De Homero a Kirby

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Biografía rolera XIV: El regreso de oriente

El el año noventa y dos mi mundo explotó por múltiples lugares1. Quizás aquella explosión se había producido hacía ya mucho y algunos de los fragmentos de aquella explosión ya habían llegado hasta mi2, pero en su momento lo habían hecho en otros idiomas, en versiones adulteradas o de una forma tan sincopada que hizo de seguirles la pista una tarea harto complicada.

La emisión de Akira en los cines, el comienzo de la publicación de Dragon Ball primero y, poco después, El puño de la estrella del norte en nuestra lengua, fueron las avanzadillas de todo lo que estaba por llegar. Unos primeros pasos aún titubeantes a la búsqueda de un formato o de un nicho que encajase aquí, pero un paso de gigante con respecto a lo que habíamos tenido hasta aquel momento.

Porque todo aquello también coincidía con los días en los que las teles privadas se fueron consolidando. La presencia de aquellas cadenas que no sólo sirvió para terminar de matar definitivamente a la carta de ajuste o dar a conocer gente de los más… peculiar, sino que también resultaron increíblemente decisivos a la hora de llevar hasta el gran público lo que hasta entonces sólo habitaba en los vídeo clubs o las televisiones regionales. Por más que la ficción proveniente de China y Japón llevase presente entre nosotros desde hacía décadas, aquel fue el momento de su eclosión en los salones de todas las casas. Una eclosión que terminaría de cimentarse al año siguiente.

Para terminar de apuntalar aquel fenómeno, el año siguiente continuaba la invasión con los primeros títulos de Manga Vídeo3. Una puerta que nos daba acceso hasta otra serie de lugares extraños, fascinantes y desagradables a partes iguales.

Porque entre toda aquella fantasía, locura, sangre, fetichismo y fanservice había mucho más. Cosas que podían no saltar a simple vista ocultas tras todas las capas de artificio, pirotecnia gore y senos femeninos. Más allá de la superficie había otra manera de ver el mundo, se escondían otras estructuras a la hora de construir o contar historias.
Y también había ninjas, lo que siempre es un plus.

Por supuesto, como en casi todo, llegábamos tarde a aquel fenómeno. Para el momento en el que se comenzó a publicar de forma seria material proveniente de oriente aquí, al otro lado del Atlántico ya llevaban tiempo disfrutando de aquel material gracias a gente como Carl Mazek o Fred Ladd4 aunque, por mejores que fuesen sus intenciones, las decisiones que tomaron en sus primeros tiempos, vistas ahora son, cuando menos, controvertidas.

Pero me desvío, y puede parecer que he venido hoy hasta aquí para hablar de ninjas, exo-esqueletos, roboces y otras cosas exóticas, pero no. Aquí hemos venido a hablar de su influencia en mi manera de afrontar una parte de esta afición.
Porque, por más que antes de la llegada de aquello ya hubiese buscado material rolero preexistente acerca de aquellas temáticas5, aún quedaba tiempo antes de que todos aquellos conceptos quedasen claros en mi cabeza. Quizás China y Japón llevasen ya mucho tiempo entre nosotros, pero de una la separación cultural entre ambas era algo que nunca me había planteado antes de leer aquellos libros.

Quiero creer que sin ellos habría logrado hacerme una composición de lugar por otros medios, pero no fue hasta aquellos días que logré salir de mi ignorancia en aquel aspecto. Que dejaron de ser todos “chinos” que dan brincos y hostias como panes. Que, a mi pobre entender, las pelis de la Shaw Brothers y la Golden Harvest dejaron de compartir “universo de ficción” con las de Kurosawa.
Que comencé a fijarme en lo obvio, que las actitudes, las ropas, los peinados, los edificios, las armas y todo lo demás no tenían nada que ver. Que, más allá de lo que les gusta a los cineastas chinos el mitificar a sus héroes nacionales, aquellos nombres pertenecían a personas que existieron en un pasado muy lejano. Que, por más medieval que pareciese el medievo japones, no se encontraba tan alejado en el tiempo de nosotros.

