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Actualizado: hace 2 horas 19 mins

¿Qué es Daegon? II: El Hoy

Lun, 02/11/2019 - 21:47
Hasta el momento hemos estado realizando un repaso a muy alto nivel sobre lo que es Daegon centrando nuestra mirada en el terreno de lo abstracto. Una vez hecho esto, y tras haber presentado esta ambientación de formas general, ha llegado el momento en el que profundizaremos un poco más. En este segundo paso comenzaremos a acercar un poco nuestra mirada hasta algunos de los aspectos más concretos de la misma, hacia su presente.

Aquí no entraremos en detalle en lo referente a los distintos elementos que componen y dan forma a las culturas que pueblan Daegon en la actualidad, sino que nos limitaremos a realizar un primer acercamiento acerca de algunos aspectos de que impactan en mayor medida en aquellas que se encuentran más extendidas. Hablaremos de sus estructuras sociales, ciertos rasgos presentes en sus identidades culturales y las relaciones que se han establecido entre ellas. Esta presentación se realizará de forma somera dejando para secciones posteriores otros aspectos como su geografía, economía, religiones o el camino recorrido hasta llegar hasta la situación presente.

Como ya se ha tratado de dejar patente a lo largo de los breves fragmentos de información que se han presentado hasta el momento, Daegon en todos sus aspectos es un concepto antiguo. El presente que iremos esbozando en las páginas que seguirán no es un punto de partida para este mundo, sino que se encuentra fuertemente marcado por multitud de eventos de distinta índole y calibre de su pasado lejano y reciente. Este hoy no deja de ser un “in medias res”; un momento elegido de forma hasta cierto punto arbitraria. El conocimiento que tienen sobre su pasado los pueblos que habitan Daegon en este “ahora” es incompleto, sesgado y, en multitud de ocasiones, directamente falso, al igual que sucede con la información de la que disponen de quienes se encuentran más allá de las fronteras de sus aldeas, ciudades y naciones.

Sus sociedades han evolucionado a partir de ideas, experiencias y acontecimientos que no sólo escapan a su control, sino que, en gran medida, tampoco han sido capaces de comprender o aceptar. Estos elementos no se limitan únicamente a eventos cataclísmicos o extraños, sino que tienden a verse más afectados por la acción directa de quienes les precedieron de forma inmediata.

Dentro de las distintas culturas que viven en los territorios estables, una gran parte de ellos encajarían dentro de lo que podríamos categorizar como pueblos “civilizados”. Grupos humanos largo tiempo establecidos poseedores de unas estructuras sociales ya consolidadas y maduras. En ellas se ha logrado una cierta estabilidad interna y han desarrollado a lo largo del tiempo complejas relaciones con quienes les rodean. Quizás las costumbres de un pequeño grupo de ellas no encajen por completo con nuestra definición de civilización, pero su manera de relacionarse guarda un gran número de similitudes con las nuestras.

Esto no implica que todas sus culturas sean homogéneas o que, una vez que lograron alcanzar unas ciertas cotas de sofisticación, su evolución se haya detenido. Tampoco significa que en la actualidad la humanidad se encuentre en su apogeo. Por más un gran número de que las naciones que existen en la actualidad hayan mantenido un nombre similar a aquel con el que fueron bautizadas hace casi dos milenios, sus sociedades no se parecen en nada a aquellas que iniciaron sus fundadores o a la de quienes les precedieron escasos siglos atrás.
Pero, en multitud de ocasiones, esta sofisticación no deja de ser una capa de apariencia formal. Una etiqueta se usan para diferenciarse del resto. La estabilidad y los acuerdos son estados transitorios, juegos de humo y espejos para los que basta con un pequeño impulso para dar al traste con acuerdos y alianzas tanto internas como externas.

De la misma manera, no todas aquellas culturas que de alguna manera no encajarían dentro de esta definición, se podrían categorizar de forma absoluta dentro de las denominaciones de bárbaros o primitivos. Esto es así sin importar su localización geográfica. Tanto aquellas naciones que se encuentren en demarcaciones continentales o isleñas, estén ubicadas en los territorios estables o en los anómalos, es difícil encontrar una etiqueta única que aglutine todos los aspectos de los distintos pueblos de Daegon.

Por más alejados que puedan sus sociedades de lo que las culturas estables y mayoritarias han dictaminado que es deseable, la capacidad para sobrevivir en su hogar de cada uno de estos pueblos requiere de unos niveles de sofisticación que poco tienen que ver con la supuesta comodidad o seguridad de las grandes urbes.

Mientras que la manera de entender las relaciones sociales de las primeras podrían ser más fácilmente equiparables a las nuestras, el segundo grupo se encuentra mucho más dividido. Son pueblos sometidos a otro tipo de urgencias. Territorios que, a pesar de ser conocidos por un único nombre, y estar poblados por gentes de grupos étnicos relacionados, albergan en su interior multitud de visiones diferentes de lo que les rodea y lo que se encuentra más allá de sus hogares.

La distancia conceptual que separa a unas naciones de otras no atiende únicamente a criterios históricos, culturales o de proximidad, sino que la geografía tiene un papel muy importante en esta división en ciertos puntos. Porque no sólo los pueblos y sus relaciones han cambiado con el transcurrir del tiempo sino el mismo lugar en el que habitan o que les rodea también ha podido sufrir multitud de cambios a lo largo del trayecto.

Tanto sus fronteras como sus estructuras sociales o las etnias que las componen han evolucionado con el tiempo. Las culturas que pueblan Daegon en la actualidad, por más que sean el resultado de la evolución de aquellas que existieron en un pasado más o menos lejano, poco tiene ya que ver con quienes las iniciaron.

El legado de un pasado olvidado

La historia de este mundo está plagada de avances y retrocesos tanto en no social como en lo tecnológico. En momentos concretos del pasado de Daegon se logró alcanzar unos niveles de estabilidad, conocimiento y proyección que a día de hoy no son concebidas ni en las ficciones más utópicas elucubradas por sus poetas presentes.

Donde antaño se logró acceder hasta otros mundos hoy apenas se tiene la capacidad de generar energía que pueda alimentar a una industria que aún se encuentra en un estado embrionario. En los mismos lugares en los que un día existieron edificaciones cuyas cumbres podían competir con las de las montañas, hoy sus habitantes se agolpan y hacinan apenas capaces de separarse del asfalto.
En lugares muy concretos quedan vestigios perceptibles y tangibles de este pasado. Construcciones cuyas restos han servido como punto de partida a nuevas civilizaciones, ruinas que han emergido gracias a excavaciones o expediciones tras millones de años en el olvido. No sólo se ha perdido la capacidad de realizar obras equiparables a estas, sino que también su mera función o el papel que desempeñaron ha quedado en el olvido.
Su rastro se pierde en el mar de los tiempos y la ficción forma tanta parte de su historia como los estudios que tratan de reconstruir su camino. Los datos que manejan los historiadores son altamente imprecisos y vagos. A partir de los restos de las que se consideran como las ruinas más antiguas del mundo, aquellas sobre las que se construye el palacio de Sangar en Tarnaq, estos datan erróneamente la edad de Daegon en unos diez mil años. Hasta donde alcanzan los estudios de los mismos eruditos, la ciudad de Áldern es la séptima de cuantas han ocupado ese mismo espacio y nombre a través de las eras, mientras que son capaces de seguir el rastro de la de Tébanhorn hasta su origen real cuatro milenios atrás. Aun así, el concepto de la preservación de los restos del pasado no ha formado parte de las prioridades de ninguno de los gobernantes de Daegon desde hace siglos.
El avance no entiende de cortaprisas, no hay tiempo para parar, las lecciones del pasado han quedado enterradas junto a sus civilizaciones. Sepultadas bajo las urgencias de cada presente que les ha sucedido.

Si bien es cierto que aún quedan muchos restos por descubrir, no lo es menos que ciertos vestigios de ese pasado han pasado desapercibidos y se encuentran ocultos a simple vista mientras que otros fueron destruidos o desmantelados por los predecesores de los pueblos modernos.

Por más que siempre hayan existido quienes han luchado por conservar intacto para su estudio el legado de quienes les precedieron, ha sido raro encontrar entre el pueblo o sus gobernantes a quienes hayan percibido estos lugares como algo más que una fuente de refugio o recursos. Otras ciudades han crecido tanto sobre ellas como a su alrededor, para ser también pasto de la naturaleza, las guerras o quien llegaba con ambiciones renovadoras.
La humanidad de Daegon ha pasado por una gran cantidad de ciclos de auge, caída y reinvención. Porciones de tiempo de diferentes duraciones que se han sucedido a lo largo y que han de las eras necesario como para permitir el surgimiento de nuevos descubrimientos. Periodos prolongados de paz en los que la humanidad se ha permitido el lujo de plantearse preguntas más complejas que la de su propia supervivencia inmediata. Unas situaciones gracias a las que han podido desarrollar las herramientas necesarias para avanzar en su evolución como sociedades. pero que, de manera invariable, terminan desembocando en un nuevo cambio brusco.
Nos encontramos en un mundo en el que no sólo no existe un equilibrio de poderes ancestral, sino que, por más que el nombre de una nación pueda prevalecer, su idiosincrasia ha cambiado a lo largo de los siglos.

- El tercer ciclo

En el momento presente nos encontramos sumidos en lo que algunos han denominado como el “Tercer Ciclo”. De acuerdo a estas teorías, la humanidad habría alcanzado su cenit en dos ocasiones anteriores sólo para volver a caer a la barbarie. Las cotas de avance que se habrían alcanzado durante los ciclos previos no dejan de ser afirmaciones vagas basadas más en la especulación que en los datos reales y, de la misma manera, el punto en el que se encontraría la humanidad en este momento de acuerdo a estas teorías no es algo a lo que se haya llegado a un acuerdo.

Dependiendo de cada agrupación, aún se encontraría en la fase ascendente, en la descendente o el los pasos finales de este ciclo pavimentando el camino hacia su propia aniquilación. El marco temporal en el que se ha enclavado cada uno de estos ciclos, al igual que su duración no dejan de ser meras formas teóricas muy alejadas de la realidad, pero la especulación generada a su alrededor ha sido el origen de escuelas de pensamiento que han llegado a tener un gran peso específico en ciertas culturas. Las teorías acerca del final de cada uno de ellos han condicionado la manera en la que estos pueblos ven el avance científico o el funcionamiento de la misma naturaleza ya que, dependiendo de cada escuela de pensamiento, estos han venido de la mano de la propia humanidad, como consecuencia de los movimientos fortuitos de la mecánica cósmica o de la intervención de agentes externos con un propósito concreto. De acuerdo a estos acercamientos, la ciencia y el conocimiento son algo peligroso o una herramienta indispensable para prevenir los desastres futuros, la humanidad es un concepto de moldear la realidad o un mero peón zarandeado por el azar, no existe un plan detrás de los movimientos cósmicos o estos se encuentran diseñados por entidades con pulsiones similares a las humanas.

Si echamos un vistazo rápido a las naciones que pueblan Daegon, entre ellas podemos encontrar diversos conglomerados de pequeñas naciones cuyo núcleo se encuentra construido alrededor de algunos de estos preceptos. Es raro que este dato se explicite en sus relaciones o en su propia personalidad, pero basta escarbar un poco más allá de la superficie para poder asociar a cada una de ellas dentro de alguna de estas escuelas de pensamiento.

Por norma general, las razones aducidas para su forma de ser atiende a razones más prosaicas. En este tercer ciclo la población de Daegon se encuentra dividida en una gran variedad de naciones. Entre ellas podemos encontrar a quienes, a pesar de no conservar ninguno de sus rasgos, han heredado el nombre de alguno de los imperios de antaño como pueda ser Menetia, hasta naciones compuestas por cientos de pequeños pueblos unidos por diversos acuerdos e intereses como puedan ser las de Bra’Em’Kyg, Rearem o el conglomerado conocido como Trollellom. Desde pequeñas ciudades estado que basan su identidad sobre su posición geógrafica y las ventajas que esto les otorga a la hora de resultar claves para el comercio como puedan ser Johrg, Edera o Xultz, hasta aquellas cuya fuente de ingresos es el conocimiento como Cahirn Ansay. Desde naciones en las que se ha llegado a establecer algún tipo de relación con conceptos no humanos como Nivar o Vargad hasta lugares en las que la interpretación de las mentiras urdidas por alguien desaparecido hace siglos sigue siendo ley como Goord.

Cada una de ellas tiene su propio modelo de estado algunos de los cuales guardan similitudes con aquellos que conocemos. De esta manera, en su interior también podemos encontrar gobiernos similares al de una república como los de Dagorel, Hanrath, Ashgurn o Sheparn, equiparables a monarquías hereditarias de algún tipo como Vargad, Shinzay o Mashulanu o pueblos con estructuras más tribales u organizados como clanes como los que se pueden encontrar en Shemellom, Thurgold o Sembia.

Cada una de estas culturas cuenta con su historia, evolución, cargas y conflictos. De la misma manera, estos sistemas que rigen sus caminos en la actualidad no son los únicos que han conocido a lo largo de los siglos, habiendo pasado cada una de ellas por multitud de modelos con anterioridad. El momento y la forma de implantación de estos sistemas es igualmente irregular, encontrándose cada una en diferentes estados de consolidación y afianzamiento. Algunas de ellas, como en el caso de Menetia, que antaño fueron un imperios, abandonaron este modelo hace más de un milenio, pero el paso de otras son mucho más recientes.
La edad y la razón detrás de la formación de cada una de estas naciones también es igualmente dispar, pudiendo encontrar a pueblos como el de Tembi formados a partir de una rebelión de esclavos, o estados como el de el de Shinzay surgidos como consecuencia del exilio de una etnia por parte de quien pasó a gobernar su hogar de antaño.

