De Homero a Kirby

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Reunión II

- ¡¡¡¿Despedido?!!!
Hola. Mi nombre es William H. Kirk. Bienvenidos al final de mi carrera periodística.
- No me jodas, Scotty. Debes estar de coña.
- ¿Que no te joda?
Este es mi jefe. Bueno, ahora ya mi ex-jefe. Scott Doohan. Director de la filial de la cadena de noticias Enterprise en Quain, Daikushu, Corlen. No lo busquen en las enciclopedias. En este planeta nunca ha pasado nada interesante (salvo un pequeño revuelo que organicé hace unos años, cuyos resultados han sido “borrados” de la historia). El eslogan de la cadena proclama: “Llegamos hasta donde nadie ha llegado antes”. El problema es que este planeta es un lugar al que nadie debería haber llegado nunca.
- ¿Que no te joda? Hace cinco años que no haces un reportaje decente. Más de diez desde que no haces un buen reportaje.
- ¿Qué me estas contando? Cuando destapé todo aquello de la fabricación de ciborgs ilegales de Mycroft, bien que saqué a la cadena del pozo en el que estaba hundida. Bien que me encumbrasteis como el periodista del momento. Todas, y no hablo metafóricamente, TODAS las cadenas me ofrecían contratos millonarios, pero me quedé con vosotros. Me llamaron de C.O.B.O.L., me llamaron de M.U.L.L.E.R. La cadena me ofreció ir a la central. Pero yo les dije que no a todos. Les dije que me quedaba aquí con mi amigo Scotty. Que me quedaba con quien me había dado mi primera oportunidad.
- Maldita sea tu primera oportunidad. Maldito sea aquel puto reportaje. No me lo recuerdes. La demanda que nos puso la Mycroft casi nos manda más abajo de lo que estábamos cuanto te contratamos. La central pasaba de nosotros como de la mierda, mientras ellos se forraban a costa de tu reportaje. Y mientras tanto, tú dando palos de ciego con tu obsesión por los harakani. ¿Tienes la más mínima idea de lo que nos han costado tus viajecitos durante los últimos ocho años? ¿Y todo para qué? ¿Dónde está tu gran reportaje?
El tiempo pone a cada uno en su sitio, y no ha hecho más que demostrar que aquel reportaje no fue más que un golpe de suerte. Si quieres seguir con él por tu cuenta, adelante. Pero la cadena no va a pagar más por tus excentricidades.
- ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
- Es más de lo que te mereces.
Mi portazo ha sido casi instantáneo. ¿Qué iba a hacer? El muy desgraciado tiene razón. Pero sé que tengo razón. Estoy a medio paso de dar con esos bichos escurridizos.
Bueno, al menos he ido engordando mis cuentas de gastos durante los dos últimos años. Eh, ¿qué queréis que le haga? Soy un periodista de investigación. Obsesiones aparte, soy un tipo bastante listo, y ya veía venir esto desde hace tiempo. Lo cierto es que me sorprende que Scotty me haya aguantado tanto tiempo.
De acuerdo. Moderando mi tren de vida puedo aguantar un par de años con la pasta acumulada, pero me conozco demasiado bien y la moderación no es lo mío. En cuanto me siente en casa empezara ese hormigueo de nuevo, y volveré a salir a desenmascarar a esos bichos. En ese caso… me parece que el dinero se me acabará en… Vaya, mañana vuelvo a estar en la ruina.
¡Qué diablos! Voy a celebrar esto al Rancho de Moe. Mañana a estas horas no podré ni emborracharme como es debido. Lo sé, lo sé. Os he dicho que soy bastante listo. Pero todos tenemos nuestro propio umbral de estupidez.
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- ¡No me podéis hacer esto!
Este es mi amigo Warren Jenkins. Si, sigo siendo yo, Kirk. No estaba allí, pero a esto se llama reconstrucción de los hechos. Hoy también es un día muy malo para él.
- Vamos, Jenkins. El rendimiento en su primera misión de campo ha sido, siendo generosos, decepcionante. No ha sido capaz de traer hasta nosotros a un hombre que debe rondar los ciento cincuenta años y, no contento con eso, el material que hemos agregado a su cuerpo, pero que continúa perteneciendo a la corporación, nos lo trae severamente dañado. Por no hablar de la nave.
- Hombre. Viéndolo así…
- Me alegra que comparta nuestro punto de vista.
- Pero ponerme a cargo de la seguridad de una nave… ¿Qué digo una nave? Un cacharro más viejo que esta ciudad. Me parece algo humillante.
- Siempre le queda la posibilidad de devolvernos los implantes, y pagarnos los desperfectos causados en su misión a nuestro material (así como las operaciones de mejora y sustracción, mas el dinero que hemos gastado en su entrenamiento) y entonces podría cancelar usted su contrato con nosotros.
- Pero…pero…Tendría que trabajar durante doscientas vidas para poder devolverles todo eso.
- En ese caso, realice la misión que se le encomienda. Y esta vez no la cague.
- Sí, señor.

