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Biografía rolera XXIX: El final de un ciclo

La llegada del año dos mil no trajo consigo ninguna de las catástrofes que muchos vaticinaban. Por primera vez en la vida de casi todos se cambiaban cuatro dígitos… y poco más. Nuevo siglo, nuevo milenio, y todo seguía funcionando igual. Nosotros seguíamos sin coches voladores, sin ciber implantes y sin robots gigantes. Sin armagedones bíblicos ni invasiones alienígenas.

El año comenzaba como todos los demás, pero para cuando llegó a su ecuador todo había cambiado para mi.

De manera paulatina, dejé de leer las listas de correo, dejé de ir a jornadas, dejé de escribir, dejé de jugar y dejé de dirigir. Dejé de quedar con mis amigos y me convertí en alguien ausente. En alguien que se ponía una máscara cuando iba a trabajar y se relacionaba con los demás. El camino recorrido me había llevado hasta un momento y lugar para los que no estaba preparado. Hasta una situación en la que mi yo racional y mi yo emocional entraron en conflicto. Hasta un estado del que tardé años en salir.

Al principio los procesos mecánicos continuaron. Mi yo racional lograba ganar alguna batalla y me forzaba a seguir haciendo lo que siempre había hecho pero, por más que mi cuerpo se encontrase en aquellos lugares, mi cabeza se encontraba muy lejos inmersa en un bucle del que no era capaz de salir.
No sé si aquello fue una depresión, no me trataron ni diagnosticaron, sólo sé que tuve que reformular mi manera de entender y afrontar las relaciones para ser capaz de sobrellevarlo.

En aquel camino de recomposición me ayudaron muchos elementos. A pesar de mi ausencia, la gente a la que le importaba seguía ahí. Esa gente a la que tanto debía, visitándome en casa para que les contase mis penas una y otra vez cuando me negaba a salir, soportándome fuera de ella cuando lograba reunir las fuerzas necesarias, dándome la oportunidad de conocer a otros como ellos, me permitieron no desaparecer por completo.

Fueron ellos quienes estaban ahí el día en el que, sentados en los jardines de la plaza de Yamaguchi, algo en mi cabeza volvió a cambiar y me sorprendí a mi mismo al darme cuenta de que me estaba divirtiendo.

Otro de los factores que me ayudó a avanzar fue el dejar de escribir ficción y comenzar a escribir sobre mi. El dar a conocer a la persona en la que me estaba convirtiendo; el comenzar con mi blog1.

Pero, aun con todo esto, aquel era un proceso que estaba lejos de terminar.

Poco a poco fui volviendo a quedar con la gente, a darme cuenta de que podía volver a experimentar algo diferente a aquello que me negaba a soltar, pero había cosas que se algunas cosas se quedaron por el camino y que no regresaron. Dentro del terreno del que aquí hablamos, había perdido el deseo de que llegase el siguiente fin de semana para continuar con las aventuras en curso.

Echo la vista atrás y me doy cuenta de que entre los enlaces que aparecen en aquella versión original del blog no había ninguno dedicado al rol. No se trataba de algo intencionado, pero es un hecho que esta fue la afición de la que más me alejé. Algo que tiene todo el sentido del mundo. De entre todas mis aficiones, aquella era sobre la que se había construido mi vida social y afectiva.

El abandono no fue completo ni inmediato, igual que tampoco lo fue el proceso de recuperación. Entre un inmenso mar de derrotas logré obtener un pequeño número de victorias. Y, dentro de ellas, algunas de estas batallas que logré ganar al desanimo también tenían al rol como uno de sus pilares. A pesar de haberme desvinculado de su práctica, continuaba haciendo proselitismo, hablando de sus bondades y ofreciéndome a dirigir alguna aventura para aquellos que no la conocían.

A lo largo de aquellos días apenas dirigí media docena de aventuras. Dos o tres de ellas estaban ambientadas en Daegon y las hice para unos amigos que no habían jugado nunca en esta ambientación Otro par las ubiqué en el Castillo de Falkenstein, una ambientación más accesible y desenfadada, utilizando mi versión modificada del GURPS y traté de que fuesen la puerta de entrada hacia esta afición para un grupo de amigas que no habían jugado nunca a rol.

