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¿Qué es Daegon? IV: Daegon Oriental

Lun, 06/24/2019 - 20:43
La separación que se da al este del Pramayán en lo tocante saber y el mito es tanto o más diversa de la que se puede encontrar uno en occidente. Por un lado, si en occidente, a pesar de su diversidad, existe una clara predominancia del culto a las diferentes escisiones de la iglesia Tayshari, oriente se encuentra aún más fragmentado en cuanto a sus creencias. Por otro, el mapa del saber se encuentra igualmente disgregado.

La iglesia Tayshari también se encuentra presente en oriente, aunque esta presencia, aparte de ser tangencial, ha evolucionado de maneras muy distintas a como lo ha hecho en occidente, se encuentra totalmente desligada de las intrigas y ni siquiera reconoce a ninguna de sus autoridades como figuras de referencia.

De haber alguna organización que ocupe una cuota de presencia similar a esta en oriente, este sería la que comprende la multitud de interpretaciones existentes del concepto de Ytahc. Un concepto que debe su popularidad al recientemente desaparecido Dairus, aunque ni la forma ni el fondo de esta teología guardan ningún tipo de similitud con la mitología dedicada a los Tayshari.

Oriente podría ser considerado como la cuna del conocimiento científico. Los organismos dedicados al estudio de lo anómalo se encuentran dentro de su circunscripción, y esto es algo que atiende a razones puramente prácticas. Durante los cuatro siglos inmediatamente posteriores al Gran Imperio Menetiano, aquellos que corresponderían a los albores de la llamada “Edad Moderna”, oriente fue el foco de un considerable número de eventos anómalos. Sucesos que causaron la pérdida de miles de vida y que condicionaron de manera indeleble el imaginario de los territorios en los que tuvieron lugar.

Con el paso del tiempo y la llegada de largas épocas de normalidad, la función de estas organizaciones ha ido variando, habiéndose visto forzadas varias de ellas a reinventarse o desaparecer, pero con las noticias llegadas desde occidente las voces de los agoreros han hecho que surjan nuevas voces reclamando una nueva priorización de esta clase de estudios. Quizás lo que ha sacudido occidente haya sido magnánimo con sus territorios, pero algunas de las consecuencias de estos hechos van plasmándose de manera inexorable ante sus ojos.

No existe en oriente ninguna organización de unas características similares a las de La Orden, pero esto no quiere decir que, dentro de sus campos de investigación, un gran número de ellas superen con creces en conocimiento a aquellos especialistas que poseen los estudiosos de Cahirn Ansay.

- El culto a Arcthuran

De entre todas las mitologías existentes en Daegon, se podría decir que el culto a Arcthuran es el más antiguo de todos ellos. Tanto es así que su origen es previo incluso a la aparición de la misma humanidad sobre el planeta.

Si nos remontamos hasta la misma raíz conceptual de esta teogonía, esta no haría referencia a nada remotamente humano. Su mito fundacional se encuentra basado en gran medida en la entidad que da cohesión a esta realidad, el concepto conocido como Ytahc; El Cambio.

Así pues, el culto a Arcthuran no tendría su origen en la humanidad, sino en los Mayane Undalath. Este fue durante aquellos días un concepto carente de nombre pero poseedor de todos los atributos imaginables. No existían palabras para describirlo pues todas las palabras formaban parte de su ser. Aquel a quien los progenitores de la humanidad bautizaron como Adai, y sus descendientes han ido segmentando en un cuasi infinito número de aspectos ha sido asociado erróneamente con otros conceptos. Ha sido confundido con la vida y la muerte, con todo lo que es perceptible y con otras de las entidades a las que también se han referido como “Daegon”.
De acuerdo a todos estos mitos fundacionales, sería una entidad cuyo corazón y el del mundo que habitan son uno, pero cuyo cuerpo se extendería por toda la bastedad del cosmos. Como tal, sería el sustento de la misma vida, la dadora de alimento y protección, el origen de todo lo que crece, camina, nada y vuela.

Retomando su núcleo fundamental, aquel que lo vincula con cualquier aspecto del cambio, este concepto formaría parte de los aspectos primarios cuya suma conforma el conjunto de todas las realidades, pero su presencia se encuentra especialmente ligada al nivel de existencia en el que se encuentra ubicado Daegon. El cambio es algo consustancial a esta realidad.

Si bien en la actualidad este es una abstracción que apenas tiene reconocimiento de acuerdo a como la hemos descrito hasta este punto, en en pasado remoto contó con un papel fundamental en la evolución de todo lo que se encuentra ubicado en su interior. Su culto desde aquellos tiempos ha adoptado una gran cantidad de formas, nombres y mitologías, porque Adai, Ytahc o Arcthuran no son los únicos nombres por los que ha sido conocido esta fuerza.

El nombre que le fue otorgado por parte de los primeros hombres y mujeres fue también el que utilizaron referirse a su hogar, un concepto y un entorno que no se encontraban constreñido por las limitaciones de un único planeta.

Ytahc es, dentro de las abstracciones primarias, algo que escapa a toda definición. Es en sí mismo también es un concepto atípico. Una abstracción que no se limita a reaccionar ante la presencia de lo que no es ella, sino que se encuentra en un constante estado de expansión y compresión. Una serie de espasmos involuntarios de los que no sólo surgió la humanidad, sino toda la diversidad que existe en el universo. Una diversidad que fue precedida por el único concepto, los Mayane Undalath, surgido de su seno con algo similar a un propósito. Seres surgidos de un espasmo de dolor. Conceptos incapaces de comprender su potencial o la motivación detrás de sus instintos pero que, a pesar de eso, de una forma casi inconsciente rendían culto al concepto que les otorgó la vida y al que vivían para proteger.

Cuando la humanidad fue consciente de su existencia los bautizaron como Dragún Adai; los hijos de Adai, y la relación que se estableció entre estos seres y los progenitores fue casi simbiótica. Juntos aprendieron sobre ellos mismos y el mundo en el que habitaban. Poco a poco, lo que los Mayane Undalath aceptaban por instinto fue siendo verbalizado, comprendido y transmitido.
Porque quizás los Dragún Adai no descubriesen la curiosidad o comprendiesen de qué eran capaces hasta que no se formalizó su contacto con la humanidad, pero no por ello dejaron de ser sus maestros en una gran cantidad de materias.

Juntos dieron nombre y delimitaron las cualidades de una gran parte de los conceptos que existían en ella. Aprendieron e impartieron importantes lecciones. En ningún momento la devoción formó parte de sus vidas o culturas, pero aprendieron a comprender, temer y aceptar lo que les rodeaba. A respetar aquello que escapaba a su control y conocimiento. A conocer la indefensión y el temor ante un futuro incierto, ante el final.

Como tal, su presencia forma parte del acerbo cultural de la humanidad. Gracias a esto, y como consecuencia de ello, los progenitores fueron capaces de moldear esta realidad mientras, a su vez, se veían moldeados por ella. Según la realidad se fue haciendo más vieja y compleja, esta característica también pasó a formar parte de la humanidad. Y, de esta manera, según sus culturas fueron ganando en sofisticación, el interés por un concepto tan abstracto fue apartándose.

A día de hoy la interpretación que se hace de este concepto continúa siendo muy diversa. Al igual que sucedió durante aquellos días, lo basto y abstracto de su naturaleza ha que ninguna escuela de pensamiento haya logrado desarrollar una teoría filosófica, teológica o metafísica en la que tengan cabida todos sus aspectos. Esto ha hecho que los distintas teismos que se han construido a su alrededor y han sobrevivido hasta la actualidad, pese a basarse en una misma idea, sean muy complicados de identificar como tales.

De todos ellos, quizás el que cuenta con un mayor número de adeptos es el que se puede encontrar en a lo largo de la ladera oriental del Pramayán, El culto de Arcthuran. Pero, irónicamente, por más que se utilice el nombre de la deidad para referirse a los practicantes de esta devoción, su estructura no se ha desarrollado alrededor del aspecto concreto de esta abstracción que representa la deidad. Por el contrario, desde siempre esta se ha encontrado mucho más ligada a la persona concreta que dio a conocer sus preceptos y a las acciones que llevó a cabo durante los días en los que la dio a conocer.

En el caso concreto del culto a Arcthuran, por más que la extensión total de territorios en los que se encuentra presente es con mucho superior al de la iglesia Tayshari en occidente, su poder real está muy lejos de ser comparable a este. Asimismo, la pérdida de quien ha sido su gran valedor durante los últimos dos milenios ha hecho que se avecinen tiempos de cambio para este teismo.

Porque el culto de Arcthuran desde siempre se ha centrado en la figura del recientemente desaparecido Dairus y en la hazaña que llevó a cabo hace dos milenos y que le valió el sobrenombre de “El Golpeador”. La rama teológica construida alrededor del “Señor de las profundidades” debe su propagación casi en exclusiva a la victoria de Dairus y los señores de las montañas sobre el Gran Imperio Menetiano. Su popularidad no fue algo buscado y ni su estructura ni sus preceptos o la manera en la que se le rinde culto han ayudado a que se convierta en un elemento clave a la hora de ser utilizado como una herramienta para la lucha o la conservación del poder.

Distintas aproximaciones a otros aspectos similares de Ytahc ya se encontraban presentes en las alturas del Pramayán con anterioridad a aquel suceso, pero su llegada arrasaron como una ola homogenizadora e imparable sobre todas ellas, pero su influencia directa se fue mitigando con el paso del tiempo.

Por más que en la actualidad existan un gran número de iglesias construidas en honor a Arcthuran repartidas por toda la orografía del oriente continental, cada una de ellas rinde culto a algún aspecto único de este concepto. Ninguna de ellas reconoce guardar relación alguna con la otra salvo por un único detalle; pese a no haber tenido contacto alguno con él, históricamente todas ellas han reconocido a Dairus como su sumo pontífice.

Con el transcurrir de los siglos tanto su credo como el mensaje sobre el que se sustenta han pasado a ser temas sobre lo que apenas se debate, pero también han perdido toda su fuerza. Algunos de sus preceptos se han convertido en una serie de ideas que se han ido incorporando al lenguaje coloquial de manera natural, pero lo han hecho sin dar peso alguno a las ideas que subyacen detrás de ellas. Frases hechas cuyo significado y sentido originales se obvian. En las naciones en las que se encuentra presente este culto acostumbra a convivir con otros, pero ninguna de sus sedes cuenta con un número de seguidores equiparable al de aquella que Dairus fue capaz de propagar más allá de Beretear durante el comienzo de su mandato.

Porque el culto moderno al Señor de las profundidades poco tiene que ver ya con el que fuese originario de las ciudades estado situadas en las alturas del Pramayán. Tanto su presencia como su impacto se han visto diluidos dentro de cada una de las sociedades que lo adoptaron. Existen ciertas maneras de rendir culto a esta encarnación concreta del mito, como es aquella que encarnan los monjes mendicantes, que son transnacionales, pero la manera en la que se encuentra presente dentro de aquellos pueblos que lo han integrado dentro de su sistema no tiene tanto que ver con el mundo de las ideas, como la protección que les garantizaba la presencia continuada de Dairus.

El suyo es un culto que no se encuentra basado en una jerarquía eclesiástica o una serie de dogmas de obligado cumplimiento, sino que su núcleo se encontraba fundamentado sobre la optimización de los escasos bienes de los que disponían. Los habitantes de las T’Nar, Beretear, Ton’Kaheru y Troll’Kahn originales, quienes fueron conocidos como los “señores de las alturas” no eran pueblos ricos ni gozaban de grandes recursos naturales. Todos ellos vivía en lo alto de alguno de los picos del Pramayán. Una situación que, al mismo tiempo que les otorgaba una clara protección ante cualquier intento de conquista, también limitaba enormemente su acceso a un gran número de elementos básicos para la subsistencia.

Para cada uno de ellos, el concepto del “Señor de las profundidades” era algo diferente. Pese a encontrarse sustentado sobre una serie de preceptos muy similares, tanto los nombres que se le daban como su mito de creación tenían detalles únicos.

De acuerdo al mito clásico, esta entidad abstracta cuyo corazón se encontraba ubicado en el centro del mundo era quien les concedía todo lo necesario para sobrevivir. En un tiempo lejano todo ser vivo se encontraba ligado a ella de alguna manera, y tanto el agua como la luz, los alimentos o la misma vida era sus dones. Regalos que eran entregados de forma desinteresada.
No pedía nada a cambio, ya que todo formaba parte de ella. No había nada que se le pudiese entregar que no hubiese sido suyo con anterioridad. A su vez, su cuerpo no se encontraba limitado por el mundo que pisaba la humanidad, sino que su esencia se filtraba más allá de lo que era capaz de percibir o comprender esta.

Pero con la llegada de un nuevo concepto, el del tiempo, el mito primario se fue haciendo más complejo. Junto con el tiempo llegó la muerte. La vida dejó de ser un regalo y se convirtió en un préstamo. En algo a defender, algo por lo que había que luchar, algo que podía ser arrebatado. Una vez que esta llegaba a su fin, regresaba al seno de donde había partido para volver cambiada. Para que diese comienzo un nuevo ciclo.

Lo que carecía de tales atributos se vio forzado a asumir intencionalidad y fisicidad, a limitarse a sí mismo y a sus dones. Los tiempos de carestía provocaron conflictos y migraciones desde la cima de los picos en los que habitaban los primeros habitantes del mundo. Sólo los más cercanos a Arcthuran / Zorak / Pramaya / Ytahc permanecieron en los hogares ancestrales. Sólo los señores de las alturas tuvieron el coraje para no abandonar a quien lo había dado todo y, de acuerdo al mito tardío, sólo en su mano se encontró el poder para detener al Enemigo.

Este mito no deja de ser una traslación de aquel que transmitieron los Mayane Undalath cuando lograron ser capaces de comunicarse con la humanidad. Ellos fueron quienes tuvieron un contacto más directo con el planeta que les dio a luz, los guardianes del mundo y quienes nacieron de su roca, su fuego y su misma esencia axiomática. Quienes surgieron como un acto reflejo de Daegon tras la llegada del tiempo. Quienes nacieron para proteger a esta realidad del Enemigo, del Destructor, cuando esta realidad fue consciente por primera vez de su lejana presencia.

La interpretación tardía de los pueblos del Pramayán desvió el foco de la historia para ponerse a ellos en el centro del mito, y para sustituir al Destructor por el Gran Imperio Menetiano. Una profecía confeccionada para cuadrar con los hechos que anunciaba ya habían tenido lugar. Una profecía que vio la luz una vez que ya había sido cumplida.

- Otros aspectos de Ytahc

Pero, más allá de esta interpretación concreta del concepto que dieron a conocer los Mayane Undalath, existe otro gran número de mitologías derivadas del mismo. Todas ellas acostumbran a ser atípicas cuando las comparamos con aquellos predominantes en occidente o las grandes religiones organizadas, pero su presencia a escala global no es para nada despreciable.

La evolución de este concepto ha adoptado multitud de formas y enfoques. Ha hecho que, aunque todas ellas beban de una fuente, el encontrar los puntos que comparten todas sea una tarea harto compleja. La consolidación de estos credos no ha tenido lugar únicamente en oriente, sino que se pueden encontrar trazas del mismo a lo largo y ancho de toda la extensión del continente y las grandes islas.

A pesar de que es indudable su impacto en ese constructo de fronteras difusas que es Trollellom y algún otro pueblo con estructuras sociales complejas que escapa de su ámbito, su presencia acostumbra a encontrarse más presente en pueblos con unas estructuras sociales más básicas. Así, de entre todos los aspectos de este concepto que han sobrevivido hasta la actualidad bajo distintas formas, estos acostumbran a predominar en territorios considerados como no civilizados.

Dentro de cualquiera de estos dos grupos, y centrándonos en lo puramente teológico, podríamos decir que su culto también está presente en occidente bajo otra gran variedad de nombres, descripciones y formas.

Dentro del mundo civilizado podríamos encontrarlo bajo el nombre de Devas Knode, la divinidad a la que se atribuye la inmortalidad a Sipskriel, aunque el aspecto de este concepto que se al que responde esta deidad difiere levemente al que se puede encontrar en oriente.

Él es el cambio inmisericorde, una fuerza indiferente ante las necesidades o miedos de la humanidad, una entidad que, dependiendo de quien la describa, es caprichosa o completamente libre. Ni odia ni siente afecto alguno por la humanidad, por lo que no tiene sentido el temerla o adorarla, ya que no atiende a súplicas u ofrendas. De la misma manera que sus movimientos pueden traer como resultado una cosecha copiosa, pueden acarrear la furia del mar o los cielos.

Otros pueblos, como puedan ser algunas de las tribus de Shemmellom o Shattegar, al igual que sucede en otras culturas animistas, tienen una visión más amable de este concepto. Una serie de visiones que, a pesar de que haber ido heredando versiones adulteradas del mito original generación tras generación, apenas se han alterado su núcleo.

Una gran parte de las tradiciones que viven de lo que les aporta la tierra, al igual que otros credos más abstractos y, en cierta medida, primarios basados en aceptar el entorno en lugar de tratar de controlarlo, beben de esta fuente.

Sin importar que hayan transcurrido millones de años desde los días en los que sus lejanos ancestros se relacionaron con los Mayane Undalath, algunas de las lecciones aprendidas entonces aún perduran. La llegada del Enemigo es un hecho que se da por superado o que se espera con temor. Un hecho que augura el final de todo o que ha supuesto algún cambio drástico en su modo de comprender el mundo. Un temor que regresa cíclicamente y que les sobrevivirá bajo la forma de una nueva miríada de distintos cultos.

De haber algo en lo que coinciden todos estos pueblos es en la falta de una estructura en sus creencias, algo que ha hecho que todas ellas mantengan siempre un delicado equilibrio en el terreno de lo etéreo y el de lo literal. Sus tradiciones acostumbran a ser mayormente orales, y las lecciones aprendidas de su pasado no siempre han sido transmitidas de una manera fidedigna.

No existen muchas diferencias entre quienes adoran a la naturaleza, los vientos o las estrellas y quienes rinden culto a Arcthuran. Todos ellos rinden honores al mundo en su conjunto, a su arbitrariedad y, en gran medida, a la insignificancia de la humanidad dentro del gran esquema. Algunos expresan estas creencias en forma de respeto, agradecimiento y miedo reverencial de diferentes maneras. Las formas, nombres y alcance de los conceptos a los que rinden culto varían enormemente en cada cultura, pero quienes practican este tipo de ritos siguen esta tradición con una cierta distancia. Rara vez acostumbran a tener jerarquías férreas, tienden al integrismo o confían en que los hados jugarán a su favor si hacen gala de algún tipo de devoción. Abogan por la diversidad en las formas de expresar sus muestras de respeto hacia los conceptos a los que rinden culto y no suelen tener problemas en adoptar dentro de sus cosmogonías a otras entidades que puedan encajar con su visión del mundo.

Por más que no entiendan al mundo o los distintos aspectos de la realidad como una serie de entidades preocupadas por la protección de la humanidad, sí que interpretan este conceptos como algo eminentemente justo. Quizás sean arbitrarios en sus acciones, pero esto se debe a que son seres cambiantes como lo es el hombre y, también como este, se adapta ante las amenazas. No pide nada, pero de él/ella/ellos se puede extraer todo lo necesario para que la vida continúe. Quienes comprenden su funcionamiento y respetan sus designios pueden llegar a ser capaces de vivir en una cierta armonía con ellos sin penurias adoren o no a estos conceptos. Algo que, en menor medida, también se encuentra a la disposición de quienes optan por ignorar algunos de estos principios.

A partir de esta base se han construido un gran número de relatos y mitologías. Parábolas y versos que han ido añadiendo en algunas culturas capas de sofisticación a la idea original. Que han dotado a los conceptos que pueblan estas historias de propósito, personalidad y una narrativa, desglosando cada uno de los posibles aspectos de mundo natural y la realidad exterior bajo la forma de entidades independientes cuya interacción forman el todo.

Cada una de las culturas que ha heredado y ha ayudado a perpetuar alguno de los mitos que componen este mosaico les ha atribuido nuevos nombres, características y motivaciones acordes a su conveniencia y entendimiento, pero es raro encontrar en ellos panteones que aglutinen a un gran número de ellos. Pese a haber bautizado a estos conceptos, haber elaborado complejas relaciones entre algunos de ellos, “humanizar” las razones detrás de ciertos desastres naturales o sucesos anómalos, achacando a alguna de estas entidades las acciones que tuvieron como consecuencias estos hechos, no se atribuye a sus hipotéticos causantes una forma o un objetivo.

Dentro de estas culturas que han ido fragmentando el mito no existe un panteón o un credo único que los unifique, sino que su número se ha visto ampliado tras la llegada de acontecimientos extraños. Los sucesos acontecidos a lo largo de las eras en cada lugar han dado lugar al nacimiento de nuevas cosmogonías y relatos fundacionales que, por más que algunos de ellos pueden ser muy similares a los ya existentes, no son capaces de reconocer su parentesco. Nuevas ideas y entidades que han sido adoptadas por sus descendientes y cuyo desarrollo continúan estos, desligándolos cada vez más del concepto inicial.

Si cada uno de los cismas de la iglesia Tayshari afirma ser el único interprete fidedigno de un mismo concepto, la miríada de religiones en las que se fragmentó los mitos de Ytahc o Arcthuran tras su propagación no reconoce vinculación alguna con quien lo originó. Por más que los señores de los páramos a los que se rinde culto en las Llanuras Zulera naciesen de este credo, la forma y el fondo en la que se les plasma este credo nada tiene que ver con cómo ha evolucionado la mitología y la teología del “Señor de las profundidades”.

Aun así, quienes adoran a unos y otro no tienen problema a la hora de reconocer y aceptar la existencia de otros mitos sin importar su origen o que guarden algún parentesco con el suyo. Esto es algo que, por otro lado, quienes siguen los predicados de organizaciones con estructuras más rígidas acostumbran a rechazar. Esta negativa no está basado únicamente en el orgullo, sino que también se construye sobre la ignorancia y en el impacto que tuvo en la cultura de sus ancestros la invasión del Gran Imperio Menetiano.

- El Gohai Kaeru

Si el culto a Arcthuran podría entenderse como el homologo a la Iglesia Tayshari en oriente en cuando a su extensión, al este del Pramayán no existen ninguna organización científica que haya gozado de una estabilidad o crecimiento equiparables a los de La Orden. Aun así, esto no quiere decir que el conocimiento no sea un bien apreciado en estas longitudes geográficas.

Por el contrario, se podría decir que el antecesor de La Orden tuvo su origen en oriente bajo la forma de la primera iteración del Gohai Kaheru.

La historia de esta organización no deja de ser una muestra palpable de la manera en la que han evolucionado las sociedades de Daegon tras sufrir las consecuencias de algún fenómeno anómalo. El miedo y el desconcierto iniciales siempre ha dado paso al surgimiento de quienes han tratado de comprenderlo pero, de la misma manera que su impulso inicial parece imparable, aquello que nace casi en exclusiva del temor no tarda en desvanecerse cuando la amenaza ya se ve como algo lejano.

Así, por más que sus actuales integrantes proclamen que esta organización sea el estamento científico más antiguo de cuantos se pueden encontrar en Daegon, esta no deja de ser una verdad cierta sólo a medias.

Dentro de esta afirmación parcialmente cierta hay datos que no pueden ser discutidos como pueda ser el de la fecha de nacimiento de su primera encarnación, pero en los registros históricos también se encuentra plasmado el momento en el que fue desmantelada.

Para trazar su origen tendríamos que retrotraernos hasta los albores de la conocida como la “Edad moderna”, más concretamente hasta los días posteriores a la finalización del evento anómalo conocido como el Nyarl Noidems.

A pesar de que este suceso, conocido también como el “Gran dolor” o el “Gran terror”, no llegó a alcanzar a los territorios interiores en los que se encuentra situada Dayashu, el impacto que supuso para la costa nororiental del continente fue tal que provocó que incluso quienes no lo habían padecido de manera directa quedasen marcados por las historias y las secuelas que devinieron de él. Una serie de consecuencias que tardarían en ser olvidadas.

De esta manera, si bien este hecho resultó clave para la fundación de quienes entonces fueron conocidos como los “Forjadores del mañana”, y que estos fueron los primeros en reconocer la magnitud de los mismos, la longevidad de aquella primera encarnación se vio íntimamente ligada al recuerdo de su advenimiento. Asimismo, el suyo no fue el último de los estamentos científicos surgidos como consecuencia de algún suceso anómalo acontecido durante aquellos tiempos.

Una vez transcurridas varias generaciones tras el advenimiento del temor inicial, y ya superado el recuerdo de aquellos días, tanto su andadura como la de aquellas organizaciones surgidas bajo su sombra no fue sencilla.

Este nombre ha sido recuperado con posterioridad en numerosas ocasiones a lo largo del tiempo, siendo la última de sus encarnaciones relativamente joven para los estándares en los que nos hemos estado moviendo hasta el momento. Porque, de la misma manera que los eventos anómalos suponen una grave situación de crisis allí donde han tenido lugar, una vez pasado el momento de temor y recuperada la normalidad, la urgencia por tratar de comprender el origen del mismo no tarda en quedar relegada hasta un segundo plano. En ser tapada por los quehaceres diarios y la superación de las secuelas que ha dejado ese hecho.

Por más que su nombre haya perdurado desde aquellos días, sus funciones se han visto adaptadas para un gran número de fines con cada una de sus nuevas iteraciones. La utilización este nombre ha atendido más a un ejercicio de memoria que a la recuperación de sus investigaciones previas y, a día de hoy, la misma expresión es un arcaismo, una suerte de fórmula exótica cuyo significado ha sido moldeado de acuerdo a las necesidades de quien la ha recuperado. Una frase hecha cuya traducción a lo largo de los siglos ha adquirido un gran número de significados. Algunos de ellos han tratado de preservar el legado de quienes les precedieron, conservando la acepción original de aquel nombre, pero su significado ha pasando por un gran numero de alteraciones, algunas de las cuales han sido conocidas como el “Concilio de los Navegantes del futuro” o los “Vigías de la realidad”.
Unos apelativos que no han hecho sino reconocer la incapacidad de la humanidad para “construir” su propio futuro, sino este se encuentra sometido a las salvajes oleadas del tiempo y la incertidumbre.

Detrás de estos epítetos tan rimbombantes siempre se ha ocultado el temor a lo desconocido. El deseo por desterrar esa incertidumbre que provoca lo que se desconoce. El objetivo de lograr la supervivencia ante la inevitable llegada de lo anómalo.

Su campo de acción ha abarcado un gran número de ámbitos desde su resurgimiento, al igual que lo ha hecho su presencia tanto dentro de la sociedad su nación de origen como la de aquellas que la rodean, pero no ha sido hasta lo últimos años que ha vuelto a hacer suyos campos de estudio que habían sido condenados al ostracismo. La necesidad de recuperar la investigación acerca de la ciencia arcana ha sido uno de los puntos centrales de su último equipo de dirección, y los informes que han recuperado de los archivos de este organismo no han hecho sino darle la razón en tales afirmaciones.

En la actualidad, y tras cerca de dos siglos en los que se ha visto relegado a languidecer en la irrelevancia pública dentro de su hogar, la presencia de la actual encarnación del Gohai Kaeru en Dayashu ha recuperado un cierto prestigio y relevancia gracias a las noticias llegadas desde occidente.

Estas noticias, sumadas a la desaparición de Dairus o a la aparición de nuevos territorios errantes en el firmamento ha hecho que el temor resurja en la ciudadanía y los gobernantes. Un temor que, en gran medida, ha sido alimentado y utilizado por los dirigentes del Gohai Kaeru para volver al primer plano de la vista pública.

Aun así, sus recomendaciones no han sido recibidas de la misma manera por parte de todos los integrantes del gobierno de Dayashu o por los propios investigadores que forman parte de la organización. El conocimiento pragmático y los encargos del exterior es lo que les ha permitido sobrevivir desde su formación, y el derivar recursos hacia un terreno que no es del interés de sus contratistas puede suponer una merma de sus ingresos y, con ello, de su capacidad para mantenerse como una entidad independiente.

- El Chernat Ianaster

La otra gran organización surgida como consecuencia de los eventos anómalos acontecidos durante los albores de la edad moderna en oriente se encuentra en una situación algo menos convulsa, pero no por ello goza de una mayor representatividad. Esta organización, que ha dedicado de forma ininterrumpida su atención en este tipo de sucesos se encuentra ubicada en la frontera entre Dayashu, Shinzay y Dagorel pero sus dimensiones son tan escuetas que ni siquiera aparece reflejada en los mapas políticos globales.

El Chernat Ianaster debe su nacimiento a un solapamiento planar que tuvo lugar sobre los territorios en los que se encontraba ubicada una de sus ciudades, Dyamin, hace más de un milenio. A pesar de todo el tiempo transcurrido desde aquellos sucesos, el constante recordatorio que supone la existencia de los restos de aquellos días, y la incapacidad de convertirlo en una zona habitable de nuevo han supuesto un refuerzo constante para su existencia.

A pesar de esto, desde entonces la propia sociedad de Kylburn se encuentra divida entre quienes tratan de dejar en el pasado lo que sucedió y quienes tratan de prevenir que esto suceda de nuevo.

Si bien es cierto que el Chernat Ianaster centra su radio de acción en la pequeña nación de Kylburn, sus miembros han viajado hasta todo lugar en el que se ha producido algún sucedo anómalo. Una labor que ha hecho a los integrantes de esta organización, conocida también como “Los topógrafos de lo etéreo” o “Los custodios del velo”, hayan representado un importante papel a la hora de ayudar al establecimiento de otros organismos de una índole similar.

