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Biografía computeril: PCverso XVIII (Pecando y Triangulando)

Las cifras bailas y los números se vuelven confusos en mi mente. Es lo que tiene esto de la (falta de) memoria cronológica (y de dejar la documentación en profundidad para última hora, pero es lo que hay)
El noventa y seis fue un año movido y, podríamos decir que, sería un momento (largo, pero momento al fin y al cabo) definitorio en la implantación y consolidación de la innovación tecnológica (llamémoslo Interneeeee) en mi entorno más inmediato.
Como colofón y, alejándonos un poco del tema informático, podríamos poner como punto final del año el lanzamiento de un pequeño grupo de irreductibles del Cyberpunk (¡¡¡Muerte al Shadowrun!!!) de I/O; el fanzine dedicado al juego grandioso juego de Talsorian en el que colaboré (y que sería presentado en ciertas jornadas roleras de Barcelona que pasarían a la historia como las de la GENte CONgelada como “Fanzine rolero de Cyberpunk en lujoso blanco y negro” por el señor Z)

Pero si aquel año había sido intenso, el siguiente le iba a dar varias vueltas de campana y superaría con creces. La carrera tecnológica se expandía en todas las direcciones y dimensionas posibles. El pasado se hacía futuro, el presente ayer, el mañana hace unos años. Tiempo y espacio convergían para traer hasta nosotros los mejor de todos los cualquier realidad. Pero la pinza se me va, y quedan muchas cosas por contar. Así que vamos por partes.

Empezaremos con la zona “mala” del año (sí, entre comillas)
Quizás os preguntéis que evento merece tal apelativo.
Yo... volví a negar a mi señor ante la cruz... y eso me hizo muy feliz.

Tras “el acelerón”, el impulso tecnológico no cesaría. Cada día salían más aparatos y todos ellos estaban (o parecían estar) al alcance de mi mano.
Claro, todo aquel ímpetu no iba dirigido en una única dirección y, mientras parte de él iba a decantarse por lo que parecía el asentamiento definitivo de internet en mi vida, el otro parecía despertar lejanos fantasmas del pasado.
Entre tanta seriedad, ttrascendencia y nuevos hábitos, uno de los viejos regresó de manera fulgurante a mi vida. Como no podía ser de otra manera, la piedra en la que “tropecé” (bueno, que busqué para tropezar de nuevo con ella) fue mi vertiente electrónico-lúdica.
La tentación (irónicamente) no llegaría en aquella ocasión a través de la pantalla del ordenador, sino por medios tan convencionales como la televisión y la visita asidua de(l) centro (del) Ma(i)l.
Al igual que en mi anterior momento de flaqueza, sería encandilado por los cantos de sirena de la última aberración tecnológica que había tomado al asalto el mercado. Tras mucho resistir, acabaría comprándome un cacharro desarrollado por un fabricante de teles y cadenas de hi-fi: “La pley”
Sí, en un nuevo e imperdonable acto de inmunda e impía blasfemia, había ayudado a otro de “los enemigos” a vencer en la batalla que se producía entre bambalinas. Mi imperdonable herejía había ayudaría a poner un clavo más en la tumba de la yaciente Sega. Me había saltado la pobre e incomprendida Saturn (como había hecho ya antes con el MegaCD y el 32X). No hay excusa para tan atroz traición y por ello merezco todo el dolor que pueda infligirme Segata Sanshiro.

Pero, ¿qué queréis que os diga? El Soul Blade era mucho Soul Blade y el anuncia de la tele del Final Fantasy VII prometía incontables horas de aventura y emociones (una promesa que luego no cumpliría)
Caí, enamorado de la moda juvenil (triangular y poligonal) de Sony. Me compre (obviamente) la consola, los dos juegos antes citados y... poco más. Recuerdo el Psychic Force (como no podía ser de otra manera, con triángulos como puños, pero muy divertido) y ya está. Supongo que me compraría algún juego más pero ninguno ha dejado huella en mi memoria emocional. Para mi memoria física, aún conservo el arcade stick de Namco (la consola la vendería, pero el mando sería heredado por mi hermano y terminaría por volver a mí hace unos pocos años)
¿Habría sido la cosa distinta de haber seguido “El camino de Sega” (y las consolas Pro-2D”?
Pues no lo sé, pero lo dudo.
En mis visitas a(l) centro (del) Ma(i)l jugué alguna que otra partida a un juego que recuerdo que me recordó mucho a Record of Lodoss War (que he buscado, sin éxito, desde que me compré una) pero lo poco que he podido ver de su catálogo ha sido más bien decepcionante. A ver si pongo un día de estos el Panzer Dragoon o la trilogía de la Jungla de cristal y desmiento esa impresión.

Por lo demás, en la siguiente entrada hablaremos de la zona “media” o “caldeada” de aquel año.

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