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Talislanta II

Podríamos trata de meter a Talislanta dentro de algún género, ya sea, ciencia ficción, fantasía, pulp o todos ellos al mismo tiempo. Pero como esas cosas siempre me han parecido una perdida de tiempo, casi como si me (y os) lo ahorro.

Portada de Thystrams CollectaneaTalislanta no es un mundo basado en la fantasía clásica (léase “tolkieniana” o dungeonera) en la espada y brujería o las mitologías del medievo europeo. Las influencias del señor Sechi a la hora de ponerse a escribir, como ya comentaba en la anterior entrada, no eran ningún misterio o secreto e iban por otros derroteros, cosa que se nota en lo que nos encontramos al abrir sus libros. Aunque sí que se notan más la influencia de algunos autores como como Lovecraft, Burroughs (sobre todo el Marte de John Carter) o Vance, así que si habéis leído algo de esta gente ya os podéis hacer una idea de por donde van los tiros.

Así tenemos un continente (Talislanta) ubicado en un planeta llamado Archaeus que orbita alrededor de un sistema binario, que forma parte de galaxia situada en “una remota dimensión del plano material”. Un mundo en el que no hay humanos (ni elfos o enanos) pero que sí que está poblado por montones de razas humanoides.
Un lugar en el que nuestras leyes de la física (y, porqué no decirlo, la lógica) no son tan válidas como el poder de la magia en toda su amplio y vasto espectro.

Archaeus es un mundo joven (el año que marca su calendario de su quinta edición es el seiscientos tres, pese a que en la tercera la línea temporal llegase al seiscientos veinte) con una historia no demasiado desarrollada más allá de las confrontaciones bélicas que sirven para “definir” a las diferentes razas que lo pueblan.
La historia del mundo comienza con una (clásica) “Edad olvidada” gobernada por una raza de seres reptilescos llamados en un principio “los Drakken” (a los que en posteriores ediciones se les cambiaría el nombre por el de “los Primeros”)
Esta raza sería sería expulsada de Talislanta y “empujada” fuera de él a través de unos puentes que comunicaban los continentes que, posteriormente, serían destruidos. Aquellos que los vencieron sería una raza llamada los Archaenos (Archaens), una tribu de cazadores que, tras encontrar unos artefactos “mágicos” en una nave estrellada sobre el continente, evolucionaría por encima de sus congéneres (como no, conquistándolos a su vez)
Los Archaenos, con el tiempo irían alterando su apariencia por diversos medios distanciándose cada vez más de los infra-hombres (sub-men) que heredarían la masa continental cuando sus “señores” se mudasen a sus ciudades volantes. Cuentan las leyendas que también llegarían a conquistar las estrellas y otras dimensiones.

Portada de la cuarta ediciónPero llegó nadie sabe, como, nadie sabe por qué (aunque muchos echan la culpa al uso equivocado que los Archaenos hacían de la magia) el “gran desastre”. Las ciudades volantes cayeron a la tierra o se perdieron en el espacio. Tormentas de fuego arrasaron llanuras y convirtieron montañas en polvo. Nubes de energía mágica aberrante se desataron sobre la atmósfera, causando cambios climáticos y mutaciones por todo el mundo.
Sería el final de esta raza que, desposeídos de su tecnología y gran parte de su poder caerían presa de las tribus de los infra-hombres.

Después de este desastre, llegaría otro clásico; la era de la confusión con guerras y más guerras, a la que seguiría una “Nueva era” (pero sin florecitas ni jipis)

Como podéis ver, la historia en sí no es que sea el epítome de la originalidad, pero como ya os decía, tampoco pretende serlo. Lo que hace este mundo algo único es la variedad cultural de sus distintas razas y la personalidad que logra crear y trasmitir el autor (bueno, los autores, que la parte gráfica también ayuda mucho) de un mundo hostil e inmisericorde donde no te gustaría vivir (¿alguien más ve ciertas similitudes entre esta descripción y la de cierto mundo desértico que sacaron los dungeoneros cuatro años después?)

En Talislanta podemos encontrar magias de todo tipo. De la astromancia a la cartomancia, de la criptmancia a la cristalomancia. De la clásica magia elemental a la no menos tradicional invocación. Del chamanismo a la brujería, de la hechicería a la botanomancia (y muchos más).
Puedes interpretar a un tosco gigante Karakhano o una refinada musa tele-émpata. Un guerrero Ahazu de cuatro brazos o un esclavista imriano. Hombres de fango de los pantanos, o alados stryx. En la cuarta edición tenías cosa de ciento veinte arquetipos para elegir, cada uno con su propia particularidad.

Yyyyy, poco más os voy a decir. Así que voy a repetirme un poco: Anda, poneros a descargar los libros, que para unos que podéis hacerlo de manera legal ya estáis tardando.
Ya me contaréis.

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