El suyo, como parte de uno de los concilios de estudiosos más antiguos que se conocen, siendo superando únicamente en edad por el Gohai Kahero original en oriente, y por la Universidad de Amlash en occidente, ha sido uno de los grupos más activos a la hora de tratar de mantener con vida el concepto del Nalushat Avasanyali, pero lo ajustado de sus recursos siempre ha hecho que su capacidad para jugar un papel importante a este nivel se haya visto muy limitada.

La suya ha sido una historia llena de altibajos. Una trayectoria vital que ha hecho que sus logros se hayan visto ensombrecidos por los de organizaciones más grandes, y sus fracasos en ocasiones se hayan magnificado. A pesar de contar en su haber con numerosos momentos de gloria ganados con esfuerzo, constancia y coherencia, la historia no ha sido amable con esta organización.

En el pasado se ha achacado a sus estudios el ser la causa de la llegada de nuevos sucesos anómalos. Tanto los distintos gobiernos de Kylburn como los de otras naciones los han dotado de un gran número de recursos o les han expropiado sus posesiones forzando a sus integrantes al exilio. Han sido aliados del poder y quienes más alto han hablado contra él.

Porque su historial está muy lejos de ser perfecto. Dentro de sus filas también se han llegado a posicionar personajes cuyos intereses poco tenían que ver con el conocimiento y que lo han visto como una herramienta para acumular dinero y poder. Gentes que se han aprovechado de los descubrimientos de sus miembros para tratar de desarrollar armas, herramientas inestable y peligrosas o que han utilizado la información de la que disponen para ejercer presión en círculos que, a priori, nada tienen que ver con el propósito de la organización

Dentro de esta organización siempre ha existido una dualidad que ha marcado su propia trayectoria. Una cualidad que, en ocasiones, le ha hecho destacar por encima de otros más grandes o que le han hecho caer cuando parecía tener una mano ganadora. Una estructura interna ductil que ha sabido adaptarse a cada uno de los tiempos que le ha tocado vivir y que, por más que su tamaño siempre haya sido muy pequeño, le ha permitido poseer recursos que parecían por encima de sus posibilidades.

De lo que no cabe ninguna duda es de que ha sido la muestra viva de que no siempre los recursos garantizan el éxito ni la escasez es una condena al fracaso. Su irregularidad les ha convertido en una pieza impredecible ahí donde han estado. Afirmar que han sido la sorpresa cuando nadie esperaba nada de ellos y la decepción cuando tenían a su disposición sería una simplificación excesiva, pero esto no ha evitado que se convierta casi en un mantra en sus momentos más complicados, a la par que una losa ante la expectación que esto podía llegar a despertar.

Sea como fuere, ya sea con recursos muy limitados a su disposición o con el apoyo de distintos equipos de gobierno o inversores exteriores, su aportación al conjunto de las ciencias puras ha sido significativa. A su vez, la falta de ética o preparación de algunos de sus dirigentes les ha supuesto la pérdida de multitud de sus mentes más brillantes, audaces y comprometidas.

Han logrado diseñar métodos para contener la expansión de ciertos solapamientos más allá de su puno de entrada y descubrir cualidades únicas de ciertos elementos que han quedado atrás cuando estos han llegado a su fin, pero quienes han logrado tales hazañas casi siempre han pagado un alto precio ya que, en un gran número de ocasiones, su cercanía con las zonas afectadas por lo extraño han tenido como consecuencia la muerte de los equipos que han llevado a cabo estos estudios, o la propagación de ciertos elementos anómalos más allá de donde se encontraban estables.

Dado este juego de luces y sombras que ha sido su existencia, nadie es capaz de predecir o afirmar qué papel desempeñarán sus miembros en los años por venir.

- La jerarquía celestial

De entre todos los grandes cultos existentes en Daegon, quizás aquel que goza de una mitología más diversa y compleja es aquel que se encuentra presente mayoritariamente en la porción nororiental del continente.

Las diferentes interpretaciones de esta mitología se pueden encontrar principalmente en Dilirm, Dayashu, Shinzay, Sheparn y Dagorel, aunque algunos aspectos de las mismas también se pueden adivinar en otras naciones.

Este culto basa todas su teología en la devoción hacia los ancestros, realizando una lectura tremendamente creativa de la historia. A pesar de que afirma que el mundo y la vida sobre él tienen una edad aproximada de doce mil años, los hechos que se describen en aquellos poemas y leyendas que describen aquellos primeros tiempos realmente obtienen su inspiración en hechos acontecidos millones de años antes de aquello. Esta mitología compartida no contiene un auténtico núcleo común, sino que cada territorio que la ha adoptado a su propia evolución. El que ha sido su hogar ancestral es utilizado como el centro del mito y sus predecesores directos fueron quienes dieron forma y sentido a la realidad. Es pasado más remoto es un lugar colorido, un momento lleno de aventura, una utopía a alcanzar de nuevo. Y, a pesar de esto, también hay batallas y tragedia, traiciones y hechos despreciables. Lecciones morales a aprender.
El mito es una contradicción que aceptan sin problemas porque sólo es leyenda. Una romantización, algo que jamás existió realmente, pero desearían que fuese cierto.

Por más que dentro de sus mitologías puedan reconocer la existencia de territorios y personajes externos a sus respectivas culturas, sus ancestros acostumbran a ser el origen de todo. Cada uno de ellos es el heredero de una gran tradición.

Cada pueblo tiene a sus propios gobernantes ancestrales, los reyes o emperadores divinos, aquellos de quienes desciende cada hombre y mujer. Seres que trascendieron más allá de esta vida mortal y que ahora viven en algún lugar indeterminado desde el que contemplan su legado. Dependiendo del acercamiento filosófico de quienes han construido estos credos, este lugar es algo material o etéreo, metafórico o literal. Puede ser alcanzado en vida o únicamente tras lograr un estado diferente de existencia del que no existe vuelta atrás.

Si bien es cierto que en su intento por crear un relato coherente cada uno de estos interpretaciones de mito acostumbra a tomarse un gran número de licencias, no es menos cierto que una pequeña parte de este se encuentra basado sobre una verdad objetiva que no se encuentra presente en otros relatos teológicos. Porque su narrativa está sustentada en gran medida sobre la existencia y las historias de los progenitores de la humanidad.

Estas referencias no son algo accidental, sino que es uno de los elementos esenciales sobre los que fue construida la misma escuela de pensamiento de la que surgieron las demás.
De la misma manera que el mito en el que se basa el culto a los Señores de Ilwarath bebe de las experiencias de Ýlar de Jomsul, y que la iglesia Tayshari lo hace de las de Nostat de Yburq, la Jerarquía celestial debe su núcleo teórico a los escritos de Yavintra de Hebdalah.

Al contrario de lo que sucedió con los profetas de los otros cultos, la consciencia de Yavintra no fue trasladada hasta otros momentos en el tiempo u otros niveles de existencia, sino que su obra se basó en un testimonio directo; las narraciones de una de las últimas progenitoras de la humanidad que lograron prologar su existencia más allá de la primera llegada del Destructor.

Estas historias no fueron un intento por traer hasta el presente e inmortalizar hechos acontecidos en los tiempos de los que la humanidad ya ni siquiera conserva su memoria, sino la transcripción de una serie de historias reales. Hechos que, a pesar de que fueron interpretados como una obra de ficción por quien los inmortalizó, calaron mucho más profundamente que cualquier otra obra ficticia.

El impacto que causaron las pinturas y poemas de Yavintra en sus contemporáneos la convirtieron en el material del que surgen las leyendas. De manera inconsciente, la historia ficcionalizada se tornó en mito, y el mito en algo que trascendió y se impuso por encima de las historias que le había dado origen.

En gran medida, los personajes que se describen en las distintas versiones del mito de la Jerarquía celestial jamás existieron, pero algunas de las acciones que se narran en ellos, a pesar de haber sido adornadas y dramatizadas, sí que tuvieron lugar.

Los sucesores, discípulos y coetáneos de Yavintra adaptaron su obra de acuerdo a los preceptos culturales de aquellos lugres y momentos en los que era narrada. Diluyeron las partes verídicas en grandes dosis de subjetividad y épica impostada, de valores morales y lecciones ejemplarizantes. De todo lo necesario para llegar a alcanzar el actual marasmo de influencias cruzadas y reescrituras interesadas. No existe una teología de la Jerarquía celestial, sino tantas como regiones tienen las naciones que la han ido adoptando.

De todas estas, quizás quien más profundamente ha interiorizado este mito ha sido la nación de Shinzay. Un país que ha llegado a unos niveles tales que le han llevado a tratar de establecer una línea genealógica completa entre aquellos primeros pobladores del mundo y las distinta dinastías de sus gobernantes; El Dengeyi zhidú Tianshang.

Mientras que el resto de naciones no poseen una estructura eclesiástica que gestione u homologue la manera en la que se rinde culto a los ancestros, el Dengeyi zhidú Tianshang hunde las raíces del gobierno de la nación en el mito. La diversidad lingüística de Shinzay hace que este concepto pueda ser traducido o interpretado con una gran variedad de significados que embellecen o puntualizan alguno de los aspectos de esta jerarquía inmortal. De acuerdo a estas interpretaciones, también son conocidos como “La Hegemonía divina” o los “Héroes inmortales”. Algunas de ellas presentan a su emperador como a un descendiente directo de alguno de los jerarcas de los tiempos pretéritos, mientras que otras más revolucionarias lo presentan como a un usurpador.

De esta menera, si bien conceptos como el Dengeyi zhidú Tianshang han sido la manera en la que se ha legitimado el poder establecido, esta herramienta a través de la que se dota de una autoridad superior a quien se encuentra en el poder también ha logrado ser subvertida para que se produzcan otra serie de cambios sociales.

Gracias a esto, tanto Dilirm como Dayashu, Sheparn y Dagorel hace ya siglos que abandonaron un modelo de estado basado en una monarquía hereditaria. Por más que el mito de la Jerarquía continúa muy vivo en su acerbo cultural, este ya no dota de autoridad sobre este mundo a quienes no se encentran sobre él.
El mito ha pasado a ser la respuesta sencilla que ha adoptado el pueblo ante las preguntas complejas, a lo que sucede tras la muerte, a las causas de los desastres naturales o los eventos anómalos. No se adora a los jerarcas celestiales como a deidades todopoderosas, sino que cada aldea reverencia a quienes les precedieron, a padres, abuelos o hijos no natos, y les ruegan para que intercedan por ellos ante los emperadores del más allá o los héroes legendarios en los momentos de necesidad. Es una herramienta para ayudar a sobrellevar una pérdida traumática. El mito se alimenta de todas estas personas, y crea para ellos historias costumbristas o épicas en el otro mundo.

Surgida como consecuencia del exilio de todos los integrantes de la etnia shizune de la isla de Mashulanu, Shinzay, a su vez, también ha pasado por un gran número de estadios a lo largo de su historia. Cambios que han afectado tanto a su percepción del mito como a aquello a lo que ha hecho referencia. Los cambios sociales no sólo han tratado de reescribir el pasado la nación sino que también han alterado su relación con el pasado mitológico.

Dentro de su mitología Mashulanu ha jugado un gran número de papeles. El hecho de que el hogar del que sus ancestros fueron expulsados fuese un lugar cuyo acceso se encontraba vetado para ellos durante siglos, ha sido utilizado en multitud de ocasiones como una excusa de carácter casi religioso para mantener vivas las hostilidades. De la misma manera, los cambios que se han ido produciendo desde entonces en el gobierno de la nación isleña también han sido interpretados de acuerdo a las necesidades o intereses del momento.

Tanto esta isla como el prolongado aislamiento a la que la sometió su gobernante más longevo, ya antes del exilio de la etnia shizune, también había jugado diferentes papeles dentro de la mitología del resto de las naciones costeras en los que se encuentra presente el credo de la Jerarquía. Ha sido un premio o un castigo, la fuente de todo misterio o la respuesta a todas las preguntas, el origen de la vida o el final de la misma. La puerta a través de la que acceder a otros niveles de existencia o el camino que ha seguido la adversidad para llegar hasta ellos.

Así pues, la asimilación por parte de Shinzay de los preceptos de los Jerarcas fue mucho más tardía que la del resto de naciones que la rodean y comparten esta escuela de pensamiento, aunque esto no significa que fuese la última nación o el de los shizune el último de los pueblos, en hacerla propia. Debido a la propia naturaleza de este credo resulta muy sencillo el integrar en su seno a otras entidades, algo que ha hecho que algunos pueblos que tradicionalmente han rendido culto a otras teogonías hayan terminado por crear nuevas versiones del mito fundacional o fusionarlo con otros preexistentes.

De la misma manera, lo convulso y humano de su propia mitología ha hecho que no exista una sensación de hermanamiento real entre quienes profesan la misma creencia, sino que ha llevado al florecimiento de todo lo contrario. Dependiendo del momento, y al igual que ha sucedido en la relación entre las naciones del continente y Mashulanu, el crecimiento del mito se ha alimentado del revisionismo o la interpretación interesada de alguno de sus pasajes. Distintos equipos de gobierno han tratado de alejarse todo lo posible del legado que dejaban atrás, o de aferrarse a él como excusa para justificar sus propias ambiciones. Sucesos que se han repetido de manera cíclica e intermitente entre pueblos que tienen un largo historial de enfrentamientos.

Por otro lado, sus mitologías, al igual que todos los aspectos de sus culturas, se ha visto eminentemente afectadas por cada uno de estos ajustes culturales e, irónicamente, esta aparente amplitud de miras en ciertos aspectos no ha servido para ayudar a que su integración con en resto de culturas del continente, sino que en ocasiones también han sido utilizadas para ir marcando aún más sus diferencias.

Cada una de las tradiciones que lo han adoptado han hecho que su versión de la Jerarquía evolucione junto a sus culturas, siendo la versión que poseen del “otro mundo” una traslación casi directa de sus propias sociedades.

De esta manera, de la misma forma en la que, de acuerdo a la tradición de Shinzay, los emperadores y emperatrices que gobiernan y han gobernado Shinzay son considerados como descendientes directos de la dinastía de los emperadores celestiales, de acuerdo a la que existe en el resto de pueblos el “mundo más allá del mundo“ se encuentra gobernado por complejas estructuras de alianzas sociopolíticas en un constante estado de tensión.

De haber un rasgo que comparten todas ellas, este es el que determina cómo se ha llegado a estas situaciones. Cada una de sus teogonías y textos sagrados describe la razón detrás de los cambios. La historia divina se ve reconstruida para que coincida con la de Daegon, y los personajes históricos que han resultado relevantes en este mundo siempre acaban siendo determinantes en estos cambios.
La importancia que se da al linaje es también muy importante dentro del folclore, pero este no es el único criterio que se ha utilizado para ejemplificar la valía de quienes intervienen en el relato celestial.

En aquellos momentos en los que se han producido unos cambios sociales más drásticos, los linajes ancestrales han dejado paso a personajes carentes de todo bagaje familiar. Dentro de su historia se ha descartado el concepto del destino manifiesto y se ha valorado por encima de cualquier otro elemento su valor, determinación y esfuerzo. A su vez, cuando se ha tratado de recuperar el estatus quo, la situación ha tendido a decantarse en la dirección opuesta.

A lo largo de la historia de Shinzay, esta ha sido gobernada por un gran número de dinastías. Individuos que, tras lograr derrotar a quienes les precedieron en su posición, han ampliado el Dengeyi zhidú Tianshang para que los cambios en el mundo terrenal sean coherentes con los acontecidos en el reino divino.
Dentro de esta misma historia, esta nación también ha cambiado en dos ocasiones su modelo de estado sólo para que regresase nuevamente la figura del emperador tras prolongados periodos de tiempo de ausencia. Cada uno de estos cambios también se encuentran plasmados dentro de su mitología, al igual que lo ha sido toda gran revuelta que ha tenido lugar en sus territorios o el cuasi perpetuo enfrentamiento con Mashulanu, pero el estatus de cada uno de los personajes implicados ha sido alterado con cada uno de estos cambios.

Mientras que los héroes revolucionarios del resto de naciones que han interiorizado a la Jerarquía en su cultura acostumbran a ser figuras veneradas por encima de la de los antiguos emperadores, en Shinzay en una época han sido libertadores para, a continuación, verse convertidos en traidores sanguinarios cuando se ha restaurado el sistema anterior. De la misma manera que los emperadores de antaño del resto de naciones, de manera independiente a cómo ejerciesen el poder, acostumbran a ser descritos como seres de costumbres casi grotescas.

Existe un constante proceso de mitificación del pasado en casi todas las culturas en las que se encuentran presente el credo de la Jerarquía, pero esto no atiende únicamente a motivos religiosos ni implica que el pueblo crea a ciencia cierta todo lo que se encuentra plasmado en sus textos. Dentro de sus respectivos acerbos culturales gustan del relato épico y los héroes y heroínas más grandes que la vida misma. Para alcanzar este estatus no es necesario haber logrado una gran hazaña, sino que este es un logro que se obtiene gracias a la tradición oral. La ausencia de un gran registro en el que se plasmen todas las grandes historias han convertido al cuento, el relato, la poesía y la tradición transmitida de generación en generación en los principales transmisores de historias. Es la popularidad de la historia la que marca la diferencia y logra que esta pase a formar parte del mito. Los héroes legendarios más importantes no han surgido de la pluma de grandes escritores sino de la narración alrededor del fuego de las acciones de un ancestro. Para cuando estas llegan hasta los oídos de poetas, escribas o dramaturgos que las inmortalizas, las historia ya se ha hecho popular, y ha tenido tantos protagonistas como lugares por os que ha pasado.
Aún así, que un relato sea registrado dentro de los anales no implica la desaparición de todos aquellos que le sirvieron como fuente. De la misma manera, que un relato haya sido escrito no le otorga una validez o credibilidad superiores a las de aquellos en los que se inspiró ni lo convierte en algo inmutable. No existe un proceso de “validación” del mito al igual que nadie lo entiende como algo literal. Su legado es algo tan fluido como la narración oral, el de historia inmortal es un estatus que sólo se alcanza gracias a permanecer largo tiempo dentro de la tradición. No hay mayor validación que la del cuento que se narra al recién nacido. No hay prueba, por más documentada, detallada o compleja que esta sea, capaz de “demostrar” su autenticidad.

Todos aquellos que han pasado a la historia reverenciados como grandes héroes también han sido ligados de alguna manera al mundo divino. El Shiongäo chaojí, el gran manuscrito que narra las andanzas de la corte celestial de acuerdo al mito de Shinzay está repleto de batallas e intrigas entre los dioses, de conflictos en los que también median e intervienen los emperadores y héroes humanos. Todo hecho acontecido con cinco generaciones de distancia es susceptible de ser mitificado, y las historias que han tenido lugar en Daegon, ya sea dentro o fuera de Shinzay, son plasmadas como parte de estas narraciones.
Los panteones pertenecientes a otros pueblos se encuentran integrados dentro del Dengeyi zhidú Tianshang, aunque sus teogonías se encuentran completamente descontextualizadas.

De la misma manera, por otro lado tendríamos obras como el Hirenprata yilase nabraki, el mayor poema épico que se conserva en Dayashu, el Prévam gesatu, su homólogo en Dilirm, el Yugni dosh amat de Sheparn o el Rig budah de Dagorel tampoco ha dejado jamás de crecer de formas similares.

A pesar de que este credo se encuentra presente en la vida diaria de los ciudadanos de todos estos pueblos, las manera que tienen sus habitantes de verlo tiene muy poco que ver entre sí. A pesar dee formar parte de sus respectivos lenguajes y coloquialismos, la devoción no tiene nada que ver con este hecho. Por más que esta sea expandida de forma constante, existe una clara diferenciación entre mitología y realidad. Entre la ficción y el hecho. Ni los distintos cantares de gesta ni el Shiongäo chaojí pretenden hacerse pasar por textos históricos.

Al contrario que otras culturas en las que la mitología se encuentra tan integrada con el costumbrismo, ni el pueblo llano ni la nobleza hacen uso de esto fuera del territorio de la ficción. El poder del emperador o la emperatriz no se pone en duda, pero tampoco se considera su largo linaje como un hecho objetivo. Sólo es algo que forma parte del folclore y de las expresiones comunes, de la misma manera que nadie considera las historias narradas en las biografías de los héroes legendarios como hechos objetivos.

Por más que en Shinzay la corte imperial sea un híbrido entre un lugar de culto y la sede de toda la burocracia de la nación, la labor que realizan sus funcionarios poco tiene que ver con la de un sacerdote. El respecto y la devoción con la que tratan al emperador forma parte del protocolo de quienes habitan en la corte.

Dentro del proceso de mitificación que tiene lugar en todos los estratos de estas sociedades, tanto los integrantes de su vida política como su nobleza o sus generales de renombre acostumbran a falsificar y adornar sus árboles familiares. Los alteran para que encajen en alguno de los versículos de los grandes cantares, haciendo ver que sus ancestros participaron en alguno de los grandes sucesos, o interactuaron con sus protagonistas.

Nuevamente, estos hechos no dejan de ser algo que, de la misma manera en la que nadie los interpreta como ciertos, tampoco se critican o se contrastan salvo en el caso de que alguno de ellos caiga en desgracia. Su mera existencia no significa que vayan a pasar a formar parte de alguna de las distintas versiones que se pueden encontrar recopiladas de estos cantares, pero sí que ha sido utilizado por algunos de ellos para crear nuevas versiones que se han terminado popularizando en regiones concretas.

- El Diguó ilong xuenyuá

Si bien es cierto que el proceso de mitificación al que se ve sometido el pasado de aquellos pueblos en los que se encuentran presentes los distintos aspectos de la Jerarquía celestial no ha impedido el surgimiento o supervivencia de distintos estamentos científicos, no todos ellos disfrutan del mismo grado de libertad. Por más que el Chernat Ianaster o el Gohai Kaeru gocen de una autonomía considerable, otros cuerpos científicos, como el caso del Dengeyi zhidú Tianshang de Shinzay, se encuentran supeditados por completo a los designios de la corte imperial. Aun así, esto no ha evitado que de su mano se hayan surgido importantes aportaciones para la comunidad global.

Porque, por más tradicionalista que pueda ser la sociedad de Shinzay, el saber es un bien muy valorado dentro de su cultura y tradición. Un bien que ha tratado de ser controlado desde las instancias del poder.
Dentro de las páginas del Dengeyi zhidú Tianshang no sólo se narran las hazañas de los héroes caídos en batalla sino que también hay hueco para quienes aportaron el conocimiento necesario para levantar la nación. Quizás estos individuos tengan una posición inferior dentro de la escala jerárquica, pero su camino siempre ha ido ligado al de los emperadores. El conocimiento es otra forma de poder, y toda muestra de este se encuentra contenida dentro de la corte imperial.

El Diguó ilong xuenyuá o “Colegio imperial de ingenieros” de Shinsay es uno de los organismos más respetados de la nación. Tanto sus miembros como las obras que han realizado a lo largo de su historia han llegado a ser equiparados con las grandes gestas heroicas pero, al contrario de lo que sucede cuando se les equipara a otros estamentos, esta es una comparación que no acostumbra a agradar a todos sus integrantes. En su seno ha habido diversos intentos por desligar al colegio de ingenieros de todo vínculo con la mitología así como de desterrar la idea de que el conocimiento o cualquier otra capacidad es algo ligado a líneas sanguíneas.

Si bien es cierto que quienes componen esta organización tienen un rango equiparable al de cualquiera de los funcionarios de la corte, tanto sus responsables como sus miembros de rango más bajo cuentan con un estatus similar al de quienes pertenecen a los estamentos militares. Por más que los recursos dedicados a ambos estamentos se encuentren gestionados por los administradores de la corte, la autonomía de la que disfrutan dentro de sus respectivos campos de acción ses encuentran totalmente diferenciado al de aquellos que se dedican a desarrollar funciones administrativas.

Esto ha provocado que, en un gran número de ocasiones, la relación entre los funcionarios dedicados a labores de gestión y quienes se dedican a la investigación no acostumbren a ser sencilla. Dentro del colegio de ingenieros existen perfiles específicos dedicados a la interlocución con el resto de integrantes de la corte, pero la búsqueda de resultados inmediatos y ajustados al presupuesto ha sido uno de los obstáculos que han lastrado esta relación. Ni dentro de las grandes obras arquitectónicas, ni en los estudios más teóricos, la capacidad que han demostrado para predecir su éxito de sus labores de acuerdo a unos parámetros y condicionantes que en gran medida les vienen dictados desde el exterior han servido para mejorar esta relación.

El foco de sus investigaciones viene marcado de manera exclusiva por criterios externos a ellos y, en más de una ocasión, han sido algunos de los funcionarios que más alto han hablado en contra de las decisiones de los distintos emperadores.
Durante los tiempos en los que en Shinzay se prohibió el estudio de la ciencia arcana y se cortaron relaciones con Kylburn y Dayashu este fue el estamento más combativo de cuantos formaban parte de la corte, algo que llevó al despido, el exilio e incluso a la ejecución de quienes se determinó que eran los cabecillas de los disidentes.

Después de aquello, y a pesar de que no se han vuelto a producir incidentes de la misma magnitud, este tipo de estudio nunca ha vuelto a ser visto con buenos ojos por parte de quienes se encuentran en el poder. Aun así, por más que se haya llegado a argumentar que la profundización en esta clase de materias fomenta el cuestionamiento del estatus quo y el deterioro de la imagen de los emperadores, hace ya mucho que dejó de ser una materia vetada. Si bien es cierto que no se dotan partidas presupuestarias a este efecto, los investigadores pueden dedicarle sus propios recursos y tiempo libre si así lo desean.

Lo que sí que es cierto es que los integrantes del Dinguó Ilong xuenyuá acostumbran a ser algunos de los funcionarios que más contacto tienen con las naciones del exterior. Existen becas imperiales que les han permitido conocer lo que se extiende más allá de las fronteras de su nación. Otras culturas y maneras de entender el mundo que, en cierta medida, han ayudado a fomentar su actitud crítica con lo que encuentran a su regreso.

Las grandes urbes de Shinzay poseen algunos de las construcciones modernas más sofisticadas que se pueden encontrar en todo Daegon y, a su vez, también han logrado preservar o recuperar algunas de las grandes obras arquitectónicas del pasado lejano. Tanto la investigación como la recuperación de algunas de algunas de estas infraestructuras de quienes les precedieron han supuesto notorios avances en las técnicas de construcción.

Desde el momento de su establecimiento, hace más de medio milenio, sus componentes han recorrido toda la costa oriental del continente aprendiendo de los distintos legados arquitectónicos tanto de su propio hogar como del que se extiende más allá de sus fronteras.
El Diguó ilong xuenyuá ha demostrado ser uno de los embajadores de Shinzay más apreciados de cuantos se han encontrado presentes en otras naciones a la par que es uno de los estamentos más admirados por sus propios conciudadanos.

Sus creaciones han ayudado a llevar unas condiciones de vida más aceptables a aquellos lugares en los que han sido implantadas y esto ha hecho que los aspirantes a entrar a formar parte de sus filas nunca falten.

- El Ichigo Aralashi

De la misma manera que el suceso de Dyamin supuso el nacimiento del Chernat Ianaster y ha sido uno de los elementos determinantes para su supervivencia, la relación de Hanrath con lo extraño es en gran medida la razón detrás de la existencia del Ichigo Aralashi.

Lo anómalo es algo consustancial a su cultura, y un elemento con el que conviven a diario quienes habitan en la frontera con las Llanuras Zulera. Los integrantes de esta organización son mucho más que los meros descendientes de quienes decidieron abandonar las Llanuras hace siglos sino que, en cierta medida, se han convertido en sus custodios y defensores. Son quienes tratan de entender lo que se encuentra más allá de la tenue línea que separa lo convencional de lo excepcional y una fuente de información invaluable para quienes aspiran a alcanzar este tipo de conocimiento.

Si bien es cierto que esta organización no nació junto a la nación que lo acoge, desde el momento de su fundación el Ichigo Aralashi forma parte indisoluble del gobierno de Hanrath. Su estudio de la manera en la que se expanden y contraen las fronteras del territorio anómalo con el que conviven es algo único, una herramienta que no puede ser encontrada en otro lugar y que ha sido utilizada por otras organizaciones para tratar de adelantarse a la llegada de algún otro tipo de evento anómalo.
Por más que la casi totalidad de las grandes naciones civilizada de oriente compartan frontera con las Llanuras, sólo Hanrath ha aceptado este reto como algo propio. Quizás sus ancestros decidiesen abandonar aquel territorio, pero este continúa formando parte de su vida.

Los territorios que les fueron entregados para su establecimiento fueron aquellos que habían sido descartados como habitables. Aquellos en los que la tenue línea que separa los territorios estables y los anómalos eran más complejos de delimitar. Una pequeña franja que el azar y la buena fortuna les ha permitido ir ampliando pero que, de la misma manera, podría volver a verse reducida sin que puedan hacer nada por evitarlo.

Se podría decir que Hanrath en sí mismo es una zona de excepción. Un territorio que se encuentra cerca de lo interregno y en el que, a pesar de su apariencia de normalidad, su concepción de lo convencional difiere levemente de la que poseen las culturas que los rodean. Una gran parte de su población se encuentra agolpada en la costa y en sus fronteras con Ashgurn y Muliria.

El Ichigo Aralashi se creó como una herramienta para tratar de mitigar esta situación y expandir los territorios habitables de Hanrath de forma segura, pero la obtención de tales objetivos a través del conocimiento puro no fue su primera opción.
En origen se utilizó a criminales como avanzadilla en los territorios inestables, vidas cuya pérdida se consideraba aceptable en pos del avance, pero aquellos métodos se mostraron inefectivos en el lago recorrido. Con el tiempo, la traducción original de este concepto como “Escuadrón de castigo” fue cambiando su significado. Esta primera acepción se mantuvo mientras su erario se encontraba ligado a organismos dependientes del ejército y prisiones pero, con cada traspaso de sus funciones, esta se vio sometido a un gran número de giros radicales.

