De Homero a Kirby

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¿Qué es Mytgard?

Buena pregunta.
Mytgard una palabra que no significa nada, pero cuyo misma naturaleza implica muchas cosas.
Es una abstracción y un objetivo, una idea y algo concreto, un aquí y un ahora.
Algo que casi puedes tocar pero que nunca está a tu alcance. El mapa hacia un destino, y ese destino en sí mismo.
Mytgard es lo que necesite ser en cada momento. Lo que necesite que sea... para mi.

Y, dicho esto, aún sigo sin saber lo qué es en su totalidad. Quizás nunca llegue a saberlo, o quizás nunca quiera que sea una única cosa. Lo único que sé es que jamás será algo consolidado y estable... aunque quizás mañana mismo cambie de idea a este respecto.

Así pues, Mytgard es al mismo tiempo una pregunta sin respuesta, y un intento de respuesta a todas las preguntas.
Se podría definir como un estado de ánimo, o una actitud personal, aunque también me gusta verlo como un lugar en tu interior el que refugiarte y hacer que se detenga el tiempo durante un momento. Un lugar en el pasar un rato juntos y tratar de disfrutar de unos momentos de charla y lectura. Donde compartir y debatir acerca de aquellos temas que nos gustan o nos resultan interesantes.
Un paraje que existe sin mayor pretensión que la de leer y charlar. En el que reflexionar, pensar y evadirte.
Casi nada.
En mi cabeza tiene sentido. Las relaciones entre todas las cosas que he planteado y aquellas aún por llegar están diáfanas, pero tengo claro que para cualquier otro todo esto puede ser un mero desvarío.

Para reafirmar todo lo ya dicho hasta ahora, esto no siempre fue así. Porque Mytgard, o al menos el deseo con el que nació su hoy inencontrable primera encarnación oficiosa, era claro. Una claridad que no llegó a prolongarse más allá de los primeros días.
Porque poco después de aquel inicio oficioso los avatares del azar y la desventura quisieron que ganase otro propósito1, uno que ha sido su núcleo durante todas sus encarnaciones, pero no su única seña de identidad, porque luego llegó otra2 y luego otra3 para llegar a conformar las palabras que me han acompañado a lo largo del camino que he recorrido desde entonces sin que fuese consciente de ello. Palabras desde otro mundo4

Ya desde sus inicios, aquella primera encarnación oficial nació como un deseo que, no por haber sido alterado y ampliado, ha dejado de ser una parte esencial de cualquier cosa que surja cuando aporreo un teclado. Una idea alumbrada bajo otro nombre, en otra ubicación y por una persona muy lejanas a quien escribe esto, pero no por ello muy distinta.
Una idea que ha pasado por multitud de estados a lo largo de (mi) su periplo vital.

Aún así, pese a esta mutabilidad y la falta de claridad que demuestra todo lo que acabo de proclamar, no implica una desviación de la razón de ser que la alumbró. Porque esta ya se había implantado en mi mente mucho antes de creerme capaz de escribir cualquier cosa. Algo de lo que no fui consciente entonces y de lo que tampoco llegué a serlo hasta mucho después de haber comenzado con aquellas palabras.
Nació de un consejo. De alguien con quien no podré volver a hablar jamás, pero que no por ello dejará de acompañarme nunca3. Una persona de la que he hablado, ya sea de manera directa5 o indirecta6, en alguna que otra ocasión.

No recuerdo las palabras concretas, pero sí el fondo.
"Sí no explicas el por qué de tus acciones nadie va a entenderlas. Sólo verán aleatoriedad, extravagancia o soberbia."
Una obviedad, sí. Algo que no me había preocupado hasta entonces ya que asumía que quien me importaba me conocía y, por extensión, me entendía. El resto me daban igual.
Pero... ¿y si no era así?
A fin de cuentas, la razón detrás de nuestras acciones sólo pueden resultar claras para quien las lleva a cabo.

A pesar de no ser consciente de esta asociación entonces, mientras escribía aquellas primeras entradas solía tener en mente una secuencia. Una sucesión de imágenes que aún hoy tengo muy presente.
En ella se veía a un joven que encontraba el diario de su padre y lo leía.
Su relación nunca había sido buena pero, al leer aquellas palabras escritas toscamente por él, la imagen que tenía de aquella persona cambiaba.
En una metáfora nada sutil, pero sí muy efectiva, este cambio en su estado de ánimo se veía reflejado en el clima que le rodeaba, que pasaba de las nubes de tormenta a un cielo despejado.
Estoy hablando de una página del último número de la colección de Conan Rey. Esta que tenéis aquí abajo (y que podéis ver ampliada si pincháis sobre ella).

