Usted está aquí

Nunca a la última 022

Finalizaba esta sección el mes pasado con malas sensaciones. Con unos augurios y malos presagios que no hicieron sino consolidarse bajo la forma de una desagradable realidad con el paso de los días que la siguieron.

Pero no adelantemos acontecimientos. Vayamos por partes. Empecemos con temas menos dados al drama.

1. Lo del rol1.

Durante el mes pasado, la parte asequible de Hârn resurgió brevemente. En la web de Lýthia.com publicadon un par de pdfs hermosamente maquetados en los que detallan dos zonas de este mundo; Lokis y Anrist Point.
Como de costumbre, pueden ser fácilmente ubicadas en cualquier otra ambientación con un tono medieval.
Ambos contienen mapas, descripciones de los lugares y parte de su historia, así como alguna idea de aventuras.

Y, hablando de mapas, la gente de ProFantasy ha sacado un par de artículos de los más interesantes para trabajar con sus programas.
Algún día tendré que dedicarles todo el tiempo que requieren.

2. Cosas de datos2.

Hace mucho que no hago una entradas hablando de número y soltando andanadas de datos a cholón. Algo que me dispongo a corregir.

Estos días, mientras hacía acopio de información objetiva destinada a alimentar mi biografía daegonita, no sólo han terminado aflorando cosas que no esperaba, sino que también he descubierto algún que otro medio nuevo con el que obtenerlos. Porque no hagas a mano aquello que puedas automatizar.

Me he recorrido uno a uno los cerca de doscientos disketes que tenía por casa y, entre el material que he encontrado en ellos y el que conservaba en el disco duro, he conseguido reunir…

821 Elementos web
484 Imágenes
270 Documentos de texto
48 Documentos en PDF
14 Hojas de cálculo
4 Documentos de Quark Xpress

También me he dedicado a escanear las hojas de todos los cuadernos y libretas en las que he apuntado algo referente a Daegon, lo que ha hecho que a los anteriormente citados se sumen 75 hojas escaneadas.

Por supuesto, dentro de estos números había elementos repetidos. Documentos en distintos formatos o con distintos nombres que tenían el mismo contenido. Por el momento sólo he realizado la criba de los documentos de texto, logrando reducir su número a 213.

Doscientos trece documentos que, en su conjunto, suman un millón doscientas ochenta y cuatro mil trescientas ochenta y una palabras repartidas en dos mil doscientas setenta y nueve páginas. Un número que, sumado a las quinientas ochenta y cuatro mil ochocientas treinta y nueve palabras repartidas en mil ciento treinta y nueve páginas que componen este Mytgard, se podrían traducir en treinta y siete novelas en formato NaNoWrimo. En casi cuatro veces el tamaño del Señor de los anillos o Guerra y paz.

En fin. Datos que no llegan a ninguna parte.

Ante esto, quizás te preguntes… ¿pero los he mirado todos uno a uno para sacar estos datos?
No. Por supuesto. No estoy (tan) enfermo.
… sólo miré uno a uno los primeros ciento cincuenta o así.

Cuando ya acabé con los ojos y las neuronas a punto de deretirse, decidí utilizar métodos programáticos para extraer el resto de la información.

Contando palabras:

- Cosas que no:

Contar todas las líneas de un documento con find y wc:
find . -name '*' | xargs wc -l

Contar todas las palabras de un documento con find y wc:
find . -name '*' | xargs wc -w

Esta opción es válida sólo si lo que tienes es un documento de texto plano, pero si lo que tienes es un documento ofimático las métricas que da no sirven para nada.

- Cosas que sí:

Así pues, la opción ganadora fue el convertir todos los documentos a formato txt:

libreoffice --headless --convert-to txt *doc
libreoffice --headless --convert-to txt *odt

y, acto seguido, lanzar el “wc” sobre la carpeta en la que hemos dejado los archivos txt:
wc -w *

Contando páginas:

- Cosas que no:

file *.doc | grep Pag > log.txt
file *.doc | awk -F", " '{ print $6 "\n" $11 "\n" $12 "\n" $9 "\n" $8}'

El comando file, en teoría, te puede llegar a decir el número de páginas y caracteres que tiene un documento de Word (que no uno de LibreOffice)… pero no sé de dónde saca esos datos porque resultaron no ser nada fiables. Aparte de eso, la posición en la que quedan los datos en cada documento son un tanto aleatorias, así que pasarlos por awk no es una solución viable.