También podemos encontrar territorios gobernados por seres inmortales aunque su número es mucho más acotado, lugares como Harst, Stergión o Beretear donde, a pesar de haber pasado por distintos modelos de estado, la cabeza visible de su gobierno no ha cambiado desde hace siglos. Teocracias como Goord o la actual Tarnq junto a naciones en las que está prohibida toda religión organizada como Saliria o Naltor, pueblos que son considerados bárbaros por una parte de aquellos con quienes conviven como pueden ser los de los de Shem en Shemellom o los Dengar en Rearem.

Para terminar tendríamos aquellas largas extensiones afectadas por distintos niveles de fenómenos extraños. Lugares como las Llanuras Heladas de Skartaria y Tanraqull, Werela o las Llanuras Zulera donde sus habitantes se ven expuestos a vicisitudes totalmente desconocidas para quienes los rodean.

No existe una uniformidad cultural en ninguno de los dos grandes bloques geográficos. Ciertamente hay elementos sociales cuyos orígenes pueden haber tenido lugar a partir de un mismo evento, o tradiciones que se pueden solapar entre aquellas naciones que se encuentran más cercanas, pero el solapamiento de estas áreas de influencia, aunado a la evolución de cada una de sus propias situaciones internas, tiende a crear sociedades diferentes a aquellas de las que ha bebido.

No existe una hegemonía cultura o política y las historias de los grandes imperios de antaño sólo sirven para llenar las estanterías de bibliotecas y universidades. Aún así, a pesar de que el mundo parece haber olvidó hace mucho al último gran imperio, el Gran Imperio Menetiano, los restos de su influencia aún permanece en algunas de las culturas que surgieron de este. Ya sea bajo la forma de un acto de rebeldía contra aquellos dos siglos cuyo control abarcó casi todo occidente o como aceptación de los avances que supuso, la antigua Menetia es uno de los puntales sobre los que se ha construido el mundo moderno ya sea por devoción o repulsa, admiración o rechazo, alianza o antagonismo.

El poner la información acerca de su propio pasado en contexto nunca resulta algo sencillo. Al igual que sucede en nuestro mundo, quienes se encuentran en posiciones de poder acostumbran a realizar lecturas interesadas del pasado, cuando no son ellos quienes escriben las páginas de la historia. Por más concreta que sea la información que se vaya dando en los textos que seguirán, nada está escrito en piedra. Poner en orden o valor todo lo expuesto aquí es en gran medida labor de cada uno de los directores de juego para llegar a crear un universo de juego que se adecue a sus propios criterios.

- La Gran Penumbra

Pero no es necesario que nos remontemos a los tiempos del Gran Imperio para encontrar un evento que haya podido suponer un cambio drástico en la manera en la que los pueblos de Daegon se relacionan con su propio mundo. Porque, por más que las distintas edades en las que han existido este mundo y sus habitantes se retrotraigan millones de años en el pasado, la memoria sólo entiende de aquello que ha llegado a conocer. De haber algo que se encuentra fresco en los recuerdos más recientes de sus habitantes, esto no se encuentra enclavado es aquellos lejanos días, sino en el desastre del que el mundo aún se está recuperando, o en las historias que les contaron sus padres o abuelos. Sucesos concretos que se saben o sienten reales.

Hace veintisiete años, en el año setecientos treinta y uno del calendario Mecbarino, se produjo el evento que, dependiendo del lugar en el que fue contemplado, ha sido conocido de acuerdo a multitud de nombres. Algunas culturas lo bautizaron como “La gran penumbra”, mientras que otras la denominaron como “Garshed Jonural”, lo que se podría traducir como “La Larga Noche” o como “Gishu Undokol”, lo que se podría interpretar como “El continente errante”.

Sea como fuere, el hecho es que durante catorce años sobre el noroeste continental se produjo un evento que anegó de oscuridad sus cielos. Una gargantuesta sombra que se desplazó con paso lento hacia el oeste. El suceso cuya conclusión devolvía hasta Daegon algo que le fue arrebatado hace milenios; el continente perdido de Nargión.

A lo largo de su viaje hasta perderse en la inmensidad del gran Océano Sámico, la sombra de este continente proyectada sobre esta realidad provocó hambrunas, revueltas, desesperación y pavor en el interior de Norotgard, Tarnaq, Werela y Tembi así como en partes de Edirth, Harst y Saliria.
La oscuridad anómala en la que se vieron sumidos estos lugares aún no ha podido ser explicada por sus eruditos pero, cuando sobre ellos se materializó aquella gran masa que impedía que el sol alcanzase sus territorios, dio comienzo el momento más dramático que ha conocido el mundo a lo largo de los últimos siglos. Una oscuridad que, si bien no era absoluta, privó de gran parte del continente de algo que siempre habían dado por supuesto, el acceso su luz y calor proveniente de su sol.
Quienes vivieron bajo ella durante catorce agónicos años aún eran capaces de ver a través de ella, en la lejanía, luz de Sholoj creando días de una luminosidad apagada, y pudiendo percibir a través de su densa superficie algunos de los conceptos existentes en otros niveles de realidad.
Una generación quedó marcada por este hecho. Una generación de la cual muchos integrantes continúan con vida en la actualidad, pero esta no fue la más grave de las consecuencias de este hecho.

Hace cinco años, en el año setecientos cincuenta y tres, cuando habían transcurrido ocho años desde su desaparición sobre cualquier territorio habitado, y en el momento en el que los afectados ya habían logrado recuperar una apariencia de normalidad en sus vidas, llegó una nueva sacudida íntimamente ligada con las causas de este suceso anómalo.

Porque lo que fue entendido como el viaje de aquella gran sombra no fue tal cosa, Nargión nunca había abandonado su lugar de adopción, sino que aquella visión atendía a una fluctuación en las barreras que separan las realidades. Una fluctuación a través de la cual se podían percibir los movimientos de las mismas esferas de realidad en las que habitaban este y Daegon.
En los pasos finales de esta fluctuación fue cuando comenzó el auténtico viaje Nargión. El viaje que devolvería al continente errante de nuevo en esta realidad. Un viaje cuyo final tuvo lugar cuando la masa de Nargión se consolidó de nuevo sobre Daegon.

Las repercusiones de esto no tardaron en alcanzar al resto de los habitantes del mundo. Como consecuencia indirecta de esto una parte del continente de Daegon desapareció. La desaparición de algunos de estos territorios atendió a cuestiones puramente geológicas. Se produjeron sacudidas y avisos que permitieron a algunos de los habitantes de los territorios afectados a abandonar sus hogares, pero otras fueron mucho más fulminantes y anómalas.

Si bien es cierto que la gran mayoría de estas desapariciones tuvieron lugar en territorios costeros, algunas de ellas se produjeron en territorios del interior. Estas no se produjeron de manera uniforme sino que fragmentos en diferentes puntos del continente se hundieron bajo las aguas o, simplemente, dejaron de formar parte de este mundo.

Cinco años después de aquel suceso estos hechos no sólo continúan siendo investigados, sino que ocasionalmente se producen nuevas sacudidas relacionado con aquello. No en todos estos lugares estos eventos acontecen de la misma manera, ni vienen causados por las mismas fuerzas, pero aún no se ha logrado alcanzar el conocimiento necesario para discriminar unos de otros, o para ser capaces de prevenirlos. Lo que sí que se sabe es que no se trata de algo súbito. Quizás no se conozcan las razones reales detrás de ellos, cada uno de ellos es un caso único, pero algunas de las teorías que se formulan no se encuentran del todo desencaminadas.

- Las secuelas del gran desastre

Las escala en la que todo esto ha tenido lugar aún no ha podido ser acotada en su totalidad, pero sólo con aquello que sí se sabe es más que suficiente como para comenzar a hacerse una idea de su magnitud.
De la misma manera, el hecho de que el destino de todos estos territorios no es el mismo, o no se conozca a ciencia cierta no sirve de consuelo para quienes han perdido a sus seres queridos. Algunos se aferran a la ignorancia para tratar de conservar una esperanza que saben a todas luces falsa, pero la gran mayoría ha comenzado a pasar página. Cinco años son mucho tiempo para quien vive de su trabajo y tiene bocas que alimentar para seguir lamentándose de lo que jamás podrá recuperar.

Aquellos que sobrevivieron a ver cómo sus hogares se sumergían en el mar al menos tienen algo a lo que se puede agarrar, una respuesta dolorosa a sus preguntas, pero quienes contemplaron desaparecer de forma súbita a los suyos arrastrados hasta un lugar desconocido aún tienen algo a lo que aferrarse, una incertidumbre que les acompaña a diario. De la misma manera, mientras que quienes perecieron bajo las aguas ya nada pueden hacer, el hecho de haber sobrevivido sirven de escaso consuelo para quienes los han sido arrastrados hasta otra realidad. Seguir vivos en otro nivel de existencia no garantiza la esperanza o la posibilidad de prolongar esta situación a quienes desaparecieron junto a ellos sin perecer en primera instancia.
La desazón y las pesadillas son compañeros de todos ellos y quienes han permanecido en este mundo tras la contemplar en primera fila estos hechos han visto alteradas sus vidas de manera irremisible, pero el mundo y sus quehaceres han continuado con su curso normal.

Pero, por más trágicas que sean existencias, por más devastador que haya sido este suceso, no ha sido ni mucho menos el más dramático de cuantos han padecido este mundo o la realidad en la que existe.

Porque, más allá de la ignorancia acerca de estos sucesos en la que viven los habitantes del presente, el pasado lejano también ha tenido su impacto significativo en la formación de las sociedades que conforman hoy Daegon. Sucesos como este son algo excepcional pero, precisamente por ello, han pasado a formar parte del folclore y la mitología de distintas culturas.

En gran medida este impacto es inconsciente. Sucesos que tuvieron lugar en pasados míticos que la gente prefiere mantener en ese nivel. Algo que, de cara a sus mentes civilizadas, forma parte de los cuentos con los que se atemoriza a los niños. Una gran parte de ellos, quienes contemplan el desastre desde la distancia, finge que tales hechos jamás les alcanzarán, que la inventiva humana o la devoción a entidades superiores es capaz de librarles de ellas, que viven en un mundo con reglas, en un mundo justo. Algo que también creyeron sus ancestros hasta que la realidad les sacó de su error.

Pero, estos hechos ya sean ciertos o ficticios, también han sido utilizados como una herramienta para tratar de justificar una forma de ser o actuar. El misticismo y la racionalidad, por más antagónicos que sean, no son conceptos excluyentes, sino que pueden convivir en una misma sociedad, un mismo pueblo o una misma persona.

El reciente desastre no dejaría de ser una muestra más a este respecto. Porque, por más concreto que haya sido, por más que haya sido padecido por una porción significativa de la humanidad, por más que haya supuesto una sacudida a todos los niveles acarreando con ello toda suerte de cambios drásticos a escala global, es el tipo de terreno de cultivo ideal para el surgimiento de nuevos mitos. Una plataforma sobre la que algunos tratan de construir una narrativa interesada. Un lienzo dispuesto para que quienes buscan una justificación para sus necesidades, para quienes retuercen la realidad para que se adapte a sus ambiciones, para quienes la adapten a estas mientras tratan de imponer su narrativa por encima de los datos.

Este es el caso del actual gobernante de Tarnaq. La Gran Penumbra que se situó sobre su nación fue el elemento en el que se basó para llegar hasta el poder, y el argumento esgrimido para iniciar una cruzada que nada tiene que ver con la narrativa alrededor de la que ha sido construida. Una guerra que lleva asolando gran parte del oeste continental desde hace más de una década.

Pero este hecho no sólo ha traído destrucción hasta Dagon, sino también nuevas preguntas y respuestas para quienes buscan la cadena de hechos detrás del mismo. Con la llegada de estos territorios el pasado lejano ha dejado de ser algo tan distante y etéreo. Una parte importante de la historia del mundo ha regresado.
Nargión ha vuelto fragmentado en dos continentes de menor tamaño, una gran isla y cientos de islotes de diferentes tamaños. Por más que las masas mayores no se encuentran ubicadas en ninguna de las rutas marítimas convencionales, otros de ellos sí que han sido descubiertos por la humanidad.
Todos estos territorios flotan sobre los mares de Daegon a distintas alturas, pero la ubicación de algunos de ellos no es algo estático.

Como ya sucediese en el pasado, este suceso no forma parte de ningún gran plan, sino que atiende únicamente al azar y la arbitrariedad. No sólo trae dolor y desconcierto sino que en su dualidad también le acompaña la posibilidad de nuevos descubrimientos.

- Lejos de la épica

La vida en una parte de Daegon se ha visto notablemente afectada por el reciente desastre, pero no se ha detenido por él.
Cuando sobreviene un evento como esta Larga Noche surge un nuevo mundo, pero el viejo siempre se resiste a desaparecer. Lo que existe comienza un nuevo y pausado camino de transformación. Las consecuencias directas sobre quienes lo han padecido son algo del todo irrelevante ante las consecuencias que tendrá en el largo plazo, pero esta verdad no sirve de consuelo a quienes lo han padecido. Quizás en el mañana el recuerdo lo transforme en un claro punto de inflexión, pero ese mañana aún es un concepto muy lejano para quienes habitan este presente. Un concepto y un mundo que muy probablemente ni siquiera sus nietos lleguen a conocer.

