De Homero a Kirby

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Biografía computeril: 8 Bits V (El arte no es morirte de frío)

Era pequeñito y apañao. Negro él. Elegante. Sobrio.
Sólo tenía dos botones, pero tampoco necesitaba más.
Todo lo que alguien como yo podía desear.
El sueño de todo friki.
La máxima expresión del ideal austero.

Bueno, igual no era para tanto, pero molaba. Molaba mucho.
Era el ¡ACTION REPLAY! (Sí, continuo con las mayúsculas y, además, ahora con exclamación)
Y era mío.
Ya nada interponía en mi camino hacia el dominio el universo.

Vale, sí. Sigo exagerando (pero sólo un poquito)
El ¡ACTION REPLAY! (lo siento, no quiero evitarlo) vendría a ser una versión antediluviana del Ghost. Y ahora es cuando vosotros decís ¿Y eso es todo? (malditos infieles)
Pues no. Eso no era todo. Era eso y mucho más.
Era darle a un botón, y poder guardar la partida de cualquier juego. Daba igual que no tuviese opción de salvar. Daba igual que si estaba protegido o no.
El ¡ACTION REPLAY! guardaba el estado en el que se encontraba la memoria del ordenador, y te permitía hacer un volcado de él, para volver a cargarlo cuando a ti te diese la gana.
Lo bueno del asunto era que podías guardar esos archivos tanto en cinta (¡Buuuuuuuh!) comoc ¡EN DISCO! (y hubo gran regocijo)
Ya sólo hacia falta que los juegos cargasen bien una vez para poder jugar todas las veces que quisieras. La disquetera se convirtió en un elemento útil de aquel ordenador (y el perforador de hojas en un elemento más del ámbito informático)
Que tiemposc cuando los discos tenían dos caras, como las cintas. Antes del CD. Antes del DVD. Antes de la decadencia del mundo occidental.
Vale, sigo exagerando un poco. Yo soy uno de esos blasfemos herejes que prefieren los CD a los vinilos y los DVD a los VHS. No todo cambio implica un avance, y no toda mirada hacia los tiempos pasados debe estar teñida por la nostalgia (pero eso es algo totalmente alejado del espíritu de lo que estamos hablando estos días, y que queda para otra columna, sea cuando sea)

Pues eso. Gracias al ¡ACTION REPLAY! mis días de cargas inciertas con el Commdore se terminaron. También deje de escuchar las músicas que ponían los chicos de Imagine: The name of the game, en sus juegos. Pero es un precio que pague gustoso (aunque había músicas muy chulas, como la del Terra Cresta)

Más o menos por esa misma época llegaría a casa la Sega Master System. Si no recuerdo mal, se lo compramos al mismo morador de Ramar a quien le compramos el ¡ACTION REPLAY! (así que ambos fueron de segunda mano)
Recuerdo la conversaciones con él en el salón de juegos Carlos III en los que elucubrábamos sobre la calidad que tendría la versión del Altered Beast para aquella máquina (así que supongo que la consola llegaría a casa en navidades del ochenta y ocho, ya que la conversión para la Master System salió en el ochenta y nueve)
Al final, me hice con el juego cuando llegó hasta estas tierras norteñasc y la verdad es que fue un poco decepcionante. Era muchísimo mejor que las conversiones para el resto de maquinas de 8 bits, pero seguía estando muy lejos aún de lo que ofrecía la recreativa (por eso la Master System no esta en mayúsculas y entre exclamaciones) pero aún así, aquella consola era una gran maquina.
Peeeeeero, como todo aquello tocado por la balanza kármica, aquella adquisición acarrearía un pequeño problema (logístico): ¿Donde narices pillaba yo juegos para ella, si en las tiendas que solía visitar no sabían que era aquello?
Ni Ramar, ni Iguzquiza traían la consola (y de las tiendas de electrodomésticos ya ni hablamos) así que tras preguntar al vendedor me informo de un ignoto lugar llamado Radio Frías. Una especie de relojería-tienda-de-pequeña-electrónica-en-general (Sí, un bazar en toda regla, pero algo mas serio que los de ahora, antes de que comenzasen a proliferar por estas tierras) Como no podía ser de otra manera, también estaba en el centro (a escasos cien metros de la librería Gómez)
Me costo un cierto tiempo dar con aquel lugar (entre que estaba algo escondido, su nombre no estaba muy claro, y lo que se veía en el escaparate como que no era fácil de asociar con los videojuegos, la cosa no era sencilla) pero mis exploraciones tuvieron éxito.
Como ya os decía, el local era un bazar en toda regla, y al entrar como que me daba un cierto noseque el preguntar por "el asunto". Me daba la impresión de que me iban a mirar con cara rara y a señalar con el dedo.
Pero sí, aquel era el lugar marcado con la "X". Tras pasar por un pequeño pasillo al fondo de la tienda, hasta lo que parecía un taller de reparación de electrónica, ante mi se mostraron en una vitrina las características cuadricula que tenían todas las cajas de juegos de aquella consola. Lo cierto es que no había mucho donde elegir (y mira que eran caros, con lo que nos había costado que bajasen las cintas a 875) así que la elección de aquellos juegos si que era aventura cien por cien.
Pero luego los juegos molaban, y mucho. No había que esperar las cargas. No había que configurar teclados. Se podían guardar las partidas (en algunos de los juegos) y, quizás por lo que te había costado comprarlos, quizás por el tiempo que tenías que esperar entre hacerte con uno o con el siguiente, quizás porque realmente eran tan buenosc los disfrutabas como pocas cosas antes.

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