De Homero a Kirby

Se encuentra usted aquí

Biografía computeril: PCverso XIV (Por el … te la hinco)

Y llegamos al año del Apocalipsis. Cuando el gran mal largo tiempo aprisionado sería desencadenado sobre la humanidad. Año de rimas, año de cambios.
Llegó el noventa y cinco y con él, la siguiente evolución del sistema de las ventanitas. Plug & Play, decían. Pincha y juega. Conecta y trabaja. Señora, se terminó el poner interruptores a mano en las tarjetas de ampliación. Bill nos iluminaba con su nueva obra (y la de sus ingenieros)
Su evangelio decía: El configurar se va a acabar.

Y claro, todos corrieron a su tienda más cercana para hacerse con los bits sagrados.
¿Todos?
No.
Yo seguía apegado a lo que ya conocía. Irreductible y estoico ante los cantos de sirena procedentes de los Impíos salones de Redmon (que ya estaban cómodamente asentados en mi sistema... pero eso es otro asunto. No me cambiéis de tema ahora)
Vamos, que experiencia pecera aún era escasa, pero no me fiaba de aquellos señores que me querían colar su última “idea genial”
¿Qué era eso de poner a los archivos nombres más largos de ocho caracteres más los tres de la extensión?
Yo quería seguir arrancando en DOS y sólo poner las ventanitas cuando me viniese en gana.
Que no. Que no iba a dejar que el sistema “adivinase” en que posición había puesto yo los selectores de la tarjeta de sonido (que, además, lo hacía con el culo, como así quedaría demostrado en la instalación del equipo de mi hermano)
Además, el emulador de OS2/WARP no funcionaba. Vamos, que no me ponía aquel engendro “multimedia” (en aquellos días comencé a odias esa puñetera palabra) ni de coña.

Pero, como os comentaba ahí arriba, pronto me vería rodeado.
Mis dos hermanos se instalarían aquella aberración tecnológica en sus equipos del curro. Para más INRI, gracias al señor G lograríamos conectar los tres en red (previo agujereado de suelos y tabiques) Pero mi pequeñin se portaba muy bien y nunca se rindió. Podía ser una generación de hardware y de software anterior a los otros dos, pero no tenía nada que envidiarles.
La presencia del retro era muy poderosa en él.

Mientras tanto, y ya en casa, también había cambios. La placa de Pentium noventa era heredado por un amigo y yo me hacía con uno a ciento veinte. No era un gran cambio, pero lo mejor vendría después: Me haría también con un sintonizador-de-televisión para-el-ordendor-pero-no.
El aparato en cuestión se colocaba dentro de la torre, utilizaba su fuente de alimentación, pero ahí acababa toda su interactuación. No podías grabar los programas de la tele ni nada parecido (ni me lo planteé ¡como si tal cosa fuese posible!) pero debías tener el ordenador encendido si quería ver cualquier programa.
Entre la potencia que tenían aquellas máquinas de la época, que no existían el DVD o los divx (aún tardaríamos un tiempo en comenzar a escuchar de algo llamado MP3) y la capacidad de los discos duros, la posibilidad de poder, no grabar, sino simplemente “visualizar” vídeo en un ordenador se me hacía algo de película (sí, igual que lo de poder conectar los ordenadores entre ellos, pero aquello, a base de usarlo, más o menos ya lo iba asumiendo)

De todas formas, la experiencia con aquel trasto empezó con susto.
Después de convencer a mis padres para hacer un agujero entre nuestras habitaciones (la mía no tenía toma de antena para la tele) Después de hacer el susodicho agujero y pasar el cable. Después de montar el aparato y lograr averiguar como se suponía que tenía que funcionar.
Después de todo aquello, la tele no se veía.
Venga, alegría.
¿Tendría algo que ver con el sistema operativo? ¿Me vería obligado a claudicar ante la tiranía de los designios mediáticos del tito Gates?
No, y no (por el momento)
El problema era que el sintonizador se había quedado un poco obsoleto, y el refresco de los monitores SVGA no soportaba la señal que le mandaba (claro, esto lo deduje después de semanas de prueba y error)
¿Solución?
Tras probar con varios monitores (véase, dar algún que otro cambiazo con los ordenadores del trabajo) di con uno que sí que era capaz soportar aquella frecuencia. Casualidades de la vida, el monitor del primer ordenador que me había comprado.

Aquello debía ser una señal. El poder del retro siempre había estado muy presente en mi “familia”

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA
This question is for testing whether you are a human visitor and to prevent automated spam submissions.
Image CAPTCHA
Enter the characters shown in the image.

Theme by Danetsoft and Danang Probo Sayekti inspired by Maksimer