Peor ha pasado ya el tiempo suficiente como para que los cambios que ha sufridos el continente hayan sido asimilados y que su estela de su legado se haya propagados por todas estas naciones. Tiempo suficiente como para que se formen gobiernos donde sólo había quedado caos, pero el mundo es grande. Una parte del pueblo llano aún permanece ignorante de la situación real de sus vecinos y otra parte jamás llegará a ser consciente de aquello que sucedió más allá del Pramayán. Más allá de la gran cordillera que divide en dos el continente.

Hasta quien jamás ha abandonado su terruño han podido llegar noticias acerca de que los territorios del norte o el sur de su país han desaparecido, pero esto no cambia su día a día. Las grandes ciudades pueden recibir refugiados de las provincias desaparecidas pero, si bien este hecho puede suponer un problema para sus gestores, ante los peones, artesanos o comerciantes esto sólo significa un aumento en su clientela potencial o un aumento en su seguridad. Los robos han aumentado y deben tener más cuidado para que sus bienes no sean extraviados por parte de quienes los necesitan y no se los pueden permitir. Se han producido brotes de xenofobia y desconfianza, pero también oleadas de empatía y solidaridad.

Pero no todos los robos tienen lugar en la pequeña escala. El desastre no entendía de poder o clases sociales, y entre los desaparecidos también se encontraba gente acaudalada. Personajes públicos a quienes no se les conocen familiares o descendientes pero cuya riqueza ha provocado que surjan quienes afirman ser tal cosa. Algunos de ellos han logrado hacerse con valiosas posesiones en los territorios que han quedado indemnes y, de la misma manera que estuvieron dispuestos a hacer cualquier cosa por poseer estos vienes, tampoco conocen freno a la hora de conservarlos aunque sea ante los legítimos herederos.

No sólo en una parte de las altas esferas se han vivido tiempos convulsos, sino que las jerarquías de los bajos fondos han tenido que recomponerse. En aquellas naciones afectadas por la desgracia, ninguno de sus estratos sociales quedó indemne y su reconstrucción ha sido algo lento, laborioso y lleno de dificultades.

- El este del Pramayán

Si en occidente se han vivido tiempos complicados, oriente no ha estado exento de sus propias tribulaciones.

Las noticias del gran desastre han llegado hasta allí pero, por más drástico y doloroso que haya sido este suceso para gran parte de los pueblos afectados, más de la mitad de las naciones del mundo no se han visto afectadas por este hecho de forma directa.

La única forma en la que se ha visto afectada su geografía ha sido a través de la aparición de isla flotante de Eladar junto a las costas de Ashgurn, pero la propia situación política de esta nación ha impedido que este fenómeno haya recibido toda la atención que de la que sería merecedora.

Quienes más afectados se han visto por los movimientos cósmicos han sido los habitantes de las Llanuras Zulera, el gran territorio anómalo situado en el corazón de oriente. Sus planicies infinitas se han visto ahora surcadas por riscos y simas que dan a otras realidades, el delicado equilibrio que se ha mantenido en su interior durante milenios se ha visto súbitamente quebrado. Las rutas que hasta hace breve tiempo eran capaces de atravesar las llanuras se han vuelto inservibles, y las tribus nómadas que las surcaban han conocido y se han sobrepuesto a algo que sus ancestros jamás soñaron.

Oriente también se encuentra sumido en una gran guerra. Un conflicto que comenzó como un altercado entre dos pequeñas naciones y que ha terminado afectando de una forma u otra a casi todos los estados del norte. Al mismo tiempo, en el sur también se prolonga un conflicto de otro tipo, una lucha entre T’Nar, Muliria y Ashgurn por los recursos procedentes de la isla-continente de Thurgold.

Pero, sobre todos estos hechos, el mayor daño que ha sido infligido a occidente ha sido la pérdida de una persona; la desaparición de Dairus, el señor inmortal de Beretear y quien acabó con los días de gloria del Gran Imperio Menetiano.

A pesar de que desde hace casi un milenio Dairus sólo era una pieza ornamental, su mera existencia había supuesto en ambos extremos del Pramayán una piedra de toque. Un pilar sobre el que se había construido la estructura del poder en oriente, y un freno a las posibles ansias expansionistas de occidente.
Con su pérdida el castillo de naipes que se había construido a su alrededor ha comenzado a desmoronarse y los conflictos que ya estaban en curso han ampliado su alcance. El débil equilibrio que se mantenía gracias a la mención de su nombre y las acciones del pasado es algo que no puede ser reconstruido, pero no por ello han dejado de aparecer quienes buscan ocupar este vacío de poder.

Un gran número de pequeños estados se encontraban cubiertas bajo la protección de Beretear formando entre todos el concepto difuso denominado como Trollellom; la “Gran Nación”. Los tratados de alianza y protección fueron la única ley impuesta por Dairus que perduró a lo largo de todo su gobierno, y la anexión de nuevos integrantes el único evento público en el que participaba, pero estos pueblos se encuentran sumidos ahora en la incertidumbre.
La noticia de su desaparición se propagó como la pólvora, pero la sensación de incredulidad y desubicación aún no se ha disipado por completo.

Porque Trollellom se extiende a lo largo de todo el Daegon oriental y en algunos de los territorios pertenecientes a distintas provincias de Rearem. No es la primera vez que se ha especulado con su muerte o abdicación y se han iniciado conflictos bajo este pretexto, la historia de Trollellom está poblada de sucesos de esta índole pero, por más alejados de la capital que se encontrasen los pueblos, los rumores terminaban por ser desmentidos y los instigadores castigados.

En otros lugares como Kylburn, sumida como está dentro de la “Gran guerra oriental”, una parte de la sociedad se encuentra centrada en asuntos de índole menos terrenal. Dentro de esta nación se encuentra el Chernat Ianaster, el organismo científico conocido como los “Los topógrafos de lo etéreo” o “Los custodios del velo” y, ante sus ojos, lo que ha sucedido en occidente puede ser el aviso de algo por llegar.
Tanto Kylburn como las naciones vecinas de Dilirm, Shirune o Shinzay han tenido a lo largo de su historia contactos de distinto tipo con lo anómalo. El hecho de que lo que ha afectado al otro lado del Pramayán no haya impactado en oriente no garantiza que se encuentren a salvo. Es al mismo tiempo una amenaza y una oportunidad.
En la actualidad existe una lucha entre el poder estatal y los estamentos científicos en la que estos últimos reclaman una ampliación de los recursos de los que disponen. Una lucha que se basa en cierta medida en la capacidad de influenciar a la opinión pública.

Por más que nadie de quien habita en estas naciones o sus predecesores directos hayan vivido una situación anómala, el temor no ha tardado en permear todas las capas de la sociedad, algo a lo que la prensa ha ayudado en gran medida.

Sus ficciones se encuentran repletas de personajes que viajan entre realidades, de eventos catastróficos y especulaciones acerca de lo que vendrá después que han alimentado el imaginario de sus ciudadanos desde la cuna pero sólo era eso, ficción. Nunca han faltado los rumores de conflictos, desastres o sucesos extraños en la lejanía, las historias acerca de lo que sucede a quien se adentra en las Llanuras Zulera, noticias llegadas con los marineros, cuentacuentos o buhoneros pero, nunca se habían planteado la posibilidad de que aquello pudiese llegar hasta su puerta. Aun así, esto es algo que afecta principalmente a sus clases medias y altas. Para quien tiene que vivir del fruto de su trabajo, estas no dejan de ser historias con las que amenizar una velada o una transacción.

- Más allá de las costas del continente

La manera en la que impactó la Gran Penumbra en los pueblos que habitan las distintas islas de Daegon también ha sido algo dispar.

Su presencia sólo se dejó sentir en dos de ellas; Norotgard y Sembia, a lo largo de su paso por porción noroccidental del continente y, si bien es cierto que las consecuencias asociadas al final de su viaje no llegaron a afectar a sus gentes, el momento de tránsito fue percibido de manera diferente en cada uno de estos territorios.

La relación de los pueblos de Norotgard con la oscuridad es delicada. Si bien la cultura de todos ellos es muy similar, existe una diferencia muy clara entre las dos naciones más importantes de la isla, Vargad y Noshgarath, una diferencia íntimamente ligada a lo anómalo en general, y la oscuridad en particular.

En la capital de Noshgarath, Otkel, se encuentra una de las construcciones de los jonudi, el domo de Shall'Taen'Naú. La convivencia entre los hijos de la oscuridad y la humanidad no ha sido nunca sencilla, y este no es un caso distinto. Por más que este domo no ha supuesto una amenaza durante cinco siglos, y que apenas ha tenido actividad en todo este tiempo, las diferentes manera que tiene cada uno de los conceptos a la hora de comprender la existencia convierte cualquier intento de comunicación en un reto.
Por otro lado, las sociedades de Norotgard son más primarias que aquellas de las naciones más avanzadas del continente. Su evolución no sólo se ha visto condicionada por lo anómalo, sino que la falta de recursos naturales de su hogar les ha hecho recurrir a la violencia como modo de vida. Viven principalmente del mar, ya sea de la pesca o el saqueo y ni la diplomacia o la sutileza forman parte de su cultura.
Lo extraño es percibido con cautela, como una amenaza en potencia aunque no existe una justificación para el miedo. Porque, si bien el primer contacto de los habitantes de Norotgard con los jonudi vino bajo la forma de una invasión, en el caso de los kesari este se plasmó como un evento esperanzador.

En los cielos que surcan el monte Malesk se encuentra ubicada desde hace casi dos milenios la isla celestial de Turgás´Tal. Tras su aparición, fue aquel el punto en el que se ralentizó el avance de los jonudi y dio comenzó la reconquista de la isla.

Este lugar hace ya mucho tiempo que dejó de ser considerado como algo anómalo para quienes viven bajo sombra. Para ellos sólo es un elemento más del paisaje, pero esto no ha hecho que la relación con sus habitantes sea más sencilla que la que se tiene con los jonudi.

Si la vida en Norotgard es dura, la de los habitantes de Sembia lo es aún más. Es un lugar fuera de contexto, un territorio desplazado tanto en lo climatológico como en lo social.
Los pueblos nativos de esta isla son quizás los más primarios de todo Daegon. Carecen de ciudades, aldeas o grandes asentamientos. Poseen una gran cantidad de recursos naturales gracias a lo que vivir, pero la naturaleza no es ni mucho menos su aliada.
Este es el más peligroso e impredecible de todos los territorios anómalos. Las radiaciones que se filtran a través de la grieta de Anesthet no sólo han convertido a un lugar al que le correspondería un clima cercano al ártico en una jungla casi tropical, sino que también son la causa de mutaciones en la flora y la fauna cada pocas generaciones. Que puede transformar en tóxico para los recién nacidos a aquello que alimentó a sus padres, que convierte en depredadores en unas zonas a las bestias que en otras son presa fácil.

Pero no todos los territorios marítimos son tan hostiles para la humanidad, ni todas ellas se encuentran aisladas de los eventos que tienen lugar más allá de sus fronteras. En lugares como Shatter, Thurgold o Mashulanu la vida es más similar a la que se puede encontrar en el continente. En ellos se han formado culturas que por más complejas o básicas que puedan parecer, han dado como resultado pueblos tan llenos de matices, contradictorios y relaciones intrincadas como los que pueden encontrar más allá de la berrara oceánica.

Así, en Mashulanu podemos encontrar a etnias como el de los izami que, al mismo tiempo que han convertido lo estético en una parte esencial de su forma de vida, también han pervertido el orden social para delimitar hasta dónde puede llegar cada casta. De la decisión de uno de sus gobernantes, la de la expulsión de la isla de los integrantes de la otra etnia mayoritaria hace siglos, la de los shizune, surgió como consecuencia la nación continental de Shinzay.

En Thurgold, hasta tiempos recientes la mayor masa de tierra después del continente, podemos encontrar una gran variedad de culturas. Algunas de ellas, como las de las ciudades costeras nacidas como colonias de naciones continentales, han terminado conformando sociedades que han evolucionado hasta llegar a rechazar esta herencia. Al mismo tiempo, los que queda de los habitantes nativos de la isla, las cientos de tribus nómadas denominados por los urbanitas simplemente como “los thurg”, recorren el interior desértico aparentemente libres de las cargas y presiones de la civilización, pero presos de la escasez de recursos naturales de su hogar y sus propias necesidades. Ninguno de estos pueblos es un contenedor estanco y, por más separadas que se puedan encontrar en lo geográfico y lo ideológico, con el paso del tiempo las culturas de unos han afectado a la evolución de las demás.

Shatter, la última de las grandes islas y la que ha gozado de una mayor cercanía con los pueblos del continente con los que podría limitar, también es un territorio dividido. Es un territorio rico en recursos como Sembia, pero mucho más estable que este en lo axiomático, aunque no por esto se encuentra libre de sus propios conflictos. Habitado por tres grandes grupos étnicos, el equilibrio de fuerzas entre las naciones formadas por cada uno de ellos ha pasado por diferentes estados.
Al igual que sucediese con Shinzay, una de las naciones del continente, Shattegar, es el resultado de una de estas luchas de poder. Aun así, al contrario que sucede con la primera, este no deja de ser un hecho anecdótico para los habitantes de ambas naciones. El paso del tiempo y la lejanía han hecho que los habitantes de esta nación fundada por uno de los aspirantes al trono de Silvarta no sienta ningún tipo añoranza o afinidad por el hogar de sus ancestros.