Sus funciones fueron transferidas en un gran número de ocasiones ya que, desde siempre, la suya fue una misión considerada como condenada a fracasar. Un concepto que no dejaba de ser como un brindis al sol, una muestra de populismo recuperada por los rivales de quien se encontraba en el poder para hacer promesas que no se podían cumplir. Una de tantas promesas olvidadas una vez que se alcanza el poder.

Los políticos ambiciosos lo han visto desde su inicio como una manera perfecta para arruinar sus carreras. Como un regalo envenenado o un castigo nada encubierto ante sus fracasos. El testigo fue pasando de manos hasta que, cinco siglos atrás, pasó a depender de aquellos dedicados a la investigación y la innovación donde ha residido desde entonces.

Con el paso del tiempo si misión se ha visto menos centrada en la “conquista” de territorios a lo anómalo y más en la comprensión de todo lo que esto implica. A día de hoy, aquellas mismas palabras sirvieron para bautizar a los expedicionarios y chivos expiatorios, se usan para referirse a los “Desentrañadores de lo imposible”, pero su labor no se ha vuelto ni más agradable ni menos peligrosa.

Los territorios que conforman la zona inestable de su frontera con las Llanuras siguen ocultando un gran número de amenazas que no han podido ser medidas o pautadas. Entre esta nación y aquella de la que provienen sus ancestros sigue existiendo una barrera que aún no se ha podido acotar y cuyo tamaño se encuentra en un constante estado de expansión y compresión. Una serie de territorios cuya extensión no ha sido posible acotar con precisión y en los que la incertidumbre es la norma.

Pero, si bien es cierto que Ichigo Aralashi centra la mayor parte de sus escasos recursos a esta labor, este no es el único campo de estudio que abarca su currículo. A través de este estudio se han ido desarrollando otras áreas cuya utilidad ha servido para solventar problemas cotidianos. Se han desentrañado misterios cuya auténtica naturaleza no era perceptible en otros lugares. Lo imposible ha podido ser utilizado para responder preguntas que nadie más se había planteado.

A partir de sus datos e investigaciones, por más que todo lo específico de las Llanuras haga que la extrapolación de la información obtenida a partir de su estudio hasta algún otro contexto rara vez llegue a buen puerto, este ha sido un campo en el que sí que se han logrado algunos éxitos.

Al contrario de lo que sucede con organismos como el Chernat Ianaster o el Gohai Kaeru, la utilizad o necesidad del Ichigo Aralashi, por más escuetos que hayan sido los recursos dedicados para ello, rara vez ha sido puesta en duda por los estamentos del poder. Se pueden haber cuestionado sus conclusiones o su acercamiento hacia el problema. En momentos de necesidad los recursos dedicados a sus investigaciones pueden haber sido los mínimos necesarios para mantenerlo en funcionamiento, pero el riesgo que suponen las Llanuras para las zonas habitadas con las que colindan con ellas es una amenaza que jamás se ha tomando a la ligera.

Pero, de manera independiente a esto, la pertenencia a esta organización no es algo que despierte un especial interés para los habitantes de Hanrath sino todo lo contrario. Si bien es cierto que quienes forman parte de sus puestos administrativos se encuentran más alejados de las zonas de riesgo, los peligros implícitos a relacionarse con lo anómalo se ven amplificados por su mera pertenencia.
Porque no sólo se ven expuestos a peligros los exploradores que se adentran en las Llanuras o quienes investigan los materiales que se extraen de ellas, sino que quienes habitan en la cercanía de los lugares en los que estos son almacenados y estudiados también se ven expuestos a sus posibles efectos.
Aquellas sedes en la que se realizan este tipo de investigaciones se encuentran alejadas de las zonas habitadas, con lo que quienes trabajan allí se ven forzados a vivir en un casi constante estado de aislamiento.

Ni el prestigio internacional que pueden llegar a aportar los resultados de los experimentos que tienen lugar allí hacen atractivo el formar parte de esta organización. El hecho de que un gran número de ellos se capaz de soportar estas condiciones durante mucho tiempo, convirtiendo a sus miembros más longevos en gente devota hacia su labor.

- El Horshutu

No todas las grandes organizaciones cuyo fin es la obtención del conocimiento dedican sus esfuerzos a lo intangible o las ciencias puras. Algunas, como es el caso del Horshutu; el Colegio de cartógrafos de Shirune, tienen su área de interés mucho más acotadas, pero no por ello su labor es menor relevante o su estatus a escala global es menor.

El Horshutu ha sido una pieza fundamental a la hora de restablecer las comunicaciones entre oriente y occidente pero, más allá de esto, también ha sido capaz de trazar rutas hasta lugares olvidados y recónditos en el interior del continente o los mares que lo rodean.

Esta es una organización eminentemente pragmática. Una idea fundada originalmente por los gremios de comerciantes de esta nación que, con el paso del tiempo ha sobrepasado con creces su propósito inicial y que, como sucediese con La Orden en occidente, terminó por obtener la cantidad de recursos necesaria como para desligarse de quienes la controlaban.

Ha sido esta cualidad eminentemente práctica de su labor la que le ha llevado a alcanzar el poder que posee en la actualidad y le ha permitido continuar creciendo en poder e influencia, pero también ha sido la causa de sus principales problemas. La ambición de sus equipos de dirección les ha llevado a tomar decisiones imprudentes. Decisiones que han ocasionado la muerte o la pérdida de algunos de sus activos más valiosos en momentos concretos de su historia y que les han llevado a perder importantes apoyos en el exterior. Aun así, la acumulación rápida de poder y relevancia continúa siendo una de las características más comunes en quienes pugnan por convertirse en sus líderes.

A pesar de esto, todo lo que han obtenido las naciones de Daegon gracias a su aportación interesada no es para nada despreciable. Existen otras organizaciones poseedoras de una ambición y características similares, pero ninguna ha logrado eclipsarles y, cuando esta amenaza ha estado cerca de convertirse en un hecho, generalmente han sido absorbidas por el Horshutu. Gracias a esto, a pesar de lo que podría dar a entender su nombre, esta organización dispone de sedes en distintas naciones a ambos extremos del Pramayán. Una estructura muy compleja de gestionar que le ha llevado también a desarrollar encarnizadas luchas internas por quienes aspiran a gobernarla.

Si bien es cierto que su camino no siempre ha sido ascendente, con el establecimiento de la ruta marítima entre los nortes de oriente y occidente su popularidad no ha dejado de crecer. Aún queda mucho de Daegon por cartografiar, y los exploradores de todo el mundo acuden a ellos con propuestas de todo tipo de manera constante. Algunos lo hacen requiriendo de los servicios de sus cartógrafos, geógrafos, geólogos y botánicos, mientras que otros lo hacen con propuestas que buscan la financiación del Horshutu.

Su campo de acción no se limita únicamente a del mero plasmado de los mapas, sino que también cuentan entre sus filas con gente dedicada a las ciencias puras, un rango ecléctico de materias que abarca también el estudio de la ciencia arcana. La cartografía de los territorios anómalos continúa siendo el gran reto a superar, y entender la naturaleza en su interior es algo que requiere de una gran cantidad de recursos.

A su vez, también hacen la función de mecenas para otras organizaciones e individuos que se encuentran realizando estudios que pueden serles de utilidad. Estudios sobre cuyo uso sus dirigentes acostumbran a tratar de obtener sus beneficios directos de forma exclusiva durante la mayor cantidad de tiempo posible.

El Horshutu ha sido desde siempre el hogar y el objetivo de gente ambiciosa. Los escrúpulos y la ética es algo que no abunda en sus rangos más altos y, la obtención de un resultado cortoplacista, en un gran número de ocasiones ha llegado a repercutir negativamente sobre ellos.
La pérdida de expediciones escasamente preparadas ya sea en su mala planificación o en cuanto a la experiencia de los equipos enviados han producido auténticas tragedias para todos sus integrantes. Su negativa a la hora de reconocer su parte de culpa o responsabilidad a la hora de indemnizar a los familiares de los expedicionarios les han hecho llegar a ser una organización impopular a lo largo de prolongados periodos de su historia en los lugares afectados, pero estos son errores de los que han aprendido.

Una parte nada despreciable de sus presupuestos se dedican a mantener una imagen pública sin tacha, pero los escándalos de distinta índole les persiguen de manera constante tanto cuando el peso de la culpa recae sobre ellos como cuando los desastres son consecuencia del azar y el infortunio.

En aquellas naciones en las que sus sistemas legales más estrictos aún se pueden encontrar las sentencias que les encontraron culpables de ciertas tragedias, y que han condicionado su capacidad para llevar a cabo su labor dentro de los territorios sobre los que tienen jurisprudencia.

- La Iglesia de Vashirevna

La percepción que se tiene de la fe en oriente difiere en gran medida de aquella que podemos encontrar de forma mayoritaria en el Daegon occidental. Por lo general su presencia se encuentra enraizada dentro de la historia de cada pueblo pero sus representantes carecen de un papel determinante en las acciones del día a día de los ciudadanos. Incluso en casos como los de Dairus o de la actual emperatriz de Shinzay sus papeles dentro de la vida pública tienen menos que ver con su posición como cabeza de sus respectivos cultos que con sus cargos políticos.

De haber una región en la que la religión cumpla un papel similar al que se pueden encontrar en Menetia o Goord, este sería el de la Iglesia de Vashirevna. Un culto que cuya relación con occidente tiene mucho más que ver que el del mero formalismo.

Quedan pocos restos del paso del Gran Imperio Menetiano por oriente. Aun así, a pesar de que el tiempo que transcurrió entre que fue capaz de atravesar el Pramayán y el momento de su debacle no fue demasiado prolongado, una pequeña parte de su legado sí que logró impregnar a quien se encontró en su camino. Por más que quienes detentan en la actualidad este legado sean en gran medida desconocedores de su origen, esto no hace que la fuente a partir de la que surgió cambie.

Apenas una década fue tiempo más que suficiente para que la marca que dejó el Gran Imperio quedase grabada de manera especialmente significativa en la ciudad ocupada de Uzlar tin syé. Este territorio situado entre Ashgurn y Muliria había pasado de manos entre ambas naciones en tantas ocasiones que sus habitantes no se sentían parte de ninguno de estos dos pueblos, y fue la llegada de aquella tercera fuerza el elemento necesario para que comenzase a fraguarse en su interior el germen de lo que sería una identidad propia.

Si bien este no fue el único territorio ocupado por los menetianos, sí que fue aquel que quedó marcado de una forma más profunda por su llegada. La ruptura con todo lo que les había sido impuesto hasta entonces permitió a sus ciudadanos comprender que existía algo más allá de lo que siempre se les había mostrado como única alternativa. Aquella semilla tardaría aún mucho en germinar, pero fue la base sobre la que sus fundadores construyeron la primera Vashirevna.

El concepto de que podía existir un poder ultraterreno interactuando con ellos, guiando el destino de los pueblos, fue utilizado por los artífices del culto a Shirevna para construir un mensaje revolucionario en el centro del cual colocaron a aquel concepto. El pueblo de Uzlar tin syé era algo distinto a lo que le rodeaba; eran los receptores de un mensaje llegado desde más allá del mundo conocido, un mensaje entregado a ellos por los portadores de una verdad innegable; la humanidad se encuentra atada por los designios de los dioses. Nadie que no sea portavoz de estos designios está capacitado para guiar el camino de los pueblos.

Aquel mensaje fue suficiente para causar una pequeña revolución. Las carencias en el terreno metafísico de los pueblos de aquellos territorios, sumado al constante estado de conflicto tanto entre quienes aspiraban al trono como con las naciones vecinas, les llevó aceptar aquellos preceptos con facilidad; aquella no podía ser la única forma de vida posible. Tenía que haber otro camino.

Pero si esta revolución llegó a conseguir algo no fue gracias a sus instigadores, sino que su mayor aliado fue la fatalidad bajo la forma de una pandemia. La plaga conocida como la “Muerte silenciosa” que asoló la costa sudoriental del continente hace más de ocho siglos fue breve, pero sus efectos encumbraron hasta el primer plano de la vida pública a quienes afirmaban poseer la cura.

Por más que aquella no fuese una solución que no se encontraba en sus manos, y que fue de la mano de los científicos de donde provinieron los métodos para lograr controlar y aislar la causa de la misma, la falsa ilusión de esperanza que propagó el patriarca de la iglesia de Vashirevna lo elevó hasta unas cotas de popularidad que nadie más había alcanzado. Unas cotas que le dieron el control absoluto sobre Uzlar tin syé y le permitieron establecer acuerdos muy beneficiosos con Ashgurn y Muliria.

Ha pasado ya mucho tiempo desde aquello, pero los acuerdos continúan en vigor. Uzlar tin syé cambió su nombre menos de una década después de aquello y ha logrado mantenerse como una entidad independiente desde entonces, pero el poder de los jerarcas de la iglesia ha sufrido diversos cambios desde aquellos días.

La iglesia tiene sedes en distintas provincias de Ashgurn y Muliria, aunque en estas naciones no goza de la misma cercanía con el poder del que disfruta en su sede central. Aun así, cuenta con devotos en ambas naciones y su visión del la realidad que se tiene en estos territorios se encuentra muy influenciada por sus enseñanzas. Una visión que, por más que no sea interpretada de forma literal por la gran mayoría de quienes se encuentran bajo su zona de influencia, les ha permitido mantenerse fuera de la zona de acción de sus gobernantes.
Vashirevna es territorio “sagrado” y se encuentra más allá del poder político de estas naciones. Ambicionar su posesión supondría una grave afrenta hacia la tradición. Una traición contra los acuerdos que se establecieron antaño y una muestra desafío a lo divino por parte de quien lo intenta.

A pesar de todo lo que debe al Gran Imperio y a la iglesia Tayshari, el de la Iglesia de Vashirevna es un credo que ha evolucionado para ser al mismo tiempo la antítesis del credo en el que se inspiró y un reflejo distorsionado de lo que este fue en aquellos días.

De la misma manera en la que lo hicieron sus culturas, la evolución teológica tanto de Ashgurn como de Muliria se vio tremendamente influenciada por su breve contacto con occidente, siendo considerados por muchos como las naciones más occidentaluzadas de oriente. Un hecho este que no sólo es afirmación tremendamente simplista, sino que también es utilizado como un insulto entre ambas.

Al igual que sucede con con los cultos mayoritarios de las naciones civilizadas de occidente, el suyo es un credo excluyente. Uno que no acepta la existencia de otros mitos de creación o de otras deidades.
Quizás debido a lo limitado de su zona de propagación sus patriarcas nunca se han atrevido a declarar una cruzada para convertir a los equivocados, pero ninguno de ellos ha tenido palabras de reconocimiento para la Jerarquía celestial, el culto a Aracthur o a alguno de los demás aspectos de Ytahc.

También en gran medida debido a esto, tanto Vashirevna como Ashgurn y Muliria fueron las primeras naciones en abandonar formalmente el Pacto de Aractthur, aunque esto no les ha impedido con posterioridad invocarlo cuando su enemistad ha escalado o alguno de los aspirantes a sus gobierno ha tratado de buscar apoyos en el exterior a su ambición.

Porque el compartir este credo no ha evitado que la relación entre estas dos naciones haya abandonado un estado casi constante de tensión, sino que esta ha sido una herramienta más en el arsenal de sus dirigentes para mantener vivo sus conflictos.

- El Ixanyali

Dentro de todos los organismos científicos que se pueden encontrar en Daegon hay uno que, a pesar de encontrarse dentro de los más jóvenes, su naturaleza lo ha convertido en algo a todas luces distinto a la de los demás.

La situación del ministerio de conocimiento de Beretear y Stergión es ciertamente atípica dentro de cualquiera de los escenarios que hemos tratado hasta el momento. Sus miembros tienen acceso a una serie de elementos, lugares y condiciones que son casi imposibles de encontrar en cualquier otro lugar.

Este es un organismo que, no sólo ha estado dirigido desde su nacimiento por dos inmortales y se encuentra profundamente ligado a dos naciones que gobiernan, sino que también ha llegado a extender su influencia más allá de las barreras del mundo material. Una organización que se encuentra a medio camino entre la herramienta institucional más pragmática y el estudio de las abstracciones más difusas.

El Ixanyali es un punto de unión en el que confluyen varios niveles de cuantos componen el gran esquema. Bajo la superficie de lo que se muestra como una asociación de algunas de las mentes más brillantes de Daegon podemos encontrar a individuos tratando de encontrar soluciones a problemas cotidianos, de dar sentido a elementos que afectan a distintos niveles de existencia y aspirando a prolongar la misma existencia de todas las realidades.

En el primero de estos aspectos, aquel que se encuentra ubicado dentro del mundo convencional, se le conoce como el Ministerio del conocimiento de Stergión y Beretear. Como tales, son los encargados de gestionar los distintos equipos de trabajo que se encuentran bajo su control así como de dotar de fondos y recursos a personas y organizaciones externas con quienes han firmado acuerdos de colaboración.

Las líneas que separan sus otros dos aspectos son más difusas y tienden a encontrarse en contacto de una manera u otra. Porque su ámbito de acción excede con mucho los territorios que abarcan estas dos naciones o al mismo Daegon y, una vez que estas fronteras se ven sobrepasadas, es muy complejo el determinar cuál es el fin último para el que sirven sus investigaciones.

Esta es una organización cuya estructura se encuentra dividido en infinidad de capas y subcapas aisladas entre sí. Departamentos y secciones que, por más que pueden llegar a trabajas de manera conjunta, acostumbran a verse muy distanciadas en cuanto al enfoque de lo que buscan.

Sus recursos no son utilizados en exclusiva por las naciones que lo sustentan, sino que han sido utilizados tanto por otras naciones como por agrupaciones tan dispares como el Kilgar Doreth, de quien se podría decir que es una extensión, como por los tripulantes de Sigma 3.0 o los Siete reyes dragón. Sus agentes no sólo se encuentran en este nivel de realidad, sino que algunos de ellos son conceptos no humanos que habitan otras capas de la existencia.

Dentro de su estructura jerárquica, quienes guían su camino son los componentes del Órdalus, el consejo de la ciudad de Stergión, pero una gran parte de estos individuos sólo son meros administradores de algunos de sus recursos. Gente que, en su gran mayoría, son mandos intermedios ajenos a las complejidades y el alcance de cuanto es estudiado por quienes responden ante ellos.

Mientras que ellos gestionan la parte más mundana, permanecen ignorantes de un gran número de asuntos cuya escala puede ser compleja de asumir incluso para los conceptos atemporales. Se les oculta la parte más compleja de la labor que se realiza entre bambalinas y de cuyos resultados puede depender la misma humanidad en su conjunto.

Quienes realmente han dirigido desde siempre la parte más cercana a lo extraño de la organización han sido tres de los antiguos jerarcas del Kilgar Doreth, tres de los líderes del concilio de los inmortales. Tres individuos de los cuales en la actualidad sólo uno permanece realizando esta labor.

Porque el Ixanyali fue el fruto del trabajo de Lag’Tsat, Dairus y Ulmar. De un renegado entre los Mayane Undalath, un inmortal y el último de los padres de la humanidad que quedaba con vida. Ahora, tras la desaparición de Dairus y la muerte de Ulmar, esta parte de su labor ha sufrido un duro golpe.

Su nacimiento apenas se remonta a hace dos siglos, pero la labor que llevaban a cabo estos tres individuos se remonta mucho más atrás en el tiempo. Por más que la percepción que se tiene de él dentro de los círculos científicos sólo llegue hasta sus estratos más mundanos, desde el mismo momento en el que se oficializó su creación en el mundo científico no dejado de ser un rumor a gritos el hecho de que existe algo más detrás de su fundación. Un rumor que ha sido utilizado en diversas ocasiones para atacar a la organización y a sus promotores.

Existen un gran número de leyendas negras alrededor del Ixanyali. Mitos, habladurías, teorías conspiratorias y verdades parciales o ocultas. Especulaciones que van desde lo más mundano y terrenal hasta las asunciones más catastrofistas. Conjuras que se han creado alrededor de su excesivo secretismo en ciertos temas o por el resultado de algunos de sus estudios. Algunas de ellas se encuentran basadas en hechos reales, pero aquellas que se encuentran basadas en la realidad rara vez son a las que acaparan la mayor atención.

Aun así, es raro que los rumores hayan llegado a acercarse al motivo real detrás de esta creación. Los intenciones que se han atribuido a quienes han dedicado sus existencias inmortales a tratar de retrasar la llegada del fin de los tiempos son tan complejas de adivinar como lo es de aceptar la posibilidad de tal hecho pueda llegar a producirse. Siempre se les ha atribuido motivos más mundanos. Razones egoístas que tienen más que ver con la ambición que con la generosidad.
Los poderosos siempre han temido a los inmortales no tanto por lo extraño de su naturaleza como por la amenaza que pueden representar ante sus ambiciones.

A pesar de la suspicacia y el secretismo, el Ixanyali ha demostrado ser una fuente inagotable de nuevas preguntas antes jamás cuestionadas, a la par que otros estamentos del mundo científico han encontrado en ella una herramienta invaluable desde entonces.
Es conocido que han logrado establecer métodos para llegar de forma segura hasta otros niveles de realidad, y que de estas expediciones se han logrado extraer elementos que no existen en este mundo para su estudio, pero tanto este es un conocimiento como los métodos a través de los que han logrado alcanzar estas proezas no han compartido con otras organizaciones.
Sí que han permitido que investigadores del exterior participen en este tipo de expediciones, pero el secretismo con el que guardan este saber ha generado una cierta leyenda negra a su alrededor. En no pocas ocasiones se les ha acusado de ser los causantes de algún suceso anómalo con sus estudios.
Este secretismo no tiene tanto que ver con el deseo de mantener el control absoluto de este proceso como con los requerimientos necesarios para su práctica.

Porque Stergión no es una isla errante anómala, sino que su comportamiento está sustentado sobre la ciencia del pasado. Un conocimiento que ha servido para aumentar la comprensión de la realidad de quienes la han investigado. En su interior se pueden encontrar restos de tecnología en distintos estadios. Algunos de ellos pueden funcionar dentro de los axiomas que gobiernan la realidad actual, pero una gran parte de ellos están inertes. Las condiciones necesarias para su funcionamiento simplemente no existen en Daegon. A su vez, una pequeña parte de esta ciencia, como pueda ser la que controla la apertura de puertas a otros niveles de existencia, puede funcionar cuando la ciudad se encuentra ubicada en ciertos contextos anómalos.

Es indudable que el Ixanyali y sus líderes tienen secretos, pero el número de estos no tan elevado como los que le atribuyen las habladurías.

Las porciones de información acerca de lo anómalo que llegan hasta sus investigadores acostumbran a encontrarse fragmentados. A dividirse en pequeñas píldoras totalmente extraídas de un contexto mucho mayor diseñado para evitar, generalmente sin éxito, el surgimiento de rumores infundados o teorías conspiranóicas. Mientras no se conocen los riesgos que implica su manufactura se oculta su origen para evitar la tentación de explotarlos de forma descontrolada.

El estudio de este tipo de campos, pese a encontrarse muy controlada, no deja de ser peligrosa, y esta es una verdad que no se oculta a quienes las investigan. Cada uno de los fragmentos que investigan los diferentes equipos son piezas de un puzzle mayor cuyas preguntas, por norma general, rara vez logran ser resultas a lo largo de la vida de quienes han acometido su investigación.

Hasta ellos han llegado textos procedentes de épocas pasadas y futuras, fragmentos de materiales que ni existen ni pueden coexistir con esta realidad, restos de conceptos cuya naturaleza aún no ha podido ser explicada. Sus investigadores han trabajado de forma consciente o inconsciente con seres procedentes de cada uno de estos niveles de existencia.

Pero su labor no se centra únicamente en lo anómalo o en el “gran esquema”. El objetivos de cada uno de estos investigadores es aquel que comparte todo científico, la resolución de las preguntas que aún no tienen respuesta, y no todas ellas tienen que ver con materias tan abstractas.
De la misma manera, también trabajan abiertamente con otros estamentos científicos y comparten su conocimiento con ellos. Tanto de sus investigaciones como de estas colaboración se han llegado a dar accidentes afortunados. Experimentos que, a pesar de no haber dado frutos válidos para el gran objetivo de sus mandos dentro del Ixanyali, sí que han servido para solventar problemas más mundanos y urgentes.

A pesar de su relativamente corta edad, del poder de sus dirigentes o lo altruista de su misión, el Ixanyali no se ha librado de escándalos que poco tienen que ver con la especulación, los rumores o las habladurías.
Dentro de sus filas se ha llegado a aceptar a gente ávida de poder. Personas que han entrado en ella con el objetivo de cimentar sus propias ambiciones. Que han utilizado los medios, la influencia y los bienes que se encuentran en sus cámaras de contención con el único fin de garantizarse una vida cómoda y ampulosa una vez que la han abandonado.
Algunos de estos personajes han terminado saliendo a la luz pública como consecuencia directa de sus acciones, pero otros han logrado sus objetivos sin ser descubiertos. Algunos de los artefactos que se almacenan en las instalaciones del Ixanyali han sido la causa de accidentes que se han cobrado la vida de quienes los estudiaban o quienes trataban de aprovecharse de ellos.

Como consecuencia de esto su proceso de selección que pasan quienes van a formar parte de esta organización es especialmente escrupuloso. Se ha ido endureciendo con cada nuevo escándalo o desgracia, pero aún está lejos de ser infalible.

Si bien esto es algo harto excepcional, algunos de integrantes del Ixanyali han llegado a convertirse a su vez en agentes del Kilgar Doreth expandiendo con ello su radio de acción. A pesar del profundo vínculo existente que une a ambas organizaciones sus estructuras acostumbran a ser totalmente estancas. Incluso ante estos agentes la extensión completa de lo que significa formar parte de esta organización se encuentra muy matizado. Cada uno de estos agentes es seleccionado por motivos únicos y la información de la que disponen se encuentra delimitada por estos factores. Por más que hayan sido informados de la naturaleza real de la organización de la que forman parte, pocos son capaces de comprender la escala de los eventos que son tenidos en consideración.

A pesar del secretismo con el que se tratan este tipo de asuntos, todas las medidas que han puesto para tratar de matizar la verdad a sus subalternos no siempre han resultado eficientes. Los secretos siempre son difíciles de guardar, más aún cuando se trata con mentes tan activas como las de quienes dedican todo su tiempo a tratar de desentrañar las verdades ocultas detrás del funcionamiento de la realidad.

Es normal que quienes logran ascender dentro de los rangos de la organización sean capaces de ver cómo las piezas del gran puzzle van encajando. Aquellos que tienen a su disposición un mayor número de elementos del conjunto son capaces de elaborar una visión más completa del gran dibujo. Piezas que no son capaces terminar de ubicar pero que les abren un enorme abanico de posibles escenarios. Verdades parciales que en más de una ocasión se ha vuelto en contra de la organización.

Es la única agrupación de Daegon que ha ha llegado a tener contacto con los miembros del Agon Lur Seshén en distintos momentos de su historia, la única que ha tenido acceso a mima esencia de las destrucción, una de las pocas que ha logrado tener constancia de la existencia de los supervivientes de las colonias humanas en otros mundos.

- El esquema de poder en oriente

La distribución del poder que se reparten el mundo científico y religioso en oriente es muy diferente a la existente en occidente.

Salvo en el caso de la Iglesia de Vashirevna, no existen cúpulas de poder ligadas al mundo religioso. Aun así, por más que no exista una casta clerical ligada a una estructura organizada, dentro de algunas de sus escuelas filosóficas existe recelo hacia el mundo científico por su capacidad para interactuar con lo anómalo. Un recelo cuyo foco se ha centrado históricamente en el Chernat Ianaster y el Ichigo Aralashi y que, tras su fundación, ha criticado con especial dureza al Ixanyali.

Para poder llegar a entender la evolución política y social del occidente continental a lo largo de la considerada como “edad moderna de Daegon” es necesario profundizar en uno de los elementos claves que desencadenó la ruptura con aquella que le precedió; la figura de Dairus “El Golpeador”. A su vez, para comprender a la figura que a lo largo de los dos últimos milenios ha sido una pieza clave en la estructura de poder del continente, es imprescindible ser capaces de entender uno de los factores que resultaron determinantes para que llegase hasta su posición.

Asimismo, de haber existido una figura clave para la relativa estabilidad de oriente esta sería la del concepto de Trollellom y la manera en la que ha sido entendido a los tiempos. Este conocimiento no sólo es necesario para comprender la evolución de las estructuras de poder en oriente, sino que tanto la manera en la que han sido percibidos tanto el ideólogo y la su obra han sido puntos determinantes en la evolución social de las naciones a ambos extremos del Pramayán. Su llegada supuso mucho más que el final del último de los grandes imperios; supuso el punto de partida de la edad moderna.

Con la victoria de Dairus sobre los menetianos, el líder de los ejércitos pasó a convertirse en algo que nunca pidió ser, en un ser sobre cuyas espaldas recaía la posibilidad de que hubiese paz. La suya pasó a ser la voz del mundo, la ley que regía el destino de la existencia. Pero ni su poder ni su mera presencia fueron suficientes para garantizar esta estabilidad.

Con una cuota de poder que nadie ha vuelto a poseer, el simple hecho de su inmortalidad supuso más de un siglo de esa paz, pero no pasó mucho tiempo hasta que su figura se fuese convirtiendo más en la de una leyenda que en la de una persona real. En un mito de cuya existencia muchos llegaron a dudar.
Una vez pasado ese tiempo no sólo su nombre se fue convirtiendo en algo difuso para quienes vivían alejados de la zona de influencia de Beretear, sino que sus decisiones y acciones condicionaron cómo era percibido ante quienes se encontraban bajo su mandato directo. Como no podía ser de otra manera, se convirtió en alguien falible. En alguien cuyos errores eran ocultados o justificados en contra de su voluntad por sus mandos intermedios o magnificados por parte de quienes aspiraban a deponerlo.

