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Biografía rolera VIII: El acopio

Durante los primeros años todo era descubrimiento constante y probar todo aquello que se ponía a tiro. Los libros que no te podías comprar se fotocopiaban, todo lo que veías reseñado en alguna de las revistas era susceptible de ser buscado o debatido. Siempre había alguien que conocía a alguien que había probado, visto u oído hablar de “un juego”.

El material rolero que llegaba hasta Pamplona era escaso pero, entre tan limitado repertorio, las revistas tenían un papel prominente. Aunque la utilidad de sus distintas secciones era algo que dependía del lector, siempre había alguna parte aprovechable para cada perfil.
A mi me gustaba leer las críticas, saber lo que había “ahí” fuera, pero también estaba la gente que sólo buscaba las aventuras o las ayudas de juego.

Otra de las secciones que nunca me perdía era la de los anuncios. Listados infinitos de nombres sin contexto aunque terriblemente evocadores. Las tiendas de las grandes ciudades eran la tierra prometida. Un lugar alcanzable sólo gracias a la suma de una serie concreta de factores. Si bien podías visitar de ciento a viento alguna de ellas, su contenido sólo era accesible de forma frecuente a través del servicio postal.

Pero el mundo no terminaba allí. Sabíamos que, más allá de aquellos locales, e incluso más inaccesibles que estos, existían lugares aún más legendarios. Por un lado estaba Francia, un entorno inaccesible por partida doble; la distancia y el idioma. Por otro Inglaterra o Estados Unidos.

Hasta donde yo sé, para cuando llegué hasta el club ya se había realizado alguna expedición hasta el país vecino. Desde allí no llegaron juegos en francés, y tanto mi primer contacto con Cyberpunk, las Tortugas Ninja o Jorune vinieron desde el otro lado de la frontera. Aparte de esto, y gracias al infiltrado que teníamos allí, nos enterábamos de qué había otro mundo aún más ignoto más allá de los Pirineos. Al mismo tiempo que proporcionarnos material en inglés, también se dedicaba a ponernos los dientes largos con cosas autóctonas como el Légendes Celtiques o sus ediciones remozadas de Pendragon o Stormbringer.

Por el lado transoceánico, para el momento en el que entré en el club ya se había hecho un gran pedido Zochi, un nombre que no me decía nada, y que suponía que sólo correspondía a “una tienda más”, hasta que, tras leer sobre él en el Designers and Dragons descubrí el papel que representó Lou Zochi1 en esta industria.

Poco a poco el contenido del armario fue creciendo con material procedente de todas partes. A aquellos juegos se les sumaron algunos que siempre me he quede con ganas de leer2. Los juegos franceses siempre tenían algo que me llamaba la atención. Un mimo y cuidado en la edición que se echaba en falta en las ediciones americanas.
De aquellos juegos sólo pude leer mucho tiempo después el Leyendas Célticas gracias a que se hizo una edición en inglés de él3.

Los pedidos a Zochi se prodigaron con mayor frecuencia según el numero de socios del club se iba incrementando gracias a las cuotas que pagábamos y, aún más, cuando se logró optar a las subvenciones del Ayuntamiento de Pamplona. Con el paso del tiempo la adquisición de material nuevo era constante.

Pero me estoy adelantando una vez más. Para cuando aquella máquina comenzó a rodar yo ya había comenzado a crear mi propia biblioteca. Como fue el caso de casi todo a los que conocí, los primeros ejemplares que llegaron a mi casa fueron las fotocopias. Primero las del D&D, después las de RuneQuest y La llamada de Cthulhu.
Después de aquello, y como comentaba en las anteriores entradas, ya comencé a dedicar dinero propio y a pedir a mis padres que me sufragasen esta afición. Una vez que dispuse del material ya traducido no tardé en comenzar con los pedidos al “exterior cercano”.

El primer pedido por correo que recuerdo haber hecho fue a un lugar que ya conocía: Jocs & Games. Fue el GURPS Conan. Era un suplemento para un juego que no poseía pero, en aquel momento yo era consciente de ello. Aquella experiencia no se puede considerar un éxito, ya que se equivocaron a la hora de hacer el envío y en su lugar me llegó el GURPS Conan Beyond thunder river, pero no me desanimé ante aquel primer traspiés (y su posterior resulución).

A aquello le siguieron cosas cuya relación con el rol era algo tangencial, pero mi criterio en aquellos días no daba para más. La elección estaba basada en un nombre molón, una portada colorida o la suma de ambos. A Conan le siguieron el Titanicus Adeptus que ya mencionaba hace unas entradas y el Cry Havoc5. Juegos a los que apenas jugué y que terminé donando al club.
Pero el presupuesto que tenía era limitado. Tenía que racionar mi paga entre los tebeos, los juegos de ordenador y aquel nuevo hábito. Un problema que no duró mucho.

A los dieciocho tuve suerte. Bueno… es un decir. Una úlcera nerviosa, no sé si provocada o alimentada por los exámenes, me permitió abandonar los estudios eximiéndome de la práctica de una actividad que, hasta aquel momento, sólo me había proporcionado disgustos.

Para aquel entonces ya llevaba unos cuantos años trabajando a media jornada. Desde que había llegado a la FP la gran mayoría de mis tardes se encontraban dedicadas al negocio familiar, pero entonces ya pasé a hacerlo a tiempo completo. Aquello supuso un salto cuantitativo a la hora de alimentar mis ocios: Tenía un sueldo. Dinero que gastar en mis aficiones. Dinero para comprar cosas para las que luego no disponía de tiempo que dedicarles.
Durante aquellos días también descubrí a quien sería mi nuevo amor verdadero: Gigamesh6. Llegué hasta ellos de manera fortuita gracias al anuncio de alguna de las revistas que compraba, y gracias a ellos descubrí también lo que era un giro postal.
Lo primero que les pedí fueron dos juegos de Games Workshop7; Juez Dredd y Warhammer, pero lo menos importante de aquel paquete fueron los juegos que llegaban en él.

Porque en su interior llegó también un pequeño libreto amarillo de hojas grapadas. Un catálogo a través del que se me abría un (otro) nuevo mundo. La suma de aquellas hojas y mi recién adquirido suelo fue una combinación letal. Durante unos cuantos años (hasta que Gigamesh dejó de enviar por correo), cada mes tenía como mínimo un paquete esperándome en la oficina postal.

Con esta suma de factores mi escala consumista se disparó. No tenía la capacidad o la disposición para leer, y mucho menos usar, todo lo que me llegaba, pero no importaba. Ya habría tiempo más adelante para ello.

Enlaces:

1. Lou Zochi

2. Los juegos franceses
- La vallée des rois
- Multimondes
- Bloodlust
- Légendes Celtiques

3. Celtic legends

4. Cosas de Conan
- GURPS Conan
- GURPS Conan Beyond thunder river

5. Cry Havoc

6. Gigamesh

7. Cosas de Games Workshop
- Warhammer
- Juez Dredd

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