- El conjunto

Con esto cerraríamos este primer acercamiento superficial a la situación presente de Daegon. La información presentada hasta ahora no es suficiente como para lograr obtener una imagen de coherente de lo que significa vivir en este mundo, pero sí que debería permitirnos el comenzar a vislumbrar algunos de los detalles que, a alto nivel, le dotan de su personalidad o la emparentan con nuestro propio mundo.
Las naciones y conceptos mencionados hasta ahora no suponen ni mucho menos la totalidad de aquello que se puede encontrar en su interior, sino unos pocos ejemplos de la diversidad que lo puebla. De la misma manera, por más masivo que pueda parecer un fenómeno a escala global, la forma en la que es percibido en cada punto concreto puede diferir enormemente. Así, por más drástica que fuese hace un lustro un evento como el de la “Gran Penumbra”, para una gran parte de las culturas de Daegon apenas ha sido una anécdota lejana. Sus consecuencias aún no han sido descubiertas por completo y, cuando sean descubiertas por cada pueblo, en gran medida no serán relacionadas con su origen real.

Ni quienes han padecido estos hechos de manera directa ni quienes los estudian han sido capaces de comprender su envergadura o mucho menos concretar sus causas. Y, a pesar de esto, por más que su vida hayan sido alteradas de forma traumática, esta ha retomado un curso similar a aquel que se perdió durante la debacle. Las grandes preguntan quedan para quienes disponen de tiempo para buscar respuestas porque, si bien el temor y la incertidumbre no han terminado de disiparse de las zonas más afectadas, el resto del mundo ha sido capaz de sobreponerse a estos.
No se trata únicamente de que hayan preferido poner una venda sobre sus ojos o ignorar las preguntas incómodas, sino de pura, simple y sincera ignorancia. Sus vidas han vuelto a ser lo que conocían y, por más temibles que puedan ser las noticias que llegan desde la lejanía, quienes reciben estas historias no tienen la capacidad para empatizar con lo que no han vivido y no son capaces de visualizar.
Porque una gran parte de los refugiados han terminado viviendo en las zonas más desfavorecidas de sus nuevos hogares. Lugares habitados por personas con sus propios problemas e incertidumbres. Salvo casos excepcionales conviven con gente para quienes la vida ya es de por sí algo afectado por la precariedad. Un contexto en el que no hay espacio para temores que habitan en lugares que jamás visitarán. La recuperación de la normalidad no es algo deseable cuando para ellos lo normal es una existencia miserable.

Aquellos un poco más afortunados que han encontrado cobijo en mansiones, palacios o lugares más acomodados tampoco han tenido suerte a la hora de buscar gentes con las que empatizar entre quienes pertenecen a “su clase”. En estos lugares pueden comprender la pérdida de bienes y propiedades, pero no el trauma de ver desaparecer lo que ha sido tu mundo sin que todo tu poder sirva para nada. Ante ellos, cada una de las largas noches que han sucedido aquella que duro casi dos décadas es recordatorio y una nueva amenaza de algo que está por llegar.

La Gran Penumbra, al igual que todo suceso natural, es un elemento igualador. No entiende de clases sociales o nacionalidades, y ha llevado una parte de los poderosos a obtener una perspectiva diferente acerca de su situación. A considerar una parte de las desfavorecida, a quienes lo han perdido todo, en los únicos con quienes pueden compartir su trauma. Porque tan solo la cercanía garantiza la comprensión.

Fue el inicio de algo nuevo que nadie es capaz de saber cómo terminará. Del surgimiento de nuevas naciones y la recosntrucción de otras. De la desestabilización del orden establecido y el equilibrio del poder. De la aparición de movimientos sociales y militares y el cuestionamiento de ciertas verdades inmutables.

Al mismo tiempo, esto también es algo que, hasta cierto punto, hace que los jugadores y sus personajes, provengan estos de donde provengan, puedan compartir un cierto grado de ignorancia en lo tocante al mundo que les rodea.

Con todo esto pretendemos decir que las descripciones que irán apareciendo a lo largo de los textos que puedes encontrar aquí vayan a ser algo irrelevante, sino que son un punto de partida tan válido como se adecuen al tipo de historias que quiera plantear cada director de juego. No pretenden detallar cada uno de los territorios de este mundo y no deben ser tomadas como una sucesión de valores absolutos que definen a estas naciones, sino como una mera enumeración de algunos de sus tropos. Hechos y verdades, clichés y falsedades aceptadas que pueden encontrarse implantados en mayor o menor medida en algunos de los grandes grupos que lo habitan. Son rasgos que forman parte de sus respectivos acerbos culturales o de la forma en la que unos pueblos perciben a los otros pero que, al final del día, no dejan de ser el resultado de un acercamiento parcial. Los datos que se obtendrían de una lectura muy superficial, casi a vista de pájaro, de lo que se encuentra más allá de su caparazón.
Todos estos datos serán expandidos y completados dentro de la sección “Jugando en Daegon” y, con mayor detalle, en “El Mundo”, pero siempre con la intención de dejar los suficientes espacios para que cada grupo de juego los complete. Con el propósito de que cada director disponga de la flexibilidad necesaria para aceptarlos tal cual están presentados, los amplíe, los modifique o los ignore.

- Lo normal

Glosar todos los elementos que componen y han compuesto Daegon a lo largo de su historia no sólo sería algo imposible, sino que también sería absurdo. El mundo en el que nos centramos no sólo es uno de los infinitos elementos que conforman el todo, sino que tampoco se podría definir como un entorno social, cultural o políticamente homogéneo. A poco que escarbemos dentro de cualquiera de cada uno de los pueblos que lo habitan, no podríamos encontrar uniformidad en el interior de ninguno de ellos. Si bien este es un rasgo que comparten con nuestras propias sociedades, a pesar de estas y otras similitudes entre la humanidad que habita Daegon y nosotros mismos, las diferencias que existen a todos los niveles entre nuestros contextos hace que, en muchos aspectos, la distancia entre ambas puedan llegar a ser insalvables.

Porque “lo normal” no deja de ser un concepto subjetivo. Algo sometido a parámetros y axiomas contextuales, y el contexto en el que habita la humanidad que puebla Daegon tiene una serie de características que es imposible que se den en nuestro mundo.

Por un lado, ni la naturaleza del entorno que les rodea, su conocimiento acerca del mismo o su capacidad de adaptación para con él son comparables al nuestro. De la misma manera, si bien es cierto que una gran parte de los territorios habitados del mundo se encuentran habitados por los distintos pueblos humanos, no lo es menos que la existencia de otros conceptos inteligentes ha tenido un fuerte impacto en su manera de percibirse a sí mismos.

Por otro lado, a grandes rasgos, y más allá de las obvias diferencias culturales existentes como consecuencia de la separación geográfica o la historia de sus pueblos, podríamos trazar una línea divisoria entre los dos grandes grupos humanos que pueblan Daegon; aquella que separa a quienes viven en sus territorios más estables de quienes lo hacen lugares más propensos a lo que podríamos definir como “lo extraño”, ”lo único” o “lo arbitrario”. A quienes habitan en los territorios anómalos.

Por encima de muchos otros, este es un factor muy importante a la hora de comprender no sólo las sociedades que han surgido en estos lugares, sino también la manera que tienen de entender su misma existencia, al resto de la humanidad, o a la multitud de contextos que lo engloban todo.

Otro factor determinante a la hora de comprender cómo ha evolucionado la humanidad en cada uno de sus emplazamientos es el determinado por las barreras naturales. Por más que la diversidad cultural existente en las grandes masas de tierra sea proporcional a el tamaño de estas, Daegon no es un mundo altamente globalizado. El gran continente alberga una gran cantidad de grupos étnicos que, a su vez, se dividen en diferentes culturas y sociedades, pero la geografía del mundo ha hecho que pueblos surgidos de una misma fuente hayan evolucionado de formas dispares. Los desiertos, montes, ríos, mares y, sobre todo, los territorios anómalos de Daegon han hecho más por crear y separar grupos humanos que su proximidad genealógica. Esto no ha evitado el desarrollo de enemistades entre quienes se han visto forzados a convivir en una ubicación pero, de forma casi inadvertida, sí que ha hecho que se establezcan ciertas similitudes entre quienes se encuentran rodeados por una serie de fronteras comunes. Así pues, mientras que se podría entender que la fragmentación social en las islas, dado su tamaño, es mucho menor, su proporción es muy similar a la que se puede encontrar en el continente.

Aun así, los accidentes geográficos no son los únicos factores que han resultado claves para entender el Daegon moderno. Por más alejados que se puedan encontrar en el terreno ideológico, por más impenetrables que sean las barreras físicas que los separen, esto no ha evitado que todos ellos compartan una serie de elementos comunes. Verdades que, por más que no sean capaces de concretar su origen, son aceptadas como lecciones aprendidas que forman parte de sus respectivos saberes populares.
Se pueden encontrar ciertos tropos levemente adaptados a cada contexto en la práctica totalidad de las sociedades humanos. Ya vengan estos heredados de quienes les precedieron, por algún contacto más reciente o de por la similitud entre los contextos de pueblos que jamás han tenido contacto previo, ciertas verdades universales han sido asimiladas por quienes han logrado sobrevivir hasta el presente.
La forma en la que se han consolidado estos rasgos puede ser única, pero basta extirpar las diferencias contextuales que los adornan para poder percibirlos con claridad. Otros rasgos comunes, por el contrario, poco tienen que ver con la comprensión de lo que les rodea. A lo largo del tiempo y a través de la conquista, también se han propagado e interiorizado otras costumbres, sesgos o mitos que poco tienen que ver con la naturaleza del lugar en el que pueden ser encontrados. Esta conquista no tiene que haber sido militar para que sea efectiva, sino que una gran parte de estos rasgos provienen de los intercambios comerciales y culturales.
Al igual que sucede con las verdades objetivas, la forma en la que estas se han consolidado en cada una de ellas ha sido única y, de la misma manera, en el caso de aquellas más abstractas que han logrado prosperar durante varias generaciones, quienes las han adoptado lo han hecho como algo propio e intrínseco a su propia cultura. Como el legado de sus propios ancestros.

La memoria de quienes pueblan hoy Daegon es algo relativamente corto. Por más que en las bibliotecas de sus eruditos se encuentran disponibles textos que se pueden remontar hasta cuatro milenios en el pasado, estos sólo cubren un periodo de tiempo ínfimo en comparación con la edad del mundo o de la propia humanidad. Hacen referencia a la segunda era de esplendor de la humanidad dejando la primera de ellas, aquella que tuvo lugar millones de años antes, en la más completa oscuridad. Por otro lado, la personalidad del mundo presente se comenzó a formar hace poco más de dos milenios tras la fragmentación del último de los grandes imperios del continente; El Gran Imperio Menetiano.

Incluso cuando nos remontamos hasta ese momento, quienes han tratado de poner orden en la literatura existente cuentan con un gran número de limitaciones, siendo la mayor de ellas la gran cantidad de textos cuyo contenido es pura especulación, cuando no directamente ficción o propaganda.
Por otro lado, este Gran Imperio, a pesar de lo que cuentan algunos de sus cronistas, jamás logró conquistar “todo el mundo conocido” sino que su presencia sólo se afianzó en una parte muy concreta del gran continente.

Este imperio dominó a lo largo de dos siglos la práctica totalidad del Daegon occidental y, por más que su esfuerzo homogenizador nunca logró imponerse sobre las particularidades de los pueblos que conquistó, una parte de aquellos rasgos quedó impregnada en cada una de las provincias que surgieron de su disolución.

Al otro lado del Pramayán la presencia de este imperio fue menor, pero no por ello sus gentes no quedaron marcadas de alguna manera por su contacto. Si bien es cierto que la forma en la que se plasmó esta presencia en oriente no deja de ser tangencial, no es menos cierto que, de no haber logrado atravesar esta barrera, la evolución de una gran parte de oriente habría sido muy diferente.

En la actualidad la marca de este antiguo imperio ha quedado muy diluida y, por más que aún perdure su nombre en una de las naciones del continente, nadie habla ya de aquella colosal nación en presente. Sólo es un recuerdo lejano, un lugar casi mítico, una palabra escrita en papel antiguo.
Quienes tratan de recurrir a él y a la “gloria del pasado” como herramienta para cimentar sus propias ambiciones, no dejan de referirse a algo que jamás existió. A un constructo casi mitológico con el que aspiran a despertar el fervor nacionalista en favor de sus intereses personales.

De la misma manera, la figura de quien fue responsable en gran medida de su caída es algo igualmente difuso. Porque, por más que su presencia haya sido una constante en el mundo a lo largo desde su ascensión al poder, su nombre y su figura no han dejado de utilizada como una herramienta desde entonces. Esto no ha evitado que haya sido un personaje clave en momentos muy concretos pero, al igual que ha sucedido con la Gran Penumbra, cuando más lejano se encuentra el observador del epicentro, tanto su impacto como su misma existencia se ponen más en duda.
Así pues, al igual que sucede con los otros tres inmortales que gobiernan alguna nación, sus nombres y acciones sólo se encuentra en las conversaciones diarias de quienes han tenido algún tipo de contacto con ellos. Más allá de estos círculos su misma existencia puede llegar a ser irrelevante, e incluso ha llegado a ser puesta en duda en distintos momentos y lugares. A pesar de esto, la presencia de seres como él, por más anecdótico que sea su número, es increíblemente poderosa.