Así, mientras que tras su llegada el nombre de Arcthuran se propagó de forma desmedida en oriente, los valores que representada allí donde era adoptado se fusionaron con los de las deidades y escuelas de pensamiento locales. Su propagación se produjo con mayor con especial presteza y fuerza en el resto de las ciudades de las alturas, pero con el transcurso del tiempo también lo hizo a lo largo de las “tierras bajas”. Llegó hasta todos aquellos que firmaban el “Pacto de Aracthur”, hasta todos aquellos que pasaron a formar parte de la “Gran Nación”; de Trollellom.

Dairus pasó con ello a convertirse en el sumo pontífice de un credo sobre la que apenas se sabía nada. De una obra cuya estructura era fluida. Un culto que, al igual que ha sucedido con todo lo expuesto al paso del tiempo, también ha sufrido multitud de alteraciones en cada momento y lugar en el que se ha instalado.
Los jerarcas de los credos locales no recibieron aquella noticia con buenos ojos, pero no tardaron en concluir que su poder no se vería mermado por él.

El núcleo sobre el que se había construido hasta aquel momento el culto a Arcthuran carecía de dogmas estrictos o complejas reflexiones. Sus preceptos básicos no podían ser más sencillos a la par que ambiguos e interpretables. La enseñanza sólo dictaba una norma, un único ideal la que aspirar; la única limitación que existe a la libertad de cualquier ser es aquella que entra en conflicto con la libertad del resto.

Aquella deidad no prestaba atención a las acciones que tenían lugar sobre su superficie. Ante ella no existían conceptos como el pecado o la culpa, no había exigencias o castigos, pero tampoco recompensas. Dairus podía ser su portavoz, pero ellos eran quienes dotaban de sentido a las palabra de aquel lejano pontífice. Quienes le daban contexto ante quienes se encontraban bajo su influencia. Dairus estaba muy lejos y ni su voz ni sus brazos o sus tropas estaban ahí para negar o cuestionar la validez de sus palabras.

Aun así, el tiempo demostró que las conclusiones de los representantes del resto de credos fueron erróneas. Quizás Dairus no llegase hasta sus dominios, pero su inmortalidad se interpretó como un regalo a su devoción y su victoria como una señal de cambio. Él no era sólo el modelo a seguir si se quería alcanzar aquello que había obtenido, sino que también poseía el poder para señalar y detener a quienes ignoraban el mandato de la deidad, al “enemigo”, a quien amenazaba la libertad del resto.
Los descontentos y los desfavorecidos comenzaron a migrar hacia las laderas del Pramayán, hacia la sombra protectora del libertador, pero estos colectivos no fueron los únicos que comenzaron a orbitar alrededor del nuevo poder establecido.

Fue sustentado sobre esta premisa que se firmó el pacto de Aracthur. A través de él se establecía una alianza común. Quien atacaba a un miembro del pacto los atacaba y se exponía a las represalias de todos ellos.

Como consecuencia de esto las ciudades estado crecieron hasta convertirse en grandes naciones, pero el Pacto no dejaba de ser algo simbólico. Una relación de conveniencia bajo cuyo paraguas se creó un nuevo y complejo ecosistema de poder. Un castillo de naipes en el que, por más que el que era aclamado como el profeta del culto a Arcthuran se encontraba en su centro, la fe, la filosofía y la metafísica no entraban dentro de la ecuación.

Se estableció el abuso del poder, ya fuese este físico, económico o político como el mayor de los crímenes, pero no existían métodos para llevar un control sobre quien lo incumplía. Esta era y sigue siendo una máxima demasiado tenue y subjetiva como para poder ser dictaminada en casi ningún caso, pero resultó ser un recurso especialmente atractivo para los pequeños estados. La violencia directa se fue difuminando y haciendo más sutil mientras la diplomacia, las verdades parciales, la ambigüedad y el sofismo se convirtieron en las nuevas herramientas predilectas del arsenal de los arribistas.

Primero Beretear, y después el resto de las “Ciudades de las alturas” se convirtieron en el foco de enormes flujos migratorios, pero todos ellos eran lugares que carecían de los recursos necesarios para sustentar a tantas personas.
Se comenzaron a construir pequeños asentamientos bajo ellas que crecieron hasta convertirse en ciudades a lo largo de gran parte de las laderas del Pramayán que daban a estas ubicaciones. La fe era el menor de los motivos para estos movimientos ya que lo único que se buscaba era la protección del Portavoz del mundo. La fuerza de quien había derrotado al Enemigo.

Todo este cúmulo de situaciones llevaron a este credo y su portavoz a convertirse en un arma arrojadiza. Su mención podía ser una amenaza o la defensa definitiva, algo que llegó a moldear las relaciones políticas de la casi totalidad del oriente continental.

A pesar de la lejanía entre Beretear y la costa oriental del continente, fue gracias a la intervención de Dairus que los exiliados de Mashulanu o las tribus zulera obtuvieron unos territorios en los que asentarse, pero también de su torpeza a la hora de gestionar ciertos conflictos estos escalaron hasta alcanzar unas cotas de virulencia mayores.

Si ha habido una razón para que Trollellom como concepto haya sobrevivido esta ha sido la presencia de su creador pero, al mismo tiempo, ha sido su inacción en un gran número de ocasiones lo que ha llevado a que sea una idea totalmente desvirtuada. Una abstracción que hace siglos que sólo es usada como herramienta interesada que se ha usado en su contra.

La estructura de poder en oriente es mucho más amplia de lo que puede dar a entender la alianza alcanzada en el pacto de Aracthur. La proximidad filosófica o teológica no ha hecho que los pueblos que comparten credos sean aliadas y, si bien se pueden establecer tres grandes bloques teológicos, ninguno de ellos es homogéneo en lo cultural.

Por su parte, el mundo científico también se encuentra igualmente fragmentado. En algún momento u otro de sus historia todos los grandes estamentos han formado parte activamente del Nalushat Avasanyali, pero ciertas rivalidades pueriles les han llevado a limitar sus aportaciones.
Así como en occidente el mundo científico ha rechazado generalmente a los estamentos religiosos y sus teologías, este enfrentamiento no se encuentra tan presente en oriente. La ausencia de unas estructuras organizadas tan poderosos como las existentes en occidente ha hecho que el objetivo sea mucho más difícil de identificar. A excepción de casos como el de la Iglesia de Vashirevna no se pueden encontrar las cabezas visibles de quienes propagan el pensamiento mítico. Existen un gran número de filósofos, pensadores, profetas y monjes que hacen proselitismo de las ideas ligadas a los diferentes teismos, pero no acostumbran a tener una sede fija en la que prediquen o un gran número de seguidores.

Por otro lado, a pesar de continuar siendo la cabeza visible del culto de Arcthuran, hace siglos que Dairus dejó de hacer proselitismo de este concepto. Su alianza con Lag’Tsat y su apoyo a la hora de la fundación del Ixanyali hicieron de él una figura atípica. Una figura que ha llegado a ser cuestionada por parte de quienes han continuado con el legado que él inició con su ascenso al poder.
Si bien es cierto que jamás ha renegado públicamente de las ideas que ayudó a propagar, hace ya mucho que descartó la posibilidad de un propósito detrás de su inmortalidad. Si ha continuado en el poder ha sido por un exacerbado sentimiento de responsabilidad, pero su participación en la toma de decisiones siempre se ha visto condicionado por su propia inseguridad.
Siempre trató de rodearse de gente cuya ética e inteligencia respetase, pero su capacidad para juzgar el carácter de los demás, si bien ha sido una cualidad cuyo ejercicio a lo largo de los siglos ha sido afinada, no siempre ha sido certera. La llegada de Tsat hasta Beretear supuso la liberación de una enorme parte de la carga que sentía sobre sus hombros, pero no ha evitado que se hayan llegado a producir enfrentamientos entre ellos a lo largo de su dilatada relación.

Las relaciones de poder en oriente y las ambiciones expansionistas de los líderes de los distintos pueblos no se han basado tanto en la dicotomía entre el mito y el saber como los que se han conocido en occidente. en la mera cercanía geográfica.
Si bien los argumentos de este estilo puede haber sido usados por parte de los integrantes de la Iglesia de Vashirenvna en los conflictos entre Ashgurn y Muliria, incluso en estos lugares su presencia ha sido anecdótica dentro de su historia.

En la costa nororiental del continente el mito se ha visto alimentado por la conclusión de los conflictos, pero rara vez ha sido el origen de los mismos. La rivalidad entre Dilirm, Dayashu, Shinzay, Dagorel y Sheparn se han alimentado de sus diferencias sociales, siendo el miedo de los emperadores y emperatrices de Shinzay a que se propaguen las ideas y modelos de estado de de las naciones que les rodean el principal de los motivos para darles inicio.

El resto de naciones están muy lejos de ser utopías. La ausencia de gobiernos totalitarios o de credos íntimamente ligados al poder no hecho que sus gobernantes se conformen con las atribuciones que les otorgaba su posición. El ansia por preservar su cuota de poder ha llevado a los líderes de estados teóricamente más avanzados a restringir las libertades utilizando argumentaciones aparentemente racionalistas.

Quizás el nivel retórico de sus discursos haya apelado a aspectos más sofisticados, nobles o elevados que el de la mera ambición, pero por debajo siempre ha subyacido el mismo ansia por el control de los demagogos que se han apoyado en el destino manifiesto o el servicio a un poder mayor.

La influencia del Pacto de Aracthur y el temor a Dairus hace siglos que se desvanecieron. Pueden formar parte de algunos de los arcaismos que pueblan el lenguaje diario de algunos de los pueblos de oriente, pero estos son conceptos que apenas poseen un significado no formulaico.

Tras más de medio milenio sin ser invocado, la referencia al Pacto fue utilizada por Dairus hace dos décadas para tratar de detener el conflicto que se encontraba en curso entre Dayashu y Shinzay, pero su mención sólo sirvió para demostrar que ya nadie lo considera como algo válido.
Tanto el acuerdo como quienes los firmaron son vestigios de un pasado olvidado y su mención sólo sirvió para que algunos de sus supuestos integrantes hiciesen explícito algo que había sido una realidad de facto.

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¿Qué es Daegon? IV: Daegon Occidental

Lun, 06/24/2019 - 20:35
Si centramos nuestra mirada en las naciones que se encuentran al oeste del Pramayan, los principales representantes de esta lucha entre la razón y el misticismo serían claramente dos. La Orden de Cahirn Ansay y la Iglesia Tayshari.

- La Orden

La Orden quizás no sea la más antigua de las organizaciones dedicadas al estudio de la realidad que existen en occidente, pero sí que es la única a escala global que no depende de ningún estamento superior. El Yishin Amat, su órgano rector, es también quien gobierna la ciudad estado de Cahirn Ansay y una gran parte de los territorios que la rodean.
Muchos han querido ver en ella una utopía de la razón, pero esta no deja de ser una visión altamente idealizada de la realidad. Una visión en gran medida propagada por los dirigentes de la propia Orden.

El pequeño estado que dirige tiene todos los males que asolan a aquellos más extensos. Tanto dentro de las quince órdenes mayores que la componen como más allá de ellas, sus luchas internas no se limitan a aquellas construidas alrededor del conocimiento, sino que el poder y el dinero tienen un papel muy importante en ellas.
El complejo entramado de alianzas que tienen con distintas naciones es al mismo tiempo una fuente de ingresos y una espada de Damocles. Por más independientes que puedan ser en lo económico, ni posee un ejército regular ni los tratados que tiene firmados con quienes le rodean le permiten la posibilidad de formar uno.

Su campo de acción cubre todos los aspectos del conocimiento pero, precisamente como consecuencia de esto, distintos organismos pertenecientes a otras naciones cuentan con un conocimiento más profundo sobre un gran número de ellos. Los especialistas en cada campo de estudio se ven forzados a luchar por los recursos necesarios para llevar a cabo sus investigaciones, una situación que en entornos más enfocados en un único campo concreto no acostumbra a darse.

A lo largo de los siglos de su seno han surgido multitud de nuevas organizaciones allí donde ha estado implantada. Organizaciones como la Escuela de Sunrath en Menetia que, tras ser absorbida por el gobierno de esta ciudad, a su vez, daría a luz a otro nuevas sedes tanto dentro como fuera de las fronteras de esta nación.
La relación que ha mantenido con cada una de sus escisiones o expropiaciones no ha sido algo estático, sino que ha dependido mucho tanto de la situación geopolítica del momento como de los dirigentes que se han ido haciendo cargo de cada estamento.

La percepción que se tiene de La Orden fuera de las fronteras de Cahirn Ansay no es algo uniforme, sino que depende mucho del estrato social en el que uno se encuentre. Así, mientras que los estamentos políticos y científicos acostumbran a ser muy conscientes del ámbito completo de su actividad, el vulgo tiende a referirse a ella como “La Orden de los Cronistas de Baern” o, simplemente, “Los Cronistas” restringiendo su papel al de meros archivistas de la historia antigua del mundo.
Esto no ha impedido que estudiosos de toda nacionalidad y condición hayan hecho del viaje hasta sus bibliotecas y universidades casi un objetivo vital. Un viaje que sólo les ha llevado a encontrar algo muy diferente a la imagen idealizada que se ha dado de ella.

Distintos dirigentes de La Orden han sido los principales impulsores de varias de las últimas encarnaciones del Nalushat Avasanyali, aunque estos esfuerzos rara vez han sobrevivido a sus valedores. Por más que todos los estamentos científicos proclamen su adhesión a esta idea, la distancia, los recursos necesarios para mantenerlo y el entramado de relaciones, egos y dependencias del poder han hecho imposible el convertir esta idea en una realidad duradera.

Pero no sólo la ciencia y el conocimiento abstracto forman parte del currículo y las prioridades de La Orden. A pesar de compromiso y pretendida apariencia de neutralidad, tanto el gobierno de Cahirn Ansay como los responsables de sus distintas órdenes tienen una parte muy activa dentro del escenario global de poder y su conocimiento acerca de las ciencias políticas y sociales, la teología o la elaboración y documentación de los sistemas legales y jurídicos de las naciones que les rodean les han convertido en un de los agentes más importantes dentro de este escenario.

Por otro lado, una parte nada despreciable de la nobleza o de quienes gobiernan ciudades, provincias o naciones se han formado de manera directa o indirecta a partir de sus textos, en sus sedes y embajadas o han sido tutorizados por alguno de sus integrantes.

Al igual que sucede con toda gran organización, tanto las desavenencias internas dentro de La Orden como las ingerencias externas han supuesto la creación de nuevas organizaciones. Entes como el la anteriormente mencionada Escuela de Sunrath de Menetia, el Lugens Gaumoru o “Escuela de Gaumot” situada entre las fronteras de las Llanuras Heladas de Skartaria, Tembi y Werela, el Unlyshe Telamoq dedicado en exclusiva a estudiar el archipiélago de Kúbor Yolasté, el Daborush Yalani que ocupó su lugar en Baern tras la declaración de su independencia de esta nación.

- La Iglesia Tayshari

Por su parte, de existir una religión que ha crecido de forma más uniforme y se ha ido adaptando mejor a las distintas fases de modernidad de aquellos lugares en los que se he implantado, esta ha sido la de la Iglesia Tayshari. Un culto que, a través de sus cientos de cismas, se encuentra presente en gran parte de las naciones del Daegon occidental.

Este es uno de los legados más duraderos que se conserva de los tiempos del Gran Imperio Menetiano y, de unirse todas las naciones en las que se encuentra presente alguna de las escisiones de esta religión, esta sería la más extensa de cuantas pueblan Daegon.
Su presencia no se encuentra implantada de la misma manera, o con el mismo nivel de integración en todas las naciones que la acogen, pero esto no se debe únicamente a que los gobernantes de quienes profesan alguna de las formas de esta fe no compartan ideario moral, político o social, sino a que la misma jerarquía dentro del culto se encuentra tremendamente fragmentada.

Dependiendo de dónde centremos nuestra mirada encontraremos a más de media docena de individuos que son denominados como sumo pontífice de la verdadera Iglesia Tayshari. No todos ellos tienen el mismo poder o cuentan con el mismo número de feligreses, pero los líderes de los cismas más sólidamente implantados en distintas naciones como Menetia, Bra’Em’Kyg, Shattegar o Shemmellom cuentan con una capacidad de influencia considerable.
Este tipo de peleas no tienen lugar en el terreno internacional, ya que algunos de estos cismas se encuentran fuertemente implantados en distintas provincias de una misma nación. Los dogmas que promulgan pueden ser similares en mayor o menor medida, pero su interés real poco tiene que ver con lo que puede deparar una vida posterior. Son gente sumida en una lucha por el poder sobre las masas. En un conflicto que se encuentra muy por encima dentro de sus prioridades de cualquier inquietud por la enseñanza de valores éticos o morales. Asimismo, su influencia sobre sus propios feligreses o sobre el pueblo llano se encuentran igualmente dispersas.

Porque no todos los habitantes de las naciones en las que se encuentran presentes son creyentes y, entre quienes sí que dicen profesar esta fe, una gran parte de ellos lo hace como mero elemento tradicional dentro de su vida social. De la misma manera, la presencia que tienen los jerarcas de los diferentes cismas dentro de la vida pública o política de las naciones en las que ejercen su labor es igualmente dispar.
Dependiendo del contexto, el momento o el carisma de cada uno de ellos, en unas ocasiones su poder viene otorgado por la manera en la que se encuentran engarzados dentro de los mecanismos del poder de la nación, por su alianza o afinidad con las élites económicas o por la capacidad de presión que les granjea su habilidad a la hora de movilizar a sus fieles.

Con el paso del tiempo su mitología se ha ido adaptando a la evolución de las civilizaciones que la han adoptado siendo esto, en gran medida, la causa del surgimiento de una gran cantidad de los cismas en los que se encuentra fragmentada en la actualidad. De la misma manera, este trasfondo se ha ido convirtiendo en algo más ajustado a una narrativa convencional. Se ha tratado de dar un encaje coherente a aquellas partes en las que lo abstracto o lo ambiguo predominaban, mientras se trataba de establecer una línea temporal a los sucesos que han sido recopilados en los distintos textos que componen su corpus.
Su mensaje fatalista inicial permanece ahí, pero lo hace de forma vaga diluido entre la épica y la reflexión. Convertido en parábolas metafóricas diseñadas para tratar de conducir a los fieles por el “buen camino” marcado por las altas instancias del clero. La figura del Destructor hace ya mucho tiempo que fue convertida en una amenaza etérea cuya presencia apenas es referenciada en los versículos más oscuros.
A pesar de que existen diferentes versiones a este respecto entre los distintos cismas, “El enemigo” rara vez es tratado como una fuente externa, sino que se encuentra dentro de la propia humanidad. En su potencial para ser la causa de su propio fin. Sólo las facciones más tradicionalistas y reaccionarias achacan esta característica a la influencia proveniente de algún tipo de entidad abyecta. Tanto el nombre como el origen, objetivo, fortalezas y defectos de esta entidad varían en cada una de estas interpretaciones, estando condicionados estos por la fuente que tomasen como base sus respectivos ideólogos.

Si bien es cierto que dentro de la metafísica general de la doctrina Tayshari no se podían encontrar originalmente conceptos similares a los del cielo, el infierno o los ciclos de reencarnación de las mitologías tradicionales, este es un hecho que fue cambiando con las eras. Mientras que sí que existía un premio para los justos y un castigo para los pecadores, estos no se encontraban presentados como bienes cuantificables. No se ofrecía una vida en el más allá en compañía de los dioses. sino la comprensión del sentido de la existencia o la nada. La trascendencia o el olvido eterno.

La relación entre los distintos cismas de la iglesia Tayshari y el mundo científico tampoco es homogénea, siendo asuntos relacionados con este ámbito la causa de algunas de estas escisiones.
La evolución de su acercamiento filosófico y metafísico hacia la comprensión del funcionamiento de la realidad se encontró antaño mucho más cercano al de una verdad objetivable que al de los dogmas de fe, pero esto es algo que ha cambiado mucho desde aquellos días.
Esto no ha evitado que , desde siempre, se hayan producido enfrentamientos filosóficos entre ellos y los estudiosos con los que han convivido. De acuerdo a su acercamiento inicial, lo que sucedía tras el final de la vida no era el paso hacia ningún tipo de “mundo divino” sino que su visión era mucho más abstracta y etérea. Quienes lograban la trascendencia se convertían en la inspiración de las generaciones venideras de una forma tanto metafórica como literal. De su esencia y el saber liberados tras su muerte nacerían los descubrimientos del mañana. Las deidades a las que adoraban personificaban los dones considerados como vitales para la humanidad, el valor, la justicia, el tesón, la compasión, el amor y la capacidad para crear y soñar. Cualidades que han sido tergiversadas a lo largo de siglos para adaptarlas a las visiones pragmáticas y sesgadas de quienes han guiado el camino de sus distintas iteraciones.

Con el transcurrir del tiempo el mensaje se simplificó. Primero se antropomorfizó a las abstracciones para una mejor aceptación de los creyentes, para seguir con una recompensa más mundanal y un castigo más tangible. Una infantilización que ha terminado por privar de todo valor intelectual a sus enseñanzas, dejando sólo unas lecciones morales carentes de una base sólida que las sustenten.

Si bien estos dos estamentos podrían estar considerados como aquellos que gozan de una mayor estabilidad dentro de sus respectivos contextos, esto no deja de ser una mera consecuencia de la manera en la que han gestionado sus relaciones pública y su natural ambición expansiva.

Porque existen también otros cultos y organizaciones dedicadas al estudio en occidente. No todos ellos se han convertido en elementos que hayan logrado obtener la suficiente entidad como para llegar a ser quienes doten a las culturas en las que se encuentran enclavadas de sus rasgos de personalidad más notorios, pero esto no quiere decir que su impacto en estas culturas pueda ser ignorado.

- La Iglesia de Gâldaim

Sí que es cierto que, a este respecto, el misticismo siempre ha gozado de una mayor facilidad para calar en el imaginario de quienes lo han acogido, pero su falta de soluciones a los problemas reales ha terminado por reconducir a estos al escepticismo. Sólo aquellos cultos que han gozado de un contacto íntimo con el poder político han logrado que su influencia no desaparezca. Cultos como el de la Iglesia de Gâldaim o la de los Adeptos del Tanrakul. Por otro lado, otros cultos como pueda ser el que profesan los adoradores de los Señores de Ilwarath, dado lo descentralizado de su naturaleza y lo fatalista de su mensaje nunca han gozado de una aceptación mayoritaria.

En el caso de la primera, su origen nada tienen que ver con nobles ideales o experiencias ultraterrenas sino que vino motivado por una estrategia implacable. Sus dogmas, como el de otras muchas, sustentan todo su ideario sobre la búsqueda del poder, el temor, la visceralidad, la superstición y la veneración a un poder mayor totalmente ficticio, pero el germen de esta contó con una cualidad añadida que la diferencia de algunas de cuantas la rodean; fue diseñada desde su origen como una arma con la que arrebatar el poder a quienes se encontraban en el gobierno, y como herramienta de control con la que mantenerlo. Valores estos que, si bien quedaron fuertemente grabados en quienes serían sus sucesores, también han ido cambiando desde el momento de su fundación de acuerdo al transcurrir del tiempo.

Porque ni siquiera en el caso de credos como este, cultos diseñados por sociólogos o estrategas con el fin de hacerse con el poder de una nación, han logrado escapar a la evolución. Por más que una parte de las mentiras conscientes sobre las que fue construida se hayan mantenido, los herederos de quienes sentaron estas bases han terminado por hacerlas suyas. Crean o no en las “verdades” que se promulgaban en los textos fundacionales que ellos continúan propagando, por más que no sean conocedores de la gran mentira, a pesar de este hecho, o quizás precisamente gracias a él, esta ha sido adaptada a cada uno de los momentos en los que así ha sido requerido.

Los sucesores del primer Gran Teócrata no han tenido reparo alguno a la hora de alterar parcial o totalmente el mensaje de acuerdo al contexto que les ha tocado vivir. Aún así, a pesar de que con el transcurso de las generaciones la ficción creada alrededor del relato inicial haya cambiado enormemente desde su surgimiento, hay un hecho indiscutible detrás de cualquiera de sus interpretaciones. Si se puede extraer una importante lección de la formación de esta iglesia, es aquella que sirve para constatar un irónica verdad ya de por sí difícilmente rebatible; el hecho de que una mentira, de perpetuarse durante el suficiente tiempo, es indistinguibles ante los ojos desprevenidos de cualquier hecho demostrable.

Aquellos cultos surgidos de una mentira interesada que han logrado prosperar son a todas luces idénticos a los nacidos con propósitos más elevados o abstractos, de la misma manera que estos son indistinguibles de aquellos surgidos de la ignorancia o de la equivocación legítima.
Si bien es cierto que estos cultos rara vez prosperan, esto no se debe tanto a lo falaz de sus intenciones sino a la falta de recursos, a no saber calibrar su fuerza a la hora de determinar quienes son sus rivales o a la dificultad para mantener el secreto entre quienes conocen la verdad. Así pues, la pervivencia de tales organizaciones ha acostumbrado a ser tan duraderas como el tiempo que ha transcurrido entre su fundación y el surgimiento de las primaras desavenencias entre sus creadores.

Existen y han existido a lo largo de la historia de Daegon más cultos creados con un propósito similar al de la Iglesia de Gâldaim. Algunos de ellos han logrado prosperar y otros nunca han llegado a poseer la masa crítica necesaria para consolidarse, pero el surgimiento de nuevos credos de esta índole jamás ha cesado. Así, si bien el de Gâldaim ha sido el que ha logrado una mayor notoriedad y expansión, tanto en sus orígenes como en la actualidad la competencia continúa siendo feroz.

Al contrario de lo que sucede con la Iglesia Tayshari, su área de influencia se encuentra constreñida a la ubicación en la que se produjo el nacimiento; la nación de Goord, y a algunas de las provincias de las naciones vecinas que limitan con ella. Tras la llegada de este culto el fulgurante ascenso hasta el poder de su fundador, Goord se convirtió en un estado totalitario. Pero su veloz triunfo en su nación de origen y las dinámicas que se forjaron a su alrededor no sólo no le permitieron expandirse más allá de aquellas fronteras sino que, en gran medida, fueron las razones principales que impidieron que su influencia se propagase más allá de ellas.

Con el paso del tiempo el autoritarismo ha permanecido como una de sus señas de identidad, pero los distintos acercamientos que han ido surgiendo alrededor de los que son los principios básicos de su credo los han ido matizando. De acuerdo a algunas de estas distintas lecturas, en momentos puntuales Goord se ha llegado a convertir en una fuerza más dentro del panorama internacional, algo que su actual Teócrata está tratando de recuperar.

En este culto podemos encontrar una gran cantidad de los tropos y lugares comunes de las religiones monoteístas, realizando un especial hincapié en aquellas partes en las que se detallan los conceptos del pecado y la culpa.
De acuerdo a su credo, la creación tiene su origen en el uno; en Gâldaim, el “Artífice de todo“. Esta entidad de la que surgió todo lo demás, es también el escriba y custodio de su propia creación. Cada lugar, criatura y elemento que surgió de su ser se encuentra registrado en el primer de sus grandes códice; El libro de la creación.
Una vez completado este texto, los sucesos posteriores comenzaron a ser anotados en otros dos colosales volúmenes; El libro de la vida y El Libro de los pecados. Dos obras creadas con propósitos y características muy concretas.

Mientras que el primero de ellos es infinito, aquel en el que se registran los errores de la humanidad tiene una extensión limitada. La elaboración de estos dos volúmenes y los criterios por los que se determinan los datos que se plasmarán en cada uno de ellos se rigen por las leyes del creador, aquellas que dictaminan cuál será el destino de la humanidad.

La labor de sus Teócratas es la de guiar a su pueblo para que no lleven a cabo actos contrarios a los designios de su dios, impidiendo con ello que las páginas del Libro de los pecados sean rellenadas y que esa obra jamás llegue a finalizarse. Porque Gâldaim rara vez ha sido presentado como una deidad piadosa, todo lo contrario. Es un juez severo, implacable e imparcial. Alguien que no sólo juzga las acciones de la humanidad en sí misma, sino que lo que juzga es a sí mismo a través de su obra. Es alguien que observa a su creación desde su hogar y dictamina si esta ha sido un fracaso personal o algo que merece perdurar. Si lo que contemplan sus ojos le complace, la obra continuará con su curso, pero si le resulta ofensivo será destruida para dar inicio a una nueva.

Pero dentro de este gran esquema la humanidad no es algo irrelevante ante los ojos de este dios. Quizás sea sólo un resultado más de entre todos los surgidos de su pincel y su pluma, pero es quien le ayuda a perfeccionar su cometido.

De acuerdo a estos preceptos, la vida es libertad y desafío, pero también temor y consecuencias. Una herramienta que utiliza el creador para descubrir nuevos matices de su obra que se le pueden haber pasado desapercibidos. La muerte, por su parte, también se rige por designios similares.
Quienes mueren lo pueden hacer por dos motivos. Por un lado los imperfectos, quienes desagradan a Gâldaim, son desterrados de su obra. Su fracaso en la vida se convierte en una advertencia, en una vida congelada, consciente de su estado, pero incapaz de avanzar. Una mera nota que queda registrada en el Libro de los Pecados y es eliminada del de la vida. En el otro extremo se encuentran quienes siguen sus preceptos y logran trascender a la propia obra. Quienes abandonan su envoltura mortal para que el Creador los lleve hasta sus dominios donde le ayudan en su vasta tarea.

- La universidad de Amlash

En el espectro opuesto a todo lo que representa Goord y la Iglesia de Gâldaim, pero compartiendo frontera con esta, encontramos la nación de Saliria y su Universidad de Amlash.

