte en farsantes a todos quienes forman parte de ellas, sólo los separa en tres grandes grupos: aquellos compuestos por quienes ambicionan el poder, por la gente con una concepción equivocada de la realidad y por quienes no cuestionan la cultura en la que habitan.
Algunos de los conceptos básicos a los que apelan sus credos tienen una base tangible. Por más que no existan entidades homólogas a las que pueblan los panteones clásicos, conceptos como los Mayane Undalath, los Jonudi, los Kesari, los Kayain, los inmortales o los padres de la humanidad han servido también como fuente de inspiración para multitud de mitos creados de una manera totalmente descontextualizada. Seres a todas luces “inhumanos” de una u otra manera, cuyos actos o mera presencia en más de una ocasión han supuesto un cambio significativo para el momento y lugar en los que les ha tocado vivir. Cambios que, muchas veces, se han producido sin ser ellos conscientes de tal hecho. En cualquiera de estos casos, por más que su aspecto pueda haber llegado a ser humano o humanoide, ni la simple apariencia ni la convivencia les han otorgado la comprensión de aquello en lo que se convirtieron, la realidad en la que pasaron a habitar o la manera en la que son percibidos.

En Daegon han existido una gran variedad de seres únicos. Entes que quizás hayan sido más longevos o más poderosos, pero más allá de su simple excepcionalidad, ni siquiera aquellos procedentes de conceptos o axiomas próximos entre sí han resultado similares. Una vez que han abandonado o han sido extraídos de sus respectivos hogares pocos de ellos han dado muestras de poseer algún tipo de rasgo común.

Así pues, por más que la historia de Daegon haya contado con un escueto número de seres anómalos, ninguno de estos encajaría con la definición tradicionalmente asociada a cualquier tipo de divinidad. Este hecho, por otro lado, jamás ha supuesto un impedimento a esta u otra humanidad a la hora de crear sus propias respuestas a las grandes preguntas. Respuestas que en raras ocasiones han estado basadas en verdades absolutas u objetivas.

Los textos sagrados, pues, son ficción pura. La dramatización de hechos que sí que sucedieron o el intento por explicar en términos humanos algo que no puede ser expresado con ellos. No están basados en mensajes intencionados procedentes de entidades omniscientes u omnipotentes. El contenido de ciertas secciones plasmadas en ellos pueden haber llegado a asemejarse a ciertos elemento reales, pero estos se encuentran casi siempre distorsionados a través de un prisma externo. Desde un punto de partida o unas asunciones erróneas.

Las creencias que existen en Daegon son diversas, similares en cierta medida a las existentes en nuestro mundo. Comparten historias de heroísmo y la recompensa a quienes siguen aquellos valores que imperan en un momento y lugar. Se encuentran íntimamente ligados al “ahora” en el que fueron remozados por última vez.

- El rechazo a un poder superior

El agnosticismo y el ateísmo también están presentes en Daegon, pero más allá de ellos también existen otras maneras de rechazo hacia lo que implica el mismo concepto de la divinidad. Dentro de este mundo se pueden encontrar varias culturas en las que cualquier tipo de religión organizada se encuentra prohibida, aunque las razones detrás cómo ha evolucionado cada una de estas culturas y los motivos que llevaron a sus dirigentes a tomas estas decisiones acostumbran a ser diversas.
De cualquier manera, de la misma manera en la que este puede ser entendido como un rasgo cultural, la mera pertenencia a estos grupos sociales no implica la aceptación automática de los preceptos que se esgrimen para su conjunto.

Por un lado, las respuestas que se dan a las preguntas trascendentes nunca resultan algo halagüeño. Por otro, el negar los preceptos oficiales siempre ha sido una de las opciones predilectas para quienes buscan la rebelión como impulso vital.
Así, mientras que no es necesario profesar algún tipo de fe para negar o tratar de rebatir la validez de estas tradiciones culturales, este tipo de argumentos siempre resultan más fáciles de aceptar que aquellos que promulgan la muerte como un final absoluto.

- La ciencia en Daegon

Conviviendo, fusionándose y enfrentándose con estas realidades existe en Daegon un importante número de individuos y colectivos que buscan las respuestas a las grandes preguntas a través de otros medios, pero el saber y la certeza son bienes esquivos en esta realidad.

Como ya se ha mencionado con anterioridad, las leyes axiomáticas que gobiernan Daegon son algo cambiante. Quizás los periodos de tiempo que abarca cada uno de estos ciclos de cambios sean enormes pero, cuando uno de estos ha sobrevenido, tanto quienes se han visto envueltos en esta alteración como sus descendientes se han visto forzados a re descubrir los fundamentos sobre los que se basa su conocimiento. La matemática, la física o la química son diferentes en Daegon. Las fuerzas, preceptos y componentes que tratan de describir no se ajustan ni en su forma ni en su constancia a las que conocemos.

Estos cambios no afectan únicamente al entorno en el que existe la humanidad sino que esta también se ha visto moldeada de forma sutil por los mismos. En el pasado lejano la humanidad no sólo fue un concepto diferente al presente, sino que su conocimiento del universo y los avances científicos derivados de él superaron con creces los de la ciencia ficción más fantástica.

Comprender el entorno en el que existen siempre ha sido una de las prioridades de un gran número de pueblos de Daegon. Algo que ha hecho que la observación y el estudio forme una parte muy importante del bagaje cultural de muchos de ellos.

Porque no en todas las naciones de Daegon se encuentra presente el misticismo de la misma manera o con la misma intensidad. En un gran número de ellas se pueden encontrar distintos organismos dedicados al pensamiento racional y al análisis de los distintos aspectos de la realidad desde un punto de vista analítico.
En todas ellas no se fomenta la obtención del conocimiento de la misma manera, ni se le da un uso similar a este saber. La ciencia en sí misma no sólo no es garante de una ética superior, sino que puede llegar a ir acompañada de los mismos defectos de cualquier otro medio a través del que se puede acceder hasta el poder.

El hecho de que podamos encontrar en Daegon lugares en los que se almacena un conocimiento libre de superstición no implica que que este se encuentre disponible para cualquiera. También se han construido templos al saber. Catedrales tanto o más colosales que aquellas dedicadas a cualquier culto y con unas condiciones de acceso igualmente restringidas. Este saber no se limita únicamente al conocimiento de la historia, sino que la ciencia también juega un papel muy importante dentro de la estructura del poder.

A ambos extremos del Pramayán existen organismos científicos que tratan de comprender el mundo en el que existen. Estamentos algunos de los cuales han llegado a tener la entidad suficiente como para no depender de ningún estado. El máximo exponente de este hecho sería La Orden de Cahirn Ansay, una ciudad que antaño perteneció a Baern y que, no sólo obtuvo su independencia hace siglos, sino que esta se encuentra salvaguardada por a un complejo entramado de alianzas con naciones y organismos de todo el continente.

La forma en la que afronta el estudio y el saber se ha visto afectada por lo cambios a los que se ha visto sometido cada territorio. Así pues, aunque puede variar en cada cultura, la mutabilidad de la realidad es una verdad que muy pocos ponen en duda. Por más que hayan pasado milenios desde el último gran evento definitorio, una parte significativa de la labor de quienes componen el mundo científico es la de analizar y valida de forma constante lo que ya sabían. Sólo son conscientes de una manera parcial de todo lo que se ha perdido, pero esto es más que suficiente como para saber una parte del camino que les queda por recorrer. A pesar de que han logrado recrear tecnologías que son impensables en nuestro mundo, en la actualidad sus civilizaciones más avanzadas apenas logran distanciarlos de algunos de los periodos más oscuros de nuestra historia.

Hablando estrictamente, en Daegon no existe la magia, pero una parte de su ciencia sería difícil de distinguir de lo que entendemos por este concepto. Los distintos niveles de existencia son un hecho objetivo, al igual que la inmortalidad, las entidades híbridas o las radiaciones que se filtran entre universos. Todos estos conceptos son estudiados de manera sistemática de acuerdo a los preceptos de la llamada Ciencia Arcana. El saber de lo recóndito, la comprensión de aquello que apenas puede ser intuido o percibido por los sentidos.
Por más que algunos atribuyan cualidades extrañas o sobrenaturales a lo que se logra a través de este estudio, lo que se ha logrado mediante él nada tiene que ver con el misticismo, la superstición o la mera repetición acrítica de patrones diseñados por terceros.

No sólo la realidad ha cambiado, sino que también lo ha hecho la humanidad en su conjunto. Pero de haber algo que no ha cambiado es su necesidad de respuestas. En un entorno expuesto a lo anómalo como es el de Daegon, dado el bagaje histórico de ciertos pueblos, saber a lo que se encuentra uno expuesto no es una opción. Quizás lo infrecuente de estos cambios haga que la tensión no siempre sea la misma, pero si algo han aprendido es que no pueden confiar en que sean otros quienes les salven.

Porque, por más que ya no se conserve vestigio alguno de los días en los que la inmortalidad fue una cualidad humana, son dolorosamente conscientes de una parte de los dones de los que ya no disponen. De aquellos que les han sido arrebatados.

La realidad es un concepto cada vez más anciano y, como tal, más complejo. Tanto aquella realidad como las que colindan con ella se han ido transformando y fragmentando. Con el transcurrir de las edades, la lenta interacción, nacimiento e inclusión de otras abstracciones en su núcleo axiomático ninguna de ellas ha dejado de verse sometida a pequeños cambios.

Aquel concepto que conoció la primera humanidad, desapareció hace ya mucho tiempo, pero no se esfumó de manera voluntaria. La comprensión de la realidad que se logró obtener durante aquellos días no ha logrado ser igualada, pero no porque la humanidad se haya vuelto más estúpida, sino porque aquella era una realidad más sencilla. Tan sencilla y antigua que ni siquiera ha sobrevivido hasta la actualidad el recuerdo de aquella remota edad o de quienes la poblaron.
Con la pérdida de aquella longevidad a la humanidad no se le ha arrebatado la inteligencia o el potencial que poseyó antaño para la comprensión de lo que la rodea, pero cada nuevo cambio supone una nueva pérdida para el saber contemporáneo.

Existe una lucha entre el pensamiento científico y los falsos escépticos, los cínicos y los ignorantes que se apoyan en estas pérdidas para utilizarlas como una nueva demostración de que la ciencia no es algo “real”, pero con cada nuevo avance estas voces logran ser acalladas parcialmente.

Esta no es sino otro más de las múltiples conflictos que tienen lugar en este mundo. Una lucha que muchos creen perdida o una quimera. No son pocos los que afirman que el papel de la humanidad dentro del mundo no es el de comprenderlo o tratar de dominarlo. Que esas ideas ya fueron puestas a prueba en el pasado y que, por la arrogancia del hombre, su hogar casi fue destruido. Que los males que padecen a día de hoy son la consecuencia del atrevimiento del pasado. Que lo que se busca no es algo noble como el conocimiento, sino nuevas armas con las que someter a los que piensan distinto. Herramientas peligrosas que sólo pueden llevar hasta un nuevo ciclo de desdichas.

La realidad es maleable, pero existen razones, patrones en cierta medida observables, cuantificables y replicables detrás de cada uno de sus movimientos. Aparte de por la misma naturaleza o la acción de la humanidad, los conceptos sobre los que se encuentran afianzados las principios básicos de la existencia y, por añadidura, en los que se basa la ciencia, también se encuentran sometidos a otro tipo de influencias. Estas entidades evolucionan al igual que lo hace todo ser vivo, cambiando y, a su vez, generando cambio en todo aquello que les da forma y que es una parte de ellos. Su nivel de estabilidad depende del momento en el que se encuentre sumida cada una de ellas y la manera en la que esto afecte al resto. La realidad no es algo inmutable, peor ello no implica que los axiomas que gobiernan el universo en el que existe Daegon no puedan llegar a ser explicados.

Si bien estos cambios han sido excepcionalmente raros si los si se analizan desde la percepción humana del tiempo, los movimientos de la mecánica cósmica jamás se detienen. La forma en las que se han ido consolidando cada uno de ellos ha variado y cada cambio ha tenido una serie de causas y un conjunto de consecuencia diferentes. De la misma manera, la manera en la que se han propagado a lo largo del tiempo tampoco ha sido uniforme. Entre el momento de su inicio y el instante en el que se han plasmado en Daegon pueden haber pasado milenios, pero de cara a la humanidad, por más detalles y discrepancias que se pudiesen haber detectado con anterioridad, siempre han sido interpretados como algo súbito.
En cada una de estas ocasiones, sus repercusiones han diferido y, mientras que cuando la humanidad era mucho más longeva, algunos de sus componentes fueron capaces de presenciar y anticipar todo el proceso, según fue menguando su esperanza de vida cada uno de ellos ha condicionado no sólo a los avances científicos, sino también la misma formación de las estructuras sociales.

Así pues, no sólo la producción de cierto tipo de tecnologías preexsitentes se han vuelto imposibles, sino que los avances sociales que supusieron en multitud de ocasiones desaparecieron junto a ellos. Por más que en el pasado la ciencia llevase a la humanidad a unas cotas de sofisticación que jamás hemos conocido, en la actualidad artefactos pertenecientes a nuestro pasado como las que serían los equivalentes a las armas de fuego, las máquinas impulsadas por el vapor o el almacenamiento y la manipulación de energías como la eléctrica o la nuclear no son viables.
Estos hechos no vienen derivados únicamente porque no se hayan realizado los avances necesarios para su descubrimiento, sino porque los principios en los que se basaron sus sus descubridores ya no son válidos en esta realidad.

Aún así, de la misma manera que estos axiomas han desaparecido, también se pueden llegar a dar las condiciones necesarias para su regreso pero, de manera independiente a lo remoto de esta posibilidad, esto tampoco garantizaría la recuperación de todo lo perdido. El hecho de que estos cambios se puedan producir en cualquier sentido sólo implicaría la recuperación de axiomas del pasado, pero no otorgaría al mundo presente el conocimiento del pasado. De llegar a darse tal situación todo tendría que ser descubierto de nuevo. Teorías ya desechadas tendrían que volver a ser evaluadas y sería necesario que esta situación se mantuviese de una manera estable durante el tiempo suficiente para que se produjese el redescubrimiento y para que se volvieran a crear las infraestructura necesaria para consolidar estos avances.
Si añadimos a esto que, dependiendo de la cercanía de cada ubicación axiomática perteneciente a otros niveles de existencia estas condiciones tienen efectos distintos, se podrían llegar a dar en un determinado momento o lugar las condiciones necesarias para que algún dispositivo del pasado lejano que no haya sido desmantelado vuelva a ser funcional como consecuencia de una fluctuación en las grietas que comunican las distintas realidades, para volver a ser un objeto inerte tras el regreso de la normalidad.

Como consecuencia directa de todo esto, las particularidades de este conjunto de realidades han provocado el surgimiento de campos de estudio que no se podrían dar en nuestro mundo. Elementos que son estudiados de manera rigurosa y formal mientras que su presencia en nuestro día a día sólo tiene lugar bajo la forma de la palabrería hueca o el pensamiento mágico. De la misma manera, la propia naturaleza física en Daegon ha hecho posible el desarrollo de tecnologías que en nuestro mundo no podrían haber tenido lugar.

Campos como el de la ciencia de los materiales siempre ha gozado de una gran relevancia de manera indistinta tanto entre los cuerpos de estudio más prácticos como en el de los más teóricos. El descubrimiento y el control de nuevos materiales no sólo se encuentra presente en el terreno escolástico, sino que tanto la industria como distintos estados han realizado importantes aportaciones económicas a este respecto dado que ser el primero puede implicar una superioridad tecnológica y económica sobre las naciones vecinas o el rival empresarial.

Los grandes hitos tecnológicos del pasado reciente daegonita han tenido lugar en dos campos muy concretos; el de la mecánica y el de la contención de energías exóticas.

Si bien es cierto que esto no se ha logrado plasmar en la construcción de armas, este siempre ha sido uno de los objetivos prioritarios de los grandes inversores. Dependiendo de las características particulares de cada material su explotación se ha visto potenciada por distintos sectores, pero aún se encuentran muy lejos de lograr desarrollar dispositivos estables capaces de recolectar, almacenar y encauzar las radiaciones exóticas.

Por otro lado, los niveles de precisión en cuanto a la ingeniería mecánica rivalizarían, cuando no superan a los nuestros. La robustez de las grandes máquinas y la eficiencia de los mecanismos complejos con los que se puede llegar a trabajar en Daegon les ha llevado a desarrollar dispositivos más complejos que los de cualquier mecanismo de relojería jamás construido. Algo que ha hecho que el campo de la mecánica sea uno de los que goza también de un importante desarrollo.
La falta de una fuente de energía exógena estable que alimente a las grandes máquinas no ha impedido que su industria haya comenzado a despegar, y tanto la fuerza del aire como la del agua han conseguido ser encauzadas para alimentar a una parte importante de su desarrollo.
Las zonas atravesadas por grandes caudales de agua disponen de presas que alimentan a sus fábricas, mientras que en otras menos afortunadas se continúa utilizando la fuerza animal o la humana para que estas no dejen de producir.
Tanto el diseño de estas presas como el de los molinos o los engranajes que mueven son campos en alza dentro de las naciones más industrializadas. Su fuerza se utiliza tanto para la confección textil como para la de siderúrgica, la mecánica o la alimentaria.

También existen grandes transportes de cargas parcialmente mecanizados diseñados para requerir de una menor dependencia animal, así como grandes y complejas máquinas dedicadas a la construcción. Los increíblemente precisos mecanismos de sus relojes pueden llegar a ser utilizados como aviso ante pequeñas fluctuaciones en los axiomas, y tanto el diseño de sus mastodónticas presas o ciertos molinos que apenas necesitan de viento son secretos por los que se puede llegar a matar.
Los grandes navíos diseñados para el transporte de mercancías también disponen de motores capaces de impulsarlos ante las adversidades climatologías. Las aplicaciones que se dan a este campo del conocimiento aún están muy lejos de agotarse.

Las técnicas de manufactura de todos estos dispositivos puramente mecánicos, de una manera que puede parecer contradictoria con su nivel tecnológico, se encuentran en unos niveles de sofisticación increíblemente avanzados en ciertas naciones. Por otro lado, la investigación sobre los materiales capaces de almacenar cierto tipo de radiaciones exóticas es un área de estudio sometida a fuertes presiones.

La manipulación de este tipo de fuentes de energía es altamente peligrosa, y pocos son quienes poseen el conocimiento, los recursos, la pericia y, en ocasiones, la inconsciencia necesarias para llevarla a cabo. El salto cualitativo que podrían tener de darse resultados exitosos en estos campos hace que se encuentren muy valorados en el plano teórico, pero la alta inestabilidad de los mismos conlleva unos riesgos que históricamente han causado grandes daños. La falta de una comprensión completa de todas las fuerzas implicadas han hecho que, sobretodo en aquellas naciones en las que predominan los teísmos, exista una especial beligerancia generalizada contra ellas.

A pesar del alto nivel de desconocimiento, del riesgo y las malas experiencias del pasado, este tipo de actuaciones están desprovistas de cualquier misticismo. Dentro de los estamentos científicos no existe diferencia entre cómo son estudiadas las leyes generales de la mecánica cósmica o la ciencia aplicada a la agricultura. Ambas son ciencias que se basan en los mismos modelos de trabajo, falsación o validación.
Donde sí que existe una notable diferencia en cuanto a su viabilidad es a la hora de tratar de llevar este conocimiento a la práctica. Una vez más no existe unanimidad a la hora de afrontar estos temas. Cada nación tiene sus propios mecanismos culturales, sociales y legales para tratar con la materia, pero los peligros derivados de manipular ciertos tipos de elementos acostumbran a estar sujetos a un escrutinio pormenorizado. Así pues, la llamada “Ciencia Arcana“ es en la actualidad, salvo en contadas excepciones, una materia eminentemente teórica.

Porque no sólo las ciencias aplicadas gozan de un desarrollo significativo en Daegon. La ciencia arcana no se dedica únicamente a buscar fuentes de energía o herramientas a ser explotadas, sino que, sobre todo, se trata de una ciencia preventiva. En conocer lo que existe más allá del universo tangible para ser capaz de prever sus efectos cuando entre en contacto con su realidad, en tratar de comprender el funcionamiento de todos los elementos que conforman la existencia.

Este aprecio por el conocimiento no se da únicamente en el mundo civilizado, sino que en algunas de las culturas menos avanzadas que pueblan Daegon también se ha desarrollado el interés por ciertos campos de la ciencia. La mente es un bien muy preciado en un universo en el que muchos enemigos no pueden ser derrotados con la mera fuerza física y, en un gran número de ocasiones, ni siquiera pueden ser combatidos. Los sucesos anómalos no entienden de nacionalidades, rivalidades generacionales o alianzas temporales. Cuando los mitos ancestrales y el misticismo no son capaces de proteger a los pueblos, es el momento en el que se forjan alianzas de lo más extrañas.

Algunas de estos pueblos también han desarrollado técnicas útiles a la hora de predecir cierto tipo de sucesos, pero estas se encuentran basadas más en la tradición y la repetición que en un estudio pormenorizado de de todos los factores implicados. Sus comprensión de las materias y sus conclusiones son vagas, pero no por ello menos útiles para su supervivencia. Por más que lo poco ortodoxo de sus métodos haya llevado a las naciones más “avanzadas” a desestimar sus conclusiones, en ciertos campos sus aproximaciones han resultado ser más eficientes, aunque no por ello siempre les han servido para prepararse ante lo anómalo.

Por otro lado, y siguiendo con estos estos pueblos, en ocasiones su conocimiento acerca de los materiales con propiedades particulares también es superior al de civilizaciones teóricamente más avanzadas. De nuevo, quizás desconozcan el detalle pormenorizado de aquello con lo que tratan, quizás no tomen todas las precauciones que serían recomendables, pero aquellos pueblos en cuyos territorios se pueden encontrar yacimientos de estos elementos estos han llegado a alcanzar una destreza considerable en su uso para funciones insospechadas.

Así pues, a pesar de existen una gran cantidad de similitudes entre la manera en la que los habitantes de Daegon entienden el conocimiento y cómo lo entendemos nosotros, las diferencias de su entorno han hecho que su evolución difiera de la nuestra.
Gran parte de los casos que hemos comentado en esta sección hacen referencia a casos infrecuentes pero, ya sea como consecuencia de la manera en la que interactúan con lo que les rodea en el día a día, en cómo se enfrentan a los retos, o en el impacto que tiene cada uno de sus descubrimientos científicos, sus avances no son equiparables a los que han tenido lugar a nuestro mundo.

El ansia de conocimiento ha sido en ciertos lugares la consecuencia de algún hecho traumático; la consecuencia de la lucha que mantienen contra una naturaleza que les ha marcado históricamente. Han sido muchas de las culturas que han sufrido alguna tipo de consecuencia de mayor o menor intensidad como consecuencia de la inestabilidad y los solapamientos planares, pero quienes han padecido las experiencias más traumáticas son quienes más han hecho más para tratar de comprenderlos. Han sido estos sucesos de su pasado quienes les han espoleado para que se fomente el estudio de los mismos y la razón por la que, siglos después del advenimiento de aquellos que han quedado grabados en su acerbo, se mantengan activos los organismos científicos que nacieron para tratar de prevenirlos. Si bien es cierto que el aprecio que les tienen sus ciudadanos se encuentra directamente relacionado con la actividad extraña que tiene lugar en su territorios, incuso en aquellos lugares en los que no se ha producido ninguno de estos durante varias generaciones sólo se cuestiona su razón de ser en los momentos de mayor necesidad en algún otro aspecto social.
Ninguno de ellos ha logrado desarrollar métodos para evitar la llegada de nuevas tragedias, pero sí que han tenido pequeños éxitos a la hora de predecirla o ubicar los territorios que se verán afectados.

De la misma manera que las aplicaciones prácticas se encuentran en constante evolución, existe una clara comunicación entre esta y el mundo teórico. La innovación no sólo se encuentra presente dentro de estos entornos sino que también se puede encontrar más allá de ellos.
Dentro de las grandes urbes no sólo puede dar uno con los grandes estamentos científicos, sino también puede cruzar su camino con diletantes pertenecientes a las clases pudientes que tratan de aunar ambos mundos. Inventores pertenecientes principalmente a familias nobles o industriales, o auspiciados por estas clases sociales o algún organismo estatal.

No todo el estudio se encuentra constreñido dentro de las paredes de una universidad, una laboratorio o las fronteras de una única nación. Asociaciones internacionales como el Nalushat Avasanyali han tratado de aunar los esfuerzos de distintas organizaciones locales en pos de objetivos más grandes. De proyectos como el “Corredor de Nagaidu” que trata de crear un mapa topográfico de los flujos de Gettar, una de las escasas radiaciones exóticas más estables que se conoce y una de las pocas que se han podido utilizar como fuente de energía.

En el cómputo global, existen más organismos científicos en Daegon que religiones organizadas aunque, si comparamos el número de sus integrantes, dependiendo de los parámetros elegidos podríamos obtener lecturas bien distintas.

Si lo que comparamos en el conjunto de quienes forman parte de sus estructuras de poder, el mundo científico saldría ganando, aunque esto en ocasiones ha supuesto un problema. Si las distintas iglesias se encuentran fragmentadas en cismas, los estamentos científicos no sólo no difieren en este sentido, sino que también los superan. Las diferencias culturales y la falta de un referente formal a la hora de resolver las disputas resultan un obstáculo difícilmente salvable cuando se enfrentan ego, certezas y sesgos.

Si lo que comparamos es su número bruto de integrantes, los números crudos darían ventaja al mundo religioso, aunque esta no deja de ser una conclusión un tanto falaz. Porque una cosa es quienes se limitan a seguir las tradiciones culturales y otra muy distinta la verdadera fe. La distancia que separa a quienes creen firmemente en lo que hacen y esperan resultados de sus plegarias y quienes se limitan a repetir sin criterio las tradiciones es abismal.

Independientemente a su número, ya sea bajo forma de industria, el ámbito académico o los pequeños inventores, el mundo científico es algo muy vivo en Daegon. Quizás se encuentran muy por debajo de nuestros estándares en un gran número de campos, pero su evolución en aquellos que no existen en nuestra realidad han llevado a sus pueblos a lugares que jamás conoceremos.

- El legado del pasado

Pero el presente no deja de ser una pálida sombra de lo que se logró obtener en distintos momentos del pasado. De todas las barreras que lograron ser superadas con tecnologías imposibles en nuestro mundo.

Aún quedan algunos vestigios de aquel pasado accesibles en el presente. Obras colosalistas como “El Anillo” o más mundanas como las fortalezas horadadas en las montañas por sus ancestros y que hoy se encuentran habitadas por los ciudadanos de Beretear o Ton’Kaheru, ciertas ciudades como la de Áldern sobre cuyas ruinas se ha construido una y otra vez o como el gran zigurat de Rishgarma sobre cuyas ruinas se conformó una parte de la cultura dengar. Existen naciones enteras que, sin saberlo, se han construido sobre partes de los restos de antiguas megalópolis.

Algunas de estas obras, a pesar de pasar desapercibidas, son visibles como aquellas que forman parte de sus grandes infraestructuras otras, como la ciudad errante de Stergión, es imposible que no llamen la atención. Pero aquellos restos que permanecen en Daegon no no son los únicos vestigios que quedan de aquel pasado lejano.
Más allá de la atmósfera del planeta, por encima incluso del Anillo, se pueden encontrar otros restos de las antiguas civilizaciones. Distintos satélites que un día fueron bases militares o científicas que hoy orbitan Daegon desprovistos de los axiomas que un día les hicieron funcionar y sin nadie que controle sus rumbos. Pero no todos ellos vagan sin rumbo, ya que entre ellos se encuentra Sigma 3.0, la plataforma orbital para la investigación planar que abandonó antaño esta realidad para regresar siglos después.

Más allá de esta, sobre la superficie de la luna que orbita Daegon, Lutnatar, se encuentra la ciudadela de Falsgar. Un lugar raramente habitado, pero que ha servio como refugio durante milenios a uno de los inmortales que habitan este mundo.

Podemos adentrar nuestra mirada en lo más profundo del universo y allí encontraremos otros mundos habitados, colonias cuya evolución puede haber ido pareja a la de Dagon o haberse desviado completamente. Una situación muy similar a la que se puede encontrar en otros niveles de existencia.
Tanto la evolución de la ciencia, como la del misticismo son diferentes en cada uno de estos entornos. Si ya dentro de un contexto tan ínfimo como el de Daegon podemos encontrar diversidad de axiomas, cuando extrapolamos este escenario a un multiverso completo las posibilidades son infinitas.

Cultos organizados y estamentos científicos

La manera en la que se encuentran implantadas las distintas tendencias que hemos descrito hasta el momento en cada lugar del globo varían enormemente. En casi todas ellas conviven de una u otra manera dentro de sus sociedades. La pertenencia a uno un otro grupo no garantiza que sus visiones del mundo coincidan por completo, y no es raro que se lleguen a dar alianzas en apariencia antinaturales entre componentes u organismos de ámbitos teóricamente enfrentados contra quienes deberían ser sus hipotéticos aliados.

No existe una hoja de ruta definida para ninguna de ellas, y sus dudas, discusiones internas, contradicciones y cismas no hacen sino ampliar su diversidad. El camino que toman cada uno de estos grupos depende por entero del contexto presente en el que se encuentran. Pueden esgrimir argumentos o dedicarse a repetir ciertos formalismos heredados, pero rara vez tienen su vista puesta en el pasado salvo cuando este les sirve para los objetivos presentes de sus dirigentes.

- El origen común

De la misma manera en que no todas las religiones se encuentran ligadas a una demarcación geográfica, tampoco todos los organismos científicos dependen de un único poder central. Asimismo, por más que algunos pueblos se puedan rebelar contra su pasado o desconocerlo por completo, lo que es indudable es que, por más que la manera de entender el conocimiento y la fe hayan cambiado a lo largo de las eras, ambas se encuentran poderosamente ligadas en su origen.

Si estamos dispuestos a profundizar, podemos trazar cada idea hasta los albores de la humanidad y ver cómo surgió y cómo ha ido evolucionando a través de las eras. Por más que en la actualidad podamos encontrar mitos surgidos en tiempos recientes, o descubrimientos científicos cuya naturaleza fuese inviable milenios atrás, todo mito y todo método de estudio bebe de alguna manera de aquellos que les precedieron. Existen multitud de organizaciones dentro de ambos ámbitos que se podrían utilizar como elemento de muestra de este hecho pero, de haber algún concepto que cuya naturaleza se ha visto menos afectada por los vaivenes de la evolución humana en Daegon, estos serían los que ejemplifican el culto a los Señores de Ilwarath y el Nalushat Avasanyali. Dos ideas tan íntimanente ligadas en su concepción como contrapuestas en la actualidad.

Si bien es cierto que ambos organismos se encuentran fuertemente descentralizados y que su presencia en aquellos lugares en los que ha tenido lugar no tiende a adaptarse a los criterios habituales de sus respectivos ámbitos, esto no los convierte en fuerzas a ignorar.

Se podría decir que, a pesar de lo antagónico de su naturaleza, dentro de sus respectivos espectros de acción ambas atienden a criterios contraintuitivos. Que cualquiera de estas dos organizaciones no dejan de ser anacrónicas, aunque la razón para llegar hasta esta conclusión en cada una de ellas vendría dada por razones contrarias. Que, por más que sean lecciones procedentes de su pasado más remoto, sus ideas son tan avanzadas que aún están lejos de ser comprendidas o aceptadas por los pobladores actuales del mundo. Las fronteras que separan a ambas organizaciones se encuentran construidas sobre capas y capas de modernidad. Sobre la negativa de la humanidad por aceptar su insignificancia.

Si analizamos el núcleo de los preceptos que compone el culto a los Señores de Ilwarath y aquellos surgidos de su misma base, todos ellos se encuentran fundamentados sobre esta negativa a aceptar lo que se sabe inevitable. Estos son, con gran probabilidad, aquellos en los que se puede encontrar la expresión más pura de distintos aspectos de la naturaleza humana. Aquella que, por más que reconozca lo inevitable, no está dispuesta a desvanecerse sin presentar toda la lucha posible.
Su fe no se encuentra fundamentada sobre promesas vacías, sino en la remota posibilidad de estar equivocados. En la esperanza que proporciona la posibilidad de seguir vivos, y la hipotética capacidad que esto le otorga para que exista un mañana. Lo que podría ser una traslación directa de una verdad objetiva se oculta detrás de su fe en sí mismo. Detrás de una verdad incómoda a la par que incuestionable que no tiene tanto que ver con gestas heroicas o recompensas como con su incapacidad para imaginar la no existencia y, como consecuencia, su negativa a aceptar la interpretación certera de de aquello que no puede ser experimentado a través de los sentidos.

El fatalismo es algo inherente a estos credos, pero también la esperanza que proporciona la incertidumbre, la esperanza de estar equivocados. Esta que una verdad difusa e incomprensible que, irónicamente, se encuentra basada en datos objetivos, sólo sea un error en su interpretación de la realidad. Algo que puede llegar a ser rebatido cuando no directamente cambiado.

Porque esta es una verdad heredada de antaño. Quizás el único legado de los padres de la humanidad que, por más transformaciones que haya sufrido, ha sobrevivido alterada únicamente en meros matices hasta la actualidad.

Dentro de la multitud de “ahoras” que ha vivido Daegon existió uno sin mitos o miedo, sin muerte o necesidades inalcanzables; Los días previos a la aparición de sus primeros pobladores humanos y los tiempos que siguieron de manera inmediata a estos. Los tiempos en los que, no sólo se definiría lo que es el conocimiento o el mito, sino que también se conformaría la manera en la que serían experimentados por sus descendientes.

En aquel momento previo a casi todo, cuando fue la propia humanidad quien poseía un gran número de atributos que los emparentarían con nuestro concepto de “dioses”, también fue el momento en el que fueron conscientes de la verdad. De lo inaceptable.
Porque, cuando lograron obtener una cierta comprensión de la naturaleza de la realidad y los primeros de ellos conocieron la muerte, supieron que la esperanza sólo era una forma de autoengaño. Una mentira que abrazaron camuflándolo como desafío. Un desafío que ninguno de ellos logró superar. El concepto del final.

Un concepto que no podía ser comprendido en su totalidad, ya que quienes lo experimentaban perdían la capacidad para transmitir aquel conocimiento. Uno fácilmente perceptible pero imposible de explicar. Una certeza que en su interior albergaba la pregunta definitiva. Aquella que no podía ser respondida.

Porque no hay salvación o redención posibles, no hay un juicio en el que ser declarado digno o inocente, sólo un inevitable final ante el que nada se puede hacer, del que no existe un lugar al que huir. Nada escapa a la llegada del fin. El infinito es una abstracción que sólo sirve como concepto hipotético dentro de los campos de la filosofía y la ciencia. Por más vasto que sea “El Todo”, la eternidad es una mentira. Una promesa vacía.

Son pocos los credos del presente que comparten algún vestigio procedente de aquel descubrimiento, y ninguno de ellos se encuentra implantado con firmeza dentro de las culturas autodenominadas como “civilizadas”.
Aun así, una pequeña parte de las religiones actuales comparten sin saberlo un rasgo de partida común heredado de los primero pobladores; su fatalismo y una sensación inequívoca de indefensión.

Aquellos credos construidos alrededor de las experiencias de quienes han contemplado lo que se encuentra en el último momento de la existencia saben que, una vez que concluya el tiempo, sólo quedará la nada, la no existencia. Están influenciadas por la misma verdad que asaltó a los progenitores, aunque carecen del grado de comprensión que llegaron a alcanzar aquellos acerca de lo que esto implica. Poco a poco el saber se convirtió en mito, y el mito en dogma.

Estos han sido los credos que menos han sido afectados por el avance de las civilizaciones, aunque no por ello han permanecido completamente inalterados. Porque los pueblos necesitan de la esperanza para progresar, y la certeza de que, no sólo la humanidad, sino toda le existencia, están condenadas, al igual que sucediese con sus ancestros más lejanos, es un hecho que no están dispuestos a aceptar.
Algunos de los dogmas promulgados por sus líderes contemplan otra vida después de esta, pero no es presentada como un paraíso o un premio. Quizás sea un lugar de reposo, pero este también se desvanecerá cuando llegue el final de todas las cosas. Aun así, a pesar de su aceptación de la cruda realidad, se permiten un pequeño atisbo de esperanza. Incluso dentro de los mitos más pesimistas se encuentra presente el concepto de la lucha. La creencia de que de su mano puede llegar la postergación de este momento.

El culto a Avjaal y los Señores de Ilwarath sería el mayor exponente de esta herencia. Una religión que carece de templos, iglesias, catedrales o una cúpula eclesiástica. Que no pide donativos o trata de captar feligreses. Su mensaje no es halagüeño ni trata de ser tranquilizador. Sus fieles acostumbran a ser gente tocada por la tragedia y recogida por otros como ellos. Personas que recorren el continente y las islas buscado las señales de lo que desencadenará el final. Advirtiendo sobre ellas y tratando de contenerlas. Son al mismo tiempo soldados y predicadores, confesores y redentrores, investigadores y, en ocasiones, tanto jueces como jurados y verdugos.
Su presencia y credo no sólo no son bien recibidos en una gran cantidad de lugares, sino que también se encuentran prohibidas en distintas naciones politeistas. No poseen indumentaria o símbolos propios, y ni siquiera el nombre por el que se refieren a ellos o sus deidades son comunes en los distintos territorios en los que aparecen.

Por su parte la idea detrás del Nalushat Avasanyali es también algo casi tan viejo como la misma humanidad. Su objetivo es tan ambicioso como inalcanzable; Aunar todo el conocimiento humano que se encuentra disperso alrededor del mundo y ponerlo a disposición de quien lo necesite.
A lo largo de los últimos siglos se han producido diversas intentonas para lograr convertir este proyecto en algo real. En el establecimiento de un organismo internacional desligado del mundo de la política en el que los científicos puedan compartir sus descubrimientos, debatir sobre ellos, y determinar cuáles son aquellos merecedores de un esfuerzo conjunto, pero este proyecto siempre ha terminado de la misma manera.

El Nalushat Avasanyali ha logrado ser un concepto activo durante breves lapsos de tiempo, pero los esfuerzos necesarios para asegurar su supervivencia siempre se han encontrado más allá de los recursos de sus integrantes. Aún así, nunca ha sido disuelto oficialmente y siempre han quedado pequeñas células que se han negado a reconocer el fracaso.

Existen un gran número de organismos territoriales que se reúnen cada varias años con este fin, pero el sueño de que estas reuniones puedan contar entre sus integrantes a los equipos de investigación más importantes a ambos extremos del Pramayán es algo que no se logra desde hace décadas.

Pero, como ya decimos, este no es un proyecto innovador. Mucho antes de que de la formación del Nalushat Avasanyali fuese el germen de una idea en la mente de sus creadores, el mundo también conoció a otros entes con características similares. Para llegar a encontrar a alguno de estos que haya gozado de un mínimo de estabilidad tendríamos que viajar cuatro milenios hacia el pasado. Hasta los tiempos de la segunda edad de oro del conocimiento de la humanidad. Porque la fuente de la que bebieron los ideólogos de esta idea contemporánea es la idealización del Rurón Ikigashi, el organismo que en aquellos días trató de definir los protocolos de seguridad para la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Pero aquel proyecto tampoco fue original. Millones de años antes de que sus fundadores pisaran el mundo, los progenitores de la humanidad ya habían tratado de crear una obra que abarcase todo su saber humano; el Naludah Avanyali, Los escritos en los que se definirían los “Preceptos para el análisis, la comprensión y el control de la energía planar”.

Tanto la semilla de la curiosidad humana como su necesidad de dotar de algún tipo de sentido a lo que le rodea son tan antiguas como sus capacidad para relacionarse con su entorno, pero el entorno con el que se relaciona no es algo estático. El conocimiento es algo esquivo, un bien que no puede ser poseído de manera indefinida. La verdad, incluso aquella que no depende de apreciaciones culturales, es un concepto mutable. Ya desde sus diese sus primeros pasos sobre este mundo, casi siempre ha sido algo perseguido por la humanidad, aunque, una vez que se ha encontrado en su poder, no todos ellos han estado preparados para aceptarla. Algo han buscado moldear de acuerdo a sus necesidades.

Con el transcurrir del tiempo algunas de las culturas que pueblan Daegon, aquellas pertenecientes a las civilizaciones más sofisticadas, han ido suavizando el mensaje fatalista tanto en su parte racional como en la mitológica. El nihilismo y los extremismos han logrado ser contenidos ocultándolos tras capas de mentiras piadosas o por la incapacidad de aceptar esta verdad, algo a lo que ha ayudado lo excepcionalmente raro de la presencia del mundo ultraterreno dentro del día a día de los habitantes de este mundo.
Porque, por más que se hayan dado eventos anómalos de forma dispersa a lo largo de los siglos, si bien han tratado de ser explicados como castigos para con los infieles, lo fortuito de estos y su equidad a la hora de dictaminar a quienes han afectado, ha permitido que el pueblo los acepte con resignación. Que los afronte como quien se enfrenta a un desastre natural. La humanidad ha aprendido a respetar y temer a la naturaleza en todos sus niveles. A aprovecharse de lo que puede obtener de ella y a no atribuirle intención a lo que no la tiene.

Ciertas culturas rinden culto a versiones antropomorfizadas de abstracciones naturales, pero han aprendido a protegerse sin esperar a que una entidad superior lo haga por ellos. Es probable que dentro del lenguaje de las naciones existan expresiones que puedan ser interpretadas de modo contrario pero, en gran medida, no dejan de ser frases hechas pronunciadas sin reflexionar acerca de lo que implican.

Los sacrificios, ya sean de plantas o animales para apaciguar a las deidades son raros de encontrar, y los de humanos lo son aún más. Esto es así incluso en el caso de los pueblos más primitivos. Si bien la superstición está muy lejos de encontrarse totalmente erradicada, dentro del ADN de esta humanidad reside un saber heredado de sus ancestros más lejanos. Un instinto que les impele a actuar, que les indica que, por más que su hogar les provea de alimentos, también ha engendrado a quienes les dan caza a ellos. Sólo son un elemento más dentro de un conjunto mucho más grande, no la pieza esencial. Esta es una cruda realidad que muchos eligen negar, pero lo que les ha permitido sobrevivir hasta el momento presente.

Si bien el escepticismo, la racionalidad y el saber tampoco garantizan la supervivencia, quienes han confiado de forma exclusiva en la protección de salvadores ajenos a ellos, o en las promesas de charlatanes, demagogos o inconscientes que han afirmado ser sus intermediadores, han ido desapareciendo de manera inexorable condenados por su propia imprudencia.

A continuación presentaremos sólo son un pequeño número de los elementos que conforman las estructuras sociales de occidente. Su presencia y relevancia es incuestionable dentro de las naciones en los que se encuentran establecidos, pero no son los únicos que se pueden encontrar allí.
Cuando no han sido el origen de algún conflicto estos han surgido a su alrededor y, en cierta medida, su papel dentro del esquema de poder es un punto central.

Pueden ser el germen de aventuras o el punto de partida de cualquier personaje. Son estructuras tan grandes que su auge o caída puede desencadenar olas de consecuencias que trastoquen cualquier estamento. Al mismo tiempo, su supervivencia depende de tantos factores que eliminar la pieza más insospechada puede causar un efecto dominó que lo cambie todo.

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¿Qué es Daegon? III: Geografía y axiomática

Lun, 04/01/2019 - 18:40
Tanto la superficie de Daegon como sus profundidades o sus cielos comparten similitudes con los nuestros, pero también se encuentran poblados un gran número de elementos que no se pueden encontrar en nuestro mundo.
A continuación trataremos de realizar una presentación general de algunos de los grandes bloques diferenciadores que se pueden encontrar en él. Para ello, haremos una descripción a muy alto nivel de algunas de sus rasgos más llamativos, así como de algunos de los elementos que han supuesto un impacto en las culturas más extendidas a lo largo de la superficie o de aquellos que pueden resultar de interés a la hora de construir historias alrededor de ellos.

Aunque en textos posteriores se irán añadiendo capas adicionales de información, Daegon es un mundo muy grande y, en cierta medida, cambiante. Un entorno lo suficientemente amplio y versátil como para que cada director de juego encuentre un hueco que se adapte a sus gustos o, de no encontrar ninguno, matizar o desarrollar desde cero alguno que se adecue a sus preferencias.

En la actualidad existen en este mundo tres colosales masas de tierra, aquellas que conforman los grandes continentes de Daegon, Nargión e Ilwar. De estos tres, tan sólo el primero de ellos se encuentra en contacto con la corteza terrestre del mundo, mientras que los otros dos se encuentran suspendidos sobre sus mares.
Siguiendo a estos en cuanto a su extensión se encuentran las dos grandes islas continente; Thurgold y Rayhosha. Al igual que sucede con los continentes, sólo el primero de ellos se encuentra anclado físicamente al fondo marino. Para terminar, podemos encontrar una serie de islas de diferentes tamaños y características. De todas estas, quienes habitan en el continente sólo saben que contengan vida inteligente cuatro de ellas; Sembia, Shatter, Norotgard, Mashulanu, pero este es un conocimiento terriblemente sesgado y se encuentra ligado tanto a su proximidad como a lo que consideran “vida inteligente”. Un concepto este que, al igual que otros muchos, se ha visto puesto en duda tras la Gran Penumbra.

Porque, por más que las alteraciones causadas por este suceso se hayan propagado en distintos niveles, el terreno en el que más claramente se pueden apreciar las consecuencia del gran cambio sucedido en el mundo ha sido en el geográfico. Algunos de estos cambio son más evidentes que otros y, mientras que tanto los territorios continentales desaparecidos o las islas errantes que han aparecido junto a las costas del continente son elementos que, hasta cierto punto, pueden encontrarse presentes en las conversaciones diarias, los nuevos territorios que, como los dos nuevos continentes, aún quedan por descubrir mar adentro.

Cada uno de estos nuevos territorios ha llegado trayendo consigo sus propias particularidades, elementos únicos de los cuales los más evidentes no son siempre los más relevantes o los que pueden llegar a causar un mayor impacto.

Si bien aportaremos unas pequeñas pinceladas acerca de los nuevos territorios, aquí nos centraremos en el “viejo mundo”, en los territorios que jamás han abandonado Daegon. Un conjunto de masas terrestres cuyo mayor representante es...

El continente de Daegon

A grandes rasgos, la geografía de Daegon no difiere en gran medida dela que podemos encontrar en nuestro mundo.
El continente que comparte nombre con la ambientación y con el propio mundo se encuentra ubicado en lo que sus habitantes consideran como la parte central del planeta. Ha permanecido sobre su superficie desde su formación y lo ha acompañado en todos sus cambios. Durante milenios ha sido el único gran continente existente sobre su superficie, y las civilizaciones que lo pueblan han sido quienes más profundamente han marcado el devenir de este mundo a lo largo de este tiempo.
Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en el Cabo de Ashnath de Tarnaq, y la ubicada más al este; la cala de Domxiao en Shinzay, es de cerca de doce mil kilómetros.
Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre la ciudad portuaria de Vylastoc en Saliria, el punto situado más al norte, y el cabo de Pramchatka en Ashghurm, su homólogo en el sur, su longitud aproximada sería de seis mil quinientos kilómetros.

Las costas del continente se encuentran bañadas por treinta y siete mares de diferentes extensiones, pudiendo encontrar en su interior también una gran diversidad de mares internos.

A tenor de esta descripción podríamos asumir que sin temor a equivocarnos que se trata de un mundo como el nuestro, y no iríamos muy desencaminados, pero más allá de estos elementos comunes podemos encontrar un cierto número de rasgos en los que ambos se diferencian. Un gran número de estos rasgos no dejan de ser atributos que se encuentran dentro del territorio de lo excepcional; de las maravillas únicas de la naturaleza y, dadas su excepcionalidad, serán a las que pasaremos a prestar atención.

Comenzaremos este recorrido con la estructura natural que goza de una elevación mayor. De haber un rasgo que lo pueda diferenciar de nuestro mundo, este podría ser el de la altura de sus grandes montes. Cimas que pueden llegar a encontrarse por encima de los diez kilómetros. De todas estas estructuras, el elemento que más resalta por encima de todos los demás sería el de la cordillera del Pramayán. Un accidente geográfico al que muchos denominan como...

- La gran frontera

Oriente y occidente se encuentran divididos por una colosal estructura natural. Una línea divisoria que significa mucho más que una mera barrera física. El punto en el que entran en contacto dos grandes placas tectónicas y las masas continentales que se encuentran sobre ellas.

Este es quizás uno de los elementos que más ha condicionado la evolución de sus diferentes culturas en el pasado. La cordillera del Pramayán es una inmensa cadena montañosa que surca y divide este continente de norte a sur a lo largo de toda su sección central. Este conjunto de montañas es conocido por tantos nombres como civilizaciones han existido bajo su sombra. A lo largo de los milenios ha sido mucho más que un mero elemento físico difícilmente franqueable, siendo el origen de tantos mitos como culturas han entrado en contacto con ella. Un reto cuya superación, en ocasiones, ha supuesto grandes avances o retrocesos para quienes en aquellos momentos se encontraban en cada uno de sus extremos.

Pero esta cordillera no siempre ha poseído las mismas características. Su elevación ha ido creciendo con cada pequeño movimiento de las placas sobre las que existe y el nivel de accesibilidad de este constructo natural ha variado a lo largo de las eras.
Pero este no ha sido siempre un mero obstáculo o un elemento desestabilizador. Quizás el lento movimiento de estas placas haya causado la destrucción de pasajes y caminos, pero esto no ha evitado que otras nuevas se construyan sobre estas ruinas. Porque las características axiomáticos únicas que se dan a su alrededor de ciertos puntos de su extensión también han sido fuente de riqueza y poder. Por más que destruyese toda construcción humana que ha trataba de contener su avance y habilitar su tránsito de forma duradera, con el transcurrir del tiempo la ciencia humana logró comprender sus patrones y a leer sus movimientos.
Las ciudades que se encuentran en la actualidad situadas en su falta o, como es el caso de Beretear y Ton’Kaheru, en sus picos, cuentan con unas arquitecturas únicas. Son ciudades que se extienden tanto fuera como dentro de la montaña. Que se aprovechan de recursos naturales que no se pueden encontrar en ninguna otra parte del mundo.

Si bien es cierto que, incluso en la actualidad, atravesar el Pramayán por tierra implica un gran riesgo, esta cordillera no sólo fue cruzada de forma habitual hasta hace aproximadamente cuatro milenios, sino que su interior fue horadado con técnicas y herramientas que ya no son posibles.
Pero tras la llegada del segundo gran cambio axiomático todo cambió. En comparación con aquel suceso, la Gran Penumbra no deja de ser una mera anécdota, pero esto no significa que no se hayan continuado produciendo cambios en el Pramayán. Por más que durante mucho tiempo esta barrera fuese algo insalvable, esto no hizo sino aumentar su cualidad como elemento diferenciador entre las culturas de oriente y occidente. Una separación que, tras aquel cambio, se vio incrementada de forma exponencial.

Desde el momento en el que las construcciones que permitían la vida en aquellos lugares y las infraestructuras que daban acceso hasta allí dejaron de funcionar, gran parte de lo que se encontraba en su interior volvió a ser un misterio. Ha pasado ya mucho tiempo desde aquello pero de forma esporádica se siguen descubriendo los restos de algunas de aquellas culturas junto con las máquinas inertes que realizaron las construcciones que permanecen en su interior. El hecho de que no puedan ser utilizadas no ha evitado que sean estudiadas. Al pasado aún conserva muchas lecciones por impartir y en presente tiene gente dispuesta a aprender de él. Por más peligroso que pueda llegar a ser el llegar hasta estas enseñanzas, siempre hay gente dispuesta a descubrir aquellas que pueden permanecer enterradas en sus entrañas.

Hasta donde alcanzan los anales de los estudiosos del presente, en distintos momentos de un pasado relativamente reciente, más de una docena de los grandes imperios han logrado vencer al coloso desde entonces. Esta ha sido una gesta a realizar, un acto de audacia que se ha convertido en la meta que siempre ha espoleado la imaginación y ambición de los más temerarios y poderosos. Un reto constante para los más intrépidos. Una prueba cuya superación, en ocasiones, ha supuesto la caída de quienes la han logrado.