Pero esto no evitó que sintiese la misma fascinación, si no más, por el pasado lejano y cercano de ambas culturas. Porque aquella era una fascinación que ya estaba ahí desde mucho antes del principio. Desde antes de comenzar a jugar a rol6. Así que cuando llegó el momento me lancé a fondo.

Uno de los primeros libros que recuerdo fotocopiar es el Land of Ninja de RuneQuest. Unas fotocopias que aún conservo con cariño pese a poseer también copias originales de sus ediciones en ingles y castellano. Por otro lado, uno de los primeros libros que pedí a Gigamesh por correo fue el Oriental Adventures de AD&D (la caja de Kara-Tur costó más conseguirla pero también terminó cayendo). Por supuesto, también me hice con el Robotech y el Mekton II en cuanto supe de su existencia, al igual que con los suplementos orientales de GURPS y, más adelante, tanto el Bushido como el Sengoku. El Leyenda de los cinco anillos, por otro lado, lo compré, lo ojeé, y me deshice de él.

Quizás de todos aquellos juegos sólo dirigiese una campaña en Kara-Tur, pero esto no evitó que uno de los territorios de Daegon se viese muy influenciado por el Land of Ninja, o que dentro de “La Campaña”, también iban a existir reinos de Torg en los que imperaban las leyes de las artes marciales y el chambara.

Poco a poco aquel material fue llegando hasta aquí mezclado con sus sucesores7, mientras aquellos universos que me ofrecía el VHS me iban permitiendo esbozar algo parecido a una imagen de conjunto. Una imagen, por otro lado, sin demasiado sentido.
Porque, con la llegada de aquella segunda oleada aquel horizonte se expandió. No sólo su pasado era llamativo, sino que su imaginario contemporáneo tampoco tenía nada que ver con el nuestro. Porque, a pesar de que existía (y existe) una brecha cultural insalvable, y una parte de los patrones de su ficción me repelen, algunos de los elementos que componían y siguen ampliando este puzzle han resultado una influencia significativa en mi manera de entender la construcción de mundos e historias.

Su falta de reparos a la hora de mezclar géneros o conceptos en apariencia antagónicos puede dar en ocasiones resultados risibles pero, cuando funciona, lo hace de una manera que hace que me corroa la envidia. Su concepción del terror y el desasosiego son únicas, y la forma en la que plasman visualmente esas ideas tiene una fuerza difícilmente equiparable con cualquier cosa que hayan presenciado mis retinas y se conserve en mi memoria.

Oriente regresó, y esta vez lo hizo para quedarse.

Enlaces:

1. El Alfa
- Akira, La película
- Dragon Ball, El Manga
- El puño de la estrella del norte, El Manga

2. El Pre-Alfa
- Mazinger Z (1976)
- Dragon Ball, la serie (1988)
- Ultraman 1985
- Akira, El Manga (1990)
- Bioman (1990)
- Caballeros del zodiaco (1990)
- Tigre Wong (1990)
- Drunken Fist (1990)

3. El Omega
- Manga Video Intro
- El puño de la estrella del norte (1993)
- Ranma
- Urotsukidôji: La Leyenda Del Señor Del Mal
- 3x3 ojos
- Doomed Megalopolis

4. Pioneros al otro lado del charco
- Carl Macek
- Fred Ladd

5. Lo de antes
- RuneQuest Land of ninja
- Oriental Adventures
- Kara-Tur, The eastern realms
- Bushido
- GURPS Japan
- GURPS China
- GURPS Martial Arts
- Mekton II
- Robotech

6. Los viejos conocidos
- Carta abierta a mi primer amor
- Kagaku Ninja Tai Gatchaman
- Go Nagai
- Gettâ Robo
- Debiruman

7. Lo de después
- Hong Kong Action Theatre!
- Feng Shui
- Lehend of the five rings
- Big Eyes Small Mouth
- Mekton Zeta
- Rifts
- Sengoku

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