Fundada por Mavra Daniseva durante su mandato entre los siglos decimoprimero y sexto previos al establecimiento del Calendario Mecbarino, la Universidad se construyó sobre la antaño Gran Catedral de la iglesia Tayshari que se encontraba en Amlash, la capital de Saliria. Con esta decisión se daba inicio a la Saliria moderna. Un estado en el que, desde hace casi dos milenios, su propia legislación proclama a la religión como un concepto extremadamente peligroso.

La beligerancia de Daniseva para con los teísmos tampoco fue algo que le saliese barato ni personal ni políticamente. A lo largo de su extenso mandato se tuvo que enfrentar a cinco cruzadas dirigidas explícitamente contra ella y todo lo que defendía. Cinco guerras santas instigadas desde Goord que dañaron poderosamente su mensaje e imagen ante el pueblo.

A pesar de que el escepticismo es un elemento común en Daegon, Saliria no deja de ser una rara ávis dentro del conjunto de culturas que lo pueblan. Junto con Naltor es la única en el que cualquier culto se encuentra prohibido dentro de sus territorios, pero las posiciones filosóficas detrás de las decisiones de cada uno de sus líderes no podrían ser más distintas. Así, mientras que el de Naltor es un estado eminentemente militarista, Saliria siempre ha fomentado mucho más la obtención del conocimiento.

De cualquier manera, sus ciudadanos no son menos susceptibles que el resto a los cantos de sirena de los predicadores o a la incertidumbre inherente a la condición humana, pero la evolución intelectual de sus líderes ha mantenido un mayor nivel de coherencia con la impronta dejada por Daniseva. Aun así, esto no ha evitado que a lo largo de su historia haya existido disparidad de criterios a este respecto dentro de la nación y los componentes de su cúpula.
De la misma manera que los diferentes equipos de dirección de la Universidad no siempre han interpretado su labor de la misma manera, dependiendo del estrato social o la ubicación geográfica a la que pertenece cada uno de sus ciudadanos, el valor que le dan al saber difiere enormemente.

Esta es apreciación no depende en exclusiva del poder y origen de cada uno, sino que siempre se ha encontrado cuestionada. Saliria está muy lejos de ser una utopía. De la misma manera en la que el distanciamiento que existe entre el mundo rural y el urbano es enorme, también lo es la que se puede encontrar dentro de las calles de sus grandes urbes o incluso dentro de la misma Universidad.

En cada uno de los distintos momentos temporales transcurridos desde su fundación, tanto la Universidad como la misma Saliria se han visto sometidas a grandes restructuraciones pero, de una manera u otra, la huella dejada por su fundadora ha sido tan profunda que su legado es algo que ha quedado marcado de manera indeleble en el acerbo cultural de los principales ideólogos que la sucedieron.

La universidad de Amlash cumple una doble función dentro de estructura de Saliria. Por un lado es el órgano que hace las veces de ministerio del conocimiento, mientras que por otro es un órgano independiente. Su cúpula directiva no se encuentra determinada por el gobierno de la nación sino por quienes pueblan las oficinas de jefatura de sus distintos departamentos.
Al mismo tiempo tiene una presencia muy importante dentro del gabinete del Danishef, el efe del estado, y siempre ha sido uno de los departamentos mejor financiados. Su campo de actuación no se encuentra limitado a las fronteras de Saliria, sino que también cuenta con distintas sedes y embajadas en algunas naciones vecinas, y fue precisamente gracias a su apoyo que Cahirn Ansay logró mantener su independencia durante algunos de sus momentos más oscuros de su historia, a la par que también ha sido históricamente otro de los principales valedores de que el Nalushat Avasanyali no caiga en el olvido o el ostracismo.

Si bien cuenta con siempre ha gozado de una gran estabilidad, a pesar de su blindaje institucional no siempre ha logrado mantener la misma reputación. La ausencia de resultados en algunas de sus grandes investigaciones ha llegado a suponer una merma considerable dentro de sus ingresos y autonomía durante aquellos momentos en los que su cúpula directiva o el gobierno de la nación ha estado controlado por gente más pragmática o cortoplacista. De la misma manera, si bien es cierto que dentro de los ambientes intelectuales siempre ha gozado de una gran reputación, esta no se encuentra propagada de la misma manera en otros círculos.

En ciertos momentos, y dependiendo en gran medida de quien se encontrase al mando, su reputación se ha llegado a ver fuertemente comprometida incluso dentro de la misma Saliria. Se la ha acusado de elitismo y de falta de preocupación por los problemas más mundanos y acuciantes. Unas acusaciones que no siempre han sido infundadas.
La vida académica se encuentra formada en gran medida por integrantes de las clases medias y altas. Gente cuya comprensión del modo de vida del pueblo llano es muy limitada. Una realidad que mayormente está basada en lo que han leído en libros escritos por otros como ellos.
Existe una profunda incomprensión por parte de quienes se encuentran en la universidad por todo lo que se encuentra más allá de ella o de los muros de las grandes ciudades, una incomprensión que también se encuentra presente en quienes jamás la han pisado y es mucho más probable que entre en sus salas alguien procedente de alguna nación vecina que algún habitante de Saliria con unos recursos económicos limitados.

- Los Adeptos del Tanrakul

Dentro de un espectro intermedio entre el lo que representa la Iglesia de Gâldaim y los preceptos seguidos por los adoradores de los distintos aspectos de los Señores de Ilwarath, podemos encontrar también en occidente cultos basados en la inevitabilidad del final. No todos ellos realizan una lectura tan dramática y absoluta como los segundos acerca de la verdad que estos promulgan, ni cuentan con una presencia tan estable como los primeros dentro de las estructuras de poder de sus respectivas naciones pero, de la misma manera, la fluctuación en cualquiera de estos dos ámbitos acostumbran a verse relacionadas.

El patrón en el que se ven envueltas estas organizaciones acostumbra a ser algo cíclico. Cada caso es algo único, la consecuencia de un número incontable de sucesos previos que han logrado escapar al control de quien creía tenerlo. Cada momento se mueve dentro de una serie nueva de parámetros. Una serie de criterios que moldean el rango que adoptan quienes malinterpretan, tergiversan y pervierten la verdad. Un arco tan amplio y diverso. que ha llevado a algunas de estas religiones a recorrerlo de un extremo al otro en más de una ocasión.

Como un ejemplo de este tipo de casuística podríamos tomar el caso de la ideas que sirvieron como origen a cultos como el de los Adeptos del Tanrakul. Una organización que no sólo ha logrado enraizar en una nación sino que, en momentos puntuales como lo es el presente, han llegado a convertirse en una de las grandes fuerzas dentro del panorama global.

Esta religión ha pasado por muchas fases, y tanto el acercamiento que han tomado ante el concepto del “momento final” como la idea que subyace detrás de este han cambiado enormemente en cada una de sus encarnaciones. Dependiendo del momento, lo que un día fue dogma en el siguiente ciclo pudo ver convertido en herejía. Por más que a lo largo del tiempo su influencia ha acostumbrado a verse muy acotada geográficamente, en la actualidad se encuentra en el centro de una guerra que afecta a toda la columna occidental del continente.

Pero esto no es la primera vez que los adeptos se encuentran en una situación similar. La lectura interesada de los que fueron sus textos iniciáticos permiten una gran cantidad de interpretaciones, algo que ha sido aprovechado por una gran cantidad de sus líderes.

Dentro de este reducto se pueden encontrar a quienes, como en el día de hoy, realiza una lectura libre del espíritu de lo escrito. Quien interpreta de acuerdo a su interés y de manera literal versos que fueron creados como algo metafórico. Quienes crean versiones aparentemente más acordes a los tiempos que corren, o que se encuentran influenciadas una idea perversa e idealizada de lo que significa “guiar”.

Tarnaq, la nación en la que se encuentra implantado con más fuerza el credo de Los Adeptos, es conocido por muchos nombres. Tantos como estadios por los que ha pasado su sociedad. Los pueblos que la han rodeado los han visto como aliados benevolentes y como aspirantes a tiranos. Como víctimas propiciatorias y como una fuerza imparable. Bajo la forma de tantas cosas diferentes como interpretaciones del Tanrakul se han llevado a cabo. Sobre todo en tiempos de paz, este culto ha logrado extenderse hasta las naciones vecinas, aunque rara vez ha conseguido entroncarse dentro de las estructuras del poder. Sólo ha sido uno más de las credos que pasaban a formar parte de su visión del mundo. Otro prisma a través de mirar la historia y vaticinar lo que está por llegar.

La orden de los Adeptos se encuentra liderada por el Maesc Zahard la “voz y sumo pontífice de las teogonías de Haesh y Taranaqu” mientras que la nación de Tarnaq se encuentra gobernada por el Tukradum. Estas son posiciones que tradicionalmente acostumbran a recaer sobre distintas personas, aunque en varias ocasiones a lo largo del tiempo, como lo es la presente, han sido ocupadas por un mismo individuo. Aun así, la posesión de ambos títulos no otorga a su portador de un poder absoluto en ninguno de los dos estamentos. Esto no ha sido siempre así pero ciertas experiencias de su pasado provocaron una separación más clara de los poderes en cada uno de ellos.

Porque, como ya hemos comentado, Tarnaq tiene muchos nombres tanto para sus habitantes como para los de las naciones que les rodean, pero uno de ellos tiene un peso específico que lo hace especialmente significativo: El Dominio.

Las acciones llevadas a cabo en el pasado por una de las poseedoras de ambos títulos, Elistea de Gaunador, llevó a sus contemporáneos a la creación de un nuevo título, el de Dalor Avarashu; Dominador. Un calificativo que han heredado algunos de sus sucesores.
Elistea gobernó el Dominio durante tres siglos manteniendo vivo el legado de su predecesora; Lísister de Undalaya, quien había proclamado el próximo advenimiento del final de todas las cosas, la llegada del Tanrakûl. Un suceso catastrófico tras el cual sólo el pueblo digno tendrá lugar en este mundo. Un suceso cuya próxima llegada fue lo que aupó hasta el poder al actual Dalor Avarashu.

Obviamente, tanto las palabras de Lísister como las de Elistea se demostraron falsas. El mundo tal y como lo conocían no finalizó mientras ellas vivieron, hace un milenio, sino que cambió para siempre a su país. La intervención de los pueblos que habían sido invadidos por ellos fragmentó el poder y obligó a establecer mecanismos legislativos para que aquello no volviese a repetirse, pero el ciclo ha llegado una vez más hasta ese punto. La memoria es algo muy frágil y en los momentos de necesidad es más fácil escuchar a quien dice aquello que deseas creer.

Tarnaq y los Adeptos se encuentran gobernados desde hace treinta años por Shar Kushén, alguien que sólo cree en el poder. Su lectura interesada de los textos fundacionales de los Adeptos y su carisma le llevaron lentamente hasta una posición que no está dispuesto a soltar sin importar cuántas vidas se pierdan en el camino. Aun así, a pesar de todo su poder, su control sobre la situación dista mucho de ser absoluto.

Por un lado, dentro de los Adeptos existen multitud de cismas, por otro, para llegar hasta el poder se vio forzado a llegar a un gran número de acuerdos. A pedir infinidad de favores que le impiden ser todo lo que aspira a ser. No ha podido derogar todas las leyes que le habrían dado un control real sobre los estamentos que teóricamente lidera. Se proclama a sí mismo como Dominador, pero sólo es una pieza más dentro del engranaje. Una pieza central, pero no una insustituible.

Existen dos vertientes especialmente enfrentadas dentro de Los Adeptos, aquellos que entienden el Tanrakûl como una metáfora de un mundo ideal al que aspirar y quienes proclaman el “nuevo mundo” como algo literal. Dentro de cada uno de estos grupos también existen infinidad de facciones filosóficamente enfrentadas. Así, este evento puede ser un regalo o un castigo, una imposición o un hoja de ruta.
De acuerdo a cada uno de estos acercamientos, mientras que los postulados de unos defienden que el final de todo es un concepto absoluto, otros entienden como un cambio en el paradigma hacia algo desconocido. La facción que actualmente cuenta con un mayor número de devotos no tiene preocupaciones de este estilo, sino que camuflan bajo palabras estridentes y ominosas su total carencia de un pensamiento filosófico. Es raro encontrar a alguien que crea a ciencia cierta que el final se trate de algún tipo de castigo divino, pero también se pueden encontrar grupos que, como el que lidera quienes gobierna en la actualidad El Dominio, pese a no encontrarse en ninguno de estos cismas, realizan un uso sesgada de algunos de sus escritos fundacionales para cimentar su poder.

Su llegada hasta el poder se produjo en un momento ideal para alguien de su perfil; durante la Larga Noche. Tanto él como sus agentes supieron ver la oportunidad y aprovecharse de las penurias provocadas por este suceso para imponerse sobre un equipo de gobierno que, al igual que todos los afectados por aquel evento, se encontraban totalmente indefensos. Su lectura de aquella situación indicaba que se encontraban en una encrucijada. Una prueba a superar antes de alcanzar un nuevo estadio del mundo. Un logro al que sólo lograrán acceder los señalados por la divinidad. Sólo los dignos no pasarían hambre, sólo los señalados volverían a ver la luz de Sholoj, sólo quienes propagasen la palabra llegarían a conocer el nuevo mundo.
No había nada que sustentase sus afirmaciones, pero estas lograron calar en una sociedad cercana al colapso. Nadie creyó aquellas palabras, pero tampoco fueron analizadas. No fue el fervor religioso el que llevó a la acción al pueblo, sino la presencia de alguien que les ofrecía una salida aunque esta fuese irrealizable.

Pero el tiempo ha pasado y la desesperación ya ha quedado atrás. La prolongada guerra ha mermado a todas las fuerzas implicadas, y esto es algo a lo que Kushén tampoco ha logrado escapar. Ya ha pasado el supuesto evento apocalíptico y el mundo continúa con su curso normal. Muchos de los soldados quieren regresar a sus hogares y los apoyos del Dominador, si bien siguen siendo suficientes como para mantenerlo en el poder, cada vez son más costosos de mantener. La guerra santa nunca fue realmente un asunto de fe.

- El Chayashin Shatteru

Si bien esta organización es una de las más modernas de las que trataremos aquí, sus casi siete siglos de edad la dotan de una estabilidad de la que otras carecen. Quizás su tamaño tampoco sea tan grande como el de La Orden o la Universidad de Amlash, pero ha resultado ser un elemento clave a la hora de la resolución de diversos eventos únicos.

Realizando una traducción libre de lo que se puede entender de su nombre, este podría ser interpretado como “Concilio de los arquitectos del mañana”.

Por más que su fundación viniese de la mano de Sipskriel, el gobernante inmortal de Harst, su cúpula directiva no tiene relación alguna con las estructuras de poder de la nación que le da cobijo. Aun así, no es un organismo científico totalmente independiente ya que todo su presupuesto llega a fondo perdido desde las arcas del gobierno central.
Su sede central se encuentra ubicada muy lejos de la capital, en las que fueran las ruinas de la antigua ciudad Mishkoldar, cuyo origen se remonta hasta el tiempo del Imperio Ailanu.

Nació bajo un lema que se ha mantenido hasta el día de hoy. Unas palabras pronunciadas, no sin ser consciente de su alta carga irónica, por alguien que ya llevaba gobernando aquella nación desde varios siglos atrás cuando realizó aquella afirmación:
“La tradición es el mayor enemigo del avance. El conocimiento es maleable y cambiante como lo es la misma realidad. Si tratamos de limitar el primero, jamás lograremos comprender el segundo”.
Su relación con el poder desde entonces ha distado mucho de ser idílica, pero Sipskriel, muchas veces en contra de la recomendación de sus asesores, siempre ha respetado la autonomía de la que le dotó.

Su ámbito de acción son las ciencias puras, centrándose en gran medida en el estudio de las distintas estructuras que componen la realidad. Fueron sus estudiosos quienes lograron determinar el origen de la enfermedad que afectaba a los trabajadores del Kúbor Yolasté y también quienes trataron de atemperar los ánimos ante la llegada de la Larga Noche. En sus laboratorios se pueden encontrar muestras de elementos de toda índole. Desde aquellos que fueron tocados por cada uno de estos sucesos hasta otros procedentes de anomalías como la causante de la “Nieve del olvido”. Desde fragmentos extraídos de los domos jonudi hasta porciones ingrávidas obtenidas de algunas de las islas errantes.

En la actualidad su situación es complicada. Los territorios en los que se encuentra Mishkoldar se encuentran entre aquellos que han sido separados de Harst tras la expansión del Mar de Johrg, para pasar a formar parte de los territorios ocupados en los que se ha constituido la nueva Tembi. Dada la situación en la que se encuentra el conflicto, sus nuevos señores no tienen un especial interés en las investigaciones que tenían en curso, pero entre su personal no se encuentran únicamente estudiosos.

El Kareg Shatter, su consejo de administración, ha llegado a acuerdos con el gobierno temporal de esta nación para dedicar sus esfuerzos en determinar el posible paradero de los territorios desaparecidos, pero esta es una tarea cuyo éxito depende de una gran cantidad de factores que escapan a su control.

Por el momento conservan una cierta autonomía en cuanto a su poder de decisión, pero en lo que respecta a cuestiones económicas su presupuesto ha quedado reducido al mínimo. Se encuentran en una situación como no han conocido nunca. Una para la que su bagaje previo no les ha preparado y cuya solución no se encuentra en ninguno de los tomos que almacenan.

- El Daborush Yalani

El abandono de Cahirn Ansay de su relación con Baern no hizo que esta nación abandonase su búsqueda del conocimiento, sino que en su seno han ido surgiendo a lo largo de los siglos distintas iniciativas para suplir la carencia que dejo su partida.

En su interior se pueden encontrar un gran número de pequeños organismos que aspiran a ocupar su hueco, pero ninguno de ellos tiene la entidad del Daborush Yalani, el ministerio del conocimiento de Baern.

Aun así, la historia de esta organización se ha visto sacudida por multitud de vaivenes. Tanto su papel como su peso dentro de la vida política y social de Baern se ha visto sometido a los criterios y prioridades de cada imp de los equipos de gobierno que han guiado los pasos de esta nación. A pesar de que este órgano se encuentra fuertemente controlado por el gobierno, no todos los dirigentes han tenido muy claro qué hacer con él.
En ocasiones ha sido utilizado únicamente como un reclamo o como una muestra de estatus. Una herramienta que diga al mundo que Baern siempre fue más importante que Cahirn Ansay, y que los avances que estos lograron jamás habrían sido posibles en otro lugar, ero sin dotarles de los medios necesarios para convertir las promesas que hacen ante el mundo en una realidad.
En otras ocasiones la preocupación ha sido sincera y los recursos se han encontrado muy por encima de la pompa.

Sea como fuere, con mejores y peores gestores, con unos recursos más holgados o en situación de precariedad, esta organización ha permanecido activa de manera ininterrumpida a lo largo de los últimos siglos, pero las condiciones bajo las que ha trabajado le han supuesto pagar un alto precio.

En aquellos tiempos en los que han sido administrados por burócratas puros sus mentes más brillantes han terminado por abandonar la organización en pos de un ambiente más óptimo para la investigación. Su destino más inmediato siempre ha sido Cahirn Ansay, algo que no ha ayudado a la relación entre esta y Baern, pero dependiendo de la especialidad de cada uno de ellos tampoco ha sido raro que hayan dirigido sus pasos hasta aquellas naciones en las que se encuentra más desarrollado su campo de estudio.

Una de las acusaciones que se ha hecho al Daborush Yalani con mayor frecuencia es la de su falta de ambición. Una recriminación que ha acostumbrado a provenir principalmente desde su interior. El control que se ejerce sobre él desde el gobierno ha hecho que sus objetivos pequen de cortoplacistas y que su ámbito de acción sea muy generalista, una actitud que resultado determinante a la hora de tratar de atraer perfiles especializados en ningún campo.
Esto no quiere decir que entre sus filas no se encuentre gente con talento o pasión por lo que hacen, pero sí que ha provocado que muchos de ellos abandonen sus salas las injerencias en sus investigaciones han sido especialmente frecuentes o se les han exigido resultados inviables.

Por más que existe una clara competencia entre ellos y La Orden, también realizan estudios conjuntas. Esta competición, sana en lo referente a los investigadores, no lo es tanto cuando los implicados son sus responsables. Existe una desconfianza fundada por parte de los gobernantes de Baern cuando se trata de sus relaciones con Cahirn Ansay. Esta reticencia no es algo procedente de los tiempos en los que los territorios en los que se asienta La Orden se encontraban bajo su dominio, sino a los riesgos que supone dejar la entrada libre hasta sus edificios oficiales a agentes de una nación extranjera.

- El Iluma

De entre todas las organizaciones dedicadas a la búsqueda del conocimiento quizás la que cuenta con un origen más anómalo sea la del Iluma, la organización que es comúnmente confundida con el ministerio del conocimiento de Bra’Em’Kyg.

Este órgano no es el primero de una índole similar que tiene su sede en esta nación, ya que siglos antes de su establecimiento Bra’Em’Kyg ya había tenido otro Ministerio del conocimiento, el Dohet da lisei, pero la luz de aquel pretendido imperio de la razón no tardó en apagarse.

Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que alguien tratase de recuperar aquella idea pero, tanto la función como la posición que ha ido ocupando dentro de Bra’Em’Kyg esta organización han variado enormemente desde el momento de su fundación hace cuatro siglos.

Porque el Iluma no siempre ha estado ligado al gobierno de Bra’Em’Kyg, sino que en origen fue una organización independiente. Aquella primera encarnación fue fundada por los tripulantes de la estación orbital Sigma 3.0 en su búsqueda de las herramientas necesarias para lograr que su base de operaciones volviese a ser completamente funcional.

La Sigma regresó hasta Daegon en siglo primero antes del Calendario Mecbarino y, durante los primeros siglos posteriores a su regreso, lo inmortales que componían su tripulación asumieron distintos papeles mientras trataban de comprender en qué se había convertido su antiguo hogar. Personajes ficticios bajo cuyo nombre y apariencia recorrieron los el mundo, hablando y colaborando con quienes tenían un conocimiento más preciso acerca del funcionamiento de una realidad que era nueva para ellos tras varios milenios surcando distintos aspectos del todo.

Una vez que que constataron que con el conocimiento y los medios que poseían los estudiosos contemporáneos era insuficiente para lograr su objetivo, fundaron el Iluma como un medio a través de continuar ellos con sus investigaciones. A pesar de que los locales no podían aportarles el conocimiento necesario, sí que podían ser un apoyo para labores que requerían de otro tipo de roles.

Sin dar a conocer nunca su verdadero origen y propósito salvo a un reducido grupo de personas, el Iluma se convirtió en poco tiempo en referente en el panorama internacional. Quizás no todas sus teorías resultasen acertadas, pero el acercamiento hacia los problemas que adoptaban sus miembros más técnicos siempre resultaban como mínimo diferentes a cualquier cosa que se estuviese llevando a cabo en otros lugares.

Hace más de dos siglos que los tripulantes de Signa dejaron de liderar los pasos del Iluma, aunque esto no quiere decir que no mantengan ningún contacto con miembros de esta organización. Desde entonces, si bien el nivel de innovación ha sido menor, su reputación internacional no ha disminuido.

Por su propia naturaleza esta es una organización que especialmente centrada en el terreno de lo práctico. En la obtención de resultados transformables en algo tangible de alguna manera. A lo largo de su historia se ha reinventado en multitud de ocasiones tanto para tratar de adaptarse al sino de los tiempos como para evitar pasar a la irrelevancia.

En la actualidad el terreno en el que resultan más punteros es en el de aquellos objetivos relacionados con la generación de grandes cantidades de energía, así como el desarrollo de dispositivos que puedan utilizarse para que esta se use en el abastecimiento de los servicios básicos de las grandes urbes.
Para esta clase de proyectos no cuenta únicamente con el apoyo del gobierno de Bra’Em’Kyg, sino que también recibe fondos, material y mano de obra de otras naciones.

Esta, si bien es aquella por la que el presente gobierno de Bra’Em’Kyg ha mostrado más interés, no es su único área de acción sino una más de muchas. Así, al mismo tiempo que el poder ha acostumbrado a valorar sus esfuerzos en este campo, el pueblo siempre ha apreciado mucho más sus avances en otro que consume un considerable número de sus grandes equipos de investigadores, el del avance de la medicina.

Más allá de estas interacciones, su presencia en la vida política es escasa aunque no nula. Su labor no es altruista y, de la misma manera que no se atan a ningún grupo político, dentro de sus departamentos también cuenta con secciones dedicadas a analizar los cambios en la legislación y presionar para que estos sean favorables a sus intereses.

De existir un antagonista principal cercano a la esfera del poder, este sería el de la iglesia de Mystaler, el cisma de la Iglesia Tayshari que cuenta con una presencia mayoritaria en Bra’Em’Kyg. Por más que su enemistad se presente como algo que atiende a criterios metafísicos, esto no deja de ocultar una lucha por los recursos que el gobierno aporta a ambos. Las acusaciones que reciben por parte de estos de contravenir a las leyes naturales no son sino una estrategia. Una manera de presionar al gobierno para que su financiación desaparezca y que esto suponga una mayor partida económica destinada a las actividades eclesiásticas.

Tras el gran desastre el Iluma ha quedado muy mermado. Junto a los territorios desaparecidos de Bra’Em’Kyg han se han desvanecido también varias de sus sedes; aquellas ubicadas en las zonas costeras, junto a los resultados de las investigaciones que tenían lugar en ellas. Pérdidas estas que tardarán mucho en poder ser reemplazadas.
Esto también ha hecho que gran parte de sus esfuerzos presentes se enfoquen en la investigación de estos sucesos y sus secuelas,

- El Agon Lur Seshén

En lugares como las Llanuras Heladas todo resulta aún más extraño. Tanto el saber como el mito atienden a criterios que nada tienen que ver con lo que se conoce en Daegon. Su aislamiento casi total de lo que les rodea en el plano físico de este mundo ha hecho que su concepción de la naturaleza humana o la divina sean únicas.
Como sucede también en Werela y otros lugares afectados por una axiomática anómala, las comunicaciones internas también son complejas y cada grupo humano ha evolucionado ajeno en gran medida de gran parte de lo que sucede a los pueblos de su alrededor pero, al contrario de lo que sucede en las junglas habitadas por los angorm, estas culturas son más sofisticadas y tienen una visión global de la historia más próxima a la realidad que la de cualquier otro pueblo presente.

Su camino les ha llevado a convivir con abstracciones o a recorrer las sendas del tiempo. Son conscientes como pocos de la indiferencia de la realidad para con la humanidad y lo insignificante de sus existencias individuales o colectivas. Al igual que todos, ellos también tienen dudas acerca de lo que sucede tras la muerte, pero su rara vez han tratado de buscar una mentira cómoda que le de respuesta sino que su búsqueda siempre ha tendido a dirigirse hacia el terreno de lo objetivo.

Aunque no sean conocidos en Daegon, dentro de los territorios con los que confluyen las Llanuras hay lugares que gozan de una cierta estabilidad. Puntos hasta cierto punto libres de la inestabilidad axiomática que afectan al resto y que, como resultado de esto, son considerados como seguros. Pero esta normalidad no viene libre de su propio precio.

Porque, a pesar de que estas ubicaciones se encuentren exentas de las condiciones que se dan en su interior estos territorios, el acceso hasta ellas no es sencillo. Ni el abandonarlas no el llegar hasta ellas son procesos libre de riesgos y, a pesar de esto, se han convertido en puntos a los que regresar. En entornos en los que se han establecido comunidades humanas.

Vimul ne Oshikar es uno de estos lugares, el hogar de del Agon Lur Seshén, los Contempladores de la eternidad. Desde este lugar ubicado en una realidad interregna, se tiene acceso hasta una parte de Kay Tíndawe; las grutas situadas en el corazón de Lutnatar desde la que se pueden observar los sucesos que tienen lugar en distintos niveles de existencia, en otros tiempos y lugares. A través de ellos se puede llegar a crear un mapa del tiempo pasado y futuro, la labor a la que aspira esta organización.

Pero, por más que la naturaleza de quienes habitan este lugar haya variado con respecto a la de sus ancestros, continúan compartiendo un gran número de sus necesidades básicas. Necesidades que no pueden ser cubiertas con los recursos existentes en las “Estancias de los espejos”.

Porque este lugares carecen por completo de elementos tan básicos para la vida como fauna, flora o agua. Ninguna de las intentonas que por tratar de cultivar alimentos procedentes de otros lugares han fracasado, así pues, a pesar del tiempo que llevan siendo habitadas, por más que se ha trabajado en la edificación de estructuras para moldearlos de acuerdo a algunas de las necesidades humanas, no han podido ser transformados en zonas completamente habitables.

El papel, el cuero y los materiales de los que se encuentran compuestos los libros que pueblan sus incontables y pétreas estanterías han sido traídos de otros lugares. Quienes lo habitan dependen por entero del sustento que les provee desde el exterior. La carencia de estos elementos ha supuesto su abandono en multitud de ocasiones, o la muerte de quienes lo habitaban. Porque los caminos que permiten abandonar estos territorios o llegar hasta ellos no siempre se encuentran disponibles para ser atravesados por conceptos materiales.

Aun cuando el flujo de provisiones es estable, la vida en este lugar no es sencilla. No importa la devoción que se tenga en la tarea que se desarrolla en sus salas de quien se incorpora, pocos son los que dedican por entero su vida a esta labor. Por más dura e incierta que pueda ser la vida en las estepas interplanares, quienes las habitan las encuentran más acogedoras que el ascetismo forzoso y la casi total ausencia de cambio que les aguarda en los salones de las llamadas “Bahías del saber”.