Porque no todos los éxitos en esta lid han sido recompensados con fama y gloria. En casos como puedan ser los del Gran Imperio Menetiano o el Pueblo Libre de Raganyanu, el empeño de algunas de las civilizaciones por lograr franquear esta barrera en el pasado no sólo permitió el acceso hasta un mundo con un número indeterminado de similitudes y diferencias con aquel que ya conocían sino que, cuando este “nuevo mundo” fue entendido como un premio o algo de su propiedad, los recién, sin importar el extremo de la cordillera del que procediesen, descubrieron que no eran los únicos con capacidad militar o ambición.

Por más que los intentos por crear rutas viables para el transporte de tropas o mercancías a través de la cordillera hayan podido resultar exitosos, todos ellos lo han sido siempre de forma temporal. Un logro que ha podido mantenerse durante varias generaciones pero que, ante su indómita e impredecible naturaleza, han terminado por desaparecer. A lo largo de su extensión se pueden encontrar los restos de carreteras, túneles, puentes y ciudades que un día la surcaron total o parcialmente, pero su control siempre ha sido algo irrealizable en el largo recorrido. Una de las metas de quienes han aspirado y aspiran a ser grandes conquistadores.

A pesar de esto; de su dureza y de los múltiples fracasos, no todo lo que la rodea o se ha construido sobre ella se encuentra en ruinas. Un gran número de localizaciones dispersas entre sus más de seis mil kilómetros no se han visto afectadas de forma tan drástica como las que han sufrido otras. Los cambios que se han producido en su base no siempre han afectado a las ciudades y se pueden encontrar construcciones y civilizaciones ubicadas tanto en las porciones situadas a distintas alturas. Culturas que, por otro lado, en algunas ocasiones han quedado aisladas del mundo que las rodea debido a alguno de los movimientos espasmódicos de su hogar. De todas estas sólo algunas de las que se han situado en su ladera han logrado mantener una comunicación estable con quienes viven más alejados del Pramayán.

Ya se se haya logrado superar este escollo por tierra o mar, siempre que una cultura ha logrado imponerse en su desafío de una manera más o menos estable, esto ha supuesto un cambio para cada uno de los pueblos que se han visto envueltos de una algún modo en el evento. Tanto es así que la actual separación cultural del continente llegó dada como consecuencia de uno de estos logros.

Su importancia es tal que desde siempre ha condicionado la visión de las distintas culturas que lo rodean acerca de lo que se encuentra no sólo “al otro lado” sino también en su interior o en lo alto de sus picos. Ha sido adorada y temida, fuente de riqueza y de destrucción, un mero accidente geográfico o un enemigo implacable. Porque, de la misma manera que se podría datar el origen de los actuales divisiones territoriales en el momento en el que el Gran Imperio Menetiano logró franquear este escollo, su derrota también originó nuevas mitologías que se prolongaron durante siglos y que aún puede llegar a perdurar en las gentes de baja cultura.
Durante los siglos posteriores a aquella derrota, las leyenda acerca del Pramayán crecieron aún más, otorgando motivos místicos a aquel hecho. Mitos que atribuían una intención a la misma montaña. Leyendas que establecían que aquel era un escollo que no debía ser superado por la humanidad.
Irónicamente, mientras esto sucedía en occidente, la visión de ella que se estableció las naciones de oriente que vivían bajo su sombra no dejaba de ser similar. Al otro lado sólo se podían encontraban pueblos bárbaros sedientos de sangre. Tribus carentes de toda sofisticación o ética, una horda implacable que había necesitado del surgimiento de un inmortal para que pudiesen ser contenidos.

Han pasado ya milenios desde aquellos días pero, por más que esta frontera fuese superada en épocas posteriores a aquel suceso, ninguna de estas hazañas ha tenido una repercusión equiparable a aquella. El tráfico marítimo entre ambos extremos, aunque no exento de sus propios riesgos, es ya algo habitual desde hace siglos y tanto los gremios comerciales como los políticos o los científicos son perfectamente conscientes de lo mundano y lo extraño que se puede encontrar a ambos extremos, pero la materia de la que están hechas las leyendas hace que estas perduren en lugares recónditos.

Pero, a pesar de su grandiosidad, el continente es mucho más que el Pramayán. A medida que uno se aleja de la zona central, la cordillera deja de formar parte de sus vidas, sus mitos y sus temores. Una verdad que también sería extensible a aquellas provincias más alejadas de la gran montaña dentro de los pueblos que la rodean. Por más que su presencia así como su crecimiento siempre han representado una frontera para la integración y comprensión de las culturas que se han ubicado en ambos extremos, esta sólo es una de las múltiples barreras que han frenado esta comunicación.

Si bien es cierto que usaremos este accidente geográfico para dividir la descripción de la geografía del continente, tanto en su interior como en las islas y los mares que bañan sus costar podemos encontrar otros elementos dignos de mención.

- Daegon occidental

Lo porción de tierra que se extiende al oeste del Pramayán a día de hoy tiene una extensión inferior a la que podemos encontrar al este, pero esto no siempre ha sido así ya que, hasta la llegada de Nargión e Ilwar la proporción era la inversa.
Sobre esta superficie, y de acuerdo a los mapas existentes en este mundo, encontraríamos quince grandes naciones, pero tanto la precisión como la intención de estos mapas no dejan de ser valores muy cuestionables ya que en estos tratados no se encuentran un número mucho mayor de pequeños estados y ciudades soberanas.

De todas las grandes naciones que pueblan el oeste continental, sólo dos de ellas no se encuentran bañadas por ninguno de los mares que conforman sus costas; Rrearem y Baern. Todas las demás; Dominio Tarnaq, Tembi, Saliria, Goord, Johrg, Edirth, Shattegar, Nivar, Harst, Shemellom, Bra’Em’Kyg, Naltor y Menetia, así como los territorios anómalos de Werela y las Llanuras Heladas poseen algún tipo de salida al mar. Una vez más indicaremos que esto no siempre fue así, al menos, no siempre lo fue de la misma manera.

Los hechos recientes han impactado de manera especialmente dramática en varios territorios pertenecientes a la porción occidental del continente, haciendo que se desvanezca gran parte de su extensión. Si bien es cierto que la mayor parte de las zonas afectadas se encuentran en sus porciones central y sureña, el foco de estos cambios han tenido una preponderancia especial en aquellos lugares más alejados del Pramayán.

Millones de kilómetros cuadrados han desaparecido, una cantidad equivalente a la pérdida de la mitad de Europa. Este hecho ha afectado a siete de las grandes naciones y uno de los grandes territorios anómalos, pero la cuantía total de los daños provocados por ella exceden con mucho estos ámbitos. Por más desapercibidos que hayan podido pasar en dentro del gran esquema, también ha tenido lugar la desaparición total de otras naciones menores, algunas de ellas en su totalidad. De la misma manera, no sólo se ha producido el regreso de los dos continentes, sino que tanto fuera como dentro del continente existen nuevos territorios por descubrir.

Hasta tiempos recientes ni Shattegar ni Werela disponían de una salida al mar, una situación que cambió con la consolidación de los nuevos territorios. De la misma manera, las líneas costeras tanto de Tembi como de Harst, Edith, Naltor, Bra’Em’Kyg y Nivar han cambiado tras aquellos acontecimientos catastróficos.

La merma que esto ha supuesto para cada una de ellas ha sido distinta y, mientras que en la zona central, la vieja Tembi ha desaparecido por completo, la pérdida sufrida por el resto de territorios tampoco es algo desestimable. Harst ha quedado dividida por la mitad, los fiordos de Nivar han avanzado hacia el interior y Edirth ha perdido cerca de un setenta por ciento de su extensión.
El Océano Sámico ahora llega hasta el Mar de Johrg, una masa de agua que siempre había sido un mar continental.

El impacto recibido por las naciones del sur quizás sea menor en su cuanto al número de naciones afectadas, pero la ruina y las familias rotas que esto ha generado no hace que quienes han padecido sus efectos se sientan afortunados. Quizás una gran parte de su extensión aún se encuentre accesible, pero el mar Progónico y el Mar de Jenul hoy llegan hasta lo que hace poco eran las zonas centrales de Naltor y Bra’Em’Kyg. El daño que esto ha podido causar a otros niveles aún no se ha podido cuantificar, al igual que aún no se sabe cuál ha sido el destino de las porciones de su geografía que han desaparecido. Partes de ellas permanecen aún en este plano de existencia como islas o archipiélagos de distintos tamaños, pero la naturaleza de estos restos aún está por ser catalogadas por los estudiosos.

Porque, de manera independiente a la ubicación geográfica en la que se han manifestado estos fenómenos, o a sus aparentes consecuencias, por más que la causa sea común, no todas las consecuencias se han manifestado de la misma manera.

La inestabilidad planar ha podido causar que, como ya sucediese en su pasado, grandes porciones de tierra hayan acabado en otros niveles de existencia, pero ha sido la súbita ausencia de estos la que ha causado los mayores destrozos. De la misma manera que no todos los habitantes de los territorios desaparecidos han muerto, su llegada hasta otros niveles de existencia ha provocado otra serie de consecuencias para los nativos de su nuevo hogar.
Determinar el destino de cada uno de estos territorios es una labor muy compleja, pero no imposible. Se han encontrado los restos de algunas de las grandes ciudades en las profundidades, lo que ya de por sí permite a los familiares y amigos de quienes allí vivían a comenzar su periodo de duelo, o a los saqueadores a tratar de recuperar lo que pueda quedar de valor en estos lugares hoy sumergidos.

Saliendo del territorio de lo más mundano o lo trágico, y adentrándonos en el terreno de lo mitológico, otros tres lugares de los que podemos encontrar en occidente son en realidad la memoria de un pasado que sólo una persona recuerda. Porque no es necesario que nos vayamos a los nuevos territorios para encontrar lugares excepcionales en occidente.

Dos grandes territorios que han formado parte de él desde siempre se encuentran dentro de aquellos denominados como territorios anómalos; Werela y las Llanuras Heladas. Al mismo tiempo, otros como puedan ser el gran Río Gywek que sirve de frontera entre Naltor y Menetia o las junglas que ocupan desde hace siglos los territorios de Saliria en los que se construyó la ciudad de Amlot también cuenta de su propia mística.

Existen regiones de Daegon en las que lo que podríamos considerar como un accidente geográfico es, o algún día fue, algo más. Lugares como puedan ser tanto el monte Switchden en el Dominio, como el Shendaprata en Shemellom. Tanto los picos como todo lo que se extiende a lo largo de decenas de kilómetros bajo ellos y a su alrededor de ambos antaño fueron criaturas vivas que recorrieron los cielos de este mundo. Más allá de lo que se puede apreciar cuando se está en estos lugares se ocultan los restos de un pasado del que apenas queda rastro, ya que son los cadáveres de sendos shaygan, las criaturas volantes antaño conocidas también bajo el sobrenombre de “los creadores de valles”.
En la actualidad sólo queda vivo una de estas criaturas. Un coloso cuyas dimensiones apenas superan el kilómetro de diámetro y sobre el que se ha construido una ciudad, Kylgir, pero su majestuosa presencia apenas es una pálida muestra de lo que fueron los suyos.

Continuando con aquellos elementos cuya ubicación conceptual se encuentra a medio camino entre lo convencional y lo anómalo, podríamos centrar también nuestra mirada en las construcciones jonudi. A pesar de lo incierto de su origen, y de la ausencia de datos suficientes como para elaborar una teoría unificada y sólida, los estudiosos de las distintas épocas en las que se produjeron cada una de estas apariciones nunca han dejado de estudiarlas y elaborar teorías de todo tipo. De ellas, aquellas que gozan de mayor aceptación dentro de la comunidad científica actual son aquellas que determinan dos orígenes posibles para ellas. Los estancias axiomáticas a los que se bautizó como las dimensiones intermedias de Nusureh y Monrasén.

Tanto el tamaño como la forma y las características de cada estas estructuras oscila enormemente, pudiendo encontrar algunas de dimensiones colosales, como pueda ser el domo de Yujín’Bash’Tamar, conocido también como el “Domo de Jonur” en Áldern, cuyo diámetro visible supera los dos kilómetros y su altura los trescientos metros, o tan acotado como la ciudadela de Baen'Shul'Ilay ubicada en Cahirn Ansay, conocida también bajo el sobrenombre de la “Catedral Infinita”, cuyas dimensiones no son mayores que aquellas que pueda tener alguno de los grandes palacios.

A pesar de sus diferencias, ambas estructuras comparten una característica que no se ha encontrado en otras en apariencia similares. Así pues, mientras que en estos dos casos se ha logrado tener acceso hasta lo que se encuentra en su interior y también se han construido estructuras a lo largo de su superficie, en otros como los de Uli´Shur´Maesh en Baern o Mayin’Isul’Galath en la provincia reani de Mitlanesh, ni su exterior ha podido ser atravesado, ni se ha logrado perforar su superficie o construir nada sobre ellos.

La naturaleza de estas estructuras es claramente anómala, siendo la materia que las compone una oscuridad muy cercana al estado primario de este concepto. Una oscuridad cuya densidad fluctúa haciendo que su exterior sea impenetrable bajo condiciones normales, y que su interior se encuentre ubicado al mismo tiempo en distintos niveles de existencia. Todas ellas llevan tanto tiempo en los lugares que ocupan que, a pesar de conocerse su obvia naturaleza anómala, quienes viven a su alrededor los consideran algo nativo de este nivel de existencia. Tanto es así que dentro del Domo de Jonur se ha llegado a establecer una comunidad humana.

Su tacto, las formas que adopta su exterior o los relieves irregulares que se pueden adivinar a lo largo de sus superficies no comparten similitudes o patrones comunes, y el único elemento que parecen compartir aquellos que han podido ser accedidos es una oscuridad que casi puede ser palpada. Unas tinieblas que no puede ser disipada por luz alguna pero que, a pesar de esto, pueden llegar a ser capaces de generar imágenes en la mente del viajero. Otro elemento que comparten es aquel que hace que las dimensiones de su interior sean con mucho superiores a aquellas que pueden dar a entender las medidas de su exterior. La certeza de que, una vez dentro de cualquiera de ellas, ya no se está en una realidad gobernada por los axiomas imperantes en Daegon.

Otra construcción natural que navegan entre lo convencional y lo anómalo serían los fiordos de Nivar. Ya desde antes de que se produjese la desaparición de la porción central del continente estos territorios contaban con su propia mística ya, más allá de las similitudes estéticas que pueden compartir con aquellos que se pueden encontrar en Norotgard, las condiciones climatológicas de ambos territorios son totalmente dispares.
Su contorno se vio alterado drásticamente tras los eventos que llevaron a la expansión del Mar de Jorhg, pero una parte muy importante de los territorios que lo componían, a pesar de haberse visto separadas de la masa continental, han permanecido en este mundo quedando como grandes pilares irregulares cuyo tamaño oscila entre los cientos de metros y las decenas de kilómetros. Islotes que sobresalen del mar a la misma altura que los acantilados a los que pertenecieron hasta hace un lustro.

Por su parte, en Saliria, en lo alto del Muhinyashu, se encuentra ubicado, oculto también a simple vista, otro lugar mítico, pues su cima también se conoció hace millones de años como Gurudáel; “el primer pico”. El lugar del que surgieron por primera vez los Mayane Undalath.

Saliendo del terreno de los accidentes naturales, siguiendo en paralelo el recorrido de la gran barrera encontramos los restos de la mayor creación humana del mundo conocido; La vía imperial. Esta antigua calzada construida durante los tiempos del Gran Imperio Menetiano surca el centro continental de norte a sur uniendo a lo largo de su camino a las naciones de Menetia, Rearem, Goord, Baern y Saliria.
El estado en el que se encuentra esta construcción, cuya creación se remonta dos milenios atrás en el tiempo, es muy irregular. Lo que nació como un trazado homogéneo ha ido adoptando la personalidad de los pueblos que se han visto atravesados por ella. Pueblos que, en ocasiones, no han contemplado su preservación entre sus prioridades.

Estos sólo son unos pocos ejemplos de lo que se puede encontrar al oeste del Pramayán. Cada nación tiene sus propias leyendas y sus propias maneras de interactuar con su entorno. De entender lo que les rodea. Cada río, cada valle, cada bosque y cada cañada es susceptible de ser especial para quienes han habitado junto a ellas durante generaciones.

De la misma manera, todo territorio afectado por el reciente cambio se ha visto sometido a una revisión por parte de quienes han padecido este. Al igual que sucedió con cada suceso anómalo, que ha padecido el mundo a lo largo de las eras, por más extraños que hayan podido ser, siempre se ha logrado encontrar una “explicación” para ellos. A pesar de tratarse de algo tremendamente infrecuente que sólo tiene lugar una vez cada muchos siglos, se trazan patrones y relaciones indistintamente con aquello que forma parte de la mitología y con lo que es historia contrastada.

Este no ha sido el mayor de los desastres acontecidos en la historia de Daegon, ni tiene un significado especial, pero ya se han alzado voces que afirman conocer “la verdad”. No hay un plan o un propósito en el azar que los ha causado, pero esto no ha evitado que se le haya buscado una intencionalidad y uno recua de sospechosos y culpables a los que acusar.

- Daegon Oriental

Los territorios que se extienden al este del Pramayán contienen un mosaico igualmente único de particularidades que, al mismo tiempo que pueden emparentarlo con occidente, lo diferencian de él.

A este lado de la gran frontera podemos encontrar once grandes naciones; Troll’Kahn, Shirune, Dilirm, Dayashu, Shinzay, Sheparn, Dagorel, Hanrath, Ashgurn, Muliria y T’Nar con algún tipo de acceso al mar, y dos, Ton’Kaheru, Beretear, carentes de él. Si bien es cierto que el tamaño de todas ellas excede la media de las naciones occidentales, al igual que sucede con la anterior, su cartografía es igualmente imprecisa no incluyendo un gran número de naciones con mayor o menor nombre, y realizando agrupaciones discutibles a la hora de determinar su naturaleza y contexto.

En oriente también existe un gran territorio anómalos, las llamadas Llanuras Zulera pero, más allá del hecho de su extrañeza y su condición de frontera natural, este no comparte características con Werela o las Llanuras Heladas.

Su mera existencia, así como sus dimensiones y ubicación en el corazón continental de occidente han condicionado la manera en la que se comunican y relacionan los pueblos que lo rodean.
No todos sus límites son algo perceptible a simple vista y los provincias que hacen frontera con ellos acostumbran a ser igualmente dinámicas.

Algunos de los rasgos más distintivos de la geografía de oriente, a pesar de ser percibidos como tales, no son enteramente naturales. Lugares como la costa de Par-Chay-Anau en Shinzay, moldeada por los progenitores de la humanidad hace millones de años y que comunica todas las islas de los alrededores tanto sobre el mar como bajo él. No el tiempo ni los fenómenos anómalos han logrado hacer mella en su estructura ni su belleza.

Por otro lado podemos tener las ciudades estado de Beretear y Ton’Kaheru, la gran mayoría de las cuales se encuentran construidas en la cara interior de lo alto del Pramayán, no son menos dignas de admiración que las maravillas de la naturaleza.

La manera en la que se encuentran iluminado el interior de estas dos ciudades, así como la majestuosidad de las cascadas interiores que se precipitan hacia un abismo sin fin no tienen parangón en el mundo moderno, de la misma manera que la ciencia que permitió la creación de los puentes de piedra que surcan sus precipicios infinitos aún sigue siendo estudiada cuatro milenios después de su construcción.
Los recovecos que recorrían su interior no sólo fueron expandidos para albergar sus ciudades inferiores, sino que se moldearon para construir bóvedas y acueductos que aprovechasen sus cualidades naturales. Un laberinto de superficies que reflejan la luz del exterior para llevarlas hasta cada rincón de su extensión, que permite que el aire no se encuentre viciado por encontrarse en un entorno en apariencia cerrado. Sus puertas fueron el freno a la expansión de Menetia en oriente, y sus habitantes, los denominados como “Los señores de las alturas”, quienes surgieron del interior de estas cavidades para liderar a los ejércitos que llevarían la batalla hasta las puertas de la antigua capital imperial.

Otra de las maravillas de la naturaleza de oriente son las cataratas del monte Dramchatka, el lugar de nacimiento del gran rio Triad. Ambos accidentes geográficos forman parte de la frontera que separa a las Llanuras Zulera de Hanrath y T’Nar pero, más allá de este hecho hasta cierto punto anecdótico, es uno de los fenómenos que más renombre ha dado a la zona.
La caída del Río Triad se produce a lo largo de más de dos kilómetros, y su anchura en ese punto es superior a los quinientos metros.
El valle fluvial que tiene su origen en este lugar tiene su punto más amplio en el segmento en el que las fronteras de T’Nar y Hanrath confluyen con la de Muliria y finaliza en una nueva catarata en los acantilados de Tesel, el lugar en el que se produce su desembocadura en el Mar Muliense.

Si bien su número e incidencia es menor que en occidente, en oriente también podemos encontrar varias estructuras jonudi como el domo de Bushen’Geth’Ilmior ubicado en la provincia sheparni de Jezael.
Pese a producirse la aparición de este domo hace seis siglos, coincidiendo en el tiempo con aquellos aparecidos en occidente, existen dos grandes diferencias entre este constructo y aquellos que se pueden encontrar a ambos extremos del Pramayán.

Por un lado, la llegada de Bushen’Geth’Ilmior tuvo lugar en una zona habitada. Su solapamiento con esta realidad se consolidó sobre la antigua capital de Jezael, la ciudad costera de Immor. Por otro, es la única de estas construcciones que se encuentra solapada parcialmente con un territorio marítimo. Esto hecho permite ver que la extensión de estos domos no finaliza en su contacto con la masa terrestre, sino que se encuentra mucho más enraizada bajo la superficie. La parte perceptible sólo es una ínfima parte de su superficie, y esta se sumerge hasta profundidades tan remotas como ha sido capaz de descender la humanidad. Llega hasta el fondo oceánico y, se sospecha, mucho más abajo.
Su interacción con las aguas marinas no parece asemejarse en nada a aquellas reacciones que genera su contacto con el agua de lluvia y, mientras que la porción que se encuentra sobre la superficie parece no verse afectada por la luz solar sino que esta es incapaz de generar sombras y contraluces que permitan adivinar el detalle de su estructura, cuando esta se refleja en el mar se puede apreciar un cambio en esta dinámica. Bajo el agua se pueden apreciar estos dibujos como en ningún otro lado. A través de este reflejo se tiene acceso a colores que no existen, a imágenes capaces de moldear la mente de quien las contempla.

En ambos extremos se tiene la percepción equivocada de que, “más allá del Pramayán” la vida es más sencilla. De la misma manera, históricamente se ha tenido siempre la impresión de que la mayor incidencia de eventos anómalos tiene lugar en el extremo que habita cada uno. La cercanía, así como la facilidad y la rapidez en la propagación de las noticias en las naciones vecinas han sido factores determinantes a este respecto, pero esto no convierte esto en una verdad incontestable.
De cualquier manera, lo que sí que es cierto es que oriente se ha visto menos afectada por los eventos recientes que occidente. Si bien esta es una verdad incuestionable cuando comparamos la cantidad de los territorios que se han visto afectados, una vez analizada con mayor detalle no deja de ser una percepción extremadamente parcial. Porque, quizás la manera en la que la Gran Penumbra no hayan tenido un impacto tan directo sobre los habitantes de oriente, pero la fractura en la realidad causada por el regreso de los nuevos continentes también se ha dejado sentir allí.

De toda su extensión, quizás la que más se ha visto afectada haya sido aquella comprendida por las naciones costeras situadas en el sur. Aunque en menor medida que lo sucedido en occidente, algunas de las naciones ubicadas allí también se ha visto afectado por las consecuencias surgidas tras el final de la larga noche. Tanto T’Nar como Muliria han visto sus líneas costeras alteradas, pero la fortuna ha querido que esto no tuviese lugar en ninguna zona habitada. Aún así, los mapas costeros han tenido que ser trazados de nuevo y la navegación por los lugares afectados aún no se encuentra libre de peligros e incertidumbre.

Una situación similar a esta se puede encontrar en el extremo sudoriental del continente. La línea costera del sur de Ashgurn ha perdido dos porciones significativas de sus territorios en las provincias de Géryanat y Hayashin. Mientras que para la primera de ellas esto supuso la desaparición de la ciudad de Pramchatka, en el caso de la segunda no llegó a afectar a ningún territorio habitado.

Al contrario que en el caso de lo sucedido con los territorios de T’Nar y Muliria, las rutas marítimas apenas se han visto alteradas por estos cambios, pero sí que se han producido cambios en las vías terrestres. Las regiones sureñas de ambas provincias, convertidas ahora en una península, han quedado prácticamente aisladas del resto de la nación. Sus comunicaciones se han visto afectadas y, con esto, también su economía. También ha quedado un vacío de poder a escala nacional, una ocasión que no ha tardado en ser aprovechada por quienes aspiran al poder para echar en cara al gobierno su gestión de la situación.

Pero estas no han sido ni las únicas ni las más traumáticos de las consecuencias sufridas. Porque esto palidece ante la pérdida humana que ha padecido Ashgurn con la desaparición de Pramchatka. Por más que una parte de sus habitantes lograsen abandonarla a tiempo, muchos de ellos no han logrado recuperarse del dolor de la pérdida o las experiencias vividas durante aquellos días.

Por su parte, en el extremo nor oriental del continente, el golfo de Ryuseth que comparten las costas de Dilirm y Dayashu ha visto aumentada su extensión. Con esto, no sólo el Mar de Kanyanu ha avanzado hacia el interior del continente, sino que ha quedado al descubierto una nueva forma donde antes residían los territorios continentales. Esta construcción que sobresale por encima del nivel del mar pero no es tocada por este. Su plano de origen es el mismo que el de los continentes retornados, pero su naturaleza es muy diferente. No pertenece a ninguno de los territorios que antaño pertenecieron a Daegon, sino que es el primer artefacto nativo de Kestra que ha entrado en contacto con esta realidad.
Nada de este mundo es capaz de entrar en contacto con ella, ya sea el aire, la luz o el agua, pero su mera presencia sí que afecta a cada uno de estos elementos. Cada una de sus líneas poseen una precisión que no puede ser medida y en sus distintas superficies se pueden contemplar reflejos que no pertenecen a esta realidad. Su interior proyecta una luz tan coherente que su visionado de forma continuada puede llegar a resultar dañino sin una protección adecuada.

Todo lo que hay a su alrededor son cataratas, y es casi imposible navegar en su cercanía. A lo largo de toda su superficie su forma es al mismo tiempo irregular y simétrica. Por debajo el nivel del mar, las aguas han adaptado a su contorno para evitar su contacto creando un área a su alrededor de cerca de cien metros. Su parte inferior no llega a tocar el fondo marino, sino que incluso este parece haberse vuelvo más profundo repelido por su cercanía.

Los cambios que se han producido no entienden del dolor humano o las leyes que gobernaban esta realidad. Quizás los que hemos mencionado en estos párrafos puedan ser los más llamativos o que han supuesto un impacto para un mayor número de personas, pero esta no deja de ser una métrica muy subjetiva ya que el dolor de la pérdida rara vez entiende de proporciones o escala.

Pero, por más que una parte de los distintos los territorios habitados que componen Daegon hayan padecido algún tipo de cambio, esto ya ha pasado a ser materia del pasado. Algo que, poco a poco, va dejando de ser un un elemento más dentro de su día a día. Al igual que sucede en nuestro mundo, el terreno en el que se ha asentado cada pueblo no siempre ha resulta ser un aliado.
La geografía de este mundo no deja de ser un elemento más con el que jugar. Puede set tan algo dúctil o inalterable como necesite el director de juego.
Las placas tectónicas de oriente y occidente pueden tener una relación de yin y yang o ser un concepto uniforme y estático en su comportamiento dependiendo del tipo de tono que quiera el director para sus aventuras. La extensión total de estos cambios aún está por ser descubierta y acotada y, de la misma manera que aún se pueden producir nuevas sacudidas y secuelas de los eventos de hace un lustro, también estos pueden verse revertidos.

Pero si bien hasta el momento hemos tratado con aquello extraordinario dentro de lo ordinario, hemos dejado fuera de manera intencionada aquellos territorios para los que lo anómalo es norma. Aquellas porciones del continente conocidas como...

Los territorios anómalos

A ambos extremos de la gran barrera podemos encontrar grandes extensiones en los que algunas de las leyes universales que tanto nosotros como los habitantes de Daegon damos por sentadas no siempre se cumplen de forma estricta. Lugares en los que tanto lo orgánico como lo mineral se han desarrollado de otra manera, donde la evolución ha seguido otro curso. La vida aún tiene cabida en ellos, algo que incluye la vida humana, pero la naturaleza de esta también se ha visto afectada a diferentes niveles.

Obviamente, su geografía también se ha visto afectada por todos estos factores. Si bien es cierto que al hablar acerca del continente hemos presentado ciertos elementos anómalos incluso dentro de Daegon que se pueden encontrar en su interior, la naturaleza de los extraño en estos territorios es diferente.

En un primer momento estos cambios acostumbran a ser sutiles. Imperceptibles ante el asalto sensorial que pueden llegar a producir en el recién llegado ciertas porciones de estos territorios hasta que ya es tarde. Esto no significa que todo lo que se puede encontrar en su interior sea algo excepcional o extraño, pero a medida que uno pasa más tiempo en ellos aumenta exponencialmente la posibilidad de que su camino se tope con algo que no puede existir más allá de los límites de estos territorios.

La concepción de “lo normal” en el interior de estos territorios depende de cada uno de ellos, y no es algo estático. Lo que una generación pudo vivir con naturalidad para la siguiente puede ser algo extremadamente raro. La fuente de sustentos de unos puede resultar algo letal para quienes les suceden o viceversa. La vida en su interior depende de leyes en apariencia impredecibles, pero estas responden a la mecánica cósmica, al movimientos que tienen lugar más allá del plano material.

Porque, a pesar de su anomalía cuando son comparados con aquellos cuyo comportamiento puede ser predicho gracias al conocimiento actual, de lo desigual de su distribución o lo lo extremas que pueden ser las condiciones de vida en su interior, su comportamiento no es algo completamente arbitrario.

Si bien es cierto que estos territorios se extienden a lo largo de grandes extensiones de tierra, siendo algunas de ellas mayores que varias naciones, no siempre han tenido este comportamiento. Por más que haya que remitirse a cientos, cuando no miles de generaciones atrás para haber conocido otro estado, de la misma manera que surgieron sus cambios pueden verse anulados.

Generalmente estos territorios se encuentran afectados por la presencia de alguna grieta entre realidades y las radiaciones exóticas que se pueden filtrar a través de su apertura. Ni su presencia ni su influencia son algo predecible y, mientras algunos de ellos dejan clara su naturaleza en la manera en la que ha evolucionado la misma vida en su interior, la forma en la que esta influencia se ve plasmada en otros adopta una forma más sutil.
No todos los territorios anómalos se encuentran tipificados o acotados, de la misma manera que el mismo concepto de lo “normal” es una cuestión meramente estadística y un constructo cultural.

Así pues, por más que a primera vista, y ante los ojos de quien no comprende el funcionamiento del universo en su conjunto se puede llegar a confundir lo habitual con una verdad objetiva, en su interior se pueden dar eventos a todas luces imposibles. Tormentas de elementos provenientes de otros niveles de existencia, nieves perpetuas o desiertos en latitudes tropicales, junglas donde debería haber tundra, lugares en los que el espacio o el tiempo no son conceptos mucho más abstractos.

En estos casos todo se vuelve complejo, algo que incluye los intentos por delimitar el área que abarcan cada uno de ellos o, como en el caso de los dos primeros que trataremos, decidir dónde finaliza uno y comienza el otro.

- Las Llanuras Heladas

Quizás el caso más extremo de cuantos componen esta triada de territorios sea aquellos que colindan con Tarnaq, la nueva Tembi y Werela. Aquellos que, dependiendo del punto a través del que se accede a ellos, unos pueblos han bautizado como Skartaria y otros como Tanraqull.

De acuerdo a su posicionamiento dentro del planeta, en primera instancia la forma en la que se refieren a estos territorios podría dar a entender un mero carácter descriptivo, pero estas dos palabras no son suficientes para comenzar a aportar una idea de lo que atañe a esta porción del continente.
Por más que en sus partes fronterizas las llanuras comparten las bajas temperaturas que afectan a las naciones que las rodean, una vez en su interior todo cambia. En la tundra helada que recibe a quienes se aventuran en su seno incluso el mismo frío resulta un concepto extraño. Porque cuando uno se adentra en las Llanuras abandona las latitudes en las que se encuentran demarcadas en los mapas.

La división que se hace en su nomenclatura no es gratuita, ya que si se accede a ellos desde su frontera con Tarnaq estos dan acceso a la región polar de Kaze mientras que, de hacer tal cosa desde Werela o Tembi el viajero puede llegar a acceder hasta la realidad interregna de Vidisláer.

Pero si el apelativo de helado encaja con lo que uno se puede encontrar el viajero al adentrarse en estos territorios, el referirse a ellas como llanuras no deja de ser un elemento descriptivo desafortunado. Porque más allá de la tundra helada que se extiende parcialmente hasta los territorios comunes se tiene acceso a todo tipo de orografías tanto mundanas como extrañas. Picos de alturas imposibles que no son perceptibles para quien se encuentra tras la frontera axiomática y mares que no tocan las costas que recorren quienes las navegan. Simas infinitas que desafían a los sentidos y glaciares compuestos por materiales que no existen que flotan en océanos de incertidumbre.

Dentro de las Llanuras Heladas el espacio no transcurre de manera lineal, sino que se pliega y expande de forma aleatoria conectando puntos aislados. Los puntos cardinales pierden su sentido, lo que se encuentra a la espalda de uno se le puede mostrar frente a él, una sima o una montaña pueden encontrarse a haber dado un paso en ninguna dirección.
Cuando más se adentra uno en estos lugares más difícil es salir, ya que la estructura del cuerpo se adapta a estos cambios. Deja de estar sintonizado con Daegon para moverse en otro nivel. Estrictamente hablando, sus pasos pueden haberles llevado de vuelta fuera de las Llanuras, pero eso no quiere decir que hayan regresado a Daegon.

Aún así, en su interior se han llegado a establecer pueblos. Culturas que han aprendido a leer su entorno, a ver lo que no son capaces de percibir quienes existen fuera de su burbuja. No son pueblos más sofisticados que los que habitan más allá de sus fronteras, pero tampoco gentes primitivas. Tribus nómadas que se adaptan a cada mutación de este entorno cambiante. Gentes de personas que, a pesar de carecer de conocimientos avanzados de la física y la metafísica que les rodea, han aprendido a leer señales imperceptibles para quienes viven más allá de las fronteras que les separan de lo que se extiende fuera de su hogar.

Irónicamente, este contexto es la norma para ellos y, por más complejas y duras que sean sus condiciones de vida, una vez fuera de él no sabrían como vivir sin necesitar de un arduo proceso de adaptación.

Pocas son las expediciones que se han atrevido a profundizar en su interior y, de todas ellas, sólo de una de ellas logró regresar alguien con vida. Alguien desubicado, fuera de su momento y lugar. Una persona que fue tratado de mentiroso o demente.

- Werela

Ubicada al este de las Llanuras, la situación de Werela no tiene similitud aluna con estos territorios o con los de las naciones con las que limita, pero esto no hace la vida en ella más sencilla. A su propia manera, las condiciones de vida en estos también también son muy extremas, pero la relación de su climatología con estas condiciones es mucho menor. Las radiaciones que llegan hasta estos territorios procedentes de otros niveles de existencia han convertido su interior en un entorno que podría ser fácilmente confundido con una jungla tropical. Una apariencia que a lo largo de los siglos ha llevado a quienes la visitan a realizar un gran número de asunciones erróneas y, en ocasiones, letales.

Porque, de manera independiente a su apariencia, su interior se encuentra poblado por conceptos únicos. Un alto porcentaje de su flora y su fauna no pueden existir largo tiempo fuera de ese contexto. Esto no es una mera cuestión del lo brusco y extremo que puede resultar el cambio en la climatología, sino que el mismo suelo y el agua, los nutrientes que sostienen la vida en Werela, no se dan en otro lugares. Werela posee un ecosistema cerrado, no sólo las leyes físicas sino también la manera en la que los principios químicos se encuentran presentes en este territorio han creado una situación de simbiosis y dependencia.

Por otro lado, ciertas partes de su interior, aquellas en las que las grietas planares inciden de manera más intensa, se encuentran solapadas con otros parajes externos. Al igual que sucede con las Llanuras, quienes habitan estos territorios viven simultáneamente en varios niveles de realidad aunque, al contrario que en estos, el espacio sí que funciona de una manera lineal en ellos. Por más que conceptos como la gravedad o el magnetismo se ven alterados en su interior, aunque una brújula no funcione en su interior los puntos cardinales siguen siendo válidos para quienes son capaces de detectar y asimilar los patrones adecuados.

Pero esta no es una tarea sencilla ni siquiera para los nativos de estos territorios, porque las distintas grietas que confluyen en ellos tienen distintos patrones, algunos de los cuales pueden tardar siglos en completar su ciclo. Estas grietas también están sometidas a distintas influencias por parte de los planos a los que dan acceso, llegando a sumirlas en periodos de inestabilidad. En aquellos lugares en los que su actividad no se encuentran en un estado estable todo lo que es tocado por ella se ve afectado. Tampoco existe una manera sencilla de saber en qué momento o lugar se encuentra uno bajo la influencia de alguna de ellas, ya que las señales que delatan su presencia pueden ser percibidas únicamente en momentos concretos de sus respectivos ciclos.
A lo largo de cada uno de estos ciclos las radiaciones que emiten pueden llegar a producir mutaciones no sólo en la flora o la fauna, sino también en la propia composición de sus minerales. Mutaciones que dan como resultado elementos únicos. Bienes que, a pesar de tener capacidades que pueden llegar a ambicionados por los pueblos que viven más allá de su frontera, el riesgo implícito que llevaría su recolección y estudio tiende a convertirlos en algo inasequible incluso para los más poderosos nobles, estudiosos o comerciantes. Algo que, por otro lado, no ha evitado la llegada de distintas oleadas de expedicionarios a lo largo del tiempo en pos de hacerse con ellos.

- Las llanuras Zulera

Al oeste del Pramayán se encuentra el más extenso de los axiomáticos conocidos por la humanidad hasta el regreso del continente perdido; las Llanuras Zulera.

Esta porción del continente carece de unos rasgos tan identificativos como los de los mencionados hasta el momento, pero esto no hace que su presencia sea menos problemática. Ocupando una porción nada despreciable de la parte central de oriente, su mera presencia ha supuesto un condicionante para la manera en la que se han comunicado las naciones que se encuentran en ubicadas en sus extremos opuestos. Este territorio recibe su nombre como consecuencia de los pueblos que habitan en su interior, las antaño tribus nómadas de los Zulera quienes, en gran medida, han sido uno de los nexos de unión y comunicación mas importantes entre las naciones del norte y el sur de esta porción del continente, y uno de los pueblos que más se han visto afectados por las consecuencias de la última larga noche.

Porque, si bien es cierto que las porciones habitadas del este continental se han visto afectadas en menor cuantía por el reciente evento anómalo, las Llanuras sí que han experimentado un gran número de cambios en su composición ya de por sí arbitraria.

La naturaleza de as grietas que confluyen sobre este territorio han permitido que los pueblos que habitan en su interior tengan una interacción más continuada con el resto de naciones, una relación que les ha permitido evolucionar socialmente de una forma más cercana a la del resto de culturas pero, al mismo tiempo, esto no ha supuesto que su visión acerca del mundo o la vida vaya pareja a la de estos.

El azar ha querido que las realidades con las que se solapan las Llanuras a través de estas aperturas que dan acceso hasta ellas hayan creado un entorno hasta cierto punto estable, pero esta estabilidad no ha supuesto que los axiomas que imperan en su interior sean totalmente parejos a los de Daegon, o que toda su extensión permita la existencia de vida humana en ellos. La gravedad en ellos es arbitraria y direccional. Adentrarse en ciertas parte de su interior puede suponer la muerte por aplastamiento o el perder el ancla con el firme. Estas fluctuaciones son perceptibles para los Zulera, pero alguien criado fuera de este entorno está condenado a una muerte casi segura.
La luz también se refleja de una manera distinta y, lo que desde el exterior puede parecer una llanura infinita, una vez dentro se vuelve un mosaico caleídoscópico repletos de formas que emergen en ángulos imposibles. Parajes de plantas inquebrantables y rocas fluidas, de mares súper densos y montañas etéreas.

Tras los recientes eventos algunas de sus características estables se han visto alteradas, transformando este lugar en algo aún más peligroso para quienes lo han habitado desde su infancia.

- Otros lugares extraños

Por más que estos sean los territorios más significativos en cuanto a su extensión, existen otros territorios anómalos dentro del continente aunque, como ya comentábamos cuando hablábamos de los lugares excepcionales, marcar una línea que separe con claridad a algunos de ellos de estos es en multitud una mera cuestión de matices o de percepción.

Lugares como la antigua ciudad imperial de Tashuke o el observatorio dimensional de Suli’Gier’Nal. Como el espacio que ha quedado donde antes había ciudades o placas continentales, como las nueve islas errantes que aparecieron durante los tiempos del Gran Imperio Menetiano o la ciudad celeste de Stergión. Como todas aquellas que aún no han sido descubiertas por la humanidad.

El continente es un lugar enorme, una extensión de tierra en la que caben todo tipo de fenómenos, pero para que estos lleguen a ser considerados anómalos deben tener algo único. Algo que los convierte en fuente de historias, en un foco del que beban el sentido de la maravilla, el misterio, la admiración y el temor al mismo tiempo. En una contradicción a todos los niveles.

Deben ser extraños incluso entre ellos, pero diversos en una manera en la que esto no los vuelva inverosímiles dentro de un contexto como el de Daegon o la realidad que se quiera definir. Esta extrañeza es la única característica compartida por todas ellas.
Así pues, ni Werela, Skartaria, Tanraqull o las Llanuras Zulera son un patrón que seguir ni todo lo que se ha descrito hasta el momento tiene porqué continuar como ha sido presentado. Nadie sabe qué hay bajo los abismos infinitos bajo Beretear o en las aguas que bañan Nivar, pero esto no ha evitado que surjan miles de leyendas a su alrededor.

Las Islas

Más allá del gran continente, al igual que nuestro mundo, Daegon está salpicado por miles de islas de distintos tamaños. Territorios de distintos tamaños que albergan en su interior un número proporcional de elementos comunes y únicos. Si bien es cierto que número es muy elevado, y que este ha sido ampliados con la llegada de los nuevos territorios, aquí nos centraremos en aquellos que albergan en su interior a alguna de las civilizaciones humanas.

Separándose de manera paulatina del continente se encuentran las grandes islas, algunas de las cuales son denominadas por sus habitantes como continentes de pleno derecho. Todas ellas formaron parte hace eones del gran continente pero en ninguno de los libros de historia de Daegon se encuentra plasmado un momento en el que Sembia, Shatter, Thurgold, Norotgard o Mashulanu pudiesen ser alcanzadas sin necesidad de surcar los mares. A estas grandes islas se han sumado dos de los nuevos territorios ya que, de todas los territorios errantes retornados, dos de ellos no sólo cuentan con habitantes humanos, sino que también se han materializado a una distancia que permitiese su visualización desde alguna de las rutas marítimas; Rayhosha y Eladar.

De entre el resto de los territorios marítimos de Daegon en los que se puede encontrar vida humana podríamos destacar a los grandes archipiélagos, Yarnú y Kúbor Yolasté pertenecientes al viejo mundo, o el de Digarta que se sustenta alrededor de Rayshosha. Lugares que, si bien no cuentan las mejores condiciones para que la vida florezca en ellos, sí que disponen de una amplia y nutrida variedad de minerales exóticos.

Por otro lado, y en un estado aún de incertidumbre se encuentra el nuevo archipiélago de Dalmeshi, los territorios huérfanos que han permanecido sobre los mares de este mundo tras la desaparición de la costa de Bra’Em’Kyg. Un conjunto de islas que, junto a Sembia y el Kúbor Yolasté podrían ser considerados, al menos parcialmente, como territorios anómalos.

Porque, de manera independiente a su explotación o población, no todos estos islotes comparten la misma naturaleza. Así pues, la población de estos lugares no atiende a los mismos criterios que aquella que se puede encontrar en el resto de islas. Mientras que los pobladores del Kúbor Yolasté pertenecen a los consorcios de comerciantes que gestionan su explotación, los de Dalmeshi son principalmente los integrantes de expediciones científicas, buscavidas o familiares de quienes moraban en aquellos territorios que, un lustro después, aún no han perdido la esperanza de encontrar alguna pista acerca del paradero de sus allegados.

- Thurgold

Dentro de las islas que jamás han abandonado este mundo Thurgold es la que cuenta con una extensión mayor.
Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en la ciudad costera de Tarxis, y la ubicada más al este; localizada en la bahía de Nayinteru, es de cerca de dos mil ochocientos kilómetros. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre esta misma bahía, el punto situado más al norte, y los acantilados de Mesenu, su homólogo en el sur, su longitud aproximada sería de mil cuatrocientos kilómetros.

La geografía de esta isla ha sido tan convulsa como su historia, y es quizás la que más cambios ha sufrido a lo largo de su los tiempos. Dentro de la “Columna de Yyvylion”, la cordillera que surca su interior, existen varios cráteres pertenecientes a volcanes hoy durmientes o extintos pero, durante su periodo de actividad, terminaron con una gran parte de la vida vegetal en la isla.
Así pues, es una isla mayormente desértica cuyo mayor interés durante siglos vino dado por su situación geográfica como parte de las rutas marítimas que comunican oriente y occidente. Recientemente, hace aproximadamente un siglo, el descubrimiento dentro de “La Columna” de yacimientos de salich despertó un interés adicional por parte de otras naciones.

La división territorial de este isla se encuentra claramente determinada por dos factores que no dejan de estar íntimamente relacionados; la Columna y los pueblos del continente que llegaron hasta cada uno de sus extremos antaño. En su interior no existen grandes naciones, pero sí una colección de ciudades estado ubicadas en sus costas que, en algún momento dado estuvieron relacionadas con alguna de las naciones continentales. De esta manera, en la porción occidental de la isla podemos encontrar a las ciudades de Tarxis, Anuar, Greyshard, Bélaster y Yarna. Ciudades que antaño fueron colonias menetianas o naltorianas que terminaron obteniendo su independencia.

De la misma manera, en su segmento oriental encontramos al llamado Rashen Agor o “Federación comercial de las ciudades estado de Thurgold”. Un conglomerado formado por las ciudades de Dozo, Godosu Nayal, Betharan, Iwasanli y Nimala Sinratu. Ciudades que nacieron como campamentos mineros de distintos consorcios comerciales de Ashgurn y Muliria hace menos de un siglos y que obtuvieron su independencia hace escasas décadas.

Pero estos no son los únicos pueblos que habitan en esta isla. Más allá de la costa aún perduran los descendientes de los considerados como los pueblos indígenas de la isla. Así pues, su interior occidental está surcado por las tribus nómadas de los takuro, los chanasayani o los eneleshi mientras que el oriental es se encuentra habitado por los onkeni, los bochanyi o los thomsaru.

Tanto el desierto interior como La Columna son lugares que aún poseen multitud de misterios por desvelar porque, al contrario de lo que dicta el saber popular, las culturas de los pueblos indígenas no dejan de ser una adaptación un entorno cambiante. Antaño Thurgold fue un lugar muy diferente. Un lugar en el que, al igual que en continente, se establecieron civilizaciones muy avanzadas cuyos restos aún se encuentran ocultos bajo las dunas.

- Shatter

Si continuamos nuestro viaje a través de las viejas islas y seguimos una ruta que nos lleve hasta aquella cuya extensión sería más similar a la de Thurgold, este nos llevaría hasta Shatter. De todas las grandes islas, esta sería quizás aquella que guarda una mayor número de similitudes en cuanto a su naturaleza con lo que se puede encontrar en los territorios estables del continente.

Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en las ruinas costaras de Siburn en Sinráesh, y la ubicada más al este; localizada en la bahía de Nalús en Silvarta, es de cerca de dos mil kilómetros. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre la ciudad de Nálasen en Tálaspor, el punto situado más al norte, y la playa de Rumica en Olesne, su homólogo en el sur, su longitud aproximada sería de mil novecientos kilómetros.

Al contrario de lo que sucede en Thurgold, el tipo de parajes que se pueden encontrar en su interior tiene una gran diversidad, abarcando indistintamente desde densos bosques hasta zonas desérticas, desde montes de mediana envergadura hasta llanuras de toda índole, desde ríos o lagos hasta acantilados rocosos o playas cristalinas.

En lo que respecta a su población, tanto su número de habitantes como la dispersión que tienen a lo largo de su territorio también es mucho más amplia e interrelacionada que en el caso de la isla desértica. En ella se pueden encontrar más de una decena de naciones con distintos niveles de evolución, siendo los que ocupan una mayor porción su territorio las de Silvarta, Tálaspor y la agrupación de clanes de la etnia nirgedu conocida como Sinráesh.
Aunque en otro orden de magnitud, dentro del esquema de poder de la isla también podríamos contar como relevantes a las naciones de Olesne, Maelic y Vanyashi.

En su interior también se pueden encontrar los restos de distintas civilizaciones del pasado antiguo como las de Lartal, Ovenyatna o Dogor Kelys. El tiempo y la climatología han sido generosos con el legado de estos pueblos, y una parte importante de su legado arquitectónico ha servido como base para la construcción de las naciones modernas.

Pero la relativa estabilidad axiomática que ha protegido históricamente a Shatter se vio alterada durante el reciente suceso anómalo. En los momentos finales de la Gran Penumbra una isla se materializó parcialmente en el interior de los territorios pertenecientes a Sinraesh. Una isla que no podía ser accedida mediante métodos físicos. Esta misma isla, de manera simultanea, también se materializó cerca de las costas de Menetia pero, mientras que ya no es perceptible desde esta última, en la actualidad su presencia aún permanece ligada a los territorios de Shatter.
A su vez, las brumas axiomáticas que rodean los territorios limítrofes a aquellos implicados en el solapamiento dan acceso hasta una tercera realidad afectada.

- Sembia

Si la situación experimentado por Shatter hace dos décadas es algo excepcional dentro de su contexto, la naturaleza de la isla que le sigue en tamaño ha hecho que quienes la habitan posean una percepción mucho más flexible acerca de lo que interpretar como “normal”.
En Sembia, la tercera isla más grande del viejo mundo, la vida es algo que no se da por sentado. Es un lugar en el que cada día es aceptado como un regalo. Como un don por el que se ha luchado duramente y que se aprecia y valora como en ningún otro lugar.

Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en los acantilados de Anestheti, y la ubicada más al este localizada en el cabo de Fejarn, es de cerca de seiscientos kilómetros. Por su parte, la línea que uniría perpendicularmente la playa de Totktoleshu, el punto situado más al norte, y la ciudad de Progosti, su homólogo en el sur, mediría aproximada mil trescientos kilómetros.

Más allá de la anteriormente Progosti y la ciudad de Górjost, ambas colonias establecidas por el Dominio, el resto de la isla se encuentra poblada por una miríada de tribus cuyo modo de vida podría ser catalogado casi como primitivo.

Las distintas radiaciones exóticas que han bañado Sembia a lo largo del tiempo la han convertido en una fuente de contrastes. Una isla fragmentada axiomáticamente que ha obligado a sus habitantes a permanecer en constante movimiento para evitar sus efectos más perniciosos. Tanto los vientos como los sustratos subterráneos de la isla se encuentran afectados por los movimientos anómalos actuando al mismo tiempo como agentes propagadores y barrera. El paso de las estaciones no supone únicamente un cambio en su temperatura, sino que también afecta a la actividad de las grietas que existen tanto sobre su superficie como bajo ella.

La isla tiene distintas cadenas montañosas y ríos que nacen de ellas, pero ninguno de estos elementos es comparable al N’leshu. Este monte, ubicado en en la porción noroccidental de la isla, no sólo representa su punto más elevado, sino que también es el origen de los dos ríos más caudalosos que la recorren. En su cima se encuentra el nacimiento del Winyale y el K’sudi pero, a pesar de que ambos surgen del mismo punto, uno de ellos desciende por la ladera norte y el otro en la sur oriental.

La vida de una gran parte de las tribus de la isla se conforma alrededor de las orillas de estos ríos y sus afluentes. Sus aguas no sólo les proporcionan sustento, sino que también son el indicador sobre el que han aprendido a leer los cambios que se avecinan. Los minerales que arrastran desde lo alto del N’leshu son especialmente susceptibles a las radiaciones anómalas, y las tonalidades que van adquiriendo a lo largo de su tránsito ha sido históricamente el elemento que ha determinado en gran medida los flujos migratorios de estos pueblos.