Conan Rey

Porque soy como Conan, pero no en lo mazao. Soy como él porque la sutileza no es lo mío. Ni la pido, ni la busco ni la ofrezco. Sólo soy un bárbaro iletrado que apenas es capaz de expresar pensamientos sencillos tratando de comunicar ideas y conceptos complejos.
No busques mensajes ocultos, no busques segundas lecturas. Si no eres capaz de entenderlo tras una lectura simple ten por seguro que es porque lo he explicado mal.

Y eso hace de Mytgard y todas sus encarnaciones pretéritas algo muy necesario para mí. Porque, más allá de todas las abstracciones, palabros rebuscados y altisonancias mencionadas antes, también han sido una herramienta.
Una parte muy importante de la razón de ser de este lugar es la de tratar de explicar mi manera de entender el mundo. Mi intento por disipar todos esos nubarrones que pueblan tu cabeza cuando piensas en aquello que he escrito, dicho o hecho.
Algo que no es nada fácil.

Para mi lo importante no es convencer a nadie de nada, sino que cuando hablo se entienda lo que estoy tratando de transmitir.
Tener o no razón es un asunto distinto, al igual que lo es que mi interlocutor esté o no de acuerdo conmigo.
Si no se entiende lo que estoy diciendo y no se rebaten mi punto de vista o mis argumentos, nunca me sacarán de mis errores.
Y si estar equivocado es algo que no me gusta, el hecho de defender o haber defendido algo equivocado me preocupa enormemente.
Pero me estoy desviando del tema.

Regresando a este concepto que es Mytgard, su nombre nació en una situación de especial incertidumbre. El momento en el que voluntariamente decidí abandonar el que había sido mi trabajo durante dieciséis años sin tener posibilidad de cobrar el paro.
Este nombre aspiraba a cumplir una función concreta. Una función muy diferente a la que ha ostentado desde entonces.

Aspiraba a ser una marca personal. Algo que imprimir en las tarjetas que iba a ir dejando en los negocios del vecindario ofreciendo mis servicios como informático a domicilio.
Para tal fin y, con la intención de parecer algo más formal que un mero parado ofreciendo su mano de obra, decidí montar una empresa unipersonal. Una empresa que jamás llegó a existir dada las facilidades que ofrecía la administración.
Pero lo que sí que hice fue imprimir aquellas tarjetas con el nombre y registrar este dominio en el que te encuentras en estos momentos.

En aquel momento sólo era una eso, una palabra. No quería unas siglas, o un acrónimo que ocultase algún juego de palabras ocurrente. Tampoco quería un nombre rimbombante aderezado con algún lema en inglés para darle mayor molonidad.
No tenía que significar nada, pero debía tener la capacidad de evocar cualquier cosa.
Cuando pensaba en aquella palabra, Mytgard aparecía en mi cabeza como un lugar perdido en los mares nórdicos. Un emplazamiento sólido, imperturbable y estoico ante los elementos que lo rodeaban. Un lugar en cuyo interior sólo había calma y quietud. Rodeado de altas cimas nevadas, todo aquello simbolizaba mi entrada en aquella nueva vida a la que me lanzaba.
Veía a Thor en una fragua forjando placas base. A un Odín Kirbyesco sentado en el trono de una Asgard poblada de tecnología imposible. Veía a las versiones robóticas que la mente de Go Nagai moldeó sobre la base del Coloso de Rodas. Veía a Stafford y Barker continuar con sus obras. Desde allí podía contemplar las nuevas creaciones de ocho bits de Peddle y Yanes, de Bushnell y Miyamoto, de Garriot y Mechner. Aquel era un Nirvana en cuatricomía. Un lugar en este mundo en el que integrar todas mis mitologías personales.
Pero al mes siguiente encontré trabajo y la cosa se quedó únicamente en un nombre.
Un nombre plasmado en quinientas tarjetas que aún conservo, y la imagen que sigue dando acceso a este dominio.

Conan Rey

Así permaneció durante cuatro años. Mientras que continuaba alimentando mi viejo blog... hasta que decidí matarlo sin previo aviso.
Ya lo había aparcado con anterioridad7 en los momentos previos a la crisis laboral, para retomarlo de nuevo cuando esta pareció disiparse8, pero en aquella ocasión fue diferente. No lo aparqué, sino que lo hice desaparecer de la red.
Decidí matarlo sin intención de hacer nada más. A fin de cuentas aquello era un erial. Un lugar en el que me dedicaba a hablar solo.
¿Qué sentido tenía aquello?

