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Biografía rolera V: De compras

La llegada hasta Mordor, por más que significase para mi en el largo recorrido, no supuso un cambio significativo en aquel primer momento.
Seguía habiendo demasiado desconocido y prefería seguir jugando dentro de un círculo más familiar.
Lo que sí que fue cambiando poco a poco fueron mis hábitos consumistas. Hasta aquellos momentos había estado de prestado. Mi ventana hacia el mundo del rol continuaba limitada por lo el material que tenían los demás.

Más allá de haber visto en los estantes de otros el libro de La llamada de Cthulhu, el único materual al que había tenido acceso eran unas fotocopias de la caja roja del D&D americana que poseía Multimaniaco.
En un mundo sin Internet, y sin haber descubierto aún la única tienda especializada de tebeos de Pamplona en aquellos momentos1, mi ruta lúdica había consistido en adentrarme en cada vídeo club, papelerías, bazar o local en el que pudieran vender vídeo juegos que se cruzaba en mi camino.
Con el tiempo sí que había comenzado a crear algo parecido a un patrón en aquel caos2, sí que sabía acerca de los juegos que de ordenador que llegarían gracias a las revistas. Al mismo tiempo, en lo referente a los tebeos, la única información del futuro que poseía era la que venía en la contraportada de aquellos que me compraba. Gracias al tiempo y las dinámicas de comprar mes a mes las colecciones allí donde las encontrase, había logrado hacerme una imagen de conjunto de lo que se publicaba en España, pero en el rol estaba totalmente a ciegas.

Y lo estaba hasta que llegó hasta mis manos la primera publicación relacionada3. Si no recuerdo mal, este fue el número dieciocho de la primera época de la revista Troll, pero no tardaron en seguirle la Líder y la Alea.
Con esto se abrían ante mi dos mundos relacionados que yo aún mezclaba; el de los wargames y el de los juegos de rol. Aun así, la oferta a mi disposición de cualquiera de ellos era muy limitada.
Como ya me había sucedido con los juegos de consola4, el material disponible no estaba dictado por los redactores de las revistas, sino por la apuesta de quien se arriesgaba a traer este material hasta Pamplona.

A finales de los ochenta esta oferta estaba limitada a dos locales: La juguetera Irigoyen, y la librería Xalbador (actualmente Elkar). Mientras la primera se atrevía a traer material de importación, la segunda se centraba en la escasa producción de Joc.

Como con todo lo sucedido en aquellos primeros años, me cuesta concretar el orden cronológico de los sucesos. No recuerdo si aquello fue antes de llegar al club o después. Tampoco recuerdo cuál fue el primer juego que compré, aunque sí que recuerdo cuál fue el primero que me atreví a dirigir. Este fue el Toon5 de Steve Jackson Games.
Lo compré en el local que tenía Irigoyen en la parte vieja, uno de esos negocios cuyo fantasma me saluda cada vez que paso ante lo que fue su entrada.
En su segunda planta que, durante una larga temporada, se convirtió en lugar de paso obligatorio todos las tardes de los sábados antes de ir al Club, fue donde comencé a ampliar mi horizonte rolero.

Tiempo después descubrí que ya había visitado con anterioridad aquel lugar, aunque fue cuando aún vivía en Alsasua, por lo que debí visitarlo con siete u ocho años. Aquel local fue donde nos llevó a mis hermanos y a mi nuestro padre la primera vez que nos permitió elegir los regalos de reyes, pero esa es otra historia que (quizás) se contará en otro lugar.

Allí, ocultos detrás de uno de los mostradores, se encontraban los juegos de rol de importación y las revistas. Hasta donde yo sé, era el único establecimiento de Pamplona que traía material del extranjero. Hace ya tiempo que me venía rondando una pregunta por la cabeza:
¿Quién era el valiente que se animaba a traerlos?
Algo para lo que no he encontrado respuesta. Hasta donde me han podido concretar los ancianos del lugar, es probable que uno de los dependientes de la tienda, probablemente uno de los habituales de T.B.O, fuese aficionado a esto y sus jefes le permitiesen hacer aquella pequeña apuesta durante un tiempo. Pero esto no deja de ser una suposición.
La mención a T.B.O. una vez más no es casual, ya que tendrá un papel central en una entrada futura en la que hablaré del pasado. Yo me entiendo.

Pero, como de costumbre, empiezo a divagar y estábamos de compras en aquella época pre-internet.
Si no recuerdo mal, más allá de las revistas y el Toon, en Irigoyen sólo llegué a comprar un juego más; el Air Superiority6. Un juego que llegué a leer por completo, y mucho menos jugar, pero que también volverá hasta aquí en el futuro no muy lejano. Por el momento sólo decir que, gracias a él y a otros descubrí que, por más que me puedan gustar los aviones o los robots gigantes, los juegos de tablero no me interesaban lo más mínimo.
A todo esto también habría que añadir un dato más. Como era habitual en aquellos días, la traducción del manual consistía en una serie de hojas mecanografiadas, fotocopiadas y grapadas. Algo que si bien no ayudó a mi escaso afán lector, era mucho más que lo que ofrecían otros juegos.

