De Homero a Kirby

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Biografía computeril: PCverso VI (Multimediando)

Vale, ahí tenía mi PeCé, funcionando, sufriendo sus víruses (que venían incluso en los disketes de los juegos originales, como el del Action Service) comprándome juegos que ya había tenido antes (como el Barbarian, el Targhan o el Impossible Mission II) y cruzando los dedos cada vez que copiaba algo al disco duro para que no saliese ningún mensaje de error de disco.
Como ya hicieran antaño, los juegos seguían entrándome por los ojos. Por sus carátulas me compraría el Cobra Mission y el Metal & Lace, y ambos resultarían igualmente decepcionantes. De gratis conseguiría el Wolfstein 3D, el mejor FPS jamás creado (no, no me gustan los FPS, me aburren enseguida) ya que, al ser una demo, (¿una que?) solo tenía un par de pantallas no demasiado cansinas con el laberinto. Ante aquel panorama, parecía que tocaba comenzar a mirar los ordenadores desde otro ángulo. Yyyyyy ese nuevo ángulo era el que se encontraba ubicado dentro del ámbito laboral, por supuesto. Un terreno de vedes pastos para alguien más verde aún. Nos encontrábamos bajo el paradigma de la línea de comandos, un ambiente apto sólo para tipos duros. A falta de ludismo informático al que meterle mano, siempre me quedaba el terreno puramente sonoro.

En el tema musical para MSDOS no es que hubiese gran cosa entre lo que elegir. Mientras el Atari y el Mac tenían los míticos Cubase, Encore, Finale o Notator (luego Notator Logic, para acabar siendo Logic a secas) en el PC teníamos el Ballade, el Musicator o el Band in a box (que también tenía su propia versión para Atari.
La verdad es que los programas no es que fuesen malos, pero eran feos e incómodos como ellos solos. De todas formas, tenían la ventaja de ser más baratos que los programas “Profesionales”. Recuerdo que en la tienda tuvimos una copia del Cubase para Atari y otra para Mac pero, si no me falla la memoria, aún deben seguir por ahí. Cada uno de esos programas superaba las cien mil pesetas (de entonces) y el Finale rondaba el doble, mientras que los programas para PC eran más asequibles (lo que no quiere decir que se vendiesen muchos)
Por otro lado, los interefaces MIDI para PC aún estaban caros, chungos de configurar y no eran precisamente fiables (aparte de que sólo eran eso, interfaces, y necesitabas también un modulo de sonidos externo para que aquello pudiese sonar mínimamente en condiciones) así que tuviéramos un mercado muy boyante en aquel momento (menos aún en Pamplona)

Sería en aquellos días que hasta mi llegaría (no recuerdo por que medio) un disquete. Pertenecía a una empresa de la lejana Barcelona. Al invocar su contenida aparecería grabado en mi pantalla el nombre del concilio de brujos que lo había conjurado: AMB (decía) the SQL (ponía más abajo, y yo me preguntaba ¿La Secuela de qué?)
En su interior encontraría precios de tarjetas de sonido y Cederones ¡A PRECIOS ASEQUIBLES!. Como es obvio, no tardaría mucho en pedir uno de ambos: Una tarjeta compatible con AdLib, y un CDROM externo x1. Al llegar ellos, también llegaría la decepción. Como ya decía por ahí arriba: ¿Como... diantres se hacía funcionar aquello?
Vale, yo pinchaba la tarjetas en sus ranuras respectivas, pero aquello no chuflaba. Conectaba los auriculares a la tarjeta de sonido, pero de ahí no salía ningún acorde o palabro. Metía un disco en el lector, pero no sabía como acceder a su contenido. Con ellos venían unos disketes, “conductores” ponía en guiri en sus pegatinas, pero ejecutando sus contenidos no lograba que me llevasen a ningún lado. Aquello de la informática “seria” estaba empezando a tocarme un poco las narices.

Por fortuna tenía a mano a alguien que era capaz de desencriptar aquel galimatías y hacer funcionar aquellos cachivaches. La verdad es que, por mucho que me empeñase (a quien vamos a engañar, nunca me esforcé demasiado) nunca aprendí a hacer un autoexec.bat o un config.sys desde cero (otra cosa era ya el copia de aquí y allá para hacer mi pequeño ejército de Frankensteins binarios)
Al fin conseguiría que aquello sonase y que los posavasos plateados sirvieran para algo, pero aquello tampoco mejoraba demasiado la cosa.
Vale, no tenía que desconectar físicamente el PC Speacker de la placa para no incordiar (al menos, no siempre, ya que había algunos programas que no te dejaban otro remedio) pero los juegos aburridos, con sonido “modelno”, no se volvían entretenidos.

Pero se acercaban tiempos de cambio. Como respuesta (tardía, muy tardía) a los colorines e iconitos de la competencia, se acercaba el (ejem) “Salto cuántico” para el PCVerso. Más allá de los comandos arcanos como pkzip o arj, comenzaba a vislumbrarse el reino dorado de las Ventanas (¡oh sorpresa! ¡nunca habíamos visto nada parecido!) y su místico paladín; el ratón (no bostecéis tan alto)
El mundo informático se iba acercando a las masas. Nos esperaba una buena.

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