- Cosas que sí:

Al final, la opción ganadora fue convertir todos los documentos a formato PDF:
libreoffice --headless --convert-to pdf *doc
libreoffice --headless --convert-to pdf *odt

Y utilizar pdinfo para que nos informe del número de páginas que ocupan:

for f in *.pdf; do ls $f >> Log.txt ; pdfinfo $f | grep Pages >> Log.txt; done

Sacando fechas y metadatos

Siempre que trabajemos con documentos de Office (de nuevo, el pobre LibreOffice queda fuera), el comando file nos puede decir fecha de creación, última modificación, fecha de última impresión autor y número de revisiones de un documento.
Claro, dependiendo de cómo creases los documentos en su momento, si tu archivo .doc, es realmente un rtf con esa extensión, por más que dentro de LibreOffice puedas ver esos metadatos, file no te va a devolver nada.

Así pues, tras un doble tirabuzón:
libreoffice --headless --convert-to odt *doc
libreoffice --headless --convert-to doc *odt

Ya estás en disposición de volcar la información del documento para su posterior procesado:
file *.doc > log.csv

Los datos quedan un poco dispersos, y si los pasas a una hoja de cálculo separada por “,” no cuadrarán todas las columnas, pero es un comienzo aceptable.

Sacando fechas

Una vez tienes todo esto, descubres que la fecha de última modificación de los documentos no cuadra con la fecha en la que el sistema operativo te dice se cambió. Cosas de los soportes, comandos de copiado, descargas, etc.

Como uno tiene un TOC del quince, la tentación de que la fecha del sistema coincida con la de su última modificación es muy poderosa. Algo para lo que sirve el comando “touch”

Con una orden tan sencilla como, por ejemplo, esta:

touch -t 199607251908 Documento.odt

El archivo “Documento.odt” aparecerá como modificado el día 25 de julio de 1996 a las 19:08.

Muy bien. Pero yo no quiero sólo la fecha de modificación de los documentos de texto. También quiero el de las imágenes, los pdf, html, etc.
Pues ahí andamos vendidos. Si la fecha del documento ha sido alterada, no hay manera de que saber cuál fue su fecha real.
Sí que he logrado encontrar estos valores en algunas imágenes creadas con Photoshop pero, en el resto, simplemente no existe ese metadato.
Así pues, y ya resignados, para volcar los valores que nos muestra el sistema a este respecto tenemos el comando “stat”:

stat * | grep -e Fichero -e Modificación

Menos es nada.

Para sacar el programa con el que creé las distintas versiones de mi web utilicé “grep”:

grep -R "GENERATOR"

pero sólo he logrado encontrar las cabeceras que dejaron las distintas versiones de Netscape en su momento. Las primeras versiones, aquellas que hice con HotDog, HotMetal o PageMill no aparecen por ningún lado

Por supuesto, ahora tenemos datos objetivos. Chachi. Pero esto no quiere decir que sean verdades absolutas. En algunos archivos estos valores han quedado corruptos y, como ha sido mi caso, te pueden aparecer documentos modificados en 1980 o... 1671.
Mala suerte. Toca tirar de memoria y de otros que tengan un contenido similar para ubicarlos en un contexto realista.

Aun así, si eres alguien con un nivel de tara mental similar al mío, este te puede llevar a descomprimir un documento de LibreOffice (el odt no deja de ser un conjunto de xml comprimidos), modificar la fecha del último cambio, modificar el timestamp de todos los archivos que había dentro, y volver a comprimirlo.
Pero es algo un poco feo, porque estás falseando (aún más) el dato.

Valoré la posibilidad de dejar todos los documentos en un formato estándar y uniforme, pero ahí mi vena archivística se impuso al TOC. Eso es algo que siempre puedo hacer cuando considere necesario pero, por el momento, ha ganado la opción de dejar los documentos tal cual estaban modificando únicamente su marca de tiempo.
Esto, en el fondo sigue “falseando” un tanto este dato, pero no deja de ser un mal menor. Una “reconstrucción”.

3. Cosas de dibujos3.

Se acerca octubre y, como cada año, me pregunto si me marcaré un Inktober.
Lo más probable es que me lance a ello pero, entre programación, escritura, estudiar para el examen de acceso a la uni y esto, no sé si ya me terminará por dar un aneurisma.
En fin. A verlas venir.

4. Cosas de Daegon4.

Y llegamos a lo de siempre. Al drama. A Daegon.
Los dos últimos meses han sido una espiral descendente que parecía no tener fin.
No sólo no he logrado cumplir objetivos sino que los mínimos a los que he llegado han sido históricos.

El bloqueo ha sido tal que ponerme a ello me llegaba a producir malestar físico. O igual ha sido lo contrario. Igual ha sido el malestar físico lo que me ha impedido avanzar.
Ha sido en los meses de verano, cuando más tiempo tenía a mi disposición para dedicar a esto, cuando menos he avanzado. He buscado multitud de culpables. El cansancio, la acumulación de cosas, el haber llegado hasta un lugar en el que sólo ubiqué una aventura hace más de un cuarto de siglo, pero nada de esto era algo nuevo.No se trataba de algo con lo que no me hubiese encontrado con anterioridad.
También traté de culpar al tiempo que estaba dedicando a recabar datos sobre el pasado pero, una vez terminado aquello, la situación no mejoró.