Ni Dairus ni los otros tres gobernantes inmortales son los únicos sres excepcionales en la historia o en la vida presente de Daegon. Tanto en su pasado como en este “hoy” podemos encontrar a otros inmortales, aunque no todos quienes han compartido esta cualidad y han habitado este mundo continúan vivos en la actualidad. De la misma manera, no todos ellos han ocupado posiciones de poder, pero la aparición de cada uno de estos seres siempre ha supuesto un momento definitorio para sus coetáneos. Un punto y aparte en los libros de historia que, sin importar lo grandes que hayan podido ser los hitos surgidos de su mano para quienes los compartieron, tampoco han podido escapar a la fragilidad de la memoria o a los sesgos y las imprecisiones de quienes escriben la historia. Porque por más inmunes que hayan podido ser en vida al transcurrir del tiempo, tras su desaparición tanto su figura como la obra de estos individuos han acabado convirtiéndose en mera inspiración de poetas y dramaturgos.

De una forma no carente de cierta ironía, la inmortalidad es un estado transitorio. Quizás el tiempo no haga mella en estos seres, pero las armas, los accidentes, las enfermedades o el dolor de la pérdida pueden acabar con su vida igual que con la de cualquier mortal. Esta es una de las verdades que han interiorizado las culturas de Daegon. Algo que ha aportado una pátina fatalista, cuando no directamente cínica a este respecto a una gran parte de sus culturas. Nada es realmente eterno, e incluso los conceptos atemporales están condenados a tener un final.

Una vez hecha esta introducción pasemos a tratar de dar un poco de luz a la forma en la que se han ido plasmando cada una de estas influencias y a poner un poco de orden entre los datos e ideas fragmentadas que hemos ido presentando hasta llegar aquí.

- Los elementos comunes

En todos los grandes grupos humanos de Daegon existe una clara división de poderes dentro de su estructura social. Una división que, por más que se vea matizada de alguna manera, hace que compartan una serie de elementos que parecen inherentes a la propia humanidad.

Estos rasgos, quizás por el modo en el que se han estructurado estas sociedades, acostumbran a verse más acentuados en gran parte de las naciones que podríamos calificar como “civilizadas”. En estas, la división de roles dentro de la jerarquía social acostumbra a ser más clara y marcada, haciendo que aquellos rasgos a través de los que tratan de diferenciarse sólo sirvan para remarcar aún más sus similitudes.

En casi todas ellas existe una tensión constante dentro de la esfera del poder. Una tensión que, por más que les haya servido para cambiar de forma constante, estos cambios no siempre se han llevado a cabo bajo la forma de un avance en sus sociedades.
Por más que en cada una de estas sociedades estos grupos sean conocidos bajo distintos nombres, a poco que se rasque en ellas, la división y las fricciones entre el estado, la iglesia, el ejército, la burguesía y la nobleza acostumbran a ser los grandes ejes alrededor de los que se construyen estas tensiones. Una serie de fricciones constantes que, en última instancia, impactan de forma directa sobre las clases más bajas. Si bien es cierto que en aquellas naciones menos sofisticadas esta grupos también existen, la división entre los papeles que asume cada uno de ellos acostumbran a estar más diluidas.

La ausencia de una religión organizada o la presencia de organismos dedicados al estudio científico, el empirismo o el pensamiento racional, si bien han servido como barrera temporal para alguno de estos poderes, rara vez han servido para erradicar ninguno de ellos por completo.

Podríamos decir que, a este nivel, estos serían los rasgos de las sociedades y la humanidad que habitan el presente de Daegon se asemejarían en gran medida a los de nuestro propio mundo. A pesar de esto, una parte importante de la manera en la que entienden el mundo difiere de la nuestra. Así pues, por más que las particularidades de la realidad en la que existen les han hecho desarrollar estos rasgos, también les han llevado a recorrer caminos que serían muy raros, cuando no imposibles, de encontrar aquí.

Porque, por más diferente que puedan haber llegado a ser entre sí las condiciones en las que se han desarrollado cada una de las naciones de Daegon, aquellos elementos que las emparentan de alguna manera entre ellas no se limitan a aquellos relacionados con los rasgos más primarios que hemos desarrollado en nuestra propia historia.

Dentro de los valores compartidos por los distintos pueblos de Daegon estos no se limitan a las luchas internas por el poder, el nivel de fragmentación de sus jerarquías o la manera en la que estas se relacionan. Porque, otro aspecto en el que difiere Daegon con nuestro mundo es la manera en la que ha evolucionado la manera en la que se aceptan lo distinto y lo extraño, ya entendamos estas palabras como algo tocante a las etnia, los géneros o los conceptos.

Por más que cada una de las culturas tengan diferentes aproximaciones hacia la ética o la estética, por más que puedan diferir sus códigos morales o sus jerarquías sociales, saben que la forma no condiciona el fondo. Que la debilidad o la fortaleza, el peligro o la seguridad no dependen de la se puede apreciar a simple vista.

De la misma manera que sus leyes físicas no son iguales a las nuestras, la misma evolución de la humanidad ha sido muy diferente. Los primeros integrantes de la humanidad no fueron criaturas básicas y brutales, sino la máxima expresión de aquello a lo que pueden aspirar sus descendientes. Por más grande que fuese su control sobre el mundo en el que vivían, el poder no residía en la fuerza pura. De la misma manera, la capacidad de ejercer este poder y este control residía en todos ellos de manera independiente a su género o etnia.
El papel que adoptó cada uno de los progenitores a lo largo de su prolongada existencia no se vio condicionado por otra cosa que no fuese su curiosidad y el deseo de comprender lo que les rodeaba.

A pesar de que la existencia de aquellos tiempos ni siquiera permanecen en el folclore, los libros o el recuerdo de los actuales habitantes de Daegon, la asunción de roles y las dinámicas de poder que ellos iniciaron sí que trascendió su misma existencia.
Cada una de las naciones existentes, en un momento u otro ha sido gobernada por alguien que no nació en ellas, por gente de distinto género u orientación sexual y, un pequeño número de ellas, incluso por entidades que más allá de su apariencia poseían cualidades inhumanas.
Si bien es cierto que, en este último caso, estos rasgos sí que han sido y siguen siendo resaltados, en el resto su legado no es recordado por esta condición sino por cómo desempeñaron su labor o por cómo plasmaron esta quienes les derrocaron o sucedieron. La expectación ante lo diferente en Daegon no es algo ligado exclusivamente a la desconfianza o el miedo, sino que también posee una gran parte de curiosidad. Puede existir aversión por razones históricas o de cercanía entre diferentes culturas, puede darse una sensación de “superioridad” entre ellas o en su interior, pero la llegada de algo desconocido no despierta automáticamente la xenofobia. De la misma manera, las mujeres no son percibidas como posesiones o criaturas débiles. No son tratadas como “algo”, como un premio o un bien que usar o proteger.
Si bien existen culturas en las que el poderío físico ha ganado preponderancia sobre otras características, esto no ha sido algo que se haya implantado con fuerza en todas ellas, ya sean estas civilizadas o arcáicas. A esto también ha ayudado la ausencia de unos credos en los que se haya estigmatizado o limitado las atribuciones de cada género.

Dentro del folclore de algunos de las miles de sociedades y culturas que pueblan la superficie de Daegon se pueden encontrar las figuras de héroes carentes de forma, género o sustancia física. Seres que, en distintos momentos de sus narrativas, no sólo han adoptado la apariencia de cualquiera de estos pueblos, sino que esta decisión y este hecho han sido momentos cruciales en sus existencias. Indistintamente a la apariencia que hayan optado por tomar, estas catarsis han servido para afianzar su propia humanidad y no se presentan como ardides o engaños para conseguir algún objetivo material.
Generalmente este tipo de historias acostumbran a narrar las vivencias de alguno de los conceptos no humanos que existen en Daegon, de las entidades híbridas surgidas de su unión con algún humano, o versiones mitificadas de algunos de los progenitores, pero sus gestas han pasado a la historia como acciones llevadas a cabo por humanos.
Si bien estas leyendas suelen hablar de seres con capacidades sobrehumanas, esto no quiere decir que todas estas leyendas sean reinterpretaciones de hechos protagonizados por entidades externas a la humanidad. Por más que cada cultura haya tratado de apropiarse de la potestad sobre lo narrado, en estas historias el heroísmo no suele encontrarse ligado a una etnia, un género o un código genético sino a la búsqueda de respuestas y la persecución de unas necesidades y principios vitales. Por más sobrehumanas que puedan presentarse sus gestas, no existe una preponderancia de héroes masculinos, o mitos cuyo núcleo se haya construido alrededor del rescate de una dama en apuros.

Este tipo de figuras también existen dentro de los textos de distintos cultos y culturas, por lo que aquellos que tienen dudas acerca de su género o condición no son considerados algo aberrante, ni siquiera algo extraño. De la misma manera, tampoco tienen por qué estar necesariamente expuestos a la incomprensión o alguna clase de estigma social.

Así pues, en la actualidad se pueden encontrar gobernantes femeninos tanto en lugares poseedores de rasgos extraños como Nivar, como en aquellos que podríamos considerar más reaccionarios en nuestro mundo como puede ser la teocracias Goord.

Dentro de las cuatro naciones gobernadas por inmortales se pueden encontrar casos que afianzarían este hecho ya que, a pesar de no ser algo comúnmente conocido, tanto el gobernante de Saliria como el de Harst son seres cuyo sexo ha cambiado a lo largo del tiempo. Mientras que, en el cambio de Sipskriel este cambio tuvo lugar hace tanto tiempo que es difícil encontrar documentos en los que se indicase su género originario, en el de Hayatoshu ha pasado más desapercibido dado el largo tiempo transcurrido entre las dos ocasiones en las que ascendió al poder de Saliria, y el hecho de que este cambio tuviese lugar durante este interín.
Lo excepcional de su naturaleza y capacidades no deja de hacer de ellos seres incomprendidos, pero los cambios en cada una de ellas han venido dados por su curiosidad, inseguridades o inquietudes personales, no por presiones que hayan podido venir dadas desde el exterior.
De entre todos ellos sólo Dairus ha conservado su forma original a lo largo de todo el tiempo que permaneció en este mundo. Entre sus dones no se encontraba al capacidad para alterarla, por lo que nadie sabe qué habría sucedido de haber dispuesto de este rasgo.

Por supuesto, no todas las naciones de Daegon se encuentran gobernadas por mujeres, ni todos los seres anómalos muestran las mismas inquietudes que los anteriormente citados pero, de la misma manera, no hace falta recurrir a situaciones extremas en cuanto a la construcción de sociedades para encontrar diversidad en ellas. Sin importar lo “extremo” o lo “convencional” de la cultura en la que miremos, sus criterios a la hora de aupar a alguien hasta el poder no acostumbran a atender a criterios basados en la proyección de una imagen de poderío físico.

Así pues, no es frecuente encontrar trabas en la escalada hacia el poder supeditadas al género, orientación o rasgos. Por más cuestionada que se pueda encontrar siempre la figura de quien se encuentra en el poder, por más pueriles que puedan llegar a ser las razones aducidas por sus críticos, estas rara vez se encuentran basadas en argumentos de esta índole.

Conceptos como las Nivar o los Jonudi, entidades que, a pesar de adoptar formas con reminiscencia humana, poco tienen que ver con la humanidad en cuestiones de género o en la manera en la que entienden la misma existencia, las relaciones personales o las interacciones sociales, ha hecho que en aquellas culturas que han tenido históricamente trato con ellas se acepte con una mayor facilidad aquello que se sale de la hipotética norma.

Por más raros que puedan llegar a ser estos casos, no hace falta irse hasta el pasado lejano o a localizaciones remotas para encontrarse elementos que en nuestro mundo serían excepcionales o directamente imposibles. Estos se encuentran presentes en el día a día de muchos daegonitas. Quizás las situaciones que tuvieron como el nacimiento de los cuatro gobernantes inmortales sean algo excepcional y no puedan llegar a ser interpretadas como algo “normal” o “común” dentro de la panoplia global de pueblos que habitan Daegon, pero esto no convierte a la manera en la que fueron recibidos en algo menos significativa.

Obviamente esto no quiere decir que las sociedades de Daegon sean necesariamente igualitarias o utópicas. De ser este el caso, en tales lugares no habría entuertos que desfacer, intrigas que desentrañar o errores que corregir. La opresión, la discriminación por distintos motivos, la lucha de clases o el abuso del poder también se encuentran presentes en este mundo. De la misma manera, aquellos que sólo disponen de la fuerza pura como herramienta también tratan de imponerse a través de ella para alcanzar sus objetivos, pero las explicaciones de cómo han llegado a hacerse con el poder siempre tienen una explicación más compleja. Es posible que algunos de sus prejuicios sean diferentes a los nuestros pero, al mismo tiempo, una gran cantidad de nuestros males también se encuentran presentes en sus sociedades.

La presencia de lo anómalo

El hecho de que lo “normal” atienda a criterios diferentes de aquellos que conocemos no implica que todo lo que sucede en Daegon sea aceptado como algo común por sus habitantes.

Tanto la llegada de la Gran Penunbra como la presencia de los cuatro gobernantes inmortales son casos excepcionales dentro de este mundo. Situaciones que atienden a criterios que es muy raro que se vuelvan a repetir de la misma manera o en los mismos lugares.

Porque cada uno de estos casos es algo único e irrepetible. De entre los cuatro inmortales, sólo uno de ellos nació poseyendo esta cualidad. Cuando miramos los otros tres casos, no sólo cada uno de ellos adquirido esta condición posteriomente a su nacimiento, sino que sólo uno de ellos la obtuvo como consecuencia de sus propias inquietudes.