Tras una temporada de desorientación me di cuenta de que me faltaba algo. Quizás no había nadie al otro lado, pero seguía teniendo la necesidad de contar las cosas.
Quizás no las mismas cosas que habían poblado el viejo blog sino algo con una estructura más formal. Donde las entradas secuenciadas no siguiesen un orden inverso a aquel que era necesario para su lectura.
Aquellas entradas seriadas serían lo único que iba a recuperar del blog. Material estático y atemporal.
Pondría en aquel lugar un museo del horror9. Las “fuentes originales” de las que, por más bochorno que me provocasen, me han hecho avanzar en la senda del maltratar al lenguaje. Un museo que también ha terminado sirviendo a otros fines.
Pero ahí acababa toda vinculación con el pasado. A partir de aquel momento sólo escribiría cosas largas y seriadas. Se acabaron las entradas en las que hablaba sobre mí... hasta que me di cuenta de que aquellas entradas también me eran necesarias.
Nunca he sido muy rápido a la hora de darme cuenta de las cosas más obvias.
Y así es como hemos llegado hasta aquí, sea donde sea "aquí".

Una vez respondida la pregunta de ¿Qué es Mytgard? quizás te preguntes acerca de lo que puedes encontrar aquí. Si es así estás de suerte, porque me dispongo a responder también esta pregunta.

A día de hoy, el Frankenstein que acabo de describir, se encuentra dividido a grandes rasgos en tres grandes categorías, cada una de las cuales atiende a una de mis grandes aficiones:

Juntando letras - La lectura y la escritura
Realidades imposibles - Los juegos de rol
Entre ceros y unos - Los ordenadores

A su vez, cada una de ellas se encuentra dividida en las distintas sub-categorías que se pueden ver bajo el menú principal. Estas categorías corresponden a aquel objetivo de temas seriados no ligados a un momento temporal concreto… aunque no por ello dejan de hablar de mi.
En fin.

Coronando a cada una de estas secciones se encuentran mis intentos de establecer una línea temporal de mi evolución dentro de cada una de estas aficiones, para continuar por mis esfuerzos por hacer proselitismo de las mismas.
Todas ellas se encuentran en distintos estados de abandono. Aún así, de una manera tan lenta que sólo puede ser medida en tiempo geológico las voy alimentando.

Más allá de estas están las muestras de mi falta de comprensión propia y mis errores de planificación a largo plazo. En la columna derecha puedes acceder a aquellas entradas que corresponden a momentos temporales concretos. La tercera versión de Palabras desde otro mundo, que dispone de su propio canal RSS10.

A continuación, y también con su propio canal RSS11, bajo las entradas del blog tienes disponible el acceso a la última de mis ideas de bombero: “Nunca a la última”.
Que viene a ser lo mismo que el blog, pero hablando de los temas acerca de los que leo en internet. En su interior podrás encontrar enlaces desfasados a cosas que me han resultado interesantes… mezcladas con las divagaciones marca de la casa.

Para finalizar, si no utilizas un lector de RSS (o no tienes ni idea acerca de qué es eso), en la columna de la derecha, dentro del espacio titulado”Suscríbete... si quieres”, tienes la posibilidad de suscribirte por correo electrónico a todas las entradas que se vayan publicando en este lugar.
En una muestra más de la arbitrariedad que guía mis decisiones, sólo tienes dos categorías a las que puedes suscribirte:

Mytgard
Nunca a la última

En la primera de ella tendrás acceso a las entradas seriadas y aquellas que pertenecen al blog, mientras que si te suscribes a la segunda recibirás sólo aquellas en las que hablo acerca de las cosas que he encontrado en la red.

En cualquiera de estas secciones, existe un amplio porcentaje de que no entiendas nada de lo que he escrito o que, simplemente, todas ellas hagan sangrar tus ojos, pero trataré que la de mañana sea algo mejor.

Así pues, pasa, elige un texto de las estanterías y ponte cómodo.
Léelo con tranquilidad y, cuando lo hayas terminado, si tu cordura permanece intacta, charlemos.

El camino hasta aquí:

1. Apuntes trascendentales
2. El inicio del "álbum de fotos" de mi vida
3. Eduardo, principio y fin de muchas cosas
4. Palabras desde otro mundo V1
5. De reencuentros inesperados
6. Macroverso, Epílogo de una vida
7. Se acabó
8. ... o igual no
9. El museo
10. Rss de entradas de Blog
11. Rss de entradas de Nunca a la última

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