A pesar de haber incontables tribus a lo largo de Sembia no se puede decir lo mismo de las etnias que los componen. La raíz de las que parten todas ellas son cuatro; Noh’Krieg, Elantari, Mainari y M’gebu, pero ha sido la dispersión de sus emplazamientos a lo largo de su hogar y no su raíz genética lo que ha lo que ha condicionado la manera en la que ha evolucionado cada tribu.

Los emplazamientos que se han establecido por parte de los pueblos del continente se encuentran ubicados en la parte sur, la porción de la geografía de la isla que goza de una mayor estabilidad axiomática pero, al mismo tiempo, aquella que dispone de una menor variedad de recursos naturales.
El alcance de los solapamientos planares no se limita a la propia isla, sino que algunos de estos llegan a extenderse más allá de sus costas. De la misma manera, el vivir fuera de ellos tampoco garantiza la seguridad de quienes los habitan. Dependiendo de la época del año tanto el agua como el aire pueden transportar elementos impregnados por las radiaciones exóticas hasta lugares no afectados por estos.
De la misma manera, el simple hecho de que exista un solapamiento o una grieta dimensional activa no lleva implícito nada forzosamente dañino, sólo el potencial de que se produzca alguna mutación en su flora o fauna. Aun así, si bien no se trata de un agente destructor, algunos territorios muertos han llegado a revivir gracias a esta influencia, tampoco busca el bien de la humanidad. Por más que distintas culturas hayan tratado de apaciguarlos o llamarlos, las grietas carecen de dueño deseo, intención o consciencia de la existencia de conceptos sentientes que se vean afectados por su acción.

- Norotgard

La isla de Norotgard es el territorio que alberga alguna civilización humana en su interior cuya latitud se encuentra situada más al norte.
Su localización ha convertido a la isla en un lugar de paso casi obligatorio para quienes recorren el norte por el mar, ya que se encuentra situada entre las Llanuras Heladas y la región polar de Kaze. Esta condición ha provocado que aquellas naciones que ocupan las zonas costeras del sur hayan tenido a lo largo de su historia un contacto continuado con representantes de un gran número de los pueblos del continente. Por otro lado, su situación también convierte a la isla en un territorio hasta cierto punto inóspito que ha condicionado el carácter y la cultura de quienes lo habitan.

Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en la bahía de Jagrosh, y la ubicada más al este; ubicada en el cabo de Astanar, es de cerca de dos mil kilómetros. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre el glaciar de Aesur, el punto situado más al norte, y el fiordo de Naakith, su homólogo en el sur, esta se prolongaría a lo largo de seiscientos kilómetros.

A pesar de lo dura que es la vida en la isla, esta aridez no le viene dada por la presencia de ninguna grieta o solapamiento planar. El norte es un lugar muy duro, un lugar en el que la tierra apenas da para alimentar a quienes la trabajan.
En el interior de la isla podemos encontrar tres grandes naciones; Reykstolm, Vargad y Nosgarath y cerca de un centenar de pequeños feudos y pequeños estados guerreros. A pesar de que el origen étnico de todas ellas es el mismo, y lo limitado de las dimensiones de la isla, las condiciones de cada territorio han condicionado enormemente su desarrollo físico y cultural. El tamaño de las grandes naciones palidece ante el de aquellas que se pueden encontrar en el continente y que se denominan a sí mismas bajo ese mismo apelativo, pero dentro del contexto de Norotgard su poder es casi indiscutible y son quienes controlan de facto todo el tráfico marítimo que pasa por sus costas. A pesar de esto, en los tiempos en los que la precariedad es más acuciante en el norte, no es raro que los pueblos más desfavorecidos asalten a sus hermanos del sur o a los navíos que se acercan a sus costas.

Por más que axiomáticamente hablando Norotgard sea un territorio estable, en su interior se pueden encontrar dos elementos que los diferenciarían claramente de otros. Por un lado, en la ciudad de Otkel se encuentra varado desde hace casi dos milenios el domo Jonudi de Shall'Taen'Naú. A pesar de que una gran parte de la mitología de la isla se ha construido alrededor de este constructo, este lleva inactivo desde hace más de cinco siglos, pero esto no ha impedido que se haya cimentado aún más su aspecto mítico.

Por otro lado, sobre lo alto del monte Malesk, aquel que sirve como frontera entre Vargad y Reykstolm, se encuentra la isla flotanta de Turgás'Tal; el único lugar a través del cual se ha tenido contacto con los Kesari.

Ambas localizaciones son igualmente inalcanzables, ya sea por su posición o por su propia naturaleza, pero ni este hecho ni el que los habitantes de Norotgard sean considerados como unos bárbaros iletrados por parte de los pueblos más sofisticados del continente, ha supuesto un problema ante los estudiosos de todo el mundo deseosos de saber más acerca de lo que se encuentra más allá de esta realidad.

Otro de los elementos de la isla que han despertado el interés a estos mismos estudiosos son sus fiordos. Estos se pueden encontrar a lo largo de todo su contorno adquiriendo un gran número de formas y tamaños. Tanto en algunos de ellos como en los glaciares que pueden ser alcanzados desde sus regiones se han podido encontrar restos orgánicos procedentes de épocas remotas.

- Mashulanu

Finalmente dirigimos nuestra mirada hasta el archipiélago de Sakaki, el lugar en el que se encuentra la última y menor de las conocidas como “grande islas”.
Mashulanu es la mayor de las islas que conforman el archipiélago, pero no la única habitada. Si bien es cierto que todas quienes habitan en ellas comparten una cultura similar, dentro de este entorno podemos encontrar tres naciones; Shihimatsu en la isla de Doroshi, Hirogu en la isla de Ayeko y el propio imperio de Mashulanu. A pesar de sus diferencias, la manera en la que se han aislado a sí mismas del continente han hecho que, históricamente, desde este se haya considerado a todos los pueblos del archipiélago como una única nación, pero esto no deja de ser una apreciación equivocada.
Lo que sí que es cierto es que Mashulanu es la que ha tenido una mayor influencia en los territorios que colindan con ella. Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en el cabo de Asama, y la ubicada más al este; ubicada en el cabo de Irata, es de cerca de seiscientos kilómetros, pero esto se debe más a su posicionamiento dentro de los mapas que a una longitud real ya que en sus partes más anchas la isla no mide más de trescientos. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre el cabo de Gokaze, el punto situado más al norte, y el estrecho de Sishitomi, su homólogo en el sur, esta se prolongaría a lo largo de novecientos kilómetros.

Tanto esta isla como las que le rodean se les ha considerado históricamente como uno de los territorios más estables de Daegon, una cualidad que se ha mantenido tras los sucesos acontecidos tras la última “Larga noche”. Aun así, más allá de las islas que lo componen y se encuentran ancladas a la corteza planetaria, su número se ha visto incrementado por la presencia de cinco islas que han comenzado a surcar sus cielos formando un nuevo archipiélago flotante.

De entre estas nuevas islas, menores todas ellas que la de Doroshi, una de ellas alberga vida humana en su interior, pero sus habitantes, a pesar de ser conscientes de la existencia de la otra, aún no han sido aún capaces de ponerse en contacto con los mashlanitas.

A pesar de su estabilidad, la vida en Mashulanu no es sencilla. Sus tierras no son muy fértiles y la cantidad y variedad de alimentos que crecen en ellas son escasas. La cordillera del Mikaboshi que recorre casi toda su línea central, y los territorios rocosos que la rodean ocupan casi un setenta por ciento de extensión de la isla y en ellos apenas se pueden encontrar zonas habitadas. El noventa por ciento de su población se agolpa en las zonas costeras, encontrándose mucho más habitada su sección occidental.

A pesar de la percepción de estabilidad que se tiene acerca de Mashulanu, su pasado no ha estado totalmente exento de sucesos anómalos. Hace cerca de tres milenios una abstracción entró en contacto con esta realidad y tomó nombre y forma de mujer; Korian. El lugar en el que se produjo este suceso quedó marcado con un cráter aún hoy continúa siendo investigado. De su unión con un humano nació quien sería su gobernante durante cerca de dos milenios.

En ese punto las barreras que separan lo conceptual de lo terrenal son más débiles. Bajo la influencia correcta, ciertas ideas que no son de este mundo se filtran han impregnado la percepción de quienes se han visto tocados por ellas de manera continuada. Bajo esta influencia, los sentidos de quienes se han visto afectados por ella han sido capaces de tener acceso hasta pequeñas porciones de lo etéreo. Si abandonar jamás este mundo han sido capaces de ver, escuchar y sentir lo que no tiene forma ni tacto, lo que no emite sonido. Su folclore se ha visto fuertemente influenciado por este hecho ya que, quienes no enloquecieron trataron de plasmar aquello que no puede ser expresado con palabras y dar forma a lo que carece de ella.

- Otras islas

En el viejo mundo se pueden encontrar también más islas y archipiélagos que los aquí mencionados pero, ya sea por la distancia a la que se encuentran del continente o el resto de territorios habitados, por el escaso interés que han despertado sus recursos, o por su distancia de las rutas comerciales, el impacto histórico que han tenido unas culturas sobre las otras ha sido mínimo a lo largo de los últimos milenios.
De la misma manera, puede tratarse de islas sin vida humana en su interior o pobladas por los restos de alguna de las culturas de antaño cuya manera de entender el mundo haya evolucionado en otra dirección. En ellas se pueden ocultar pueblos que han decidido voluntariamente permanecer alejados de lo que se encuentra más allá de sus costas, gentes que han optado por expandirse en otras direcciones de este u otros mundos, o encontrarse encerrados dentro de una burbuja axiomática de la que no han podido escapar.
Su presencia en los mapas políticos puede haber sido residual o aún pueden ser territorios por descubrir. Sea como fuere, cualquiera de estas situaciones no tiene porque ser permanentes.

Los mares

Las aguas que bañan las costas de Daegon y las islas que lo rodean tampoco se encuentran libres de sus propias particularidades. Tanto en su superficie como en las simas abisales que pueblan los fondos marinos también se pueden encontrar fenómenos que no se podrían dar en nuestro mundo o territorios anómalos.

Cada una de estas grandes masas de agua goza de su propia historia y su propia mítica pero, mucho más allá del continente se encuentra el Gran Océano sin nombre. Una colosal masa de agua que ha permanecido lejos de la presencia humana durante milenios pero que recientemente se ha vuelto a fragmentar.

Actualmente, una gran parte de la superficie de estas aguas se encuentra cubierta por la noche perenne que sobre ellas proyectan los nuevos continentes celestes de Nargión e Ilwar así como la gran isla de Rayhosha.
Estos territorios marinos, desiertos durante desde tiempos a los que apenas alcanza a llegar la memoria humana, vuelven a reencontrarse con viejos conocidos, pero sus pobladores nada tienen que ver con quienes antaño les abandonaron.
Durante todo este tiempo, por más expediciones que han podido tratar de explorarlos, han sido “agua incógnita”. Territorios impracticables por la vía marítima ante la escasez de territorios en la que obtener agua que no sea salada.
Este es un hecho que no ha cambiado tras el regreso de los continentes perdidos sino que ha empeorado aún más. Porque, a este impedimento vital se le ha unido la imposibilidad de que la luz del sol llegue bajo ellos. Porque quizás sólo una ínfima parte de los territorios retornados lleguen a entrar en contacto con la corteza terrestre, pero más allá de estos puntos se extienden miles de kilómetros de la oscuridad más absoluta.
Sumado a todo esto, dentro de esta oscuridad las aguas son extremadamente convulsas. Las poderosas e impredecibles corrientes de aire que se forman entre las masas terrestres que sobresalen del océano y este, sumado a la incesante lluvia de rocas que se desprenden de estas masas continentales como consecuencia de estas hacen de su tránsito algo suicida.
La misma roca que conforma estos continentes ha visto alterada su naturaleza axiomática, afectando a su vez todo lo que entra en contacto con ella. El Gran Océano ya no es tal, pero aún no se sabe en qué se ha convertido.

Pero las aguas de Daegon se extienden mucho más allá de aquellas tocadas por sus masas continentales. En ellas se encuentran aún miles de misterios y recuerdos. Infinidad de fragmentos de historias aún por ser recuperada.
Sus simas abisales se encuentran pobladas no sólo por criaturas y conceptos que la humanidad no ha visto en eones, sino que también encierran al tercero y último de los Siete Picos que tenía su hogar en este planeta. La ciudad más antigua existente sobre este mundo; Matnatur, la que también fue conocida como Rielt Kamage; la última esperanza durante los tiempos ya olvidados de los progenitores de la humanidad.
Entre la roca sobre las que se esculpió esta ciudad yace una de las estirpes de los guardianes durmientes. Es el lugar de nacimiento y descanso de una de los linajes de los Mayane Undalath y la única de sus ciudades que logró sobrevivir a aquellos días.

Cada uno de los picos, al igual que el resto de los lugares anómalos, es un lugar único, y esta es una verdad que de la que no se encuentran exentos cada uno de los lugares de nacimiento de los Dragún Adai. Por más que las mitologías que contemplan su existencia hayan tratado de expresar de forma terrenal lo que estos fueron un día, ninguno de ellos ha sido comprendido en su totalidad.

Pero no es necesario alejarse del continente para dar con lugares cuya naturaleza es extraña o única. Los mares que rodean al viejo Daegon también se encuentran imbuidos de sus propios misterios y sorpresas. Hablando a grandes rasgos, estos se podrían dividir en cuatro grandes grupos.

Si comenzamos este recorrido de acuerdo a los puntos cardinales, las costas del norte continental, al igual que las de la isla de Norotgard se encuentran bañadas por las aguas de los siguientes mares:

Mar Progónico
Mar de Khanyanu
Mar de Lyg
Mar Adrásico
Mar de Jenul
Mar Egresio
Mar de Nalesh
Mar Alisio
Mar del Kehanru
Mar de Mensela
Mar Iléstico
Mar Cesel
Mar Mistélico
Mar Elesio

si dirigimos nuestra mirada hacia su costa oriental y la isla de Mashulanu, nuestros pasos nos llevarían hasta...

Mar de Mashazu
Mar de Shenzú
Mar de Mulir
Mar del Mashur
Mar de Káragos

Por su parte, tanto la mitad inferior del continente como las de la isla continente de Thurgold se encuentran acariciadas por las aguas de...

Mar Muliense
Mar Sauco
Mar Yínrico
Mar de Wadja
Mar de Asuge
Mar de Calasto
Mar de Les
Mar Orsrilio
Mar Sétrio
Mar de Rhul
Mar de Eselne
Mar de Danlau

Cerrando el círculo en nuestro recorrido este viaje finalizaría con nuestra llegada la costa oeste del continente, al igual que las grandes islas de Sembia y Shatter. Territorios que, históricamente han estado en contacto con...

Mar de Baleni
Mar Báglio
Mar de Ogoth
Mar de Mámrra
Mar de Lizov

Si la geografía continental ve separados a oriente y occidente por la confluencia de las placas tectónicas cuya colisión generó el Pramayán, el mar alrededor de este coloso también se encuentra igualmente afectado por ellas. A este respecto, tanto las Simas de Selur en el norte como el estrecho de Panyal en el sur han sito tanto o más frontera que la gran cordillera. Si naturaleza impredecible siempre ha sido un freno ante las ambiciones de los gobernantes y un acicate de cara a los estudiosos, los exploradores y los aventureros.

Las especulaciones alrededor de los fenómenos que causan este comportamiento son tan diversas como los pueblos que han convivido con ellas a lo largo de la historia. Elementos únicos acerca de los cuales se ha escrito de manera ininterrumpida a lo largo de los siglos. En las bibliotecas de Daegon se pueden encontrar cientos de estudios a este respecto pero, por más que se hayan logrado crear teorías que se aproximan enormemente a la verdad, estas no han servido para que su navegación sea una tarea menos peligrosa.

A su vez, el rigor tampoco ha podido evitar el surgimiento de teorías de otro tipo. Hipótesis que poco tienen que ver con los datos observables y que se han demostrado tan ingobernables como la naturaleza de estos territorios. Una gran parte de ellas no atienden a hechos sino a la deformación que el tiempo provoca en las historias. Así, por más que los habitantes de Daegon han especulado con la posibilidad de que todo el Pramayán como lo que le rodea sea en sí un gran territorio anómalo, esto no deja de ser un mito parcialmente cierto. Porque si entendemos lo anómalo como algo excepcional, en ninguna otra parte del mundo se pueden encontrar condiciones similares a aquellas que conforman a estos territorios.

Las aguas que rodean a la gran cordillera que separa el continente, al igual que esta misma, han supuesto históricamente mucho más que una mera barrera geográfica y cultural. Han sido obstáculos cuya complejidad a la hora de ser sorteados ha hecho avanzar a la ciencia y al conocimiento. Que han permitido que avance la manera en la que la humanidad han entendido su propio mundo.
Ha sido su intento por alcanzar lo que se encuentra más allá de esta barrera lo que les ha hecho llegas hasta territorios olvidados o desconocidos. Hasta lugares en los que yacía parte de una historia de la que no eran conscientes. Esto no sólo les ha forzado a avanzar en los terrenos de la cartografía, la ciencia de la navegación o la espedeología sino que, de manera más o menos directa, les han ayudado a realizar grandes avances en distintos campos del conocimiento.

Al igual de lo sucedido en sus acometidas a través de la vía terrestre, llegar hasta “el otro lado” a través de rutas marítimas ha sido una tarea en la que se ha logrado el éxito en distintas ocasiones, pero el lograr esta comunicación siempre les ha forzado a alejarse de lo conocido.

En el norte, el súbito cambio de altura que se produce en el punto en el que entran en contacto el Océano Sámico, el Mar Progónico y el Mar de Khanyanu es la fuente de un gran número de corrientes ingobernables que impidieron su tránsito marítimo durante siglos. Fue necesario el desarrollo y establecimiento de complejas rutas alternativas y sofisticadas técnicas de navegación para poder llegar a superar este escollo. Para sortearlo es necesario llegar casi hasta las regiones polares, por lo que este tránsito sólo es viable de manera segura en épocas muy concretas del año, y ni siquiera en ellas se trata de un viaje cómodo o exento de riesgos.

Si bien es cierto que las aguas sureñas acostumbran a ser más calmadas y benevolentes que que las de sus homólogos del norte, esto no hace que todas ellas puedan ser navegadas con la misma facilidad. La vía marítima que comunica a occidente con oriente lleva activa desde hace ya mucho, pero sigue siendo muy complejo navegar costeando alrededor de las estrecho de Panyal. Fue el tratar de superar este obstáculo lo que llevó a Menetia y Naltor a alejarse mucho de la costa y terminar redescubriendo y colonizar la isla de Thurgold. Por más que este hallazgo haya pasado a sus libros de historia como una proeza auspiciada por la inquietud y el ansia por hacerse con el control de nuevos territorios marítimos, esto no deja de ser una mera casualidad. Una coincidencia afortunada que les hizo alcanzar un punto alejado de todo lugar que se ha convertido en elemento clave para el comercio.

Porque la labor del azar a la hora de alcanzar nuevos descubrimientos nunca puede ser subestimada. Tanto el norte como el sur habían sido recorridos durante los últimos milenios sin éxito en estas búsquedas por sortear estos escollos. Cientos de expediciones que fracasaron en su cometido y que jamás llegaron a regresar hasta sus hogares. Sus restos aún permanecen allí, ya sea esparcidos bajo la masa oceánica, varados en alguna isla remota, o desvanecidos al entrar en algún otro fenómeno anómalo.

A lo largo de una parte de las costas del continente se dan distintos niveles de anomalías pero, hasta tiempos recientes ninguna de ellas ha igualado a las que se encuentran a ambos extremos de la gran cordillera, pero este impacto se ha visto eclipsado por las consecuencias del regreso de Nargión e Ilwar.

Porque a los mares anteriormente citados desde hace un lustro se ha añadido uno más; aquel que desde siempre fue conocido como el Mar interior de Johrg.
La desaparición de una gran parte de la masa continental de la porción central de occidente ha supuesto que este pequeño mar haya pasado a entrar en contacto, al igual que los demás, con el Océano Sámico. A pesar del tiempo transcurrido la navegación de estas nuevas aguas aún es realizada con cautela. Porque, a pesar de que no ha sucedido tal cosa, las historias acerca los restos de quienes vivieron en los territorios desaparecidos no tardaron en proliferar. Historias de islas fantasma que recorren el nuevo mar. De cuerpos que aparecen en las costas portando señales de advertencia. Presagiando la llegada de un nuevo cataclismo.
Pero más allá de la ficción sí que se pueden encontrar pequeñas porciones de verdad, porque aún quedan pequeños fragmentos de los territorios desaparecidos en este nivel de realidad. Algunos de ellos se encuentran visibles, pero otros resultan un escollo insalvable para los barcos que se adentran en estas aguas. Trampas mortales de las que los cuerpos de sus marineros que son arrojados hasta las costas más cercanas dan triste testimonio.

Pero antes de esto, el Mar de Johrg ya tenía sus propias particularidades. Hasta tiempos recientes su costa norteña apenas tenía contacto con Werela pero, tras su extensión y la desaparición de la vieja Tembi ahora cientos de kilómetros de su extensión limitan con este territorio anómalo. Este hecho a supuesto al mismo tiempo una fuente de preocupaciones y expectación. Se ha ganado una nueva puerta de acceso hasta este territorio, un medio para el que los científicos puedan explorar con menor riesgo los territorios del interior. Al mismo tiempo, los marinos y las cosas comerciales no comparten la excitación de los estudiosos. Puede que esta costa sea navegable a día de hoy, pero el desconocimiento de lo que se pueden encontrar ahí, y la actual situación política entre Tembi, Harst y Tarnaq ha hecho que los intentos por tratar de establecer rutas que recorran la nueva costa sean escasos.

Por su parte, las aguas que rodean Nivar han sido desde hace siglos una una fuente de riqueza para esta nación tanto de forma directa como indirecta. Una riqueza obtenida en gran medida por los materiales que eran extraídos por las nivar del fondo marino.
La costa sur del Mar de Johrg ha sido desde siempre uno de los territorios anómalos que han escapado al foco de atención pública, ya que su origen no se encontraba accesible para la humanidad.
En este caso, el solapamiento que tiene lugar bajo las aguas no pone en contacto a distintos niveles de existencia, sino que es un pliegue en el espacio que comunica Daegon con el planeta del que son originarias estas criaturas marinas. Gran parte de los materiales que han traído hasta la superficie no pueden ser encontrados en ningún otro lugar ya que su procedencia no es de este mundo.

La costa oeste del continente es la que más afectada se ha visto por los cambios. Tanto el Mar de Ogoth como el Mar de Mámrra han visto sus corrientes afectadas directamente por este cambio. Su navegabilidad ha quedado muy afectada por este hecho y aún no se ha logrado establecer una ruta estable que conecte lo que antes estaba unido por la línea costera. Los navíos se ven obligados a adentrarse en el Mar de Johrg para seguir costeando y aumentar enormemente la duración de sus trayectos, o a alejarse de la costa y transitar cerca del Kubór Yolasté. El tránsito no se ha detenido, pero ninguna de las dos opciones es bienvenida por los marineros.

Por su lado, aunque con un impacto en apariencia menor, los mares anómalos que se encuentran en lo que antes eran las costas de Bra’Em’Kyg o Naltor también guardan en su interior sorpresas desagradables. Su tránsito es más seguro que el de los anteriormente citados, pero los conceptos que se han filtrado a través de las grietas, si bien son abstracciones carentes de forma o materia, afectan con cada uno de sus movimientos involuntarios a todo lo que les rodea. Con esto, el Mar de Wadja y el de Asuge se han unido al Mar de Calasto que baña las costas de Menetia en el estrecho de Panyal como territorios anómalos en cuanto a su navegación.

Esta es sólo una pequeña muestra de lo que existe más allá del mundo habitado por la humanidad. El planeta es muy grande y la cantidad de territorios a explorar exceden con mucho a los que se engloban dentro del “mundo conocido”. Los mapas son herramientas imprecisas basadas en un conocimiento muy limitado, por lo que lo que se puede encontrar más allá de donde terminan esos no tienen porque limitarse a una infinita extensión de agua pero, de ser así, esta tampoco tiene porque ser algo anodino.

De la misma manera que quedan muchos archipiélagos por ser descubiertos, también existe una cantidad igual de nuevos mares que bañan sus costas y de fosas oceánicas custodiando los vestigios del pasado de este y otros mundos.

Los polos

Al igual que sucede en nuestro mundo, los polos geográficos de Daegon también se encuentran coronados con sendos casquetes helados; los territorios polares de Kaze y Grodoj. Lugares llenos de misterio y peligros, al igual que quienes albergan y dan acceso al mayor legado del Imperio Ailanu.

Estos son otros de los grandes lugares anómalos existentes en este mundo aunque, en ambos casos, una gran parte de este hecho ha sido causado de manera directa por la acción de la humanidad.

A pesar de que no se podría decir que estos territorios hayan estado nunca habitados, sí que fueron visitados en distintos momentos del pasado. De la misma manera, si bien el acceso hasta ellos por medios convencionales es y muy complicado en la actualidad, algunas partes de su extensión son accesibles desde distintas realidades. Esta es una relación bidireccional ya que, al mismo tiempo que sucede esto, el gélido aire polar es capaz de atravesar estas mismas grietas.

Todo este cúmulo de situaciones únicas viene derivado de una otra manera de la construcción del mayor artefacto jamás credo por cualquier pueblo de Daegon. Por la creación de “El Anillo”.

El mundo está rodeado por una colosal estructura circular construida hace cuatro milenios. Situada a una distancia equivalente a la de nuestra ionosfera, su propósito fue el de disponer de un arma con el que enfrentarse a los Jonudi tras los eventos que sucedieron a su primera aparición en este mundo. Un arma que se demostró efectiva pero que permanece inerte desde que los axiomas que la hacían funcionar dejaron de ser válidos.

Esta gargantuesca muestra del saber y el poder humano se encuentra unida al planeta por sendos pilares ubicados cada uno de ellos en uno de estos polos. Estos pilares no sólo se hunden en las profundidades del mundo a una distancia que dobla aquella que sobresale de su superficie, sino que para poder dotarlo de energía se recurrió a fuerzas que no existían en esta realidad.
Alimentado por aquellas formas de onda y radiaciones exóticas, estos pilares fueron antaño el eje sobre el que rotaba el Anillo en su labor de vigilancia, pero los principios en los que se basaba su funcionamiento. Pero este artefacto no sólo era un arma. Más allá de su función inicial y hasta el momento en el que los principios en los que se basaba su funcionamiento quedaron invalidados, sus sensores no se limitaron a monitorizar únicamente la superficie del planeta, sino que también fueron apuntados hacia el espacio. En su interior y a su alrededor se realizaron experimentos que no podían ser replicados bajo las condiciones atmosféricas o axiomáticas existentes en la superficie del mundo. Experimentos que, en gran medida, fueron los causantes del gran cambio axiomático, la caída de esta civilización y el final de una era para quienes convivieron con ella.

Las técnicas utilizadas durante su construcción, y los riesgos que se asumieron durante la misma amenazaron con rasgar la misma realidad de forma permanente. Durante el proceso se abrió el camino a nuevos conceptos hasta este mundo. Por más que una gran parte del daño logró ser contenido, ambas ubicaciones quedaron alteradas para siempre.

Las realidades con las que colinda Kaze se solapan de manera alterna, siendo algunas de ellas aquellas que también se encuentran en contacto con las Llanuras Heladas. El espacio se pliega sobre estos lugares, y el tiempo transcurre a una velocidad diferente al de otros lugares. El hielo que comparten ambas ubicaciones contiene mucho más que mera agua solidificada, ya que es capaz de retener formas de energía, aspectos y entidades que no son de este mundo.

Mientras el anillo se encontró activo, parte de la misión de sus ocupantes fue la de custodiar los accesos hasta ellos, y el mismo giro de su eje rotacional mantuvo controladas a las fuerzas que lo rodeaban, pero desde que este cesó su actividad los hielos anómalos comenzaron a trepar sobre su superficie. Tras varios milenios, la altura que han alcanzado los picos helados que se han formado a su alrededor se han convertido en las estructuras naturales más elevadas de todo Daegon.

Su influencia se ha extendido mucho más allá de lo que alcanza lo físico, haciendo patente su presencia en aquellos niveles de realidad. La bidireccionalidad de los fenómenos generados en los lugares de unión no es un elemento permanente o estable. Su comportamiento depende de tal cantidad de factores que, en la práctica, es imposible predecir en su totalidad. Todo aquello con lo que ha entrado en contacto ha ido heredando esta condición. Los hielos anómalos que se han filtrado a través de algunas de las grietas han generado nuevas realidades llegando a alterar totalmente a algunas de aquellas que existían al otro lado. Pero, una vez allí, sus cambios no se han detenido.
Existen un gran número de estas realidades intermedias. Lugares en los que, a su vez, los cristales helados han rasgado la realidad dando acceso hasta nuevos territorios. La fractalidad de estos elementos no atiende a los criterios de la matemática, la física euclídea o la relatividad. El mismo tiempo es un concepto que tampoco es capaz de afectarlos, ya que nada orgánico, abstracto o conceptual parece ser capaz de resistir su imparable avance.
En ellos se puede ver el reflejo de lo ha sido, es y será, pero también el de aquello que jamás llegó a ser. Pero, al mismo tiempo que es imparable, es igualmente frágil. Un diamante capaz de rasgar la realidad, pero también delicado como los cristales que componen un copo de nieve. Un conjunto infinito de contradicciones insondables.

Pero su periplo no sólo le ha llevado hasta lugares lejanos, sino que también le ha traído de regreso hasta Daegon. Los territorios que conforman las Llanuras Heladas del continente se encuentran ligados a este lugar, pero lo están a través de un infinito número de saltos axiomáticos.
Los habitantes de estas llanuras, los kazeri, existen al mismo tiempo en distintos lugares de esta realidad fractal. Ocupan un tiempo y un espacio en los que todo aquello que les rodea es inalcanzable. No sólo se mueven en el espacio sino que también lo hacen en el tiempo, pero jamás están en el mismo momento y lugar que nadie que no sean ellos.

Así pues, el frío y la desolación no son los únicos compañeros de viaje de quienes visitan los polos, de la misma manera que el hielo y la tecnología de antaño no son su única visión. Quien pone allí su pie se encuentra expuesto a la infinidad de conceptos extraños que han entrado en contacto con estos territorios. Su extensión se encuentra cubierta por mucho más de lo que puede ser percibido. Por un número indeterminado de fenómenos de todo tipo que, junto a los vestigios del pasado y lo convencional, se encuentran contenidos en sus gélidas estructuras. Dentro y más allá de la ventisca se pueden encontrar paisajes casi imposibles de contemplar en cualquier otro lugar. Lugares que son la suma de todas las fuerzas que confluyen ahí. Surreales e imposibles de acuerdo a la razón tradicional. Donde la materia es etérea y el sonido es capaz de rasgar la carne, donde se puede escuchar y conversar con el color, donde cerrar los ojos no evita que se contemple lo que se encuentra ante uno.

Los nuevos continentes

Hasta el momento nos hemos referido en multitud de ocasiones algunas de las diversas consecuencias acareadas por los últimos sucesos anómalos, pero lo hemos hecho siempre a través del mismo prisma. Presentando estos hechos a través de los ojos de una de las partes de la humanidad que se han visto sacudidas por él. De una de las víctimas, pero no de aquella que ha visto trastocada su existencia de una manera más drástica.

Porque, por más que hayamos descrito hasta el momento los efectos de la Larga Noche en los territorios pertenecientes al viejo mundo y sus habitantes, por más que estos aún están descubriendo y tratando de comprender la extensión de los cambios provocados en su hogar por el reciente gran evento anómalo, por más dolorosas o espectaculares que hayan podido ser las consecuencias de este suceso sobre el mundo conocido, por fortuna, en lo que a ellos respecta, estas secuelas se han centrado mayormente en el plano de lo físico, habiendo dejando al axiomático apenas alterado.

Para la otra humanidad, aquella que habita en los terrenos retornados, el cambio ha afectado por completo a todo aquello que conocían y daban por sentado. En el viejo y fragmentado continente de Nargión las alteraciones a las que se han visto sometidos han sido mucho más dramáticos.
Este viaje no ha alterado una pequeña porción de lo que lo componía, sino al conjunto completo de su realidad. El aire que respiran tiene otro olor y sabor, el cielo que contemplan tanto de día como de noche posee un marasmo infinito de detalles, de formas, colores y elementos en constante movimiento. Porque ninguna de estas palabras y conceptos que acabamos de citar existían en su hogar. Lo que respiraban no era aire, lo que los hidrataba no era agua, su cielo jamás poseyó un sol, una luna o fue una ventana hacia otros sistemas solares o galaxias.

Ni siquiera el suelo que pisan se parece ya a aquel que todos sus habitantes conocieron desde el momento de su nacimiento. Todos y cada uno de los aspectos de cada pequeña porción de cuanto conocían se han visto subvertido. Se les ha arrebatado todo aquello que sabían cierto de manera objetiva.

Porque, por más que estos territorios perteneciesen un día a la realidad de Daegon, su prolongada estancia en la de Kestra ha alterado su composición a todos los niveles. El constante estado de tensión al que estaba sometido ha sido sustituido por una sensación desconocida e inquietante. Este es su hogar, pero aún no son capaces de aceptar la sensación de… normalidad. De un estado que no sólo su hogar, sino tampoco sus cuerpos son capaces de reconocer y contra el que continúan luchando. Se podría decir que el hecho de sentirse rechazados por la realidad que habitan es la única de sus condiciones que no se ha visto alterada, pero esta no deja de ser una afirmación tremendamente simplista.

Otro hecho que tampoco se ha visto alterado es aquel que determina que la tierra bajo sus pies no se encuentra anclada a algo mayor. Los componentes de Nargión continúan flotando como, de acuerdo a los registros de esta humanidad, han hecho desde que el tiempo. Pero a pesar de que continúan flotando, hace lo hacen... sobre algo. Existe materia bajo ellos, existen océanos y un horizonte, existe al mismo tiempo una gravedad que les atrae hacia el mundo y una fuerza intrínseca en ellos que los repele de su superficie.
La distancia que separa a cada uno de sus puntos del océano es diferente. Una distancia que atiende a criterios igualmente diversos. Por otro lado, mientras que las grandes masas permanecen en una posición estática, algunas de las menores vagan libremente sobre su superficie. A su vez, no todas ellas han adoptado los mismos ángulos de inclinación. Las trayectorias de algunas de ellas les llevaron irremisiblemente a colisionar contra el suelo mientras que otros se dirigen hacia la estratosfera de forma lenta e inmutable.

Las fuerzas a las que se vio sometido el antiguo continente de Nargión durante sus cuatro milenios de exilio no sólo lo fragmentaron, sino que cada porción de su ser, cada átomo, partícula y quark se vieron sometidos a un constante proceso de adaptación. A una serie de fuerzas que luchaban por homogeneizar, confinar, pulir y redefinir todo lo que le hacía ser lo que era. Que pugnaba por convertir a la vida y la materia en conceptos precisos, infalibles y coherentes. Tras su regreso todo ha cambiado.
La vida se ha abierto camino tal y como es, arbitraria, anárquica e incontrolable. La naturaleza ha retomado su cualidad salvaje e impredecible, la certidumbre a todos los niveles se ha vuelto una entelequia. Una quimera.

Aun así, si bien es cierto que estos cambios en el plano metafísico palidecen cuando se comparan con las secuelas surgidas tras su desaparición, o con el suceso que puso fin al anterior imperio del conocimiento, no es menos cierto que la estabilidad axiomática de esta realidad se ha visto comprometida por él. Quizás esta humanidad no conserve el recuerdo del que fuese el hogar de sus ancestros, pero ciertas partes del continente recién regresado sí que conservan su memoria. De manera lenta y paulatina tanto estos territorios como sus habitantes van recuperando su composición original, pero esta es una recuperación que no podrá ser replicada en toda su extensión.

Aunque estos cambios apenas sean perceptibles, durante los últimos años se han filtrado radiaciones, conceptos y entidades extrañas que se han asentado en varias de las capas más próximas al mundo material. Seres cuya cercanía o mera presencia tiene el potencial para desencadenar nuevos eventos anómalos a menor escala. Puentes tendidos entre realidades que pueden suponer cambios significativos que favorezcan o perjudiquen a la misma humanidad en su conjunto.

Así pues, desde el punto de vista de quienes habitan estos territorios, los cambios padecidos por la geografía y axiomática de lo que era su mundo han sido mucho más drásticos que aquellos sufridos por el viejo continente. Cada uno de los grandes territorios que antaño se encontraban unidos a Nargión se encuentra habitado por una infinidad de pueblos cuya percepción nada tiene que ver con la de quienes jamás han abandonado este mundo. Una percepción y capacidad de adaptación han sido sometidas al más complejo de los retos.

El impacto de todos estos factores dentro de la realidad de Daegon es impredecible. Porque estos continentes son mucho más que meros colosos de piedra, las abstracciones que le han acompañado aún no han terminado de asentarse en esta realidad. Existen cambios en el interior de ambas. Cambios que pueden hacer que acaben desvaneciéndose ante su incapacidad para integrarse en su nueva realidad, que pueden provocar nuevas sacudidas axiomáticas en el caso de que se establezca un conflicto en alguna de sus capas, o que pueden acarrear la destrucción de Daegon tal y como siempre ha sido conocido por sus habitantes.

La suma de todos los territorios que han regresado es con mucho superior a todo el viejo mundo. Lo que se abandonó esta realidad como un colosal continente ha regresado como un gran número de territorios de diferentes tamaños. Un conjunto de localizaciones de las que sobresalen sin duda alguna los continente de...

- Nargión e Ilwar

A pesar de la fractura que sufrió el gran continente en su realidad de adopción, cualquiera de estos territorios puede llegar a competir en extensión con el continente de Daegon. El continente de Nargión se extiende de norte a sur a lo largo de nueve mil setecientos kilómetros, mientras que el de Ilwar lo hace a lo largo de nueve mil quinientos.
Cuando miramos su extensión de este a oeste, Nargión abarca casi seis mil quinientos kilómetros, mientras que Ilwar, a pesar de que en sus segmentos más anchos no supera los dos mil quinientos, su punto más occidental se encuentra separado en más de siete mil kilómetros del situado en una longitud más oriental.

Aún así, por más que su tamaño combinado haga palidecer al del mundo conocido, el número de culturas que se encuentran en su interior es con mucho inferior a los anteriormente descritos.
La suma de las civilizaciones que pueblan estos territorios es muy escasa. En el interior de Nargión apenas se pueden encontrar una docena de civilizaciones; Tosur’Qual, Ranndayi, Kayerunen, Aläsh’Quendapa, Banyakushu, Daenyalath, Dammoth, Maindare, Kinravi, Rinyutalen, Livesh’Avathe, Daganmar, mientras que en Ilwar su número es mucho más limitado quedándose sólo en cinco; Lázengan, Tegento, Entari, Lagannu y Simonyi. Algunos de estos nombres conservan reminiscencias de las naciones que abandonaron Daegon tiempo atrás, pero ahí es donde termina cualquier posible similitud con aquellos.

Sin importar que estos pueblos hayan convivido o no en una misma masa continental, ninguna de ellas ha tenido apenas contacto con el resto. Es cierto que en distintos momentos de sus respectivas historias han sabido de la existencia de las demás e incluso se han producido contactos esporádicos entre ellos, pero el establecimiento de algún tipo de las relación estable entre los distintos grupos humanos ha sido algo tremendamente raro. Cada una ha evolucionado como un ente estanco y, en gran medida, son tan alienígenas entre sí como pueden serlo con las culturas que jamás han abandonado este mundo.

Porque no sólo la vida, sino también todos los elementos que hacen esta posible eran conceptos nuevos en aquella realidad cuando llegaron. El mismo concepto del nacimiento, de lo impredecible o lo irregular eran anatema allí a donde llegaron. En la que ha sido sido su realidad natal, el mero hecho de crecer, evolucionar y sobrevivir siempre ha ha estado sometida unas condiciones mucho más extremas que la que se puede encontrar en Daegon. Y sin embargo, algunos de ellos lograron sobrevivir y prosperar allí.

Los axiomas reinantes en el plano de Kestra son la antítesis de todo lo que les ha acogido en este nuevo viejo mundo. El aire, la gravedad o el agua ya no son sucedáneos creados de manera inconsciente por el recuerdo que de estos conceptos tenían los primeros pobladores, pero ante ellos son lo que respiran, la fuerza que les ancla al suelo o lo que beben son elementos extraños. Sólo han pasado cinco años, pero ya han notado diferencias tanto en sus patrones de crecimiento como en el de sus cultivos. De la misma manera, gran parte de su tecnología ha dejado de ser funcional, pero esta cambio no ha sido tan drástico como el que sufrieron sus ancestros al llegar hasta Kestra, o el que sufrieron los habitantes de Daegon tras el último gran cambio axiomático.

Junto con ellos no ha llegado una importante parte de su carga axiomática, sino que dentro de su propia naturaleza se encuentra especialmente desarrollada su capacidad para condicionar el entorno de acuerdo a sus necesidades. Una capacidad que se ha visto desarrollada de manera inconsciente a lo largo de los cientos de generaciones en los que su misma existencia dependía de este hecho.

Al igual que sucedía en su realidad nativa, el número resulta un factor decisivo para este logro. Allí la misma vida dependía de la pertenencia a grandes grupos. A ser capaces de mantener siempre activa la lucha inconsciente entre el cambio y el estatismo. Un estado de tensión que, a pesar de carecer ya de sentido, aún se prolongó durante los primeros años posteriores a su llegada hasta Daegon y que se continúan manteniendo en activo tanto por parte de la misma materia que compone los continentes como por distintos grupos de quienes los habitan. En la actualidad, y más allá de las secuelas del reciente cambio al que se han visto sometidos, las alteraciones de todo lo que conocían aún se encuentran muy lejos de finalizar su proceso de consolidación.

Las sacudidas que continúan teniendo lugar en el interior de cada uno de estos territorios se ven plasmadas de diferentes maneras. Porque, por más que a lo largo de estos textos centremos nuestro foco en el continente de Daegon y sus habitantes, este grupo de elementos sólo ha sido uno de los afectados por el movimiento cósmico. Uno de los infinitos engranajes implicados dentro del mecanismo de la realidad en su totalidad.

Cuanto más se aleja uno de los territorios habitados de estos dos continentes, más hostil se vuelve el entorno para la humanidad. Quizás no sean ya tan frecuentes precipitaciones como las tormentas de fractalidad o los vórtices de antimateria, pero en aquellas zonas en las que los axiomas de Kestra tienen un especial arraigo aún se producen de manera tremendamente regular. Una regularidad que, en gran medida, es indistinguible del mero azar.

Dada su naturaleza axiomática, los principios que gobernaban en Kestra eran los de la estabilidad, el orden o el estatismo, pero esto no los convertía en predecibles. La cantidad de factores que intervenían en los patrones que seguían los eventos que acontecían en su interior era tal que tratar de contemplar el comportamiento de todos ellos era una tarea imposible.

Así pues, a medida que uno se alejaba uno de las zonas habitadas, lo que mandaba era una naturaleza antagónica hacia la misma vida. era lo que se encontraba. Ante sus ojos aquello no era extraño, sino una verdad que, por más aceptada que estuviese en su saber popular, no por ello menos peligrosa.

Los parajes irreales que se podían encontrar en su plano de adopción no se limitaban a ser algo a contemplar, sino que eran una advertencia. Quien se alejaba de cualquiera de los grandes grupos de población no sólo corría el riesgo de ser consumido por los axiomas de su realidad, sino que también se exponía a llegar hasta lugares en los que no existían cosas tan básicas como los sucedáneos del aire, el agua o cualquier elemento capaz de posibilitar la vida orgánica que existían en estos lugares.
Por fortuna, no toda la naturaleza de Kestra era tan intrincada como para poder anticipar sus movimientos, algo que les permitió catalogar todos y cada uno de aquellos lugares y fenómenos que les rodeaban y se podían considerar seguros. Quizás no fuesen capaces de sortearlos todos los territorios hostiles, pero sabían a ciencia cierta a lo que se exponían con cada nueva prueba que realizaban sobre ellos. Cada avance llegaba a cambio de un gran costo, pero aquel era un cálculo y un pago que eran capaces de realizar con antelación.

Ahora todo ha cambiado para ellos. Tras su regreso, esta certidumbre ha dejado de formar parte de su día a día. Algunas partes de la orografía de estos territorios se han visto tan afectadas por su permanencia en Kestra que los cambios sufridos en su propia estructura han perdurado en Daegon, pero su comportamiento en sí mismo es diferente. La tensión no ha desaparecido sino que ha cambiado de eje. La lucha entre estatismo y cambio permanece, pero la matemática ha cambiado.

Se podría decir que el tiempo ha transcurrido de un modo diferente entre los continentes de Daegon y Nargión desde el momento en el que sus caminos se separaron. Las vistas que se pueden tener en los nuevos continentes son algo único, pero esto no es debido únicamente a su posición.
Conceptos como la erosión o el paso del tiempo se plasmaban de diferente manera en Kestra y las construcciones humanas, sin importar que fuesen abandonadas o preservadas, apenas se han visto afectadas por estos factores. Cuanto más precisas eran sus formas, menor era el impacto al que se venían sometidas.
Por el contrario, todo aquello que debía su formación al azar y los elementos se ha visto pulido por fuerzas que no se pueden encontrar en ningún otro lado. La vegetación, los ríos, las montañas o la misma fauna han evolucionado siguiendo una serie de patrones “antinaturales”. Quienes más afectados se han visto por esto han sido los objetos inertes, las laderas de las montañas se han visto convertidas en construcciones llenas de aristas. Superficies cristálicas de una fractalidad imposible. Sus paredes se han vuelto algo al mismo tiempo lisas e imposiblemente facetadas. Afiladas tanto en sus caras exteriores como en las interiores. Talladas con una precisión superior a la del diamante. Formas y colores tan perfectas que los sentidos humanos no siempre estaban capacitados para perdibir.

Los cauces de sus ríos arrastran un caudal uniforme. Una cantidad de agua anómala que no ha surgido de nubes, sino de la capacidad inconsciente de la humanidad para moldear su entorno. No había mares en Kestra, ningún lugar en el que estos caudales fuesen descargados, sino que, simplemente, al llegar hasta el final de su trayecto pasar a formar parte de lo etéreo de aquella realidad.
Las plantas se sembraban y crecían porque se “sabía” que era así. Podía haber malas cosechas, pero esto no tenía que ver con cambios drásticos en la temperatura o plagas, sino a cambios axiomáticos que no habían sido previstos.
Por su parte los animales conservaban características similares a las de aquellos que abandonaron Daegon, aunque muchas de las especies no sobrevivieron al cambio. Sólo aquellas cuyos sentidos les se adaptaron para detectar la naturaleza de su entorno lograron llegar hasta nuestros días y no sin haber sufrido cambios significativos con respecto a los que conoce la humanidad de Daegon.

Hasta su llegada jamás conocieron nada parecido al ciclo del día y la noche, las estaciones, la nieve o nada que se pudiese indicar que la temperatura fuese algo cambiante. El frío o el calor, los destellos o la oscuridad eran sensaciones. Eventos ligados a la proximidad territorios anómalos, una de las señales que delataba alguna alteración de los axiomas de su entorno. Concepto que esta humanidad se ha visto forzada a reevaluar y ubicar dentro del nuevo contexto en el que existen.

Aunque ellos eran una excepción a esta máxima, el ciclo vital de todo lo que les rodeaba se regía por patrones absolutos. Quizás algunos de ellos tardasen generaciones en repetirse, pero eran perfectamente conscientes de la llegada de cada uno de los grandes ciclos. Sabían qué territorios se verían afectados por ellos, cómo diseñar sus construcciones para poder fluir con ellos. Quizás no conociesen el detalle de los movimientos cósmicos que los generaban, pero habían aprendido a predecir y evitar una gran parte de las luchas que sabían que no podían ganar.

Pero, a pesar de lo anteriormente citado, es en Daegon donde se sienten extraños y rechazados por todo cuanto les rodea. Una línea delimita el horizonte cuando se encuentran en en el extremo de los continentes, mientras formas y colores irregulares pueblan los cielos siguiendo patrones desconocidos. Sus cultivos crecen de forma anómala y el frío y la oscuridad les visitan sin necesidad de que se muevan de donde están. Todo aquí es distinto, todo es hostil, todo es anómalo.

Su elevación no sólo no es uniforme sino que oscila de acuerdo a fuerzas que desconoce, Las fuerzas naturales que las acompañaron en su vuelta aún están luchando contra los axiomas que reinan en este nivel de existencia. Las corrientes de aire que se forman entre los mares y la parte inferior de estos continentes que no llegan a entrar en contacto con este no son equiparables a nada que pueda encontrarse en otros territorios de Daegon, y las fuerzas erosionadoras que han comenzado a afectar a su parte superior también tienen características únicas.

Pero sobre su superficie no todo se podría considerar como completamente anómalo. También existen montañas y bosques, ríos y lagos que se han llenado del agua de lluvia mientras que la que los recorría se ha desplazado hasta el océano que se encuentra bajo ellos, llanuras y valles en los que ha vuelto a surgir vida nativa de esta realidad. Lugares que, a pesar de su extrañeza, también pueden ser equiparados a aquellos que conocen los habitantes de Daegon. Territorios que, cuanto más tiempo permanecen en esta realidad, más extraños son tanto para quienes siempre han vivido cerca de ellos como para los nuevos visitantes.

También se pueden encontrar sobre ellos grietas y solapamientos planares. Heridas abiertas en la realidad desde que Nargión partió de su ubicación original y reabiertas tras su regreso. En la superficie de Ilwar también se encuentra el monte Kibani, el segundo de los siete picos de los Mayane Undalath. Aquel custodiado por la estirpe de Narg'eon.
Quizás este sea el elemento que, dentro de estos territorios, ha conservado de manera más tenaz sus características originales. El Kibani es el más elevado de todos los picos que se pueden encontrar en el continente de Nargión. Ubicado en los territorios que separan a Aläsh’Quendapa, Banyakushu, y Daenyalath, su interior ha permanecido inerte durante cuatro milenios cuidando a sus habitantes durmientes de una realidad letal para ellos. Pero, a pesar de ser excepcionalmente refractario ante los axiomas de Kestra, no ha logrado evitar que su naturaleza o la de los conceptos que alberga se hayan visto comprometidos.

Tras su regreso hasta Daegon los guardianes durmientes de este pico no han no han sido despertados. Los movimientos que rompieron el letargo de sus hermanos cuando su presencia fue requerida para proteger a la realidad que les dio a luz no fueron capaces de resonar con ellos. Daegon es el cambio, y cada una de las siete estirpes que nacieron para custodiarla son un claro exponente de este hecho, pero los descendientes de Narg’Eon han cambiado de acuerdo a otros principios. Son una anomalía dentro de lo que jamás fue homogeneo.

A lo largo de la superficie de estos continentes no sólo se pueden encontrar estructuras geológicas como jamás ha conocido Dagon, sino también minerales únicos por distintos motivos. Elementos cuya composición fue alterada durante su estancia en Kestra y abstracciones nativas de aquella realidad que han sido consolidadas asumiendo una forma física bajo su influencia. Algunas de ellas han podido ser utilizadas como parte de las construcciones humanas y el contacto directo con otras puede suponer el cese de la existencia de quien las toca.

Cualquiera de estos dos continentes son mundos en sí mismos a ser explorados. Contienen la suficiente diversidad a todos los respectos que en ellos tiene cabida desde lo más mundano a lo más extraño, desde lo más bello a lo más terrible. El proceso de adaptación de sus habitantes avanza con paso lento y aún les queda mucho por descubrir de su nuevo hogar, pero no por ello son bárbaros asustados. Son gente culta que ha logrado sobrevivir y prosperar en uno de los entornos más hostiles en los que ha existido la humanidad. Su saber no se parece en nada al de la humanidad de Daegon o a la nuestra, y una parte de las tecnologías y construcciones creadas por cualquiera de estos grupos, son indistinguibles de la magia para quienes las contemplan sin pertenecer al contexto en el que han sido concebidas.
Ninguna de las culturas que lo habitan pueden ser consideradas como “milenarias”. Han cambiado tanto en su intento por sobrevivir y adaptarse a Kestra que sus tradiciones se encuentran más ligadas al pragmatismo que a la elaboración de sofisticadas cuestiones existencialistas. Por más que sus filósofos a lo largo de los siglos se hayan preguntado la razón de su misma existencia, el ser capaces de comprender y predecir el comportamiento de su entorno ha sido siempre la más acuciante de sus necesidades.

