Y llegó el día en el que la patria me reclamó, creo que sería entre el noventa y uno y el noventa y dos. Digo que creo esto, porque recuerdo que compre “mi” primer ordenador (el primero que pagaba de mi bolsillo) mientras estaba haciendo la prestación social. Era un 486 DX2 a 66 megahérzios, y mirando por la red, he comprobado que ese procesador salio por aquellas fechas.
(Apéndice a las dos últimos columnas, vamos, que se me había pasado)
Durante mis dos últimos años de estudios, también tuve mi ramalazo deportivo, no porque me quisiera poner cachas ni nada por el estilo (ya había habido antes un amago, al apuntarnos mi hermano Aitor, Cesar Viteri, Eduardo Gomez y yo a un gimnasio), sino porque mi padre me metió en los juveniles del San Antonio.
El balonmano no me había llamado nunca la atención, pero aquello no estaba mal. Siempre que no me hicieran jugar, los entrenamientos no estaban mal.
Había finalizado con éxito FP 1 de electricidad. No se muy bien porque, ni si fue idea mía o de mi padre, pero la cosa es que al año siguiente me apunté a FP 2 de electrónica, idea esta brillante como pocas.
Si mi pericia estudiantil con aquellos de mi “nivel” ha quedado ya harto desmentida, lo que me faltaba era llegar a otra especialidad, que lo único similar que tenía con lo anterior que había estudiado, era la similitud de sus nombres, por todo lo demás eran como de realidades y lógicas opuestas. Así que ya la habíamos liado.
Ahí estaba yo. Ante el que podría haber sido el curso mas fácil de mi vida (solo tenía las asignaturas que había suspendido, ya que las demás estaban convalidadas). ¿Que hice?. Pues el imbécil, ¿que otra cosa sino?.
Nuevo curso, nada nuevo .
Las cosas seguían como él año anterior, salvo porque aquel año las clases ya no se daban en el instituto situado en las afueras del pueblo, sino en uno ubicado dentro de él.
Cuando empecé a pensar en lo que he ido escribiendo en estas columnas (las de mi paso por Beriain), no me dí cuenta de todo lo que había sucedido durante mi primer año allí pero, lo cierto es que, al parecer, fue un año de lo mas “intenso”.
Cesar Viteri.
Lo cierto es que al principio era un tanto incordio. Venía a casa algunos sábados a la tarde (al principio con mi hermano, mas tarde, aunque no estuviera este). Se encerraba en una habitación, y se dedicaba a ordenar los comics mientras yo jugaba al ordenador.
Mas de un día le decía “Oye, que me voy”, y el respondía “Da igual, ya me quedo yo con esto”.
Lo cierto es que ante esta respuesta, no tenía muchas opciones. O le mandaba a paseo, o me aguantaba y me quedaba en casa (tonto que es uno, esto ultimo es lo que hacía).
¿Y cual es el “conceto”?
Pues el “conceto” es la historia.
En aquel instituto conocí a una persona que me marcaría. Este era uno de mis profesores; Jesús (creo que ese era su nombre) Pastor, conocido como “El Pastor” (sobrenombre este, otorgado no por que fuéramos su “rebaño”, sino por su aspecto mas bien campechano).
Recuerdo coger el autobús, la linea dos. No era capaz de creérmelo, me dirigía hacia Ramar. Es curioso lo que cambias con el paso del tiempo. Aquel minúsculo viaje me tenía emocionado, cuando ahora mismo hay muy pocas cosas que me emocionen. Si, puedo sentir ansiedad cuando espero un envío, o el estreno de una película, puedo sentir impaciencia por la llegada de una fecha, pero estas son sensaciones distintas.
Por este titulo, y dado como acabo la ultima columna, podríais llegar a pensar en unos “descubrimientos” que no llegaron, ni hasta el momento, han llegado a tener lugar. Sino a descubrimientos (anunciados estos ya en anteriores columnas) en otros campos que tratare mas adelante en la de hoy. Pero antes, comenzaré con lo que ayer finalizaba.
Así que idos olvidando, de eso (ya se que este comienzo es un tanto forzado, pero solo quería “avivar” un poco vuestro interés).

A lo que íbamos (sera breve): Esther, first contact.