Mis peregrinaciones hasta la juguetería se volvieron más esporádicas cuando me di cuenta de que podía hacer pedidos por correo a las tiendas que aparecían anunciadas en las revistas que compraba. Barcelona, y más concretamente Jocs & Games, se convirtió entonces en la distante Meca que me propuse visitar algún día.
Hasta que llegó aquel momento me dediqué a pedir juegos por correo y aprender nuevos conceptos como “pagar contrareembloso”. Lo primero que pedí a aquel lugar fue algo que prometía infinitas horas de diversión, un juego llamado Titanicus Adeptus7 en cuya portada se podían ver robots colosales. Al igual que con el Air Superiority, jamás llegué a jugar con él.

Entre una y otra cosa, pasaba algunas tardes de entre semana en casa de Multimaniaco, que se dedicaba a enseñarme los juegos que le traía su padre, y que fue gracias a quien me había hecho con las fotocopias del D&D. La fotocopiadora del negocio familiar funcionaba a todo trapo los domingos a la mañana con todo lo que llegaba hasta nuestras manos.

Así llegamos hasta, probablemente, agosto/septiembre del ochenta y nueve o el noventa. Mi hermano menor había sido enviado de intercambio a Inglaterra para el verano y, en teoría, el autobús que lo traía de vuelta lo dejaba en el centro a una hora bastante temprana de domingo.
Un par de amigos y yo quedamos para ir a recogerle de empalmada (la hora teórica de llegada debía ser cerca de las cinco o seis de la mañana). Para comenzar la sesión de espera, Multimaniaco y yo fuimos al cine (quizás tras salir del club) a ver Papa Cadillac. Para amenizar la tarde noche después de aquello, había alquilado dos películas; ¿Quién es Harry Crumb? y Mad Max III, para ver en casa de mis padres junto a los demás.
Es por las fechas de estreno de estas películas que triangulo estas fechas, aunque no tengo claro cuándo llegaron hasta Pamplona.

La segunda sesión de cine fue un éxito, pero Max fue demasiado para nosotros y terminamos todos dormidos.
Tras recuperarnos de la cabezada, nos dispusimos a ir a recoger a mi hermano. En un ejercicio de descoordinación típico de la era pre-móbil, no coincidimos con él y, tras esperar un rato largo donde suponíamos que tenía que dejarle el autobús sin encontrar a nadie, volvimos a casa.
Como no podía ser de otra manera, mi hermano ya estaba allí, pero no sólo estaba él. En el sofá se encontraban depositados varios libros, revistas y cajas que había traído desde la Pérfida Albión.
Junto al número de de la revista Dragón que aún conservo (aunque no tengo claro cuál de los que tengo más destrozados es), se encontraba la guía del jugador del AD&D segunda edición, el Top Secret SSI y mi primer amor verdadero dentro del rol; la caja de la segunda edición del Skyrealms of Jorune8.
El juego que, en mi humilde opinión, cuenta con la portada más mejor de la historia del rol.

Portada del Skyrealms of Jorune

Salvo el Top Secret, aún conservo aquellas ejemplares.

Ya había visto desde lejos el Jorune en Mordor en posesión de uno de “los mayores”, pero nunca me había atrevido a pedirle permiso para echarle un vistazo de cerca.
Aún pasaría un tiempo antes de que mi timidez, y pasaría casi una década antes de que dirigiese mi primera campaña ambientada en Jorune usando una versión personalizada de GURPS.

Y es con GURPS que terminaré esta entrada.
Mi primer contacto con este juego tuvo lugar en La Meca; con mi primera visita física a Jocs & Games.
Gracias a una convención a la que tenía que acudir mi padre en Barcelona, y a la que acudimos toda la familia, en comunión, mi hermano y yo conseguimos arrastrarlos a todos hasta aquel lugar.
Allí compramos la Guía del Dungeon Master que nos faltaba, así como los juegos de Elric y Hawkmoon de Chaosium.
Aquella misma noche, en la habitación del hotel, mi hermano y yo cambiamos los juegos que habíamos comprado, con lo que yo me quedé con el Stormbringer y él con el Hawkmoon.

Pero aquello no era lo único que pudimos ver entre sus baldas. Sus estanterías estaban pobladas por un montón de libros de algo, en mi lectura superficial, interpreté como “GRUPS”. Nombre por el que me referí a él durante meses.
Todos aquellos libros tenían portadas muy interesantes, pero el presupuesto no daba para todo y sus suplementos generalistas aún tardarían en llegar hasta mi poder.

Enlaces:

1. T.B.O.

2. Ultima I Nostalgiato Andante

3. Las revistas
- Troll
- Lider
- Sección de revistas y fanzines de Sinergia de rol
- Alea

4. Sobre comprar lo que hay

5. Toon

6. Air Superiority

7. Titanicus Adeptus

8. Va de Jorune
- Deja tu mundo atrás
- Skyrealms of Jorune I
- Skyrealms of Jorune II (BC)
- Skyrealms of Jorune III (PC)
- Skyrealms of Jorune IV (Presente jugable)

9. GURPS

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