- Rayhosha, Eladar y las islas errantes

Los territorios de Nargión o Ilwar no son los únicos exponentes de lo que existía más allá de las fronteras axiomáticas de Daegon, de la misma manera que sus habitantes no pueden ser considerados como el patrón a partir del que juzgar al resto de humanidades.

Más allá de estos colosales territorios, hasta Daegon han llegado otros poseedores de unas dimensiones más modestas, pero no por ello menos únicos. Porque ni esta realidad es la única poblada por grietas que dan acceso a otros niveles de existencia, ni todo lo que existía en Kestra se veía influenciado por las mismas fuerzas.

Como muestra de algunos de los territorios discordantes para con los dos continentes podríamos encontrar la isla celeste de Eladar o la isla-continente de Rayhosha.
La primera de ellas, pese a ser la más modesta de ambas en cuanto a sus dimensiones, no por ellos es posee un menor número de particularidades. La distancia que separa a su punto más occidental de aquel ubicado más al este es similar a la que delimita los puntos más alejados entre sus latitudes, cerca de quinientos kilómetros, pero no toda esta extensión se encuentra conectada físicamente.
Su parte central y más elevada, aquella que antaño perteneció a las montañas Anarath, se encuentra separada del anillo de tierra que la rodea. Estas montañas, junto a la península de Letnur que las alojaba, desaparecieron al mismo tiempo que el continente de Nargión, pero su destino no fue exactamente el mismo que el de estos territorios.

La península de Letnur que formó parte de la costa este del continente fue un lugar convulso en el pasado, y el foco de diversos conflictos. Las montañas Anarath fueron destruidas para acabar con una rebelión mientras que, por otro lado, en aquellos lares se construía la que habría sido la tercera y mayor de las ciudades volantes de la época; la de Eladar. Una obra que no pudo ser concluida, pero para cuyo desarrollo se experimentó con la creación de grietas controladas de las que extraer energías provenientes de otros planos.

Los territorios que antaño formaron Letnur se encuentran ahora levemente desplazados de la que fuese su ubicación original. Flotan sobre el Mar de Káragos, cerca de la costa de Ashgurn, girando lentamente sobre su propio eje. A lo largo del lustro que han permanecido en esta posición aún no ha finalizado la primera de estas rotaciones, pero esto no hace de su visión algo menos único.
En su interior, poblando la parte exterior del anillo, podemos encontrar a dos pequeñas naciones; Eneshu y Mosalk, junto a un gran número de emplazamientos que no responden ante el gobierno de ninguno de estas culturas, sino ante el de la ciudad estado de Eladar.

Quizás las estructuras sociales de estos pueblos sean lo más parecido que podemos encontrar a las culturas de Daegon dentro de los territorios retornados pero, más allá de la apariencia de su organización jerárquica, existen un gran número de conceptos de base relativos a la comprensión de su misma existencia que difieren enormemente.
Los cambios sufridos por este territorio fueron menores que aquellos que impactaron en las grandes masas continentales, pero esto no implica que el segmento de realidad en el que se encontró enclavado fuese totalmente favorable para lo tangible, lo cambiante o lo orgánico.

Su traslación hasta Kestra no fue total, sino que quedaron atrapados en un territorio interregno, una dimensión en la que no sólo confluían con fuerza los axiomas de su realidades de origen y destino, sino que también contaba con una fuerte influencia de aquellas de las que sus máquinas habían establecido contacto.

Al contrario que los continentes, esta isla sí que se vio sumida en diversos ciclos axiomáticos. En estos no había sol o luna, pero sí ciclos de visibilidad y penumbra muy alejados entre sí. Dentro de estos ciclos no existía una única fuente de luz, sino que las distintas radiaciones que hacían este papel procedían de cada uno de los niveles de realidad que se encontraban en contacto con este reino interregno.
Su concepto de estaciones tampoco se corresponde al que se conoce en Daegon, ya que estas no estaban relacionados con cambios en el clima sino en algunos de sus axiomas primarios. Estos cambios sí que afectaban al crecimiento de la vida vegetal pero, más allá de su maduración, también generaba nuevas mutaciones sobre las formas de vida más básicas ya existentes.

El anillo exterior de Eladar está cubierto por una tupida capa de vegetación salvaje y anómala. Existen caminos pavimentados a través de esas junglas que comunican a las principales ciudades de las naciones que existen en esta isla, pero estas siempre han necesitado de constantes tareas de mantenimiento. A pesar de encontrarse separada físicamente del anillo, en los restos del monte Anarath se encuentran las minas de las que se han extraído los materiales para la construcción de las grandes ciudades y sus comunicaciones. Explotaciones mineras a las que se podía acceder en las condiciones axiomáticas en la que existían, pero que tras su regreso a Daegon han quedado aisladas.

Por su parte, la isla-continente de Rayhosha alcanza los tres mil kilómetros tanto en su latitud como en su longitud.
En el interior de esta gran isla se pueden encontrar cuatro grandes naciones; Orobe, Ruonshu, Jaslith y Aléster. Tanto la naturaleza axiomática de la isla como la situación en la que se encontraba esta en el momento de su desaparición o la misma evolución de cada una de estos pueblos ha llevado a los pobladores de este territorio a convertirse en los viajeros dimensionales.
Estas tres civilizaciones se encuentran entre las más cosmopolitas de cuantas pueblan todas la realidades. Seres en un constante tránsito en muchas ocasiones muy a su pesar.
Mientras que Eladar se encontraba en un un reino intermedio afectado por distintas realidades, Rayhosha se hallaba en en un territorio cuya inestabilidad le hacía moverse entre distintos niveles de existencia. Lugares en los que el tiempo transcurría no siempre transcurría de forma pareja a aquellos que abandonaban.

Sin moverse en apariencia del lugar en el que se encontraban enclavados, sus ancestros visitaron momentos en el tiempo y el espacio que aún no han llegado de acuerdo al la percepción del tiempo que tienen los actuales habitantes de la isla o del mismo Daegon.
El tiempo que esta isla ha permanecido en Kestra ha sido mucho menor que el de cualquiera del resto de territorios retornados, pero su estancia fuera de Daegon ha sido mucho mayor que la de estos.
Durante los periodos que transcurrían entre cada una de las reaperturas de la grieta en la que se encontraban, sus habitantes han conocido más de un millar de niveles de existencia. Han recorrido lugares que ya no existen y algunos que aún no se han formado, se han visto expuestos a axiomas únicos que han impregnado tanto a su hogar como a ellos mismos y sus descendientes.
El impacto que han tenido estos rara vez ha sido favorable, y el constante estado de inestabilidad y adaptación al que se han visto sometidos los ha marcado de manera indeleble.
En estos momentos Rayhosha se encuentra solapada en tres niveles de realidad sin formar parte de ninguna de ellas. Sus habitantes se mueven de manera simultanea dentro de todos, pero no pueden interactuar con alguien que no comparta esca condición. La percepción de todo aquello que no se encuentra en su mismo nivel de existencia es tan limitada como su capacidad para interactuar con ello. Las leyes físicas que gobiernan en este solapamiento son muy similares a las que se pueden encontrar en Daegon, pero de cara al observador externo puede parecer que que la gravedad funciona de una manera diferente.
Ante la mirada de los habitantes de Daegon, la superficie de Rayhosha aparece inclinada casi ciento setenta y cinco grados con respecto a la posición del mar que se encuentra bajo ella. Lo que los marineros perciben como su parte superior y se presenta como una colosal montaña es en realidad la masa que antaño estuvo en contacto con la corteza del planeta y los fragmentos que se desprenden de esta parecen ascender hacia los cielos.
Es en su parte inferior donde vive la humanidad de Rayhosha. El océano es su techo, uno de los muchos a los que tienen acceso y allí donde los los habitantes de Daegon sólo aprecian la la sombra que proyecta este territorio, hay una luz que sólo los nativos de la isla pueden percibir. Un conjunto de frecuencias exóticas provenientes del resto de planos con los que conviven.

Su vida no ha sido ni más sencilla ni más compleja que la del resto de los componentes de la humanidad que han retornado, simplemente diferente. Las maneras en las que los distintos entornos con los que han convivido han plasmado su hostilidad hacia ellos han sido más variadas e impredecibles que las del resto de los retornados. Algo que les ha dotado de una cantidad de recursos más amplia que la desarrollada por los demás, pero que no por ello les ha preparado mejor para su nuevo hábitat.

los periodos en los que se han encontrado activas estas grietas, su nivel de estabilidad y el impacto de los conceptos que se han filtrado a través de ellas han variado enormemente. se han debido a factores externos como los solapamientos planares consecuencia de la confluencias de distintas fuerzas en algunas de las realidades con las que comunican. Eventos a partir de la que también ha surgido algún nuevo concepto o que han afectado de manera permanente al territorio sobre el que han tenido lugar.

necesitan para vivir o las mismas leyes físicas acostumbra que tienen lugar en su interior acostumbran a verse afectadas por estas, distanciarse de aquellas que existen más allá de las áreas de efecto de las grietas. Efectos estos de los que tampoco han escapado las sociedades humanas que permanecen en su interior.

En resumen

La geografía de Daegon es su conjunto se mueve dentro de una gran cantidad de realidades. Esta no se limita a los territorios físicos, sino que se expande más allá de las barreras del propio planeta o del lo material.
Si bien es cierto que una gran parte de quienes lo habitan existen en un nivel de realidad común, la puerta para explorar estos lugares está abierta. Lo normal sólo es un punto de vista, algo que depende de una referencia. Del lugar en el que siempre has vivido.

Para los habitantes de los territorios mayoritarios, la realidad es concepto muy similar al que podemos tener nosotros. Los bosques crecen hasta que se les pega fuego, las cordilleras son barreras difíciles de franquear o lugares de los que extraer materiales de construcción, el mar es un aliado, pero también una fuerza a la que respetar, pero quienes viven en los territorios anómalos no tienen porqué compartir estas afirmaciones.

Porque también se puede encontrar entre sus territorios lugares que conviven con lo extraño o que dan acceso hasta lo que se encuentra ubicado más allá de la frontera que delimita lo convencional. Lugares en los que lo que parecen ser bosques no dan frutos ni arden, en los que las grandes elevaciones no son de piedra sino de energías infranqueables, letales o etereas, en los que la vida se mantiene gracias a los frutos que cuelgan de las estrellas. En los que el sentido de la maravilla lo domina todo.

La geografía en Daegon no es algo estático sino que fluyen y se integran con conceptos y axiomas en los que la vida tal y como la conocemos no es viable. Tanto este hecho como la manera en la que pueden afectar a quienes padecen estos cambio son dos elementos más a partir de los que se pueden crear historias.

Así pues, el de la axiomática es un territorio más que puede ser explorado. En ella, al igual que en el resto de los elementos que componen este mundo, se dan la mano la fantasía más desbocada y el realismo más sucio, lo científico y lo etéreo, lo abstracto y lo concreto, lo temible y lo hermoso. Lo que hemos presentado aquí no deja de ser una pequeña muestra de todo lo que puede existir dentro de su ecosistema. El esbozo apresurado de un conjunto de elementos a la espera ser ser utilizados, alterados y ampliados.

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¿Qué es Daegon? III: Geografía y axiomática

Lun, 04/01/2019 - 18:40
Tanto la superficie de Daegon como sus profundidades o sus cielos comparten similitudes con los nuestros, pero también se encuentran poblados un gran número de elementos que no se pueden encontrar en nuestro mundo.
A continuación trataremos de realizar una presentación general de algunos de los grandes bloques diferenciadores que se pueden encontrar en él. Para ello, haremos una descripción a muy alto nivel de algunas de sus rasgos más llamativos, así como de algunos de los elementos que han supuesto un impacto en las culturas más extendidas a lo largo de la superficie o de aquellos que pueden resultar de interés a la hora de construir historias alrededor de ellos.

Aunque en textos posteriores se irán añadiendo capas adicionales de información, Daegon es un mundo muy grande y, en cierta medida, cambiante. Un entorno lo suficientemente amplio y versátil como para que cada director de juego encuentre un hueco que se adapte a sus gustos o, de no encontrar ninguno, matizar o desarrollar desde cero alguno que se adecue a sus preferencias.

En la actualidad existen en este mundo tres colosales masas de tierra, aquellas que conforman los grandes continentes de Daegon, Nargión e Ilwar. De estos tres, tan sólo el primero de ellos se encuentra en contacto con la corteza terrestre del mundo, mientras que los otros dos se encuentran suspendidos sobre sus mares.
Siguiendo a estos en cuanto a su extensión se encuentran las dos grandes islas continente; Thurgold y Rayhosha. Al igual que sucede con los continentes, sólo el primero de ellos se encuentra anclado físicamente al fondo marino. Para terminar, podemos encontrar una serie de islas de diferentes tamaños y características. De todas estas, quienes habitan en el continente sólo saben que contengan vida inteligente cuatro de ellas; Sembia, Shatter, Norotgard, Mashulanu, pero este es un conocimiento terriblemente sesgado y se encuentra ligado tanto a su proximidad como a lo que consideran “vida inteligente”. Un concepto este que, al igual que otros muchos, se ha visto puesto en duda tras la Gran Penumbra.

Porque, por más que las alteraciones causadas por este suceso se hayan propagado en distintos niveles, el terreno en el que más claramente se pueden apreciar las consecuencia del gran cambio sucedido en el mundo ha sido en el geográfico. Algunos de estos cambio son más evidentes que otros y, mientras que tanto los territorios continentales desaparecidos o las islas errantes que han aparecido junto a las costas del continente son elementos que, hasta cierto punto, pueden encontrarse presentes en las conversaciones diarias, los nuevos territorios que, como los dos nuevos continentes, aún quedan por descubrir mar adentro.

Cada uno de estos nuevos territorios ha llegado trayendo consigo sus propias particularidades, elementos únicos de los cuales los más evidentes no son siempre los más relevantes o los que pueden llegar a causar un mayor impacto.

Si bien aportaremos unas pequeñas pinceladas acerca de los nuevos territorios, aquí nos centraremos en el “viejo mundo”, en los territorios que jamás han abandonado Daegon. Un conjunto de masas terrestres cuyo mayor representante es...

El continente de Daegon

A grandes rasgos, la geografía de Daegon no difiere en gran medida dela que podemos encontrar en nuestro mundo.
El continente que comparte nombre con la ambientación y con el propio mundo se encuentra ubicado en lo que sus habitantes consideran como la parte central del planeta. Ha permanecido sobre su superficie desde su formación y lo ha acompañado en todos sus cambios. Durante milenios ha sido el único gran continente existente sobre su superficie, y las civilizaciones que lo pueblan han sido quienes más profundamente han marcado el devenir de este mundo a lo largo de este tiempo.
Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en el Cabo de Ashnath de Tarnaq, y la ubicada más al este; la cala de Domxiao en Shinzay, es de cerca de doce mil kilómetros.
Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre la ciudad portuaria de Vylastoc en Saliria, el punto situado más al norte, y el cabo de Pramchatka en Ashghurm, su homólogo en el sur, su longitud aproximada sería de seis mil quinientos kilómetros.

Las costas del continente se encuentran bañadas por treinta y siete mares de diferentes extensiones, pudiendo encontrar en su interior también una gran diversidad de mares internos.

A tenor de esta descripción podríamos asumir que sin temor a equivocarnos que se trata de un mundo como el nuestro, y no iríamos muy desencaminados, pero más allá de estos elementos comunes podemos encontrar un cierto número de rasgos en los que ambos se diferencian. Un gran número de estos rasgos no dejan de ser atributos que se encuentran dentro del territorio de lo excepcional; de las maravillas únicas de la naturaleza y, dadas su excepcionalidad, serán a las que pasaremos a prestar atención.

Comenzaremos este recorrido con la estructura natural que goza de una elevación mayor. De haber un rasgo que lo pueda diferenciar de nuestro mundo, este podría ser el de la altura de sus grandes montes. Cimas que pueden llegar a encontrarse por encima de los diez kilómetros. De todas estas estructuras, el elemento que más resalta por encima de todos los demás sería el de la cordillera del Pramayán. Un accidente geográfico al que muchos denominan como...

- La gran frontera

Oriente y occidente se encuentran divididos por una colosal estructura natural. Una línea divisoria que significa mucho más que una mera barrera física. El punto en el que entran en contacto dos grandes placas tectónicas y las masas continentales que se encuentran sobre ellas.

Este es quizás uno de los elementos que más ha condicionado la evolución de sus diferentes culturas en el pasado. La cordillera del Pramayán es una inmensa cadena montañosa que surca y divide este continente de norte a sur a lo largo de toda su sección central. Este conjunto de montañas es conocido por tantos nombres como civilizaciones han existido bajo su sombra. A lo largo de los milenios ha sido mucho más que un mero elemento físico difícilmente franqueable, siendo el origen de tantos mitos como culturas han entrado en contacto con ella. Un reto cuya superación, en ocasiones, ha supuesto grandes avances o retrocesos para quienes en aquellos momentos se encontraban en cada uno de sus extremos.

Pero esta cordillera no siempre ha poseído las mismas características. Su elevación ha ido creciendo con cada pequeño movimiento de las placas sobre las que existe y el nivel de accesibilidad de este constructo natural ha variado a lo largo de las eras.
Pero este no ha sido siempre un mero obstáculo o un elemento desestabilizador. Quizás el lento movimiento de estas placas haya causado la destrucción de pasajes y caminos, pero esto no ha evitado que otras nuevas se construyan sobre estas ruinas. Porque las características axiomáticos únicas que se dan a su alrededor de ciertos puntos de su extensión también han sido fuente de riqueza y poder. Por más que destruyese toda construcción humana que ha trataba de contener su avance y habilitar su tránsito de forma duradera, con el transcurrir del tiempo la ciencia humana logró comprender sus patrones y a leer sus movimientos.
Las ciudades que se encuentran en la actualidad situadas en su falta o, como es el caso de Beretear y Ton’Kaheru, en sus picos, cuentan con unas arquitecturas únicas. Son ciudades que se extienden tanto fuera como dentro de la montaña. Que se aprovechan de recursos naturales que no se pueden encontrar en ninguna otra parte del mundo.

Si bien es cierto que, incluso en la actualidad, atravesar el Pramayán por tierra implica un gran riesgo, esta cordillera no sólo fue cruzada de forma habitual hasta hace aproximadamente cuatro milenios, sino que su interior fue horadado con técnicas y herramientas que ya no son posibles.
Pero tras la llegada del segundo gran cambio axiomático todo cambió. En comparación con aquel suceso, la Gran Penumbra no deja de ser una mera anécdota, pero esto no significa que no se hayan continuado produciendo cambios en el Pramayán. Por más que durante mucho tiempo esta barrera fuese algo insalvable, esto no hizo sino aumentar su cualidad como elemento diferenciador entre las culturas de oriente y occidente. Una separación que, tras aquel cambio, se vio incrementada de forma exponencial.

Desde el momento en el que las construcciones que permitían la vida en aquellos lugares y las infraestructuras que daban acceso hasta allí dejaron de funcionar, gran parte de lo que se encontraba en su interior volvió a ser un misterio. Ha pasado ya mucho tiempo desde aquello pero de forma esporádica se siguen descubriendo los restos de algunas de aquellas culturas junto con las máquinas inertes que realizaron las construcciones que permanecen en su interior. El hecho de que no puedan ser utilizadas no ha evitado que sean estudiadas. Al pasado aún conserva muchas lecciones por impartir y en presente tiene gente dispuesta a aprender de él. Por más peligroso que pueda llegar a ser el llegar hasta estas enseñanzas, siempre hay gente dispuesta a descubrir aquellas que pueden permanecer enterradas en sus entrañas.

Hasta donde alcanzan los anales de los estudiosos del presente, en distintos momentos de un pasado relativamente reciente, más de una docena de los grandes imperios han logrado vencer al coloso desde entonces. Esta ha sido una gesta a realizar, un acto de audacia que se ha convertido en la meta que siempre ha espoleado la imaginación y ambición de los más temerarios y poderosos. Un reto constante para los más intrépidos. Una prueba cuya superación, en ocasiones, ha supuesto la caída de quienes la han logrado.

Porque no todos los éxitos en esta lid han sido recompensados con fama y gloria. En casos como puedan ser los del Gran Imperio Menetiano o el Pueblo Libre de Raganyanu, el empeño de algunas de las civilizaciones por lograr franquear esta barrera en el pasado no sólo permitió el acceso hasta un mundo con un número indeterminado de similitudes y diferencias con aquel que ya conocían sino que, cuando este “nuevo mundo” fue entendido como un premio o algo de su propiedad, los recién, sin importar el extremo de la cordillera del que procediesen, descubrieron que no eran los únicos con capacidad militar o ambición.

Por más que los intentos por crear rutas viables para el transporte de tropas o mercancías a través de la cordillera hayan podido resultar exitosos, todos ellos lo han sido siempre de forma temporal. Un logro que ha podido mantenerse durante varias generaciones pero que, ante su indómita e impredecible naturaleza, han terminado por desaparecer. A lo largo de su extensión se pueden encontrar los restos de carreteras, túneles, puentes y ciudades que un día la surcaron total o parcialmente, pero su control siempre ha sido algo irrealizable en el largo recorrido. Una de las metas de quienes han aspirado y aspiran a ser grandes conquistadores.

A pesar de esto; de su dureza y de los múltiples fracasos, no todo lo que la rodea o se ha construido sobre ella se encuentra en ruinas. Un gran número de localizaciones dispersas entre sus más de seis mil kilómetros no se han visto afectadas de forma tan drástica como las que han sufrido otras. Los cambios que se han producido en su base no siempre han afectado a las ciudades y se pueden encontrar construcciones y civilizaciones ubicadas tanto en las porciones situadas a distintas alturas. Culturas que, por otro lado, en algunas ocasiones han quedado aisladas del mundo que las rodea debido a alguno de los movimientos espasmódicos de su hogar. De todas estas sólo algunas de las que se han situado en su ladera han logrado mantener una comunicación estable con quienes viven más alejados del Pramayán.

Ya se se haya logrado superar este escollo por tierra o mar, siempre que una cultura ha logrado imponerse en su desafío de una manera más o menos estable, esto ha supuesto un cambio para cada uno de los pueblos que se han visto envueltos de una algún modo en el evento. Tanto es así que la actual separación cultural del continente llegó dada como consecuencia de uno de estos logros.

Su importancia es tal que desde siempre ha condicionado la visión de las distintas culturas que lo rodean acerca de lo que se encuentra no sólo “al otro lado” sino también en su interior o en lo alto de sus picos. Ha sido adorada y temida, fuente de riqueza y de destrucción, un mero accidente geográfico o un enemigo implacable. Porque, de la misma manera que se podría datar el origen de los actuales divisiones territoriales en el momento en el que el Gran Imperio Menetiano logró franquear este escollo, su derrota también originó nuevas mitologías que se prolongaron durante siglos y que aún puede llegar a perdurar en las gentes de baja cultura.
Durante los siglos posteriores a aquella derrota, las leyenda acerca del Pramayán crecieron aún más, otorgando motivos místicos a aquel hecho. Mitos que atribuían una intención a la misma montaña. Leyendas que establecían que aquel era un escollo que no debía ser superado por la humanidad.
Irónicamente, mientras esto sucedía en occidente, la visión de ella que se estableció las naciones de oriente que vivían bajo su sombra no dejaba de ser similar. Al otro lado sólo se podían encontraban pueblos bárbaros sedientos de sangre. Tribus carentes de toda sofisticación o ética, una horda implacable que había necesitado del surgimiento de un inmortal para que pudiesen ser contenidos.

Han pasado ya milenios desde aquellos días pero, por más que esta frontera fuese superada en épocas posteriores a aquel suceso, ninguna de estas hazañas ha tenido una repercusión equiparable a aquella. El tráfico marítimo entre ambos extremos, aunque no exento de sus propios riesgos, es ya algo habitual desde hace siglos y tanto los gremios comerciales como los políticos o los científicos son perfectamente conscientes de lo mundano y lo extraño que se puede encontrar a ambos extremos, pero la materia de la que están hechas las leyendas hace que estas perduren en lugares recónditos.

Pero, a pesar de su grandiosidad, el continente es mucho más que el Pramayán. A medida que uno se aleja de la zona central, la cordillera deja de formar parte de sus vidas, sus mitos y sus temores. Una verdad que también sería extensible a aquellas provincias más alejadas de la gran montaña dentro de los pueblos que la rodean. Por más que su presencia así como su crecimiento siempre han representado una frontera para la integración y comprensión de las culturas que se han ubicado en ambos extremos, esta sólo es una de las múltiples barreras que han frenado esta comunicación.

Si bien es cierto que usaremos este accidente geográfico para dividir la descripción de la geografía del continente, tanto en su interior como en las islas y los mares que bañan sus costar podemos encontrar otros elementos dignos de mención.

- Daegon occidental

Lo porción de tierra que se extiende al oeste del Pramayán a día de hoy tiene una extensión inferior a la que podemos encontrar al este, pero esto no siempre ha sido así ya que, hasta la llegada de Nargión e Ilwar la proporción era la inversa.
Sobre esta superficie, y de acuerdo a los mapas existentes en este mundo, encontraríamos quince grandes naciones, pero tanto la precisión como la intención de estos mapas no dejan de ser valores muy cuestionables ya que en estos tratados no se encuentran un número mucho mayor de pequeños estados y ciudades soberanas.

De todas las grandes naciones que pueblan el oeste continental, sólo dos de ellas no se encuentran bañadas por ninguno de los mares que conforman sus costas; Rrearem y Baern. Todas las demás; Dominio Tarnaq, Tembi, Saliria, Goord, Johrg, Edirth, Shattegar, Nivar, Harst, Shemellom, Bra’Em’Kyg, Naltor y Menetia, así como los territorios anómalos de Werela y las Llanuras Heladas poseen algún tipo de salida al mar. Una vez más indicaremos que esto no siempre fue así, al menos, no siempre lo fue de la misma manera.

Los hechos recientes han impactado de manera especialmente dramática en varios territorios pertenecientes a la porción occidental del continente, haciendo que se desvanezca gran parte de su extensión. Si bien es cierto que la mayor parte de las zonas afectadas se encuentran en sus porciones central y sureña, el foco de estos cambios han tenido una preponderancia especial en aquellos lugares más alejados del Pramayán.

Millones de kilómetros cuadrados han desaparecido, una cantidad equivalente a la pérdida de la mitad de Europa. Este hecho ha afectado a siete de las grandes naciones y uno de los grandes territorios anómalos, pero la cuantía total de los daños provocados por ella exceden con mucho estos ámbitos. Por más desapercibidos que hayan podido pasar en dentro del gran esquema, también ha tenido lugar la desaparición total de otras naciones menores, algunas de ellas en su totalidad. De la misma manera, no sólo se ha producido el regreso de los dos continentes, sino que tanto fuera como dentro del continente existen nuevos territorios por descubrir.

Hasta tiempos recientes ni Shattegar ni Werela disponían de una salida al mar, una situación que cambió con la consolidación de los nuevos territorios. De la misma manera, las líneas costeras tanto de Tembi como de Harst, Edith, Naltor, Bra’Em’Kyg y Nivar han cambiado tras aquellos acontecimientos catastróficos.

La merma que esto ha supuesto para cada una de ellas ha sido distinta y, mientras que en la zona central, la vieja Tembi ha desaparecido por completo, la pérdida sufrida por el resto de territorios tampoco es algo desestimable. Harst ha quedado dividida por la mitad, los fiordos de Nivar han avanzado hacia el interior y Edirth ha perdido cerca de un setenta por ciento de su extensión.
El Océano Sámico ahora llega hasta el Mar de Johrg, una masa de agua que siempre había sido un mar continental.

El impacto recibido por las naciones del sur quizás sea menor en su cuanto al número de naciones afectadas, pero la ruina y las familias rotas que esto ha generado no hace que quienes han padecido sus efectos se sientan afortunados. Quizás una gran parte de su extensión aún se encuentre accesible, pero el mar Progónico y el Mar de Jenul hoy llegan hasta lo que hace poco eran las zonas centrales de Naltor y Bra’Em’Kyg. El daño que esto ha podido causar a otros niveles aún no se ha podido cuantificar, al igual que aún no se sabe cuál ha sido el destino de las porciones de su geografía que han desaparecido. Partes de ellas permanecen aún en este plano de existencia como islas o archipiélagos de distintos tamaños, pero la naturaleza de estos restos aún está por ser catalogadas por los estudiosos.

Porque, de manera independiente a la ubicación geográfica en la que se han manifestado estos fenómenos, o a sus aparentes consecuencias, por más que la causa sea común, no todas las consecuencias se han manifestado de la misma manera.

La inestabilidad planar ha podido causar que, como ya sucediese en su pasado, grandes porciones de tierra hayan acabado en otros niveles de existencia, pero ha sido la súbita ausencia de estos la que ha causado los mayores destrozos. De la misma manera que no todos los habitantes de los territorios desaparecidos han muerto, su llegada hasta otros niveles de existencia ha provocado otra serie de consecuencias para los nativos de su nuevo hogar.
Determinar el destino de cada uno de estos territorios es una labor muy compleja, pero no imposible. Se han encontrado los restos de algunas de las grandes ciudades en las profundidades, lo que ya de por sí permite a los familiares y amigos de quienes allí vivían a comenzar su periodo de duelo, o a los saqueadores a tratar de recuperar lo que pueda quedar de valor en estos lugares hoy sumergidos.

Saliendo del territorio de lo más mundano o lo trágico, y adentrándonos en el terreno de lo mitológico, otros tres lugares de los que podemos encontrar en occidente son en realidad la memoria de un pasado que sólo una persona recuerda. Porque no es necesario que nos vayamos a los nuevos territorios para encontrar lugares excepcionales en occidente.

Dos grandes territorios que han formado parte de él desde siempre se encuentran dentro de aquellos denominados como territorios anómalos; Werela y las Llanuras Heladas. Al mismo tiempo, otros como puedan ser el gran Río Gywek que sirve de frontera entre Naltor y Menetia o las junglas que ocupan desde hace siglos los territorios de Saliria en los que se construyó la ciudad de Amlot también cuenta de su propia mística.

Existen regiones de Daegon en las que lo que podríamos considerar como un accidente geográfico es, o algún día fue, algo más. Lugares como puedan ser tanto el monte Switchden en el Dominio, como el Shendaprata en Shemellom. Tanto los picos como todo lo que se extiende a lo largo de decenas de kilómetros bajo ellos y a su alrededor de ambos antaño fueron criaturas vivas que recorrieron los cielos de este mundo. Más allá de lo que se puede apreciar cuando se está en estos lugares se ocultan los restos de un pasado del que apenas queda rastro, ya que son los cadáveres de sendos shaygan, las criaturas volantes antaño conocidas también bajo el sobrenombre de “los creadores de valles”.
En la actualidad sólo queda vivo una de estas criaturas. Un coloso cuyas dimensiones apenas superan el kilómetro de diámetro y sobre el que se ha construido una ciudad, Kylgir, pero su majestuosa presencia apenas es una pálida muestra de lo que fueron los suyos.

Continuando con aquellos elementos cuya ubicación conceptual se encuentra a medio camino entre lo convencional y lo anómalo, podríamos centrar también nuestra mirada en las construcciones jonudi. A pesar de lo incierto de su origen, y de la ausencia de datos suficientes como para elaborar una teoría unificada y sólida, los estudiosos de las distintas épocas en las que se produjeron cada una de estas apariciones nunca han dejado de estudiarlas y elaborar teorías de todo tipo. De ellas, aquellas que gozan de mayor aceptación dentro de la comunidad científica actual son aquellas que determinan dos orígenes posibles para ellas. Los estancias axiomáticas a los que se bautizó como las dimensiones intermedias de Nusureh y Monrasén.

Tanto el tamaño como la forma y las características de cada estas estructuras oscila enormemente, pudiendo encontrar algunas de dimensiones colosales, como pueda ser el domo de Yujín’Bash’Tamar, conocido también como el “Domo de Jonur” en Áldern, cuyo diámetro visible supera los dos kilómetros y su altura los trescientos metros, o tan acotado como la ciudadela de Baen'Shul'Ilay ubicada en Cahirn Ansay, conocida también bajo el sobrenombre de la “Catedral Infinita”, cuyas dimensiones no son mayores que aquellas que pueda tener alguno de los grandes palacios.

A pesar de sus diferencias, ambas estructuras comparten una característica que no se ha encontrado en otras en apariencia similares. Así pues, mientras que en estos dos casos se ha logrado tener acceso hasta lo que se encuentra en su interior y también se han construido estructuras a lo largo de su superficie, en otros como los de Uli´Shur´Maesh en Baern o Mayin’Isul’Galath en la provincia reani de Mitlanesh, ni su exterior ha podido ser atravesado, ni se ha logrado perforar su superficie o construir nada sobre ellos.

La naturaleza de estas estructuras es claramente anómala, siendo la materia que las compone una oscuridad muy cercana al estado primario de este concepto. Una oscuridad cuya densidad fluctúa haciendo que su exterior sea impenetrable bajo condiciones normales, y que su interior se encuentre ubicado al mismo tiempo en distintos niveles de existencia. Todas ellas llevan tanto tiempo en los lugares que ocupan que, a pesar de conocerse su obvia naturaleza anómala, quienes viven a su alrededor los consideran algo nativo de este nivel de existencia. Tanto es así que dentro del Domo de Jonur se ha llegado a establecer una comunidad humana.

Su tacto, las formas que adopta su exterior o los relieves irregulares que se pueden adivinar a lo largo de sus superficies no comparten similitudes o patrones comunes, y el único elemento que parecen compartir aquellos que han podido ser accedidos es una oscuridad que casi puede ser palpada. Unas tinieblas que no puede ser disipada por luz alguna pero que, a pesar de esto, pueden llegar a ser capaces de generar imágenes en la mente del viajero. Otro elemento que comparten es aquel que hace que las dimensiones de su interior sean con mucho superiores a aquellas que pueden dar a entender las medidas de su exterior. La certeza de que, una vez dentro de cualquiera de ellas, ya no se está en una realidad gobernada por los axiomas imperantes en Daegon.

Otra construcción natural que navegan entre lo convencional y lo anómalo serían los fiordos de Nivar. Ya desde antes de que se produjese la desaparición de la porción central del continente estos territorios contaban con su propia mística ya, más allá de las similitudes estéticas que pueden compartir con aquellos que se pueden encontrar en Norotgard, las condiciones climatológicas de ambos territorios son totalmente dispares.
Su contorno se vio alterado drásticamente tras los eventos que llevaron a la expansión del Mar de Jorhg, pero una parte muy importante de los territorios que lo componían, a pesar de haberse visto separadas de la masa continental, han permanecido en este mundo quedando como grandes pilares irregulares cuyo tamaño oscila entre los cientos de metros y las decenas de kilómetros. Islotes que sobresalen del mar a la misma altura que los acantilados a los que pertenecieron hasta hace un lustro.

Por su parte, en Saliria, en lo alto del Muhinyashu, se encuentra ubicado, oculto también a simple vista, otro lugar mítico, pues su cima también se conoció hace millones de años como Gurudáel; “el primer pico”. El lugar del que surgieron por primera vez los Mayane Undalath.

Saliendo del terreno de los accidentes naturales, siguiendo en paralelo el recorrido de la gran barrera encontramos los restos de la mayor creación humana del mundo conocido; La vía imperial. Esta antigua calzada construida durante los tiempos del Gran Imperio Menetiano surca el centro continental de norte a sur uniendo a lo largo de su camino a las naciones de Menetia, Rearem, Goord, Baern y Saliria.
El estado en el que se encuentra esta construcción, cuya creación se remonta dos milenios atrás en el tiempo, es muy irregular. Lo que nació como un trazado homogéneo ha ido adoptando la personalidad de los pueblos que se han visto atravesados por ella. Pueblos que, en ocasiones, no han contemplado su preservación entre sus prioridades.

Estos sólo son unos pocos ejemplos de lo que se puede encontrar al oeste del Pramayán. Cada nación tiene sus propias leyendas y sus propias maneras de interactuar con su entorno. De entender lo que les rodea. Cada río, cada valle, cada bosque y cada cañada es susceptible de ser especial para quienes han habitado junto a ellas durante generaciones.

De la misma manera, todo territorio afectado por el reciente cambio se ha visto sometido a una revisión por parte de quienes han padecido este. Al igual que sucedió con cada suceso anómalo, que ha padecido el mundo a lo largo de las eras, por más extraños que hayan podido ser, siempre se ha logrado encontrar una “explicación” para ellos. A pesar de tratarse de algo tremendamente infrecuente que sólo tiene lugar una vez cada muchos siglos, se trazan patrones y relaciones indistintamente con aquello que forma parte de la mitología y con lo que es historia contrastada.

Este no ha sido el mayor de los desastres acontecidos en la historia de Daegon, ni tiene un significado especial, pero ya se han alzado voces que afirman conocer “la verdad”. No hay un plan o un propósito en el azar que los ha causado, pero esto no ha evitado que se le haya buscado una intencionalidad y uno recua de sospechosos y culpables a los que acusar.

- Daegon Oriental

Los territorios que se extienden al este del Pramayán contienen un mosaico igualmente único de particularidades que, al mismo tiempo que pueden emparentarlo con occidente, lo diferencian de él.

A este lado de la gran frontera podemos encontrar once grandes naciones; Troll’Kahn, Shirune, Dilirm, Dayashu, Shinzay, Sheparn, Dagorel, Hanrath, Ashgurn, Muliria y T’Nar con algún tipo de acceso al mar, y dos, Ton’Kaheru, Beretear, carentes de él. Si bien es cierto que el tamaño de todas ellas excede la media de las naciones occidentales, al igual que sucede con la anterior, su cartografía es igualmente imprecisa no incluyendo un gran número de naciones con mayor o menor nombre, y realizando agrupaciones discutibles a la hora de determinar su naturaleza y contexto.

En oriente también existe un gran territorio anómalos, las llamadas Llanuras Zulera pero, más allá del hecho de su extrañeza y su condición de frontera natural, este no comparte características con Werela o las Llanuras Heladas.

Su mera existencia, así como sus dimensiones y ubicación en el corazón continental de occidente han condicionado la manera en la que se comunican y relacionan los pueblos que lo rodean.
No todos sus límites son algo perceptible a simple vista y los provincias que hacen frontera con ellos acostumbran a ser igualmente dinámicas.

Algunos de los rasgos más distintivos de la geografía de oriente, a pesar de ser percibidos como tales, no son enteramente naturales. Lugares como la costa de Par-Chay-Anau en Shinzay, moldeada por los progenitores de la humanidad hace millones de años y que comunica todas las islas de los alrededores tanto sobre el mar como bajo él. No el tiempo ni los fenómenos anómalos han logrado hacer mella en su estructura ni su belleza.

Por otro lado podemos tener las ciudades estado de Beretear y Ton’Kaheru, la gran mayoría de las cuales se encuentran construidas en la cara interior de lo alto del Pramayán, no son menos dignas de admiración que las maravillas de la naturaleza.

La manera en la que se encuentran iluminado el interior de estas dos ciudades, así como la majestuosidad de las cascadas interiores que se precipitan hacia un abismo sin fin no tienen parangón en el mundo moderno, de la misma manera que la ciencia que permitió la creación de los puentes de piedra que surcan sus precipicios infinitos aún sigue siendo estudiada cuatro milenios después de su construcción.
Los recovecos que recorrían su interior no sólo fueron expandidos para albergar sus ciudades inferiores, sino que se moldearon para construir bóvedas y acueductos que aprovechasen sus cualidades naturales. Un laberinto de superficies que reflejan la luz del exterior para llevarlas hasta cada rincón de su extensión, que permite que el aire no se encuentre viciado por encontrarse en un entorno en apariencia cerrado. Sus puertas fueron el freno a la expansión de Menetia en oriente, y sus habitantes, los denominados como “Los señores de las alturas”, quienes surgieron del interior de estas cavidades para liderar a los ejércitos que llevarían la batalla hasta las puertas de la antigua capital imperial.

Otra de las maravillas de la naturaleza de oriente son las cataratas del monte Dramchatka, el lugar de nacimiento del gran rio Triad. Ambos accidentes geográficos forman parte de la frontera que separa a las Llanuras Zulera de Hanrath y T’Nar pero, más allá de este hecho hasta cierto punto anecdótico, es uno de los fenómenos que más renombre ha dado a la zona.
La caída del Río Triad se produce a lo largo de más de dos kilómetros, y su anchura en ese punto es superior a los quinientos metros.
El valle fluvial que tiene su origen en este lugar tiene su punto más amplio en el segmento en el que las fronteras de T’Nar y Hanrath confluyen con la de Muliria y finaliza en una nueva catarata en los acantilados de Tesel, el lugar en el que se produce su desembocadura en el Mar Muliense.

Si bien su número e incidencia es menor que en occidente, en oriente también podemos encontrar varias estructuras jonudi como el domo de Bushen’Geth’Ilmior ubicado en la provincia sheparni de Jezael.
Pese a producirse la aparición de este domo hace seis siglos, coincidiendo en el tiempo con aquellos aparecidos en occidente, existen dos grandes diferencias entre este constructo y aquellos que se pueden encontrar a ambos extremos del Pramayán.

Por un lado, la llegada de Bushen’Geth’Ilmior tuvo lugar en una zona habitada. Su solapamiento con esta realidad se consolidó sobre la antigua capital de Jezael, la ciudad costera de Immor. Por otro, es la única de estas construcciones que se encuentra solapada parcialmente con un territorio marítimo. Esto hecho permite ver que la extensión de estos domos no finaliza en su contacto con la masa terrestre, sino que se encuentra mucho más enraizada bajo la superficie. La parte perceptible sólo es una ínfima parte de su superficie, y esta se sumerge hasta profundidades tan remotas como ha sido capaz de descender la humanidad. Llega hasta el fondo oceánico y, se sospecha, mucho más abajo.
Su interacción con las aguas marinas no parece asemejarse en nada a aquellas reacciones que genera su contacto con el agua de lluvia y, mientras que la porción que se encuentra sobre la superficie parece no verse afectada por la luz solar sino que esta es incapaz de generar sombras y contraluces que permitan adivinar el detalle de su estructura, cuando esta se refleja en el mar se puede apreciar un cambio en esta dinámica. Bajo el agua se pueden apreciar estos dibujos como en ningún otro lado. A través de este reflejo se tiene acceso a colores que no existen, a imágenes capaces de moldear la mente de quien las contempla.

En ambos extremos se tiene la percepción equivocada de que, “más allá del Pramayán” la vida es más sencilla. De la misma manera, históricamente se ha tenido siempre la impresión de que la mayor incidencia de eventos anómalos tiene lugar en el extremo que habita cada uno. La cercanía, así como la facilidad y la rapidez en la propagación de las noticias en las naciones vecinas han sido factores determinantes a este respecto, pero esto no convierte esto en una verdad incontestable.
De cualquier manera, lo que sí que es cierto es que oriente se ha visto menos afectada por los eventos recientes que occidente. Si bien esta es una verdad incuestionable cuando comparamos la cantidad de los territorios que se han visto afectados, una vez analizada con mayor detalle no deja de ser una percepción extremadamente parcial. Porque, quizás la manera en la que la Gran Penumbra no hayan tenido un impacto tan directo sobre los habitantes de oriente, pero la fractura en la realidad causada por el regreso de los nuevos continentes también se ha dejado sentir allí.

De toda su extensión, quizás la que más se ha visto afectada haya sido aquella comprendida por las naciones costeras situadas en el sur. Aunque en menor medida que lo sucedido en occidente, algunas de las naciones ubicadas allí también se ha visto afectado por las consecuencias surgidas tras el final de la larga noche. Tanto T’Nar como Muliria han visto sus líneas costeras alteradas, pero la fortuna ha querido que esto no tuviese lugar en ninguna zona habitada. Aún así, los mapas costeros han tenido que ser trazados de nuevo y la navegación por los lugares afectados aún no se encuentra libre de peligros e incertidumbre.

Una situación similar a esta se puede encontrar en el extremo sudoriental del continente. La línea costera del sur de Ashgurn ha perdido dos porciones significativas de sus territorios en las provincias de Géryanat y Hayashin. Mientras que para la primera de ellas esto supuso la desaparición de la ciudad de Pramchatka, en el caso de la segunda no llegó a afectar a ningún territorio habitado.

Al contrario que en el caso de lo sucedido con los territorios de T’Nar y Muliria, las rutas marítimas apenas se han visto alteradas por estos cambios, pero sí que se han producido cambios en las vías terrestres. Las regiones sureñas de ambas provincias, convertidas ahora en una península, han quedado prácticamente aisladas del resto de la nación. Sus comunicaciones se han visto afectadas y, con esto, también su economía. También ha quedado un vacío de poder a escala nacional, una ocasión que no ha tardado en ser aprovechada por quienes aspiran al poder para echar en cara al gobierno su gestión de la situación.

Pero estas no han sido ni las únicas ni las más traumáticos de las consecuencias sufridas. Porque esto palidece ante la pérdida humana que ha padecido Ashgurn con la desaparición de Pramchatka. Por más que una parte de sus habitantes lograsen abandonarla a tiempo, muchos de ellos no han logrado recuperarse del dolor de la pérdida o las experiencias vividas durante aquellos días.

Por su parte, en el extremo nor oriental del continente, el golfo de Ryuseth que comparten las costas de Dilirm y Dayashu ha visto aumentada su extensión. Con esto, no sólo el Mar de Kanyanu ha avanzado hacia el interior del continente, sino que ha quedado al descubierto una nueva forma donde antes residían los territorios continentales. Esta construcción que sobresale por encima del nivel del mar pero no es tocada por este. Su plano de origen es el mismo que el de los continentes retornados, pero su naturaleza es muy diferente. No pertenece a ninguno de los territorios que antaño pertenecieron a Daegon, sino que es el primer artefacto nativo de Kestra que ha entrado en contacto con esta realidad.
Nada de este mundo es capaz de entrar en contacto con ella, ya sea el aire, la luz o el agua, pero su mera presencia sí que afecta a cada uno de estos elementos. Cada una de sus líneas poseen una precisión que no puede ser medida y en sus distintas superficies se pueden contemplar reflejos que no pertenecen a esta realidad. Su interior proyecta una luz tan coherente que su visionado de forma continuada puede llegar a resultar dañino sin una protección adecuada.

Todo lo que hay a su alrededor son cataratas, y es casi imposible navegar en su cercanía. A lo largo de toda su superficie su forma es al mismo tiempo irregular y simétrica. Por debajo el nivel del mar, las aguas han adaptado a su contorno para evitar su contacto creando un área a su alrededor de cerca de cien metros. Su parte inferior no llega a tocar el fondo marino, sino que incluso este parece haberse vuelvo más profundo repelido por su cercanía.

Los cambios que se han producido no entienden del dolor humano o las leyes que gobernaban esta realidad. Quizás los que hemos mencionado en estos párrafos puedan ser los más llamativos o que han supuesto un impacto para un mayor número de personas, pero esta no deja de ser una métrica muy subjetiva ya que el dolor de la pérdida rara vez entiende de proporciones o escala.

Pero, por más que una parte de los distintos los territorios habitados que componen Daegon hayan padecido algún tipo de cambio, esto ya ha pasado a ser materia del pasado. Algo que, poco a poco, va dejando de ser un un elemento más dentro de su día a día. Al igual que sucede en nuestro mundo, el terreno en el que se ha asentado cada pueblo no siempre ha resulta ser un aliado.
La geografía de este mundo no deja de ser un elemento más con el que jugar. Puede set tan algo dúctil o inalterable como necesite el director de juego.
Las placas tectónicas de oriente y occidente pueden tener una relación de yin y yang o ser un concepto uniforme y estático en su comportamiento dependiendo del tipo de tono que quiera el director para sus aventuras. La extensión total de estos cambios aún está por ser descubierta y acotada y, de la misma manera que aún se pueden producir nuevas sacudidas y secuelas de los eventos de hace un lustro, también estos pueden verse revertidos.

Pero si bien hasta el momento hemos tratado con aquello extraordinario dentro de lo ordinario, hemos dejado fuera de manera intencionada aquellos territorios para los que lo anómalo es norma. Aquellas porciones del continente conocidas como...

Los territorios anómalos

A ambos extremos de la gran barrera podemos encontrar grandes extensiones en los que algunas de las leyes universales que tanto nosotros como los habitantes de Daegon damos por sentadas no siempre se cumplen de forma estricta. Lugares en los que tanto lo orgánico como lo mineral se han desarrollado de otra manera, donde la evolución ha seguido otro curso. La vida aún tiene cabida en ellos, algo que incluye la vida humana, pero la naturaleza de esta también se ha visto afectada a diferentes niveles.

Obviamente, su geografía también se ha visto afectada por todos estos factores. Si bien es cierto que al hablar acerca del continente hemos presentado ciertos elementos anómalos incluso dentro de Daegon que se pueden encontrar en su interior, la naturaleza de los extraño en estos territorios es diferente.

En un primer momento estos cambios acostumbran a ser sutiles. Imperceptibles ante el asalto sensorial que pueden llegar a producir en el recién llegado ciertas porciones de estos territorios hasta que ya es tarde. Esto no significa que todo lo que se puede encontrar en su interior sea algo excepcional o extraño, pero a medida que uno pasa más tiempo en ellos aumenta exponencialmente la posibilidad de que su camino se tope con algo que no puede existir más allá de los límites de estos territorios.

La concepción de “lo normal” en el interior de estos territorios depende de cada uno de ellos, y no es algo estático. Lo que una generación pudo vivir con naturalidad para la siguiente puede ser algo extremadamente raro. La fuente de sustentos de unos puede resultar algo letal para quienes les suceden o viceversa. La vida en su interior depende de leyes en apariencia impredecibles, pero estas responden a la mecánica cósmica, al movimientos que tienen lugar más allá del plano material.

Porque, a pesar de su anomalía cuando son comparados con aquellos cuyo comportamiento puede ser predicho gracias al conocimiento actual, de lo desigual de su distribución o lo lo extremas que pueden ser las condiciones de vida en su interior, su comportamiento no es algo completamente arbitrario.

Si bien es cierto que estos territorios se extienden a lo largo de grandes extensiones de tierra, siendo algunas de ellas mayores que varias naciones, no siempre han tenido este comportamiento. Por más que haya que remitirse a cientos, cuando no miles de generaciones atrás para haber conocido otro estado, de la misma manera que surgieron sus cambios pueden verse anulados.

Generalmente estos territorios se encuentran afectados por la presencia de alguna grieta entre realidades y las radiaciones exóticas que se pueden filtrar a través de su apertura. Ni su presencia ni su influencia son algo predecible y, mientras algunos de ellos dejan clara su naturaleza en la manera en la que ha evolucionado la misma vida en su interior, la forma en la que esta influencia se ve plasmada en otros adopta una forma más sutil.
No todos los territorios anómalos se encuentran tipificados o acotados, de la misma manera que el mismo concepto de lo “normal” es una cuestión meramente estadística y un constructo cultural.

Así pues, por más que a primera vista, y ante los ojos de quien no comprende el funcionamiento del universo en su conjunto se puede llegar a confundir lo habitual con una verdad objetiva, en su interior se pueden dar eventos a todas luces imposibles. Tormentas de elementos provenientes de otros niveles de existencia, nieves perpetuas o desiertos en latitudes tropicales, junglas donde debería haber tundra, lugares en los que el espacio o el tiempo no son conceptos mucho más abstractos.

En estos casos todo se vuelve complejo, algo que incluye los intentos por delimitar el área que abarcan cada uno de ellos o, como en el caso de los dos primeros que trataremos, decidir dónde finaliza uno y comienza el otro.

- Las Llanuras Heladas

Quizás el caso más extremo de cuantos componen esta triada de territorios sea aquellos que colindan con Tarnaq, la nueva Tembi y Werela. Aquellos que, dependiendo del punto a través del que se accede a ellos, unos pueblos han bautizado como Skartaria y otros como Tanraqull.