Bien ¿Dónde va un ex-mercenario, ex-preso y actualmente sicario alegal de una macrocorporación, cuando ha tenido un día tan malo? ¿Hollowood? ¿El museo de historia? ¿Las islas Tarso? Pues claro que no. Esto es Quain, una ciudad periférica de un país periférico de un planeta más periférico aún. Así que, o se va a apostar, o se viene a este pequeño rincón (periférico) de la ciudad que es el Rancho de Moe, lo que le proveerá de más diversión por menos dinero.
Si creyera en el destino (cosa que no hago), diría que creó a Warren para complementar mi carrera como escritor. No es que sea lento, sólo que tiende a creerse mejor de lo que es. Siempre alardea de sus “logros” como si hubiera realizado una tarea épica, y esos alardes son la chispa que prende la llama de mi curiosidad. A parte de todo eso, habla sin pensar en lo que dice. Ello lleva a que, de vez en cuando, suelte alguna perla como si se tratase de algo intrascendente.
Hace mucho que no lo veo. Creo que desde que le arruiné la vida (aunque él no sea consciente de ello). Diréis que soy una mala persona, pero verlo cruzar la puerta hace que se me alegre el día. Estoy convencido de que con él llega una noticia jugosa.
- ¡Warren! – le saludo alzando el brazo para hacerme visible a él. Vaya. Parece que ahora es menos “hombre” que la última vez – ¿Qué le ha pasado a tu mano?
- No me hables de eso – me responde hosco mientras toma asiento – Es lo último de lo que me apetece hablar.
- ¿Y de qué te apetece hablar?
- De nada. Sólo quiero largarme de este puto planeta cuanto antes.
- ¿Realmente te vas, o sólo es un deseo?
- Me destinan a Baylock.
- ¡Joder, qué suerte! ¿Te han ascendido?
- Vete a la mierda.
- ¿Qué es lo que te pasa? ¿No vas a Baylock, Arishem?
- Voy a Baylock, la puta cuarta luna de Bismota.
- ¿Bismota? ¿Dónde cojones queda eso?
- En el sistema Bishamonten.
- Pero si allí no hay ninguna colonia – Perfecto, perfecto. No sabes cuanto te quiero, Warren.
- Hay unos astilleros orbitales de la compañía. Por lo que yo sé deben llevar más de cincuenta años con un trasto que encontraron en un planeta.
- ¿Un trasto?
- Una nave.
- ¡¿Una nave?! – Oooooh tío, sigue, no sabes como me estas poniendo.
- Dicen que es una nave-colonia, o algo parecido.
- Pe…pe…pero esas cosas dejaron de fabricarse antes del abandono de la tierra.
- Pues eso. Un puto trasto que tendrá más de mil años – Más de cuatro mil años, estúpido.
- ¿Y que pintas tú allí?
- Pues eso. Van a fletarlo, y yo voy a ser jefe de seguridad de esa bañera espacial.
- ¿De qué te quejas? Vas a dejar de ser un operativo encubierto, y te entregan algo que la gente mataría por visitar.
- Es un castigo.
- ¿Pero qué dices?
- La cagué en mi última misión, y ahora esto es lo que me encomiendan.
- Tampoco lo harías tan mal. Esto que me estas contando no parece nada malo. ¿Qué misión es esa en la que la cagaste?
- ¿Ves este muñón?
- Claro. Es lo primero por lo que te he preguntado.
- ¿Sabes quién es Abner Biuler?
- No me suena de nada.
- La cosa es que debe ser algún cerebrín que desapareció hace nosecuanto tiempo.
- Espera, espera. Me quiere sonar. ¿No fue un tipo que se la jugó bien jugada a la Mycroft?
- Me da igual lo que hiciese.
- Pero eso fue hace más de… Antes de que naciéramos cualquiera de los dos. Debe llevar muerto por lo menos cuarenta o cincuenta años.
- No esta muerto.
- Ya se que he bebido un poco, pero no me vas a colar eso.
- Está vivo. Y no sólo eso, tiene un androide de aspecto completamente humano, y más duro que nada que haya visto nunca. Ella me hizo esto.
