De Homero a Kirby

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El pueblo (no) quiere saber

Vamos a empezar esta serie de entradas con una ronda de preguntas.
Comenzaremos con ¿Qué es un ordenados?
¡Esa me la sé, esa me la sé! Es muy fácil. Es un cacharro con el que te conectas a internet.
Emmmm, esto. Me refería a un nivel algo más sofisticado.
Vale, también sirve para jugar, y para copiar entradas de la wikipedia, pegarlas en Word y entregarlas como un trabajo tuyo (o como una entrada de tu blog).
Bueno, sí, también es todo eso. Pero pretendía ir a algo un poco más básico.
¿Para ver porno?
También, pero no me refería a ese tipo de “básico”.
Mejor me ahorro las preguntas retóricas y voy al grano: Un ordenador es una máquina cuya función es la de ejecutar programas.
¿Eso no es un poco de perogrullo?
Sí, pero no.

El ordenador se podría dividir en dos grandes bloques (sí, listillo, tiene muchos más subdivisiones posibles, pero estoy hablado de las dos grandes): Hardware y software.
Mas concretamente (y centrándonos en lo que pretendo tratar): Hardware y sistema operativo.
¿El sistema operativo no es software?
Sí.
No es, en sí mismo, un conjunto de programas.
Sí. Me alegra que me hayas hecho caso.
Entonces ¿no estás siendo redundante?
No, sólo puntualizo.

El hardware es la parte física. El hierro que tocamos, movemos de un lado a otro, se calienta y deja un olorcillo a churrasco cuando revienta.
El software... es complicado de explicar (no es que el hardware sea fácil de explicar, pero sí más fácil de visualizar y quedarse con el concepto)

A su vez, podríamos dividir los ordenadores en dos tipos: Servidores y clientes.
Un ordenador cliente, es el que tienes en tu casa, tu smartphone o tu tablet. Un servidor es un ordenador que da servicio a otros ordenadores. Dependiendo del servicio que quiera prestar, ni siquiera necesita nada especial. Es más, tu mismo ordenador es a su vez servidor de muchos servicios para sí mismo. Pero me estoy enredando y mejor dejo la explicación de todo eso para algo más adelante.

Mucha gente, a su vez divide los ordenadores de o para “casa”, como Mac y PC. Lo cual no deja de ser una división bastante arbitraria (tanto como las que estoy realizado yo, pero yo ando buscando un objetivo que ya está cerca)
Lo que diferencia a los “Mac” de los “PC” no es el hardware, sino el sistema operativo. Más aún en estas fechas en las que el hierro debajo de todos ellos es el mismo y se puede instalar cualquiera de los tres sistemas operativos mayoritarios en prácticamente cualquier máquina.
¿Tes sistemas operativos mayoritarios?
Sí. Exactamente: Windows, Mac OSX y Linux.

¿Linux? Espera, espera. Creo que ya veo por donde vas. Eres uno de esos anarquistas izquerdosos antisistema. Uno de esos tipos raros a los que les gustan los bichos árticos. ¡Un rojo! ¡Un comunista!
Primero... rojos e izquierdosos sí que puede ir junto. Lo de anarquista y antisistema como que no encaja tan bien. Pero bueno, sí, al final has acertado. Soy uno “de esos”. Unos de los peligrosos terroristas del comando pingüino (todo lo demás... bueno, igual un poco también).
¿No te estás subiendo un poco a la parra llamando “mayoritario” a Linux?
Vale, eso tampoco te lo voy a negar. Pero si sumamos los cacharros con Android y los servidores la cosa ya cambia un poco.
Sí, vale, lo que tú digas.
¿Ahora es cuando nos das el coñazo con cuánto mola el Linux?
No. Tranquilos. Mi vena panfletaria y evangelizadora la dejaré para más adelante.
En esta primera entrada me voy a centrar en algo práctico. Una serie de consejos perfectamente válidos para todos los sistemas operativos que, no por obvios, dejan de ser aconsejables y muchas veces no llevamos a cabo.