Y, sin embargo, estos salones han sido repoblados una y otra vez. El camino hasta ellos ha sido recuperado y reconstruido tras cada nuevo percance, se han terminado por convertir en un hogar para muchos. Todos los intentos por tratar de superar los escollos que se les han presentado no han hecho sino ayudar a que se convierta en un lugar que han permitido el avance de un conocimiento racional.

- Otros lugares y organizaciones

La diversidad de acercamientos hacia los mundos del conocimiento y el misticismo en occidente no se encuentra limitada únicamente a aquellos que hemos presentado hasta el momento. A lo largo y ancho de sus territorios podemos encontrar un gran número de organizaciones de mayor o menor tamaño que no encajarían dentro de los parámetros que podríamos considerar como “civilizados”, grupos de personas cuyos enfoques nada tienen que ver con respecto a lo presentado en cuanto a las creencias, el saber y la manera en la que estos son plasmadas.

No es necesario que dirijamos nuestra mirada hacia los pueblos menos avanzados para dar con estos perfiles ya que, dentro de los denominados como “evolucionados” también podemos encontrar otras naciones en las que, como sucede en Saliria, cualquier tipo de culto se encuentra prohibido, pero sus similitudes termina en la en ese punto, y ni la forma ni el fondo de cómo han evolucionado bebe de las mismas fuentes.

Ya haya venido dado este cambio por cuestiones de ego, oposición a un poder preexistente, racionalismo o duda sistemática, esto tampoco ha garantizado que el legado de quienes trataron de ejercer estos cambios haya sido permanente. Por más monolítico que pueda ser en un momento dado el control que es capaz de ostentar un gobernante, las dudas o sus propias actitudes muchas veces han impedido que las ideas que subyacen bajo mensaje hayan logrado permear por completo en sus pueblos.

Por más que en las dos naciones en las que este hecho se ha logrado consolidar este cambio no ha venido a través de una revuelta violenta, esta misma actitud no ha resultado exitosa en otras. Así, mientras que Saliria este cambio se produjo a través de una revolución intelectual, el otro caso, el de Naltor, vino dado como una herramienta política para diferenciarse y, hasta cierto punto mofarse, de una nación con la que mantenía rivalidad desde mucho tiempo atrás.

Mientras que la primera es una nación donde la ciencia tiene un gran peso específico y no niega la existencia de fuerzas que se encuentran más allá del entendimiento humano, la segunda ha basado su cultura en su competencia con el rival y en tratar de distanciarse de este. De la misma manera que una niega una intencionalidad detrás de los movimientos cósmicos y la creación del mundo o la humanidad, la otra proclama que adorar a conceptos capaces de concebir un mundo tan imperfecto como aquel en el que viven tan sólo demuestra una enorme falta de carácter e inteligencia.
Irónicamente, mientras que una de ellas se ha dedicado a fomentar el pensamiento racional, la segunda rara vez ha fomentado a lo largo de su historia el tratar de una comprensión mayor de todo aquello que queda más allá del terreno material.

En ocasiones ha sido la misma existencia de estas naciones lo que ha servido para fortalecer o provocar nuevos surgimientos de aquellas ideas que critican. Tener un enemigo claro a quien enfrentase siempre ha sido el combustible ideal para alimentar las llamas del fanatismo. Un medio a través del que los poderosos han logrado ocultar a simple vista las acciones e intenciones más obvias y prosaicas.

De cualquier manera, ninguno de estos lugares se encuentran exentos de superstición o preguntas sin responder. Las inquietudes de quienes han liderado estos movimientos acostumbran a carecer de empatía por quienes se encuentran fuera de sus círculos, y esta ha sido la causa de la caída de muchos de ellos en cualquiera de los espectros de los que estamos hablando aquí. Salvo en casos muy especiales, la comunicación con los legos ha sido una de las características de la que más han adolecido sus ideólogos, y las respuestas que han tratado de dar a las grandes preguntas, o la falta de estas, sólo han servidor para que surjan otras voces que ofrecen palabras más fácilmente comprensibles, más sencillas o más cómodas de aceptar.
Al igual que sucede con los grandes cultos, hasta el momento en el que no se producen carencias el pueblo llano no ha acostumbra a cuestionar las ideas o los métodos de quien se encuentra en el poder, por más que no esté en sus manos la capacidad para cambiar tales situaciones.

De manera independiente al contexto que tratemos, el hecho de que quienes se encuentren en el poder promulguen un ideario no garantiza que todos aquellos que se encuentran bajo su mandato lo acepten sin cuestionarlo, carezcan de ideas o inquietudes propias, o evita que la presión ejercida por la tradición no les lleve de nuevo hasta los derroteros que les son más conocidos.

Saliendo ya del territorio de las naciones con unas estructuras sociales más complejas, en el oeste continental también podemos encontrar territorios en los que aún persisten creencias menos sofisticadas de aquellas de las que hemos hablado hasta el momento. Naciones en las que los cultos no poseen una estructura jerárquica organizada y uniforme a lo largo de toda su extensión y que, en gran medida, pese a provenir de fuentes e influencias similares, sus tradiciones no otorgan un papel tan pragmático a la religión dentro de la jerarquía social.

La función de quienes ocuparían el papel tradicional del sacerdocio tampoco es uniforme en estas culturas y, mientras que en algunas de ellas cumplen funciones equiparables a las de estos, en otras su papel es más similar al de sanadores, eruditos o guías a la hora de de enfrentarse a eventos anómalos. Al igual que los sacerdotes civilizados, estos hombres y mujeres carecen de poderes especiales de ningún tipo, pero sí que poseen un conocimiento más profundo de los funcionamientos de la realidad que el resto de integrantes de sus pueblos. Un conocimiento que se encuentra oculto detrás de múltiples capas de tradición, ritual superfluo y observación. Por más que algunas de estas culturas hayan logrado desentrañar misterios que sus contrapartidas más sofisticadas aún no han sido capaces de aterrizar, la manera en la que los afrontan no se basa en el método científico, y ciertas lecciones que se podrían extraer de este saber implícito quedan ofuscadas bajo la mera repetición acrítica de patrones aprendidos.

Dependiendo de sus culturas, algunos de ellos sí que afirman que este conocimiento proviene de algún poder superior que se lo legó a sus ancestros, pero el aprendizaje e interiorización de este saber es un proceso igual de laborioso que el de cualquier otro campo de estudio.

Este tipo de culturas son más proclives a creen en el misticismo y la superstición, pero esto no evita que sus “hombres santos”, ya desempeñen estos tareas equiparables a las de sacerdotes, chamanes o animistas, hayan desarrollado dinámicas sociales que les permitan explotar el estatus que les otorga su conocimiento.

Sus mitos no acostumbran a estar tan elaborados como los de los pueblos más civilizados, y la ausencia de una cultura escrita hace que, dentro de una misma cultura, y dependiendo de la extensión de los territorios que habitan, estos difieran enormemente en cada emplazamiento. Estos credos tampoco están libres de cismas, errores honestos, interpretaciones parciales o lecturas interesadas de la tradición.

De esta manera, en lugares como Werela se pueden encontrar tribus que adoran a los Jonudi como deidades mientras que otros los consideran criaturas peligrosas o un concepto con el que se pueden relacionar en igualdad de condiciones. A su vez estos pueblos conviven con otros que, bajo el nombre de “Los Angoru“, adoran realmente a una suerte de conceptos híbridos entre diversos integrantes de los progenitores de la humanidad y otras criaturas ya desaparecidas que existieron en aquellos tiempos remotos. De acuerdo a sus mitos, todos ellos poseen una suerte de antecesores comunes. Una línea sanguínea que une a todos las tribus que pueblan este territorio anómalo.

Más allá de estos dos grupos dispersos de tribus también podemos encontrar a aquellas que adoran al concepto de Lyg Andrós, “El gran cazador”. Pero la uniformidad en cuanto a sus mitos tampoco es algo que sea frecuente dentro de este último grupo. En él también podemos encontrar cientos de diferentes sub-divisiones. Los mitos son tan dispersos como las propias tribus, y se pueden encontrar tantas atribuciones asociadas hacia un mismo nombre como grupos humanos que pueblan su extensión. Tribus que afirman descender de animales mitológicos de los cuales también el mismo mundo desciende, y otras que consideran que estas bestias míticas proceden a su vez del propio Lyg Andrós. Quienes atribuyen a un mismo concepto nombres como Gashu, Totnemoq, Oglashen y quienes utilizan estos mismos vocablos para referirse a otros conceptos hostiles, amistosos o indiferentes.
Por más que pueda existir una tenue coherencia interna dentro de cada mito individual, la suma de todos ellos da origen a una cacofonía indescifrable. No existe relación alguna dentro cómo se refieren al mundo, las entidades que afirman que le dieron origen, o los mitos que han ido desarrollando para tratar de darles sentido. Ni Lyg Andrós ni el resto de las llamadas bestias primigenias comparte características o relaciones y, mientras que ciertas tribus narran cómo se establecieron sus alianzas en los tiempos mitológicos, en otras son presentados como enemigos, vástagos o siervos de manera indistinta.

Por su parte, también se pueden encontrar culturas cuyo evolución y condiciones les han llevado a adoptar el nihilismo como fuerza motora. Pueblos que en un momento u otro se han visto sometidos, humillados o traicionados. Etnias sometidas por fuerzas externas que les ha llevado a desarrollar un odio irracional a todo aquello que provenga de fuera de su círculo más cercano. Culturas como puede ser la de algunas de las tribus dengar que habitan en Rearem.

El camino recorrido por estas tribus dista mucho de ser racional o siquiera inteligente, sino que las ha convertido en una amenaza incluso para otros integrantes de su misma etnia que pueblan territorios con los que no han tenido contacto durante generaciones. Porque el contacto con lo ultraterreno no se limita a conceptos que pueden resultar amistosos o neutrales hacia la vida, sino que el material del que están compuestos el miedo, el dolor o las pesadillas también ha tenido su impacto en Daegon.
De esta manera, aquellos que adoran conceptos como Koroktomoj “Señor de la sangre”, Matektokoal “Quien acompaña al fuego”, Jarletuktal “El Devorador de todo lo vivo”, Dustukan “El vacío infinito”, Shaduktukumal “El Padre de los gusanos” o Kushund “Fuente de bestias”, rara vez lo hacen por ambición o con un plan. Estos, al igual que todos aquellos credos surgidos de la influencia proveniente de los distintos aspectos de la destrucción no acostumbran a concebir el mañana como algo lleno de esperanza.

Existe ciertos vínculos establecidos entre la humanidad y entidades que existen más allá de su comprensión. Relaciones inconscientes por parte de cada uno de sus integrantes que no atienden a leyes físicas, no ligadas al momento o el lugar. El hecho de que las entidades que existen más allá del velo no pidan, sean conscientes, recompensen o agradezca ante esta devoción no convierte a quienes las adoran en amenazas menos peligrosos tanto para ellos mismos como para quienes comparten territorio con ellos.

Por fortuna, las encarnaciones más cerriles de estos cultos, en gran medida condenados por su propia naturaleza, desaparecieron hace siglos, pero aún se conservan pequeños vestigios de ellos en la actualidad. Versiones atemperadas de los principios sobre los que se construyeron estos cultos pero igualmente dañinas. Quizás sean minoritarios dentro de las etnias en las que se encuentran presentes, pero el rencor y el odio que les mueven son fuerzas motoras con las que no se puede negociar.

No todos los pueblos que proclaman ser los pobladores originales del territorio de Rearem rinden culto a estas entidades, sino que un gran número de ellas sólo buscan que se respeten sus tierras ancestrales, pero las culturas “civilizadas” con las que conviven no acostumbran a hacer distinciones entre los que no se adaptan a sus costumbres. Estos pueblos se ven amenazados por partida doble; tanto por una parte de los que podrían considerarse como “los suyos” y por “los pueblos invasores”, y sus propias mitologías han ido evolucionando para terminar contemplando este escenario. Una evolución que en ocasiones ha llegado a recuperar tradiciones que llevaban largo tiempo desterradas.

Así pues, no importa que las etnias más peligrosos hayan sido exterminados tanto por los pueblos civilizados como por las tribus que se han visto atacadas por ellos, la posibilidad del resurgimiento de estos cultos es una amenaza constante. La última larga noche no sólo fue el campo de cultivo ideal para su resurgimiento, sino que las grietas que se abrieron permitió un acceso aún mayor a la influencia de los señores del dolor. No sólo afloró de nuevo el culto a estos seres en varias tribus dispersas de manera simultanea, sino que estas se unieron para esparcir su legado allí por donde pasaban.

Esta es una amenaza que hoy parece haber quedado sofocada, pero aún permanecen los últimos vestigios aquellos días. Su culto ha logrado ser desterrado una vez más como amenaza a gran escala, pero su presencia aún permanece en lugares puntuales. Son culturas cuya vida se centra en el conflicto, gentes que, salvo durante situaciones excepcionales como esta última, ni siquiera se alían con quienes adoran a sus mismas deidades. Culturas incapaces de evolucionar o construir en las que sus propios integrantes se encuentran atrapados.

Quizás el que ha tenido lugar en Rearem haya sido el brote más repentino, virulento y dramático de estas tendencias nihilistas de los últimos tiempos, pero ni ha sido el único no esta influencia se ha visto totalmente erradicada del resto de territorios.

- El esquema de poder en occidente

Más allá de las organizaciones que hemos ido mencionando, en la zona occidental del continente existen un número enorme de estamentos de diferentes tamaños, objetivos y zonas de influencia. Organizaciones científicas como el Anstogor Vecsali de Rearem o los anteriormente mencionados Lugens Gaumoru de Tembi o la escuela de Sunrath en Menetia conviven con los diferentes cismas de las grandes iglesias o los pequeños cultos locales que se encuentran esparcidos por todas su orografía.

El tapiz que dibuja el complejo entramado de relaciones existentes entre todas ellas no sólo no es menor a aquel que conforman los gobiernos de los distintos pueblos de Daegon, sino que se encuentra poderosamente engarzado en estos.

Pese a lo que pueda parecer en un primer vistazo, la fe ciega y las promesas de una recompensa final no son las únicas armas que se esgrimen en el terreno de combate. La ambición no atiende únicamente a lo irracional sino que, cuando logra avanzar, su punto de partida siempre proviene de alguien metódico, alguien que no se deja llevar por las emociones, alguien con un plan.

En ciertos lugares existe desconfianza ante los hallazgos de los organizaciones dedicadas a amasar conocimiento. La Orden de Cahirn Ansay es temida por muchos gobiernos y no sin cierta razón, pero si mantiene su independencia es porque ninguno de ellos quiere que su saber se encuentre en posesión del “otro”.

Los distintos Omniarcas que ha tenido La Orden son perfectamente conscientes de esto, y es una baza que Cahirn Ansay ha utilizado siempre con suma cautela.

La pertenencia al Yishin Amat no implica una adhesión incondicional hacia las decisiones del “Guardián del conocimiento”, y las luchas internas son tanto o más intensas que las que pueden dar en cualquier organización. Tras los sucesos recientes La Orden vive días convulsos. Su actual líder es alguien ciertamente atípico y su perfil no encaja completamente con el de un estadista. Su preocupación principal es desentrañar el gran misterio detrás de estos sucesos, y esto le ha llevado a priorizar y dar más recursos a los grupos de estudio relacionados que a las intrigas que se encuentran actualmente en curso.

Porque La Orden, más allá de la neutralidad a la que se ha visto forzada, no está libre de sus propias apuestas arriesgadas. Jugadas que, de ser demostradas, podrían ocasionar un mayor nivel de intervención por parte de los gobiernos de las naciones que les rodean.
Algunas de ellas se encuentran auspiciadas por parte de su consejo rector, pero otras atienden a maniobras individuales. Existe un gran número de extensas redes clientelares que se propagan a lo largo de casi toda la columna central del continente y tienen su centro en Cahirn Ansay. La Orden no cuenta sólo con gente ansiosa por el saber, sino que en su seno también cuenta con gente que sólo la ve como un medio para alimentar sus propias ambiciones.

La relación que mantiene La Orden con todas aquellas naciones en las que tiene embajadas, bibliotecas o universidades varía enormemente, y el nivel de libertad del que gozan sus miembros en cada una de ellas se ve afectado por cómo es percibida su casa madre allí.
Por más que La Orden se defina y haya tratado de posicionarse como una organización agnóstica a todos los niveles, esto es algo a todas luces imposible y, mientras sus diplomáticos sí que se encuentran preparados para mantener esta fachada, quienes se dedican a la investigación y la formación, por más que también hayan sido aleccionados para ello, acostumbran a tener sus propias visiones y prioridades.
No han sido pocos los conflictos diplomáticos iniciados por una elección desafortunada de palabras durante alguna charla, o a la hora de impartir lecciones a alguien perteneciente a una clase social alta o a familias practicantes de algún credo.

Su relación con Goord siempre se encuentra sometida a un escrutinio especial y, al mismo tiempo que su conocimiento de las ciencias es muy valorado en su versión más pragmática, la visión que dan acerca del culto de Gâldaim o la visibilidad que dan sobre otros modos de vida acostumbran a verse muy acotados. Esta relación también se ha visto siempre muy mediatizada por la colaboración que han mantenido con el gobierno de Saliria.

De la misma manera, su relación con Menetia también ha pasado por momentos de tensión no sólo por el recordatorio de lo que les fue arrebatado con la Escuela de Sunrath, sino por tiranteces con la iglesia Tayshari.
Mientras que la relación con aquel órgano que les fue expropiado hace mucho tiempo que se normalizo, y acostumbran a mantener con ellos una sana competencia, los sectores más reaccionarios dentro del clero no ven con buenos ojos que las generaciones de potenciales futuros líderes sean formados por un organismo externo y completamente laico.

A su vez, los distintos cismas de la Iglesia Tayshari han sido históricamente jugadores muy importantes dentro del escenario político occidental. Allí donde ha arraigado con fuerza este credo su relación con el poder no ha tardado en florecer y, con ello, también se ha incrementado su capacidad de presión. Pero la ambición de sus respectivos líderes locales ha supuesto a su vez un problema para el conjunto de la organización.

La fragmentación existente dentro de sus líneas ideológicas es algo que siempre ha desagradado profundamente a un gran número de sus distintos dirigentes, pero el deseo de cada uno de ellos por ser única cabeza visible de una gran organización sólo ha servido para que sus posiciones cada vez se encuentren más alejadas.

En la actualidad existen cuatro grandes cismas de esta iglesia, cada uno de ellos con sus propios sumos pontífices que proclaman ser la única voz autorizada para hablar en nombre de los dioses; el Gran Teogonista de Menetia y el Yartas Malasteri de Mystaler. Cada uno de ellos, a su vez, niega la legitimidad del resto.

Las más beligerantes de estas cuatro son las de Menetia y Mystaler, siendo su enemistad tal que en el pasado sus dirigentes han llegado a declarar la guerra santa contra la otra acusándolas de ser heréticas. Por su parte, los cismas existentes en Shemmellom y Shattegar han acostumbrado a mantener un perfil más bajo, algo a lo que en gran medida ha condicionado su menor relación con los poderes establecidos de sus respectivas naciones.

Indudablemente, la Iglesia Tayshari de Menetia es el culto más importante de todos ellos y, a pesar de que sus relaciones con el Vim Ubar, el órgano de gobierno de esta nación, han fluctuado mucho a lo largo del tiempo, su integración dentro de la vida civil les hace ser una fuerza a tener en consideración.

Las relaciones entre Naltor y Menetia han sido históricamente muy complicadas. Si bien es cierto que la causa de estas dificultades bebe de un gran número de factores, la iglesia tiene un papel predominante en ellos.

Por un lado, la utilización que realizó Naltor de su prohibición de todo religión organizada dentro de sus territorios como elemento diferenciador entre ellos y el antiguo impero del que formó parte atendía menos a criterios filosóficos que políticos, pero la potenciación con posterioridad de este rasgo por parte de un gran número de sus gobernantes ha hecho que la suya sea una relación sumida en un constante estado de tensión.

Los distintos Teogonistas de la iglesia siempre han exigido un cambio en la actitud del Vim Ubar ante estos que consideran una ofensa, pero nunca han logrado provocar un enfrentamiento directos entre ambas naciones. Aun así, las tensiones que existen en la franja fronteriza entre ellas debidas en gran medida a esto ha llegado a escalar para terminar convirtiéndose en enfrentamientos mayores.

Los recientes hechos catastróficos acontecidos han hecho aflorar en occidente movimientos largo tiempo adormecidos y, si bien los posteriores años de vuelta a la normalidad los han atemperado, su presencia aún se encuentra muy lejos de ser totalmente erradicada.

Por más que los territorios que más afectados se han visto a este respecto hayan sido los de la costa oeste, las regiones del sudoeste continental también se han visto drásticamente afectadas, siendo Naltor y Bra’Em’Kyg quienes han padecido con mayor dureza sus secuelas.

Todos estos estamentos se han visto cuestionados de una forma u otra, ya sea por su incapacidad para predecir o contener el suceso, o por su fracaso a la hora de interceder ante “los poderes que se encuentran más allá del mundo” para que sus efectos sólo afectasen a los impíos, pero esto no ha impedido a los oportunistas el tratar de utilizarlos para su propio beneficio.

La actividad de aquellos grupos que continúan promulgando las teorías más catastrofistas se encuentra acotada principalmente en los territorios más afectados, pero lo infeccioso de su mensaje ha logrado llegar de manera soterrada hasta aquellos lugares que han quedado indemnes. A este respecto, la comunicación existente entre los pueblos se ha convertido en un arma de doble filo. Una que ha llevado un mensaje de normalidad hasta los territorios más dañados y de alerta a los han quedado libres de su efecto. Al mismo tiempo, las noticias llegadas desde el este del Pramayán también han servido para alimentar toda clase de teorías. La desaparición de Dairus ha sido celebrada por unos y entendida por otros como la señal de algo aún por llegar. Como una oportunidad para alimentar las ansias expansionistas de los más ambiciosos o como una advertencia para el resto de los gobernantes inmortales.

Durante los últimos años han aflorado en Menetia distintos grupos que acostumbraban a moverse en la clandestinidad; aquellos que promulgan que esta nación tiene que volver a ser un gran imperio y reclaman la disolución del Vim Ubar. Algunos de los altos dirigentes de la iglesia no sólo se han hecho eco de estos movimientos, sino que también han sido parcialmente sus instigadores.

Mientras tanto, en la costa oeste del continente el conflicto iniciado por Sar Kushén continúa su curso. Lo único en lo que coinciden todas las escuelas de pensamientos ligadas a los Adeptos es una; se ha iniciado una nueva era, pero tanto el significado de esto, como los debates acerca del concreto de lo qué ha dado comienzo continúa siendo fuente de conflicto. Ya sea desde un punto de vista metafórico o literal, todos ellos coinciden en que la existencia actual sólo es un paso previo hacia algo distinto, pero no logran ponerse de acuerdo en qué les espera después, o en la manera de llegar hasta ese estadio.

Tanto sus corrientes teológicas como las filosóficas han sufrido drásticos cambios que sólo han servido para generar nuevas fragmentaciones en sus dogmas. Divergencias que son cada vez más frecuentes en aquellos territorios en los que la guerra continúa su curso.

Porque, por más determinista que pueda ser la visión global de las diferentes escuelas de pensamiento sobre el devenir del mundo, sus acercamientos a la hora de afrontar este momento también son igualmente antagónicos. En su seno se puede encontrar desde aquellos que, como promulga Kushén, se consideran a sí mismos como los únicos merecedores de alcanzar el nuevo mundo como, hasta aquellos que, al igual que sus detractores, ven su labor como la de heraldos y guías hacia lo que vendrá. Desde quienes centran su labor en la advertencia y la concienciación hasta aquellos que la usan como herramienta para imponer su agenda. En resumidas cuentas, entre quienes apoyan la cruzada del Dominador, y quienes lo critican tanto a él como a la misma legitimidad de su título.

De acuerdo a los designios proclamados por quien tiene un mayor peso en este culto en la actualidad, el final no es tal cosa, sino el momento en el que da comienzo una nueva era; esta nueva era recién comenzada.

El momento definitorio que separará a los pueblos dignos de aquellos que siguen la vía equivocada. Un ideario que lleva décadas sido utilizado para mantener viva una cruzada en la que se pueden haber ganado territorios, pero que no ha proporcionado una mayor prosperidad a su pueblo sino todo lo contrario.

El nivel de permisividad o integrismo de cada uno de los cismas en los que se han ido desgranado los Adeptos ha convertido en un momento u otro a quienes los practican en miembros reconocidos y aceptados por el alto estado de su iglesia o en proscritos.
A pesar de que la encarnación predominante de este culto en la actualidad se encuentra liderada por el gobernante del Dominio, esto no implica que quienes le siguen se encuentren cegados por la fe, todo lo contrario. A día de hoy su control se ejerce a través de la amenaza, la fuerza y el miedo, armas de doble filo que deben ser usadas con mesura.

La división entre iglesia y estado aún es clara, y el hecho de que el poder poder de una dentro de la otra sea el mayor que se ha conocido en lo últimos siglos, esto no ha evitado que sus decisiones en cualquiera de estos dos terrenos le sean discutidas. Su control sobre la nación y sus ejércitos sigue siendo absoluto, pero el pago por los favores requeridos para llegar hasta el poder puede terminar haciendo mella en este.

De cualquier manera, el tiempo y la guerra han provocado que tanto en su mensaje como en el de los propios Adeptos sean cada vez más cuestionados. Las voces en contra de la persona van perdiendo su timidez y cada vez se escuchan con mayor claridad y frecuencia, sólo para ser silenciadas de forma drástica. Tanto la visión que afirma defender como las acciones llevadas a cabo en su nombre han hecho que sus detractores se apoyen en las corrientes de pensamiento opuestas a las mayoritarias, algunas de ellas prohibidas hasta tiempos recientes, para cuestionarlo. La disidencia no se ha limitado a estas voces en contra de su líder, sino que han llegado a plasmarse en hechos concretos. Se han producido varios atentados fallidos contra su persona, pero aún cuenta con los apoyos suficientes como para ejercer su control con puño de hierro.

La que fue su arma principal lentamente se está volviendo en su contra, y todos aquellos mensajes de advertencia y conquista de los que se ha hecho proselitismo, han pasado a convertirse en una herramienta que se está utilizando para minar su imagen y su mensaje. Lo prolongado del conflicto ha hecho que su sueño de implantar un totalitarismo ideológico y político se tambalee, pero aún le quedan bazar por jugar.
El mundo continúa, y el esta nueva era se parece demasiado a aquella que supuestamente finalizó.

Por fortuna la presencia de credos tan agresivos acostumbra a encontrarse muy ligada a sus lugares e ideólogos de origen. El ciclo entre sus extremos tiende a oscilar, siendo necesario el transcurso de una gran cantidad de tiempo dentro de los márgenes de la lectura más moderada antes de que la llegada de otro aspirante a conquistador. Al igual que sucede con todo lo subjetivo, la flexibilidad de su preceptos permite que sean interpretados de acuerdo a una gran variedad de intereses. Así pues, hasta el credo más pacífico ha sido utilizadas en diferentes momentos como excusa e ignitor para las ansias expansionistas de los líderes de aquellos territorios en los que han estado presentes.

Uno de los pueblos que históricamente ha sido más beligerante a este respecto, el de Goord, está jugando un papel más conciliador de lo que ha costumbre en él. Tanto en el caso de las naciones en las que imperan el culto a Gâldaim como en las que se encuentra presente el de los Adeptos del Tanrakul, en los últimos tiempos se han producido eventos que se podrían entender como opuestos.

La llegada al poder de la Teócrata Liveska Tercera hace casi tres décadas supuso un cambio dentro de la actitud general de Goord. Tras la ascensión hasta el poder de su última jerarca, se han comenzado a dar pasos hacia una nueva modernización de esta religión. Así, mientras que en el caso del Dominio su posición no ha hecho sino retomar las lecturas más extremas que se han hecho de su ideadio y radicalizarlas aún más, en la teocracia de Goord se ha tratado de impulsar una la lectura más acorde a los tiempos de sus textos fundacionales.

Dentro de la teocracia uno de los elementos que más han marcado a las clases altas ha sido la ostentación de su fe en público, algo que para nada coincide con las prácticas que llevan a cabo en sus vidas privadas. Para quien buscaba encontrarse cerca del poder o aspiraba a hacerse con él, las muestras de devoción han sido históricamente herramientas sobre las que han construido sus estrategias, ya que este culto impregna todas y cada una de las instancias que componían la vida política en estas sociedades, pero esta situación ha ido dando un tímido vuelco con la llegada de Liveska.

La religión continúa encontrándose íntima e indisolublemente ligada a los estamentos del poder, y las muestras públicas de culto hacia la deidad, si bien no es algo que dictaminen sus leyes, a su vez siempre fue entendida también como una muestra de patriotismo. El hecho de que los ciudadanos de a pie no profesen una devoción real hacia estos credos de poco sirve cuando, de no dar muestras de fe, corren el riesgo de ser señalados.

Porque no solo quienes tiene el poder han esgrimido la tradición como arma, sino que esta también la han utilizado para sus pequeñas rencillas. El espacio público que ha ocupado este culto dentro del escenario político y social de su nación ha sido absoluto, pero esto no ha impedido en distintos momentos de su historia el surgimiento de voces discrepantes para con la interpretación imperante.

Si bien es cierto que en el caso de Goord el gobierno teoctático ha gobernado de manera ininterrumpida durante cerca de un milenio, esto no ha impedido que surgiesen cismas o nuevas interpretaciones de sus escrituras. Por más ligado que haya estado al poder durante tanto tiempo, la presente no es la única evolución que ha tenido lugar en su seno, sino que en el pasado también ha existido una alternancia constante entre miembros pertenecientes a las distintas fracciones de esta iglesia, al igual que han aparecido muestras de descontento y revueltas fuera del núcleo del poder.