- A ver, a ver. Vayamos por partes. ¿Qué me estas contando?
- ¿Conoces a Stephen Crimlan?
- ¿El pez gordo?
- El mismo.
- Me encantaría entrevistarlo.
- No te lo recomiendo. Ese tipo da miedo.
- Bueno, bueno. Sigue.
- Estuvo aquí, en Quain. Me dio unas coordenadas, una nave, y me mando a buscar a Biuler.
- ¿Qué aspecto tiene?
- ¿Biuler?
- No. Crimlan.
- ¿Por qué?
- Porque también hay montones de rumores sobre él, y no se deja ver.
- Pues… No sé. Unos cincuenta y bastantes. Estatura media. Pelo muy corto y canoso, con abundantes entradas. Y dos tipos que me hacían parecer un enclenque.
- ¿Eran como tú?
- ¿A que te refieres? ¿A si estaban potenciados?
- Eso mismo.
- Yo diría que sí. Aunque no les vi en acción.
- Qué cabrones. ¿Así que os siguen “fabricando”?
- ¿Fuiste tú?
- ¿Si fui yo, quién? – No me digas que después de tantos años, este imbécil va a sumar dos más dos por un puto descuido.
- El artículo. Fuiste tú, so cabrón. ¿Tienes idea de lo que he pasado desde entonces?
- Sólo hacía mi trabajo – Eso, tu arréglalo. Creo que acabo de ser yo quien ha abierto la bocaza cuando no debía.
- Empezaste a investigar después de hablar conmigo, ¿no?
Menos mal que sólo tiene una mano. Si no ya me puedo dar por muerto. Bueno, mejor no me las prometo tan felices aún. Qué fuerza tiene el desgraciado. Me esta ahogando sólo con cogerme de las putas solapas de la camisa.
- Cuando salió aquel reportaje nos encerraron. Nos acusaron de haber filtrado información a la prensa. Estuvimos un año incomunicados, hasta que se acabaron los juicios. Joder, tío. Te cuento una buena noticia, y tú la conviertes en mierda. Ya no sé ni cuánto tiempo llevo así. Tenemos una semana cada nosecuanto tiempo para salir. La vida son misiones y reclusión. Hasta la vida en prisión era mejor.
- A mi no me eches la culpa – Por favor, por favor, que se trague esto y me suelte – Todo lo hice por ti.
- ¿Por mí? – Bueno, arrojarme contra la barra no era mi idea de soltarme, pero es una mejora – Te voy a matar.
- ¿No te das cuenta de lo que te han hecho? ¿Por qué te crees que existían leyes contra esto?
¡Mírate, joder! ¿Tú crees que con toda la chatarra que llevas encima y dentro de ti puedes tener una vida normal? ¿Cada cuánto tienes que pasar por revisión? ¿Cuánto tiempo sobrevivirías sin las máquinas de la corporación? – Que no vea lo asustado que estoy, quenomemate, quenomemate.
Espera, se detiene ¿O sólo se esta frenando? Venga tío, mientras te jodía no pensaba en lo que te acabo de decir, pero tiene mucho sentido.
- Pe…perdona, tío – ¡Salvado! – Nu…nunca lo había visto así. No tienes ni idea de lo deprimente que es mi vida.
- Tranquilo amigo – La palmadita en el hombro siempre es efectiva – Ya has salido de todo eso – aunque ayudaría que no sonase metálica – Te vas a ir lejos de todo esto. Vas a mandar a tomar por culo a este planeta de mierda.
- Si. Me voy – Con esa lagrimita, casi parece humano. Debe ser algún fallo de diseño. No, será sudor.
- Pero podemos joder a la corporación – Me la estoy jugando. Calma, calma – Les puedes devolver todo lo que te han hecho.
- ¿Cómo? – Vale, William, cruza los dedos.
- Llévame contigo a Baylock – Vale, en sus ojos hay odio. Pero ¿es hacia mí, o hacia la corporación? – Si lo han llevado en secreto, seguro que esconden algo turbio. Llévame hasta allí y destaparé toda la basura que tratan de ocultar – Venga, la puntilla final – Y si aún siguen creando a ciborgs potenciados, estando dentro podré obtener pruebas. Se les va a caer el pelo a todos. Esta vez no habrá juicio posible. Les obligaremos a hacerte de nuevo humano.