Quizás, simplemente, había forzado las cosas tanto que se habían terminado por romper.
La tensión seguía ahí, pero la sensación de impotencia era muy superior a ella.
Cada día llegaba a casa convencido de que iba a recuperar la escritura perdida. Que “hoy sí”, recuperaría el ritmo, pero cada vez que me ponía con ello no sólo era incapaz, sino que tenía que irme a la cama agotado y derrotado.
Escribía una frase. Quizás un párrafo. Un mínimo de mínimos. La muestra de que aquel día… había escrito algo. De que el reto seguía vigente. Pero sentía que sólo me estaba engañando.

Y la cosa fue así hasta este lunes. Hasta que escribí quinientas palabras antes de irme a dormir. Y el martes fueron setecientas. No sé cuántas caerán hoy cuando haya publicado esto.
Parece que hemos vuelto, aunque no me quiero confiar.
Quedan catorce semanas para llegar a las mil páginas.

No sé lo cuál ha sido la causa, pero ha sido una mierda. Algo que me ha llevado a plantearme, una vez más, el mandarlo todo a paseo. Pero no.
Porque, cada vez que me preguntaba si esto merecía la pena, la respuesta era la misma; No importa.

Es un reto, una apuesta conmigo mismo. No lo hago porque deba hacerlo, lo hago para avanzar, para mejorar. Para que, cuando llegue el momento, sepa que hice todo lo que estaba en mi mano. Porque desde siempre he tenido la impresión de no le había dedicado el suficiente esfuerzo.

Quizás suene a mensaje motivacional, quizás lo sea, pero no hace que sea un proceso menos frustrante. Alguna vez un amigo ha bromeado con que quiere hacer un documental sobre mi. No sé, igual me tengo que meter a gurú.

Y esto es cierto. Por supuesto. Podría haber hecho mucho más pero, si algo he descubierto escarbando en mi pasado, es que he hecho bastante más de lo que creía.

Quién me iba a decir que el pánico que me causa la posibilidad de perder mi capacidad para recordar llevase a algo bueno. Mara Torres suele preguntar en su programa acerca de qué o quién consideran que ha sido “El Faro” de su vida. Supongo que los míos son el pánico, mi lucha contra el síndrome del impostor y la necesidad de confiar en mis capacidades.

En fin. A través de los metadatos he logrado trazar un mapa más o menos objetivo de cómo ha sido la evolución de Daegon entre el año noventa y cinco (cuando compré mi primer PC para casa) y el día de hoy. He podido constatar que hay evidencias constatables de que cada año desde entonces he escrito algo acerca de este universo. Que esos huecos que creía ver dentro de mi trayectoria no eran tan grandes. Poco a poco, esa sensación de no haberle dedicado el tiempo suficiente a Daegon se va disipando.

Es curioso cómo se mezclan las fechas en la cabeza. La manera en la que ubicas una imagen en una época a la que no pertenece por las razones más peregrinas.

Otra conclusión a la que he llegado revisando mi histórico es la de que… todo es canon.
Por más que mis yoes del pasados hayan tratado de “eliminar” de la historia las versiones primigenias de Daegon, estas son tan válidas como la que estoy escribiendo ahora.
A pesar de que esto es algo en lo que no he caído hasta estos días, en su momento, y de forma no totalmente consciente, dejé esa puerta abierta en “Vida y muerte, tiempo y pactos”.
Porque Daegon es una ambientación de rol y, como tal, toda visión que se quiera dar de ella es válida, incluso aquellas perpetradas con alguien que lo convierta en algo que yo pueda considerar una aberración.

Enlaces:

1. Lo del rol

Mapas
- Using CC3 as a game time presentation tool
- Converting a FT3 world into CC3 - Part 1
Hârn
- Anrist Point
- Lokis

2. Lo de los datos
- NaNoWriMo
- RTF
- You got the touch
- Netscape
- Tags de Netscape
- HotDog
- HotMetal
- Pagemill

3. Lo de los dibujos
- Jake Parker, del Inktober de toda la vida
- Inktober sí, Inktober no en Streaming de diujantes
- THINKtober en The Etherington Brothers

4. Lo de Daegon
- El Faro
- Vida y muerte, tiempo y pactos

Banda sonora:
- Tool - Pneuma
- Babymetal - Yava
- Slipknot - Solway Firth
- Opeth - Svekets Prins
- Incubus - Into The Summer
- Nena Daconte - Tenia Tanto Que Darte

Añadir nuevo comentario

Theme by Danetsoft and Danang Probo Sayekti inspired by Maksimer