Mientras todo aquello se iba desarrollando, comencé con el único blog temático “puro” que he tenido, el Frikcionario2. Un blog de corta vida. La segunda entrada que publicaba en él estaba dedicada al Torg, una entrada que después recuperé para dar inicio a los Mundos Improbables3 en la_segunda_versión_del_primer_blog.

Para aquel momento, también había comenzado con la elaboración de otro mundo de ficción… pero menos; el del Microverso. Una herramienta a través de la que trataba de mirar en perspectiva lo que me estaba pasando y tomarme menos en serio.

Un comentario acerca de uno de los relatos de aquel Microverso4 primigenio fue suficiente para despertarme parcialmente de mi letargo. Para que diese comienzo uno más de mis retos, y comenzase la carrera para terminar aquella “saga”. Llevaba varios años escribiendo de manera esporádica aquello , transformando lo que había comenzado como una serie de anécdotas inconexas en algo más cohesionado cuando aquel leve empujón me llevó a formalizar y poner un plazo de finalización a la_primera_versión_del_Macroverso5. Pero la cosa no se limitó a aquello.
A aquel reto se le sumaron otras tres escrituras secuenciadas y alternadas; La escritura los Mundos improbables, la de mi Biografía computeril y la tercera re escritura de Daegon6.

Mientras me documentaba acerca de mis ambientaciones favoritas la chispa volvió a surgir, aunque su área de efecto fue distinta a la inicial. A partir de aquel momento mi interés se volcó más hacia el pasado de esta afición que hacia su presente. Un presente en el que apenas encontraba cosas que despertasen mi atención durante demasiado tiempo.

Ya había pasado casi una década desde desde que había abandonado casi por completo la práctica del rol cuando despertó en mi el deseo de conocer su historia y la de quienes la habían llevado a cabo.

En el año dos mil diez, mientras me encontraba sumergido en plena vorágine escritora, dirigía por última vez, cómo no, en Daegon. En aquella ocasión aquello coincidió con una visita a al amigo Multimaniaco en Madrid. Durante los días posteriores a la visita quienes habíamos participado en la aventura intercambiamos unos cuantos correos con la intención de continuar aquello en algún momento, pero ninguna de aquellas intentonas llegó a convertirse en nada concreto.

Después de aquello he vuelto a proponer a distintas personas la posibilidad de dirigirles alguna aventura, pero nunca he insistido demasiado. Si van a jugar quiero que sea porque les apetece, no porque les he puesto en algún tipo de compromiso.

Porque esa es una parte de mi que no ha desaparecido. La parte que quiere dar visibilidad al rol, la pare que tiene curiosidad por saber cómo verá Daegon alguien que nunca ha jugado conmigo o que no ha jugado jamás. La parte que tiene curiosidad por conocerlos también como jugadores. Pero ninguno de estos intentos ha prosperado.

A todo esto he de sumar un detalle adicional; por mayor que sea mi deseo de saciar esta curiosidad, he de reconocer que me da un poco de miedo el retomar la dirección. Por un lado, nunca he sido un gran director y, por otro, en todas estas ocasiones me notaba oxidado. Falto de reflejos y excesivamente parco en palabras.

Y esta, más o menos, vendría a ser mi historia.

No es una gran historia, no se trata de un relato de superación o de una gesta ejemplarizante, pero es la única que puedo contar.

Por supuesto, esto no es un final. Aún me queda mucho por debatir, descubrir y escribir, pero todo eso se irá desarrollando en otros lugares.

Enlaces:

1. Palabras desde otro mundo V 1 (2004)

2. Frikcionario (2006 - 2008)

3. Mundos improbables V 1 (2009 - 2010)

4. El poder del comentador

5. Macroverso V 1 (2005 - 2010)

6. Daegon Beta 3 (2009-2010)

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