Por un lado, la condición del gobernante de Stergión poco tiene que ver con la de los demás, ya que el destino de esta nación se encuentra regido por uno de los Mayane Undalath. Si bien es cierto que Lag’Tsat no es el ser inteligente más antiguo de este mundo, no lo es menos que su presencia se remonta más allá del nacimiento de cualquier humano que en la actualidad quede sobre este mundo. Su nacimiento es previo aún a la primera encarnación de la ciudad errante. Anterior a lo que los eruditos han determinado como el origen del mundo.
Sus pies recorrieron este mundo y sus cuerpo había visitado otros muchos antes de tomar la determinación de izar de nuevo esta construcción humana.

Más allá de la notoriedad o la influencia que pueda tener lo extraño, su presencia no siempre resulta igual de sencilla de identificar para quienes lo presencian. En los casos que hemos mencionado hasta el momento esta se vuelve clara con el mero paso del tiempo, pero en otras ocasiones puede tardar generaciones, siglos o milenios en consolidar los efectos que la hagan perceptible o, de la misma manera que se abrió camino hasta esta realidad, se puede desvanecer sin que nadie haya sido consciente de su presencia. Su presencia y evolución puede ser tan sutil que, con el paso del tiempo, se convierta en algo que “siempre ha estado ahí”, o puede ser algo tan demoledor como el evento que arrebató a Daegon de la mitad de su masa continental.

Si bien es cierto que, en gran medida, lo extraño ha llegado a tocar las vida de todas las naciones de Daegon, no lo es menos que pocas de ellas han llegado a ser conscientes de la influencia de los conceptos anómalos en su acerbo. No existe una línea clara que separe las razones por las que algo no puede ser explicado en un momento dado o la suma de elementos que permiten que sea comprendido a posteriori. Esto no quiere decir que todo se encuentre en un estado constante de mutación en Daegon, de ser ese el caso lo anómalo sería la norma, sino que delimitar lo que engloba este concepto no deja de ser algo difícil.
Si ya hemos mencionado con anterioridad que no todo aquello que nosotros consideramos extraño es percibido como tal por los habitantes de Daegon, cabría también reseñar que lo que en algunos territorios puede resultar extremadamente raro en otros puede ser percibido como algo común. Este hecho no atiende en exclusiva a la presencia de conceptos no humanos, sino que sería aplicable sobre todo a otros aspectos de su día a día.

Buscando en la historia del mundo podríamos encontrar cientos de maneras en las que esta presencia ha condicionado de alguna forma la evolución de las culturas de Daegon pero, de existir un factor determinante a este respecto, podríamos dividir esta influencia de dos categorías mayoritarias muy bien diferenciadas; aquella que separa cuando esta presencia se ha plasmado como algo explícito de aquella en la que se ha ido filtrando de forma inadvertida.
Por supuesto, limitándonos a estos dos casos, también podríamos desglosar estos aspectos en miles de gradaciones diferentes a la hora de establecer este criterio, pero por el momento nos centraremos en aquellos más extendidos.

- Lo visible

Dentro del terreno de lo explícito, excluyendo los territorios recién retornados, podemos encontrar tres grandes muestras de ello en los territorios continentales y dos en sus islas. Estos son lugares cuya mera existencia desafía los postulados de la ciencia de Daegon y la posibilidad de formar leyes de carácter universal; Las Llanuras Heladas, Werela, las Llanuras Zulera, Sembia y el archipiélago del Kubór Yolasté. En el caso de los cuatro primeros, su presencia en los mapas junto al resto de naciones no señala tanto una frontera política como una señal de advertencia.

Estos territorios no siempre se vieron sometidos a las fuerzas que los bañan desde hace milenios. Antaño se encontraron habitados por civilizaciones homólogas a los de sus coetáneos, pero lo impredecible de los movimientos del gran esquema los separó de los axiomas que imperan sobre el resto de manera súbita. Una gran parte de sus habitantes huyeron de estos lugares, pero no todos los que tenían su hogar allí optaron por abandonar su lugar de nacimiento y el de sus ancestros. Así pues, por más que en su interior aún se conserven culturas humanas, quienes habitan en estos territorios han visto moldeada su propia evolución fisiológica y social por elementos que no se encuentran presentes más allá de sus fronteras.
Las condiciones intrínsecas de cada uno de estos territorios tienen poco o nada que ver no sólo con lo que existe más allá de ellos, sino también con lo que se puede vivir en otros territorios anómalos. Werela y las Llanuras Heladas pueden compartir frontera pero, mientras que una de ellas está poblada por lo que podrían parecer junglas tropicales, la otra se encuentra plagada de tundra helada. Mientras en una de ellas se puede acceder sin riesgo de quedar atrapado en su interior, los caminos que existen en el interior de la otra pueden hacer que, al girarse, uno ya no encuentre lo que acaba de dejar atrás.

Por su parte, los territorios del Kubór Yolasté se encuentran bañados de radiaciones que, al mismo tiempo que han generado el surgimiento del kubori, un mineral cuya explotación ha permitido grandes avances, también resultan mortales para quienes lo habitan durante largos periodos de tiempo.

Por otro lado, la extrañeza de ciertos lugares no tiene tanto que ver con el alejamiento de sus axiomas de aquello que podríamos considerar como “convencional”, como de ciertos elementos que forman parte de su entorno diario.

Por más tiempo que haya transcurrido desde que se produjese su llegada, la cercanía de conceptos que no pertenecen a esta realidad no los convierte en nativos. Son el germen de algo único, de algo inesperado, de algo que rara vez puede ser comprendido por la humanidad en su totalidad.
Se pueden dar casos que puedan dar señales en direcciones confusas. Relaciones como las que se han logrado establecer a lo largo del tiempo entre la humanidad y las Nivar o los Mayane Undalath, pero estos no dejan de ser espejismos ya que ambos conceptos, por más extraños que puedan resultar antes la humanidad, también son nativos de esta realidad. Existe una base común, un vínculo difuso que posibilita algo similar a la comprensión, pero esto es algo infinitamente más complejo de lograr cuando la comprensión de lo que son el espacio, el tiempo o la misma corporeidad no forman parte de la naturaleza intrínseca del otro.

Existen distintos emplazamientos de conceptos como los Jonudi, los Kesari o alguno de los distintos conceptos anómalos que habitan en Daegon. Lugares que existen a caballo entre dos realidades, que dan acceso a ubicaciones en las que todo lo que consideramos normal son considerados conceptos anómalos. Donde la oscuridad es algo sólido, donde el tiempo puede ser transitado de manera no lineal, donde la materia es un concepto fluido. Porque lo extraño no deja de ser un concepto subjetivo.

Por el simple hecho de existir, estos lugares han moldeado de alguna manera al mundo a su alrededor. Estos cambios se han plasmado de distintas maneras, ya sea en la percepción de “lo normal” por parte de quienes conviven con ellos o permitiendo a los supervivientes de entre quienes han sido lo suficientemente estúpidos, valientes o inconscientes como para tratar de adentrarse en su interior adquirir una comprensión algo mayor de la realidad en su conjunto. Si bien esta presencia acostumbra a impactar en menor medida que la de las grandes grietas cuya cercanía han provocado el surgimiento de los territorios anómalos, esto no implica una ausencia total de exposición a la influencia de otros conceptos ajenos.

Pero no sólo la exposición directa o la mera cercanía de los territorios, conceptos y fuerzas anómalas han influenciado a aquellos que los han experimentado de alguna manera. De la misma manera, la presencia de las entidades físicas surgidas de ellas también han moldeado a las culturas que han tenido contacto con ellas. Ya se hayan plasmado estas presencias como los escasos jonudi con los que la humanidad ha logrado establecer relación, o bajo la forma de entidades inmortales, algún tipo de transformación ha sido inevitable. Por más que el paso del tiempo haya normalizado esta cercanía, las consecuencias derivadas de cualquiera de ellas no pueden ser completamente anticipadas.
Sin importar la manera en la que cada pueblo haya experimentado con anterioridad algunas de ellas, es muy probable que su presencia continúe cuando esa cultura desaparezca, por lo que el impacto total de las mismas es algo que no puede ser acotado. La huella de estos seres dentro de la tradición, no sólo de cada pueblo, sino de cada generación, siempre ha imborrable. Una marca que cada nación y grupo social ha interiorizado de manera única.

Cuando llegamos hasta aquellos seres más visibles y con un impacto más claro sobre el pueblo llano, como pueda ser el de los gobernantes inmortales, la causística de cada uno de ellos también es algo único.
De entre estos cuatro gobernantes, sólo uno de ellos nacieró poseyendo esta condición, mientras que los otros tres la adquirieron de forma accidental o como el resultado de una búsqueda personal de conocimiento. Entre estos tres individuos esta condición ha sido aceptada como una consecuencia deseada, una condena o un paso lógico.

Pero, por más que Harst, Saliria y Stergión pueden tener unas cabezas visibles y con un poder considerable, y que Beretear lo tuviese hasta tiempos cercanos, el día a día de los dominios de estos individuos se encuentra regido por miles de personas con ideas, ambiciones, deseos y limitaciones propias. Gente que disiente de la visión de sus señores, personas a las que se les ha conferido potestad sobre ciertos aspectos del gobierno.
La voz de estos gobernantes no es ley y, en aquellos terrenos en los que sí lo es, sus decisiones no están carentes de consecuencias para ellos mismos. Tras tanto tiempo en el poder han aprendido importantes lecciones, han cambiado de ideas y, en ocasiones, han logrado reconocer su equivocación cuando alguien “normal” se la ha mostrado.

En todos estos casos, por más que la inmortalidad de estos gobernantes sea real, por más que su poder sea mayor que el de cualquier mortal, ninguno de ellos es omnisciente o poseedor de verdades absolutas. Esto ha hecho que hayan evolucionado junto a sus sociedades. El tiempo sólo les ha hecho descubrir más preguntas y han tratado de hacer avanzar sus contextos hasta ser capaces de obtener respuesta para ellas. Les ha mostrado que la memoria es un concepto finito incluso para ellos.

Así pues, ya sean gobernados por mortales o inmortales, por criaturas poseedoras o carentes de género, o por seres cuya herencia genética haya condicionado sus caminos, decisiones o comprensión del mundo, ninguno de ellos son seres monolíticos. Evolucionan junto al mundo, las sociedades con las que interactúan y todo aquello con lo que entran en contacto.
Por más que, de forma interna, exista una falsa apariencia de continuidad, todo cambia en el largo recorrido. Las generalizaciones, pontificaciones y afirmaciones absolutas no tienen más cabida en Daegon que en nuestro propio mundo.

Pero esto no dejan de ser anomalías una pequeña enumeración de hechos más o menos concretos. Efectos acotados y perceptibles de elementos que rompen la normalidad. Cada una de las situaciones que hemos citado hasta este punto sólo son una excepción, una más dentro de una serie de hechos aislados.
No son ni deberían ser interpretados como un patrón a partir del que hacerse una idea del conjunto del mundo. Sólo son representativos de su unicidad y extrañeza intrínseca. Son pinceladas sueltas, trazos aislados dentro de un lienzo mucho más complejo y diverso. Algo que no deja de ser sino un pequeño aspecto más de cuantos componen Daegon.

Dentro del gran esquema de poder quizás los inmortales resalten por encima de las efímeras vida de quienes han dejado atrás, pero su relevancia sigue siendo insuficiente como para resonar a escala global. Pueden ser más o menos ambiciosos o inteligentes, pueden despertar mayor o menos respeto, pero sólo son personas excepcionalmente longevas pero, al final del día, resulta algo casi anecdótico que afecta sólo a cuatro de las cientos de naciones que existen en este mundo.

A su vez, los conceptos extraños son igualmente escasos. Quizás el transcurrir del tiempo no cause mella en ellos, quizás posean una serie de cualidades que les conviertan en entidades potencialmente más poderosos que los humanos, pero son incapaces de ampliar su número por sí mismos. Son seres atrapados entre varios mundos, entidades que no encajan en su antiguo hogar ni en aquel que les acogió. Porque el contacto con Daegon implica cambio y aquello que un día fueron se desvaneció. Sólo pueden encontrar afinidad en quienes les acompañaron durante su viaje, pero los cambios sufridos por cada uno de ellos no tienen por qué haber ido parejos.

De la misma manera, los territorios anómalos, por más excepcionales que sean, se encuentran igualmente acotados. En sí mismos sólo son relevantes para quienes viven o se arriesgan a adentrase en su interior. La percepción de quienes viven dentro de estos territorios se ha visto condicionada por ellos y, ante sus ojos, por más dura que sea su vida, lo anómalo es todo aquello que se encuentra más allá de sus fronteras.

Todos estos elementos no dejan de ser meros detalles a explorar, realidades que moldear. Porque, de la misma manera que no todas las historias que afectan a grandes personajes deben ser colosales, no todo lo anómalo implica peligro o conceptos más grandes que la vida misma. Las grandes historias están repletas vidas minúsculas y no deben ignorar o descuidar los pequeños detalle que les dan sentido.

- Lo invisible

Dentro de aspecto más sutil de lo extraño podríamos centrar nuestra atención en las grietas dimensionales; lo elementos que, en gran medida, son la causa de no sólo los rasgos extraños más perceptibles de este mundo sino también de las grandes preguntas sin respuesta. La razón detrás de una de las grandes diferencias que existen entre el de Daegon y nuestro propio universo.

Porque, por más que las consecuencias derivadas de la proximidad de estas grietas puedan llegar a ser perceptibles, la causa subyacente tras estos sucesos continúan siendo un misterio para quienes las estudian.