Vamos Warren, no me dejes en ascuas. ¿Me vas a matar, o me vas a convertir en el periodista del momento (otra vez)?.

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Qué hermosa es la vida. Cómo me encanta estar rodeado de pardillos y crédulos. En dos horas Warren me introducirá como equipaje en la nave de la corporación que le lleva a Baylock. Aunque hay algo que me intriga. Detrás de sus ojos, en aquel momento definitivo me pareció ver una luminosidad extraña. Puede que se tratase del reflejo de alguna luz del exterior, pero no me gustó aquello.
¿Puedo fiarme de mi “amigo” Warren, o me esta llevando a una encerrona?
A ver. Repasemos.
Stephen Crimlain, uno de los peces gordos, corrijo, EL pez gordo de la Mycroft, se viene hasta una pocilga perdida entre los pelos del culo del universo, para encargar a un ciborg obsoleto que capture a un tipo que debería estar muerto antes de que cualquiera de los dos hubiéramos nacido.
¿Qué se de Crimlain?
Veamos los hechos. Hijo adoptivo de Joseph Crimlain, anterior jefazo en la sombra de la corporación. Su partida de nacimiento desaparece de manera muy oportuna. No tiene historial delictivo, ni de ningún otro tipo. Vamos, que no existía hasta que se hizo con el puesto.
¡Joder! Sí que sé poco.
Vale. Rumorología.
¿Mató a su padrastro para acceder al puesto?
¿Tiene agarrado por las pelotas a Jerry Mycroft, y es él quien realmente dirige la compañía?
¿Ordenó él los asesinatos de Silas Marcum y Aldus Webmaker?
¿Controla a través de la Mycroft el gobierno, la policía y el ejército de Arcana?
¿Murió realmente Joseph Crimlain, o sólo cambio de nombre?
Bueno, dejémoslo por ahora. Lo cierto es que el individuo es todo un pieza. Y por lo que cuentan también es aficionado a la manipulación de factores ajenos a él para cubrirse las espaldas, y no mancharse nunca las manos.
Cierto, corren rumores. Cientos de ellos. Pero la Mycroft comenzó a crecer exponencialmente cuando su papaíto accedió al poder.
Enhorabuena William, te has vuelto a meter tú solito en una encerrona. Hay que reconocer que el tipo es bueno.
Espera, no te emociones. ¿Qué va a querer un tipo como Crimlain de un ex-periodista estrella en horas bajas como tú?
Igual soy el elemento fortuito, la ficha que no pertenece al juego. Quizás no cuenta conmigo para lo que sea que tiene planeado. O quizá me maten en cuanto salga del baúl.

Qué cojones. Si caigo, que sea haciendo algo grande. En otras ocasiones, este dolor de estomago que me causan los nervios me jodería vivo. Pero hoy me encanta esta sensación.

¿Para que llevará Warren un puto conejito rosa en su petate?
Qué más da, es muy mullido. Mañana promete ser un día movido.

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