De acuerdo a su posicionamiento dentro del planeta, en primera instancia la forma en la que se refieren a estos territorios podría dar a entender un mero carácter descriptivo, pero estas dos palabras no son suficientes para comenzar a aportar una idea de lo que atañe a esta porción del continente.
Por más que en sus partes fronterizas las llanuras comparten las bajas temperaturas que afectan a las naciones que las rodean, una vez en su interior todo cambia. En la tundra helada que recibe a quienes se aventuran en su seno incluso el mismo frío resulta un concepto extraño. Porque cuando uno se adentra en las Llanuras abandona las latitudes en las que se encuentran demarcadas en los mapas.

La división que se hace en su nomenclatura no es gratuita, ya que si se accede a ellos desde su frontera con Tarnaq estos dan acceso a la región polar de Kaze mientras que, de hacer tal cosa desde Werela o Tembi el viajero puede llegar a acceder hasta la realidad interregna de Vidisláer.

Pero si el apelativo de helado encaja con lo que uno se puede encontrar el viajero al adentrarse en estos territorios, el referirse a ellas como llanuras no deja de ser un elemento descriptivo desafortunado. Porque más allá de la tundra helada que se extiende parcialmente hasta los territorios comunes se tiene acceso a todo tipo de orografías tanto mundanas como extrañas. Picos de alturas imposibles que no son perceptibles para quien se encuentra tras la frontera axiomática y mares que no tocan las costas que recorren quienes las navegan. Simas infinitas que desafían a los sentidos y glaciares compuestos por materiales que no existen que flotan en océanos de incertidumbre.

Dentro de las Llanuras Heladas el espacio no transcurre de manera lineal, sino que se pliega y expande de forma aleatoria conectando puntos aislados. Los puntos cardinales pierden su sentido, lo que se encuentra a la espalda de uno se le puede mostrar frente a él, una sima o una montaña pueden encontrarse a haber dado un paso en ninguna dirección.
Cuando más se adentra uno en estos lugares más difícil es salir, ya que la estructura del cuerpo se adapta a estos cambios. Deja de estar sintonizado con Daegon para moverse en otro nivel. Estrictamente hablando, sus pasos pueden haberles llevado de vuelta fuera de las Llanuras, pero eso no quiere decir que hayan regresado a Daegon.

Aún así, en su interior se han llegado a establecer pueblos. Culturas que han aprendido a leer su entorno, a ver lo que no son capaces de percibir quienes existen fuera de su burbuja. No son pueblos más sofisticados que los que habitan más allá de sus fronteras, pero tampoco gentes primitivas. Tribus nómadas que se adaptan a cada mutación de este entorno cambiante. Gentes de personas que, a pesar de carecer de conocimientos avanzados de la física y la metafísica que les rodea, han aprendido a leer señales imperceptibles para quienes viven más allá de las fronteras que les separan de lo que se extiende fuera de su hogar.

Irónicamente, este contexto es la norma para ellos y, por más complejas y duras que sean sus condiciones de vida, una vez fuera de él no sabrían como vivir sin necesitar de un arduo proceso de adaptación.

Pocas son las expediciones que se han atrevido a profundizar en su interior y, de todas ellas, sólo de una de ellas logró regresar alguien con vida. Alguien desubicado, fuera de su momento y lugar. Una persona que fue tratado de mentiroso o demente.

- Werela

Ubicada al este de las Llanuras, la situación de Werela no tiene similitud aluna con estos territorios o con los de las naciones con las que limita, pero esto no hace la vida en ella más sencilla. A su propia manera, las condiciones de vida en estos también también son muy extremas, pero la relación de su climatología con estas condiciones es mucho menor. Las radiaciones que llegan hasta estos territorios procedentes de otros niveles de existencia han convertido su interior en un entorno que podría ser fácilmente confundido con una jungla tropical. Una apariencia que a lo largo de los siglos ha llevado a quienes la visitan a realizar un gran número de asunciones erróneas y, en ocasiones, letales.

Porque, de manera independiente a su apariencia, su interior se encuentra poblado por conceptos únicos. Un alto porcentaje de su flora y su fauna no pueden existir largo tiempo fuera de ese contexto. Esto no es una mera cuestión del lo brusco y extremo que puede resultar el cambio en la climatología, sino que el mismo suelo y el agua, los nutrientes que sostienen la vida en Werela, no se dan en otro lugares. Werela posee un ecosistema cerrado, no sólo las leyes físicas sino también la manera en la que los principios químicos se encuentran presentes en este territorio han creado una situación de simbiosis y dependencia.

Por otro lado, ciertas partes de su interior, aquellas en las que las grietas planares inciden de manera más intensa, se encuentran solapadas con otros parajes externos. Al igual que sucede con las Llanuras, quienes habitan estos territorios viven simultáneamente en varios niveles de realidad aunque, al contrario que en estos, el espacio sí que funciona de una manera lineal en ellos. Por más que conceptos como la gravedad o el magnetismo se ven alterados en su interior, aunque una brújula no funcione en su interior los puntos cardinales siguen siendo válidos para quienes son capaces de detectar y asimilar los patrones adecuados.

Pero esta no es una tarea sencilla ni siquiera para los nativos de estos territorios, porque las distintas grietas que confluyen en ellos tienen distintos patrones, algunos de los cuales pueden tardar siglos en completar su ciclo. Estas grietas también están sometidas a distintas influencias por parte de los planos a los que dan acceso, llegando a sumirlas en periodos de inestabilidad. En aquellos lugares en los que su actividad no se encuentran en un estado estable todo lo que es tocado por ella se ve afectado. Tampoco existe una manera sencilla de saber en qué momento o lugar se encuentra uno bajo la influencia de alguna de ellas, ya que las señales que delatan su presencia pueden ser percibidas únicamente en momentos concretos de sus respectivos ciclos.
A lo largo de cada uno de estos ciclos las radiaciones que emiten pueden llegar a producir mutaciones no sólo en la flora o la fauna, sino también en la propia composición de sus minerales. Mutaciones que dan como resultado elementos únicos. Bienes que, a pesar de tener capacidades que pueden llegar a ambicionados por los pueblos que viven más allá de su frontera, el riesgo implícito que llevaría su recolección y estudio tiende a convertirlos en algo inasequible incluso para los más poderosos nobles, estudiosos o comerciantes. Algo que, por otro lado, no ha evitado la llegada de distintas oleadas de expedicionarios a lo largo del tiempo en pos de hacerse con ellos.

- Las llanuras Zulera

Al oeste del Pramayán se encuentra el más extenso de los axiomáticos conocidos por la humanidad hasta el regreso del continente perdido; las Llanuras Zulera.

Esta porción del continente carece de unos rasgos tan identificativos como los de los mencionados hasta el momento, pero esto no hace que su presencia sea menos problemática. Ocupando una porción nada despreciable de la parte central de oriente, su mera presencia ha supuesto un condicionante para la manera en la que se han comunicado las naciones que se encuentran en ubicadas en sus extremos opuestos. Este territorio recibe su nombre como consecuencia de los pueblos que habitan en su interior, las antaño tribus nómadas de los Zulera quienes, en gran medida, han sido uno de los nexos de unión y comunicación mas importantes entre las naciones del norte y el sur de esta porción del continente, y uno de los pueblos que más se han visto afectados por las consecuencias de la última larga noche.

Porque, si bien es cierto que las porciones habitadas del este continental se han visto afectadas en menor cuantía por el reciente evento anómalo, las Llanuras sí que han experimentado un gran número de cambios en su composición ya de por sí arbitraria.

La naturaleza de as grietas que confluyen sobre este territorio han permitido que los pueblos que habitan en su interior tengan una interacción más continuada con el resto de naciones, una relación que les ha permitido evolucionar socialmente de una forma más cercana a la del resto de culturas pero, al mismo tiempo, esto no ha supuesto que su visión acerca del mundo o la vida vaya pareja a la de estos.

El azar ha querido que las realidades con las que se solapan las Llanuras a través de estas aperturas que dan acceso hasta ellas hayan creado un entorno hasta cierto punto estable, pero esta estabilidad no ha supuesto que los axiomas que imperan en su interior sean totalmente parejos a los de Daegon, o que toda su extensión permita la existencia de vida humana en ellos. La gravedad en ellos es arbitraria y direccional. Adentrarse en ciertas parte de su interior puede suponer la muerte por aplastamiento o el perder el ancla con el firme. Estas fluctuaciones son perceptibles para los Zulera, pero alguien criado fuera de este entorno está condenado a una muerte casi segura.
La luz también se refleja de una manera distinta y, lo que desde el exterior puede parecer una llanura infinita, una vez dentro se vuelve un mosaico caleídoscópico repletos de formas que emergen en ángulos imposibles. Parajes de plantas inquebrantables y rocas fluidas, de mares súper densos y montañas etéreas.

Tras los recientes eventos algunas de sus características estables se han visto alteradas, transformando este lugar en algo aún más peligroso para quienes lo han habitado desde su infancia.

- Otros lugares extraños

Por más que estos sean los territorios más significativos en cuanto a su extensión, existen otros territorios anómalos dentro del continente aunque, como ya comentábamos cuando hablábamos de los lugares excepcionales, marcar una línea que separe con claridad a algunos de ellos de estos es en multitud una mera cuestión de matices o de percepción.

Lugares como la antigua ciudad imperial de Tashuke o el observatorio dimensional de Suli’Gier’Nal. Como el espacio que ha quedado donde antes había ciudades o placas continentales, como las nueve islas errantes que aparecieron durante los tiempos del Gran Imperio Menetiano o la ciudad celeste de Stergión. Como todas aquellas que aún no han sido descubiertas por la humanidad.

El continente es un lugar enorme, una extensión de tierra en la que caben todo tipo de fenómenos, pero para que estos lleguen a ser considerados anómalos deben tener algo único. Algo que los convierte en fuente de historias, en un foco del que beban el sentido de la maravilla, el misterio, la admiración y el temor al mismo tiempo. En una contradicción a todos los niveles.

Deben ser extraños incluso entre ellos, pero diversos en una manera en la que esto no los vuelva inverosímiles dentro de un contexto como el de Daegon o la realidad que se quiera definir. Esta extrañeza es la única característica compartida por todas ellas.
Así pues, ni Werela, Skartaria, Tanraqull o las Llanuras Zulera son un patrón que seguir ni todo lo que se ha descrito hasta el momento tiene porqué continuar como ha sido presentado. Nadie sabe qué hay bajo los abismos infinitos bajo Beretear o en las aguas que bañan Nivar, pero esto no ha evitado que surjan miles de leyendas a su alrededor.

Las Islas

Más allá del gran continente, al igual que nuestro mundo, Daegon está salpicado por miles de islas de distintos tamaños. Territorios de distintos tamaños que albergan en su interior un número proporcional de elementos comunes y únicos. Si bien es cierto que número es muy elevado, y que este ha sido ampliados con la llegada de los nuevos territorios, aquí nos centraremos en aquellos que albergan en su interior a alguna de las civilizaciones humanas.

Separándose de manera paulatina del continente se encuentran las grandes islas, algunas de las cuales son denominadas por sus habitantes como continentes de pleno derecho. Todas ellas formaron parte hace eones del gran continente pero en ninguno de los libros de historia de Daegon se encuentra plasmado un momento en el que Sembia, Shatter, Thurgold, Norotgard o Mashulanu pudiesen ser alcanzadas sin necesidad de surcar los mares. A estas grandes islas se han sumado dos de los nuevos territorios ya que, de todas los territorios errantes retornados, dos de ellos no sólo cuentan con habitantes humanos, sino que también se han materializado a una distancia que permitiese su visualización desde alguna de las rutas marítimas; Rayhosha y Eladar.

De entre el resto de los territorios marítimos de Daegon en los que se puede encontrar vida humana podríamos destacar a los grandes archipiélagos, Yarnú y Kúbor Yolasté pertenecientes al viejo mundo, o el de Digarta que se sustenta alrededor de Rayshosha. Lugares que, si bien no cuentan las mejores condiciones para que la vida florezca en ellos, sí que disponen de una amplia y nutrida variedad de minerales exóticos.

Por otro lado, y en un estado aún de incertidumbre se encuentra el nuevo archipiélago de Dalmeshi, los territorios huérfanos que han permanecido sobre los mares de este mundo tras la desaparición de la costa de Bra’Em’Kyg. Un conjunto de islas que, junto a Sembia y el Kúbor Yolasté podrían ser considerados, al menos parcialmente, como territorios anómalos.

Porque, de manera independiente a su explotación o población, no todos estos islotes comparten la misma naturaleza. Así pues, la población de estos lugares no atiende a los mismos criterios que aquella que se puede encontrar en el resto de islas. Mientras que los pobladores del Kúbor Yolasté pertenecen a los consorcios de comerciantes que gestionan su explotación, los de Dalmeshi son principalmente los integrantes de expediciones científicas, buscavidas o familiares de quienes moraban en aquellos territorios que, un lustro después, aún no han perdido la esperanza de encontrar alguna pista acerca del paradero de sus allegados.

- Thurgold

Dentro de las islas que jamás han abandonado este mundo Thurgold es la que cuenta con una extensión mayor.
Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en la ciudad costera de Tarxis, y la ubicada más al este; localizada en la bahía de Nayinteru, es de cerca de dos mil ochocientos kilómetros. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre esta misma bahía, el punto situado más al norte, y los acantilados de Mesenu, su homólogo en el sur, su longitud aproximada sería de mil cuatrocientos kilómetros.

La geografía de esta isla ha sido tan convulsa como su historia, y es quizás la que más cambios ha sufrido a lo largo de su los tiempos. Dentro de la “Columna de Yyvylion”, la cordillera que surca su interior, existen varios cráteres pertenecientes a volcanes hoy durmientes o extintos pero, durante su periodo de actividad, terminaron con una gran parte de la vida vegetal en la isla.
Así pues, es una isla mayormente desértica cuyo mayor interés durante siglos vino dado por su situación geográfica como parte de las rutas marítimas que comunican oriente y occidente. Recientemente, hace aproximadamente un siglo, el descubrimiento dentro de “La Columna” de yacimientos de salich despertó un interés adicional por parte de otras naciones.

La división territorial de este isla se encuentra claramente determinada por dos factores que no dejan de estar íntimamente relacionados; la Columna y los pueblos del continente que llegaron hasta cada uno de sus extremos antaño. En su interior no existen grandes naciones, pero sí una colección de ciudades estado ubicadas en sus costas que, en algún momento dado estuvieron relacionadas con alguna de las naciones continentales. De esta manera, en la porción occidental de la isla podemos encontrar a las ciudades de Tarxis, Anuar, Greyshard, Bélaster y Yarna. Ciudades que antaño fueron colonias menetianas o naltorianas que terminaron obteniendo su independencia.

De la misma manera, en su segmento oriental encontramos al llamado Rashen Agor o “Federación comercial de las ciudades estado de Thurgold”. Un conglomerado formado por las ciudades de Dozo, Godosu Nayal, Betharan, Iwasanli y Nimala Sinratu. Ciudades que nacieron como campamentos mineros de distintos consorcios comerciales de Ashgurn y Muliria hace menos de un siglos y que obtuvieron su independencia hace escasas décadas.

Pero estos no son los únicos pueblos que habitan en esta isla. Más allá de la costa aún perduran los descendientes de los considerados como los pueblos indígenas de la isla. Así pues, su interior occidental está surcado por las tribus nómadas de los takuro, los chanasayani o los eneleshi mientras que el oriental es se encuentra habitado por los onkeni, los bochanyi o los thomsaru.

Tanto el desierto interior como La Columna son lugares que aún poseen multitud de misterios por desvelar porque, al contrario de lo que dicta el saber popular, las culturas de los pueblos indígenas no dejan de ser una adaptación un entorno cambiante. Antaño Thurgold fue un lugar muy diferente. Un lugar en el que, al igual que en continente, se establecieron civilizaciones muy avanzadas cuyos restos aún se encuentran ocultos bajo las dunas.

- Shatter

Si continuamos nuestro viaje a través de las viejas islas y seguimos una ruta que nos lleve hasta aquella cuya extensión sería más similar a la de Thurgold, este nos llevaría hasta Shatter. De todas las grandes islas, esta sería quizás aquella que guarda una mayor número de similitudes en cuanto a su naturaleza con lo que se puede encontrar en los territorios estables del continente.

Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en las ruinas costaras de Siburn en Sinráesh, y la ubicada más al este; localizada en la bahía de Nalús en Silvarta, es de cerca de dos mil kilómetros. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre la ciudad de Nálasen en Tálaspor, el punto situado más al norte, y la playa de Rumica en Olesne, su homólogo en el sur, su longitud aproximada sería de mil novecientos kilómetros.

Al contrario de lo que sucede en Thurgold, el tipo de parajes que se pueden encontrar en su interior tiene una gran diversidad, abarcando indistintamente desde densos bosques hasta zonas desérticas, desde montes de mediana envergadura hasta llanuras de toda índole, desde ríos o lagos hasta acantilados rocosos o playas cristalinas.

En lo que respecta a su población, tanto su número de habitantes como la dispersión que tienen a lo largo de su territorio también es mucho más amplia e interrelacionada que en el caso de la isla desértica. En ella se pueden encontrar más de una decena de naciones con distintos niveles de evolución, siendo los que ocupan una mayor porción su territorio las de Silvarta, Tálaspor y la agrupación de clanes de la etnia nirgedu conocida como Sinráesh.
Aunque en otro orden de magnitud, dentro del esquema de poder de la isla también podríamos contar como relevantes a las naciones de Olesne, Maelic y Vanyashi.

En su interior también se pueden encontrar los restos de distintas civilizaciones del pasado antiguo como las de Lartal, Ovenyatna o Dogor Kelys. El tiempo y la climatología han sido generosos con el legado de estos pueblos, y una parte importante de su legado arquitectónico ha servido como base para la construcción de las naciones modernas.

Pero la relativa estabilidad axiomática que ha protegido históricamente a Shatter se vio alterada durante el reciente suceso anómalo. En los momentos finales de la Gran Penumbra una isla se materializó parcialmente en el interior de los territorios pertenecientes a Sinraesh. Una isla que no podía ser accedida mediante métodos físicos. Esta misma isla, de manera simultanea, también se materializó cerca de las costas de Menetia pero, mientras que ya no es perceptible desde esta última, en la actualidad su presencia aún permanece ligada a los territorios de Shatter.
A su vez, las brumas axiomáticas que rodean los territorios limítrofes a aquellos implicados en el solapamiento dan acceso hasta una tercera realidad afectada.

- Sembia

Si la situación experimentado por Shatter hace dos décadas es algo excepcional dentro de su contexto, la naturaleza de la isla que le sigue en tamaño ha hecho que quienes la habitan posean una percepción mucho más flexible acerca de lo que interpretar como “normal”.
En Sembia, la tercera isla más grande del viejo mundo, la vida es algo que no se da por sentado. Es un lugar en el que cada día es aceptado como un regalo. Como un don por el que se ha luchado duramente y que se aprecia y valora como en ningún otro lugar.

Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en los acantilados de Anestheti, y la ubicada más al este localizada en el cabo de Fejarn, es de cerca de seiscientos kilómetros. Por su parte, la línea que uniría perpendicularmente la playa de Totktoleshu, el punto situado más al norte, y la ciudad de Progosti, su homólogo en el sur, mediría aproximada mil trescientos kilómetros.

Más allá de la anteriormente Progosti y la ciudad de Górjost, ambas colonias establecidas por el Dominio, el resto de la isla se encuentra poblada por una miríada de tribus cuyo modo de vida podría ser catalogado casi como primitivo.

Las distintas radiaciones exóticas que han bañado Sembia a lo largo del tiempo la han convertido en una fuente de contrastes. Una isla fragmentada axiomáticamente que ha obligado a sus habitantes a permanecer en constante movimiento para evitar sus efectos más perniciosos. Tanto los vientos como los sustratos subterráneos de la isla se encuentran afectados por los movimientos anómalos actuando al mismo tiempo como agentes propagadores y barrera. El paso de las estaciones no supone únicamente un cambio en su temperatura, sino que también afecta a la actividad de las grietas que existen tanto sobre su superficie como bajo ella.

La isla tiene distintas cadenas montañosas y ríos que nacen de ellas, pero ninguno de estos elementos es comparable al N’leshu. Este monte, ubicado en en la porción noroccidental de la isla, no sólo representa su punto más elevado, sino que también es el origen de los dos ríos más caudalosos que la recorren. En su cima se encuentra el nacimiento del Winyale y el K’sudi pero, a pesar de que ambos surgen del mismo punto, uno de ellos desciende por la ladera norte y el otro en la sur oriental.

La vida de una gran parte de las tribus de la isla se conforma alrededor de las orillas de estos ríos y sus afluentes. Sus aguas no sólo les proporcionan sustento, sino que también son el indicador sobre el que han aprendido a leer los cambios que se avecinan. Los minerales que arrastran desde lo alto del N’leshu son especialmente susceptibles a las radiaciones anómalas, y las tonalidades que van adquiriendo a lo largo de su tránsito ha sido históricamente el elemento que ha determinado en gran medida los flujos migratorios de estos pueblos.

A pesar de haber incontables tribus a lo largo de Sembia no se puede decir lo mismo de las etnias que los componen. La raíz de las que parten todas ellas son cuatro; Noh’Krieg, Elantari, Mainari y M’gebu, pero ha sido la dispersión de sus emplazamientos a lo largo de su hogar y no su raíz genética lo que ha lo que ha condicionado la manera en la que ha evolucionado cada tribu.

Los emplazamientos que se han establecido por parte de los pueblos del continente se encuentran ubicados en la parte sur, la porción de la geografía de la isla que goza de una mayor estabilidad axiomática pero, al mismo tiempo, aquella que dispone de una menor variedad de recursos naturales.
El alcance de los solapamientos planares no se limita a la propia isla, sino que algunos de estos llegan a extenderse más allá de sus costas. De la misma manera, el vivir fuera de ellos tampoco garantiza la seguridad de quienes los habitan. Dependiendo de la época del año tanto el agua como el aire pueden transportar elementos impregnados por las radiaciones exóticas hasta lugares no afectados por estos.
De la misma manera, el simple hecho de que exista un solapamiento o una grieta dimensional activa no lleva implícito nada forzosamente dañino, sólo el potencial de que se produzca alguna mutación en su flora o fauna. Aun así, si bien no se trata de un agente destructor, algunos territorios muertos han llegado a revivir gracias a esta influencia, tampoco busca el bien de la humanidad. Por más que distintas culturas hayan tratado de apaciguarlos o llamarlos, las grietas carecen de dueño deseo, intención o consciencia de la existencia de conceptos sentientes que se vean afectados por su acción.

- Norotgard

La isla de Norotgard es el territorio que alberga alguna civilización humana en su interior cuya latitud se encuentra situada más al norte.
Su localización ha convertido a la isla en un lugar de paso casi obligatorio para quienes recorren el norte por el mar, ya que se encuentra situada entre las Llanuras Heladas y la región polar de Kaze. Esta condición ha provocado que aquellas naciones que ocupan las zonas costeras del sur hayan tenido a lo largo de su historia un contacto continuado con representantes de un gran número de los pueblos del continente. Por otro lado, su situación también convierte a la isla en un territorio hasta cierto punto inóspito que ha condicionado el carácter y la cultura de quienes lo habitan.

Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en la bahía de Jagrosh, y la ubicada más al este; ubicada en el cabo de Astanar, es de cerca de dos mil kilómetros. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre el glaciar de Aesur, el punto situado más al norte, y el fiordo de Naakith, su homólogo en el sur, esta se prolongaría a lo largo de seiscientos kilómetros.

A pesar de lo dura que es la vida en la isla, esta aridez no le viene dada por la presencia de ninguna grieta o solapamiento planar. El norte es un lugar muy duro, un lugar en el que la tierra apenas da para alimentar a quienes la trabajan.
En el interior de la isla podemos encontrar tres grandes naciones; Reykstolm, Vargad y Nosgarath y cerca de un centenar de pequeños feudos y pequeños estados guerreros. A pesar de que el origen étnico de todas ellas es el mismo, y lo limitado de las dimensiones de la isla, las condiciones de cada territorio han condicionado enormemente su desarrollo físico y cultural. El tamaño de las grandes naciones palidece ante el de aquellas que se pueden encontrar en el continente y que se denominan a sí mismas bajo ese mismo apelativo, pero dentro del contexto de Norotgard su poder es casi indiscutible y son quienes controlan de facto todo el tráfico marítimo que pasa por sus costas. A pesar de esto, en los tiempos en los que la precariedad es más acuciante en el norte, no es raro que los pueblos más desfavorecidos asalten a sus hermanos del sur o a los navíos que se acercan a sus costas.

Por más que axiomáticamente hablando Norotgard sea un territorio estable, en su interior se pueden encontrar dos elementos que los diferenciarían claramente de otros. Por un lado, en la ciudad de Otkel se encuentra varado desde hace casi dos milenios el domo Jonudi de Shall'Taen'Naú. A pesar de que una gran parte de la mitología de la isla se ha construido alrededor de este constructo, este lleva inactivo desde hace más de cinco siglos, pero esto no ha impedido que se haya cimentado aún más su aspecto mítico.

Por otro lado, sobre lo alto del monte Malesk, aquel que sirve como frontera entre Vargad y Reykstolm, se encuentra la isla flotanta de Turgás'Tal; el único lugar a través del cual se ha tenido contacto con los Kesari.

Ambas localizaciones son igualmente inalcanzables, ya sea por su posición o por su propia naturaleza, pero ni este hecho ni el que los habitantes de Norotgard sean considerados como unos bárbaros iletrados por parte de los pueblos más sofisticados del continente, ha supuesto un problema ante los estudiosos de todo el mundo deseosos de saber más acerca de lo que se encuentra más allá de esta realidad.

Otro de los elementos de la isla que han despertado el interés a estos mismos estudiosos son sus fiordos. Estos se pueden encontrar a lo largo de todo su contorno adquiriendo un gran número de formas y tamaños. Tanto en algunos de ellos como en los glaciares que pueden ser alcanzados desde sus regiones se han podido encontrar restos orgánicos procedentes de épocas remotas.

- Mashulanu

Finalmente dirigimos nuestra mirada hasta el archipiélago de Sakaki, el lugar en el que se encuentra la última y menor de las conocidas como “grande islas”.
Mashulanu es la mayor de las islas que conforman el archipiélago, pero no la única habitada. Si bien es cierto que todas quienes habitan en ellas comparten una cultura similar, dentro de este entorno podemos encontrar tres naciones; Shihimatsu en la isla de Doroshi, Hirogu en la isla de Ayeko y el propio imperio de Mashulanu. A pesar de sus diferencias, la manera en la que se han aislado a sí mismas del continente han hecho que, históricamente, desde este se haya considerado a todos los pueblos del archipiélago como una única nación, pero esto no deja de ser una apreciación equivocada.
Lo que sí que es cierto es que Mashulanu es la que ha tenido una mayor influencia en los territorios que colindan con ella. Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en el cabo de Asama, y la ubicada más al este; ubicada en el cabo de Irata, es de cerca de seiscientos kilómetros, pero esto se debe más a su posicionamiento dentro de los mapas que a una longitud real ya que en sus partes más anchas la isla no mide más de trescientos. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre el cabo de Gokaze, el punto situado más al norte, y el estrecho de Sishitomi, su homólogo en el sur, esta se prolongaría a lo largo de novecientos kilómetros.

Tanto esta isla como las que le rodean se les ha considerado históricamente como uno de los territorios más estables de Daegon, una cualidad que se ha mantenido tras los sucesos acontecidos tras la última “Larga noche”. Aun así, más allá de las islas que lo componen y se encuentran ancladas a la corteza planetaria, su número se ha visto incrementado por la presencia de cinco islas que han comenzado a surcar sus cielos formando un nuevo archipiélago flotante.

De entre estas nuevas islas, menores todas ellas que la de Doroshi, una de ellas alberga vida humana en su interior, pero sus habitantes, a pesar de ser conscientes de la existencia de la otra, aún no han sido aún capaces de ponerse en contacto con los mashlanitas.

A pesar de su estabilidad, la vida en Mashulanu no es sencilla. Sus tierras no son muy fértiles y la cantidad y variedad de alimentos que crecen en ellas son escasas. La cordillera del Mikaboshi que recorre casi toda su línea central, y los territorios rocosos que la rodean ocupan casi un setenta por ciento de extensión de la isla y en ellos apenas se pueden encontrar zonas habitadas. El noventa por ciento de su población se agolpa en las zonas costeras, encontrándose mucho más habitada su sección occidental.

A pesar de la percepción de estabilidad que se tiene acerca de Mashulanu, su pasado no ha estado totalmente exento de sucesos anómalos. Hace cerca de tres milenios una abstracción entró en contacto con esta realidad y tomó nombre y forma de mujer; Korian. El lugar en el que se produjo este suceso quedó marcado con un cráter aún hoy continúa siendo investigado. De su unión con un humano nació quien sería su gobernante durante cerca de dos milenios.

En ese punto las barreras que separan lo conceptual de lo terrenal son más débiles. Bajo la influencia correcta, ciertas ideas que no son de este mundo se filtran han impregnado la percepción de quienes se han visto tocados por ellas de manera continuada. Bajo esta influencia, los sentidos de quienes se han visto afectados por ella han sido capaces de tener acceso hasta pequeñas porciones de lo etéreo. Si abandonar jamás este mundo han sido capaces de ver, escuchar y sentir lo que no tiene forma ni tacto, lo que no emite sonido. Su folclore se ha visto fuertemente influenciado por este hecho ya que, quienes no enloquecieron trataron de plasmar aquello que no puede ser expresado con palabras y dar forma a lo que carece de ella.

- Otras islas

En el viejo mundo se pueden encontrar también más islas y archipiélagos que los aquí mencionados pero, ya sea por la distancia a la que se encuentran del continente o el resto de territorios habitados, por el escaso interés que han despertado sus recursos, o por su distancia de las rutas comerciales, el impacto histórico que han tenido unas culturas sobre las otras ha sido mínimo a lo largo de los últimos milenios.
De la misma manera, puede tratarse de islas sin vida humana en su interior o pobladas por los restos de alguna de las culturas de antaño cuya manera de entender el mundo haya evolucionado en otra dirección. En ellas se pueden ocultar pueblos que han decidido voluntariamente permanecer alejados de lo que se encuentra más allá de sus costas, gentes que han optado por expandirse en otras direcciones de este u otros mundos, o encontrarse encerrados dentro de una burbuja axiomática de la que no han podido escapar.
Su presencia en los mapas políticos puede haber sido residual o aún pueden ser territorios por descubrir. Sea como fuere, cualquiera de estas situaciones no tiene porque ser permanentes.

Los mares

Las aguas que bañan las costas de Daegon y las islas que lo rodean tampoco se encuentran libres de sus propias particularidades. Tanto en su superficie como en las simas abisales que pueblan los fondos marinos también se pueden encontrar fenómenos que no se podrían dar en nuestro mundo o territorios anómalos.

Cada una de estas grandes masas de agua goza de su propia historia y su propia mítica pero, mucho más allá del continente se encuentra el Gran Océano sin nombre. Una colosal masa de agua que ha permanecido lejos de la presencia humana durante milenios pero que recientemente se ha vuelto a fragmentar.

Actualmente, una gran parte de la superficie de estas aguas se encuentra cubierta por la noche perenne que sobre ellas proyectan los nuevos continentes celestes de Nargión e Ilwar así como la gran isla de Rayhosha.
Estos territorios marinos, desiertos durante desde tiempos a los que apenas alcanza a llegar la memoria humana, vuelven a reencontrarse con viejos conocidos, pero sus pobladores nada tienen que ver con quienes antaño les abandonaron.
Durante todo este tiempo, por más expediciones que han podido tratar de explorarlos, han sido “agua incógnita”. Territorios impracticables por la vía marítima ante la escasez de territorios en la que obtener agua que no sea salada.
Este es un hecho que no ha cambiado tras el regreso de los continentes perdidos sino que ha empeorado aún más. Porque, a este impedimento vital se le ha unido la imposibilidad de que la luz del sol llegue bajo ellos. Porque quizás sólo una ínfima parte de los territorios retornados lleguen a entrar en contacto con la corteza terrestre, pero más allá de estos puntos se extienden miles de kilómetros de la oscuridad más absoluta.
Sumado a todo esto, dentro de esta oscuridad las aguas son extremadamente convulsas. Las poderosas e impredecibles corrientes de aire que se forman entre las masas terrestres que sobresalen del océano y este, sumado a la incesante lluvia de rocas que se desprenden de estas masas continentales como consecuencia de estas hacen de su tránsito algo suicida.
La misma roca que conforma estos continentes ha visto alterada su naturaleza axiomática, afectando a su vez todo lo que entra en contacto con ella. El Gran Océano ya no es tal, pero aún no se sabe en qué se ha convertido.

Pero las aguas de Daegon se extienden mucho más allá de aquellas tocadas por sus masas continentales. En ellas se encuentran aún miles de misterios y recuerdos. Infinidad de fragmentos de historias aún por ser recuperada.
Sus simas abisales se encuentran pobladas no sólo por criaturas y conceptos que la humanidad no ha visto en eones, sino que también encierran al tercero y último de los Siete Picos que tenía su hogar en este planeta. La ciudad más antigua existente sobre este mundo; Matnatur, la que también fue conocida como Rielt Kamage; la última esperanza durante los tiempos ya olvidados de los progenitores de la humanidad.
Entre la roca sobre las que se esculpió esta ciudad yace una de las estirpes de los guardianes durmientes. Es el lugar de nacimiento y descanso de una de los linajes de los Mayane Undalath y la única de sus ciudades que logró sobrevivir a aquellos días.

Cada uno de los picos, al igual que el resto de los lugares anómalos, es un lugar único, y esta es una verdad que de la que no se encuentran exentos cada uno de los lugares de nacimiento de los Dragún Adai. Por más que las mitologías que contemplan su existencia hayan tratado de expresar de forma terrenal lo que estos fueron un día, ninguno de ellos ha sido comprendido en su totalidad.

Pero no es necesario alejarse del continente para dar con lugares cuya naturaleza es extraña o única. Los mares que rodean al viejo Daegon también se encuentran imbuidos de sus propios misterios y sorpresas. Hablando a grandes rasgos, estos se podrían dividir en cuatro grandes grupos.

Si comenzamos este recorrido de acuerdo a los puntos cardinales, las costas del norte continental, al igual que las de la isla de Norotgard se encuentran bañadas por las aguas de los siguientes mares:

Mar Progónico
Mar de Khanyanu
Mar de Lyg
Mar Adrásico
Mar de Jenul
Mar Egresio
Mar de Nalesh
Mar Alisio
Mar del Kehanru
Mar de Mensela
Mar Iléstico
Mar Cesel
Mar Mistélico
Mar Elesio

si dirigimos nuestra mirada hacia su costa oriental y la isla de Mashulanu, nuestros pasos nos llevarían hasta...

Mar de Mashazu
Mar de Shenzú
Mar de Mulir
Mar del Mashur
Mar de Káragos

Por su parte, tanto la mitad inferior del continente como las de la isla continente de Thurgold se encuentran acariciadas por las aguas de...

Mar Muliense
Mar Sauco
Mar Yínrico
Mar de Wadja
Mar de Asuge
Mar de Calasto
Mar de Les
Mar Orsrilio
Mar Sétrio
Mar de Rhul
Mar de Eselne
Mar de Danlau

Cerrando el círculo en nuestro recorrido este viaje finalizaría con nuestra llegada la costa oeste del continente, al igual que las grandes islas de Sembia y Shatter. Territorios que, históricamente han estado en contacto con...

Mar de Baleni
Mar Báglio
Mar de Ogoth
Mar de Mámrra
Mar de Lizov

Si la geografía continental ve separados a oriente y occidente por la confluencia de las placas tectónicas cuya colisión generó el Pramayán, el mar alrededor de este coloso también se encuentra igualmente afectado por ellas. A este respecto, tanto las Simas de Selur en el norte como el estrecho de Panyal en el sur han sito tanto o más frontera que la gran cordillera. Si naturaleza impredecible siempre ha sido un freno ante las ambiciones de los gobernantes y un acicate de cara a los estudiosos, los exploradores y los aventureros.

Las especulaciones alrededor de los fenómenos que causan este comportamiento son tan diversas como los pueblos que han convivido con ellas a lo largo de la historia. Elementos únicos acerca de los cuales se ha escrito de manera ininterrumpida a lo largo de los siglos. En las bibliotecas de Daegon se pueden encontrar cientos de estudios a este respecto pero, por más que se hayan logrado crear teorías que se aproximan enormemente a la verdad, estas no han servido para que su navegación sea una tarea menos peligrosa.

A su vez, el rigor tampoco ha podido evitar el surgimiento de teorías de otro tipo. Hipótesis que poco tienen que ver con los datos observables y que se han demostrado tan ingobernables como la naturaleza de estos territorios. Una gran parte de ellas no atienden a hechos sino a la deformación que el tiempo provoca en las historias. Así, por más que los habitantes de Daegon han especulado con la posibilidad de que todo el Pramayán como lo que le rodea sea en sí un gran territorio anómalo, esto no deja de ser un mito parcialmente cierto. Porque si entendemos lo anómalo como algo excepcional, en ninguna otra parte del mundo se pueden encontrar condiciones similares a aquellas que conforman a estos territorios.

Las aguas que rodean a la gran cordillera que separa el continente, al igual que esta misma, han supuesto históricamente mucho más que una mera barrera geográfica y cultural. Han sido obstáculos cuya complejidad a la hora de ser sorteados ha hecho avanzar a la ciencia y al conocimiento. Que han permitido que avance la manera en la que la humanidad han entendido su propio mundo.
Ha sido su intento por alcanzar lo que se encuentra más allá de esta barrera lo que les ha hecho llegas hasta territorios olvidados o desconocidos. Hasta lugares en los que yacía parte de una historia de la que no eran conscientes. Esto no sólo les ha forzado a avanzar en los terrenos de la cartografía, la ciencia de la navegación o la espedeología sino que, de manera más o menos directa, les han ayudado a realizar grandes avances en distintos campos del conocimiento.

Al igual de lo sucedido en sus acometidas a través de la vía terrestre, llegar hasta “el otro lado” a través de rutas marítimas ha sido una tarea en la que se ha logrado el éxito en distintas ocasiones, pero el lograr esta comunicación siempre les ha forzado a alejarse de lo conocido.

En el norte, el súbito cambio de altura que se produce en el punto en el que entran en contacto el Océano Sámico, el Mar Progónico y el Mar de Khanyanu es la fuente de un gran número de corrientes ingobernables que impidieron su tránsito marítimo durante siglos. Fue necesario el desarrollo y establecimiento de complejas rutas alternativas y sofisticadas técnicas de navegación para poder llegar a superar este escollo. Para sortearlo es necesario llegar casi hasta las regiones polares, por lo que este tránsito sólo es viable de manera segura en épocas muy concretas del año, y ni siquiera en ellas se trata de un viaje cómodo o exento de riesgos.

Si bien es cierto que las aguas sureñas acostumbran a ser más calmadas y benevolentes que que las de sus homólogos del norte, esto no hace que todas ellas puedan ser navegadas con la misma facilidad. La vía marítima que comunica a occidente con oriente lleva activa desde hace ya mucho, pero sigue siendo muy complejo navegar costeando alrededor de las estrecho de Panyal. Fue el tratar de superar este obstáculo lo que llevó a Menetia y Naltor a alejarse mucho de la costa y terminar redescubriendo y colonizar la isla de Thurgold. Por más que este hallazgo haya pasado a sus libros de historia como una proeza auspiciada por la inquietud y el ansia por hacerse con el control de nuevos territorios marítimos, esto no deja de ser una mera casualidad. Una coincidencia afortunada que les hizo alcanzar un punto alejado de todo lugar que se ha convertido en elemento clave para el comercio.

Porque la labor del azar a la hora de alcanzar nuevos descubrimientos nunca puede ser subestimada. Tanto el norte como el sur habían sido recorridos durante los últimos milenios sin éxito en estas búsquedas por sortear estos escollos. Cientos de expediciones que fracasaron en su cometido y que jamás llegaron a regresar hasta sus hogares. Sus restos aún permanecen allí, ya sea esparcidos bajo la masa oceánica, varados en alguna isla remota, o desvanecidos al entrar en algún otro fenómeno anómalo.

A lo largo de una parte de las costas del continente se dan distintos niveles de anomalías pero, hasta tiempos recientes ninguna de ellas ha igualado a las que se encuentran a ambos extremos de la gran cordillera, pero este impacto se ha visto eclipsado por las consecuencias del regreso de Nargión e Ilwar.

Porque a los mares anteriormente citados desde hace un lustro se ha añadido uno más; aquel que desde siempre fue conocido como el Mar interior de Johrg.
La desaparición de una gran parte de la masa continental de la porción central de occidente ha supuesto que este pequeño mar haya pasado a entrar en contacto, al igual que los demás, con el Océano Sámico. A pesar del tiempo transcurrido la navegación de estas nuevas aguas aún es realizada con cautela. Porque, a pesar de que no ha sucedido tal cosa, las historias acerca los restos de quienes vivieron en los territorios desaparecidos no tardaron en proliferar. Historias de islas fantasma que recorren el nuevo mar. De cuerpos que aparecen en las costas portando señales de advertencia. Presagiando la llegada de un nuevo cataclismo.
Pero más allá de la ficción sí que se pueden encontrar pequeñas porciones de verdad, porque aún quedan pequeños fragmentos de los territorios desaparecidos en este nivel de realidad. Algunos de ellos se encuentran visibles, pero otros resultan un escollo insalvable para los barcos que se adentran en estas aguas. Trampas mortales de las que los cuerpos de sus marineros que son arrojados hasta las costas más cercanas dan triste testimonio.

Pero antes de esto, el Mar de Johrg ya tenía sus propias particularidades. Hasta tiempos recientes su costa norteña apenas tenía contacto con Werela pero, tras su extensión y la desaparición de la vieja Tembi ahora cientos de kilómetros de su extensión limitan con este territorio anómalo. Este hecho a supuesto al mismo tiempo una fuente de preocupaciones y expectación. Se ha ganado una nueva puerta de acceso hasta este territorio, un medio para el que los científicos puedan explorar con menor riesgo los territorios del interior. Al mismo tiempo, los marinos y las cosas comerciales no comparten la excitación de los estudiosos. Puede que esta costa sea navegable a día de hoy, pero el desconocimiento de lo que se pueden encontrar ahí, y la actual situación política entre Tembi, Harst y Tarnaq ha hecho que los intentos por tratar de establecer rutas que recorran la nueva costa sean escasos.

Por su parte, las aguas que rodean Nivar han sido desde hace siglos una una fuente de riqueza para esta nación tanto de forma directa como indirecta. Una riqueza obtenida en gran medida por los materiales que eran extraídos por las nivar del fondo marino.
La costa sur del Mar de Johrg ha sido desde siempre uno de los territorios anómalos que han escapado al foco de atención pública, ya que su origen no se encontraba accesible para la humanidad.
En este caso, el solapamiento que tiene lugar bajo las aguas no pone en contacto a distintos niveles de existencia, sino que es un pliegue en el espacio que comunica Daegon con el planeta del que son originarias estas criaturas marinas. Gran parte de los materiales que han traído hasta la superficie no pueden ser encontrados en ningún otro lugar ya que su procedencia no es de este mundo.

La costa oeste del continente es la que más afectada se ha visto por los cambios. Tanto el Mar de Ogoth como el Mar de Mámrra han visto sus corrientes afectadas directamente por este cambio. Su navegabilidad ha quedado muy afectada por este hecho y aún no se ha logrado establecer una ruta estable que conecte lo que antes estaba unido por la línea costera. Los navíos se ven obligados a adentrarse en el Mar de Johrg para seguir costeando y aumentar enormemente la duración de sus trayectos, o a alejarse de la costa y transitar cerca del Kubór Yolasté. El tránsito no se ha detenido, pero ninguna de las dos opciones es bienvenida por los marineros.

Por su lado, aunque con un impacto en apariencia menor, los mares anómalos que se encuentran en lo que antes eran las costas de Bra’Em’Kyg o Naltor también guardan en su interior sorpresas desagradables. Su tránsito es más seguro que el de los anteriormente citados, pero los conceptos que se han filtrado a través de las grietas, si bien son abstracciones carentes de forma o materia, afectan con cada uno de sus movimientos involuntarios a todo lo que les rodea. Con esto, el Mar de Wadja y el de Asuge se han unido al Mar de Calasto que baña las costas de Menetia en el estrecho de Panyal como territorios anómalos en cuanto a su navegación.

Esta es sólo una pequeña muestra de lo que existe más allá del mundo habitado por la humanidad. El planeta es muy grande y la cantidad de territorios a explorar exceden con mucho a los que se engloban dentro del “mundo conocido”. Los mapas son herramientas imprecisas basadas en un conocimiento muy limitado, por lo que lo que se puede encontrar más allá de donde terminan esos no tienen porque limitarse a una infinita extensión de agua pero, de ser así, esta tampoco tiene porque ser algo anodino.

De la misma manera que quedan muchos archipiélagos por ser descubiertos, también existe una cantidad igual de nuevos mares que bañan sus costas y de fosas oceánicas custodiando los vestigios del pasado de este y otros mundos.

Los polos

Al igual que sucede en nuestro mundo, los polos geográficos de Daegon también se encuentran coronados con sendos casquetes helados; los territorios polares de Kaze y Grodoj. Lugares llenos de misterio y peligros, al igual que quienes albergan y dan acceso al mayor legado del Imperio Ailanu.

Estos son otros de los grandes lugares anómalos existentes en este mundo aunque, en ambos casos, una gran parte de este hecho ha sido causado de manera directa por la acción de la humanidad.

A pesar de que no se podría decir que estos territorios hayan estado nunca habitados, sí que fueron visitados en distintos momentos del pasado. De la misma manera, si bien el acceso hasta ellos por medios convencionales es y muy complicado en la actualidad, algunas partes de su extensión son accesibles desde distintas realidades. Esta es una relación bidireccional ya que, al mismo tiempo que sucede esto, el gélido aire polar es capaz de atravesar estas mismas grietas.

Todo este cúmulo de situaciones únicas viene derivado de una otra manera de la construcción del mayor artefacto jamás credo por cualquier pueblo de Daegon. Por la creación de “El Anillo”.

El mundo está rodeado por una colosal estructura circular construida hace cuatro milenios. Situada a una distancia equivalente a la de nuestra ionosfera, su propósito fue el de disponer de un arma con el que enfrentarse a los Jonudi tras los eventos que sucedieron a su primera aparición en este mundo. Un arma que se demostró efectiva pero que permanece inerte desde que los axiomas que la hacían funcionar dejaron de ser válidos.

Esta gargantuesca muestra del saber y el poder humano se encuentra unida al planeta por sendos pilares ubicados cada uno de ellos en uno de estos polos. Estos pilares no sólo se hunden en las profundidades del mundo a una distancia que dobla aquella que sobresale de su superficie, sino que para poder dotarlo de energía se recurrió a fuerzas que no existían en esta realidad.
Alimentado por aquellas formas de onda y radiaciones exóticas, estos pilares fueron antaño el eje sobre el que rotaba el Anillo en su labor de vigilancia, pero los principios en los que se basaba su funcionamiento. Pero este artefacto no sólo era un arma. Más allá de su función inicial y hasta el momento en el que los principios en los que se basaba su funcionamiento quedaron invalidados, sus sensores no se limitaron a monitorizar únicamente la superficie del planeta, sino que también fueron apuntados hacia el espacio. En su interior y a su alrededor se realizaron experimentos que no podían ser replicados bajo las condiciones atmosféricas o axiomáticas existentes en la superficie del mundo. Experimentos que, en gran medida, fueron los causantes del gran cambio axiomático, la caída de esta civilización y el final de una era para quienes convivieron con ella.

Las técnicas utilizadas durante su construcción, y los riesgos que se asumieron durante la misma amenazaron con rasgar la misma realidad de forma permanente. Durante el proceso se abrió el camino a nuevos conceptos hasta este mundo. Por más que una gran parte del daño logró ser contenido, ambas ubicaciones quedaron alteradas para siempre.

Las realidades con las que colinda Kaze se solapan de manera alterna, siendo algunas de ellas aquellas que también se encuentran en contacto con las Llanuras Heladas. El espacio se pliega sobre estos lugares, y el tiempo transcurre a una velocidad diferente al de otros lugares. El hielo que comparten ambas ubicaciones contiene mucho más que mera agua solidificada, ya que es capaz de retener formas de energía, aspectos y entidades que no son de este mundo.

Mientras el anillo se encontró activo, parte de la misión de sus ocupantes fue la de custodiar los accesos hasta ellos, y el mismo giro de su eje rotacional mantuvo controladas a las fuerzas que lo rodeaban, pero desde que este cesó su actividad los hielos anómalos comenzaron a trepar sobre su superficie. Tras varios milenios, la altura que han alcanzado los picos helados que se han formado a su alrededor se han convertido en las estructuras naturales más elevadas de todo Daegon.

Su influencia se ha extendido mucho más allá de lo que alcanza lo físico, haciendo patente su presencia en aquellos niveles de realidad. La bidireccionalidad de los fenómenos generados en los lugares de unión no es un elemento permanente o estable. Su comportamiento depende de tal cantidad de factores que, en la práctica, es imposible predecir en su totalidad. Todo aquello con lo que ha entrado en contacto ha ido heredando esta condición. Los hielos anómalos que se han filtrado a través de algunas de las grietas han generado nuevas realidades llegando a alterar totalmente a algunas de aquellas que existían al otro lado. Pero, una vez allí, sus cambios no se han detenido.
Existen un gran número de estas realidades intermedias. Lugares en los que, a su vez, los cristales helados han rasgado la realidad dando acceso hasta nuevos territorios. La fractalidad de estos elementos no atiende a los criterios de la matemática, la física euclídea o la relatividad. El mismo tiempo es un concepto que tampoco es capaz de afectarlos, ya que nada orgánico, abstracto o conceptual parece ser capaz de resistir su imparable avance.
En ellos se puede ver el reflejo de lo ha sido, es y será, pero también el de aquello que jamás llegó a ser. Pero, al mismo tiempo que es imparable, es igualmente frágil. Un diamante capaz de rasgar la realidad, pero también delicado como los cristales que componen un copo de nieve. Un conjunto infinito de contradicciones insondables.

Pero su periplo no sólo le ha llevado hasta lugares lejanos, sino que también le ha traído de regreso hasta Daegon. Los territorios que conforman las Llanuras Heladas del continente se encuentran ligados a este lugar, pero lo están a través de un infinito número de saltos axiomáticos.
Los habitantes de estas llanuras, los kazeri, existen al mismo tiempo en distintos lugares de esta realidad fractal. Ocupan un tiempo y un espacio en los que todo aquello que les rodea es inalcanzable. No sólo se mueven en el espacio sino que también lo hacen en el tiempo, pero jamás están en el mismo momento y lugar que nadie que no sean ellos.

Así pues, el frío y la desolación no son los únicos compañeros de viaje de quienes visitan los polos, de la misma manera que el hielo y la tecnología de antaño no son su única visión. Quien pone allí su pie se encuentra expuesto a la infinidad de conceptos extraños que han entrado en contacto con estos territorios. Su extensión se encuentra cubierta por mucho más de lo que puede ser percibido. Por un número indeterminado de fenómenos de todo tipo que, junto a los vestigios del pasado y lo convencional, se encuentran contenidos en sus gélidas estructuras. Dentro y más allá de la ventisca se pueden encontrar paisajes casi imposibles de contemplar en cualquier otro lugar. Lugares que son la suma de todas las fuerzas que confluyen ahí. Surreales e imposibles de acuerdo a la razón tradicional. Donde la materia es etérea y el sonido es capaz de rasgar la carne, donde se puede escuchar y conversar con el color, donde cerrar los ojos no evita que se contemple lo que se encuentra ante uno.

Los nuevos continentes

Hasta el momento nos hemos referido en multitud de ocasiones algunas de las diversas consecuencias acareadas por los últimos sucesos anómalos, pero lo hemos hecho siempre a través del mismo prisma. Presentando estos hechos a través de los ojos de una de las partes de la humanidad que se han visto sacudidas por él. De una de las víctimas, pero no de aquella que ha visto trastocada su existencia de una manera más drástica.

Porque, por más que hayamos descrito hasta el momento los efectos de la Larga Noche en los territorios pertenecientes al viejo mundo y sus habitantes, por más que estos aún están descubriendo y tratando de comprender la extensión de los cambios provocados en su hogar por el reciente gran evento anómalo, por más dolorosas o espectaculares que hayan podido ser las consecuencias de este suceso sobre el mundo conocido, por fortuna, en lo que a ellos respecta, estas secuelas se han centrado mayormente en el plano de lo físico, habiendo dejando al axiomático apenas alterado.

