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Biografía rolera I: Preludios.

Todo empezó como suelen empezar casi todas las cosas, con dos personas hablando. En este caso éramos mi hermano pequeño y yo.
La conversación versaba sobre algo que le había comentado un amigo (sí, el “me han dicho que”, también suele formar parte del cómo empiezan todas las cosas). En aquel caso concreto, le habían invitado a jugar a algo llamado “rol”. Nos encontrábamos a mediados - finales de los años ochenta del siglo pasado y no teníamos ni idea sobre qué significaba aquello. Dicho sea también de paso, antes de jugar, tampoco entendía muy bien por qué mi hermano asumía que yo podía estar interesado en aquello. Después de hacerlo, todo cobró un poco más sentido.
De creer en el destino, afirmaría sin dudar que este era el mio. Como no creo en esas cosas, sólo diré que el azar, nuestras decisiones y las de quienes nos rodean, consigue que todo encaje de una manera de una manera que, en ocasiones, parece premeditada.
Pamplona, un día indeterminado a finales del año ochenta y ocho, principios del ochenta y nueve (fecha extrapolada a partir de datos que creo objetivos y que explicaré en otra entrada). Tengo quince años y tras sobrevivir (muy mal) a octavo de EGB me encuentro cursando primero de electricidad. Junto al cierre de mi etapa dentro de la educación básica también superé mi segunda Crisis en las Saludes Infinitas sin saber que todo iba a cambiar... a mejor. A mucho mejor.
Pero estoy empezando con un estilo un poco / demasiado profundo y la cosa no va por ahí. Así que demos un pequeño salto hacia atrás, hagamos un breve resumen y pongámonos en antecedentes.
Como digo, tras terminar la EGB (y cuando digo “acabar” lo digo a medias, ya que al finalizar septiembre aún me quedaron siete suspensos como siete soles que no me impidieron continuar mi racha de fracasos escolares). Hasta pocos antes de comenzar el curso no supimos (ni mis padres ni yo), dónde proseguiría con mi descalabro escolar. Finalmente tocó cambiar de centro formador, pasando de un colegio de curas a un taller híbrido de tornero fresador / salta fusibles (electricidad / mecánica), de mi primer curso de FP.
Atrás dejo una escalada de suspensos mayor que la escalada armamentística de la guerra fría. Dejo también tres meses de inmovilidad gracias a mi prematuro reuma, dejo a... conocidos de clase con los que ya no volvería a coincidir fuera de las aulas, por otra suerte de conocidos de nuevas clases a los que tampoco volvería a ver fuera de las aulas.
Mi escalada educativa continuarás dando trompicones y repetiré un curso, comenzaré a trabajar a media jornada en la empresa familiar (salvo en verano, cuando trabajaría a jornada completa) conseguiría una flamante y temprana úlcera por nervios, y dejaría de estudiar a los dieciocho.
Si en esa época me hubieras preguntado ¿Eres de ciencias o de letras?
Yo habría respondido... No, gracias.
No era ni el empollón ni el malote. Demasiado tímido y callado para ser popular, demasiado grande para ser el pardillo o el capacico de las hostias. Sólo era un chaval más que coincidió que pasaba por ahí sin dejar demasiada huella.
Un niño que seguía leyendo tebeos, cuando la gran mayoría de los demás niños eran demasiado niños como para admitir que los tebeos eran algo que les gustaba... por mucho que fueran (decían) cosas de niños.
Alguien que no se iba a fumar debajo del puente, o a beber a escondidas para hacerse el mayor. A quien no le importaba demasiado lo que pensaran los demás de él. Alguien, un poco como “La Masa”, pero que había conseguido que le dejasen tranquilo, aunque no por ello dejaba de sentirse raro y solo.
Vaya, creo que se me ha vuelto a ir el tono. Menos mal que empezaba diciendo que las cosas iban a cambiar para mejor.
En fin, eso sería el futuro cercano, pero sólo una parte de ese futuro. La parte mala, la parte que pasaría para quedar arrinconada en un espacio de contención de la memoria.
Pero aquí hemos venido para hablar de las cosas buenas. Hemos venido a hablar del ROL.

¿Qué podía saber un chaval con aquellas características sobre lo que es el rol?
Más bien poco, aunque las pistas necesarias para comprender ya habían sido diseminadas a lo largo de su breve experiencia vital.
Dalmau había sacado ya la caja roja y sus anuncios habían aparecido por los tebeos que Cómics Forum publicó como explotación de la serie de televisión. Aunque nadie (y por nadie me refiero a mi) se había preguntado si aquella serie venía derivada de algún otro tipo de producto.
La serie, por supuesto, fue devorada como pocas por un servidor de ustedes.

Tom Hanks ya había participado en aquella aberración panfletaria llamada Mazes and Monsters, aunque, por aquel entonces no era lo suficientemente conocido, ni la afición lo suficientemente denostada por estos lugares, como para que le diéramos mayor importancia.

Sí, en ET el hermano mayor de Eliot y sus amigotes salían jugando a rol, pero tampoco había mucho que sacar o extrapolar de aquella escena.
Por otro lado, sí que me había llamado la atención un capítulo de El Gran héroe americano en el que se mostraba (un tanto de aquella manera) a unos tipos que decían jugar a rol... en un batiburrillo sin demasiado sentido, en la que mezclaban churras, merinas y que más parecía una especie de Gimkana aderezada con juegos de ordenador y juegos de pillar que a la actividad en la que estaba apunto de embarcarme..

Por otro lado, teníamos los libro juegos, Elige tu propia aventura, La máquina del tiempo, Lucha Ficción y, también, Dragones y Mazmorras.
Libros que se leían con mucha facilidad (sobre todo para un vago como yo) pero que me dejaban con una sensación de frustración aún mayor que los otros libros, ya que te prometían libertad... sólo para no darte las opciones que tú (yo) habrías elegido.

Por supuesto, tenía El señor de los anillos, que no tenía nada que ver con el rol, pero cuya película me había tragado un montón de veces... y cuya novela había tratado de leer, siempre sin éxito, en un par de ocasiones.
Molaba Boromir con su casco con cuernos y su traje de piel. Molaba Trancos, solitario y arisco, feo, taciturno y lacónico. Molaban los rohirrim, y molaba mil el Balrog aunque, visto de nuevo a día de hoy, da un poco de penica.

Y, por último, teníamos Ultima (así, sin acento). Me encantaban los anuncios que aparecían en las revistas inglesas de vídeo juegos. No había jugado a ninguno de ellos pero sus portadas hacían que algo en mí interior despertase.

Ahí estábamos yo y mi escaso bagaje cultural, junto a unos chavales algo más jóvenes, aunque más listos, despiertos y curiosos. No sabía muy bien que pintaba en aquel lugar. No sabía muy bien si quería estar allí, pero no tenía nada mejor que hacer.
Ah, ¿qué diablos?, me dije.
Vaya, que libro más raro.
¿Qué será esto de “La llamada de Cthulhu”?
Bueno. Tampoco tengo nada que perder.

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