Todo lo que se escapa al espectro perceptible por los sentidos convencionales es una fuente de mitos y teorías de todo tipo. Para hablar de una misma causa el devoto habla de movimientos orquestados por una mente superior y el racionalista de azar o patrones. Se utilizan expresiones que han sido adoptadas e interiorizadas por más imprecisas o falsas que puedan ser.
Cuando se refieren a las distintas realidades y niveles de existencia, los eruditos de Daegon hacen referencia a conceptos como esferas de realidad, contenedores estancos que contienen los restos del “Todo”, pero esta no deja de ser una expresión metafórica y desafortunada ya que la geometría o la fisicidad no son aplicables a estos conceptos. Todo está al mismo tiempo conectado y segmentado, cada forma, color, sonido y emoción son la suma de diferentes conceptos primarios aglutinados en un constructo más complejo que la suma de sus partes.
Cuando se ha realizan algún acercamiento moderadamente certero hacia la forma en la que interactúan las distintas realidades, estas siempre se han visto limitadas por incapacidad de describir no que no puede ser percibido.
Si bien es cierto que, en momentos concretos de la historia de Daegon, han tenido lugar sucesos en los que la tensión existente entre los distintos niveles de existencia se ha expresado como una ruptura casi física en el firmamento, estos casos han sido algo excepcional.
Estos movimientos de contracción y tensión es algo constante, pero no en todo momento en lugar sino que sólo en aquellos territorios axiomáticos en los que el Cambio, la realidad originaria de Daegon, tiene preponderancia.
La manera en la que se mueve y moldea el “Todo” podría asemejarse a una danza involuntaria. Al fluir errático de distintas sustancias que se entremezclan sin llegar a fusionarse. En ocasiones es hermoso y en ocasiones terrible. Se puede expresar como un abrazo o como un combate, pero siempre es una coreografía que nunca cesa.
La forma en la que reaccionen cada uno de estos contendientes no depende tanto del lugar o el momento como de quién ha entrado en contacto con ellos. Cuando quienes coinciden son conceptos antagónicos la tensión se genera antes incluso de que se produzca el contacto. Dependiendo de quienes se encuentren a su alrededor puede ser que el resultado sea que se repelan, pero cuando el azar les lleva a entrar en contacto este siempre es violento.

Los movimientos invisibles que tienen lugar en todas las instancias de la realidad no atienden a que podamos considera racionales. No existe una intención detrás de ellos, por lo que tampoco podrían ser considerados como algo benigno, dañino o neutral. Simplemente suceden.
Obviamente, por más ajenos e indiferentes hacia su impacto en cada una de las realidades que abarcan que puedan ser, esto no implica que sean algo inocuo.

Cuando más se prolonga el contacto entre dos realidades antagónicas, más probable se hace la existencia de una grieta entre ambas. Cada apertura puede llevar esta lucha hasta las realidades implicadas o puede suponer el acceso hasta ellas de una o más de las realidades colindantes. Puede crear un vínculo permanente entre ambas o romper uno ya existente. Puede suponer la creación de un nuevo contexto híbrido o la destrucción de aquellos que se encontraban en su camino. Las posibilidades son infinitas.

Es en aquellos puntos en los que la realidad de Daegon se encuentra más próxima o entra en contacto con el resto las realidades que tienen lugar las anomalías, pero su alcance no se limita al mundo que habitan los jugadores sino que estas pueden alcanzar cualquier extremo del universo que lo rodea.

Pero no es necesario recurrir al gran esquema de las cosas para encontrar las maneras en las que lo invisible afecta a la humanidad. No todos sus efectos son grandilocuentes o inmediatos. Lo anómalo también tiene cabida en territorios, personas o conceptos en apariencia normales. Existen cambios que se pueden encontrar latentes durante siglos o milenios hasta que una pequeña fluctuación los activa, sagas familiares que llevan en sus genes rasgos que nadie más posee que despiertan generaciones después de el primero de ellos contrajese esta cualidad, lugares cuya anomalía lleve tanto tiempo ahí que se haya aceptado como una característica “natural”, ubicaciones cuya extrañeza no haya sido descubierta dada su inaccesibilidad. Lo invisible no tiene porqué estar oculto, sino que se puede encontrar donde nadie ha mirado. Es una cuestión de posicionamiento y percepción.

De poder interpretarse “El Todo” como un constructo tridimensional, Daegon y sus habitantes estarían siendo constantemente atravesados por conceptos ubicados en otras realidades. Cada uno de ellos coexistiría en un mismo momento y lugar con una infinidad de entidades. Aunque, dependiendo de la posición del observador, serían ellos el elemento extraño. Sería su materia la que se solapa sobre abstracciones, frecuencias de onda y conceptos no euclídeos.

Pero no todo lo que entra en contacto con Daegon supone un cambio para esta realidad, todo lo contrario. Esta realidad es el origen de todo cambio y todo lo que accede hasta ella es alterado. Mutado de maneras que se propagan hasta sus realidades nativas. El multiverso invisible que se oculta detrás de las barreras que separan las realidades ha heredado muchos de sus axiomas y es gracias a esto que la humanidad puede existir más allá de su realidad nativa.
Durante milenios Nargión y sus habitantes vivieron sumidos en una ardua lucha. Una lucha en la que moldearon de forma inconsciente la realidad que les acogió. Porque la humanidad no deja de ser un agente del cambio allí donde va. No existe una separación real entre su capacidad de adaptase a cualquier entorno o el hecho de que estos se vean cambiados por su mera presencia.
Más allá de los infinitos velos que se superponen unos sobre otros existen otros humanos que se vieron arrastrados o eligieron viajar hasta parajes ignotos. No todos los viajeros han sido capaces de sobrevivir en ellos, pero aquellos que lo han hecho son seres que, mientras cambiaban para adaptarse al nuevo entorno, también alteraban los axiomas que imperaban en ellos.

De la misma manera, los conceptos extraños que habitan más allá de Daegon, al igual que ha sucedido con aquellos que han llegado hasta este mundo, también han visto alterados su realidad debido a la proximidad del cambio y sus habitantes.

No existe ningún nivel de realidad o axioma que pueda considerarse “puro”. Es indudable que quienes un día fueron la cunad de los conceptos primarios tienen una preponderancia hacia esta cualidad, pero todos han sido alterados en uno u otro momento debido a su exposición al resto. El “Todo” es una suma indivisible, un puzzle maleable y caleidoscópico que no puede existir si falta una sola de sus piezas. Una sucesión infinita de contextos híbridos, de territorios intermedios que dan cabida a realidades y conceptos únicos.
Cada una de estas piezas puede adoptar una infinidad de formas, expandirse arrebatando con esto espacio a las demás, o encongiéndose dejando con ello un hueco que será ocupado por el resto.

Si excluimos a los conceptos nativos de Daegon, aquellos que han llegado hasta esta realidad o se han visto alcanzados de manera directa por esta rara vez con capaces de regresar a la suya propia. Su composición básica se ha vista alterada y se encuentran presos del lugar en el que se produjo esta cambio. Lugares que pueden ser tan pequeños como una partícula subatómica o tan vastos como un universo. Cada uno de estos nuevos contextos nacen como la suma de los axiomas de aquellas realidades a los que han sido expuestos, pero esto no deja de ser un punto de partida a partir del que continuar evolucionando.

Por más que las leyes físicas de Daegon sean en gran medida homólogas a las que conocemos, existen un gran número de diferencias entre ambas. Diferencias que, si bien son imperceptibles ante los sentidos humanos, hacen de la realidad en su conjunto algo muy distinto.
No todas tienen la misma extensión que aquellas que se encuentran solapadas con los grandes territorios anómalos, ni todas ellas tienen su foco en el planeta en el que habitan los jugadores. De la misma manera, tampoco es imprescindible la presencia de una grieta activa entre distintos niveles de existencia para que encontrar rasgos que diferencian a esta realidad de la nuestra.

Como ya hemos dicho, la naturaleza de Daegon implica cambio. Cambio a todos los niveles. Un cambio del que, en gran medida, son partícipes sus habitantes. Por otro lado, las radiaciones que se filtran a través las grietas también han afectado a esta cualidad pero, mientras que la realidad ha sido capaz de hacer suyas estas influencias externas, no todos sus habitantes han podido hacerlo de la misma manera. Porque, a pesar de ser un concepto nativo de este mundo, la humanidad de Daegon, al igual que nosotros necesita de patrones a los que agarrarse, de tratar de encontrar axiomas inmutables sobre los que construir su comprensión del entorno. El conocimiento y la ciencia está basado en esto, pero la inmutabilidad no forma parte de la naturaleza de su hogar.

Por más que en Daegon se puedan encontrar mecanismos que aprovechen la fuerza del agua o el viento, no se pueden encontrar en este mundo el petróleo, la pólvora o materiales que permitan desarrollar una fuente de energía similar a estas. Por otro lado, el vapor tampoco es capaz de generar la misma cantidad de energía que en nuestro mundo.
Pero esto no ha evitado que la humanidad haya descubierto a lo largo de su historia otros materiales, radiaciones o fuentes de energía invisibles a simple vista sobre las que construir artefactos que faciliten su labor diaria. Sí que se pueden encontrar sustancias minerales capaces de almacenar tanto algunas de estas radiaciones exóticas existen de forma nativa en Daegon como aquellas que que provienen de otras realidades. Materiales que, debidamente trabajados, son capaces de alimentar máquinas que, a pesar de ser aún muy primarias, han servido para la ayudar tanto a artesanos como a grandes ingenieros a edificar un mundo un poco menos hostil.

Pero el surgimiento de estas y otras maneras de conocimiento se ha visto afectado por distintos factores. Ha sufrido múltiples reveses que ha hecho que surja un cierto escepticismo sobre las verdades en las que basa o la fiabilidad de cualquier tipo de descubrimiento. Y esta duda no carece de una cierta razón de ser, ya que la dependencia de lo que ha sido capaz de construir la humanidad se ha convertido en su mayor debilidad.
Porque, a lo largo de su larga historia, la ciencia de Daegon ha sido capaz de utilizar de distintas maneras estas y otras sustancias y radiaciones, pero la mutabilidad de las mismas ha supuesto en más de una ocasión un retroceso más que un avance. El conocimiento científico se encuentra siempre pendiente de un hilo. Los libros procedentes de antaño que que atesoran el conocimiento de quienes les precedieron sirven más para hacerse una idea acerca de los movimientos de la realidad que como guías con procedimientos a ser replicados.

El fuego y el aceite siguen siendo la fuente de luz y calor más estable que ha encontrado la humanidad en el mundo “convencional”, quizás la única que no les ha fallado nunca, pero esta ni siquiera tiene por que ser viable en ciertos territorios sumidos en el interior de alguna anomalía.

Los movimientos invisibles son impredecibles e implacables. El mero azar en estos puede hacer que un dispositivo inactivo desde hace milenios vuelva a ser viable hoy, o que el conocimiento sobre el que se basa el mundo civilizado presente deje de ser válido.

Aun así, estas grandes casualidades cósmicas son extremadamente raras. Tan anómalas que sólo se han producido dos de ellas a lo largo de los millones de años transcurridos desde la aparición de la humanidad en Daegon.
La primera de ellas supuso la llegada de la destrucción hasta esta realidad, mientras que la segunda ocasionó sutiles cambios en los axiomas reinantes en ella.

La llegada de la destrucción supuso el ocaso de la época de mayor esplendor de este mundo. Tanto los progenitores de la humanidad como los primeros nacidos entre los Mayane Undalath. Aquellos que no habían sido tocados por el tiempo conocieron la muerte y su progenie pasó a ser cada vez menos longeva.
Con el advenimiento de la segunda gran casualidad cósmica llegó el colapso de las civilizaciones humanas que, un Eón después de la primera debacle, habían logrado resurgir. Los principios sobre los que se basaba una gran parte de su ciencia dejaron de ser válidos y sus sociedades se desmoronaron como consecuencia de ello.

- Lo interregno

Pero la línea que separa lo visible de lo invisible no es siempre es algo sencillo de identificar. De la misma manera, no todo lo que resultaría extraño o inconcebible en nuestro mundo es percibido como anómalo en el universo de Daegon.
Ciertos eventos sin explicación se producen de manera cíclica en este universo. Sucesos de diferentes escalas que, si bien son portadores de una cierta incertidumbre, son aceptados con naturalidad por quienes los padecen.

Un evento que se encontraría a medio camino entre lo anómalo y lo aceptado como “normal” es el conocido como el Aracthur o la “Larga Noche”; el periodo de tiempo en el que multitud de culturas han marcado como el final de un año y el comienzo del siguiente. Este suceso es algo que tiene lugar a escala global y uno de los grandes misterios aún por resolver por por parte de los eruditos de este mundo.

Las distintas formas que componen el firmamento nocturno de Daegon han sido utilizadas para trazar el paso del tiempo. Cada una de ellas recibe una gran cantidad de nombres, tantos como culturas las han contemplado, pero el recorrido que realiza la luna entre estos dibujos no es algo que pueda ser medido en su totalidad.

Como ya decimos, cada cultura ha bautizado a las formas del firmamento utilizando diferentes nombres pero, en pos de la simplicidad, nos referiremos a estos de acuerdo a la nomenclatura establecida en el calendario que goza de una mayor aceptación.

Así pues, de acuerdo al Calendario Mecbarino, con la llegada de la luna hasta la constelación de Talkus daría inicio el nuevo año. Trescientos cinco días después, cuando esta abandona la constelación de Sigmain da comienzo la larga noche, un interín de duración indeterminada que separa este último evento con el inicio de un nuevo ciclo.