Para la otra humanidad, aquella que habita en los terrenos retornados, el cambio ha afectado por completo a todo aquello que conocían y daban por sentado. En el viejo y fragmentado continente de Nargión las alteraciones a las que se han visto sometidos han sido mucho más dramáticos.
Este viaje no ha alterado una pequeña porción de lo que lo componía, sino al conjunto completo de su realidad. El aire que respiran tiene otro olor y sabor, el cielo que contemplan tanto de día como de noche posee un marasmo infinito de detalles, de formas, colores y elementos en constante movimiento. Porque ninguna de estas palabras y conceptos que acabamos de citar existían en su hogar. Lo que respiraban no era aire, lo que los hidrataba no era agua, su cielo jamás poseyó un sol, una luna o fue una ventana hacia otros sistemas solares o galaxias.

Ni siquiera el suelo que pisan se parece ya a aquel que todos sus habitantes conocieron desde el momento de su nacimiento. Todos y cada uno de los aspectos de cada pequeña porción de cuanto conocían se han visto subvertido. Se les ha arrebatado todo aquello que sabían cierto de manera objetiva.

Porque, por más que estos territorios perteneciesen un día a la realidad de Daegon, su prolongada estancia en la de Kestra ha alterado su composición a todos los niveles. El constante estado de tensión al que estaba sometido ha sido sustituido por una sensación desconocida e inquietante. Este es su hogar, pero aún no son capaces de aceptar la sensación de… normalidad. De un estado que no sólo su hogar, sino tampoco sus cuerpos son capaces de reconocer y contra el que continúan luchando. Se podría decir que el hecho de sentirse rechazados por la realidad que habitan es la única de sus condiciones que no se ha visto alterada, pero esta no deja de ser una afirmación tremendamente simplista.

Otro hecho que tampoco se ha visto alterado es aquel que determina que la tierra bajo sus pies no se encuentra anclada a algo mayor. Los componentes de Nargión continúan flotando como, de acuerdo a los registros de esta humanidad, han hecho desde que el tiempo. Pero a pesar de que continúan flotando, hace lo hacen... sobre algo. Existe materia bajo ellos, existen océanos y un horizonte, existe al mismo tiempo una gravedad que les atrae hacia el mundo y una fuerza intrínseca en ellos que los repele de su superficie.
La distancia que separa a cada uno de sus puntos del océano es diferente. Una distancia que atiende a criterios igualmente diversos. Por otro lado, mientras que las grandes masas permanecen en una posición estática, algunas de las menores vagan libremente sobre su superficie. A su vez, no todas ellas han adoptado los mismos ángulos de inclinación. Las trayectorias de algunas de ellas les llevaron irremisiblemente a colisionar contra el suelo mientras que otros se dirigen hacia la estratosfera de forma lenta e inmutable.

Las fuerzas a las que se vio sometido el antiguo continente de Nargión durante sus cuatro milenios de exilio no sólo lo fragmentaron, sino que cada porción de su ser, cada átomo, partícula y quark se vieron sometidos a un constante proceso de adaptación. A una serie de fuerzas que luchaban por homogeneizar, confinar, pulir y redefinir todo lo que le hacía ser lo que era. Que pugnaba por convertir a la vida y la materia en conceptos precisos, infalibles y coherentes. Tras su regreso todo ha cambiado.
La vida se ha abierto camino tal y como es, arbitraria, anárquica e incontrolable. La naturaleza ha retomado su cualidad salvaje e impredecible, la certidumbre a todos los niveles se ha vuelto una entelequia. Una quimera.

Aun así, si bien es cierto que estos cambios en el plano metafísico palidecen cuando se comparan con las secuelas surgidas tras su desaparición, o con el suceso que puso fin al anterior imperio del conocimiento, no es menos cierto que la estabilidad axiomática de esta realidad se ha visto comprometida por él. Quizás esta humanidad no conserve el recuerdo del que fuese el hogar de sus ancestros, pero ciertas partes del continente recién regresado sí que conservan su memoria. De manera lenta y paulatina tanto estos territorios como sus habitantes van recuperando su composición original, pero esta es una recuperación que no podrá ser replicada en toda su extensión.

Aunque estos cambios apenas sean perceptibles, durante los últimos años se han filtrado radiaciones, conceptos y entidades extrañas que se han asentado en varias de las capas más próximas al mundo material. Seres cuya cercanía o mera presencia tiene el potencial para desencadenar nuevos eventos anómalos a menor escala. Puentes tendidos entre realidades que pueden suponer cambios significativos que favorezcan o perjudiquen a la misma humanidad en su conjunto.

Así pues, desde el punto de vista de quienes habitan estos territorios, los cambios padecidos por la geografía y axiomática de lo que era su mundo han sido mucho más drásticos que aquellos sufridos por el viejo continente. Cada uno de los grandes territorios que antaño se encontraban unidos a Nargión se encuentra habitado por una infinidad de pueblos cuya percepción nada tiene que ver con la de quienes jamás han abandonado este mundo. Una percepción y capacidad de adaptación han sido sometidas al más complejo de los retos.

El impacto de todos estos factores dentro de la realidad de Daegon es impredecible. Porque estos continentes son mucho más que meros colosos de piedra, las abstracciones que le han acompañado aún no han terminado de asentarse en esta realidad. Existen cambios en el interior de ambas. Cambios que pueden hacer que acaben desvaneciéndose ante su incapacidad para integrarse en su nueva realidad, que pueden provocar nuevas sacudidas axiomáticas en el caso de que se establezca un conflicto en alguna de sus capas, o que pueden acarrear la destrucción de Daegon tal y como siempre ha sido conocido por sus habitantes.

La suma de todos los territorios que han regresado es con mucho superior a todo el viejo mundo. Lo que se abandonó esta realidad como un colosal continente ha regresado como un gran número de territorios de diferentes tamaños. Un conjunto de localizaciones de las que sobresalen sin duda alguna los continente de...

- Nargión e Ilwar

A pesar de la fractura que sufrió el gran continente en su realidad de adopción, cualquiera de estos territorios puede llegar a competir en extensión con el continente de Daegon. El continente de Nargión se extiende de norte a sur a lo largo de nueve mil setecientos kilómetros, mientras que el de Ilwar lo hace a lo largo de nueve mil quinientos.
Cuando miramos su extensión de este a oeste, Nargión abarca casi seis mil quinientos kilómetros, mientras que Ilwar, a pesar de que en sus segmentos más anchos no supera los dos mil quinientos, su punto más occidental se encuentra separado en más de siete mil kilómetros del situado en una longitud más oriental.

Aún así, por más que su tamaño combinado haga palidecer al del mundo conocido, el número de culturas que se encuentran en su interior es con mucho inferior a los anteriormente descritos.
La suma de las civilizaciones que pueblan estos territorios es muy escasa. En el interior de Nargión apenas se pueden encontrar una docena de civilizaciones; Tosur’Qual, Ranndayi, Kayerunen, Aläsh’Quendapa, Banyakushu, Daenyalath, Dammoth, Maindare, Kinravi, Rinyutalen, Livesh’Avathe, Daganmar, mientras que en Ilwar su número es mucho más limitado quedándose sólo en cinco; Lázengan, Tegento, Entari, Lagannu y Simonyi. Algunos de estos nombres conservan reminiscencias de las naciones que abandonaron Daegon tiempo atrás, pero ahí es donde termina cualquier posible similitud con aquellos.

Sin importar que estos pueblos hayan convivido o no en una misma masa continental, ninguna de ellas ha tenido apenas contacto con el resto. Es cierto que en distintos momentos de sus respectivas historias han sabido de la existencia de las demás e incluso se han producido contactos esporádicos entre ellos, pero el establecimiento de algún tipo de las relación estable entre los distintos grupos humanos ha sido algo tremendamente raro. Cada una ha evolucionado como un ente estanco y, en gran medida, son tan alienígenas entre sí como pueden serlo con las culturas que jamás han abandonado este mundo.

Porque no sólo la vida, sino también todos los elementos que hacen esta posible eran conceptos nuevos en aquella realidad cuando llegaron. El mismo concepto del nacimiento, de lo impredecible o lo irregular eran anatema allí a donde llegaron. En la que ha sido sido su realidad natal, el mero hecho de crecer, evolucionar y sobrevivir siempre ha ha estado sometida unas condiciones mucho más extremas que la que se puede encontrar en Daegon. Y sin embargo, algunos de ellos lograron sobrevivir y prosperar allí.

Los axiomas reinantes en el plano de Kestra son la antítesis de todo lo que les ha acogido en este nuevo viejo mundo. El aire, la gravedad o el agua ya no son sucedáneos creados de manera inconsciente por el recuerdo que de estos conceptos tenían los primeros pobladores, pero ante ellos son lo que respiran, la fuerza que les ancla al suelo o lo que beben son elementos extraños. Sólo han pasado cinco años, pero ya han notado diferencias tanto en sus patrones de crecimiento como en el de sus cultivos. De la misma manera, gran parte de su tecnología ha dejado de ser funcional, pero esta cambio no ha sido tan drástico como el que sufrieron sus ancestros al llegar hasta Kestra, o el que sufrieron los habitantes de Daegon tras el último gran cambio axiomático.

Junto con ellos no ha llegado una importante parte de su carga axiomática, sino que dentro de su propia naturaleza se encuentra especialmente desarrollada su capacidad para condicionar el entorno de acuerdo a sus necesidades. Una capacidad que se ha visto desarrollada de manera inconsciente a lo largo de los cientos de generaciones en los que su misma existencia dependía de este hecho.

Al igual que sucedía en su realidad nativa, el número resulta un factor decisivo para este logro. Allí la misma vida dependía de la pertenencia a grandes grupos. A ser capaces de mantener siempre activa la lucha inconsciente entre el cambio y el estatismo. Un estado de tensión que, a pesar de carecer ya de sentido, aún se prolongó durante los primeros años posteriores a su llegada hasta Daegon y que se continúan manteniendo en activo tanto por parte de la misma materia que compone los continentes como por distintos grupos de quienes los habitan. En la actualidad, y más allá de las secuelas del reciente cambio al que se han visto sometidos, las alteraciones de todo lo que conocían aún se encuentran muy lejos de finalizar su proceso de consolidación.

Las sacudidas que continúan teniendo lugar en el interior de cada uno de estos territorios se ven plasmadas de diferentes maneras. Porque, por más que a lo largo de estos textos centremos nuestro foco en el continente de Daegon y sus habitantes, este grupo de elementos sólo ha sido uno de los afectados por el movimiento cósmico. Uno de los infinitos engranajes implicados dentro del mecanismo de la realidad en su totalidad.

Cuanto más se aleja uno de los territorios habitados de estos dos continentes, más hostil se vuelve el entorno para la humanidad. Quizás no sean ya tan frecuentes precipitaciones como las tormentas de fractalidad o los vórtices de antimateria, pero en aquellas zonas en las que los axiomas de Kestra tienen un especial arraigo aún se producen de manera tremendamente regular. Una regularidad que, en gran medida, es indistinguible del mero azar.

Dada su naturaleza axiomática, los principios que gobernaban en Kestra eran los de la estabilidad, el orden o el estatismo, pero esto no los convertía en predecibles. La cantidad de factores que intervenían en los patrones que seguían los eventos que acontecían en su interior era tal que tratar de contemplar el comportamiento de todos ellos era una tarea imposible.

Así pues, a medida que uno se alejaba uno de las zonas habitadas, lo que mandaba era una naturaleza antagónica hacia la misma vida. era lo que se encontraba. Ante sus ojos aquello no era extraño, sino una verdad que, por más aceptada que estuviese en su saber popular, no por ello menos peligrosa.

Los parajes irreales que se podían encontrar en su plano de adopción no se limitaban a ser algo a contemplar, sino que eran una advertencia. Quien se alejaba de cualquiera de los grandes grupos de población no sólo corría el riesgo de ser consumido por los axiomas de su realidad, sino que también se exponía a llegar hasta lugares en los que no existían cosas tan básicas como los sucedáneos del aire, el agua o cualquier elemento capaz de posibilitar la vida orgánica que existían en estos lugares.
Por fortuna, no toda la naturaleza de Kestra era tan intrincada como para poder anticipar sus movimientos, algo que les permitió catalogar todos y cada uno de aquellos lugares y fenómenos que les rodeaban y se podían considerar seguros. Quizás no fuesen capaces de sortearlos todos los territorios hostiles, pero sabían a ciencia cierta a lo que se exponían con cada nueva prueba que realizaban sobre ellos. Cada avance llegaba a cambio de un gran costo, pero aquel era un cálculo y un pago que eran capaces de realizar con antelación.

Ahora todo ha cambiado para ellos. Tras su regreso, esta certidumbre ha dejado de formar parte de su día a día. Algunas partes de la orografía de estos territorios se han visto tan afectadas por su permanencia en Kestra que los cambios sufridos en su propia estructura han perdurado en Daegon, pero su comportamiento en sí mismo es diferente. La tensión no ha desaparecido sino que ha cambiado de eje. La lucha entre estatismo y cambio permanece, pero la matemática ha cambiado.

Se podría decir que el tiempo ha transcurrido de un modo diferente entre los continentes de Daegon y Nargión desde el momento en el que sus caminos se separaron. Las vistas que se pueden tener en los nuevos continentes son algo único, pero esto no es debido únicamente a su posición.
Conceptos como la erosión o el paso del tiempo se plasmaban de diferente manera en Kestra y las construcciones humanas, sin importar que fuesen abandonadas o preservadas, apenas se han visto afectadas por estos factores. Cuanto más precisas eran sus formas, menor era el impacto al que se venían sometidas.
Por el contrario, todo aquello que debía su formación al azar y los elementos se ha visto pulido por fuerzas que no se pueden encontrar en ningún otro lado. La vegetación, los ríos, las montañas o la misma fauna han evolucionado siguiendo una serie de patrones “antinaturales”. Quienes más afectados se han visto por esto han sido los objetos inertes, las laderas de las montañas se han visto convertidas en construcciones llenas de aristas. Superficies cristálicas de una fractalidad imposible. Sus paredes se han vuelto algo al mismo tiempo lisas e imposiblemente facetadas. Afiladas tanto en sus caras exteriores como en las interiores. Talladas con una precisión superior a la del diamante. Formas y colores tan perfectas que los sentidos humanos no siempre estaban capacitados para perdibir.

Los cauces de sus ríos arrastran un caudal uniforme. Una cantidad de agua anómala que no ha surgido de nubes, sino de la capacidad inconsciente de la humanidad para moldear su entorno. No había mares en Kestra, ningún lugar en el que estos caudales fuesen descargados, sino que, simplemente, al llegar hasta el final de su trayecto pasar a formar parte de lo etéreo de aquella realidad.
Las plantas se sembraban y crecían porque se “sabía” que era así. Podía haber malas cosechas, pero esto no tenía que ver con cambios drásticos en la temperatura o plagas, sino a cambios axiomáticos que no habían sido previstos.
Por su parte los animales conservaban características similares a las de aquellos que abandonaron Daegon, aunque muchas de las especies no sobrevivieron al cambio. Sólo aquellas cuyos sentidos les se adaptaron para detectar la naturaleza de su entorno lograron llegar hasta nuestros días y no sin haber sufrido cambios significativos con respecto a los que conoce la humanidad de Daegon.

Hasta su llegada jamás conocieron nada parecido al ciclo del día y la noche, las estaciones, la nieve o nada que se pudiese indicar que la temperatura fuese algo cambiante. El frío o el calor, los destellos o la oscuridad eran sensaciones. Eventos ligados a la proximidad territorios anómalos, una de las señales que delataba alguna alteración de los axiomas de su entorno. Concepto que esta humanidad se ha visto forzada a reevaluar y ubicar dentro del nuevo contexto en el que existen.

Aunque ellos eran una excepción a esta máxima, el ciclo vital de todo lo que les rodeaba se regía por patrones absolutos. Quizás algunos de ellos tardasen generaciones en repetirse, pero eran perfectamente conscientes de la llegada de cada uno de los grandes ciclos. Sabían qué territorios se verían afectados por ellos, cómo diseñar sus construcciones para poder fluir con ellos. Quizás no conociesen el detalle de los movimientos cósmicos que los generaban, pero habían aprendido a predecir y evitar una gran parte de las luchas que sabían que no podían ganar.

Pero, a pesar de lo anteriormente citado, es en Daegon donde se sienten extraños y rechazados por todo cuanto les rodea. Una línea delimita el horizonte cuando se encuentran en en el extremo de los continentes, mientras formas y colores irregulares pueblan los cielos siguiendo patrones desconocidos. Sus cultivos crecen de forma anómala y el frío y la oscuridad les visitan sin necesidad de que se muevan de donde están. Todo aquí es distinto, todo es hostil, todo es anómalo.

Su elevación no sólo no es uniforme sino que oscila de acuerdo a fuerzas que desconoce, Las fuerzas naturales que las acompañaron en su vuelta aún están luchando contra los axiomas que reinan en este nivel de existencia. Las corrientes de aire que se forman entre los mares y la parte inferior de estos continentes que no llegan a entrar en contacto con este no son equiparables a nada que pueda encontrarse en otros territorios de Daegon, y las fuerzas erosionadoras que han comenzado a afectar a su parte superior también tienen características únicas.

Pero sobre su superficie no todo se podría considerar como completamente anómalo. También existen montañas y bosques, ríos y lagos que se han llenado del agua de lluvia mientras que la que los recorría se ha desplazado hasta el océano que se encuentra bajo ellos, llanuras y valles en los que ha vuelto a surgir vida nativa de esta realidad. Lugares que, a pesar de su extrañeza, también pueden ser equiparados a aquellos que conocen los habitantes de Daegon. Territorios que, cuanto más tiempo permanecen en esta realidad, más extraños son tanto para quienes siempre han vivido cerca de ellos como para los nuevos visitantes.

También se pueden encontrar sobre ellos grietas y solapamientos planares. Heridas abiertas en la realidad desde que Nargión partió de su ubicación original y reabiertas tras su regreso. En la superficie de Ilwar también se encuentra el monte Kibani, el segundo de los siete picos de los Mayane Undalath. Aquel custodiado por la estirpe de Narg'eon.
Quizás este sea el elemento que, dentro de estos territorios, ha conservado de manera más tenaz sus características originales. El Kibani es el más elevado de todos los picos que se pueden encontrar en el continente de Nargión. Ubicado en los territorios que separan a Aläsh’Quendapa, Banyakushu, y Daenyalath, su interior ha permanecido inerte durante cuatro milenios cuidando a sus habitantes durmientes de una realidad letal para ellos. Pero, a pesar de ser excepcionalmente refractario ante los axiomas de Kestra, no ha logrado evitar que su naturaleza o la de los conceptos que alberga se hayan visto comprometidos.

Tras su regreso hasta Daegon los guardianes durmientes de este pico no han no han sido despertados. Los movimientos que rompieron el letargo de sus hermanos cuando su presencia fue requerida para proteger a la realidad que les dio a luz no fueron capaces de resonar con ellos. Daegon es el cambio, y cada una de las siete estirpes que nacieron para custodiarla son un claro exponente de este hecho, pero los descendientes de Narg’Eon han cambiado de acuerdo a otros principios. Son una anomalía dentro de lo que jamás fue homogeneo.

A lo largo de la superficie de estos continentes no sólo se pueden encontrar estructuras geológicas como jamás ha conocido Dagon, sino también minerales únicos por distintos motivos. Elementos cuya composición fue alterada durante su estancia en Kestra y abstracciones nativas de aquella realidad que han sido consolidadas asumiendo una forma física bajo su influencia. Algunas de ellas han podido ser utilizadas como parte de las construcciones humanas y el contacto directo con otras puede suponer el cese de la existencia de quien las toca.

Cualquiera de estos dos continentes son mundos en sí mismos a ser explorados. Contienen la suficiente diversidad a todos los respectos que en ellos tiene cabida desde lo más mundano a lo más extraño, desde lo más bello a lo más terrible. El proceso de adaptación de sus habitantes avanza con paso lento y aún les queda mucho por descubrir de su nuevo hogar, pero no por ello son bárbaros asustados. Son gente culta que ha logrado sobrevivir y prosperar en uno de los entornos más hostiles en los que ha existido la humanidad. Su saber no se parece en nada al de la humanidad de Daegon o a la nuestra, y una parte de las tecnologías y construcciones creadas por cualquiera de estos grupos, son indistinguibles de la magia para quienes las contemplan sin pertenecer al contexto en el que han sido concebidas.
Ninguna de las culturas que lo habitan pueden ser consideradas como “milenarias”. Han cambiado tanto en su intento por sobrevivir y adaptarse a Kestra que sus tradiciones se encuentran más ligadas al pragmatismo que a la elaboración de sofisticadas cuestiones existencialistas. Por más que sus filósofos a lo largo de los siglos se hayan preguntado la razón de su misma existencia, el ser capaces de comprender y predecir el comportamiento de su entorno ha sido siempre la más acuciante de sus necesidades.

- Rayhosha, Eladar y las islas errantes

Los territorios de Nargión o Ilwar no son los únicos exponentes de lo que existía más allá de las fronteras axiomáticas de Daegon, de la misma manera que sus habitantes no pueden ser considerados como el patrón a partir del que juzgar al resto de humanidades.

Más allá de estos colosales territorios, hasta Daegon han llegado otros poseedores de unas dimensiones más modestas, pero no por ello menos únicos. Porque ni esta realidad es la única poblada por grietas que dan acceso a otros niveles de existencia, ni todo lo que existía en Kestra se veía influenciado por las mismas fuerzas.

Como muestra de algunos de los territorios discordantes para con los dos continentes podríamos encontrar la isla celeste de Eladar o la isla-continente de Rayhosha.
La primera de ellas, pese a ser la más modesta de ambas en cuanto a sus dimensiones, no por ellos es posee un menor número de particularidades. La distancia que separa a su punto más occidental de aquel ubicado más al este es similar a la que delimita los puntos más alejados entre sus latitudes, cerca de quinientos kilómetros, pero no toda esta extensión se encuentra conectada físicamente.
Su parte central y más elevada, aquella que antaño perteneció a las montañas Anarath, se encuentra separada del anillo de tierra que la rodea. Estas montañas, junto a la península de Letnur que las alojaba, desaparecieron al mismo tiempo que el continente de Nargión, pero su destino no fue exactamente el mismo que el de estos territorios.

La península de Letnur que formó parte de la costa este del continente fue un lugar convulso en el pasado, y el foco de diversos conflictos. Las montañas Anarath fueron destruidas para acabar con una rebelión mientras que, por otro lado, en aquellos lares se construía la que habría sido la tercera y mayor de las ciudades volantes de la época; la de Eladar. Una obra que no pudo ser concluida, pero para cuyo desarrollo se experimentó con la creación de grietas controladas de las que extraer energías provenientes de otros planos.

Los territorios que antaño formaron Letnur se encuentran ahora levemente desplazados de la que fuese su ubicación original. Flotan sobre el Mar de Káragos, cerca de la costa de Ashgurn, girando lentamente sobre su propio eje. A lo largo del lustro que han permanecido en esta posición aún no ha finalizado la primera de estas rotaciones, pero esto no hace de su visión algo menos único.
En su interior, poblando la parte exterior del anillo, podemos encontrar a dos pequeñas naciones; Eneshu y Mosalk, junto a un gran número de emplazamientos que no responden ante el gobierno de ninguno de estas culturas, sino ante el de la ciudad estado de Eladar.

Quizás las estructuras sociales de estos pueblos sean lo más parecido que podemos encontrar a las culturas de Daegon dentro de los territorios retornados pero, más allá de la apariencia de su organización jerárquica, existen un gran número de conceptos de base relativos a la comprensión de su misma existencia que difieren enormemente.
Los cambios sufridos por este territorio fueron menores que aquellos que impactaron en las grandes masas continentales, pero esto no implica que el segmento de realidad en el que se encontró enclavado fuese totalmente favorable para lo tangible, lo cambiante o lo orgánico.

Su traslación hasta Kestra no fue total, sino que quedaron atrapados en un territorio interregno, una dimensión en la que no sólo confluían con fuerza los axiomas de su realidades de origen y destino, sino que también contaba con una fuerte influencia de aquellas de las que sus máquinas habían establecido contacto.

Al contrario que los continentes, esta isla sí que se vio sumida en diversos ciclos axiomáticos. En estos no había sol o luna, pero sí ciclos de visibilidad y penumbra muy alejados entre sí. Dentro de estos ciclos no existía una única fuente de luz, sino que las distintas radiaciones que hacían este papel procedían de cada uno de los niveles de realidad que se encontraban en contacto con este reino interregno.
Su concepto de estaciones tampoco se corresponde al que se conoce en Daegon, ya que estas no estaban relacionados con cambios en el clima sino en algunos de sus axiomas primarios. Estos cambios sí que afectaban al crecimiento de la vida vegetal pero, más allá de su maduración, también generaba nuevas mutaciones sobre las formas de vida más básicas ya existentes.

El anillo exterior de Eladar está cubierto por una tupida capa de vegetación salvaje y anómala. Existen caminos pavimentados a través de esas junglas que comunican a las principales ciudades de las naciones que existen en esta isla, pero estas siempre han necesitado de constantes tareas de mantenimiento. A pesar de encontrarse separada físicamente del anillo, en los restos del monte Anarath se encuentran las minas de las que se han extraído los materiales para la construcción de las grandes ciudades y sus comunicaciones. Explotaciones mineras a las que se podía acceder en las condiciones axiomáticas en la que existían, pero que tras su regreso a Daegon han quedado aisladas.

Por su parte, la isla-continente de Rayhosha alcanza los tres mil kilómetros tanto en su latitud como en su longitud.
En el interior de esta gran isla se pueden encontrar cuatro grandes naciones; Orobe, Ruonshu, Jaslith y Aléster. Tanto la naturaleza axiomática de la isla como la situación en la que se encontraba esta en el momento de su desaparición o la misma evolución de cada una de estos pueblos ha llevado a los pobladores de este territorio a convertirse en los viajeros dimensionales.
Estas tres civilizaciones se encuentran entre las más cosmopolitas de cuantas pueblan todas la realidades. Seres en un constante tránsito en muchas ocasiones muy a su pesar.
Mientras que Eladar se encontraba en un un reino intermedio afectado por distintas realidades, Rayhosha se hallaba en en un territorio cuya inestabilidad le hacía moverse entre distintos niveles de existencia. Lugares en los que el tiempo transcurría no siempre transcurría de forma pareja a aquellos que abandonaban.

Sin moverse en apariencia del lugar en el que se encontraban enclavados, sus ancestros visitaron momentos en el tiempo y el espacio que aún no han llegado de acuerdo al la percepción del tiempo que tienen los actuales habitantes de la isla o del mismo Daegon.
El tiempo que esta isla ha permanecido en Kestra ha sido mucho menor que el de cualquiera del resto de territorios retornados, pero su estancia fuera de Daegon ha sido mucho mayor que la de estos.
Durante los periodos que transcurrían entre cada una de las reaperturas de la grieta en la que se encontraban, sus habitantes han conocido más de un millar de niveles de existencia. Han recorrido lugares que ya no existen y algunos que aún no se han formado, se han visto expuestos a axiomas únicos que han impregnado tanto a su hogar como a ellos mismos y sus descendientes.
El impacto que han tenido estos rara vez ha sido favorable, y el constante estado de inestabilidad y adaptación al que se han visto sometidos los ha marcado de manera indeleble.
En estos momentos Rayhosha se encuentra solapada en tres niveles de realidad sin formar parte de ninguna de ellas. Sus habitantes se mueven de manera simultanea dentro de todos, pero no pueden interactuar con alguien que no comparta esca condición. La percepción de todo aquello que no se encuentra en su mismo nivel de existencia es tan limitada como su capacidad para interactuar con ello. Las leyes físicas que gobiernan en este solapamiento son muy similares a las que se pueden encontrar en Daegon, pero de cara al observador externo puede parecer que que la gravedad funciona de una manera diferente.
Ante la mirada de los habitantes de Daegon, la superficie de Rayhosha aparece inclinada casi ciento setenta y cinco grados con respecto a la posición del mar que se encuentra bajo ella. Lo que los marineros perciben como su parte superior y se presenta como una colosal montaña es en realidad la masa que antaño estuvo en contacto con la corteza del planeta y los fragmentos que se desprenden de esta parecen ascender hacia los cielos.
Es en su parte inferior donde vive la humanidad de Rayhosha. El océano es su techo, uno de los muchos a los que tienen acceso y allí donde los los habitantes de Daegon sólo aprecian la la sombra que proyecta este territorio, hay una luz que sólo los nativos de la isla pueden percibir. Un conjunto de frecuencias exóticas provenientes del resto de planos con los que conviven.

Su vida no ha sido ni más sencilla ni más compleja que la del resto de los componentes de la humanidad que han retornado, simplemente diferente. Las maneras en las que los distintos entornos con los que han convivido han plasmado su hostilidad hacia ellos han sido más variadas e impredecibles que las del resto de los retornados. Algo que les ha dotado de una cantidad de recursos más amplia que la desarrollada por los demás, pero que no por ello les ha preparado mejor para su nuevo hábitat.

los periodos en los que se han encontrado activas estas grietas, su nivel de estabilidad y el impacto de los conceptos que se han filtrado a través de ellas han variado enormemente. se han debido a factores externos como los solapamientos planares consecuencia de la confluencias de distintas fuerzas en algunas de las realidades con las que comunican. Eventos a partir de la que también ha surgido algún nuevo concepto o que han afectado de manera permanente al territorio sobre el que han tenido lugar.

necesitan para vivir o las mismas leyes físicas acostumbra que tienen lugar en su interior acostumbran a verse afectadas por estas, distanciarse de aquellas que existen más allá de las áreas de efecto de las grietas. Efectos estos de los que tampoco han escapado las sociedades humanas que permanecen en su interior.

En resumen

La geografía de Daegon es su conjunto se mueve dentro de una gran cantidad de realidades. Esta no se limita a los territorios físicos, sino que se expande más allá de las barreras del propio planeta o del lo material.
Si bien es cierto que una gran parte de quienes lo habitan existen en un nivel de realidad común, la puerta para explorar estos lugares está abierta. Lo normal sólo es un punto de vista, algo que depende de una referencia. Del lugar en el que siempre has vivido.

Para los habitantes de los territorios mayoritarios, la realidad es concepto muy similar al que podemos tener nosotros. Los bosques crecen hasta que se les pega fuego, las cordilleras son barreras difíciles de franquear o lugares de los que extraer materiales de construcción, el mar es un aliado, pero también una fuerza a la que respetar, pero quienes viven en los territorios anómalos no tienen porqué compartir estas afirmaciones.

Porque también se puede encontrar entre sus territorios lugares que conviven con lo extraño o que dan acceso hasta lo que se encuentra ubicado más allá de la frontera que delimita lo convencional. Lugares en los que lo que parecen ser bosques no dan frutos ni arden, en los que las grandes elevaciones no son de piedra sino de energías infranqueables, letales o etereas, en los que la vida se mantiene gracias a los frutos que cuelgan de las estrellas. En los que el sentido de la maravilla lo domina todo.

La geografía en Daegon no es algo estático sino que fluyen y se integran con conceptos y axiomas en los que la vida tal y como la conocemos no es viable. Tanto este hecho como la manera en la que pueden afectar a quienes padecen estos cambio son dos elementos más a partir de los que se pueden crear historias.

Así pues, el de la axiomática es un territorio más que puede ser explorado. En ella, al igual que en el resto de los elementos que componen este mundo, se dan la mano la fantasía más desbocada y el realismo más sucio, lo científico y lo etéreo, lo abstracto y lo concreto, lo temible y lo hermoso. Lo que hemos presentado aquí no deja de ser una pequeña muestra de todo lo que puede existir dentro de su ecosistema. El esbozo apresurado de un conjunto de elementos a la espera ser ser utilizados, alterados y ampliados.

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¿Qué es Daegon? III: Geografía y axiomática

Lun, 04/01/2019 - 18:40
Tanto la superficie de Daegon como sus profundidades o sus cielos comparten similitudes con los nuestros, pero también se encuentran poblados un gran número de elementos que no se pueden encontrar en nuestro mundo.
A continuación trataremos de realizar una presentación general de algunos de los grandes bloques diferenciadores que se pueden encontrar en él. Para ello, haremos una descripción a muy alto nivel de algunas de sus rasgos más llamativos, así como de algunos de los elementos que han supuesto un impacto en las culturas más extendidas a lo largo de la superficie o de aquellos que pueden resultar de interés a la hora de construir historias alrededor de ellos.

Aunque en textos posteriores se irán añadiendo capas adicionales de información, Daegon es un mundo muy grande y, en cierta medida, cambiante. Un entorno lo suficientemente amplio y versátil como para que cada director de juego encuentre un hueco que se adapte a sus gustos o, de no encontrar ninguno, matizar o desarrollar desde cero alguno que se adecue a sus preferencias.

En la actualidad existen en este mundo tres colosales masas de tierra, aquellas que conforman los grandes continentes de Daegon, Nargión e Ilwar. De estos tres, tan sólo el primero de ellos se encuentra en contacto con la corteza terrestre del mundo, mientras que los otros dos se encuentran suspendidos sobre sus mares.
Siguiendo a estos en cuanto a su extensión se encuentran las dos grandes islas continente; Thurgold y Rayhosha. Al igual que sucede con los continentes, sólo el primero de ellos se encuentra anclado físicamente al fondo marino. Para terminar, podemos encontrar una serie de islas de diferentes tamaños y características. De todas estas, quienes habitan en el continente sólo saben que contengan vida inteligente cuatro de ellas; Sembia, Shatter, Norotgard, Mashulanu, pero este es un conocimiento terriblemente sesgado y se encuentra ligado tanto a su proximidad como a lo que consideran “vida inteligente”. Un concepto este que, al igual que otros muchos, se ha visto puesto en duda tras la Gran Penumbra.

Porque, por más que las alteraciones causadas por este suceso se hayan propagado en distintos niveles, el terreno en el que más claramente se pueden apreciar las consecuencia del gran cambio sucedido en el mundo ha sido en el geográfico. Algunos de estos cambio son más evidentes que otros y, mientras que tanto los territorios continentales desaparecidos o las islas errantes que han aparecido junto a las costas del continente son elementos que, hasta cierto punto, pueden encontrarse presentes en las conversaciones diarias, los nuevos territorios que, como los dos nuevos continentes, aún quedan por descubrir mar adentro.

Cada uno de estos nuevos territorios ha llegado trayendo consigo sus propias particularidades, elementos únicos de los cuales los más evidentes no son siempre los más relevantes o los que pueden llegar a causar un mayor impacto.

Si bien aportaremos unas pequeñas pinceladas acerca de los nuevos territorios, aquí nos centraremos en el “viejo mundo”, en los territorios que jamás han abandonado Daegon. Un conjunto de masas terrestres cuyo mayor representante es...

El continente de Daegon

A grandes rasgos, la geografía de Daegon no difiere en gran medida dela que podemos encontrar en nuestro mundo.
El continente que comparte nombre con la ambientación y con el propio mundo se encuentra ubicado en lo que sus habitantes consideran como la parte central del planeta. Ha permanecido sobre su superficie desde su formación y lo ha acompañado en todos sus cambios. Durante milenios ha sido el único gran continente existente sobre su superficie, y las civilizaciones que lo pueblan han sido quienes más profundamente han marcado el devenir de este mundo a lo largo de este tiempo.
Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en el Cabo de Ashnath de Tarnaq, y la ubicada más al este; la cala de Domxiao en Shinzay, es de cerca de doce mil kilómetros.
Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre la ciudad portuaria de Vylastoc en Saliria, el punto situado más al norte, y el cabo de Pramchatka en Ashghurm, su homólogo en el sur, su longitud aproximada sería de seis mil quinientos kilómetros.

Las costas del continente se encuentran bañadas por treinta y siete mares de diferentes extensiones, pudiendo encontrar en su interior también una gran diversidad de mares internos.

A tenor de esta descripción podríamos asumir que sin temor a equivocarnos que se trata de un mundo como el nuestro, y no iríamos muy desencaminados, pero más allá de estos elementos comunes podemos encontrar un cierto número de rasgos en los que ambos se diferencian. Un gran número de estos rasgos no dejan de ser atributos que se encuentran dentro del territorio de lo excepcional; de las maravillas únicas de la naturaleza y, dadas su excepcionalidad, serán a las que pasaremos a prestar atención.

Comenzaremos este recorrido con la estructura natural que goza de una elevación mayor. De haber un rasgo que lo pueda diferenciar de nuestro mundo, este podría ser el de la altura de sus grandes montes. Cimas que pueden llegar a encontrarse por encima de los diez kilómetros. De todas estas estructuras, el elemento que más resalta por encima de todos los demás sería el de la cordillera del Pramayán. Un accidente geográfico al que muchos denominan como...

- La gran frontera

Oriente y occidente se encuentran divididos por una colosal estructura natural. Una línea divisoria que significa mucho más que una mera barrera física. El punto en el que entran en contacto dos grandes placas tectónicas y las masas continentales que se encuentran sobre ellas.

Este es quizás uno de los elementos que más ha condicionado la evolución de sus diferentes culturas en el pasado. La cordillera del Pramayán es una inmensa cadena montañosa que surca y divide este continente de norte a sur a lo largo de toda su sección central. Este conjunto de montañas es conocido por tantos nombres como civilizaciones han existido bajo su sombra. A lo largo de los milenios ha sido mucho más que un mero elemento físico difícilmente franqueable, siendo el origen de tantos mitos como culturas han entrado en contacto con ella. Un reto cuya superación, en ocasiones, ha supuesto grandes avances o retrocesos para quienes en aquellos momentos se encontraban en cada uno de sus extremos.

Pero esta cordillera no siempre ha poseído las mismas características. Su elevación ha ido creciendo con cada pequeño movimiento de las placas sobre las que existe y el nivel de accesibilidad de este constructo natural ha variado a lo largo de las eras.
Pero este no ha sido siempre un mero obstáculo o un elemento desestabilizador. Quizás el lento movimiento de estas placas haya causado la destrucción de pasajes y caminos, pero esto no ha evitado que otras nuevas se construyan sobre estas ruinas. Porque las características axiomáticos únicas que se dan a su alrededor de ciertos puntos de su extensión también han sido fuente de riqueza y poder. Por más que destruyese toda construcción humana que ha trataba de contener su avance y habilitar su tránsito de forma duradera, con el transcurrir del tiempo la ciencia humana logró comprender sus patrones y a leer sus movimientos.
Las ciudades que se encuentran en la actualidad situadas en su falta o, como es el caso de Beretear y Ton’Kaheru, en sus picos, cuentan con unas arquitecturas únicas. Son ciudades que se extienden tanto fuera como dentro de la montaña. Que se aprovechan de recursos naturales que no se pueden encontrar en ninguna otra parte del mundo.

Si bien es cierto que, incluso en la actualidad, atravesar el Pramayán por tierra implica un gran riesgo, esta cordillera no sólo fue cruzada de forma habitual hasta hace aproximadamente cuatro milenios, sino que su interior fue horadado con técnicas y herramientas que ya no son posibles.
Pero tras la llegada del segundo gran cambio axiomático todo cambió. En comparación con aquel suceso, la Gran Penumbra no deja de ser una mera anécdota, pero esto no significa que no se hayan continuado produciendo cambios en el Pramayán. Por más que durante mucho tiempo esta barrera fuese algo insalvable, esto no hizo sino aumentar su cualidad como elemento diferenciador entre las culturas de oriente y occidente. Una separación que, tras aquel cambio, se vio incrementada de forma exponencial.

Desde el momento en el que las construcciones que permitían la vida en aquellos lugares y las infraestructuras que daban acceso hasta allí dejaron de funcionar, gran parte de lo que se encontraba en su interior volvió a ser un misterio. Ha pasado ya mucho tiempo desde aquello pero de forma esporádica se siguen descubriendo los restos de algunas de aquellas culturas junto con las máquinas inertes que realizaron las construcciones que permanecen en su interior. El hecho de que no puedan ser utilizadas no ha evitado que sean estudiadas. Al pasado aún conserva muchas lecciones por impartir y en presente tiene gente dispuesta a aprender de él. Por más peligroso que pueda llegar a ser el llegar hasta estas enseñanzas, siempre hay gente dispuesta a descubrir aquellas que pueden permanecer enterradas en sus entrañas.

Hasta donde alcanzan los anales de los estudiosos del presente, en distintos momentos de un pasado relativamente reciente, más de una docena de los grandes imperios han logrado vencer al coloso desde entonces. Esta ha sido una gesta a realizar, un acto de audacia que se ha convertido en la meta que siempre ha espoleado la imaginación y ambición de los más temerarios y poderosos. Un reto constante para los más intrépidos. Una prueba cuya superación, en ocasiones, ha supuesto la caída de quienes la han logrado.

Porque no todos los éxitos en esta lid han sido recompensados con fama y gloria. En casos como puedan ser los del Gran Imperio Menetiano o el Pueblo Libre de Raganyanu, el empeño de algunas de las civilizaciones por lograr franquear esta barrera en el pasado no sólo permitió el acceso hasta un mundo con un número indeterminado de similitudes y diferencias con aquel que ya conocían sino que, cuando este “nuevo mundo” fue entendido como un premio o algo de su propiedad, los recién, sin importar el extremo de la cordillera del que procediesen, descubrieron que no eran los únicos con capacidad militar o ambición.

Por más que los intentos por crear rutas viables para el transporte de tropas o mercancías a través de la cordillera hayan podido resultar exitosos, todos ellos lo han sido siempre de forma temporal. Un logro que ha podido mantenerse durante varias generaciones pero que, ante su indómita e impredecible naturaleza, han terminado por desaparecer. A lo largo de su extensión se pueden encontrar los restos de carreteras, túneles, puentes y ciudades que un día la surcaron total o parcialmente, pero su control siempre ha sido algo irrealizable en el largo recorrido. Una de las metas de quienes han aspirado y aspiran a ser grandes conquistadores.

A pesar de esto; de su dureza y de los múltiples fracasos, no todo lo que la rodea o se ha construido sobre ella se encuentra en ruinas. Un gran número de localizaciones dispersas entre sus más de seis mil kilómetros no se han visto afectadas de forma tan drástica como las que han sufrido otras. Los cambios que se han producido en su base no siempre han afectado a las ciudades y se pueden encontrar construcciones y civilizaciones ubicadas tanto en las porciones situadas a distintas alturas. Culturas que, por otro lado, en algunas ocasiones han quedado aisladas del mundo que las rodea debido a alguno de los movimientos espasmódicos de su hogar. De todas estas sólo algunas de las que se han situado en su ladera han logrado mantener una comunicación estable con quienes viven más alejados del Pramayán.

Ya se se haya logrado superar este escollo por tierra o mar, siempre que una cultura ha logrado imponerse en su desafío de una manera más o menos estable, esto ha supuesto un cambio para cada uno de los pueblos que se han visto envueltos de una algún modo en el evento. Tanto es así que la actual separación cultural del continente llegó dada como consecuencia de uno de estos logros.

Su importancia es tal que desde siempre ha condicionado la visión de las distintas culturas que lo rodean acerca de lo que se encuentra no sólo “al otro lado” sino también en su interior o en lo alto de sus picos. Ha sido adorada y temida, fuente de riqueza y de destrucción, un mero accidente geográfico o un enemigo implacable. Porque, de la misma manera que se podría datar el origen de los actuales divisiones territoriales en el momento en el que el Gran Imperio Menetiano logró franquear este escollo, su derrota también originó nuevas mitologías que se prolongaron durante siglos y que aún puede llegar a perdurar en las gentes de baja cultura.
Durante los siglos posteriores a aquella derrota, las leyenda acerca del Pramayán crecieron aún más, otorgando motivos místicos a aquel hecho. Mitos que atribuían una intención a la misma montaña. Leyendas que establecían que aquel era un escollo que no debía ser superado por la humanidad.
Irónicamente, mientras esto sucedía en occidente, la visión de ella que se estableció las naciones de oriente que vivían bajo su sombra no dejaba de ser similar. Al otro lado sólo se podían encontraban pueblos bárbaros sedientos de sangre. Tribus carentes de toda sofisticación o ética, una horda implacable que había necesitado del surgimiento de un inmortal para que pudiesen ser contenidos.

Han pasado ya milenios desde aquellos días pero, por más que esta frontera fuese superada en épocas posteriores a aquel suceso, ninguna de estas hazañas ha tenido una repercusión equiparable a aquella. El tráfico marítimo entre ambos extremos, aunque no exento de sus propios riesgos, es ya algo habitual desde hace siglos y tanto los gremios comerciales como los políticos o los científicos son perfectamente conscientes de lo mundano y lo extraño que se puede encontrar a ambos extremos, pero la materia de la que están hechas las leyendas hace que estas perduren en lugares recónditos.

Pero, a pesar de su grandiosidad, el continente es mucho más que el Pramayán. A medida que uno se aleja de la zona central, la cordillera deja de formar parte de sus vidas, sus mitos y sus temores. Una verdad que también sería extensible a aquellas provincias más alejadas de la gran montaña dentro de los pueblos que la rodean. Por más que su presencia así como su crecimiento siempre han representado una frontera para la integración y comprensión de las culturas que se han ubicado en ambos extremos, esta sólo es una de las múltiples barreras que han frenado esta comunicación.

Si bien es cierto que usaremos este accidente geográfico para dividir la descripción de la geografía del continente, tanto en su interior como en las islas y los mares que bañan sus costar podemos encontrar otros elementos dignos de mención.

- Daegon occidental

Lo porción de tierra que se extiende al oeste del Pramayán a día de hoy tiene una extensión inferior a la que podemos encontrar al este, pero esto no siempre ha sido así ya que, hasta la llegada de Nargión e Ilwar la proporción era la inversa.
Sobre esta superficie, y de acuerdo a los mapas existentes en este mundo, encontraríamos quince grandes naciones, pero tanto la precisión como la intención de estos mapas no dejan de ser valores muy cuestionables ya que en estos tratados no se encuentran un número mucho mayor de pequeños estados y ciudades soberanas.

De todas las grandes naciones que pueblan el oeste continental, sólo dos de ellas no se encuentran bañadas por ninguno de los mares que conforman sus costas; Rrearem y Baern. Todas las demás; Dominio Tarnaq, Tembi, Saliria, Goord, Johrg, Edirth, Shattegar, Nivar, Harst, Shemellom, Bra’Em’Kyg, Naltor y Menetia, así como los territorios anómalos de Werela y las Llanuras Heladas poseen algún tipo de salida al mar. Una vez más indicaremos que esto no siempre fue así, al menos, no siempre lo fue de la misma manera.

Los hechos recientes han impactado de manera especialmente dramática en varios territorios pertenecientes a la porción occidental del continente, haciendo que se desvanezca gran parte de su extensión. Si bien es cierto que la mayor parte de las zonas afectadas se encuentran en sus porciones central y sureña, el foco de estos cambios han tenido una preponderancia especial en aquellos lugares más alejados del Pramayán.

Millones de kilómetros cuadrados han desaparecido, una cantidad equivalente a la pérdida de la mitad de Europa. Este hecho ha afectado a siete de las grandes naciones y uno de los grandes territorios anómalos, pero la cuantía total de los daños provocados por ella exceden con mucho estos ámbitos. Por más desapercibidos que hayan podido pasar en dentro del gran esquema, también ha tenido lugar la desaparición total de otras naciones menores, algunas de ellas en su totalidad. De la misma manera, no sólo se ha producido el regreso de los dos continentes, sino que tanto fuera como dentro del continente existen nuevos territorios por descubrir.

Hasta tiempos recientes ni Shattegar ni Werela disponían de una salida al mar, una situación que cambió con la consolidación de los nuevos territorios. De la misma manera, las líneas costeras tanto de Tembi como de Harst, Edith, Naltor, Bra’Em’Kyg y Nivar han cambiado tras aquellos acontecimientos catastróficos.

La merma que esto ha supuesto para cada una de ellas ha sido distinta y, mientras que en la zona central, la vieja Tembi ha desaparecido por completo, la pérdida sufrida por el resto de territorios tampoco es algo desestimable. Harst ha quedado dividida por la mitad, los fiordos de Nivar han avanzado hacia el interior y Edirth ha perdido cerca de un setenta por ciento de su extensión.
El Océano Sámico ahora llega hasta el Mar de Johrg, una masa de agua que siempre había sido un mar continental.

El impacto recibido por las naciones del sur quizás sea menor en su cuanto al número de naciones afectadas, pero la ruina y las familias rotas que esto ha generado no hace que quienes han padecido sus efectos se sientan afortunados. Quizás una gran parte de su extensión aún se encuentre accesible, pero el mar Progónico y el Mar de Jenul hoy llegan hasta lo que hace poco eran las zonas centrales de Naltor y Bra’Em’Kyg. El daño que esto ha podido causar a otros niveles aún no se ha podido cuantificar, al igual que aún no se sabe cuál ha sido el destino de las porciones de su geografía que han desaparecido. Partes de ellas permanecen aún en este plano de existencia como islas o archipiélagos de distintos tamaños, pero la naturaleza de estos restos aún está por ser catalogadas por los estudiosos.

Porque, de manera independiente a la ubicación geográfica en la que se han manifestado estos fenómenos, o a sus aparentes consecuencias, por más que la causa sea común, no todas las consecuencias se han manifestado de la misma manera.

La inestabilidad planar ha podido causar que, como ya sucediese en su pasado, grandes porciones de tierra hayan acabado en otros niveles de existencia, pero ha sido la súbita ausencia de estos la que ha causado los mayores destrozos. De la misma manera que no todos los habitantes de los territorios desaparecidos han muerto, su llegada hasta otros niveles de existencia ha provocado otra serie de consecuencias para los nativos de su nuevo hogar.
Determinar el destino de cada uno de estos territorios es una labor muy compleja, pero no imposible. Se han encontrado los restos de algunas de las grandes ciudades en las profundidades, lo que ya de por sí permite a los familiares y amigos de quienes allí vivían a comenzar su periodo de duelo, o a los saqueadores a tratar de recuperar lo que pueda quedar de valor en estos lugares hoy sumergidos.

Saliendo del territorio de lo más mundano o lo trágico, y adentrándonos en el terreno de lo mitológico, otros tres lugares de los que podemos encontrar en occidente son en realidad la memoria de un pasado que sólo una persona recuerda. Porque no es necesario que nos vayamos a los nuevos territorios para encontrar lugares excepcionales en occidente.

Dos grandes territorios que han formado parte de él desde siempre se encuentran dentro de aquellos denominados como territorios anómalos; Werela y las Llanuras Heladas. Al mismo tiempo, otros como puedan ser el gran Río Gywek que sirve de frontera entre Naltor y Menetia o las junglas que ocupan desde hace siglos los territorios de Saliria en los que se construyó la ciudad de Amlot también cuenta de su propia mística.

Existen regiones de Daegon en las que lo que podríamos considerar como un accidente geográfico es, o algún día fue, algo más. Lugares como puedan ser tanto el monte Switchden en el Dominio, como el Shendaprata en Shemellom. Tanto los picos como todo lo que se extiende a lo largo de decenas de kilómetros bajo ellos y a su alrededor de ambos antaño fueron criaturas vivas que recorrieron los cielos de este mundo. Más allá de lo que se puede apreciar cuando se está en estos lugares se ocultan los restos de un pasado del que apenas queda rastro, ya que son los cadáveres de sendos shaygan, las criaturas volantes antaño conocidas también bajo el sobrenombre de “los creadores de valles”.
En la actualidad sólo queda vivo una de estas criaturas. Un coloso cuyas dimensiones apenas superan el kilómetro de diámetro y sobre el que se ha construido una ciudad, Kylgir, pero su majestuosa presencia apenas es una pálida muestra de lo que fueron los suyos.

Continuando con aquellos elementos cuya ubicación conceptual se encuentra a medio camino entre lo convencional y lo anómalo, podríamos centrar también nuestra mirada en las construcciones jonudi. A pesar de lo incierto de su origen, y de la ausencia de datos suficientes como para elaborar una teoría unificada y sólida, los estudiosos de las distintas épocas en las que se produjeron cada una de estas apariciones nunca han dejado de estudiarlas y elaborar teorías de todo tipo. De ellas, aquellas que gozan de mayor aceptación dentro de la comunidad científica actual son aquellas que determinan dos orígenes posibles para ellas. Los estancias axiomáticas a los que se bautizó como las dimensiones intermedias de Nusureh y Monrasén.