Pero primero lo primero, un pequeño glosario: El dato; qué es, donde está y para qué lo pueden querer otros.

¿Qué es el dato?
A día de hoy “el dato” es prácticamente cualquier cosa. Ya está claro, ¿no?.
Bueno. Lo matizaré un poco más. Tu nombre, tu dirección (ya sea física o electrónica), tu teléfono, tu libreta de contactos, tus aficiones y tu historial de navegación por la red. Por supuesto, tu número de cuenta, tu DNI y ese documento que guardas con celo en tu ordenador en el que detallas lo_que_sea_que_consideras_importante, también son “el dato”.
¿Más claro ahora?
Bien. Seguimos.

Donde está “el dato”.
Obviamente, donde tú lo hayas dejado (salvo en el caso de que te lo hayan robado, pero ese ya es otro tema)
Comenzaremos con un ejemplo sencillo: ¿Donde está esta página?
Pues depende.
Si la URL en la barra de direcciones de tu navegador empieza por http://www.mytgard.com, entonces has llegado hasta mi casa (espero que te hayas limpiado las zapatillas antes de entrar). No, no hablo de manera metafórica, este servidor está ubicado físicamente en mi casa.
No en “la red”, no en “la nube” como lo quieren llamar ahora. La información no se encuentra en un lugar etéreo donde los bits se reúnen esperando a que los llames, sino que se almacenan en ordenadores y discos duros como el tuyo y el mio (bueno, igual los suyos son algo más caros).
Si utilizas algún lector de RSS, estarás en algún otro servidor al que te hayas suscrito, donde se ha replicado la información publicada en mi sitio.
Si alguien ha fusilado mi texto y lo ha publicado como suyo, entonces habrás llegado hasta el servidor en el que tenga alojada su página.
También está, aunque sea de manera temporal, en tu ordenador, pero en cuanto cierres el navegador se eliminará de ahí (aunque eso dependerá de como tengas configurado tu equipo).
Hasta aquí, todo sencillo, ¿no?

La pregunta que toca ahora es: ¿Hasta qué punto nos importa a nosotros eso?

Hasta el punto en el que yo soy un tipo majete que no quiere venderos nada, no quiere colaros ningún bicho raro en vuestras máquinas y, no sólo no os va a obligar a suscribiros a mi página para poder leerla, sino que tampoco os va a requerir ningún dato para que comentéis en ella. Pero no a todo el mundo que anda por la red le importan tan poco vuestros datos.
Aún así, si me esfuerzo un poquito, podría rastrear las direcciones de todas y cada una de las direcciones de las máquinas que llegan hasta aquí.
Porque cada vez que llegáis hasta una página (cualquier página), dejáis un pequeño rastro de datos por cada punto por el que habéis pasado (y, creedme, habéis pasado por unos cuantos cientos, sino miles, de puntos intermedios antes de llegar hasta aquí. Aunque tan sólo hayáis seleccionado esta página de los favoritos de vuestro navegador)

Pero tranquilos, esto no es una peli de miedo. El tráfico que pasa a diario por la red es tal, que nadie ser va a fijar en el vuestro (salvo que la liéis, en cuyo caso, o sabéis bastante más de estos temas que yo y habéis tenido mucho cuidado, u os van a cazar fijo)
Al fin y al cabo, tanto las operadoras de telefonía, como los proveedores de internet como el gran hermano Google, se lucran gracias a que confiáis en ellos. En el momento en el que la cadena de confianza se rompen, ellos empiezan a perder dinero, y eso es algo que no les apetece lo más mínimo.
Aún así, es bueno que seáis conscientes de que, cada dato que agregáis a vuestra cuenta de correo, ya sea de Gmail, de Hotmail, Yahoo, Facebook, Tuento, Twiter o Telefónica, se encuentra en sus servidores. No en una dimensión alternativa donde los datos pastan felices lejos de las injerencias de los informáticos.
Esos datos se replican a diario, se respaldan, y están a muy buen recaudo (salvo en el caso de que el sistema de alguno de ellos se vaya a paseo y los pierdan, que al fin y al cabo también son humanos)

¿Nos quieres decir que nuestros datos están seguros?

