De Homero a Kirby

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Biografía computeril: PCverso XII (Inteneeeee)

Que no. Que soy un chico muy sano y no he fumado nada raro. Lo que pasa es que el evento que estoy a punto de narraros bien merece un título en consonancia, así que permaneced atentos.

Como os contaba hace unas entradas, un nuevo artefacto, cuyo poder sólo era superado por su arcano misterio, había llegado hasta mis dominios (bueno, en realidad los de mi hermano mayor)
¿Un transfuncionador del continuo? Os preguntaréis ¿Un nulificador supremo? Murmuraréis aterrados.
Pues no. Nada tan banal.
Lo que había llegado hasta mis manos (bueeeno, las de mi hermano) era un poder sin parangón. La rueda o el fuego que nos transportaría hasta el nuevo siglo: Un modem.

Porque aún nos hallábamos en los albores (bueno, casi ya habíamos alcanzado su equinoccio) de la última década del siglo pasado. Para ser mas exactos, mil novecientos noventa y cuatro.
Nada sabíamos de lo que nos depararía aquel místico talisman. De lo que nos aguardaba a la vuelta de la esquina tecnológica.

En tiempos pretéritos (aunque tampoco mucho) visitando a los amigos Z y Mercenario, les había contemplado escribir místicas ordenes en los terminales de misteriosos programas. Decían que, gracias a aquellas arcanas runas, eran capaces de comunicarse con gente de más allá. Con entes que se hallaban “al otro lado de la línea”, aunque por entonces no asociaba el termino “línea” con “telefónica” cuando se trataba de las lides informáticas. Al fin y al cabo, Juegos de guerra, no dejaba de ser una película. Ciencia ficción como lo era Starfighter o Cortocircuito.
La gente no podía hablar con las máquinas, al igual que no había reclutadores de “la liga de las estrellas” merodeando por los salones recreativos, ni robots con una vida interior más rica que la de muchos humanos.
Con el tiempo, de aquellas pesquisas virtuales que realizaban mis amigos por las brumosas estepas de las BBS, como si de chamanes gloranthinos se tratase, regresarían con el conocimiento almacenado en “la máquina”.
Nos traerían la reinvención del fuego, la reformulación de los leyes del universo. Noticias de lejanas tierras, reglamentos desechados por editoriales o revistas sin imágenes que imprimían en sus impresoras de agujas.
La nueva panacea. La cornucopia del ávido devorador de información. Nos traían... EL FUTURO (venga, bien de fanfarrias)
Pero aquel FUTURO pronto se quedaría atrás (entre otras cosas porque a nosotros nos había llegado un poco tarde) porque adelantándole de manera fulgurante llegaría hasta nosotros el hermoso retoño de los ceros y unos.
Como suele ocurrir con todas estas cosas que os suelo contar, mi único merito en estas cosas es el de “pasar por ahí” cerca de alguien que tiene los ojos abiertos. En esta ocasión, el amigo Mercenario y su inestimable apoyo técnico.
No recuerdo muy bien como sucedió. Supongo que sería gracias a las partidas que solíamos echar los domingos en la tienda. Imagino que vería el modem y diría “si yo tengo una conexión”.
Así que, ni corto ni perezoso se vino un día entre semana y nos la configuró en nuestro flamante Ventanitas 3.11.
Tras pegarse con el winsok, los inis y la madre que lo trajo. Tras unos cuantos reinicios. Tras instalar un navegador (supongo que el Netscape 4.08) Ya estaba. Por fin lo teníamos:

INTENNEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

Claro, aquella conexión se hacía con sus datos, así que no podíamos estar “en linea” a la vez que él, por lo que básicamente nos conectamos cuando el se pasaba por la tienda.
Aquellos momentos de emoción contenida: ¿Se conectará?
Aquellos momentos de juramentos incontenibles: YA SE HA VUELTO A CAER LA CONEXIÓN
Aquel sentimiento de maravilla: Mira, mira, ¡¡¡está descargando a cien bites por segundo!!!
Aquellos momentos de ensoñación: ¿Te imaginas poder descargar algún día ese programa de dos megas?
Todo estaba ahí. En aquella pequeña cajita. En aquel puñetero trasto.
Aquello parecía insuperable pero, aunque nos parecía casi imposible, la continuó yendo a más.

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