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Biografía computeril: PCverso XV (Cayendo en la red del mal)

La red que se iba tejiendo a mi alrededor cada vez era más tupida y complicada de sortear. Tendría que haberme comprado el coleccionable aquel de Comandos. Porque el enemigo me estaba rodeando, y me parecía que no iba a ser capaz de sobrevivir.

Por un flanco se encontraba el ventanitas noventa y cinco. Estaba ahí, como el lado oscuro. Atrayéndome. Tratando de seducirme con sus resoluciones de pantalla superiores a seiscientos cuarenta por cuatrocientos ochenta (en el tres once también se podía, pero rara era la ocasión en la que funcionaba un driver a una resolución no nativa del sistema) y sus controladores para aparatos no soportados por la anterior versión (aparatos que, casualmente, vendíamos)
Por el otro, Internet. Bueno, por aquel lado estaba más o menos atrincherado y tampoco me causaba demasiados problemas (llámadlo tentaciones, si preferís) ya que no teníamos conexión propia y, caso de tener una, iba a salir por un pastón en llamadas a Madrid o Barna.
Pero el tiempo pasaba y antes de fin de año los dos habrían acabado asentándose en mi entorno. Al final, como no podía ser de otra manera, acabaría cayendo en las garras de ambos depredadores.

Primero vendría el cambio de sistema, no antes de que mi ordenador resucitase (previa defunción, obviamente)
En realidad, la pieza en perecer no sería el ordenador en sí, sino el disco duro. Un giga de información a paseo (o eso me temía). Por fortuna, ahí estaba el amigo G al rescate de nuevo con un disco del mismo modelo (que tenía por el centro del mal). Cambiar controladora de disco y problema solucionado.
Ese sería también el momento en el que me enteraría que nos habían tangado colándonos un cuatro ocho seis a setenta y cinco en lugar de un pentium. Dos problemas solucionados: El ordenador, y el no pillarle nada más a aquel tipo.
Una vez salvado este pequeño escollo tocaba instalar el sistema. Tras una ardua labor (cerca de tres horas después de dedicarnos a mirar como mi fantabuloso CD por uno copiaba con parsimonia todos y cada uno de los archivos, dándonos tiempo a leer el nombre de cada uno de ellos mientras iban subiendo por la pantalla) ya estaba “actualizado”
En aquel momento tocada configurar la tarjeta de sonido y la controladora del escáner que, al no ser “pincha y juega” en sistema se empeñaba en darles las direcciones que le daba la gana y ellas, como no estaban allí, pues como que no respondían.
Aún después de ponerlas manualmente, tampoco os creáis que le hacían mucho caso. Llegó a darse el caso de escanear (y hacer OCR) de un libro para el trabajo de la universidad de una amiga, y tener que reiniciar el ordenador con cada par de páginas escaneadas porque si no no había manera.
Grandes avances, sí señor (pero no iba a reinstalar el sistema viejo, escanear el libro, y pegarme luego otras tres-cuatro horas para dejar el sistema como estaba.

Ya que estábamos, y para dar uso a aquel entorno de “alta tecnología” que me había montado (y que el ordenador de casa era algo más potente) me compraría también un juego nuevo al que, como de costumbre, no dedicaría más de unos minutos: Dragon Lore (que tampoco era tan nuevo, no tan “altotecnológico”, ya que tenía un añito y también funcionaba bajo DOS, pero bueno...)
Lo ponían por las nubes: Uno de los primeros juegos de rol, en ofrecer un entorno realista, decían. Impresionantes 3D. Y bueno, para la época no estaba tan mal. Bastante mejor que el Alone in the dark, pero había visto demos en al Amiga bastantes años antes que no tenían nada que envidiarle.
No eran listos ni nada estos “jodios” de la publicidá.

Vale, fase uno solucionada. Ahora tocada la número dos.
Por suerte (o desgracia) llegarían tres nuevos aliados a mi vida: La primera de ellas, dos modems, uno para casa y otro para el trabajo. Después de la gratificante experiencia con la “autodetección” de windows, ambos dos externos.
La segunda INFOVIA, que era un poco churro, pero que al menos pagabas siempre llamada local. Así, de regalo, y aprovechando que el Pisuerga para por Valladolid, me saqué mi primera cuenta de correo y espacio web en (la difunta y que en paz descanse) Geocities.
Acto seguido, tras unas rápidas lecciones de html, revisar programas como el HotDog Pro, HotMetal y demás aplicaciones “super pro de la muerte”, me quedaría con el una demo del Pagemill de Adobe, que era un editor visual, y así no tenía que comerme la cabeza con el código, para hacer la primera versión de la página de Daegon: http://www.geocities.com/Area51/Corridor/6689/
(Podéis pinchar el enlace si queréis, pero sólo llegaréis al vacío cósmico)
Lo que es la vida. Con el cariño que le tenía yo a aquella cuenta, y ahora (desde que mutó en una de Yahoo) sólo la utilizo para redireccionar ahí el spam.

Hay que ver. Como pasa el tiempo, y que poco respeto mostramos a los clásicos.

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