Sí. Más o menos. Están seguros siempre que no cometáis alguno de los siguientes errores:
Ya te ha costado llegar a lo de los consejos.
¿Qué queréis? Tenía que explicaros, aunque fuese un poco por encima, los terrenos por los que os movéis.
Ahora sí, los consejos:

Si tenéis un portátil, por favor, poner contraseña a vuestro usuario.
Si tenéis un portátil con Windows, por favor, ponerte también una contraseña a la cuenta de administrador. Y si no sabéis como hacerlo, pedirle ayuda a alguien que sí que sepa.
Esta cuenta se crea con la instalación del sistema operativo y, por lo general, nadie suele ponerle una contraseña.

¿Por qué la paranoia?

Veamos. Imaginad que perdéis u os roban vuestro portátil.
Alguien con permisos de administrador en vuestro ordenador, puede cambiar la contraseña de vuestro usuario, y acceder al equipo como si fuerais vosotros.
Aparte de las cosas comprometidas que podamos tener guardadas en el propio ordenador (datos para los que ni siquiera le haría falta cambiar vuestra contraseña para poder verlos) como todos somos muy cómodos, tendemos a decirle al navegador que recuerde la contraseña de todos los sitios que solemos visitar.
A partir de ese momento (salvo que hayáis ido corriendo a casa de alguien con una conexión de internet y hayáis cambiado todas vuestras contraseñas), quien quiera que tenga vuestro equipo, pasa a ser vosotros ante los servicios que utilizáis normalmente. Así que, dependiendo de lo juguetón que se sienta, puede hacer que os ganéis una mala reputación entre vuestros conocidos a base de soltarles toda clase de lindezas en vuestro nombre o, dependiendo de lo que vea en vuestro historial, podría dedicarse a comprar cosas en vuestro nombre y pagar con esa visa que tenéis puesta en Amazon, Ebay u otros lugares en los que compréis habitualmente.

Consejo número dos (aunque relacionado con el primero):
Si vais a hacer investigación en algún ordenador público, y revisáis en ellos vuestro correo, red social, o realicéis alguna compra (cosa que nunca deberíais hacer en con una conexión pública) cuando hayáis terminado, cerrar la sesión. No cuesta nada y os ahorrará algún posible disgusto.
Consejo número tres:
Cuando os conectéis a una red wi-fi abierta con vuestro ordenador, bueno, mejor antes de hacerlo, aseguraos de que tenéis activado el cortafuegos de vuestro sistema operativo.
Cuando os conectáis a una wi-fi, es como si pinchaseis un cable a la red informática a la que habéis accedido. Esto implica que cualquiera que esté dentro de esa red podría tener acceso a vuestro disco duro.

Consejo número cuatro:
Aquí sí que depende de vosotros (los poseedores de smartphones, tablets y demás). Andaos con cuidado con esos dispositivos. Traduciendo; no los perdáis (vale, ya sé que si podéis evitarlo no lo haréis) y si los perdéis, correr a casa a cambiar las contraseñas de todas las aplicaciones que tengáis configuradas en ellos (ya sabéis, correo, redes sociales, etc.) si no queréis que cualquier afortunado nuevo_dueño_de_vuestro_antiguo_aparato cotillee todas vuestras intimidades y luego tengáis que andar dando explicaciones por correos poco finos que lleguen hasta vuestros conocidos.

Con esto terminamos con las medidas de seguridad más básicas.
En la siguiente entrada nos pondremos más filosóficos e iremos directamente a...
¡LOS ESTÁNDARES!
Esos gritos, que aquí hay gente tratando de leer.
Ups, perdón. Hasta la siguiente.

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