Tanto el tamaño como la forma y las características de cada estas estructuras oscila enormemente, pudiendo encontrar algunas de dimensiones colosales, como pueda ser el domo de Yujín’Bash’Tamar, conocido también como el “Domo de Jonur” en Áldern, cuyo diámetro visible supera los dos kilómetros y su altura los trescientos metros, o tan acotado como la ciudadela de Baen'Shul'Ilay ubicada en Cahirn Ansay, conocida también bajo el sobrenombre de la “Catedral Infinita”, cuyas dimensiones no son mayores que aquellas que pueda tener alguno de los grandes palacios.

A pesar de sus diferencias, ambas estructuras comparten una característica que no se ha encontrado en otras en apariencia similares. Así pues, mientras que en estos dos casos se ha logrado tener acceso hasta lo que se encuentra en su interior y también se han construido estructuras a lo largo de su superficie, en otros como los de Uli´Shur´Maesh en Baern o Mayin’Isul’Galath en la provincia reani de Mitlanesh, ni su exterior ha podido ser atravesado, ni se ha logrado perforar su superficie o construir nada sobre ellos.

La naturaleza de estas estructuras es claramente anómala, siendo la materia que las compone una oscuridad muy cercana al estado primario de este concepto. Una oscuridad cuya densidad fluctúa haciendo que su exterior sea impenetrable bajo condiciones normales, y que su interior se encuentre ubicado al mismo tiempo en distintos niveles de existencia. Todas ellas llevan tanto tiempo en los lugares que ocupan que, a pesar de conocerse su obvia naturaleza anómala, quienes viven a su alrededor los consideran algo nativo de este nivel de existencia. Tanto es así que dentro del Domo de Jonur se ha llegado a establecer una comunidad humana.

Su tacto, las formas que adopta su exterior o los relieves irregulares que se pueden adivinar a lo largo de sus superficies no comparten similitudes o patrones comunes, y el único elemento que parecen compartir aquellos que han podido ser accedidos es una oscuridad que casi puede ser palpada. Unas tinieblas que no puede ser disipada por luz alguna pero que, a pesar de esto, pueden llegar a ser capaces de generar imágenes en la mente del viajero. Otro elemento que comparten es aquel que hace que las dimensiones de su interior sean con mucho superiores a aquellas que pueden dar a entender las medidas de su exterior. La certeza de que, una vez dentro de cualquiera de ellas, ya no se está en una realidad gobernada por los axiomas imperantes en Daegon.

Otra construcción natural que navegan entre lo convencional y lo anómalo serían los fiordos de Nivar. Ya desde antes de que se produjese la desaparición de la porción central del continente estos territorios contaban con su propia mística ya, más allá de las similitudes estéticas que pueden compartir con aquellos que se pueden encontrar en Norotgard, las condiciones climatológicas de ambos territorios son totalmente dispares.
Su contorno se vio alterado drásticamente tras los eventos que llevaron a la expansión del Mar de Jorhg, pero una parte muy importante de los territorios que lo componían, a pesar de haberse visto separadas de la masa continental, han permanecido en este mundo quedando como grandes pilares irregulares cuyo tamaño oscila entre los cientos de metros y las decenas de kilómetros. Islotes que sobresalen del mar a la misma altura que los acantilados a los que pertenecieron hasta hace un lustro.

Por su parte, en Saliria, en lo alto del Muhinyashu, se encuentra ubicado, oculto también a simple vista, otro lugar mítico, pues su cima también se conoció hace millones de años como Gurudáel; “el primer pico”. El lugar del que surgieron por primera vez los Mayane Undalath.

Saliendo del terreno de los accidentes naturales, siguiendo en paralelo el recorrido de la gran barrera encontramos los restos de la mayor creación humana del mundo conocido; La vía imperial. Esta antigua calzada construida durante los tiempos del Gran Imperio Menetiano surca el centro continental de norte a sur uniendo a lo largo de su camino a las naciones de Menetia, Rearem, Goord, Baern y Saliria.
El estado en el que se encuentra esta construcción, cuya creación se remonta dos milenios atrás en el tiempo, es muy irregular. Lo que nació como un trazado homogéneo ha ido adoptando la personalidad de los pueblos que se han visto atravesados por ella. Pueblos que, en ocasiones, no han contemplado su preservación entre sus prioridades.

Estos sólo son unos pocos ejemplos de lo que se puede encontrar al oeste del Pramayán. Cada nación tiene sus propias leyendas y sus propias maneras de interactuar con su entorno. De entender lo que les rodea. Cada río, cada valle, cada bosque y cada cañada es susceptible de ser especial para quienes han habitado junto a ellas durante generaciones.

De la misma manera, todo territorio afectado por el reciente cambio se ha visto sometido a una revisión por parte de quienes han padecido este. Al igual que sucedió con cada suceso anómalo, que ha padecido el mundo a lo largo de las eras, por más extraños que hayan podido ser, siempre se ha logrado encontrar una “explicación” para ellos. A pesar de tratarse de algo tremendamente infrecuente que sólo tiene lugar una vez cada muchos siglos, se trazan patrones y relaciones indistintamente con aquello que forma parte de la mitología y con lo que es historia contrastada.

Este no ha sido el mayor de los desastres acontecidos en la historia de Daegon, ni tiene un significado especial, pero ya se han alzado voces que afirman conocer “la verdad”. No hay un plan o un propósito en el azar que los ha causado, pero esto no ha evitado que se le haya buscado una intencionalidad y uno recua de sospechosos y culpables a los que acusar.

- Daegon Oriental

Los territorios que se extienden al este del Pramayán contienen un mosaico igualmente único de particularidades que, al mismo tiempo que pueden emparentarlo con occidente, lo diferencian de él.

A este lado de la gran frontera podemos encontrar once grandes naciones; Troll’Kahn, Shirune, Dilirm, Dayashu, Shinzay, Sheparn, Dagorel, Hanrath, Ashgurn, Muliria y T’Nar con algún tipo de acceso al mar, y dos, Ton’Kaheru, Beretear, carentes de él. Si bien es cierto que el tamaño de todas ellas excede la media de las naciones occidentales, al igual que sucede con la anterior, su cartografía es igualmente imprecisa no incluyendo un gran número de naciones con mayor o menor nombre, y realizando agrupaciones discutibles a la hora de determinar su naturaleza y contexto.

En oriente también existe un gran territorio anómalos, las llamadas Llanuras Zulera pero, más allá del hecho de su extrañeza y su condición de frontera natural, este no comparte características con Werela o las Llanuras Heladas.

Su mera existencia, así como sus dimensiones y ubicación en el corazón continental de occidente han condicionado la manera en la que se comunican y relacionan los pueblos que lo rodean.
No todos sus límites son algo perceptible a simple vista y los provincias que hacen frontera con ellos acostumbran a ser igualmente dinámicas.

Algunos de los rasgos más distintivos de la geografía de oriente, a pesar de ser percibidos como tales, no son enteramente naturales. Lugares como la costa de Par-Chay-Anau en Shinzay, moldeada por los progenitores de la humanidad hace millones de años y que comunica todas las islas de los alrededores tanto sobre el mar como bajo él. No el tiempo ni los fenómenos anómalos han logrado hacer mella en su estructura ni su belleza.

Por otro lado podemos tener las ciudades estado de Beretear y Ton’Kaheru, la gran mayoría de las cuales se encuentran construidas en la cara interior de lo alto del Pramayán, no son menos dignas de admiración que las maravillas de la naturaleza.

La manera en la que se encuentran iluminado el interior de estas dos ciudades, así como la majestuosidad de las cascadas interiores que se precipitan hacia un abismo sin fin no tienen parangón en el mundo moderno, de la misma manera que la ciencia que permitió la creación de los puentes de piedra que surcan sus precipicios infinitos aún sigue siendo estudiada cuatro milenios después de su construcción.
Los recovecos que recorrían su interior no sólo fueron expandidos para albergar sus ciudades inferiores, sino que se moldearon para construir bóvedas y acueductos que aprovechasen sus cualidades naturales. Un laberinto de superficies que reflejan la luz del exterior para llevarlas hasta cada rincón de su extensión, que permite que el aire no se encuentre viciado por encontrarse en un entorno en apariencia cerrado. Sus puertas fueron el freno a la expansión de Menetia en oriente, y sus habitantes, los denominados como “Los señores de las alturas”, quienes surgieron del interior de estas cavidades para liderar a los ejércitos que llevarían la batalla hasta las puertas de la antigua capital imperial.

Otra de las maravillas de la naturaleza de oriente son las cataratas del monte Dramchatka, el lugar de nacimiento del gran rio Triad. Ambos accidentes geográficos forman parte de la frontera que separa a las Llanuras Zulera de Hanrath y T’Nar pero, más allá de este hecho hasta cierto punto anecdótico, es uno de los fenómenos que más renombre ha dado a la zona.
La caída del Río Triad se produce a lo largo de más de dos kilómetros, y su anchura en ese punto es superior a los quinientos metros.
El valle fluvial que tiene su origen en este lugar tiene su punto más amplio en el segmento en el que las fronteras de T’Nar y Hanrath confluyen con la de Muliria y finaliza en una nueva catarata en los acantilados de Tesel, el lugar en el que se produce su desembocadura en el Mar Muliense.

Si bien su número e incidencia es menor que en occidente, en oriente también podemos encontrar varias estructuras jonudi como el domo de Bushen’Geth’Ilmior ubicado en la provincia sheparni de Jezael.
Pese a producirse la aparición de este domo hace seis siglos, coincidiendo en el tiempo con aquellos aparecidos en occidente, existen dos grandes diferencias entre este constructo y aquellos que se pueden encontrar a ambos extremos del Pramayán.

Por un lado, la llegada de Bushen’Geth’Ilmior tuvo lugar en una zona habitada. Su solapamiento con esta realidad se consolidó sobre la antigua capital de Jezael, la ciudad costera de Immor. Por otro, es la única de estas construcciones que se encuentra solapada parcialmente con un territorio marítimo. Esto hecho permite ver que la extensión de estos domos no finaliza en su contacto con la masa terrestre, sino que se encuentra mucho más enraizada bajo la superficie. La parte perceptible sólo es una ínfima parte de su superficie, y esta se sumerge hasta profundidades tan remotas como ha sido capaz de descender la humanidad. Llega hasta el fondo oceánico y, se sospecha, mucho más abajo.
Su interacción con las aguas marinas no parece asemejarse en nada a aquellas reacciones que genera su contacto con el agua de lluvia y, mientras que la porción que se encuentra sobre la superficie parece no verse afectada por la luz solar sino que esta es incapaz de generar sombras y contraluces que permitan adivinar el detalle de su estructura, cuando esta se refleja en el mar se puede apreciar un cambio en esta dinámica. Bajo el agua se pueden apreciar estos dibujos como en ningún otro lado. A través de este reflejo se tiene acceso a colores que no existen, a imágenes capaces de moldear la mente de quien las contempla.

En ambos extremos se tiene la percepción equivocada de que, “más allá del Pramayán” la vida es más sencilla. De la misma manera, históricamente se ha tenido siempre la impresión de que la mayor incidencia de eventos anómalos tiene lugar en el extremo que habita cada uno. La cercanía, así como la facilidad y la rapidez en la propagación de las noticias en las naciones vecinas han sido factores determinantes a este respecto, pero esto no convierte esto en una verdad incontestable.
De cualquier manera, lo que sí que es cierto es que oriente se ha visto menos afectada por los eventos recientes que occidente. Si bien esta es una verdad incuestionable cuando comparamos la cantidad de los territorios que se han visto afectados, una vez analizada con mayor detalle no deja de ser una percepción extremadamente parcial. Porque, quizás la manera en la que la Gran Penumbra no hayan tenido un impacto tan directo sobre los habitantes de oriente, pero la fractura en la realidad causada por el regreso de los nuevos continentes también se ha dejado sentir allí.

De toda su extensión, quizás la que más se ha visto afectada haya sido aquella comprendida por las naciones costeras situadas en el sur. Aunque en menor medida que lo sucedido en occidente, algunas de las naciones ubicadas allí también se ha visto afectado por las consecuencias surgidas tras el final de la larga noche. Tanto T’Nar como Muliria han visto sus líneas costeras alteradas, pero la fortuna ha querido que esto no tuviese lugar en ninguna zona habitada. Aún así, los mapas costeros han tenido que ser trazados de nuevo y la navegación por los lugares afectados aún no se encuentra libre de peligros e incertidumbre.

Una situación similar a esta se puede encontrar en el extremo sudoriental del continente. La línea costera del sur de Ashgurn ha perdido dos porciones significativas de sus territorios en las provincias de Géryanat y Hayashin. Mientras que para la primera de ellas esto supuso la desaparición de la ciudad de Pramchatka, en el caso de la segunda no llegó a afectar a ningún territorio habitado.

Al contrario que en el caso de lo sucedido con los territorios de T’Nar y Muliria, las rutas marítimas apenas se han visto alteradas por estos cambios, pero sí que se han producido cambios en las vías terrestres. Las regiones sureñas de ambas provincias, convertidas ahora en una península, han quedado prácticamente aisladas del resto de la nación. Sus comunicaciones se han visto afectadas y, con esto, también su economía. También ha quedado un vacío de poder a escala nacional, una ocasión que no ha tardado en ser aprovechada por quienes aspiran al poder para echar en cara al gobierno su gestión de la situación.

Pero estas no han sido ni las únicas ni las más traumáticos de las consecuencias sufridas. Porque esto palidece ante la pérdida humana que ha padecido Ashgurn con la desaparición de Pramchatka. Por más que una parte de sus habitantes lograsen abandonarla a tiempo, muchos de ellos no han logrado recuperarse del dolor de la pérdida o las experiencias vividas durante aquellos días.

Por su parte, en el extremo nor oriental del continente, el golfo de Ryuseth que comparten las costas de Dilirm y Dayashu ha visto aumentada su extensión. Con esto, no sólo el Mar de Kanyanu ha avanzado hacia el interior del continente, sino que ha quedado al descubierto una nueva forma donde antes residían los territorios continentales. Esta construcción que sobresale por encima del nivel del mar pero no es tocada por este. Su plano de origen es el mismo que el de los continentes retornados, pero su naturaleza es muy diferente. No pertenece a ninguno de los territorios que antaño pertenecieron a Daegon, sino que es el primer artefacto nativo de Kestra que ha entrado en contacto con esta realidad.
Nada de este mundo es capaz de entrar en contacto con ella, ya sea el aire, la luz o el agua, pero su mera presencia sí que afecta a cada uno de estos elementos. Cada una de sus líneas poseen una precisión que no puede ser medida y en sus distintas superficies se pueden contemplar reflejos que no pertenecen a esta realidad. Su interior proyecta una luz tan coherente que su visionado de forma continuada puede llegar a resultar dañino sin una protección adecuada.

Todo lo que hay a su alrededor son cataratas, y es casi imposible navegar en su cercanía. A lo largo de toda su superficie su forma es al mismo tiempo irregular y simétrica. Por debajo el nivel del mar, las aguas han adaptado a su contorno para evitar su contacto creando un área a su alrededor de cerca de cien metros. Su parte inferior no llega a tocar el fondo marino, sino que incluso este parece haberse vuelvo más profundo repelido por su cercanía.

Los cambios que se han producido no entienden del dolor humano o las leyes que gobernaban esta realidad. Quizás los que hemos mencionado en estos párrafos puedan ser los más llamativos o que han supuesto un impacto para un mayor número de personas, pero esta no deja de ser una métrica muy subjetiva ya que el dolor de la pérdida rara vez entiende de proporciones o escala.

Pero, por más que una parte de los distintos los territorios habitados que componen Daegon hayan padecido algún tipo de cambio, esto ya ha pasado a ser materia del pasado. Algo que, poco a poco, va dejando de ser un un elemento más dentro de su día a día. Al igual que sucede en nuestro mundo, el terreno en el que se ha asentado cada pueblo no siempre ha resulta ser un aliado.
La geografía de este mundo no deja de ser un elemento más con el que jugar. Puede set tan algo dúctil o inalterable como necesite el director de juego.
Las placas tectónicas de oriente y occidente pueden tener una relación de yin y yang o ser un concepto uniforme y estático en su comportamiento dependiendo del tipo de tono que quiera el director para sus aventuras. La extensión total de estos cambios aún está por ser descubierta y acotada y, de la misma manera que aún se pueden producir nuevas sacudidas y secuelas de los eventos de hace un lustro, también estos pueden verse revertidos.

Pero si bien hasta el momento hemos tratado con aquello extraordinario dentro de lo ordinario, hemos dejado fuera de manera intencionada aquellos territorios para los que lo anómalo es norma. Aquellas porciones del continente conocidas como...

Los territorios anómalos

A ambos extremos de la gran barrera podemos encontrar grandes extensiones en los que algunas de las leyes universales que tanto nosotros como los habitantes de Daegon damos por sentadas no siempre se cumplen de forma estricta. Lugares en los que tanto lo orgánico como lo mineral se han desarrollado de otra manera, donde la evolución ha seguido otro curso. La vida aún tiene cabida en ellos, algo que incluye la vida humana, pero la naturaleza de esta también se ha visto afectada a diferentes niveles.

Obviamente, su geografía también se ha visto afectada por todos estos factores. Si bien es cierto que al hablar acerca del continente hemos presentado ciertos elementos anómalos incluso dentro de Daegon que se pueden encontrar en su interior, la naturaleza de los extraño en estos territorios es diferente.

En un primer momento estos cambios acostumbran a ser sutiles. Imperceptibles ante el asalto sensorial que pueden llegar a producir en el recién llegado ciertas porciones de estos territorios hasta que ya es tarde. Esto no significa que todo lo que se puede encontrar en su interior sea algo excepcional o extraño, pero a medida que uno pasa más tiempo en ellos aumenta exponencialmente la posibilidad de que su camino se tope con algo que no puede existir más allá de los límites de estos territorios.

La concepción de “lo normal” en el interior de estos territorios depende de cada uno de ellos, y no es algo estático. Lo que una generación pudo vivir con naturalidad para la siguiente puede ser algo extremadamente raro. La fuente de sustentos de unos puede resultar algo letal para quienes les suceden o viceversa. La vida en su interior depende de leyes en apariencia impredecibles, pero estas responden a la mecánica cósmica, al movimientos que tienen lugar más allá del plano material.

Porque, a pesar de su anomalía cuando son comparados con aquellos cuyo comportamiento puede ser predicho gracias al conocimiento actual, de lo desigual de su distribución o lo lo extremas que pueden ser las condiciones de vida en su interior, su comportamiento no es algo completamente arbitrario.

Si bien es cierto que estos territorios se extienden a lo largo de grandes extensiones de tierra, siendo algunas de ellas mayores que varias naciones, no siempre han tenido este comportamiento. Por más que haya que remitirse a cientos, cuando no miles de generaciones atrás para haber conocido otro estado, de la misma manera que surgieron sus cambios pueden verse anulados.

Generalmente estos territorios se encuentran afectados por la presencia de alguna grieta entre realidades y las radiaciones exóticas que se pueden filtrar a través de su apertura. Ni su presencia ni su influencia son algo predecible y, mientras algunos de ellos dejan clara su naturaleza en la manera en la que ha evolucionado la misma vida en su interior, la forma en la que esta influencia se ve plasmada en otros adopta una forma más sutil.
No todos los territorios anómalos se encuentran tipificados o acotados, de la misma manera que el mismo concepto de lo “normal” es una cuestión meramente estadística y un constructo cultural.

Así pues, por más que a primera vista, y ante los ojos de quien no comprende el funcionamiento del universo en su conjunto se puede llegar a confundir lo habitual con una verdad objetiva, en su interior se pueden dar eventos a todas luces imposibles. Tormentas de elementos provenientes de otros niveles de existencia, nieves perpetuas o desiertos en latitudes tropicales, junglas donde debería haber tundra, lugares en los que el espacio o el tiempo no son conceptos mucho más abstractos.

En estos casos todo se vuelve complejo, algo que incluye los intentos por delimitar el área que abarcan cada uno de ellos o, como en el caso de los dos primeros que trataremos, decidir dónde finaliza uno y comienza el otro.

- Las Llanuras Heladas

Quizás el caso más extremo de cuantos componen esta triada de territorios sea aquellos que colindan con Tarnaq, la nueva Tembi y Werela. Aquellos que, dependiendo del punto a través del que se accede a ellos, unos pueblos han bautizado como Skartaria y otros como Tanraqull.

De acuerdo a su posicionamiento dentro del planeta, en primera instancia la forma en la que se refieren a estos territorios podría dar a entender un mero carácter descriptivo, pero estas dos palabras no son suficientes para comenzar a aportar una idea de lo que atañe a esta porción del continente.
Por más que en sus partes fronterizas las llanuras comparten las bajas temperaturas que afectan a las naciones que las rodean, una vez en su interior todo cambia. En la tundra helada que recibe a quienes se aventuran en su seno incluso el mismo frío resulta un concepto extraño. Porque cuando uno se adentra en las Llanuras abandona las latitudes en las que se encuentran demarcadas en los mapas.

La división que se hace en su nomenclatura no es gratuita, ya que si se accede a ellos desde su frontera con Tarnaq estos dan acceso a la región polar de Kaze mientras que, de hacer tal cosa desde Werela o Tembi el viajero puede llegar a acceder hasta la realidad interregna de Vidisláer.

Pero si el apelativo de helado encaja con lo que uno se puede encontrar el viajero al adentrarse en estos territorios, el referirse a ellas como llanuras no deja de ser un elemento descriptivo desafortunado. Porque más allá de la tundra helada que se extiende parcialmente hasta los territorios comunes se tiene acceso a todo tipo de orografías tanto mundanas como extrañas. Picos de alturas imposibles que no son perceptibles para quien se encuentra tras la frontera axiomática y mares que no tocan las costas que recorren quienes las navegan. Simas infinitas que desafían a los sentidos y glaciares compuestos por materiales que no existen que flotan en océanos de incertidumbre.

Dentro de las Llanuras Heladas el espacio no transcurre de manera lineal, sino que se pliega y expande de forma aleatoria conectando puntos aislados. Los puntos cardinales pierden su sentido, lo que se encuentra a la espalda de uno se le puede mostrar frente a él, una sima o una montaña pueden encontrarse a haber dado un paso en ninguna dirección.
Cuando más se adentra uno en estos lugares más difícil es salir, ya que la estructura del cuerpo se adapta a estos cambios. Deja de estar sintonizado con Daegon para moverse en otro nivel. Estrictamente hablando, sus pasos pueden haberles llevado de vuelta fuera de las Llanuras, pero eso no quiere decir que hayan regresado a Daegon.

Aún así, en su interior se han llegado a establecer pueblos. Culturas que han aprendido a leer su entorno, a ver lo que no son capaces de percibir quienes existen fuera de su burbuja. No son pueblos más sofisticados que los que habitan más allá de sus fronteras, pero tampoco gentes primitivas. Tribus nómadas que se adaptan a cada mutación de este entorno cambiante. Gentes de personas que, a pesar de carecer de conocimientos avanzados de la física y la metafísica que les rodea, han aprendido a leer señales imperceptibles para quienes viven más allá de las fronteras que les separan de lo que se extiende fuera de su hogar.

Irónicamente, este contexto es la norma para ellos y, por más complejas y duras que sean sus condiciones de vida, una vez fuera de él no sabrían como vivir sin necesitar de un arduo proceso de adaptación.

Pocas son las expediciones que se han atrevido a profundizar en su interior y, de todas ellas, sólo de una de ellas logró regresar alguien con vida. Alguien desubicado, fuera de su momento y lugar. Una persona que fue tratado de mentiroso o demente.

- Werela

Ubicada al este de las Llanuras, la situación de Werela no tiene similitud aluna con estos territorios o con los de las naciones con las que limita, pero esto no hace la vida en ella más sencilla. A su propia manera, las condiciones de vida en estos también también son muy extremas, pero la relación de su climatología con estas condiciones es mucho menor. Las radiaciones que llegan hasta estos territorios procedentes de otros niveles de existencia han convertido su interior en un entorno que podría ser fácilmente confundido con una jungla tropical. Una apariencia que a lo largo de los siglos ha llevado a quienes la visitan a realizar un gran número de asunciones erróneas y, en ocasiones, letales.

Porque, de manera independiente a su apariencia, su interior se encuentra poblado por conceptos únicos. Un alto porcentaje de su flora y su fauna no pueden existir largo tiempo fuera de ese contexto. Esto no es una mera cuestión del lo brusco y extremo que puede resultar el cambio en la climatología, sino que el mismo suelo y el agua, los nutrientes que sostienen la vida en Werela, no se dan en otro lugares. Werela posee un ecosistema cerrado, no sólo las leyes físicas sino también la manera en la que los principios químicos se encuentran presentes en este territorio han creado una situación de simbiosis y dependencia.

Por otro lado, ciertas partes de su interior, aquellas en las que las grietas planares inciden de manera más intensa, se encuentran solapadas con otros parajes externos. Al igual que sucede con las Llanuras, quienes habitan estos territorios viven simultáneamente en varios niveles de realidad aunque, al contrario que en estos, el espacio sí que funciona de una manera lineal en ellos. Por más que conceptos como la gravedad o el magnetismo se ven alterados en su interior, aunque una brújula no funcione en su interior los puntos cardinales siguen siendo válidos para quienes son capaces de detectar y asimilar los patrones adecuados.

Pero esta no es una tarea sencilla ni siquiera para los nativos de estos territorios, porque las distintas grietas que confluyen en ellos tienen distintos patrones, algunos de los cuales pueden tardar siglos en completar su ciclo. Estas grietas también están sometidas a distintas influencias por parte de los planos a los que dan acceso, llegando a sumirlas en periodos de inestabilidad. En aquellos lugares en los que su actividad no se encuentran en un estado estable todo lo que es tocado por ella se ve afectado. Tampoco existe una manera sencilla de saber en qué momento o lugar se encuentra uno bajo la influencia de alguna de ellas, ya que las señales que delatan su presencia pueden ser percibidas únicamente en momentos concretos de sus respectivos ciclos.
A lo largo de cada uno de estos ciclos las radiaciones que emiten pueden llegar a producir mutaciones no sólo en la flora o la fauna, sino también en la propia composición de sus minerales. Mutaciones que dan como resultado elementos únicos. Bienes que, a pesar de tener capacidades que pueden llegar a ambicionados por los pueblos que viven más allá de su frontera, el riesgo implícito que llevaría su recolección y estudio tiende a convertirlos en algo inasequible incluso para los más poderosos nobles, estudiosos o comerciantes. Algo que, por otro lado, no ha evitado la llegada de distintas oleadas de expedicionarios a lo largo del tiempo en pos de hacerse con ellos.

- Las llanuras Zulera

Al oeste del Pramayán se encuentra el más extenso de los axiomáticos conocidos por la humanidad hasta el regreso del continente perdido; las Llanuras Zulera.

Esta porción del continente carece de unos rasgos tan identificativos como los de los mencionados hasta el momento, pero esto no hace que su presencia sea menos problemática. Ocupando una porción nada despreciable de la parte central de oriente, su mera presencia ha supuesto un condicionante para la manera en la que se han comunicado las naciones que se encuentran en ubicadas en sus extremos opuestos. Este territorio recibe su nombre como consecuencia de los pueblos que habitan en su interior, las antaño tribus nómadas de los Zulera quienes, en gran medida, han sido uno de los nexos de unión y comunicación mas importantes entre las naciones del norte y el sur de esta porción del continente, y uno de los pueblos que más se han visto afectados por las consecuencias de la última larga noche.

Porque, si bien es cierto que las porciones habitadas del este continental se han visto afectadas en menor cuantía por el reciente evento anómalo, las Llanuras sí que han experimentado un gran número de cambios en su composición ya de por sí arbitraria.

La naturaleza de as grietas que confluyen sobre este territorio han permitido que los pueblos que habitan en su interior tengan una interacción más continuada con el resto de naciones, una relación que les ha permitido evolucionar socialmente de una forma más cercana a la del resto de culturas pero, al mismo tiempo, esto no ha supuesto que su visión acerca del mundo o la vida vaya pareja a la de estos.

El azar ha querido que las realidades con las que se solapan las Llanuras a través de estas aperturas que dan acceso hasta ellas hayan creado un entorno hasta cierto punto estable, pero esta estabilidad no ha supuesto que los axiomas que imperan en su interior sean totalmente parejos a los de Daegon, o que toda su extensión permita la existencia de vida humana en ellos. La gravedad en ellos es arbitraria y direccional. Adentrarse en ciertas parte de su interior puede suponer la muerte por aplastamiento o el perder el ancla con el firme. Estas fluctuaciones son perceptibles para los Zulera, pero alguien criado fuera de este entorno está condenado a una muerte casi segura.
La luz también se refleja de una manera distinta y, lo que desde el exterior puede parecer una llanura infinita, una vez dentro se vuelve un mosaico caleídoscópico repletos de formas que emergen en ángulos imposibles. Parajes de plantas inquebrantables y rocas fluidas, de mares súper densos y montañas etéreas.

Tras los recientes eventos algunas de sus características estables se han visto alteradas, transformando este lugar en algo aún más peligroso para quienes lo han habitado desde su infancia.

- Otros lugares extraños

Por más que estos sean los territorios más significativos en cuanto a su extensión, existen otros territorios anómalos dentro del continente aunque, como ya comentábamos cuando hablábamos de los lugares excepcionales, marcar una línea que separe con claridad a algunos de ellos de estos es en multitud una mera cuestión de matices o de percepción.

Lugares como la antigua ciudad imperial de Tashuke o el observatorio dimensional de Suli’Gier’Nal. Como el espacio que ha quedado donde antes había ciudades o placas continentales, como las nueve islas errantes que aparecieron durante los tiempos del Gran Imperio Menetiano o la ciudad celeste de Stergión. Como todas aquellas que aún no han sido descubiertas por la humanidad.

El continente es un lugar enorme, una extensión de tierra en la que caben todo tipo de fenómenos, pero para que estos lleguen a ser considerados anómalos deben tener algo único. Algo que los convierte en fuente de historias, en un foco del que beban el sentido de la maravilla, el misterio, la admiración y el temor al mismo tiempo. En una contradicción a todos los niveles.

Deben ser extraños incluso entre ellos, pero diversos en una manera en la que esto no los vuelva inverosímiles dentro de un contexto como el de Daegon o la realidad que se quiera definir. Esta extrañeza es la única característica compartida por todas ellas.
Así pues, ni Werela, Skartaria, Tanraqull o las Llanuras Zulera son un patrón que seguir ni todo lo que se ha descrito hasta el momento tiene porqué continuar como ha sido presentado. Nadie sabe qué hay bajo los abismos infinitos bajo Beretear o en las aguas que bañan Nivar, pero esto no ha evitado que surjan miles de leyendas a su alrededor.

Las Islas

Más allá del gran continente, al igual que nuestro mundo, Daegon está salpicado por miles de islas de distintos tamaños. Territorios de distintos tamaños que albergan en su interior un número proporcional de elementos comunes y únicos. Si bien es cierto que número es muy elevado, y que este ha sido ampliados con la llegada de los nuevos territorios, aquí nos centraremos en aquellos que albergan en su interior a alguna de las civilizaciones humanas.

Separándose de manera paulatina del continente se encuentran las grandes islas, algunas de las cuales son denominadas por sus habitantes como continentes de pleno derecho. Todas ellas formaron parte hace eones del gran continente pero en ninguno de los libros de historia de Daegon se encuentra plasmado un momento en el que Sembia, Shatter, Thurgold, Norotgard o Mashulanu pudiesen ser alcanzadas sin necesidad de surcar los mares. A estas grandes islas se han sumado dos de los nuevos territorios ya que, de todas los territorios errantes retornados, dos de ellos no sólo cuentan con habitantes humanos, sino que también se han materializado a una distancia que permitiese su visualización desde alguna de las rutas marítimas; Rayhosha y Eladar.

De entre el resto de los territorios marítimos de Daegon en los que se puede encontrar vida humana podríamos destacar a los grandes archipiélagos, Yarnú y Kúbor Yolasté pertenecientes al viejo mundo, o el de Digarta que se sustenta alrededor de Rayshosha. Lugares que, si bien no cuentan las mejores condiciones para que la vida florezca en ellos, sí que disponen de una amplia y nutrida variedad de minerales exóticos.

Por otro lado, y en un estado aún de incertidumbre se encuentra el nuevo archipiélago de Dalmeshi, los territorios huérfanos que han permanecido sobre los mares de este mundo tras la desaparición de la costa de Bra’Em’Kyg. Un conjunto de islas que, junto a Sembia y el Kúbor Yolasté podrían ser considerados, al menos parcialmente, como territorios anómalos.

Porque, de manera independiente a su explotación o población, no todos estos islotes comparten la misma naturaleza. Así pues, la población de estos lugares no atiende a los mismos criterios que aquella que se puede encontrar en el resto de islas. Mientras que los pobladores del Kúbor Yolasté pertenecen a los consorcios de comerciantes que gestionan su explotación, los de Dalmeshi son principalmente los integrantes de expediciones científicas, buscavidas o familiares de quienes moraban en aquellos territorios que, un lustro después, aún no han perdido la esperanza de encontrar alguna pista acerca del paradero de sus allegados.

- Thurgold

Dentro de las islas que jamás han abandonado este mundo Thurgold es la que cuenta con una extensión mayor.
Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en la ciudad costera de Tarxis, y la ubicada más al este; localizada en la bahía de Nayinteru, es de cerca de dos mil ochocientos kilómetros. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre esta misma bahía, el punto situado más al norte, y los acantilados de Mesenu, su homólogo en el sur, su longitud aproximada sería de mil cuatrocientos kilómetros.

La geografía de esta isla ha sido tan convulsa como su historia, y es quizás la que más cambios ha sufrido a lo largo de su los tiempos. Dentro de la “Columna de Yyvylion”, la cordillera que surca su interior, existen varios cráteres pertenecientes a volcanes hoy durmientes o extintos pero, durante su periodo de actividad, terminaron con una gran parte de la vida vegetal en la isla.
Así pues, es una isla mayormente desértica cuyo mayor interés durante siglos vino dado por su situación geográfica como parte de las rutas marítimas que comunican oriente y occidente. Recientemente, hace aproximadamente un siglo, el descubrimiento dentro de “La Columna” de yacimientos de salich despertó un interés adicional por parte de otras naciones.

La división territorial de este isla se encuentra claramente determinada por dos factores que no dejan de estar íntimamente relacionados; la Columna y los pueblos del continente que llegaron hasta cada uno de sus extremos antaño. En su interior no existen grandes naciones, pero sí una colección de ciudades estado ubicadas en sus costas que, en algún momento dado estuvieron relacionadas con alguna de las naciones continentales. De esta manera, en la porción occidental de la isla podemos encontrar a las ciudades de Tarxis, Anuar, Greyshard, Bélaster y Yarna. Ciudades que antaño fueron colonias menetianas o naltorianas que terminaron obteniendo su independencia.

De la misma manera, en su segmento oriental encontramos al llamado Rashen Agor o “Federación comercial de las ciudades estado de Thurgold”. Un conglomerado formado por las ciudades de Dozo, Godosu Nayal, Betharan, Iwasanli y Nimala Sinratu. Ciudades que nacieron como campamentos mineros de distintos consorcios comerciales de Ashgurn y Muliria hace menos de un siglos y que obtuvieron su independencia hace escasas décadas.

Pero estos no son los únicos pueblos que habitan en esta isla. Más allá de la costa aún perduran los descendientes de los considerados como los pueblos indígenas de la isla. Así pues, su interior occidental está surcado por las tribus nómadas de los takuro, los chanasayani o los eneleshi mientras que el oriental es se encuentra habitado por los onkeni, los bochanyi o los thomsaru.

Tanto el desierto interior como La Columna son lugares que aún poseen multitud de misterios por desvelar porque, al contrario de lo que dicta el saber popular, las culturas de los pueblos indígenas no dejan de ser una adaptación un entorno cambiante. Antaño Thurgold fue un lugar muy diferente. Un lugar en el que, al igual que en continente, se establecieron civilizaciones muy avanzadas cuyos restos aún se encuentran ocultos bajo las dunas.

- Shatter

Si continuamos nuestro viaje a través de las viejas islas y seguimos una ruta que nos lleve hasta aquella cuya extensión sería más similar a la de Thurgold, este nos llevaría hasta Shatter. De todas las grandes islas, esta sería quizás aquella que guarda una mayor número de similitudes en cuanto a su naturaleza con lo que se puede encontrar en los territorios estables del continente.

Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en las ruinas costaras de Siburn en Sinráesh, y la ubicada más al este; localizada en la bahía de Nalús en Silvarta, es de cerca de dos mil kilómetros. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre la ciudad de Nálasen en Tálaspor, el punto situado más al norte, y la playa de Rumica en Olesne, su homólogo en el sur, su longitud aproximada sería de mil novecientos kilómetros.

Al contrario de lo que sucede en Thurgold, el tipo de parajes que se pueden encontrar en su interior tiene una gran diversidad, abarcando indistintamente desde densos bosques hasta zonas desérticas, desde montes de mediana envergadura hasta llanuras de toda índole, desde ríos o lagos hasta acantilados rocosos o playas cristalinas.

En lo que respecta a su población, tanto su número de habitantes como la dispersión que tienen a lo largo de su territorio también es mucho más amplia e interrelacionada que en el caso de la isla desértica. En ella se pueden encontrar más de una decena de naciones con distintos niveles de evolución, siendo los que ocupan una mayor porción su territorio las de Silvarta, Tálaspor y la agrupación de clanes de la etnia nirgedu conocida como Sinráesh.
Aunque en otro orden de magnitud, dentro del esquema de poder de la isla también podríamos contar como relevantes a las naciones de Olesne, Maelic y Vanyashi.

En su interior también se pueden encontrar los restos de distintas civilizaciones del pasado antiguo como las de Lartal, Ovenyatna o Dogor Kelys. El tiempo y la climatología han sido generosos con el legado de estos pueblos, y una parte importante de su legado arquitectónico ha servido como base para la construcción de las naciones modernas.

Pero la relativa estabilidad axiomática que ha protegido históricamente a Shatter se vio alterada durante el reciente suceso anómalo. En los momentos finales de la Gran Penumbra una isla se materializó parcialmente en el interior de los territorios pertenecientes a Sinraesh. Una isla que no podía ser accedida mediante métodos físicos. Esta misma isla, de manera simultanea, también se materializó cerca de las costas de Menetia pero, mientras que ya no es perceptible desde esta última, en la actualidad su presencia aún permanece ligada a los territorios de Shatter.
A su vez, las brumas axiomáticas que rodean los territorios limítrofes a aquellos implicados en el solapamiento dan acceso hasta una tercera realidad afectada.

- Sembia

Si la situación experimentado por Shatter hace dos décadas es algo excepcional dentro de su contexto, la naturaleza de la isla que le sigue en tamaño ha hecho que quienes la habitan posean una percepción mucho más flexible acerca de lo que interpretar como “normal”.
En Sembia, la tercera isla más grande del viejo mundo, la vida es algo que no se da por sentado. Es un lugar en el que cada día es aceptado como un regalo. Como un don por el que se ha luchado duramente y que se aprecia y valora como en ningún otro lugar.

Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en los acantilados de Anestheti, y la ubicada más al este localizada en el cabo de Fejarn, es de cerca de seiscientos kilómetros. Por su parte, la línea que uniría perpendicularmente la playa de Totktoleshu, el punto situado más al norte, y la ciudad de Progosti, su homólogo en el sur, mediría aproximada mil trescientos kilómetros.

Más allá de la anteriormente Progosti y la ciudad de Górjost, ambas colonias establecidas por el Dominio, el resto de la isla se encuentra poblada por una miríada de tribus cuyo modo de vida podría ser catalogado casi como primitivo.

Las distintas radiaciones exóticas que han bañado Sembia a lo largo del tiempo la han convertido en una fuente de contrastes. Una isla fragmentada axiomáticamente que ha obligado a sus habitantes a permanecer en constante movimiento para evitar sus efectos más perniciosos. Tanto los vientos como los sustratos subterráneos de la isla se encuentran afectados por los movimientos anómalos actuando al mismo tiempo como agentes propagadores y barrera. El paso de las estaciones no supone únicamente un cambio en su temperatura, sino que también afecta a la actividad de las grietas que existen tanto sobre su superficie como bajo ella.

La isla tiene distintas cadenas montañosas y ríos que nacen de ellas, pero ninguno de estos elementos es comparable al N’leshu. Este monte, ubicado en en la porción noroccidental de la isla, no sólo representa su punto más elevado, sino que también es el origen de los dos ríos más caudalosos que la recorren. En su cima se encuentra el nacimiento del Winyale y el K’sudi pero, a pesar de que ambos surgen del mismo punto, uno de ellos desciende por la ladera norte y el otro en la sur oriental.

La vida de una gran parte de las tribus de la isla se conforma alrededor de las orillas de estos ríos y sus afluentes. Sus aguas no sólo les proporcionan sustento, sino que también son el indicador sobre el que han aprendido a leer los cambios que se avecinan. Los minerales que arrastran desde lo alto del N’leshu son especialmente susceptibles a las radiaciones anómalas, y las tonalidades que van adquiriendo a lo largo de su tránsito ha sido históricamente el elemento que ha determinado en gran medida los flujos migratorios de estos pueblos.

A pesar de haber incontables tribus a lo largo de Sembia no se puede decir lo mismo de las etnias que los componen. La raíz de las que parten todas ellas son cuatro; Noh’Krieg, Elantari, Mainari y M’gebu, pero ha sido la dispersión de sus emplazamientos a lo largo de su hogar y no su raíz genética lo que ha lo que ha condicionado la manera en la que ha evolucionado cada tribu.

Los emplazamientos que se han establecido por parte de los pueblos del continente se encuentran ubicados en la parte sur, la porción de la geografía de la isla que goza de una mayor estabilidad axiomática pero, al mismo tiempo, aquella que dispone de una menor variedad de recursos naturales.
El alcance de los solapamientos planares no se limita a la propia isla, sino que algunos de estos llegan a extenderse más allá de sus costas. De la misma manera, el vivir fuera de ellos tampoco garantiza la seguridad de quienes los habitan. Dependiendo de la época del año tanto el agua como el aire pueden transportar elementos impregnados por las radiaciones exóticas hasta lugares no afectados por estos.
De la misma manera, el simple hecho de que exista un solapamiento o una grieta dimensional activa no lleva implícito nada forzosamente dañino, sólo el potencial de que se produzca alguna mutación en su flora o fauna. Aun así, si bien no se trata de un agente destructor, algunos territorios muertos han llegado a revivir gracias a esta influencia, tampoco busca el bien de la humanidad. Por más que distintas culturas hayan tratado de apaciguarlos o llamarlos, las grietas carecen de dueño deseo, intención o consciencia de la existencia de conceptos sentientes que se vean afectados por su acción.

- Norotgard

La isla de Norotgard es el territorio que alberga alguna civilización humana en su interior cuya latitud se encuentra situada más al norte.
Su localización ha convertido a la isla en un lugar de paso casi obligatorio para quienes recorren el norte por el mar, ya que se encuentra situada entre las Llanuras Heladas y la región polar de Kaze. Esta condición ha provocado que aquellas naciones que ocupan las zonas costeras del sur hayan tenido a lo largo de su historia un contacto continuado con representantes de un gran número de los pueblos del continente. Por otro lado, su situación también convierte a la isla en un territorio hasta cierto punto inóspito que ha condicionado el carácter y la cultura de quienes lo habitan.

Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en la bahía de Jagrosh, y la ubicada más al este; ubicada en el cabo de Astanar, es de cerca de dos mil kilómetros. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre el glaciar de Aesur, el punto situado más al norte, y el fiordo de Naakith, su homólogo en el sur, esta se prolongaría a lo largo de seiscientos kilómetros.

A pesar de lo dura que es la vida en la isla, esta aridez no le viene dada por la presencia de ninguna grieta o solapamiento planar. El norte es un lugar muy duro, un lugar en el que la tierra apenas da para alimentar a quienes la trabajan.
En el interior de la isla podemos encontrar tres grandes naciones; Reykstolm, Vargad y Nosgarath y cerca de un centenar de pequeños feudos y pequeños estados guerreros. A pesar de que el origen étnico de todas ellas es el mismo, y lo limitado de las dimensiones de la isla, las condiciones de cada territorio han condicionado enormemente su desarrollo físico y cultural. El tamaño de las grandes naciones palidece ante el de aquellas que se pueden encontrar en el continente y que se denominan a sí mismas bajo ese mismo apelativo, pero dentro del contexto de Norotgard su poder es casi indiscutible y son quienes controlan de facto todo el tráfico marítimo que pasa por sus costas. A pesar de esto, en los tiempos en los que la precariedad es más acuciante en el norte, no es raro que los pueblos más desfavorecidos asalten a sus hermanos del sur o a los navíos que se acercan a sus costas.

Por más que axiomáticamente hablando Norotgard sea un territorio estable, en su interior se pueden encontrar dos elementos que los diferenciarían claramente de otros. Por un lado, en la ciudad de Otkel se encuentra varado desde hace casi dos milenios el domo Jonudi de Shall'Taen'Naú. A pesar de que una gran parte de la mitología de la isla se ha construido alrededor de este constructo, este lleva inactivo desde hace más de cinco siglos, pero esto no ha impedido que se haya cimentado aún más su aspecto mítico.

Por otro lado, sobre lo alto del monte Malesk, aquel que sirve como frontera entre Vargad y Reykstolm, se encuentra la isla flotanta de Turgás'Tal; el único lugar a través del cual se ha tenido contacto con los Kesari.

Ambas localizaciones son igualmente inalcanzables, ya sea por su posición o por su propia naturaleza, pero ni este hecho ni el que los habitantes de Norotgard sean considerados como unos bárbaros iletrados por parte de los pueblos más sofisticados del continente, ha supuesto un problema ante los estudiosos de todo el mundo deseosos de saber más acerca de lo que se encuentra más allá de esta realidad.

Otro de los elementos de la isla que han despertado el interés a estos mismos estudiosos son sus fiordos. Estos se pueden encontrar a lo largo de todo su contorno adquiriendo un gran número de formas y tamaños. Tanto en algunos de ellos como en los glaciares que pueden ser alcanzados desde sus regiones se han podido encontrar restos orgánicos procedentes de épocas remotas.

- Mashulanu

Finalmente dirigimos nuestra mirada hasta el archipiélago de Sakaki, el lugar en el que se encuentra la última y menor de las conocidas como “grande islas”.
Mashulanu es la mayor de las islas que conforman el archipiélago, pero no la única habitada. Si bien es cierto que todas quienes habitan en ellas comparten una cultura similar, dentro de este entorno podemos encontrar tres naciones; Shihimatsu en la isla de Doroshi, Hirogu en la isla de Ayeko y el propio imperio de Mashulanu. A pesar de sus diferencias, la manera en la que se han aislado a sí mismas del continente han hecho que, históricamente, desde este se haya considerado a todos los pueblos del archipiélago como una única nación, pero esto no deja de ser una apreciación equivocada.
Lo que sí que es cierto es que Mashulanu es la que ha tenido una mayor influencia en los territorios que colindan con ella. Su extensión desde su posición situada más al oeste, localizada en el cabo de Asama, y la ubicada más al este; ubicada en el cabo de Irata, es de cerca de seiscientos kilómetros, pero esto se debe más a su posicionamiento dentro de los mapas que a una longitud real ya que en sus partes más anchas la isla no mide más de trescientos. Por su parte, de poder trazarse una línea perpendicular entre entre el cabo de Gokaze, el punto situado más al norte, y el estrecho de Sishitomi, su homólogo en el sur, esta se prolongaría a lo largo de novecientos kilómetros.

Tanto esta isla como las que le rodean se les ha considerado históricamente como uno de los territorios más estables de Daegon, una cualidad que se ha mantenido tras los sucesos acontecidos tras la última “Larga noche”. Aun así, más allá de las islas que lo componen y se encuentran ancladas a la corteza planetaria, su número se ha visto incrementado por la presencia de cinco islas que han comenzado a surcar sus cielos formando un nuevo archipiélago flotante.

De entre estas nuevas islas, menores todas ellas que la de Doroshi, una de ellas alberga vida humana en su interior, pero sus habitantes, a pesar de ser conscientes de la existencia de la otra, aún no han sido aún capaces de ponerse en contacto con los mashlanitas.

A pesar de su estabilidad, la vida en Mashulanu no es sencilla. Sus tierras no son muy fértiles y la cantidad y variedad de alimentos que crecen en ellas son escasas. La cordillera del Mikaboshi que recorre casi toda su línea central, y los territorios rocosos que la rodean ocupan casi un setenta por ciento de extensión de la isla y en ellos apenas se pueden encontrar zonas habitadas. El noventa por ciento de su población se agolpa en las zonas costeras, encontrándose mucho más habitada su sección occidental.

A pesar de la percepción de estabilidad que se tiene acerca de Mashulanu, su pasado no ha estado totalmente exento de sucesos anómalos. Hace cerca de tres milenios una abstracción entró en contacto con esta realidad y tomó nombre y forma de mujer; Korian. El lugar en el que se produjo este suceso quedó marcado con un cráter aún hoy continúa siendo investigado. De su unión con un humano nació quien sería su gobernante durante cerca de dos milenios.

En ese punto las barreras que separan lo conceptual de lo terrenal son más débiles. Bajo la influencia correcta, ciertas ideas que no son de este mundo se filtran han impregnado la percepción de quienes se han visto tocados por ellas de manera continuada. Bajo esta influencia, los sentidos de quienes se han visto afectados por ella han sido capaces de tener acceso hasta pequeñas porciones de lo etéreo. Si abandonar jamás este mundo han sido capaces de ver, escuchar y sentir lo que no tiene forma ni tacto, lo que no emite sonido. Su folclore se ha visto fuertemente influenciado por este hecho ya que, quienes no enloquecieron trataron de plasmar aquello que no puede ser expresado con palabras y dar forma a lo que carece de ella.

- Otras islas

En el viejo mundo se pueden encontrar también más islas y archipiélagos que los aquí mencionados pero, ya sea por la distancia a la que se encuentran del continente o el resto de territorios habitados, por el escaso interés que han despertado sus recursos, o por su distancia de las rutas comerciales, el impacto histórico que han tenido unas culturas sobre las otras ha sido mínimo a lo largo de los últimos milenios.
De la misma manera, puede tratarse de islas sin vida humana en su interior o pobladas por los restos de alguna de las culturas de antaño cuya manera de entender el mundo haya evolucionado en otra dirección. En ellas se pueden ocultar pueblos que han decidido voluntariamente permanecer alejados de lo que se encuentra más allá de sus costas, gentes que han optado por expandirse en otras direcciones de este u otros mundos, o encontrarse encerrados dentro de una burbuja axiomática de la que no han podido escapar.
Su presencia en los mapas políticos puede haber sido residual o aún pueden ser territorios por descubrir. Sea como fuere, cualquiera de estas situaciones no tiene porque ser permanentes.

Los mares

Las aguas que bañan las costas de Daegon y las islas que lo rodean tampoco se encuentran libres de sus propias particularidades. Tanto en su superficie como en las simas abisales que pueblan los fondos marinos también se pueden encontrar fenómenos que no se podrían dar en nuestro mundo o territorios anómalos.

Cada una de estas grandes masas de agua goza de su propia historia y su propia mítica pero, mucho más allá del continente se encuentra el Gran Océano sin nombre. Una colosal masa de agua que ha permanecido lejos de la presencia humana durante milenios pero que recientemente se ha vuelto a fragmentar.

Actualmente, una gran parte de la superficie de estas aguas se encuentra cubierta por la noche perenne que sobre ellas proyectan los nuevos continentes celestes de Nargión e Ilwar así como la gran isla de Rayhosha.
Estos territorios marinos, desiertos durante desde tiempos a los que apenas alcanza a llegar la memoria humana, vuelven a reencontrarse con viejos conocidos, pero sus pobladores nada tienen que ver con quienes antaño les abandonaron.
Durante todo este tiempo, por más expediciones que han podido tratar de explorarlos, han sido “agua incógnita”. Territorios impracticables por la vía marítima ante la escasez de territorios en la que obtener agua que no sea salada.
Este es un hecho que no ha cambiado tras el regreso de los continentes perdidos sino que ha empeorado aún más. Porque, a este impedimento vital se le ha unido la imposibilidad de que la luz del sol llegue bajo ellos. Porque quizás sólo una ínfima parte de los territorios retornados lleguen a entrar en contacto con la corteza terrestre, pero más allá de estos puntos se extienden miles de kilómetros de la oscuridad más absoluta.
Sumado a todo esto, dentro de esta oscuridad las aguas son extremadamente convulsas. Las poderosas e impredecibles corrientes de aire que se forman entre las masas terrestres que sobresalen del océano y este, sumado a la incesante lluvia de rocas que se desprenden de estas masas continentales como consecuencia de estas hacen de su tránsito algo suicida.
La misma roca que conforma estos continentes ha visto alterada su naturaleza axiomática, afectando a su vez todo lo que entra en contacto con ella. El Gran Océano ya no es tal, pero aún no se sabe en qué se ha convertido.

