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Biografía computeril: 8 Bits VII (Armageddon)

Yo no tengo olfato, pero algo me olía a chamusquina en el ambiente.
La micromanía, con su nuevo tamaño en plan periódico, molaba. Era un incordio para llevar a clase y podías ver como las páginas se iban deshaciendo cada vez que lo doblabas, pero molaba. Era como si se tratase de una lectura "para mayores" (¿Que queréis que os diga? tenía quince años)
Pero ya os digo que algo comenzaba a oler mal.

Bueno, más que oler, la cosa daba al ojo. Al principio solo un poco, después ya era descarado. ¿Que a qué me refiero? Pues a los pantallazos de los juegos que aparecían en la revista y en la parte trasera de las cajas de los mismos juegos.
Antes, igual te aparecía una imagen de la versión de Commodore o del CPC en las cajas de las versiones de Spectrum o MSX, pero la cosa era perdonable. Pero cuando empezaron a aparecer las imágenes sacadas de las maquinas de dieciséis bits así, a traición, la cosa ya era de flipar.
gImágenes de la versión de Amiga" te ponían.
Pues yo quiero una amiga de esas, te decías tú.

La cosa no podía seguir así. No podías jugar a Street Fighter en el salón de juegos, ver las imágenes de la versión de Atari o Amiga en las revistas (y, como ya os comentaba, en la parte trasera de la cinta que te acababas de comprar) y luego encontrarte con lo personajes cuadrados (no, no de mazas, sino de poligonales) con los que te encontrabas después de esperar ansioso durante la eterna carga.

Ni siquiera aquellos poseedores de la Master System estábamos a salvo de los cantos de sirena de los dieciséis bits. Se acercaba el advenimiento de una nueva época, y esta sólo podía asentarse sobre los restos derruidos de su predecesora. Solo el clamor del sonido estéreo acallaría los llantos de aquellos que escuchaban los últimos estertores agónicos de sus máquinas.
Sólo las paletas de múltiples colores lograrían desterrarían las lágrimas de los ojos de los acólitos del antiguo paradigma binario.

Como no podía ser de otra manera, las nuevas máquinas trajeron una nueva polarización de la afición. O eras de Atari, o eras de Amiga (Que en aquel entonces no era lo mismo que ser de Commodore. Sólo era un rival más. Otra maquina que no tenías)

¿De que dependía tu posicionamiento?
¿De la potencia grafica de la máquina?
¿De la calidad sonora?
¿Del cariño con el que trataban los programadores la conversión a cada plataforma?
¿Del catalogo de juegos en exclusiva para ellos?
¿Del diseño del logo?
¿De lo que decían las revistas de cada uno de ellos?

Pues no. El posicionamiento venia dado por lo mismo que de costumbre. De la maquina que tenías en casa (O lo que era lo mismo. De lo que te comprasen tus padres)

En mi caso, lo que llego a casa fue un Atari STFM 1040 con un monitor monocromo SM124, por lo que, a partir de aquel momento, el Amiga sería una porquería (Y los PCs ni te cuento. Esos no pintaban nada. ¡Si sólo servían para trabajar!)
Sí, lo se. Fui un judas negando al Commodore en sus dos vertientes. Pero con el tiempo sería consciente de mi error, y regresaría a la verdadera fe (Incluso renegaría también de a la Master System, pecado éste por el que también sería castigado de existir otra vida. Menos mal que no la hay)

El monitor monocromo tenía más resolución que la tele, pero los juegos no se podían ver en él, así que no lo utilizamos para nada.
Se suponía que se podía dibujar, componer música y otro montón de cosas ultra molonas. Pero aquello no iba con nosotros.

Haciendo mías las inmortales palabras de Cindy Laupert (y cambiándoles el género, tiempo verbal y contexto):

“Los chicos sólo queríamos divertirnos”

(Para soltar esta pijada, también me podría haber ahorrado la cita)

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