Durante este periodo de tiempo las imágenes que se pueden contemplar en la cúpula celeste son reemplazadas por otras serie de elementos. La misma división de día y noche desaparece para que el cielo en su totalidad sea sustituido por otra suerte de nuevos colores, formas y sonidos. Este dibujo no es algo uniforme o coherente. Cada una de estas formas tampoco es algo que pueda ser contemplado de forma simultanea a lo largo de todo el globo. En ocasiones, distintos puntos de Daegon que se pueden encontrar en las antípodas han llegado a contemplar el mismo punto celeste en un mismo momento, en otras, el firmamento puede mostrarse como una línea que quiebra el cielo permitiendo contemplar cómo entran en contacto formas que claramente no pertenecen a la misma realidad.

A pesar de lo que podría dar a entender su nombre, este no es un periodo de oscuridad absoluta, sino que en un cielo de apariencia nocturna se puede apreciar la luz procedente de otras estrellas así como aquella que pertenece a conceptos originarios de otras niveles de existencia bañando Daegon. Mientras el mundo continúa con su rotación, cada territorio de cuantos lo pueblan pueden contemplar constelaciones que rotan junto con ellos o que lo hacen en sentido opuesto, formaciones estelares o abstracciones, elementos estáticos que parecen congelados en el firmamento o figuras que se retuercen de forma imposible, una belleza insondable o el horror más primario.

Como ya decimos, su duración nunca es la misma, y esta puede oscilar tanto como para que este evento se prolongue durante una única noche o para que lo haga durante lo que podría equivaler a varios meses de nuestro tiempo. Si bien es cierto que su extensión suele encontrarse cercana a lo que el Calendario Mecbarino denomina como un “Genom”, un periodo de tiempo que oscila entre los treinta y dos y los cuarenta días, en el pasado lejano de Daegon algún Aracthur ha llegado a prolongarse durante lo que equivaldría a un año.

Algunos pueblos que se vieron cubiertos por ella confundieron a la Gran Penumbra con una de las largas noches, pero estos eventos no estaban relacionados. Lo que sí que es cierto es que la consolidación de Nargión de regreso hasta este mundo tuvo lugar coincidiendo con el Aracthur de aquel año.
Los científicos de Daegon han especulado que este suceso se produce cuando las barreras que separan las realidades se encontraban en su punto más inestable, pero esta no deja de ser una teoría que, si bien se acerca levemente a la verdad, aún está muy alejada de acercase a la verdad detrás del hecho.
Porque, como ya hemos dicho, los territorios anómalos no sólo existen sobre este mundo o algunos de sus territorios. El mismo espacio está poblado por ellos, y es cuando la traslación de este mundo le lleva hasta un punto concreto de su órbita que se produce este suceso.
Al atravesar este colosal espacio anómalo tanto la velocidad de su viaje como su misma rotación se ven afectadas por los axiomas de las realidades con las que confluye. Los cambios que pueden llegar a tener lugar durante este tránsito dependen de infinidad de factores, pero esto no quiere decir que siempre se produzca algo significativo durante el Aracthur, todo lo contrario.
Las condicione en las que tiene lugar a lo largo de cada uno de estos trayectos son únicos, por lo que sus consecuencias pueden ser igualmente impredecibles.

- Lo convencional

Las situaciones que hemos mencionado hasta el momento, como su mismo apelativo de “anómalos” debería dar a entender, no dejan de ser hechos hasta cierto punto aislados. Algunos son extremadamente raros, otros han sido aceptados, que no comprendidos, sólo por quienes los padecen y otros, simplemente, son.
Pero no todo lo podamos encontrar extraño de Daegon implica necesariamente la presencia de alguna anomalía dentro de su contexto. El momento y el lugar dictaminan lo que es aceptado como común o convencional. Así, mientras que, durante el tiempo de los progenitores la presencia de loa Mayane Undalath era algo común, en el presente esto es algo muy raro de encontrar. De la misma manera, durante aquellos días los Jonudi, los Kesari o las Nivar tal y como existen en la actualidad eran conceptos que aún no habían nacido.

Si centremos nuestra mirada en el tiempo de los progenitores de la humanidad, encontraríamos un mundo en el que lo habitual fuese encontrar seres equiparables a dioses recorriendo su extensión. Una ambientación hasta cierto punto inocente que mezclaría la mitología con la alta fantasía y la ciencia ficción más luminosas.

Por el contrario, si dirigimos nuestra atención hasta la segunda época de esplendor de la humanidad, aquella conocido bajo el sobrenombre del “Imperio Ailanu”, nos encontraríamos en una ambientación en la que la parte más luminosa y mítica han desaparecido. Un tiempo poblado por tecnología que navegaría entre los cánones del cyberpunk y la space-opera. Un mundo lleno de naciones distópicas sumidas en conflictos sociales y colonias en el otros planetas en las que los nativos son explotados. De exploración de otras dimensiones y guerras corporativas.

En el momento que hemos seleccionado como el presente predominaría una visión colonialista del mundo. Los mapas del mismo, pese a ser aproximaciones bastante certeras, aún contienen lagunas en su cartografía. Al mundo civilizado aún le quedan multitud de recovecos de diferentes tamaños por “descubrir” y poblar. Si bien es cierto que no existe un sistema moral que se haya impuesto sobre los demás, sí que existe una cierta similitud en aquel que predomina en las naciones más poderosos. Quien tiene el poder tiene el derecho moral a ejercerlo en pos de su beneficio. Bajo la pátina de civilización en gran número de naciones continúa subyaciendo el instinto primario, la convicción de que es la fuerza quien en gran medida determina la superioridad de un argumentario sobre el de los demás.

Lo anómalo no deja de ser una pieza más dentro del equilibrio de poder. El saber y el conocimiento otorgan ventajas a quienes los poseen, y el control sobre las energías crudas que se encuentran presentes en la naturaleza ha servido para que el instinto primario sea contenido. Aún no se ha encontrado un modo seguro de utilizar estas energías para la construcción de dispositivos móviles, pero los gobernantes de algunas naciones sí que han fomentado en distintos momentos la investigación orientada a la creación de armamento basado en ellas.

A lo largo de los últimos cuatro milenios no se ha vuelto a producir ningún gran cambio que altere las leyes físicas de este mundo, por lo que los descubrimientos realizados desde el último continúan siendo válidos en casi todos los territorios del mundo conocido. Aun así, la investigación de lo inmaterial rara vez ha logrado superar el estado de lo teórico.
Se sabe cómo extraer y almacenar las energías crudas, pero no se dispone de la tecnología necesaria para moldearla para adecuarla a fines concretos más allá de los de proveer de luz o fuerza motora las grandes máquinas industriales.

Dos minerales son claves a este respecto; el xalisch y el kubori, materiales raros cuya posesión y explotación ha provocado diversos conflictos a lo largo de la historia.

La existencia de otros niveles de existencia no es algo comúnmente aceptado tanto para la ciudadanía como para los estamentos científicos. De acuerdo a los acontecimientos anómalos que han tenido lugar en cada ubicación se han creado organismos dedicados al estudio de cada uno de sus síntomas, pero la financiación de cada uno de ellos acostumbra a estar supeditada a los diferentes gobiernos. En tiempos de crisis sociales o diplomáticas esta financiación acostumbra a ser exigua, pero después de algún suceso anómalo siempre se ha vuelto a poner el foco en ellos.
No hay ningún tipo de escepticismo a este respecto, pero lo raro de estos eventos hace que rara vez se encuentren entre las prioridades de los equipos de gobierno.

De haber una fuerza primaria que se estudia por encima de las demás esta es la de la oscuridad. La existencia de las ciudadelas y domos Jonudi ha permitido a la humanidad un acceso más sencillo hasta realidades intermedias, pero ni la mente ni el cuerpo humanos están preparados para permanecer mucho tiempo en estos lugares.

Más allá de la aparición en la vida pública del Ryommar Hayatoshu, el último de los inmortales, no se tiene ha tenido constancia de la aparición de nuevos seres “excepcionales” o conceptos nuevos hasta el regreso de Nargión, aunque el hecho de que ciertos personajes no lleguen a ser formar parte del diálogo social no implica que no hayan aparecido nuevos seres anómalos.

La misma ascensión hasta el trono de este individuo nos serviría como perfecto ejemplo a este efecto, ya que este hecho se produjo junto a la llegada del último siglo pero no fue hasta décadas recientes que se comenzó a sospechar acerca de su excepcional longevidad.
Porque, por más que puedan existir seres poseedores de rasgos excepcionales o únicos, una gran parte de ellos jamás llegan a descubrir su propia excepcionalidad. De la misma manera, también tienen lugar en Daegon eventos cuya presencia acostumbra a pasar desapercibida como el metafórico árbol que cae en un bosque sin que nadie presencie su destino. Pero esto no quiere decir que sólo lo extraño es único.

Los territorios que podríamos considerar como “normales“ en Daegon, hasta tiempos recientes, superaban con creces a los anómalos. Ahora, tras la llegada del continente perdido bajo la forma de colosales masas de tierra flotantes, lo normal vuelve a ser algo a redefinir.
Este es un hecho muy presente para la humanidad que puebla los nuevos continentes, pero según se van realizando nuevos descubrimientos nadie escapa a las preguntas. Por más que esto aún no sea un dato comprobado por los científicos, los nuevos territorios superan en extensión a los viejos, y el impacto que pueden tener sobre la realidad aún está por determinarse.
Los recién llegados hasta Daegon se han visto expuestos a una serie de axiomas totalmente nuevos. Leyes que gobiernan su nuevo hogar pero que contradicen a todo lo que conocen. Son algo con lo que jamás habían convivido y la adaptación no está siendo sencilla. Entre ellos existen distintas convenciones y cientos de maneras de entender y aceptar lo normal. Cada uno de estos nuevos territorios se encentra fragmentado en diferentes culturas, en pueblos que jamás llegaron a cruzar sus caminos en su realidad de origen. No son un conjunto coherente sino multitud de elementos dispersos cada uno con sus propias preguntas y respuestas. Las cosas que daban por sentadas se han tenido que ser puestas en cuestión. Todo ante ellos es algo por descubrir y, quizás, conquistar.

Poco a poco, a lo largo del último lustro han ido conociendo su nuevo hogar y a ya se han producido los primeros contactos con las formas y culturas de la humanidad nativa de este ”nuevo” mundo pero la exposición aún ha sido muy limitada y la comprensión mutua aún está muy lejos de ser alcanzada. Porque alcanzar a obtener una visión de conjunto de todo lo que se encuentra “al otro lado” es imposible. No sólo lo que les separa en el terreno de lo que consideran “convencional” es enorme, sino que la diversidad en ambos extremos del espectro es tal que ni siquiera es abarcada en su totalidad por ninguna de las partes cuando se trata de “los suyos”.

Quizás compartan y comprendan parcialmente las leyes axiomáticas que determinan el funcionamiento de la realidad, pero dentro de cada contexto social existen rasgos que tienen un peso superior a estas. Tanto los nativos de Daegon como los nuevos habitantes, más allá de aquellos elementos que los unen, también se encuentran fragmentados y enfrentados.
Los elementos que definen y diferencian a las culturas que pueblan todos los territorios son mucho mayores en número y peso que los que les emparentan. Todo territorio, ya sea anómalo o comparta los axiomas mayoritarios está expuesto a cambios en uno u otro sentido. Cada una de las naciones de Daegon tiene dentro de su acerbo las experiencias de quienes les precedieron, la certeza de que viven en un mundo incierto. Este podría ser el rasgo que podríamos considerar que forma parte de la personalidad de todas ellas, pero la forma en la que se enfrentan a este hecho rara vez suele ser uniforme.

Salvo quienes se dedican a la investigación, una gran parte de los estamentos del poder y del pueblo llano prefiere obviar este hecho. Lo ocultan bajo mitos y tradiciones que fingen ficticias. Como ya decíamos, nadie niega lo ultraterreno, pero la manera en la que es concretado y plasmado por cada cultura es única. Por norma general, y a pesar de no abarcar al conjunto de global de quienes componen estas sociedades, estos acostumbran a ser los rasgos por los que son reconocidas más allá de sus fronteras. Estos rasgos no sólo no han sido algo homogéneo en el tiempo, sino que también han ido evolucionado con cada una de ellas. Por más que, en algún momento dado, cualquiera de las naciones que pueblan Daegon hayan podido ser tildadas por alguno de sus integrantes o por algún observador externo como las cunas del conocimiento, nido de traidores, tiranía despiadada o hatajo de iletrados, estas condiciones no han dejado de ser algo puntual ligado a una acción o un momento. Rasgos que, por más grabados a fuego que hayan podido quedar en el imaginario de sus vecinos o rivales, no dejan de ser en su gran mayoría meras generalizaciones a partir de las decisiones de uno o más individuos. Retazos descontextualizados dentro de historias mucho más complejas.

La visión que se tiene a ambos lados del Pramayán de lo que se encuentra al otro lado no deja de ser eso; tradición oral, una serie de tradiciones que ni siquiera coinciden a la hora de referirse a la barrera natural que los separa. Pero no importa cuál sea la percepción que puedan llegar a tener ciertos habitantes de una nación sobre sí misma o aquellas que lo rodean, estas situaciones siempre son mucho más complejas y fragmentadas. Una diferencia que no deja de ampliarse con la distancia y que, irónicamente, no sólo ayuda a ocultar aquellos puntos en los que difieren, sino también en los que coinciden.

Con la llegada de los nuevos territorios la misma concepción de oriente y occidente se han expandido. Si su fragmentación ya era grande esta se ha multiplicado de manera exponencial. De ser algo excepcional hace unos pocos años, la existencia de territorios flotantes se ha convertido en un hecho cotidiano para los marineros que recorren las costas de Ashgurn o Thurgold, Shatter o Shemellom.

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