Estas muestras de repulsa no siempre han tenido su origen como consecuencia de desavenencias ideológicas o de las luchas internas por el poder, sino que también se han construido sobre la desesperación de aquellos que ya nada tienen que perder. Durante las épocas de mayor escasez y necesidad la necesidad se han impuesto sobre el miedo y el poder de la masa se ha demostrado superior al de quien gobierna.
Al contrario de lo sucedido en otras naciones, en el caso de Goord cada vez que se ha producido un cambio violento, no ha existido un poder absoluto que controlase sus idearios o una lógica férrea guiando sus pasos. La certeza de sus partícipes en que ningún poder superior fuese a proveerles de los cambios necesarios se imponía sobre todo lo demás. La única alternativa a morir de hambre era la de morir a manos de quien tenía en su mano una posible solución. No luchaban por librarse de un poder despótico, sólo por la remota posibilidad de poder aspirar a una vida menos miserable.

Por más que la voz del pueblo se encuentre acallada en este tipo de culturas, esto no sólo no evita el surgimiento de voces discordantes entre los más desfavorecidos, sino que en ocasiones ha resultado ser el desencadenante de las revueltas más violentas.

Aun así, siempre que se han producido este tipo de levantamiento quienes han salido perdiendo han sido los mismos. En las escasas ocasiones en las que triunfaron estos movimientos, esto ha venido dado por el apoyo recibido por alguno de los aspirantes al poder. Por oportunistas o rivales que se han aprovechado de la situación de necesidad o descontento para construir sobre ellos su camino hasta aquello que ambicionan. Con esto, al no estar sustentadas sus reclamaciones sobre el estrato teológico de su opresión, estos triunfos del pueblo no han servido para que quienes profesan estas devociones por mera costumbre se hayan planteado su eliminación.

En Goord siempre se ha encontrado prohibida toda muestra de la práctica del culto de cualquier otra religión ya sea esta pública o privada, y esto es algo que ha cambiado con la llegada al poder de Liveska. Aun así, esta no deja de ser una medida diplomática destinada a mejorar sus relaciones con otras naciones. Por más que las muestras públicas de esto continúen prohibidas, los diplomáticos de otras naciones que se encuentran en los territorios de la teocracia puedan practicar sus ritos dentro de sus residencias y embajadas.

A su vez, las penas por el incumplimiento de este mandato también han sufrido leves alteraciones para el resto de ciudadanos, algo que no ha estado libre de controversia.
Por más que una gran parte de quienes forman parte de sus jefaturas, de la misma manera que sucede con toda gran organización, son individuos ávidos de poder, entre sus filas también se puede encontrar a gente con inquietudes altruistas o que defienden los valores positivos que se pueden extraer de sus enseñanzas. Liveska ha tratado de mantener un equilibrio entre estos perfiles en lo que respecta a sus consejeros y apoyos, pero los mares que navega son peligrosos y no ha podido evitar el granjearse la enemistad de personajes que han resultado ser escollos importantes en su camino.

Si bien es cierto que sus días de mayor grandeza ya han quedado atrás, la reputación del Iluma dentro de las estructuras de poder de Bra’Em’Kyg ha logrado mantener una cuota nada despreciable, razón esta por la que, en gran medida, su relación con la de los distintos jerarcas de la Iglesia Tayshari de Mystaler siempre ha sido complicada. Una situación esta que se ha acentuado tras la desaparición de la mitad de los territorios de esta nación durante los eventos acaecidos durante la última “Larga noche”.

El ser un organismo independiente le ha pasado factura en más de una ocasión, y los vaivenes ideológicos que se han producido a lo largo del tiempo dentro del Cinrath Yotunen, el órgano de gobierno de Bra’Em’Kyg, han provocado que en más de una ocasión su presencia se haya visto reducida a la mínima expresión.
Al contrario de lo que sucede con La Orden, dentro del perfil de los integrantes del Iluma nunca se ha prodigado el de los gestores o los animales políticos, algo que les ha causado más de un quebradero de cabeza, pero el apoyo que han recibido de otros grupos públicos y privados como puedan ser La Orden, La universidad de Amlash, el Chayashin Shatteru o las distintas sociedades pantallas que ha tenido de Sigma dentro de Daegon les han permitido sobrevivir a todos estos percances.

Esto no quiere decir que ninguno de sus líderes haya estado jamás interesado en el crecimiento de la organización, o que nunca haya entrado en su seno alguien con la única intención de usarlo como trampolín para llegar más alto, pero lo particular de la situación en Bra’Em’Kyg siempre ha hecho que cualquiera de estos pasos haya sido siempre excepcionalmente complejos.

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¿Qué es Daegon? IV: Sociedad, conocimiento y misticismo

Lun, 06/24/2019 - 20:21
A primera vista, y al igual que sucede con el resto de aspectos que hemos tratado hasta el momento, la manera en la que se han relacionado el mundo racional y el esotérico dentro de Daegon no diferiría en gran medida de la forma en la que los hemos conocido nosotros o de cómo acostumbran a ser presentados dentro de otros universos ficticios.

La religión, al igual que todo aspecto cultural de los pueblos de Daegon es algo vivo. De la misma manera, el mundo del conocimiento también es uno sometido a constantes revisiones. En cualquiera de estos dos ámbitos, aquello que se sabe, se considera o se supone cierto no tiene porqué serlo, y este es un hecho que no sólo atiende a razones de precisión, sino a la misma naturaleza de la realidad.

Al contrario de lo que sucede en nuestro mundo, el papel que han ocupado históricamente tanto la religión como el mundo científico como el religioso dentro de Daegon han sido en gran parte inversos a los nuestros. La humanidad ha ido perdiendo su capacidad de comprender su entorno con el transcurrir de los eones, pero esto no es algo que se encuentre directamente ligado al ascenso del misticismo. Los primeros pobladores del mundo fueron seres inmortales e increíblemente poderosos. Ellos mismos son lo más similar que se podría encontrar en este mundo al concepto tradicional de “dios”.

Todo lo que se encuentra englobado dentro del espectro de ambos campos son conceptos igualmente polarizantes. Ya estén construidos alrededor de una serie de suposiciones, de errores bienintencionados o de mentiras interesadas, a su alrededor se han construido o evolucionado diversas sociedades. Existen una gran cantidad de culturas para las que, ya sea como eje central o como elemento antagónico, su manera de entender la realidad se ha visto influenciadas por afirmaciones erróneas o sesgadas, interpretaciones más o menos afortunadas, o directamente por ideas contradictorias de las palabras o los estudios de uno u otro sector.

- El territorio mitológico

La línea divisoria que separa lo que se sabe de aquello que simplemente se especula con un mayor o menor grado de certeza no puede ser trazada con seguridad dentro de Daegon. Asimismo, tampoco se puede dividir de manera inequívoca aquellos mitos que son una simple invención de aquellos que se basan en la interpretación correcta de ciertos eventos.

En un mundo tan viejo como este, ya no quedan teorías puras. Todo conocimiento o creencia se encuentra impregnado por lo que la ha precedido, la ciencia bebe del mito de la misma manera en la que las distintas religiones lo hacen de los hechos demostrados. Es una vez se ha interiorizado esta verdad cuando se puede empezar a comprender las propias particularidades que pueblan Daegon a la hora de aterrizar estos conceptos.

A grandes rasgos, podríamos dividir el concepto de la religión dentro de este mundo en dos grandes ámbitos: el social y el metafísico. O lo que es lo mismo; la forma en la que puede afectar la religión a los jugadores o cómo se puede interpretar la realidad a través de los preceptos que promulgan las diferentes iglesias.

Tal y como se han planteado estos ámbitos en Daegon, el campo de acción principal de la religión se encontraría más cercano a un entorno realista que a uno fantástico. Su peso se encuentra claramente dirigido hacia el aspecto social, aunque los aspectos metafísicos sobre los que se han construido algunos de estos preceptos son tan válidos como aquellos explicados a través del método científico. Quizás la explicación que den los distintos teísmos acerca de algunos de estos conceptos y abstracciones sean erróneas, pero su efecto sobre el mundo real pueden ser demostrados mediante la simple observación.

En Daegon no existen los dioses tal y como suelen ser presentados tradicionalmente en otras ambientaciones fantásticas. No existen seres que otorguen dones a quienes les procesan devoción. No existe lo que podríamos llamar “milagros de la fe”. Pero esto no es óbice para que su concepción de la misma fe sea muy similar a la nuestra. Una fe que, al igual que en nuestro mundo, es aceptada o cuestionada en distintos grados y que también ha sido la fuente de la que han bebido distintos extremismos. Existen organizaciones fuertemente jerarquizadas y credos con apenas un puñado de creyentes muy acotados geográficamente. Cultos construidos sobre una creencia sincera y generalmente errónea, y mecanismos diseñados desde el más puro pragmatismo como herramientas de control social.

En la historia de Daegon, a pesar de que estas líneas divisorias siempre han sido muy claras, la presencia de eventos anómalos ha ayudado al surgimiento y consolidación de un cierto pensamiento mágico. Sin importar la causa de estos eventos, no sólo su mera existencia ha servido de acicate a distintos personajes para cimentar un culto a su persona, sino que lo indiscutible y extraño de su presencia ha hecho muy complicado a los estudiosos dar una explicación basada en datos objetivos y contrastables.
Todas las religiones que han sobrevivido hasta el día de hoy forman ya parte de la tradición de sus pueblos pero, en gran medida, el germen de casi todos estos cultos que han perdurado hasta la actualidad ha atendido a intereses en los que la preocupación por la metafísica tenía un peso nimio. Dentro de estas longevas organizaciones predominan los aspectos más pragmáticos y prosaicos sobre lo abstracto y lo espiritual. La campaña de imagen propia y descrédito contra quienes las cuestionan que la convicción acerca de lo que se defiende.

Por más que los distintos cultos existentes en Daegon tratan de imponer su visión del mundo, quienes promulgan estas verdades lo hacen en gran medida motivados por la costumbre o la conveniencia, no porque asuman sus dictámenes como verdades absolutas u objetivas. Las palabras contenidas en los textos sagrados son historia antigua, tradición, algo que embellecer para que sea válido en los tiempos modernos. Aquellos pueblos en los que predomina la lengua escrita han adaptado parábolas, sermones y dogmas con el paso del tiempo para tratar de adaptarlas a las necesidades, preguntas e intereses del momento en el que les ha tocado vivir. A día de hoy se pueden encontrar pocas copias de los textos fundacionales de cualquiera de las grandes iglesias sin alterar, pero su autenticidad es algo que desmienten los altos jerarcas de las mismas. En el caso de las culturas cuya tradición es oral no sólo estos preceptos tampoco han permanecido inalterados, sino que es altamente improbable encontrar ninguna de estas versiones primigenias escritas. Algo que se vuelve aún más complejo si se aspira a que haya sido trascrito por alguno de ellos.

Sin importar la cultura que diese origen a cualquiera de los diferentes cultos, las explicaciones que sostienen todos ellos acerca de la vida y el sentido de esta se encuentran basados de forma general en la pura especulación. Aun así, esto no quiere decir que todo en ellas sea una invención.

Porque, por más cierto que sea que en el universo de Daegon no existe ninguna entidad omnisciente custodiando o juzgando los pasos de la humanidad, o seres capaces de como los planteados en otras mitologías, no es menos cierto que quienes han tenido contacto con lo etéreo han sido capaces de atisbar de una manera más cercana e íntima conceptos que no pueden ser comprendidos por la mente humana. Experiencias que han tratado de interpretar y plasmar de una forma que pueda ser explicadas y transmitidas. Estas personas, en aquellas raras ocasiones en las que no han enloquecido o no han sido tratados de dementes, han sido la fuente de la que han bebido algunos de los patriarcas de las religiones.

Aun así, es raro que alguna de las religiones, ya sea esta “civilizadas” o “primaria”, que ha sobrevivido hasta la actualidad haya sido construida sobre una auténtica inquietud filosófica, intelectual o espiritual. Por más que la fe sincera pueda existir dentro de sus rangos más bajos, es el ansia por el poder la cualidad imperante entre quienes forman parte de sus clases dirigentes.

Mientras que las grandes religiones se encuentran fuertemente jerarquizadas, y cuentan con multitud de cismas, quienes representan este papel dentro de culturas menos sofisticadas basan su poder tanto en versiones muy primarias de la psicología, la sociología y otros tipos de conocimientos. En un saber que es en gran medida custodiados por ellos en exclusiva, y al que no pocos de sus seguidores consideran dones divinos.

Los sacerdotes de cualquiera de las distintas religiones carecen de dones otorgados por entidades ultraterrenas. Más allá del poder social que les granjea su puesto, sólo disponen de sus capacidades naturales y el saber obtenido gracias a su propio estudio. Por más eventos anómalos que hayan tenido lugar, jamás se ha producido en Daegon nada similar a una intervención consciente de alguna de las abstracciones con el objetivo de ayudar a quienes adoran alguno de sus aspectos. De esto no debe interpretarse que los conceptos que existen más allá del plano terrenal nunca hayan entrado en contacto con lo existe en niveles de realidad diferentes a aquellos que habitan sino que, cuando así ha sucedido, esto ha tenido que ver con la mera casualidad y por rezos, súplicas o sacrificios.

Porque, entrando en el terreno de lo metafísico, los conceptos que tienen su hogar más allá de la esfera de existencia de la humanidad apenas comparten similitudes con esta. Ni su manera de relacionarse entre ellos ni la percepción que poseen de su propia existencia son equiparables a la nuestra, pero este hecho no evita que sus movimientos afecten a los habitantes de Daegon, ni que, en menor medida, alguna acción global o individual de integrantes de la humanidad pueda llegar a afectarles de alguna manera. Existe una influenciado en ambos sentidos. Cada acción tiene sus repercusiones a distintos niveles, y algunas de ellas generan ondas que pueden llegar a extenderse más allá del lugar en el que ha tenido lugar.
De forma generalmente accidental, lo abstracto se ha vuelto concreto cuando se ha despertado en alguna porción de su interior algo tan humano como la curiosidad. La comprensión que posee la humanidad acerca de su propia existencia es una característica contagiosa. Un elemento que, de forma fortuita, se ha propagado más allá de sus filas. Un regalo casi siempre envenenado que ha tenido como consecuencia la creación de nuevos seres a partir de lo inmaterial. De conceptos híbridos. De nuevas entidades que han sido arrancadas del terreno de lo abstracto para ser arrastradas irremediablemente hasta lo tangible y lo concreto. Para ligarlas al “ahora”.

Estos nuevos seres siempre han sido excepcionales, pero lo han sido en la acepción más literal de la palabra. El mero hecho de haber sido “despertados” a las inquietudes humanas no les ha otorgado una comprensión del entorno en el que han pasado a existir, no les ha preparado para lo que significa sentir, razonar o experimentar el tránsito vital de una manera equiparable a la nuestra. No les ha preparado para ser finitos.
Quizás los haya separado del concepto al que pertenecían desde el principio de los tiempos, quizás se haya visto forzados a la adopción de una forma, a ser materiales, quizás algunos puedan llegar a parecer humanos pero, de la misma manera que estos cambios tienen porqué haberles hecho poseedores de capacidades anómalas, tampoco ha convertido a ninguno de ellos en aquello que pueda dar a entender la apariencia que han tomado.

Algunos de estos conceptos, dadas sus características, pueden haber sido etiquetados como seres que se encuentran por encima de la humanidad, cuando sólo se trata de algo diferente. Cuanto esto ha sucedido, han llegado a ser adorados o temidos, agasajados o perseguidos. Han amado o despreciado su nuevo estado y a quienes le han rodeado, cohabitado con ellos o buscado el final de este nuevo estadio de su existencia. Estos mismos comportamientos serían extensible también hasta los conceptos no humanos ya sean o no nativos de Daegon. Quizás algunos de estos sean poseedores de una comprensión de su ser y su entorno similar a la nuestra, pero siempre existen matices que que nos diferencian de alguna manera. Dentro de esta categoría también se podría incluir a aquellos cuya aparición en este mundo fue previa al surgimiento de la humanidad tal y como es en la actualidad.

Porque, por más terrenales y prosaicas que puedan ser las religiones, esto no convierte en farsantes a todos quienes forman parte de ellas, sólo los separa en tres grandes grupos: aquellos compuestos por quienes ambicionan el poder, por la gente con una concepción equivocada de la realidad y por quienes no cuestionan la cultura en la que habitan.
Algunos de los conceptos básicos a los que apelan sus credos tienen una base tangible. Por más que no existan entidades homólogas a las que pueblan los panteones clásicos, conceptos como los Mayane Undalath, los Jonudi, los Kesari, los Kayain, los inmortales o los padres de la humanidad han servido también como fuente de inspiración para multitud de mitos creados de una manera totalmente descontextualizada. Seres a todas luces “inhumanos” de una u otra manera, cuyos actos o mera presencia en más de una ocasión han supuesto un cambio significativo para el momento y lugar en los que les ha tocado vivir. Cambios que, muchas veces, se han producido sin ser ellos conscientes de tal hecho. En cualquiera de estos casos, por más que su aspecto pueda haber llegado a ser humano o humanoide, ni la simple apariencia ni la convivencia les han otorgado la comprensión de aquello en lo que se convirtieron, la realidad en la que pasaron a habitar o la manera en la que son percibidos.

En Daegon han existido una gran variedad de seres únicos. Entes que quizás hayan sido más longevos o más poderosos, pero más allá de su simple excepcionalidad, ni siquiera aquellos procedentes de conceptos o axiomas próximos entre sí han resultado similares. Una vez que han abandonado o han sido extraídos de sus respectivos hogares pocos de ellos han dado muestras de poseer algún tipo de rasgo común.

Así pues, por más que la historia de Daegon haya contado con un escueto número de seres anómalos, ninguno de estos encajaría con la definición tradicionalmente asociada a cualquier tipo de divinidad. Este hecho, por otro lado, jamás ha supuesto un impedimento a esta u otra humanidad a la hora de crear sus propias respuestas a las grandes preguntas. Respuestas que en raras ocasiones han estado basadas en verdades absolutas u objetivas.

Los textos sagrados, pues, son ficción pura. La dramatización de hechos que sí que sucedieron o el intento por explicar en términos humanos algo que no puede ser expresado con ellos. No están basados en mensajes intencionados procedentes de entidades omniscientes u omnipotentes. El contenido de ciertas secciones plasmadas en ellos pueden haber llegado a asemejarse a ciertos elemento reales, pero estos se encuentran casi siempre distorsionados a través de un prisma externo. Desde un punto de partida o unas asunciones erróneas.

Las creencias que existen en Daegon son diversas, similares en cierta medida a las existentes en nuestro mundo. Comparten historias de heroísmo y la recompensa a quienes siguen aquellos valores que imperan en un momento y lugar. Se encuentran íntimamente ligados al “ahora” en el que fueron remozados por última vez.

- El rechazo a un poder superior

El agnosticismo y el ateísmo también están presentes en Daegon, pero más allá de ellos también existen otras maneras de rechazo hacia lo que implica el mismo concepto de la divinidad. Dentro de este mundo se pueden encontrar varias culturas en las que cualquier tipo de religión organizada se encuentra prohibida, aunque las razones detrás cómo ha evolucionado cada una de estas culturas y los motivos que llevaron a sus dirigentes a tomas estas decisiones acostumbran a ser diversas.
De cualquier manera, de la misma manera en la que este puede ser entendido como un rasgo cultural, la mera pertenencia a estos grupos sociales no implica la aceptación automática de los preceptos que se esgrimen para su conjunto.

Por un lado, las respuestas que se dan a las preguntas trascendentes nunca resultan algo halagüeño. Por otro, el negar los preceptos oficiales siempre ha sido una de las opciones predilectas para quienes buscan la rebelión como impulso vital.
Así, mientras que no es necesario profesar algún tipo de fe para negar o tratar de rebatir la validez de estas tradiciones culturales, este tipo de argumentos siempre resultan más fáciles de aceptar que aquellos que promulgan la muerte como un final absoluto.

- La ciencia en Daegon

Conviviendo, fusionándose y enfrentándose con estas realidades existe en Daegon un importante número de individuos y colectivos que buscan las respuestas a las grandes preguntas a través de otros medios, pero el saber y la certeza son bienes esquivos en esta realidad.

Como ya se ha mencionado con anterioridad, las leyes axiomáticas que gobiernan Daegon son algo cambiante. Quizás los periodos de tiempo que abarca cada uno de estos ciclos de cambios sean enormes pero, cuando uno de estos ha sobrevenido, tanto quienes se han visto envueltos en esta alteración como sus descendientes se han visto forzados a re descubrir los fundamentos sobre los que se basa su conocimiento. La matemática, la física o la química son diferentes en Daegon. Las fuerzas, preceptos y componentes que tratan de describir no se ajustan ni en su forma ni en su constancia a las que conocemos.

Estos cambios no afectan únicamente al entorno en el que existe la humanidad sino que esta también se ha visto moldeada de forma sutil por los mismos. En el pasado lejano la humanidad no sólo fue un concepto diferente al presente, sino que su conocimiento del universo y los avances científicos derivados de él superaron con creces los de la ciencia ficción más fantástica.

Comprender el entorno en el que existen siempre ha sido una de las prioridades de un gran número de pueblos de Daegon. Algo que ha hecho que la observación y el estudio forme una parte muy importante del bagaje cultural de muchos de ellos.

Porque no en todas las naciones de Daegon se encuentra presente el misticismo de la misma manera o con la misma intensidad. En un gran número de ellas se pueden encontrar distintos organismos dedicados al pensamiento racional y al análisis de los distintos aspectos de la realidad desde un punto de vista analítico.
En todas ellas no se fomenta la obtención del conocimiento de la misma manera, ni se le da un uso similar a este saber. La ciencia en sí misma no sólo no es garante de una ética superior, sino que puede llegar a ir acompañada de los mismos defectos de cualquier otro medio a través del que se puede acceder hasta el poder.

El hecho de que podamos encontrar en Daegon lugares en los que se almacena un conocimiento libre de superstición no implica que que este se encuentre disponible para cualquiera. También se han construido templos al saber. Catedrales tanto o más colosales que aquellas dedicadas a cualquier culto y con unas condiciones de acceso igualmente restringidas. Este saber no se limita únicamente al conocimiento de la historia, sino que la ciencia también juega un papel muy importante dentro de la estructura del poder.

A ambos extremos del Pramayán existen organismos científicos que tratan de comprender el mundo en el que existen. Estamentos algunos de los cuales han llegado a tener la entidad suficiente como para no depender de ningún estado. El máximo exponente de este hecho sería La Orden de Cahirn Ansay, una ciudad que antaño perteneció a Baern y que, no sólo obtuvo su independencia hace siglos, sino que esta se encuentra salvaguardada por a un complejo entramado de alianzas con naciones y organismos de todo el continente.

La forma en la que afronta el estudio y el saber se ha visto afectada por lo cambios a los que se ha visto sometido cada territorio. Así pues, aunque puede variar en cada cultura, la mutabilidad de la realidad es una verdad que muy pocos ponen en duda. Por más que hayan pasado milenios desde el último gran evento definitorio, una parte significativa de la labor de quienes componen el mundo científico es la de analizar y valida de forma constante lo que ya sabían. Sólo son conscientes de una manera parcial de todo lo que se ha perdido, pero esto es más que suficiente como para saber una parte del camino que les queda por recorrer. A pesar de que han logrado recrear tecnologías que son impensables en nuestro mundo, en la actualidad sus civilizaciones más avanzadas apenas logran distanciarlos de algunos de los periodos más oscuros de nuestra historia.

Hablando estrictamente, en Daegon no existe la magia, pero una parte de su ciencia sería difícil de distinguir de lo que entendemos por este concepto. Los distintos niveles de existencia son un hecho objetivo, al igual que la inmortalidad, las entidades híbridas o las radiaciones que se filtran entre universos. Todos estos conceptos son estudiados de manera sistemática de acuerdo a los preceptos de la llamada Ciencia Arcana. El saber de lo recóndito, la comprensión de aquello que apenas puede ser intuido o percibido por los sentidos.
Por más que algunos atribuyan cualidades extrañas o sobrenaturales a lo que se logra a través de este estudio, lo que se ha logrado mediante él nada tiene que ver con el misticismo, la superstición o la mera repetición acrítica de patrones diseñados por terceros.

No sólo la realidad ha cambiado, sino que también lo ha hecho la humanidad en su conjunto. Pero de haber algo que no ha cambiado es su necesidad de respuestas. En un entorno expuesto a lo anómalo como es el de Daegon, dado el bagaje histórico de ciertos pueblos, saber a lo que se encuentra uno expuesto no es una opción. Quizás lo infrecuente de estos cambios haga que la tensión no siempre sea la misma, pero si algo han aprendido es que no pueden confiar en que sean otros quienes les salven.

Porque, por más que ya no se conserve vestigio alguno de los días en los que la inmortalidad fue una cualidad humana, son dolorosamente conscientes de una parte de los dones de los que ya no disponen. De aquellos que les han sido arrebatados.

La realidad es un concepto cada vez más anciano y, como tal, más complejo. Tanto aquella realidad como las que colindan con ella se han ido transformando y fragmentando. Con el transcurrir de las edades, la lenta interacción, nacimiento e inclusión de otras abstracciones en su núcleo axiomático ninguna de ellas ha dejado de verse sometida a pequeños cambios.

Aquel concepto que conoció la primera humanidad, desapareció hace ya mucho tiempo, pero no se esfumó de manera voluntaria. La comprensión de la realidad que se logró obtener durante aquellos días no ha logrado ser igualada, pero no porque la humanidad se haya vuelto más estúpida, sino porque aquella era una realidad más sencilla. Tan sencilla y antigua que ni siquiera ha sobrevivido hasta la actualidad el recuerdo de aquella remota edad o de quienes la poblaron.
Con la pérdida de aquella longevidad a la humanidad no se le ha arrebatado la inteligencia o el potencial que poseyó antaño para la comprensión de lo que la rodea, pero cada nuevo cambio supone una nueva pérdida para el saber contemporáneo.

Existe una lucha entre el pensamiento científico y los falsos escépticos, los cínicos y los ignorantes que se apoyan en estas pérdidas para utilizarlas como una nueva demostración de que la ciencia no es algo “real”, pero con cada nuevo avance estas voces logran ser acalladas parcialmente.

Esta no es sino otro más de las múltiples conflictos que tienen lugar en este mundo. Una lucha que muchos creen perdida o una quimera. No son pocos los que afirman que el papel de la humanidad dentro del mundo no es el de comprenderlo o tratar de dominarlo. Que esas ideas ya fueron puestas a prueba en el pasado y que, por la arrogancia del hombre, su hogar casi fue destruido. Que los males que padecen a día de hoy son la consecuencia del atrevimiento del pasado. Que lo que se busca no es algo noble como el conocimiento, sino nuevas armas con las que someter a los que piensan distinto. Herramientas peligrosas que sólo pueden llevar hasta un nuevo ciclo de desdichas.

La realidad es maleable, pero existen razones, patrones en cierta medida observables, cuantificables y replicables detrás de cada uno de sus movimientos. Aparte de por la misma naturaleza o la acción de la humanidad, los conceptos sobre los que se encuentran afianzados las principios básicos de la existencia y, por añadidura, en los que se basa la ciencia, también se encuentran sometidos a otro tipo de influencias. Estas entidades evolucionan al igual que lo hace todo ser vivo, cambiando y, a su vez, generando cambio en todo aquello que les da forma y que es una parte de ellos. Su nivel de estabilidad depende del momento en el que se encuentre sumida cada una de ellas y la manera en la que esto afecte al resto. La realidad no es algo inmutable, peor ello no implica que los axiomas que gobiernan el universo en el que existe Daegon no puedan llegar a ser explicados.

Si bien estos cambios han sido excepcionalmente raros si los si se analizan desde la percepción humana del tiempo, los movimientos de la mecánica cósmica jamás se detienen. La forma en las que se han ido consolidando cada uno de ellos ha variado y cada cambio ha tenido una serie de causas y un conjunto de consecuencia diferentes. De la misma manera, la manera en la que se han propagado a lo largo del tiempo tampoco ha sido uniforme. Entre el momento de su inicio y el instante en el que se han plasmado en Daegon pueden haber pasado milenios, pero de cara a la humanidad, por más detalles y discrepancias que se pudiesen haber detectado con anterioridad, siempre han sido interpretados como algo súbito.
En cada una de estas ocasiones, sus repercusiones han diferido y, mientras que cuando la humanidad era mucho más longeva, algunos de sus componentes fueron capaces de presenciar y anticipar todo el proceso, según fue menguando su esperanza de vida cada uno de ellos ha condicionado no sólo a los avances científicos, sino también la misma formación de las estructuras sociales.

Así pues, no sólo la producción de cierto tipo de tecnologías preexsitentes se han vuelto imposibles, sino que los avances sociales que supusieron en multitud de ocasiones desaparecieron junto a ellos. Por más que en el pasado la ciencia llevase a la humanidad a unas cotas de sofisticación que jamás hemos conocido, en la actualidad artefactos pertenecientes a nuestro pasado como las que serían los equivalentes a las armas de fuego, las máquinas impulsadas por el vapor o el almacenamiento y la manipulación de energías como la eléctrica o la nuclear no son viables.
Estos hechos no vienen derivados únicamente porque no se hayan realizado los avances necesarios para su descubrimiento, sino porque los principios en los que se basaron sus sus descubridores ya no son válidos en esta realidad.