Pero las aguas de Daegon se extienden mucho más allá de aquellas tocadas por sus masas continentales. En ellas se encuentran aún miles de misterios y recuerdos. Infinidad de fragmentos de historias aún por ser recuperada.
Sus simas abisales se encuentran pobladas no sólo por criaturas y conceptos que la humanidad no ha visto en eones, sino que también encierran al tercero y último de los Siete Picos que tenía su hogar en este planeta. La ciudad más antigua existente sobre este mundo; Matnatur, la que también fue conocida como Rielt Kamage; la última esperanza durante los tiempos ya olvidados de los progenitores de la humanidad.
Entre la roca sobre las que se esculpió esta ciudad yace una de las estirpes de los guardianes durmientes. Es el lugar de nacimiento y descanso de una de los linajes de los Mayane Undalath y la única de sus ciudades que logró sobrevivir a aquellos días.

Cada uno de los picos, al igual que el resto de los lugares anómalos, es un lugar único, y esta es una verdad que de la que no se encuentran exentos cada uno de los lugares de nacimiento de los Dragún Adai. Por más que las mitologías que contemplan su existencia hayan tratado de expresar de forma terrenal lo que estos fueron un día, ninguno de ellos ha sido comprendido en su totalidad.

Pero no es necesario alejarse del continente para dar con lugares cuya naturaleza es extraña o única. Los mares que rodean al viejo Daegon también se encuentran imbuidos de sus propios misterios y sorpresas. Hablando a grandes rasgos, estos se podrían dividir en cuatro grandes grupos.

Si comenzamos este recorrido de acuerdo a los puntos cardinales, las costas del norte continental, al igual que las de la isla de Norotgard se encuentran bañadas por las aguas de los siguientes mares:

Mar Progónico
Mar de Khanyanu
Mar de Lyg
Mar Adrásico
Mar de Jenul
Mar Egresio
Mar de Nalesh
Mar Alisio
Mar del Kehanru
Mar de Mensela
Mar Iléstico
Mar Cesel
Mar Mistélico
Mar Elesio

si dirigimos nuestra mirada hacia su costa oriental y la isla de Mashulanu, nuestros pasos nos llevarían hasta...

Mar de Mashazu
Mar de Shenzú
Mar de Mulir
Mar del Mashur
Mar de Káragos

Por su parte, tanto la mitad inferior del continente como las de la isla continente de Thurgold se encuentran acariciadas por las aguas de...

Mar Muliense
Mar Sauco
Mar Yínrico
Mar de Wadja
Mar de Asuge
Mar de Calasto
Mar de Les
Mar Orsrilio
Mar Sétrio
Mar de Rhul
Mar de Eselne
Mar de Danlau

Cerrando el círculo en nuestro recorrido este viaje finalizaría con nuestra llegada la costa oeste del continente, al igual que las grandes islas de Sembia y Shatter. Territorios que, históricamente han estado en contacto con...

Mar de Baleni
Mar Báglio
Mar de Ogoth
Mar de Mámrra
Mar de Lizov

Si la geografía continental ve separados a oriente y occidente por la confluencia de las placas tectónicas cuya colisión generó el Pramayán, el mar alrededor de este coloso también se encuentra igualmente afectado por ellas. A este respecto, tanto las Simas de Selur en el norte como el estrecho de Panyal en el sur han sito tanto o más frontera que la gran cordillera. Si naturaleza impredecible siempre ha sido un freno ante las ambiciones de los gobernantes y un acicate de cara a los estudiosos, los exploradores y los aventureros.

Las especulaciones alrededor de los fenómenos que causan este comportamiento son tan diversas como los pueblos que han convivido con ellas a lo largo de la historia. Elementos únicos acerca de los cuales se ha escrito de manera ininterrumpida a lo largo de los siglos. En las bibliotecas de Daegon se pueden encontrar cientos de estudios a este respecto pero, por más que se hayan logrado crear teorías que se aproximan enormemente a la verdad, estas no han servido para que su navegación sea una tarea menos peligrosa.

A su vez, el rigor tampoco ha podido evitar el surgimiento de teorías de otro tipo. Hipótesis que poco tienen que ver con los datos observables y que se han demostrado tan ingobernables como la naturaleza de estos territorios. Una gran parte de ellas no atienden a hechos sino a la deformación que el tiempo provoca en las historias. Así, por más que los habitantes de Daegon han especulado con la posibilidad de que todo el Pramayán como lo que le rodea sea en sí un gran territorio anómalo, esto no deja de ser un mito parcialmente cierto. Porque si entendemos lo anómalo como algo excepcional, en ninguna otra parte del mundo se pueden encontrar condiciones similares a aquellas que conforman a estos territorios.

Las aguas que rodean a la gran cordillera que separa el continente, al igual que esta misma, han supuesto históricamente mucho más que una mera barrera geográfica y cultural. Han sido obstáculos cuya complejidad a la hora de ser sorteados ha hecho avanzar a la ciencia y al conocimiento. Que han permitido que avance la manera en la que la humanidad han entendido su propio mundo.
Ha sido su intento por alcanzar lo que se encuentra más allá de esta barrera lo que les ha hecho llegas hasta territorios olvidados o desconocidos. Hasta lugares en los que yacía parte de una historia de la que no eran conscientes. Esto no sólo les ha forzado a avanzar en los terrenos de la cartografía, la ciencia de la navegación o la espedeología sino que, de manera más o menos directa, les han ayudado a realizar grandes avances en distintos campos del conocimiento.

Al igual de lo sucedido en sus acometidas a través de la vía terrestre, llegar hasta “el otro lado” a través de rutas marítimas ha sido una tarea en la que se ha logrado el éxito en distintas ocasiones, pero el lograr esta comunicación siempre les ha forzado a alejarse de lo conocido.

En el norte, el súbito cambio de altura que se produce en el punto en el que entran en contacto el Océano Sámico, el Mar Progónico y el Mar de Khanyanu es la fuente de un gran número de corrientes ingobernables que impidieron su tránsito marítimo durante siglos. Fue necesario el desarrollo y establecimiento de complejas rutas alternativas y sofisticadas técnicas de navegación para poder llegar a superar este escollo. Para sortearlo es necesario llegar casi hasta las regiones polares, por lo que este tránsito sólo es viable de manera segura en épocas muy concretas del año, y ni siquiera en ellas se trata de un viaje cómodo o exento de riesgos.

Si bien es cierto que las aguas sureñas acostumbran a ser más calmadas y benevolentes que que las de sus homólogos del norte, esto no hace que todas ellas puedan ser navegadas con la misma facilidad. La vía marítima que comunica a occidente con oriente lleva activa desde hace ya mucho, pero sigue siendo muy complejo navegar costeando alrededor de las estrecho de Panyal. Fue el tratar de superar este obstáculo lo que llevó a Menetia y Naltor a alejarse mucho de la costa y terminar redescubriendo y colonizar la isla de Thurgold. Por más que este hallazgo haya pasado a sus libros de historia como una proeza auspiciada por la inquietud y el ansia por hacerse con el control de nuevos territorios marítimos, esto no deja de ser una mera casualidad. Una coincidencia afortunada que les hizo alcanzar un punto alejado de todo lugar que se ha convertido en elemento clave para el comercio.

Porque la labor del azar a la hora de alcanzar nuevos descubrimientos nunca puede ser subestimada. Tanto el norte como el sur habían sido recorridos durante los últimos milenios sin éxito en estas búsquedas por sortear estos escollos. Cientos de expediciones que fracasaron en su cometido y que jamás llegaron a regresar hasta sus hogares. Sus restos aún permanecen allí, ya sea esparcidos bajo la masa oceánica, varados en alguna isla remota, o desvanecidos al entrar en algún otro fenómeno anómalo.

A lo largo de una parte de las costas del continente se dan distintos niveles de anomalías pero, hasta tiempos recientes ninguna de ellas ha igualado a las que se encuentran a ambos extremos de la gran cordillera, pero este impacto se ha visto eclipsado por las consecuencias del regreso de Nargión e Ilwar.

Porque a los mares anteriormente citados desde hace un lustro se ha añadido uno más; aquel que desde siempre fue conocido como el Mar interior de Johrg.
La desaparición de una gran parte de la masa continental de la porción central de occidente ha supuesto que este pequeño mar haya pasado a entrar en contacto, al igual que los demás, con el Océano Sámico. A pesar del tiempo transcurrido la navegación de estas nuevas aguas aún es realizada con cautela. Porque, a pesar de que no ha sucedido tal cosa, las historias acerca los restos de quienes vivieron en los territorios desaparecidos no tardaron en proliferar. Historias de islas fantasma que recorren el nuevo mar. De cuerpos que aparecen en las costas portando señales de advertencia. Presagiando la llegada de un nuevo cataclismo.
Pero más allá de la ficción sí que se pueden encontrar pequeñas porciones de verdad, porque aún quedan pequeños fragmentos de los territorios desaparecidos en este nivel de realidad. Algunos de ellos se encuentran visibles, pero otros resultan un escollo insalvable para los barcos que se adentran en estas aguas. Trampas mortales de las que los cuerpos de sus marineros que son arrojados hasta las costas más cercanas dan triste testimonio.

Pero antes de esto, el Mar de Johrg ya tenía sus propias particularidades. Hasta tiempos recientes su costa norteña apenas tenía contacto con Werela pero, tras su extensión y la desaparición de la vieja Tembi ahora cientos de kilómetros de su extensión limitan con este territorio anómalo. Este hecho a supuesto al mismo tiempo una fuente de preocupaciones y expectación. Se ha ganado una nueva puerta de acceso hasta este territorio, un medio para el que los científicos puedan explorar con menor riesgo los territorios del interior. Al mismo tiempo, los marinos y las cosas comerciales no comparten la excitación de los estudiosos. Puede que esta costa sea navegable a día de hoy, pero el desconocimiento de lo que se pueden encontrar ahí, y la actual situación política entre Tembi, Harst y Tarnaq ha hecho que los intentos por tratar de establecer rutas que recorran la nueva costa sean escasos.

Por su parte, las aguas que rodean Nivar han sido desde hace siglos una una fuente de riqueza para esta nación tanto de forma directa como indirecta. Una riqueza obtenida en gran medida por los materiales que eran extraídos por las nivar del fondo marino.
La costa sur del Mar de Johrg ha sido desde siempre uno de los territorios anómalos que han escapado al foco de atención pública, ya que su origen no se encontraba accesible para la humanidad.
En este caso, el solapamiento que tiene lugar bajo las aguas no pone en contacto a distintos niveles de existencia, sino que es un pliegue en el espacio que comunica Daegon con el planeta del que son originarias estas criaturas marinas. Gran parte de los materiales que han traído hasta la superficie no pueden ser encontrados en ningún otro lugar ya que su procedencia no es de este mundo.

La costa oeste del continente es la que más afectada se ha visto por los cambios. Tanto el Mar de Ogoth como el Mar de Mámrra han visto sus corrientes afectadas directamente por este cambio. Su navegabilidad ha quedado muy afectada por este hecho y aún no se ha logrado establecer una ruta estable que conecte lo que antes estaba unido por la línea costera. Los navíos se ven obligados a adentrarse en el Mar de Johrg para seguir costeando y aumentar enormemente la duración de sus trayectos, o a alejarse de la costa y transitar cerca del Kubór Yolasté. El tránsito no se ha detenido, pero ninguna de las dos opciones es bienvenida por los marineros.

Por su lado, aunque con un impacto en apariencia menor, los mares anómalos que se encuentran en lo que antes eran las costas de Bra’Em’Kyg o Naltor también guardan en su interior sorpresas desagradables. Su tránsito es más seguro que el de los anteriormente citados, pero los conceptos que se han filtrado a través de las grietas, si bien son abstracciones carentes de forma o materia, afectan con cada uno de sus movimientos involuntarios a todo lo que les rodea. Con esto, el Mar de Wadja y el de Asuge se han unido al Mar de Calasto que baña las costas de Menetia en el estrecho de Panyal como territorios anómalos en cuanto a su navegación.

Esta es sólo una pequeña muestra de lo que existe más allá del mundo habitado por la humanidad. El planeta es muy grande y la cantidad de territorios a explorar exceden con mucho a los que se engloban dentro del “mundo conocido”. Los mapas son herramientas imprecisas basadas en un conocimiento muy limitado, por lo que lo que se puede encontrar más allá de donde terminan esos no tienen porque limitarse a una infinita extensión de agua pero, de ser así, esta tampoco tiene porque ser algo anodino.

De la misma manera que quedan muchos archipiélagos por ser descubiertos, también existe una cantidad igual de nuevos mares que bañan sus costas y de fosas oceánicas custodiando los vestigios del pasado de este y otros mundos.

Los polos

Al igual que sucede en nuestro mundo, los polos geográficos de Daegon también se encuentran coronados con sendos casquetes helados; los territorios polares de Kaze y Grodoj. Lugares llenos de misterio y peligros, al igual que quienes albergan y dan acceso al mayor legado del Imperio Ailanu.

Estos son otros de los grandes lugares anómalos existentes en este mundo aunque, en ambos casos, una gran parte de este hecho ha sido causado de manera directa por la acción de la humanidad.

A pesar de que no se podría decir que estos territorios hayan estado nunca habitados, sí que fueron visitados en distintos momentos del pasado. De la misma manera, si bien el acceso hasta ellos por medios convencionales es y muy complicado en la actualidad, algunas partes de su extensión son accesibles desde distintas realidades. Esta es una relación bidireccional ya que, al mismo tiempo que sucede esto, el gélido aire polar es capaz de atravesar estas mismas grietas.

Todo este cúmulo de situaciones únicas viene derivado de una otra manera de la construcción del mayor artefacto jamás credo por cualquier pueblo de Daegon. Por la creación de “El Anillo”.

El mundo está rodeado por una colosal estructura circular construida hace cuatro milenios. Situada a una distancia equivalente a la de nuestra ionosfera, su propósito fue el de disponer de un arma con el que enfrentarse a los Jonudi tras los eventos que sucedieron a su primera aparición en este mundo. Un arma que se demostró efectiva pero que permanece inerte desde que los axiomas que la hacían funcionar dejaron de ser válidos.

Esta gargantuesca muestra del saber y el poder humano se encuentra unida al planeta por sendos pilares ubicados cada uno de ellos en uno de estos polos. Estos pilares no sólo se hunden en las profundidades del mundo a una distancia que dobla aquella que sobresale de su superficie, sino que para poder dotarlo de energía se recurrió a fuerzas que no existían en esta realidad.
Alimentado por aquellas formas de onda y radiaciones exóticas, estos pilares fueron antaño el eje sobre el que rotaba el Anillo en su labor de vigilancia, pero los principios en los que se basaba su funcionamiento. Pero este artefacto no sólo era un arma. Más allá de su función inicial y hasta el momento en el que los principios en los que se basaba su funcionamiento quedaron invalidados, sus sensores no se limitaron a monitorizar únicamente la superficie del planeta, sino que también fueron apuntados hacia el espacio. En su interior y a su alrededor se realizaron experimentos que no podían ser replicados bajo las condiciones atmosféricas o axiomáticas existentes en la superficie del mundo. Experimentos que, en gran medida, fueron los causantes del gran cambio axiomático, la caída de esta civilización y el final de una era para quienes convivieron con ella.

Las técnicas utilizadas durante su construcción, y los riesgos que se asumieron durante la misma amenazaron con rasgar la misma realidad de forma permanente. Durante el proceso se abrió el camino a nuevos conceptos hasta este mundo. Por más que una gran parte del daño logró ser contenido, ambas ubicaciones quedaron alteradas para siempre.

Las realidades con las que colinda Kaze se solapan de manera alterna, siendo algunas de ellas aquellas que también se encuentran en contacto con las Llanuras Heladas. El espacio se pliega sobre estos lugares, y el tiempo transcurre a una velocidad diferente al de otros lugares. El hielo que comparten ambas ubicaciones contiene mucho más que mera agua solidificada, ya que es capaz de retener formas de energía, aspectos y entidades que no son de este mundo.

Mientras el anillo se encontró activo, parte de la misión de sus ocupantes fue la de custodiar los accesos hasta ellos, y el mismo giro de su eje rotacional mantuvo controladas a las fuerzas que lo rodeaban, pero desde que este cesó su actividad los hielos anómalos comenzaron a trepar sobre su superficie. Tras varios milenios, la altura que han alcanzado los picos helados que se han formado a su alrededor se han convertido en las estructuras naturales más elevadas de todo Daegon.

Su influencia se ha extendido mucho más allá de lo que alcanza lo físico, haciendo patente su presencia en aquellos niveles de realidad. La bidireccionalidad de los fenómenos generados en los lugares de unión no es un elemento permanente o estable. Su comportamiento depende de tal cantidad de factores que, en la práctica, es imposible predecir en su totalidad. Todo aquello con lo que ha entrado en contacto ha ido heredando esta condición. Los hielos anómalos que se han filtrado a través de algunas de las grietas han generado nuevas realidades llegando a alterar totalmente a algunas de aquellas que existían al otro lado. Pero, una vez allí, sus cambios no se han detenido.
Existen un gran número de estas realidades intermedias. Lugares en los que, a su vez, los cristales helados han rasgado la realidad dando acceso hasta nuevos territorios. La fractalidad de estos elementos no atiende a los criterios de la matemática, la física euclídea o la relatividad. El mismo tiempo es un concepto que tampoco es capaz de afectarlos, ya que nada orgánico, abstracto o conceptual parece ser capaz de resistir su imparable avance.
En ellos se puede ver el reflejo de lo ha sido, es y será, pero también el de aquello que jamás llegó a ser. Pero, al mismo tiempo que es imparable, es igualmente frágil. Un diamante capaz de rasgar la realidad, pero también delicado como los cristales que componen un copo de nieve. Un conjunto infinito de contradicciones insondables.

Pero su periplo no sólo le ha llevado hasta lugares lejanos, sino que también le ha traído de regreso hasta Daegon. Los territorios que conforman las Llanuras Heladas del continente se encuentran ligados a este lugar, pero lo están a través de un infinito número de saltos axiomáticos.
Los habitantes de estas llanuras, los kazeri, existen al mismo tiempo en distintos lugares de esta realidad fractal. Ocupan un tiempo y un espacio en los que todo aquello que les rodea es inalcanzable. No sólo se mueven en el espacio sino que también lo hacen en el tiempo, pero jamás están en el mismo momento y lugar que nadie que no sean ellos.

Así pues, el frío y la desolación no son los únicos compañeros de viaje de quienes visitan los polos, de la misma manera que el hielo y la tecnología de antaño no son su única visión. Quien pone allí su pie se encuentra expuesto a la infinidad de conceptos extraños que han entrado en contacto con estos territorios. Su extensión se encuentra cubierta por mucho más de lo que puede ser percibido. Por un número indeterminado de fenómenos de todo tipo que, junto a los vestigios del pasado y lo convencional, se encuentran contenidos en sus gélidas estructuras. Dentro y más allá de la ventisca se pueden encontrar paisajes casi imposibles de contemplar en cualquier otro lugar. Lugares que son la suma de todas las fuerzas que confluyen ahí. Surreales e imposibles de acuerdo a la razón tradicional. Donde la materia es etérea y el sonido es capaz de rasgar la carne, donde se puede escuchar y conversar con el color, donde cerrar los ojos no evita que se contemple lo que se encuentra ante uno.

Los nuevos continentes

Hasta el momento nos hemos referido en multitud de ocasiones algunas de las diversas consecuencias acareadas por los últimos sucesos anómalos, pero lo hemos hecho siempre a través del mismo prisma. Presentando estos hechos a través de los ojos de una de las partes de la humanidad que se han visto sacudidas por él. De una de las víctimas, pero no de aquella que ha visto trastocada su existencia de una manera más drástica.

Porque, por más que hayamos descrito hasta el momento los efectos de la Larga Noche en los territorios pertenecientes al viejo mundo y sus habitantes, por más que estos aún están descubriendo y tratando de comprender la extensión de los cambios provocados en su hogar por el reciente gran evento anómalo, por más dolorosas o espectaculares que hayan podido ser las consecuencias de este suceso sobre el mundo conocido, por fortuna, en lo que a ellos respecta, estas secuelas se han centrado mayormente en el plano de lo físico, habiendo dejando al axiomático apenas alterado.

Para la otra humanidad, aquella que habita en los terrenos retornados, el cambio ha afectado por completo a todo aquello que conocían y daban por sentado. En el viejo y fragmentado continente de Nargión las alteraciones a las que se han visto sometidos han sido mucho más dramáticos.
Este viaje no ha alterado una pequeña porción de lo que lo componía, sino al conjunto completo de su realidad. El aire que respiran tiene otro olor y sabor, el cielo que contemplan tanto de día como de noche posee un marasmo infinito de detalles, de formas, colores y elementos en constante movimiento. Porque ninguna de estas palabras y conceptos que acabamos de citar existían en su hogar. Lo que respiraban no era aire, lo que los hidrataba no era agua, su cielo jamás poseyó un sol, una luna o fue una ventana hacia otros sistemas solares o galaxias.

Ni siquiera el suelo que pisan se parece ya a aquel que todos sus habitantes conocieron desde el momento de su nacimiento. Todos y cada uno de los aspectos de cada pequeña porción de cuanto conocían se han visto subvertido. Se les ha arrebatado todo aquello que sabían cierto de manera objetiva.

Porque, por más que estos territorios perteneciesen un día a la realidad de Daegon, su prolongada estancia en la de Kestra ha alterado su composición a todos los niveles. El constante estado de tensión al que estaba sometido ha sido sustituido por una sensación desconocida e inquietante. Este es su hogar, pero aún no son capaces de aceptar la sensación de… normalidad. De un estado que no sólo su hogar, sino tampoco sus cuerpos son capaces de reconocer y contra el que continúan luchando. Se podría decir que el hecho de sentirse rechazados por la realidad que habitan es la única de sus condiciones que no se ha visto alterada, pero esta no deja de ser una afirmación tremendamente simplista.

Otro hecho que tampoco se ha visto alterado es aquel que determina que la tierra bajo sus pies no se encuentra anclada a algo mayor. Los componentes de Nargión continúan flotando como, de acuerdo a los registros de esta humanidad, han hecho desde que el tiempo. Pero a pesar de que continúan flotando, hace lo hacen... sobre algo. Existe materia bajo ellos, existen océanos y un horizonte, existe al mismo tiempo una gravedad que les atrae hacia el mundo y una fuerza intrínseca en ellos que los repele de su superficie.
La distancia que separa a cada uno de sus puntos del océano es diferente. Una distancia que atiende a criterios igualmente diversos. Por otro lado, mientras que las grandes masas permanecen en una posición estática, algunas de las menores vagan libremente sobre su superficie. A su vez, no todas ellas han adoptado los mismos ángulos de inclinación. Las trayectorias de algunas de ellas les llevaron irremisiblemente a colisionar contra el suelo mientras que otros se dirigen hacia la estratosfera de forma lenta e inmutable.

Las fuerzas a las que se vio sometido el antiguo continente de Nargión durante sus cuatro milenios de exilio no sólo lo fragmentaron, sino que cada porción de su ser, cada átomo, partícula y quark se vieron sometidos a un constante proceso de adaptación. A una serie de fuerzas que luchaban por homogeneizar, confinar, pulir y redefinir todo lo que le hacía ser lo que era. Que pugnaba por convertir a la vida y la materia en conceptos precisos, infalibles y coherentes. Tras su regreso todo ha cambiado.
La vida se ha abierto camino tal y como es, arbitraria, anárquica e incontrolable. La naturaleza ha retomado su cualidad salvaje e impredecible, la certidumbre a todos los niveles se ha vuelto una entelequia. Una quimera.

Aun así, si bien es cierto que estos cambios en el plano metafísico palidecen cuando se comparan con las secuelas surgidas tras su desaparición, o con el suceso que puso fin al anterior imperio del conocimiento, no es menos cierto que la estabilidad axiomática de esta realidad se ha visto comprometida por él. Quizás esta humanidad no conserve el recuerdo del que fuese el hogar de sus ancestros, pero ciertas partes del continente recién regresado sí que conservan su memoria. De manera lenta y paulatina tanto estos territorios como sus habitantes van recuperando su composición original, pero esta es una recuperación que no podrá ser replicada en toda su extensión.

Aunque estos cambios apenas sean perceptibles, durante los últimos años se han filtrado radiaciones, conceptos y entidades extrañas que se han asentado en varias de las capas más próximas al mundo material. Seres cuya cercanía o mera presencia tiene el potencial para desencadenar nuevos eventos anómalos a menor escala. Puentes tendidos entre realidades que pueden suponer cambios significativos que favorezcan o perjudiquen a la misma humanidad en su conjunto.

Así pues, desde el punto de vista de quienes habitan estos territorios, los cambios padecidos por la geografía y axiomática de lo que era su mundo han sido mucho más drásticos que aquellos sufridos por el viejo continente. Cada uno de los grandes territorios que antaño se encontraban unidos a Nargión se encuentra habitado por una infinidad de pueblos cuya percepción nada tiene que ver con la de quienes jamás han abandonado este mundo. Una percepción y capacidad de adaptación han sido sometidas al más complejo de los retos.

El impacto de todos estos factores dentro de la realidad de Daegon es impredecible. Porque estos continentes son mucho más que meros colosos de piedra, las abstracciones que le han acompañado aún no han terminado de asentarse en esta realidad. Existen cambios en el interior de ambas. Cambios que pueden hacer que acaben desvaneciéndose ante su incapacidad para integrarse en su nueva realidad, que pueden provocar nuevas sacudidas axiomáticas en el caso de que se establezca un conflicto en alguna de sus capas, o que pueden acarrear la destrucción de Daegon tal y como siempre ha sido conocido por sus habitantes.

La suma de todos los territorios que han regresado es con mucho superior a todo el viejo mundo. Lo que se abandonó esta realidad como un colosal continente ha regresado como un gran número de territorios de diferentes tamaños. Un conjunto de localizaciones de las que sobresalen sin duda alguna los continente de...

- Nargión e Ilwar

A pesar de la fractura que sufrió el gran continente en su realidad de adopción, cualquiera de estos territorios puede llegar a competir en extensión con el continente de Daegon. El continente de Nargión se extiende de norte a sur a lo largo de nueve mil setecientos kilómetros, mientras que el de Ilwar lo hace a lo largo de nueve mil quinientos.
Cuando miramos su extensión de este a oeste, Nargión abarca casi seis mil quinientos kilómetros, mientras que Ilwar, a pesar de que en sus segmentos más anchos no supera los dos mil quinientos, su punto más occidental se encuentra separado en más de siete mil kilómetros del situado en una longitud más oriental.

Aún así, por más que su tamaño combinado haga palidecer al del mundo conocido, el número de culturas que se encuentran en su interior es con mucho inferior a los anteriormente descritos.
La suma de las civilizaciones que pueblan estos territorios es muy escasa. En el interior de Nargión apenas se pueden encontrar una docena de civilizaciones; Tosur’Qual, Ranndayi, Kayerunen, Aläsh’Quendapa, Banyakushu, Daenyalath, Dammoth, Maindare, Kinravi, Rinyutalen, Livesh’Avathe, Daganmar, mientras que en Ilwar su número es mucho más limitado quedándose sólo en cinco; Lázengan, Tegento, Entari, Lagannu y Simonyi. Algunos de estos nombres conservan reminiscencias de las naciones que abandonaron Daegon tiempo atrás, pero ahí es donde termina cualquier posible similitud con aquellos.

Sin importar que estos pueblos hayan convivido o no en una misma masa continental, ninguna de ellas ha tenido apenas contacto con el resto. Es cierto que en distintos momentos de sus respectivas historias han sabido de la existencia de las demás e incluso se han producido contactos esporádicos entre ellos, pero el establecimiento de algún tipo de las relación estable entre los distintos grupos humanos ha sido algo tremendamente raro. Cada una ha evolucionado como un ente estanco y, en gran medida, son tan alienígenas entre sí como pueden serlo con las culturas que jamás han abandonado este mundo.

Porque no sólo la vida, sino también todos los elementos que hacen esta posible eran conceptos nuevos en aquella realidad cuando llegaron. El mismo concepto del nacimiento, de lo impredecible o lo irregular eran anatema allí a donde llegaron. En la que ha sido sido su realidad natal, el mero hecho de crecer, evolucionar y sobrevivir siempre ha ha estado sometida unas condiciones mucho más extremas que la que se puede encontrar en Daegon. Y sin embargo, algunos de ellos lograron sobrevivir y prosperar allí.

Los axiomas reinantes en el plano de Kestra son la antítesis de todo lo que les ha acogido en este nuevo viejo mundo. El aire, la gravedad o el agua ya no son sucedáneos creados de manera inconsciente por el recuerdo que de estos conceptos tenían los primeros pobladores, pero ante ellos son lo que respiran, la fuerza que les ancla al suelo o lo que beben son elementos extraños. Sólo han pasado cinco años, pero ya han notado diferencias tanto en sus patrones de crecimiento como en el de sus cultivos. De la misma manera, gran parte de su tecnología ha dejado de ser funcional, pero esta cambio no ha sido tan drástico como el que sufrieron sus ancestros al llegar hasta Kestra, o el que sufrieron los habitantes de Daegon tras el último gran cambio axiomático.

Junto con ellos no ha llegado una importante parte de su carga axiomática, sino que dentro de su propia naturaleza se encuentra especialmente desarrollada su capacidad para condicionar el entorno de acuerdo a sus necesidades. Una capacidad que se ha visto desarrollada de manera inconsciente a lo largo de los cientos de generaciones en los que su misma existencia dependía de este hecho.

Al igual que sucedía en su realidad nativa, el número resulta un factor decisivo para este logro. Allí la misma vida dependía de la pertenencia a grandes grupos. A ser capaces de mantener siempre activa la lucha inconsciente entre el cambio y el estatismo. Un estado de tensión que, a pesar de carecer ya de sentido, aún se prolongó durante los primeros años posteriores a su llegada hasta Daegon y que se continúan manteniendo en activo tanto por parte de la misma materia que compone los continentes como por distintos grupos de quienes los habitan. En la actualidad, y más allá de las secuelas del reciente cambio al que se han visto sometidos, las alteraciones de todo lo que conocían aún se encuentran muy lejos de finalizar su proceso de consolidación.

Las sacudidas que continúan teniendo lugar en el interior de cada uno de estos territorios se ven plasmadas de diferentes maneras. Porque, por más que a lo largo de estos textos centremos nuestro foco en el continente de Daegon y sus habitantes, este grupo de elementos sólo ha sido uno de los afectados por el movimiento cósmico. Uno de los infinitos engranajes implicados dentro del mecanismo de la realidad en su totalidad.

Cuanto más se aleja uno de los territorios habitados de estos dos continentes, más hostil se vuelve el entorno para la humanidad. Quizás no sean ya tan frecuentes precipitaciones como las tormentas de fractalidad o los vórtices de antimateria, pero en aquellas zonas en las que los axiomas de Kestra tienen un especial arraigo aún se producen de manera tremendamente regular. Una regularidad que, en gran medida, es indistinguible del mero azar.

Dada su naturaleza axiomática, los principios que gobernaban en Kestra eran los de la estabilidad, el orden o el estatismo, pero esto no los convertía en predecibles. La cantidad de factores que intervenían en los patrones que seguían los eventos que acontecían en su interior era tal que tratar de contemplar el comportamiento de todos ellos era una tarea imposible.

Así pues, a medida que uno se alejaba uno de las zonas habitadas, lo que mandaba era una naturaleza antagónica hacia la misma vida. era lo que se encontraba. Ante sus ojos aquello no era extraño, sino una verdad que, por más aceptada que estuviese en su saber popular, no por ello menos peligrosa.

Los parajes irreales que se podían encontrar en su plano de adopción no se limitaban a ser algo a contemplar, sino que eran una advertencia. Quien se alejaba de cualquiera de los grandes grupos de población no sólo corría el riesgo de ser consumido por los axiomas de su realidad, sino que también se exponía a llegar hasta lugares en los que no existían cosas tan básicas como los sucedáneos del aire, el agua o cualquier elemento capaz de posibilitar la vida orgánica que existían en estos lugares.
Por fortuna, no toda la naturaleza de Kestra era tan intrincada como para poder anticipar sus movimientos, algo que les permitió catalogar todos y cada uno de aquellos lugares y fenómenos que les rodeaban y se podían considerar seguros. Quizás no fuesen capaces de sortearlos todos los territorios hostiles, pero sabían a ciencia cierta a lo que se exponían con cada nueva prueba que realizaban sobre ellos. Cada avance llegaba a cambio de un gran costo, pero aquel era un cálculo y un pago que eran capaces de realizar con antelación.

Ahora todo ha cambiado para ellos. Tras su regreso, esta certidumbre ha dejado de formar parte de su día a día. Algunas partes de la orografía de estos territorios se han visto tan afectadas por su permanencia en Kestra que los cambios sufridos en su propia estructura han perdurado en Daegon, pero su comportamiento en sí mismo es diferente. La tensión no ha desaparecido sino que ha cambiado de eje. La lucha entre estatismo y cambio permanece, pero la matemática ha cambiado.

Se podría decir que el tiempo ha transcurrido de un modo diferente entre los continentes de Daegon y Nargión desde el momento en el que sus caminos se separaron. Las vistas que se pueden tener en los nuevos continentes son algo único, pero esto no es debido únicamente a su posición.
Conceptos como la erosión o el paso del tiempo se plasmaban de diferente manera en Kestra y las construcciones humanas, sin importar que fuesen abandonadas o preservadas, apenas se han visto afectadas por estos factores. Cuanto más precisas eran sus formas, menor era el impacto al que se venían sometidas.
Por el contrario, todo aquello que debía su formación al azar y los elementos se ha visto pulido por fuerzas que no se pueden encontrar en ningún otro lado. La vegetación, los ríos, las montañas o la misma fauna han evolucionado siguiendo una serie de patrones “antinaturales”. Quienes más afectados se han visto por esto han sido los objetos inertes, las laderas de las montañas se han visto convertidas en construcciones llenas de aristas. Superficies cristálicas de una fractalidad imposible. Sus paredes se han vuelto algo al mismo tiempo lisas e imposiblemente facetadas. Afiladas tanto en sus caras exteriores como en las interiores. Talladas con una precisión superior a la del diamante. Formas y colores tan perfectas que los sentidos humanos no siempre estaban capacitados para perdibir.

Los cauces de sus ríos arrastran un caudal uniforme. Una cantidad de agua anómala que no ha surgido de nubes, sino de la capacidad inconsciente de la humanidad para moldear su entorno. No había mares en Kestra, ningún lugar en el que estos caudales fuesen descargados, sino que, simplemente, al llegar hasta el final de su trayecto pasar a formar parte de lo etéreo de aquella realidad.
Las plantas se sembraban y crecían porque se “sabía” que era así. Podía haber malas cosechas, pero esto no tenía que ver con cambios drásticos en la temperatura o plagas, sino a cambios axiomáticos que no habían sido previstos.
Por su parte los animales conservaban características similares a las de aquellos que abandonaron Daegon, aunque muchas de las especies no sobrevivieron al cambio. Sólo aquellas cuyos sentidos les se adaptaron para detectar la naturaleza de su entorno lograron llegar hasta nuestros días y no sin haber sufrido cambios significativos con respecto a los que conoce la humanidad de Daegon.

Hasta su llegada jamás conocieron nada parecido al ciclo del día y la noche, las estaciones, la nieve o nada que se pudiese indicar que la temperatura fuese algo cambiante. El frío o el calor, los destellos o la oscuridad eran sensaciones. Eventos ligados a la proximidad territorios anómalos, una de las señales que delataba alguna alteración de los axiomas de su entorno. Concepto que esta humanidad se ha visto forzada a reevaluar y ubicar dentro del nuevo contexto en el que existen.

Aunque ellos eran una excepción a esta máxima, el ciclo vital de todo lo que les rodeaba se regía por patrones absolutos. Quizás algunos de ellos tardasen generaciones en repetirse, pero eran perfectamente conscientes de la llegada de cada uno de los grandes ciclos. Sabían qué territorios se verían afectados por ellos, cómo diseñar sus construcciones para poder fluir con ellos. Quizás no conociesen el detalle de los movimientos cósmicos que los generaban, pero habían aprendido a predecir y evitar una gran parte de las luchas que sabían que no podían ganar.

Pero, a pesar de lo anteriormente citado, es en Daegon donde se sienten extraños y rechazados por todo cuanto les rodea. Una línea delimita el horizonte cuando se encuentran en en el extremo de los continentes, mientras formas y colores irregulares pueblan los cielos siguiendo patrones desconocidos. Sus cultivos crecen de forma anómala y el frío y la oscuridad les visitan sin necesidad de que se muevan de donde están. Todo aquí es distinto, todo es hostil, todo es anómalo.

Su elevación no sólo no es uniforme sino que oscila de acuerdo a fuerzas que desconoce, Las fuerzas naturales que las acompañaron en su vuelta aún están luchando contra los axiomas que reinan en este nivel de existencia. Las corrientes de aire que se forman entre los mares y la parte inferior de estos continentes que no llegan a entrar en contacto con este no son equiparables a nada que pueda encontrarse en otros territorios de Daegon, y las fuerzas erosionadoras que han comenzado a afectar a su parte superior también tienen características únicas.

Pero sobre su superficie no todo se podría considerar como completamente anómalo. También existen montañas y bosques, ríos y lagos que se han llenado del agua de lluvia mientras que la que los recorría se ha desplazado hasta el océano que se encuentra bajo ellos, llanuras y valles en los que ha vuelto a surgir vida nativa de esta realidad. Lugares que, a pesar de su extrañeza, también pueden ser equiparados a aquellos que conocen los habitantes de Daegon. Territorios que, cuanto más tiempo permanecen en esta realidad, más extraños son tanto para quienes siempre han vivido cerca de ellos como para los nuevos visitantes.

También se pueden encontrar sobre ellos grietas y solapamientos planares. Heridas abiertas en la realidad desde que Nargión partió de su ubicación original y reabiertas tras su regreso. En la superficie de Ilwar también se encuentra el monte Kibani, el segundo de los siete picos de los Mayane Undalath. Aquel custodiado por la estirpe de Narg'eon.
Quizás este sea el elemento que, dentro de estos territorios, ha conservado de manera más tenaz sus características originales. El Kibani es el más elevado de todos los picos que se pueden encontrar en el continente de Nargión. Ubicado en los territorios que separan a Aläsh’Quendapa, Banyakushu, y Daenyalath, su interior ha permanecido inerte durante cuatro milenios cuidando a sus habitantes durmientes de una realidad letal para ellos. Pero, a pesar de ser excepcionalmente refractario ante los axiomas de Kestra, no ha logrado evitar que su naturaleza o la de los conceptos que alberga se hayan visto comprometidos.

Tras su regreso hasta Daegon los guardianes durmientes de este pico no han no han sido despertados. Los movimientos que rompieron el letargo de sus hermanos cuando su presencia fue requerida para proteger a la realidad que les dio a luz no fueron capaces de resonar con ellos. Daegon es el cambio, y cada una de las siete estirpes que nacieron para custodiarla son un claro exponente de este hecho, pero los descendientes de Narg’Eon han cambiado de acuerdo a otros principios. Son una anomalía dentro de lo que jamás fue homogeneo.

A lo largo de la superficie de estos continentes no sólo se pueden encontrar estructuras geológicas como jamás ha conocido Dagon, sino también minerales únicos por distintos motivos. Elementos cuya composición fue alterada durante su estancia en Kestra y abstracciones nativas de aquella realidad que han sido consolidadas asumiendo una forma física bajo su influencia. Algunas de ellas han podido ser utilizadas como parte de las construcciones humanas y el contacto directo con otras puede suponer el cese de la existencia de quien las toca.

Cualquiera de estos dos continentes son mundos en sí mismos a ser explorados. Contienen la suficiente diversidad a todos los respectos que en ellos tiene cabida desde lo más mundano a lo más extraño, desde lo más bello a lo más terrible. El proceso de adaptación de sus habitantes avanza con paso lento y aún les queda mucho por descubrir de su nuevo hogar, pero no por ello son bárbaros asustados. Son gente culta que ha logrado sobrevivir y prosperar en uno de los entornos más hostiles en los que ha existido la humanidad. Su saber no se parece en nada al de la humanidad de Daegon o a la nuestra, y una parte de las tecnologías y construcciones creadas por cualquiera de estos grupos, son indistinguibles de la magia para quienes las contemplan sin pertenecer al contexto en el que han sido concebidas.
Ninguna de las culturas que lo habitan pueden ser consideradas como “milenarias”. Han cambiado tanto en su intento por sobrevivir y adaptarse a Kestra que sus tradiciones se encuentran más ligadas al pragmatismo que a la elaboración de sofisticadas cuestiones existencialistas. Por más que sus filósofos a lo largo de los siglos se hayan preguntado la razón de su misma existencia, el ser capaces de comprender y predecir el comportamiento de su entorno ha sido siempre la más acuciante de sus necesidades.

- Rayhosha, Eladar y las islas errantes

Los territorios de Nargión o Ilwar no son los únicos exponentes de lo que existía más allá de las fronteras axiomáticas de Daegon, de la misma manera que sus habitantes no pueden ser considerados como el patrón a partir del que juzgar al resto de humanidades.

Más allá de estos colosales territorios, hasta Daegon han llegado otros poseedores de unas dimensiones más modestas, pero no por ello menos únicos. Porque ni esta realidad es la única poblada por grietas que dan acceso a otros niveles de existencia, ni todo lo que existía en Kestra se veía influenciado por las mismas fuerzas.

Como muestra de algunos de los territorios discordantes para con los dos continentes podríamos encontrar la isla celeste de Eladar o la isla-continente de Rayhosha.
La primera de ellas, pese a ser la más modesta de ambas en cuanto a sus dimensiones, no por ellos es posee un menor número de particularidades. La distancia que separa a su punto más occidental de aquel ubicado más al este es similar a la que delimita los puntos más alejados entre sus latitudes, cerca de quinientos kilómetros, pero no toda esta extensión se encuentra conectada físicamente.
Su parte central y más elevada, aquella que antaño perteneció a las montañas Anarath, se encuentra separada del anillo de tierra que la rodea. Estas montañas, junto a la península de Letnur que las alojaba, desaparecieron al mismo tiempo que el continente de Nargión, pero su destino no fue exactamente el mismo que el de estos territorios.

La península de Letnur que formó parte de la costa este del continente fue un lugar convulso en el pasado, y el foco de diversos conflictos. Las montañas Anarath fueron destruidas para acabar con una rebelión mientras que, por otro lado, en aquellos lares se construía la que habría sido la tercera y mayor de las ciudades volantes de la época; la de Eladar. Una obra que no pudo ser concluida, pero para cuyo desarrollo se experimentó con la creación de grietas controladas de las que extraer energías provenientes de otros planos.

Los territorios que antaño formaron Letnur se encuentran ahora levemente desplazados de la que fuese su ubicación original. Flotan sobre el Mar de Káragos, cerca de la costa de Ashgurn, girando lentamente sobre su propio eje. A lo largo del lustro que han permanecido en esta posición aún no ha finalizado la primera de estas rotaciones, pero esto no hace de su visión algo menos único.
En su interior, poblando la parte exterior del anillo, podemos encontrar a dos pequeñas naciones; Eneshu y Mosalk, junto a un gran número de emplazamientos que no responden ante el gobierno de ninguno de estas culturas, sino ante el de la ciudad estado de Eladar.

Quizás las estructuras sociales de estos pueblos sean lo más parecido que podemos encontrar a las culturas de Daegon dentro de los territorios retornados pero, más allá de la apariencia de su organización jerárquica, existen un gran número de conceptos de base relativos a la comprensión de su misma existencia que difieren enormemente.
Los cambios sufridos por este territorio fueron menores que aquellos que impactaron en las grandes masas continentales, pero esto no implica que el segmento de realidad en el que se encontró enclavado fuese totalmente favorable para lo tangible, lo cambiante o lo orgánico.

Su traslación hasta Kestra no fue total, sino que quedaron atrapados en un territorio interregno, una dimensión en la que no sólo confluían con fuerza los axiomas de su realidades de origen y destino, sino que también contaba con una fuerte influencia de aquellas de las que sus máquinas habían establecido contacto.

Al contrario que los continentes, esta isla sí que se vio sumida en diversos ciclos axiomáticos. En estos no había sol o luna, pero sí ciclos de visibilidad y penumbra muy alejados entre sí. Dentro de estos ciclos no existía una única fuente de luz, sino que las distintas radiaciones que hacían este papel procedían de cada uno de los niveles de realidad que se encontraban en contacto con este reino interregno.
Su concepto de estaciones tampoco se corresponde al que se conoce en Daegon, ya que estas no estaban relacionados con cambios en el clima sino en algunos de sus axiomas primarios. Estos cambios sí que afectaban al crecimiento de la vida vegetal pero, más allá de su maduración, también generaba nuevas mutaciones sobre las formas de vida más básicas ya existentes.

El anillo exterior de Eladar está cubierto por una tupida capa de vegetación salvaje y anómala. Existen caminos pavimentados a través de esas junglas que comunican a las principales ciudades de las naciones que existen en esta isla, pero estas siempre han necesitado de constantes tareas de mantenimiento. A pesar de encontrarse separada físicamente del anillo, en los restos del monte Anarath se encuentran las minas de las que se han extraído los materiales para la construcción de las grandes ciudades y sus comunicaciones. Explotaciones mineras a las que se podía acceder en las condiciones axiomáticas en la que existían, pero que tras su regreso a Daegon han quedado aisladas.

Por su parte, la isla-continente de Rayhosha alcanza los tres mil kilómetros tanto en su latitud como en su longitud.
En el interior de esta gran isla se pueden encontrar cuatro grandes naciones; Orobe, Ruonshu, Jaslith y Aléster. Tanto la naturaleza axiomática de la isla como la situación en la que se encontraba esta en el momento de su desaparición o la misma evolución de cada una de estos pueblos ha llevado a los pobladores de este territorio a convertirse en los viajeros dimensionales.
Estas tres civilizaciones se encuentran entre las más cosmopolitas de cuantas pueblan todas la realidades. Seres en un constante tránsito en muchas ocasiones muy a su pesar.
Mientras que Eladar se encontraba en un un reino intermedio afectado por distintas realidades, Rayhosha se hallaba en en un territorio cuya inestabilidad le hacía moverse entre distintos niveles de existencia. Lugares en los que el tiempo transcurría no siempre transcurría de forma pareja a aquellos que abandonaban.

Sin moverse en apariencia del lugar en el que se encontraban enclavados, sus ancestros visitaron momentos en el tiempo y el espacio que aún no han llegado de acuerdo al la percepción del tiempo que tienen los actuales habitantes de la isla o del mismo Daegon.
El tiempo que esta isla ha permanecido en Kestra ha sido mucho menor que el de cualquiera del resto de territorios retornados, pero su estancia fuera de Daegon ha sido mucho mayor que la de estos.
Durante los periodos que transcurrían entre cada una de las reaperturas de la grieta en la que se encontraban, sus habitantes han conocido más de un millar de niveles de existencia. Han recorrido lugares que ya no existen y algunos que aún no se han formado, se han visto expuestos a axiomas únicos que han impregnado tanto a su hogar como a ellos mismos y sus descendientes.
El impacto que han tenido estos rara vez ha sido favorable, y el constante estado de inestabilidad y adaptación al que se han visto sometidos los ha marcado de manera indeleble.
En estos momentos Rayhosha se encuentra solapada en tres niveles de realidad sin formar parte de ninguna de ellas. Sus habitantes se mueven de manera simultanea dentro de todos, pero no pueden interactuar con alguien que no comparta esca condición. La percepción de todo aquello que no se encuentra en su mismo nivel de existencia es tan limitada como su capacidad para interactuar con ello. Las leyes físicas que gobiernan en este solapamiento son muy similares a las que se pueden encontrar en Daegon, pero de cara al observador externo puede parecer que que la gravedad funciona de una manera diferente.
Ante la mirada de los habitantes de Daegon, la superficie de Rayhosha aparece inclinada casi ciento setenta y cinco grados con respecto a la posición del mar que se encuentra bajo ella. Lo que los marineros perciben como su parte superior y se presenta como una colosal montaña es en realidad la masa que antaño estuvo en contacto con la corteza del planeta y los fragmentos que se desprenden de esta parecen ascender hacia los cielos.
Es en su parte inferior donde vive la humanidad de Rayhosha. El océano es su techo, uno de los muchos a los que tienen acceso y allí donde los los habitantes de Daegon sólo aprecian la la sombra que proyecta este territorio, hay una luz que sólo los nativos de la isla pueden percibir. Un conjunto de frecuencias exóticas provenientes del resto de planos con los que conviven.

Su vida no ha sido ni más sencilla ni más compleja que la del resto de los componentes de la humanidad que han retornado, simplemente diferente. Las maneras en las que los distintos entornos con los que han convivido han plasmado su hostilidad hacia ellos han sido más variadas e impredecibles que las del resto de los retornados. Algo que les ha dotado de una cantidad de recursos más amplia que la desarrollada por los demás, pero que no por ello les ha preparado mejor para su nuevo hábitat.

los periodos en los que se han encontrado activas estas grietas, su nivel de estabilidad y el impacto de los conceptos que se han filtrado a través de ellas han variado enormemente. se han debido a factores externos como los solapamientos planares consecuencia de la confluencias de distintas fuerzas en algunas de las realidades con las que comunican. Eventos a partir de la que también ha surgido algún nuevo concepto o que han afectado de manera permanente al territorio sobre el que han tenido lugar.

necesitan para vivir o las mismas leyes físicas acostumbra que tienen lugar en su interior acostumbran a verse afectadas por estas, distanciarse de aquellas que existen más allá de las áreas de efecto de las grietas. Efectos estos de los que tampoco han escapado las sociedades humanas que permanecen en su interior.

En resumen

La geografía de Daegon es su conjunto se mueve dentro de una gran cantidad de realidades. Esta no se limita a los territorios físicos, sino que se expande más allá de las barreras del propio planeta o del lo material.
Si bien es cierto que una gran parte de quienes lo habitan existen en un nivel de realidad común, la puerta para explorar estos lugares está abierta. Lo normal sólo es un punto de vista, algo que depende de una referencia. Del lugar en el que siempre has vivido.

Para los habitantes de los territorios mayoritarios, la realidad es concepto muy similar al que podemos tener nosotros. Los bosques crecen hasta que se les pega fuego, las cordilleras son barreras difíciles de franquear o lugares de los que extraer materiales de construcción, el mar es un aliado, pero también una fuerza a la que respetar, pero quienes viven en los territorios anómalos no tienen porqué compartir estas afirmaciones.

Porque también se puede encontrar entre sus territorios lugares que conviven con lo extraño o que dan acceso hasta lo que se encuentra ubicado más allá de la frontera que delimita lo convencional. Lugares en los que lo que parecen ser bosques no dan frutos ni arden, en los que las grandes elevaciones no son de piedra sino de energías infranqueables, letales o etereas, en los que la vida se mantiene gracias a los frutos que cuelgan de las estrellas. En los que el sentido de la maravilla lo domina todo.

La geografía en Daegon no es algo estático sino que fluyen y se integran con conceptos y axiomas en los que la vida tal y como la conocemos no es viable. Tanto este hecho como la manera en la que pueden afectar a quienes padecen estos cambio son dos elementos más a partir de los que se pueden crear historias.

Así pues, el de la axiomática es un territorio más que puede ser explorado. En ella, al igual que en el resto de los elementos que componen este mundo, se dan la mano la fantasía más desbocada y el realismo más sucio, lo científico y lo etéreo, lo abstracto y lo concreto, lo temible y lo hermoso. Lo que hemos presentado aquí no deja de ser una pequeña muestra de todo lo que puede existir dentro de su ecosistema. El esbozo apresurado de un conjunto de elementos a la espera ser ser utilizados, alterados y ampliados.

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