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Biografía rolera XVIII: La mala reputación

No recuerdo a través de qué persona o medio llegó aquella noticia hasta mis oídos por primera vez, pero treinta de abril del noventa y cuatro daba comienzo lo que parecía ser una caza de brujas contra los juegos de rol1.

Como de costumbre, llegábamos tarde también a aquello.
En estados unidos aquello ya era algo que se venía dando casi desde sus inicios y que se intensificó tras la desaparición y posterior suicidio de James Dallas Egbert III2 en el año setenta y nueve.
La cosa ya se descontroló tres años después cuando, tras el suicidio de su hijo, Patricia Pulling llegó a aparecer en el programa "60 Minutos" en un debate en el que acusaba Gary Gigax y los juegos de rol de fomentar el satanismo y la adoración al demonio.

Dos años más tarde el ulracatólico Jack Chick se uniría al carro de la “Bothered About Dungeons & Dragons”, el grupo de presión unipersonal creado por Patricia Pulling, para publicar a través de su editorial Chick Publications el comic Dark Dungeons4

Ante esta serie de ataques tanto la afición como las editoriales no tardaron en organizarse, ya sea a través de la creación de grupos como el "Committee for the Advancement of Role-Playing Games" (o CAR-PGa) fundado en el ochenta y ocho, grupos aledaños como el Committee for Skeptical Inquiry (o CSI) o de forma personal como haría Mike Stakpole5.

Por supuesto, el rol sólo una víctima más de las mentes bienpensantes. Décadas atrás lo habían sido los tebeos6, y la década posterior le tocaría a los vídeo juegos7 algo que, en ambos casos termino de forma distinta ya que, mientras que en el caso de los tebeos se solventó con la creación de un órgano censor interno (y el cierre de la editorial de más éxito), en el de los vídeo juegos significó el nacimiento de un sistema de calificación por edades.

En el caso de los juegos de rol, quizás por lo limitado de su proyección, no se llegó a formalizar ningún órgano regulador interno para limpiar su imagen, pero sí que las editoriales más populares llegaron a ejercer autocensura en alguno de sus manuales sin que esto significase una mejora de su imagen.

En el mismo año del “Crimen del rol”, el Skeptical Inquirer8 publicaba un artículo en el que el que Paul Cardwell Jr. desglosaba cómo, de los ciento once artículos que se habían publicado desde finales de los setenta y principios de los noventa relacionados con los juegos de rol en medios relacionados con "The Associated Press" y "United Press International", ochenta de ellos daban una visión claramente negativa de la afición, diecinueve no parecían posicionarse, nueve de ellos daban una visión neutral, y sólo tres de ellos le atribuían rasgos positivos.
Esos tres artículos habían sido publicados por "United Press International", quienes contaban con una número de suscriptores considerablemente inferior al de "The Associated Press".

En aquel mismo años también se producían denuncias en Suecia relacionadas con los clubes de rol pero, por fortuna, no tardaron en ser desestimadas.

Y, tras este pequeño recorrido, llegamos hasta la Pamplona de aquel mismo año noventa y cuatro.

He de reconocer que, más allá del cabreo mientras discutíamos o comentábamos la manera torticera en la que aquella noticia era tratada en los medios de comunicación, aquel hecho apenas afectó a mi actividad dentro de esta afición.

Nunca había ocultado su práctica en ninguno de los ambientes en los que me movía desde que empecé a practicarla, ni durante mis tiempos estudiantiles, en casa o en el trabajo, todo lo contrario. Había hecho siempre proselimtismo de ella, por lo que mis círculos más cercanos sabían en qué consistía. Pero, por supuesto, a pesar de esto se produjeron preguntas.

Algunas de las personas a las que no les había interesado con anterioridad aquel tema vinieron a preguntar mi opinión sobre todo aquello pero, o bien les fue suficiente con las explicaciones que les di, o la ausencia de morbo les desanimó para seguir indagando más.

En casa mi padre se ofreció para ir a hablar a cualquier lado a favor de los juegos de rol, y en la Casa de la Juventud, más allá de la visita de algún periodista esporádico, todo siguió igual.
Desconozco el impacto real que pudo tener en otras casas, otros entornos, o si desde el ayuntamiento pidieron algún tipo de informe de cara a las subvenciones pero, hasta donde soy consciente, dentro de los círculos en los que me movía la reacción fue más o menos similar a que tuvo lugar en mi casa.

Lo más parecido que conozco a un alejamiento de esta afición por presiones familiares no tuvo nada que ver con la afición en sí misma o aquella noticia, sino al tiempo que no dedicaba aquella persona al estudio.
Irónicamente, tiempo después de hacer que aquel chaval dejase el club, los padres pidieron a la gente de su antigua cuadrilla que le llamasen para quedar, pero ya era tarde. Las notas no habían mejorado, la casa de la Juventud había sido sustituida por los bares de los viejo y el intento por cambiar aquel rumbo fue un fracaso.

Quizás en ciudades más grandes todo aquello se vivió de otra manera, pero Pamplona, para lo bueno y lo malo, continuó siendo una ciudad tranquila fuera del territorio de los contenedores volcados y las papeleras ardiendo.

Enlaces:

1. El Crimen del rol

2. James Dallas Egbert III

3. El caso Pulling
- Patricia Pulling
- Bothered About Dungeons & Dragons (BADD)

4. Dark Dungeons
- La tira
- La película

5. Los defensores
- El CAR-Pga
- El CSI
-
Mike Stackpole
- How D&D Writers Fought the Satanic Panic Of The 1980s

6. La seducción del inocente
- En las sombras EC Comics III
- En las sombras EC Comics IV

7. 1993 congressional hearings on video games

8. Skeptical Inquirer
- The Attacks on Role-Playing Games
- The Associated Press
- United Press International
- History of role-playing games

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