Aún así, de la misma manera que estos axiomas han desaparecido, también se pueden llegar a dar las condiciones necesarias para su regreso pero, de manera independiente a lo remoto de esta posibilidad, esto tampoco garantizaría la recuperación de todo lo perdido. El hecho de que estos cambios se puedan producir en cualquier sentido sólo implicaría la recuperación de axiomas del pasado, pero no otorgaría al mundo presente el conocimiento del pasado. De llegar a darse tal situación todo tendría que ser descubierto de nuevo. Teorías ya desechadas tendrían que volver a ser evaluadas y sería necesario que esta situación se mantuviese de una manera estable durante el tiempo suficiente para que se produjese el redescubrimiento y para que se volvieran a crear las infraestructura necesaria para consolidar estos avances.
Si añadimos a esto que, dependiendo de la cercanía de cada ubicación axiomática perteneciente a otros niveles de existencia estas condiciones tienen efectos distintos, se podrían llegar a dar en un determinado momento o lugar las condiciones necesarias para que algún dispositivo del pasado lejano que no haya sido desmantelado vuelva a ser funcional como consecuencia de una fluctuación en las grietas que comunican las distintas realidades, para volver a ser un objeto inerte tras el regreso de la normalidad.

Como consecuencia directa de todo esto, las particularidades de este conjunto de realidades han provocado el surgimiento de campos de estudio que no se podrían dar en nuestro mundo. Elementos que son estudiados de manera rigurosa y formal mientras que su presencia en nuestro día a día sólo tiene lugar bajo la forma de la palabrería hueca o el pensamiento mágico. De la misma manera, la propia naturaleza física en Daegon ha hecho posible el desarrollo de tecnologías que en nuestro mundo no podrían haber tenido lugar.

Campos como el de la ciencia de los materiales siempre ha gozado de una gran relevancia de manera indistinta tanto entre los cuerpos de estudio más prácticos como en el de los más teóricos. El descubrimiento y el control de nuevos materiales no sólo se encuentra presente en el terreno escolástico, sino que tanto la industria como distintos estados han realizado importantes aportaciones económicas a este respecto dado que ser el primero puede implicar una superioridad tecnológica y económica sobre las naciones vecinas o el rival empresarial.

Los grandes hitos tecnológicos del pasado reciente daegonita han tenido lugar en dos campos muy concretos; el de la mecánica y el de la contención de energías exóticas.

Si bien es cierto que esto no se ha logrado plasmar en la construcción de armas, este siempre ha sido uno de los objetivos prioritarios de los grandes inversores. Dependiendo de las características particulares de cada material su explotación se ha visto potenciada por distintos sectores, pero aún se encuentran muy lejos de lograr desarrollar dispositivos estables capaces de recolectar, almacenar y encauzar las radiaciones exóticas.

Por otro lado, los niveles de precisión en cuanto a la ingeniería mecánica rivalizarían, cuando no superan a los nuestros. La robustez de las grandes máquinas y la eficiencia de los mecanismos complejos con los que se puede llegar a trabajar en Daegon les ha llevado a desarrollar dispositivos más complejos que los de cualquier mecanismo de relojería jamás construido. Algo que ha hecho que el campo de la mecánica sea uno de los que goza también de un importante desarrollo.
La falta de una fuente de energía exógena estable que alimente a las grandes máquinas no ha impedido que su industria haya comenzado a despegar, y tanto la fuerza del aire como la del agua han conseguido ser encauzadas para alimentar a una parte importante de su desarrollo.
Las zonas atravesadas por grandes caudales de agua disponen de presas que alimentan a sus fábricas, mientras que en otras menos afortunadas se continúa utilizando la fuerza animal o la humana para que estas no dejen de producir.
Tanto el diseño de estas presas como el de los molinos o los engranajes que mueven son campos en alza dentro de las naciones más industrializadas. Su fuerza se utiliza tanto para la confección textil como para la de siderúrgica, la mecánica o la alimentaria.

También existen grandes transportes de cargas parcialmente mecanizados diseñados para requerir de una menor dependencia animal, así como grandes y complejas máquinas dedicadas a la construcción. Los increíblemente precisos mecanismos de sus relojes pueden llegar a ser utilizados como aviso ante pequeñas fluctuaciones en los axiomas, y tanto el diseño de sus mastodónticas presas o ciertos molinos que apenas necesitan de viento son secretos por los que se puede llegar a matar.
Los grandes navíos diseñados para el transporte de mercancías también disponen de motores capaces de impulsarlos ante las adversidades climatologías. Las aplicaciones que se dan a este campo del conocimiento aún están muy lejos de agotarse.

Las técnicas de manufactura de todos estos dispositivos puramente mecánicos, de una manera que puede parecer contradictoria con su nivel tecnológico, se encuentran en unos niveles de sofisticación increíblemente avanzados en ciertas naciones. Por otro lado, la investigación sobre los materiales capaces de almacenar cierto tipo de radiaciones exóticas es un área de estudio sometida a fuertes presiones.

La manipulación de este tipo de fuentes de energía es altamente peligrosa, y pocos son quienes poseen el conocimiento, los recursos, la pericia y, en ocasiones, la inconsciencia necesarias para llevarla a cabo. El salto cualitativo que podrían tener de darse resultados exitosos en estos campos hace que se encuentren muy valorados en el plano teórico, pero la alta inestabilidad de los mismos conlleva unos riesgos que históricamente han causado grandes daños. La falta de una comprensión completa de todas las fuerzas implicadas han hecho que, sobretodo en aquellas naciones en las que predominan los teísmos, exista una especial beligerancia generalizada contra ellas.

A pesar del alto nivel de desconocimiento, del riesgo y las malas experiencias del pasado, este tipo de actuaciones están desprovistas de cualquier misticismo. Dentro de los estamentos científicos no existe diferencia entre cómo son estudiadas las leyes generales de la mecánica cósmica o la ciencia aplicada a la agricultura. Ambas son ciencias que se basan en los mismos modelos de trabajo, falsación o validación.
Donde sí que existe una notable diferencia en cuanto a su viabilidad es a la hora de tratar de llevar este conocimiento a la práctica. Una vez más no existe unanimidad a la hora de afrontar estos temas. Cada nación tiene sus propios mecanismos culturales, sociales y legales para tratar con la materia, pero los peligros derivados de manipular ciertos tipos de elementos acostumbran a estar sujetos a un escrutinio pormenorizado. Así pues, la llamada “Ciencia Arcana“ es en la actualidad, salvo en contadas excepciones, una materia eminentemente teórica.

Porque no sólo las ciencias aplicadas gozan de un desarrollo significativo en Daegon. La ciencia arcana no se dedica únicamente a buscar fuentes de energía o herramientas a ser explotadas, sino que, sobre todo, se trata de una ciencia preventiva. En conocer lo que existe más allá del universo tangible para ser capaz de prever sus efectos cuando entre en contacto con su realidad, en tratar de comprender el funcionamiento de todos los elementos que conforman la existencia.

Este aprecio por el conocimiento no se da únicamente en el mundo civilizado, sino que en algunas de las culturas menos avanzadas que pueblan Daegon también se ha desarrollado el interés por ciertos campos de la ciencia. La mente es un bien muy preciado en un universo en el que muchos enemigos no pueden ser derrotados con la mera fuerza física y, en un gran número de ocasiones, ni siquiera pueden ser combatidos. Los sucesos anómalos no entienden de nacionalidades, rivalidades generacionales o alianzas temporales. Cuando los mitos ancestrales y el misticismo no son capaces de proteger a los pueblos, es el momento en el que se forjan alianzas de lo más extrañas.

Algunas de estos pueblos también han desarrollado técnicas útiles a la hora de predecir cierto tipo de sucesos, pero estas se encuentran basadas más en la tradición y la repetición que en un estudio pormenorizado de de todos los factores implicados. Sus comprensión de las materias y sus conclusiones son vagas, pero no por ello menos útiles para su supervivencia. Por más que lo poco ortodoxo de sus métodos haya llevado a las naciones más “avanzadas” a desestimar sus conclusiones, en ciertos campos sus aproximaciones han resultado ser más eficientes, aunque no por ello siempre les han servido para prepararse ante lo anómalo.

Por otro lado, y siguiendo con estos estos pueblos, en ocasiones su conocimiento acerca de los materiales con propiedades particulares también es superior al de civilizaciones teóricamente más avanzadas. De nuevo, quizás desconozcan el detalle pormenorizado de aquello con lo que tratan, quizás no tomen todas las precauciones que serían recomendables, pero aquellos pueblos en cuyos territorios se pueden encontrar yacimientos de estos elementos estos han llegado a alcanzar una destreza considerable en su uso para funciones insospechadas.

Así pues, a pesar de existen una gran cantidad de similitudes entre la manera en la que los habitantes de Daegon entienden el conocimiento y cómo lo entendemos nosotros, las diferencias de su entorno han hecho que su evolución difiera de la nuestra.
Gran parte de los casos que hemos comentado en esta sección hacen referencia a casos infrecuentes pero, ya sea como consecuencia de la manera en la que interactúan con lo que les rodea en el día a día, en cómo se enfrentan a los retos, o en el impacto que tiene cada uno de sus descubrimientos científicos, sus avances no son equiparables a los que han tenido lugar a nuestro mundo.

El ansia de conocimiento ha sido en ciertos lugares la consecuencia de algún hecho traumático; la consecuencia de la lucha que mantienen contra una naturaleza que les ha marcado históricamente. Han sido muchas de las culturas que han sufrido alguna tipo de consecuencia de mayor o menor intensidad como consecuencia de la inestabilidad y los solapamientos planares, pero quienes han padecido las experiencias más traumáticas son quienes más han hecho más para tratar de comprenderlos. Han sido estos sucesos de su pasado quienes les han espoleado para que se fomente el estudio de los mismos y la razón por la que, siglos después del advenimiento de aquellos que han quedado grabados en su acerbo, se mantengan activos los organismos científicos que nacieron para tratar de prevenirlos. Si bien es cierto que el aprecio que les tienen sus ciudadanos se encuentra directamente relacionado con la actividad extraña que tiene lugar en su territorios, incuso en aquellos lugares en los que no se ha producido ninguno de estos durante varias generaciones sólo se cuestiona su razón de ser en los momentos de mayor necesidad en algún otro aspecto social.
Ninguno de ellos ha logrado desarrollar métodos para evitar la llegada de nuevas tragedias, pero sí que han tenido pequeños éxitos a la hora de predecirla o ubicar los territorios que se verán afectados.

De la misma manera que las aplicaciones prácticas se encuentran en constante evolución, existe una clara comunicación entre esta y el mundo teórico. La innovación no sólo se encuentra presente dentro de estos entornos sino que también se puede encontrar más allá de ellos.
Dentro de las grandes urbes no sólo puede dar uno con los grandes estamentos científicos, sino también puede cruzar su camino con diletantes pertenecientes a las clases pudientes que tratan de aunar ambos mundos. Inventores pertenecientes principalmente a familias nobles o industriales, o auspiciados por estas clases sociales o algún organismo estatal.

No todo el estudio se encuentra constreñido dentro de las paredes de una universidad, una laboratorio o las fronteras de una única nación. Asociaciones internacionales como el Nalushat Avasanyali han tratado de aunar los esfuerzos de distintas organizaciones locales en pos de objetivos más grandes. De proyectos como el “Corredor de Nagaidu” que trata de crear un mapa topográfico de los flujos de Gettar, una de las escasas radiaciones exóticas más estables que se conoce y una de las pocas que se han podido utilizar como fuente de energía.

En el cómputo global, existen más organismos científicos en Daegon que religiones organizadas aunque, si comparamos el número de sus integrantes, dependiendo de los parámetros elegidos podríamos obtener lecturas bien distintas.

Si lo que comparamos en el conjunto de quienes forman parte de sus estructuras de poder, el mundo científico saldría ganando, aunque esto en ocasiones ha supuesto un problema. Si las distintas iglesias se encuentran fragmentadas en cismas, los estamentos científicos no sólo no difieren en este sentido, sino que también los superan. Las diferencias culturales y la falta de un referente formal a la hora de resolver las disputas resultan un obstáculo difícilmente salvable cuando se enfrentan ego, certezas y sesgos.

Si lo que comparamos es su número bruto de integrantes, los números crudos darían ventaja al mundo religioso, aunque esta no deja de ser una conclusión un tanto falaz. Porque una cosa es quienes se limitan a seguir las tradiciones culturales y otra muy distinta la verdadera fe. La distancia que separa a quienes creen firmemente en lo que hacen y esperan resultados de sus plegarias y quienes se limitan a repetir sin criterio las tradiciones es abismal.

Independientemente a su número, ya sea bajo forma de industria, el ámbito académico o los pequeños inventores, el mundo científico es algo muy vivo en Daegon. Quizás se encuentran muy por debajo de nuestros estándares en un gran número de campos, pero su evolución en aquellos que no existen en nuestra realidad han llevado a sus pueblos a lugares que jamás conoceremos.

- El legado del pasado

Pero el presente no deja de ser una pálida sombra de lo que se logró obtener en distintos momentos del pasado. De todas las barreras que lograron ser superadas con tecnologías imposibles en nuestro mundo.

Aún quedan algunos vestigios de aquel pasado accesibles en el presente. Obras colosalistas como “El Anillo” o más mundanas como las fortalezas horadadas en las montañas por sus ancestros y que hoy se encuentran habitadas por los ciudadanos de Beretear o Ton’Kaheru, ciertas ciudades como la de Áldern sobre cuyas ruinas se ha construido una y otra vez o como el gran zigurat de Rishgarma sobre cuyas ruinas se conformó una parte de la cultura dengar. Existen naciones enteras que, sin saberlo, se han construido sobre partes de los restos de antiguas megalópolis.

Algunas de estas obras, a pesar de pasar desapercibidas, son visibles como aquellas que forman parte de sus grandes infraestructuras otras, como la ciudad errante de Stergión, es imposible que no llamen la atención. Pero aquellos restos que permanecen en Daegon no no son los únicos vestigios que quedan de aquel pasado lejano.
Más allá de la atmósfera del planeta, por encima incluso del Anillo, se pueden encontrar otros restos de las antiguas civilizaciones. Distintos satélites que un día fueron bases militares o científicas que hoy orbitan Daegon desprovistos de los axiomas que un día les hicieron funcionar y sin nadie que controle sus rumbos. Pero no todos ellos vagan sin rumbo, ya que entre ellos se encuentra Sigma 3.0, la plataforma orbital para la investigación planar que abandonó antaño esta realidad para regresar siglos después.

Más allá de esta, sobre la superficie de la luna que orbita Daegon, Lutnatar, se encuentra la ciudadela de Falsgar. Un lugar raramente habitado, pero que ha servio como refugio durante milenios a uno de los inmortales que habitan este mundo.

Podemos adentrar nuestra mirada en lo más profundo del universo y allí encontraremos otros mundos habitados, colonias cuya evolución puede haber ido pareja a la de Dagon o haberse desviado completamente. Una situación muy similar a la que se puede encontrar en otros niveles de existencia.
Tanto la evolución de la ciencia, como la del misticismo son diferentes en cada uno de estos entornos. Si ya dentro de un contexto tan ínfimo como el de Daegon podemos encontrar diversidad de axiomas, cuando extrapolamos este escenario a un multiverso completo las posibilidades son infinitas.

Cultos organizados y estamentos científicos

La manera en la que se encuentran implantadas las distintas tendencias que hemos descrito hasta el momento en cada lugar del globo varían enormemente. En casi todas ellas conviven de una u otra manera dentro de sus sociedades. La pertenencia a uno un otro grupo no garantiza que sus visiones del mundo coincidan por completo, y no es raro que se lleguen a dar alianzas en apariencia antinaturales entre componentes u organismos de ámbitos teóricamente enfrentados contra quienes deberían ser sus hipotéticos aliados.

No existe una hoja de ruta definida para ninguna de ellas, y sus dudas, discusiones internas, contradicciones y cismas no hacen sino ampliar su diversidad. El camino que toman cada uno de estos grupos depende por entero del contexto presente en el que se encuentran. Pueden esgrimir argumentos o dedicarse a repetir ciertos formalismos heredados, pero rara vez tienen su vista puesta en el pasado salvo cuando este les sirve para los objetivos presentes de sus dirigentes.

- El origen común

De la misma manera en que no todas las religiones se encuentran ligadas a una demarcación geográfica, tampoco todos los organismos científicos dependen de un único poder central. Asimismo, por más que algunos pueblos se puedan rebelar contra su pasado o desconocerlo por completo, lo que es indudable es que, por más que la manera de entender el conocimiento y la fe hayan cambiado a lo largo de las eras, ambas se encuentran poderosamente ligadas en su origen.

Si estamos dispuestos a profundizar, podemos trazar cada idea hasta los albores de la humanidad y ver cómo surgió y cómo ha ido evolucionando a través de las eras. Por más que en la actualidad podamos encontrar mitos surgidos en tiempos recientes, o descubrimientos científicos cuya naturaleza fuese inviable milenios atrás, todo mito y todo método de estudio bebe de alguna manera de aquellos que les precedieron. Existen multitud de organizaciones dentro de ambos ámbitos que se podrían utilizar como elemento de muestra de este hecho pero, de haber algún concepto que cuya naturaleza se ha visto menos afectada por los vaivenes de la evolución humana en Daegon, estos serían los que ejemplifican el culto a los Señores de Ilwarath y el Nalushat Avasanyali. Dos ideas tan íntimanente ligadas en su concepción como contrapuestas en la actualidad.

Si bien es cierto que ambos organismos se encuentran fuertemente descentralizados y que su presencia en aquellos lugares en los que ha tenido lugar no tiende a adaptarse a los criterios habituales de sus respectivos ámbitos, esto no los convierte en fuerzas a ignorar.

Se podría decir que, a pesar de lo antagónico de su naturaleza, dentro de sus respectivos espectros de acción ambas atienden a criterios contraintuitivos. Que cualquiera de estas dos organizaciones no dejan de ser anacrónicas, aunque la razón para llegar hasta esta conclusión en cada una de ellas vendría dada por razones contrarias. Que, por más que sean lecciones procedentes de su pasado más remoto, sus ideas son tan avanzadas que aún están lejos de ser comprendidas o aceptadas por los pobladores actuales del mundo. Las fronteras que separan a ambas organizaciones se encuentran construidas sobre capas y capas de modernidad. Sobre la negativa de la humanidad por aceptar su insignificancia.

Si analizamos el núcleo de los preceptos que compone el culto a los Señores de Ilwarath y aquellos surgidos de su misma base, todos ellos se encuentran fundamentados sobre esta negativa a aceptar lo que se sabe inevitable. Estos son, con gran probabilidad, aquellos en los que se puede encontrar la expresión más pura de distintos aspectos de la naturaleza humana. Aquella que, por más que reconozca lo inevitable, no está dispuesta a desvanecerse sin presentar toda la lucha posible.
Su fe no se encuentra fundamentada sobre promesas vacías, sino en la remota posibilidad de estar equivocados. En la esperanza que proporciona la posibilidad de seguir vivos, y la hipotética capacidad que esto le otorga para que exista un mañana. Lo que podría ser una traslación directa de una verdad objetiva se oculta detrás de su fe en sí mismo. Detrás de una verdad incómoda a la par que incuestionable que no tiene tanto que ver con gestas heroicas o recompensas como con su incapacidad para imaginar la no existencia y, como consecuencia, su negativa a aceptar la interpretación certera de de aquello que no puede ser experimentado a través de los sentidos.

El fatalismo es algo inherente a estos credos, pero también la esperanza que proporciona la incertidumbre, la esperanza de estar equivocados. Esta que una verdad difusa e incomprensible que, irónicamente, se encuentra basada en datos objetivos, sólo sea un error en su interpretación de la realidad. Algo que puede llegar a ser rebatido cuando no directamente cambiado.

Porque esta es una verdad heredada de antaño. Quizás el único legado de los padres de la humanidad que, por más transformaciones que haya sufrido, ha sobrevivido alterada únicamente en meros matices hasta la actualidad.

Dentro de la multitud de “ahoras” que ha vivido Daegon existió uno sin mitos o miedo, sin muerte o necesidades inalcanzables; Los días previos a la aparición de sus primeros pobladores humanos y los tiempos que siguieron de manera inmediata a estos. Los tiempos en los que, no sólo se definiría lo que es el conocimiento o el mito, sino que también se conformaría la manera en la que serían experimentados por sus descendientes.

En aquel momento previo a casi todo, cuando fue la propia humanidad quien poseía un gran número de atributos que los emparentarían con nuestro concepto de “dioses”, también fue el momento en el que fueron conscientes de la verdad. De lo inaceptable.
Porque, cuando lograron obtener una cierta comprensión de la naturaleza de la realidad y los primeros de ellos conocieron la muerte, supieron que la esperanza sólo era una forma de autoengaño. Una mentira que abrazaron camuflándolo como desafío. Un desafío que ninguno de ellos logró superar. El concepto del final.

Un concepto que no podía ser comprendido en su totalidad, ya que quienes lo experimentaban perdían la capacidad para transmitir aquel conocimiento. Uno fácilmente perceptible pero imposible de explicar. Una certeza que en su interior albergaba la pregunta definitiva. Aquella que no podía ser respondida.

Porque no hay salvación o redención posibles, no hay un juicio en el que ser declarado digno o inocente, sólo un inevitable final ante el que nada se puede hacer, del que no existe un lugar al que huir. Nada escapa a la llegada del fin. El infinito es una abstracción que sólo sirve como concepto hipotético dentro de los campos de la filosofía y la ciencia. Por más vasto que sea “El Todo”, la eternidad es una mentira. Una promesa vacía.

Son pocos los credos del presente que comparten algún vestigio procedente de aquel descubrimiento, y ninguno de ellos se encuentra implantado con firmeza dentro de las culturas autodenominadas como “civilizadas”.
Aun así, una pequeña parte de las religiones actuales comparten sin saberlo un rasgo de partida común heredado de los primero pobladores; su fatalismo y una sensación inequívoca de indefensión.

Aquellos credos construidos alrededor de las experiencias de quienes han contemplado lo que se encuentra en el último momento de la existencia saben que, una vez que concluya el tiempo, sólo quedará la nada, la no existencia. Están influenciadas por la misma verdad que asaltó a los progenitores, aunque carecen del grado de comprensión que llegaron a alcanzar aquellos acerca de lo que esto implica. Poco a poco el saber se convirtió en mito, y el mito en dogma.

Estos han sido los credos que menos han sido afectados por el avance de las civilizaciones, aunque no por ello han permanecido completamente inalterados. Porque los pueblos necesitan de la esperanza para progresar, y la certeza de que, no sólo la humanidad, sino toda le existencia, están condenadas, al igual que sucediese con sus ancestros más lejanos, es un hecho que no están dispuestos a aceptar.
Algunos de los dogmas promulgados por sus líderes contemplan otra vida después de esta, pero no es presentada como un paraíso o un premio. Quizás sea un lugar de reposo, pero este también se desvanecerá cuando llegue el final de todas las cosas. Aun así, a pesar de su aceptación de la cruda realidad, se permiten un pequeño atisbo de esperanza. Incluso dentro de los mitos más pesimistas se encuentra presente el concepto de la lucha. La creencia de que de su mano puede llegar la postergación de este momento.

El culto a Avjaal y los Señores de Ilwarath sería el mayor exponente de esta herencia. Una religión que carece de templos, iglesias, catedrales o una cúpula eclesiástica. Que no pide donativos o trata de captar feligreses. Su mensaje no es halagüeño ni trata de ser tranquilizador. Sus fieles acostumbran a ser gente tocada por la tragedia y recogida por otros como ellos. Personas que recorren el continente y las islas buscado las señales de lo que desencadenará el final. Advirtiendo sobre ellas y tratando de contenerlas. Son al mismo tiempo soldados y predicadores, confesores y redentrores, investigadores y, en ocasiones, tanto jueces como jurados y verdugos.
Su presencia y credo no sólo no son bien recibidos en una gran cantidad de lugares, sino que también se encuentran prohibidas en distintas naciones politeistas. No poseen indumentaria o símbolos propios, y ni siquiera el nombre por el que se refieren a ellos o sus deidades son comunes en los distintos territorios en los que aparecen.

Por su parte la idea detrás del Nalushat Avasanyali es también algo casi tan viejo como la misma humanidad. Su objetivo es tan ambicioso como inalcanzable; Aunar todo el conocimiento humano que se encuentra disperso alrededor del mundo y ponerlo a disposición de quien lo necesite.
A lo largo de los últimos siglos se han producido diversas intentonas para lograr convertir este proyecto en algo real. En el establecimiento de un organismo internacional desligado del mundo de la política en el que los científicos puedan compartir sus descubrimientos, debatir sobre ellos, y determinar cuáles son aquellos merecedores de un esfuerzo conjunto, pero este proyecto siempre ha terminado de la misma manera.

El Nalushat Avasanyali ha logrado ser un concepto activo durante breves lapsos de tiempo, pero los esfuerzos necesarios para asegurar su supervivencia siempre se han encontrado más allá de los recursos de sus integrantes. Aún así, nunca ha sido disuelto oficialmente y siempre han quedado pequeñas células que se han negado a reconocer el fracaso.

Existen un gran número de organismos territoriales que se reúnen cada varias años con este fin, pero el sueño de que estas reuniones puedan contar entre sus integrantes a los equipos de investigación más importantes a ambos extremos del Pramayán es algo que no se logra desde hace décadas.

Pero, como ya decimos, este no es un proyecto innovador. Mucho antes de que de la formación del Nalushat Avasanyali fuese el germen de una idea en la mente de sus creadores, el mundo también conoció a otros entes con características similares. Para llegar a encontrar a alguno de estos que haya gozado de un mínimo de estabilidad tendríamos que viajar cuatro milenios hacia el pasado. Hasta los tiempos de la segunda edad de oro del conocimiento de la humanidad. Porque la fuente de la que bebieron los ideólogos de esta idea contemporánea es la idealización del Rurón Ikigashi, el organismo que en aquellos días trató de definir los protocolos de seguridad para la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Pero aquel proyecto tampoco fue original. Millones de años antes de que sus fundadores pisaran el mundo, los progenitores de la humanidad ya habían tratado de crear una obra que abarcase todo su saber humano; el Naludah Avanyali, Los escritos en los que se definirían los “Preceptos para el análisis, la comprensión y el control de la energía planar”.

Tanto la semilla de la curiosidad humana como su necesidad de dotar de algún tipo de sentido a lo que le rodea son tan antiguas como sus capacidad para relacionarse con su entorno, pero el entorno con el que se relaciona no es algo estático. El conocimiento es algo esquivo, un bien que no puede ser poseído de manera indefinida. La verdad, incluso aquella que no depende de apreciaciones culturales, es un concepto mutable. Ya desde sus diese sus primeros pasos sobre este mundo, casi siempre ha sido algo perseguido por la humanidad, aunque, una vez que se ha encontrado en su poder, no todos ellos han estado preparados para aceptarla. Algo han buscado moldear de acuerdo a sus necesidades.

Con el transcurrir del tiempo algunas de las culturas que pueblan Daegon, aquellas pertenecientes a las civilizaciones más sofisticadas, han ido suavizando el mensaje fatalista tanto en su parte racional como en la mitológica. El nihilismo y los extremismos han logrado ser contenidos ocultándolos tras capas de mentiras piadosas o por la incapacidad de aceptar esta verdad, algo a lo que ha ayudado lo excepcionalmente raro de la presencia del mundo ultraterreno dentro del día a día de los habitantes de este mundo.
Porque, por más que se hayan dado eventos anómalos de forma dispersa a lo largo de los siglos, si bien han tratado de ser explicados como castigos para con los infieles, lo fortuito de estos y su equidad a la hora de dictaminar a quienes han afectado, ha permitido que el pueblo los acepte con resignación. Que los afronte como quien se enfrenta a un desastre natural. La humanidad ha aprendido a respetar y temer a la naturaleza en todos sus niveles. A aprovecharse de lo que puede obtener de ella y a no atribuirle intención a lo que no la tiene.

Ciertas culturas rinden culto a versiones antropomorfizadas de abstracciones naturales, pero han aprendido a protegerse sin esperar a que una entidad superior lo haga por ellos. Es probable que dentro del lenguaje de las naciones existan expresiones que puedan ser interpretadas de modo contrario pero, en gran medida, no dejan de ser frases hechas pronunciadas sin reflexionar acerca de lo que implican.

Los sacrificios, ya sean de plantas o animales para apaciguar a las deidades son raros de encontrar, y los de humanos lo son aún más. Esto es así incluso en el caso de los pueblos más primitivos. Si bien la superstición está muy lejos de encontrarse totalmente erradicada, dentro del ADN de esta humanidad reside un saber heredado de sus ancestros más lejanos. Un instinto que les impele a actuar, que les indica que, por más que su hogar les provea de alimentos, también ha engendrado a quienes les dan caza a ellos. Sólo son un elemento más dentro de un conjunto mucho más grande, no la pieza esencial. Esta es una cruda realidad que muchos eligen negar, pero lo que les ha permitido sobrevivir hasta el momento presente.

Si bien el escepticismo, la racionalidad y el saber tampoco garantizan la supervivencia, quienes han confiado de forma exclusiva en la protección de salvadores ajenos a ellos, o en las promesas de charlatanes, demagogos o inconscientes que han afirmado ser sus intermediadores, han ido desapareciendo de manera inexorable condenados por su propia imprudencia.

A continuación presentaremos sólo son un pequeño número de los elementos que conforman las estructuras sociales de occidente. Su presencia y relevancia es incuestionable dentro de las naciones en los que se encuentran establecidos, pero no son los únicos que se pueden encontrar allí.
Cuando no han sido el origen de algún conflicto estos han surgido a su alrededor y, en cierta medida, su papel dentro del esquema de poder es un punto central.

Pueden ser el germen de aventuras o el punto de partida de cualquier personaje. Son estructuras tan grandes que su auge o caída puede desencadenar olas de consecuencias que trastoquen cualquier estamento. Al mismo tiempo, su supervivencia depende de tantos factores que eliminar la pieza más insospechada puede causar un efecto dominó que lo cambie todo.

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